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José maría vallado menéndez manual de encuadernacióN


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JOSÉ MARÍA VALLADO MENÉNDEZ

MANUAL DE ENCUADERNACIÓN



Prologo del Dr. Juan Antonio Vallejo-Nágera

© JOSÉ MARÍA VALLADO MENÉNDEZ
Dibujos de portada e interior obra del autor
ISBN: 84-398-3589-2

Depósito legal: 0-364/1985

Imprime: Imprenta Love, Alarcón, 27 - Gijón
Escaneado, OCR y revisión:

Hypnerotomachia Poliphili. Septiembre-Diciembre de 2003


Índice


Prólogo
José María Vallado ha hecho un importante favor a mu­chas personas a las que no conoce: el de realizar un manual de encuadernación práctico y claro. Frecuentemente, personas que saben de mi afición por este tema, me preguntan por un libro en el que puedan aprender los rudimentos del arte de encuadernar. Agotado hace muchos años el manual de Monje (Ed. Labor), ya tienen uno nuevo.

Quien tenga la oportunidad de practicar en un taller de encuadernación, disfrutando de la gran ventaja de tener un maes­tro, también sacará fruto del manual, que puede hacerle ahorrar muchas horas.

Las comodidades de la vida sedentaria actual casi nos han hecho perder el uso de las manos como instrumentos de trabajo. El hombre tiene un impulso biológico a utilizarlas, y por ello obtiene un placer intrínseco en las manualidades. Esto explica la gran difusión de las aficiones de taller. Como los españoles tradicionalmente nunca fuimos inclinados a ellas, no tienen ni nombre en nuestra lengua, por eso se han adoptado dos extran­jerismos tan malsonantes como "hobby" y "bricolaje". ¿Cuál elegir? Para mi no hay duda: la encuadernación.

Se preguntará el lector si esta preferencia es caprichosa o derivada de mi afición. No, por el contrario se trata de un con­sejo muy meditado. Puede ser preferible una actividad creado­ra como la pintura o la música. Desgraciadamente éstas están reservadas en su disfrute a personas específicamente dotadas para tales modalidades artísticas, no basta con querer, hay que poder. En cambio la encuadernación puede realizarla y gozarla prácticamente cualquiera. Aquí sí basta querer para poder. Se preguntará de nuevo el lector: ¿y por qué voy a querer, preci­samente encuadernar? Por supuesto puede dedicarse a otras co­sas. Si hace carpintería precisa espacio y maquinaria, pone to­do perdido de virutas y serrín y mete mucho ruido. Si colec­ciona sellos es muy caro, y sólo obtiene rendimiento económi­co el coleccionista muy experto. Si monta esas maquetas pre­fabricadas de plástico, de aviones o barcos, lo va a pasar muy bien, y halagar su vanidad con un éxito brindado por el fabri­cante, pero en cuanto tenga una docena ya me contará dónde las coloca. Toda la casa quedará con el muestrario inundando mesas y estanterías. Con el mismo esfuerzo y habilidad puede encuadernar.

El lector preguntará ¿pero bueno, por qué esa insistencia en la encuadernación?, ¿qué ventajas tiene? Encuentro que el lector se está poniendo un poco pesado con tanta preguntita, pero voy a contestar:

La primera ventaja es la utilidad. Todos tenemos libros que nos gustaría conservar bien encuadernados. Ocupan el mismo es­pacio que si están mal encuadernados. Son un elemento decora­tivo de primera magnitud. No existe un ambiente más acogedor, más cálido que el de una habitación con bonitas encuaderna­ciones.

El cuero y el oro (los elementos perceptibles de la encuadernación), son materiales nobles, con una belleza intrínseca. Superada la primera etapa de aprendizaje, sólo en unos meses, se crean pequeñas obras maestras, que se pueden guardar con orgullo para siempre. Los amigos pedirán como un favor que les hagamos una y... podemos venderlas. Los hobbys, para que de verdad valgan la pena, conviene profesionalizarlos, en dos sen­tidos. El primero en que hay que intentar hacerlos como un profesional; aspirando a la perfección es como se obtiene el má­ximo placer. Segundo, sacando rendimiento económico, la afi­ción debe al menos autofinanciarse. Es muy difícil que hagamos un mueble que a los demás les apetezca comprar, muy fácil con­seguir esto con una encuadernación. No hablo de "ganar dine­ro", esto ya lo intentan con dificultad creciente los encuaderna­dores profesionales (que van desapareciendo), sino de pagar los gastos del material (que es caro), y que nuestras encuadernacio­nes nos salgan gratis. Por supuesto, hay que buscar el hueco que deja libre el profesional. Los talleres de encuadernación, hoy ca­si nunca aceptan el encargo de una encuadernación "artística" (con ornamentación rica y cuidada), porque les lleva tantas ho­ras de trabajo que no les es rentable. Esto es lo que puede hacer el aficionado. Sus horas no son de trabajo, son de dedicación placentera, no tiene por tanto que amortizarlas, basta con que le costeen su afición. A los conocidos les brindamos el favor de obtener unos objetos preciosos, que no pueden adquirir en el mercado actual.

