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Juan Gustavo Cobo Borda


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EL PERÓN DE TOMAS ELOY MARTÍNEZ

Juan Gustavo Cobo Borda

En tres ocasiones fue Juan Domingo Perón presidente de la Argentina. Su primera presidencia fue de 1946 a 1952. Su segunda presidencia de 1952 a 1955 y su tercera presidencia entre 1973 y 1976 asumida al final por su tercera esposa. Pero su figura ya mítica y su movimiento político, el justicialismo, no ha dejado de incidir en la vida política de su país. Mas aun: la segunda mitad del siglo XX en Argentina, para bien o para mal, es inexplicable sin la figura de Perón.

Tal el origen del libro La novela de Perón (1985) que publico el escritor y periodista Tomas Eloy Martínez, nacido en 1934 en Tucumán.

El 20 de junio de 1973 el general Juan Domingo Perón regresa a la Argentina. Este descendiente de bisabuelo sardo y abuela escocesa, nacido el 8 de octubre de 1895, llevaba un exilio de 18 años que lo había llevado por Caracas, Panamá y sobre todo Madrid. Era la España de Franco, estaba dando forma a sus memorias, y vuelve a su patria, un tanto desencantado, rodeado de una corte de áulicos, tan pintoresca como inquietante. En el aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, lo aguardaba una multitud. Todo el espectro político, tan fragmentado como contradictorio: solo la unía su devoción casi religiosa por Perón. Pero ese clima polémico era aquel en que siempre había vivido. El caos era su elemento. A esto es imprescindible añadir que en 1971 su mortal enemigo, el presidente Alejandro Lanusse, había ordenado que le devolvieran el cadáver de su segunda esposa, Eva Duarte “escondido mas de 15 años con otro nombre en un cementerio en Milán” (p.66.). Ella era el icono, la bandera combativa que envolvía a sus huestes. Desde el cielo, Santa Evita protegió a sus descamisados, los miles de pobre que Perón había expuesto a la luz y que refutaban la idea de una Argentina blanca y europea, de profesionales de clase media y ricos terratenientes. No: ella también tenia mucho de provinciana e indígena y pasaba hambre.

En el aeropuerto de Ezeiza diversas facciones políticas buscaban ocupar los espacios mas próximos a la tribuna, para así acaparar como suyo al caudillo. Los mas beligerantes eran los montoneros, que en numero de 20.000 habían fusionado cristianismo y revolución y proclamaban en sus cantos: “ Se va a acabar se va a acabar / la burocracia sindical “: Y gritaban, como quien intenta resucitar un cadáver: “Evita hay una sola / no rompan mas las bolas”.

Derrocado en 1955, a sus 78 años Perón reconstruye su trayectoria: le dicta a su secretario, López Rega, sus memorias, y a la vez concede muy amplias entrevistas, entre 1966 y 1972, al propio Tomas Eloy Martínez, repasando su vida. Estas fuentes mas otros testimonios , sustentan este libro, oscilante todo el tiempo entre la realidad y las tergiversaciones con que los actores de esta historia del poder nos dan su versión. Desde el comienzo el narrador-amanuense se ve sumergido en ese mar entrecruzado de verdades mentirosas y mentiras irrefutables. Algunas parecen ciertas : su infancia, la fría Patagonia, donde sus padres cuidaban ovejas. La dura escuela militar de orientación prusiana, donde se destaco en la esgrima. Sus lecturas, de Plutarco y Martín Fierro, copiosamente citado en sus clases de estrategia y en sus discursos de encargado de la cartera de trabajo : “ El primer cuidao del hombre / es defender el pellejo”, o “Hacete amigo del Juez, no le des de que quejarse”. Un reflejo, por cierto, de su hábil astucia pragmática. El oscuro dúo que conforman su tercera mujer, Isabel Martínez, pálida parodia de Evita descubierta en un cabaret de Panamá, y el cabo Jose López Rega - “parecía un carnicero de barrio : retacon y confianzudo”. (p.14) primero guardaespaldas y luego secretario imprescindible, son quienes dan a esta novela-vida de Perón un aura de secta esotérica, de conspiración mágica regida por la astrología, la alquimia, el espiritismo, los rosacruces y esas iglesias marginales, donde descarriados y parias, encuentras la fe. Quizás la misma “transfusión espiritual” que el brujo López Rega busca establecer entre el cadáver de Evita y la tercera esposa de Perón

Ese mismo brujo que transcribe, corrige y reescribe los recuerdos de Perón y busca controlar, desde Madrid, los hilos del poder en la Argentina donde un presidente títere, Campora, dentista de Perón, intenta retornar banda y bastón presidencial al único que considera digno de llevarlos: el insustituible Perón, el que podía decir:

“Aquí están los documentos, todos los que se me da la gana. Y si no

están, López los inventa. Le basta con posar la mano sobre un papel

para volverlo amarillo: así me ha dicho” (....) “La historia se quedara con la verdad que yo estoy contando” (p.62).

