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José Ángel Valente Selección El Temblor


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José Ángel Valente


 

Selección

 

El Temblor


 

La lluvia


como una lengua de prensiles musgos
parece recorrerme, buscarme la cerviz, bajar,
lamer el eje vertical,

contar el número de vértebras que me separan


de tu cuerpo ausente.

Busco ahora despacio con mi lengua


la demorada huella de tu lengua
hundida en mis salivas.

Bebo, te bebo


en las mansiones líquidas
del paladar
y en la humedad radiante de tus ingles,
mientras tu propia lengua me recorre
y baja,
retráctil y prensil, como la lengua
oscura de la lluvia.
La raíz del temblor llena tu boca,
tiembla, se vierte en ti
y canta germinal en tu garganta.

 

 


Noche Primera

Empuja el corazón,


quiébralo, ciégalo,
hasta que nazca en él
el poderoso vacío
de lo que nunca podrás nombrar.

Sé, al menos,


su inminencia
y quebrantado hueso
de su proximidad.

Que se haga noche. (Piedra,


nocturna piedra sola.)

Alza entonces la súplica:


que la palabra sea sólo verdad.

 

 



 

Oda a la Soledad


 

Ah soledad,


Mi vieja y sola compañera,
Salud.

Escúchame tú ahora


Cuando el amor
Como por negra magia de la mano izquierda
Cayó desde su cielo,
Cada vez más radiante, igual que lluvia
De pájaros quemados, apaleado hasta el quebranto, y quebrantaron
Al fin todos sus huesos,
Por una diosa adversa y amarilla

Y tú, oh alma,


Considera o medita cuántas veces
Hemos pecado en vano contra nadie
Y una vez más aquí fuimos juzgados,
Una vez más, oh dios, en el banquillo
De la infidelidad y las irreverencias.
Así pues, considera,
Considérate, oh alma,
Para que un día seas perdonada,
Mientras ahora escuchas impasible
O desasida al cabo
De tu mortal miseria
La caída infinita
De la sonata opus
Ciento veintiséis
De Mozart
Que apaga en tan insólita
Suspensión de los tiempos
La sucesiva imagen de tu culpa

Ah soledad,


Mi soledad amiga, lávame,
como a quien nace, en tus aguas australes
y pueda yo encontrarte,
descender de tu mano,
bajar en esta noche,
en esta noche séptuple del llanto,
los mismos siete círculos que guardan
en el centro del aire
tu recinto sellado.

 

 


Materia


 

Convertir la palabra en la materia


donde lo que quisiéramos decir no pueda
penetrar más allá
de lo que la materia nos diría
si a ella, como un vientre,
delicado aplicásemos,
desnudo, blanco vientre,
delicado el oído para oír
el mar, el indistinto
rumor del mar, que más allá de ti,
el no nombrado amor, te engendra siempre.

 

 



 

XXXV

 

De «El Fulgor»

 

 

La aparición del pájaro que vuela


y vuelve y que se posa
sobre tu pecho y te reduce a grano,
a grumo, a gota cereal, el pájaro
que vuela dentro
de ti, mientras te vas haciendo
de sola transparencia,
de sola luz,
de tu sola materia, cuerpo
bebido por el pájaro.

 

 


El Crimen


 

Hoy he amanecido


como siempre, pero
con un cuchillo
en el pecho. Ignoro
quién ha sido,
y también los posibles
móviles del delito.

Estoy aquí


tendido
y pesa vertical
el frío.

La noticia se divulga


con relativo sigilo.

El doctor estuvo brillante, pero


el interrogatorio ha sido
confuso. El hecho
carece de testigos.
(Llamada de portera,
dijo
que el muerto no tenía
antecedentes políticos.
Es una obsesión que la persigue
desde la muerte del marido.)

Por mi parte no tengo


nada que declarar.
Se busca al asesino;
sin embargo,
tal vez no hay asesino,
aunque se enrede así el final de la trama.

Sencillamente yazgo


aquí, con un cuchillo...
Oscila, pendular y
solemne, el frío.
No hay pruebas contra nadie. Nadie
ha consumado mi homicidio.