Hay otras muchas razones, pero no sigo detallándolas por­que... me voy a encuadernar. Les dejo con el libro de José María Vallado, para que puedan hacer lo mismo.


Juan Antonio Vallejo-Nágera

Comentario a esta segunda edición
La gran acogida que la benevolencia del público (para quien hacemos constar aquí nuestro agradecimiento) hizo a la primera edición de este manual, que quedó agotada en poco tiempo, nos ha animado a publicar esta segunda, que hemos procurado enriquecer adaptándola a las indicaciones y sugeren­cias hechas por los lectores. Ello nos ha servido para corregir defectos, modificar y ampliar algunos temas y exponer otros que no se trataron en la edición anterior.
Por tanto, en esta nueva edición se trata con más ampli­tud y rigor la materia, aumentando su sentido didáctico que es el fin primordial que persigue esta obra.
Hemos quedado gratamente sorprendidos de la gran can­tidad de lectores que se interesan por la encuadernación y nos sentimos obligados a ofrecerles la nueva edición de este manual en el que hemos puesto todo nuestro empeño para que sea sen­cillo, práctico y de fácil comprensión, agrupando en su reduci­do espacio todas las materias que, de momento, necesita el afi­cionado para conocer y practicar el arte de la encuadernación.
J. M. V.

Introducción
Encuadernar es confeccionar libros partiendo de pliegos, hojas o cuadernillos impresos, que se unen siguiendo una técni­ca especial de cosido y protegiendo, después, el conjunto con cubiertas o tapas, llamadas también pastas.

La encuadernación se llama a la RUSTICA, cuando la cu­bierta del libro es de papel o cartulina y el cosido sencillo o pro­visional.

Según el material y el modo en que está realizada la cubier­ta, la encuadernación se llama: PASTA ESPAÑOLA (piel jaspea­da), PASTA ITALIANA (con pergamino o vitela), MEDIA PIEL ó PASTA HOLANDESA (cuando sólo va el lomo en piel), PIEL ENTERA (tapas enteramente en piel), etc.

La encuadernación es un oficio con pautas y técnicas muy antiguas; pero también es arte cuando éste además del perfecto cosido y preparado, se refleja en los gofrados o repujados de las tapas. Así, desde tiempos muy remotos, los encuadernadores pugnaron por conseguir realizaciones cada vez más bellas y atrayentes. Como las encuadernaciones hechas por los monjes de la Edad Media, con tablillas forradas en piel adornada con delica­dos gofrados de estilo gótico o románico. Y los libros sagrados, con esmaltes, tallas de marfil, piedras preciosas (cabujones), etc.

En el Cabildo de Jaca se conservan dos tapas de marfil y en el Museo Episcopal de Vich, otras del mismo estilo romano bizantino del siglo XI. En la Biblioteca Imperial de Viena se conserva un evangelio griego del siglo XI, considerado como el escrito más antiguo de encuadernación bizantina.

Durante los siglos XI al XVI proliferó la encuadernación de estilo mudéjar, con gofrados geométricos, punteados y vermiculados en los fondos.

La encuadernación como la concebimos hoy, nace al ad­quirir el libro la forma actual hacia finales del primer siglo de nuestra era. Anteriormente, el libro estaba constituido por un rollo, formado con tiras de papiro o de pergamino, unidas por los extremos y arrolladas a una varilla a modo de eje. Se llama­ba volumen o códice.

El uso ha ido reservando la denominación de códice para los manuscritos antiguos o medievales de valor histórico o artís­tico y para los escritos en caracteres pictográficos sobre hojas de papel de venado, raspadas, procedentes de México, realizados en época precolombina o entre 1525 y 1600.

También se aplica la denominación de códice a los libros mayas precolombinos, escritos con caracteres ideográficos so­bre papel de fibra de corteza de amate, fibra de agave o corteza batida del árbol copó, de los que sólo se conservan tres. Es cu­rioso observar cómo cada uno de estos códices trata un tema de­terminado, bien sea científico, religioso, de crónicas o recreati­vo. Leyendo la descripción de estos códices, verdaderas publica­ciones especializadas, se siente una profunda emoción al intuir el mensaje que en ellos nos trasmiten aquellas remotas civiliza­ciones ya desaparecidas.