Una verdad donde “el ejército debía ser la brújula de la patria” . (p.204) Y el oficio del militar manejar hombres. “Conducir”: he aquí la función que Perón se atribuye y que será, sin lugar a dudas, la impronta que caracterizara su gestión. Ella podrá ser disciplinaria y a la vez paternalista, al interior del ejercito mismo y su núcleo el cuartel, llevando a los nuevos reclutas a ahorrar y a jugar basquet, por ejemplo, pero hacia el exterior del mismo, busca infundir sus valores en el cuerpo social: solo el escalafón y la obediencia sin excusas serán capaces de restablecer las jerarquías. De combatir el desorden y corrupción de la politiquería con el rigor del reglamento. “Viene del Cuartel y llega al Estado”. Así el coronel Perón será soldado, “primer trabajador argentino” y patriota, para el cual , como lo expresó en un discurso de 1973, “La disyuntiva es clara : liberación o dependencia”.

Había llegado a esa convicción a través de una variada mezcla de influjos que iban desde sus estudios de estrategia y táctica militar, de geopolítica, de su estadía en la Italia fascista de Mussolini y un estado corporativo, donde la acción intrépida hacía que la fuerza impulsara la masa, sin olvidar su progresivo conocimiento de la realidad argentina en sus diversas provincias y varios estratos sociales, que darían pie, al final, a un nacionalismo reivindicativo, de “soberanía política, independencia económica, justicia social” (p. 209)

Antes de ser presidente, por ejemplo, ya había visto en Santafe un imperio ingles: La Forestal, que con mas de dos millones de hectáreas y siete u ocho pueblos de 10.000 hombres en total, talaban enormes bosques de quebracho colorado para extraer de allí el tanino, rigiendolo como una colonia imperial, del mismo modo que la United Fruit en Centroamérica y la costa norte colombiana sobre el Caribe mantenía sus vastas y autónomas plantaciones de banano, como si se tratase de países propios regidos sólo por las leyes de la compañías norteamericana.

“De la casa al trabajo y del trabajo a la casa”, era una de sus consignas preferidas, que ya desde sus épocas de Secretario de Trabajo y Previsión le había permitido ir creando su base política. El censo de 1914 había dado ocho millones de habitantes de los cuales un tercio no había nacido en Argentina. Era necesario poblar, educar y crear dentro de esa heterogeneidad una unidad nacional. Solo que para conformas ese ejercito de trabajadores le seria mas útil que la táctica militar de Clausewitz o de Schlieffen o sus dotes oratorias, la figura carismática de Eva Duarte, una actriz de redioteatro, quien recitaba poemas de Amado Nervo, y encarnaba papeles de mujeres heroicas, y, sobre todo, se erigía en abogada de los desposeídos. Con su asistencialismo providencialista hacia madres y niños seria su arma mas eficaz. Mostraba como el pueblo ascendía a la cima, despreciaba a las linajudas y “paquetas” señoras de la clase alta (quienes le devolvían, con creces, su desprecio) y en su gira gloriosa por la España de Franco y la Italia de Mussolini, donando trigo y carne a la arruinada y hambrienta Europa de postguerra, se volvió una autentica figura a nivel internacional. Sobre la cual Tomas Eloy Martínez construirá su otra novela Santa Evita (1995) , siguiendo las peripecias deambulatorias de su cadáver. En todo caso Perón, un hombre nunca demasiado apegado a la verdad, indiferente a los prejuicios sociales, y cobarde físicamente, hallo en la entrega apasionada a la causa de esta mujer que moriría joven de cáncer, su mejor complemento. La herramienta para cambiar la historia argentina. Como lo dice Joseph A. Page, biógrafo de Perón (1), en ese octubre de 1945

“La clase obrera por primera vez desfiló hacia la escena política y logró una trascendente noción de su propio valor. La experiencia colectiva vivida ese día llevo a los trabajadores de la Argentina por encima de sus contrapartes en el resto del continente. Esa diferencia sigue vigente y es, quizás, la herencia mas notable de Perón”. (Tomo I. , p. 163)

Eran los descamisados, que marchaban contra la oligarquía, se refrescaban los pies en las fuentes de las plazas públicas, y se burlaban del Embajador de los Estados Unidos, azuzados por Perón, con el mascaron de proa de Evita, siempre en primera fila.