 

 


El Sueño


 

Por una espesa y honda


avenida de árboles que unen
en lo alto su copa y pesadumbre
el sueño avanza.
                        Abre sus grandes alas,
sus poderosos brazos
de lenta sombra y noche grande: cierra
contra todo horizonte.
   En el centro del aire
cabecea un navío,
rodeado de enormes
territorios de sueño.
   El sueño avanza: pone
su silenciosa planta
en el umbral de nuestra
transitoria vigilia.
   Acaricia y golpea,
llama con voz suave
y entra como un río
de seguro poder.
                        El sueño halaga,
porfía y nos rodea,
hasta que al fin caemos
en su seno girando
como plumas, girando
interminablemente.
   Ésta es la inerme paz, la sosegada
mentira de la sombra.
El sueño multiplica
su rostro en un espejo
sin fin: vértigo quieto, inmóvil
torbellino.
              ¡Gritad! Pero no; el grito
es también sueño. Ahora su dominio.
Potestad de la noche.

 

 


El Cántaro


 

   El cántaro que tiene la suprema


realidad de la forma,
creado de la tierra
para que el ojo pueda
contemplar la frescura.
   El cántaro que existe conteniendo,
hueco de contener se quebraría
inánime. Su forma
existe solo así,
sonora y respirada.
                           El hondo cántaro
de clara curvatura,
bella y servil:
el cántaro y el canto.

 

 


Sólo el Amor


 

   Cuando el amor es gesto del amor y queda


vacío un signo solo.
Cuando está el leño en el hogar,
mas no la llama viva.
Cuando es el rito más que el hombre.
Cuando acaso empezamos
a repetir palabras que no pueden
conjurar lo perdido.
   Cuando tú y yo estamos frente a frente
y una extensión desierta nos separa.
Cuando la noche cae.
                              Cuando nos damos
desesperadamente a la esperanza
de que solo el amor
abra tus labios a la luz del día.

 

 


Poeta en Tiempo de Miseria


 

Hablaba de prisa.


Hablaba sin oír ni ver ni hablar.
Hablaba como el que huye,
emboscado de pronto entre falsos follajes
de simpatía e irrealidad.

Hablaba sin puntuación y sin silencios,


intercalando en cada pausa gestos de ensayada
alegría para evitar acaso la furtiva pregunta,
la solidaridad con su pasado,
su desnuda verdad.

Hablaba como queriendo borrar su vida ante un


testigo incómodo,
para lo cual se rodeaba de secundarios seres
que de sus desprecios alimentaban
una grosera vanidad.

Compraba así el silencio a duro precio,


la posición estable a duro precio,
el derecho a la vida a duro precio,
a duro precio el pan.

Metal noble tal vez que el martillo batiera


para causa más pura.
Poeta en tiempo de miseria, en tiempo de mentira
y de infidelidad.

 

 


Pato de Invierno


 

Por encima del agua helada


el patito se resbalaba.

Por encima del agua dura,


el patito de la laguna.

Por encima del agua fría,


el patito silba que silba.

Silba que silba se resbalaba


y en vez de llorar silbaba.

 

 


Ventana


 

La ventana


con vistas al desnudo
donde aún sobrenada un seno solitario,
se prolonga imposible la tristísima
longitud de una media abandonada,
y los gatos erráticos,
las pálidas botellas,
la lámpara encendida, moribunda señora,
en rigor para quién.

 

 


Homenaje a Rosalía de Castro


 

Se fue en el viento,


volvió en el aire.

Le abrí en mi casa


la puerta grande.

Se fue en el viento.


Quedé anhelante.

Se fue en el viento,


volvió en el aire.

Me llevó adonde


no había nadie.

Se fue en el viento,


quedó en mi sangre.
Volvió en el aire.
 

El bosque



To a green thought in a green shade.

Andrew Marvell


El espesor del bosque
su verde luz oscura,
la voz que llama adónde,
el borde, el límite
donde comienzan los senderos
que a su vez se entrecruzan
y se anulan hasta el súbito claro, repentino
lugar de un dios
que aquí se manifiesta
¿cuál dios?,
podríamos hacer en él nuestra morada,
en esta claridad,
al menos hasta el tiempo de las lluvias
para identificar aún nuestro camino
en la hierba pisada, para qué, jamás
podríamos volver, pues los senderos
se cruzan infinitos en el bosque,
me llama el bosque todavía
y la naturaleza madre me reduce,
me asume en sí, me devuelve a la nada.


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