Su proyecto era más vasto aun que "zafar al pais de su fatalidad agropecuaria” (p.201) y organizar industrias nacionales, bajo la administración de las fuerzas militares, como la siderurgia, al rechazar la explotación foránea, como era el caso de Inglaterra, dueña de los ferrocarriles. Era una Tercera Posición entre capitalismo y comunismo. Un Tercer-mundismo incipiente,que comenzaba por abrir sus universidades públicas a los jóvenes sin recursos de América Latina. Muchos graduados en excelentes facultades de derecho o medicina dan hoy fe, instalados en Argentina o fuera de ella, de esa generosa acogida.

Pero lo fascinante de la novela, y que la hace compleja y atractiva, es la personalidad a la vez voluble y astuta de Perón. El desparpajado cinismo conque se retrata a si mismo, dando gusto a los disimiles partidarios suyos.

“Si he vuelto a ser protagonista de la historia, una y otra vez, fue porque me contradije. ¿La patria socialista?. Yo la he inventado. ¿La patria conservadora?. Yo la mantengo viva. Tengo que soplar para todos lados, como el gallo de la veleta. Y no retractarme nunca, sino ir sumando frases”. (p.218)

No solo frases: se decía neutral durante la segunda guerra y acogía a los jerarcas nazis en fuga, auspiciaba delirantes proyectos para la construcción de una bomba atomica y expropiaba hoteles y clubes para entregárselos a las obras sociales de los sindicalistas. Se situaba en el centro para luego andar de costado, y auspiciaba golpes de estados para luego caer victima de uno de ellos. Exiliado mantenía una corte de líderes sindicales, boxeadores y cantantes como Leonardo Favio ademas de empresarios a quienes favorecía favoreciendolo a su vez. Esto sin olvidar taxidermistas que conservaban intacto el incorruptible cuerpo de Eva Perón, santificado ahora en su casa de Madrid. Y,claro esta, López Rega, autor de una voluminosa Astrología esotérica.

Perón era el Macho, el Caudillo. La Bestia Negra para quienes lo odiaban,como Borges. “Inspirador, creador, realizador y conductor” (p.374). También el Padre que dejo a todos Huérfanos el miércoles 3 de junio de 1974, cuando muere en su cama, a los 79 años, reelegido Presidente y con Isabel Martínez como Vicepresidente. Su populismo autoritario parecía haber triunfado de nuevo, al recobrar los títulos militares que le quitaron, y al recobrar en elecciones una presidencia superior a sus debilitadas fuerzas de anciano. Pero su herencia resulto nefasta. El verticalismo que impuso a su movimiento no tenia sentido alguno sin la manipuladora habilidad del caudillo.

Pero en todo caso la parábola de la novela se cierra, en verdad, con los centenares de muertes en la matanza de Ezeiza, donde la Triple A de López Rega y el extremismo radical de los montoneros se enzarzan en un trágico duelo. Hemos visto al Gran Hombre desde la perspectiva de Zamora, un periodista mas o menos fracasado que comparte con el propio Tomas Eloy Martínez, en primera persona, la pesquisa por los parientes de Perón, sus secretos de familia, su primer matrimonio, su estadio en Chile como agregado militar y los extraños rituales de López Rega quien pretendía mantener vivo a Perón con su aliento, convertido apenas en ventrílocuo de sus mensajes. Pero la mediocridad de Lopez Rega solo contribuirá a volver mas grande la figura de Peron, siempre ávida de la idolatría de tantos segundones. Curiosamente la novela no lo desmitifica, del todo. Termina por reforzar su mito (2).


(1) JOSEPH A. PAGE. Perón (1895.1974) 2 vols. Buenos Aires, Javier Vergara Editor, 1984.

Puede verse también Alain Rouquie (comp.) : Argentina, hoy , México, Siglo XXI, 1982, donde es de interés a nuestro tema : “Perón: discurso político e ideología”, por Silvia Sigal y Eliseo Veron, p 151-205.


(2) Todas las citas de La novela de Perón estan hechas sobre la edición de Buenos Aires, LEGASA, 1985, 430 páginas.


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