Códice de Dresde. Es una tira de fibra de corteza de ama­te, recubierta de un enlucido de cal, de 3,5 m. de longitud, do­blada en forma de biombo, formando 39 hojas de 20 x 9 cm. Contiene horóscopos y observaciones astronómicas. Fue descu­bierto en Viena en el año 1739 y adquirido por la Biblioteca Real de Dresde.

Códice Peresiano. Se conserva en la Biblioteca Nacional de París, donde fue hallado en 1860 en un cesto de papeles vie­jos y envuelto en un papel en el que se leía el apellido Pérez; de ahí el nombre con que se le conoce. Consta de 11 hojas de fibra de agave, con una longitud total de 1,45 m. En él se enumera la sucesión de Katunes o períodos de 20 años de 360 días cada uno, del calendario maya. El final de cada uno de estos Katunes era celebrado con grandes ceremonias y con la erección de un monolito con la inscripción jeroglífica de la fecha que se conme­moraba. Cada Katún estaba precedido por una de las trece divinidades de los Katunes.

Códice Tro-Cortesiano. Está expuesto en el Museo de América, en Madrid. Está realizado en una especie de papel he­cho con corteza machacada del árbol copó y aglutinada con go­ma natural. Tiene 7,15 m. de largo y está compuesto por una so­la tira doblada en forma de biombo, formando 56 hojas o 112 páginas de 24 cm. de altura por 13 cm. de ancho. La superficie de esta larga tira está cubierta de un enlucido de cal sobre la que se trazaron los jeroglíficos y se pintaron las escenas y las figu­ras de dioses. El texto se refiere a temas rituales y contiene las formas adivinatorias usadas por los sacerdotes para prevenir acontecimientos. Fue descubierto en España entre 1860 y 1870 en dos fragmentos. Debe su nombre a que una parte, la mayor, pertenecía a Juan de Tro-Ortolano, de Madrid, y la menor a José Ignacio Miró, quien la adquirió en Extremadura y le dio el nombre de códice cartesiano, en memoria de Hernán Cortés. Al ser estudiadas las dos partes, se comprobó que ambas forma­ban un sólo códice, y una vez unidas pasaron a ser propiedad del Estado Español.

Todos estos valiosos documentos por los que conocemos la vida y costumbres de aquellas civilizaciones ya desaparecidas, llegaron a nuestras manos a través de los siglos gracias al artífi­ce que los confeccionó y protegió de manera tan eficaz, con el arte y la técnica de su oficio tan ligado a las artes y a las letras.

Sin embargo, la encuadernación es un oficio poco apreciado y peor pagado en nuestro país. El encuadernador debe tomar conciencia del noble oficio que ejerce y tratar de que su trabajo sea valorado y apreciado en su justa medida, dándole el presti­gio que, incomprensiblemente, hoy no tiene.

En Europa, la encuadernación artística ha adquirido gran prestigio y categoría entre las artes aplicadas, colocándose, a partir de 1925, en las avanzadas del arte contemporáneo.

En 1946 se constituyó en París la "Socíeté de la Reliure Origínale" con el propósito de difundir sus obras en certáme­nes y exposiciones nacionales e internacionales.

Es digna de visitar en Madrid la Biblioteca del Palacio Real, una de las más bellas e importantes del mundo, donde podemos admirar, además de las suntuosas salas y el fastuoso mobiliario, sus valiosos volúmenes en admirable estado de conservación.

La encuadernación es una actividad atrayente y sugestiva que, además, proporciona al que la practica un estado de calma y relajación confortantes y una benefactora evasión del mundo árido y hostil en que vivimos.

A tí, que al abrir este libro has demostrado ya tu interés por esta noble actividad, pretende este manual ir desvelándote los pequeños secretos del oficio y enseñarte a encuadernar un libro valiéndote de los medios elementales que, desde muy anti­guo, fueron empleados por los artesanos encuadernadores.

La encuadernación masiva, la encuadernación industrial, mecanizada e impersonal, no se toca en, este libro por conside­rarla un tema distinto que nada tiene que ver con la encuadernación manual.

Este manual sólo pretende enseñarte a encuadernar UN LI­BRO; si lo consigue o te ayuda a conseguirlo, habrá cumplido el propósito para el que fue creado.

J. M. V.

Partes del libro





Figuras 1 a 9

Nomenclatura
AL-IDRISI. Sabio musulmán nacido en Ceuta en 1099, vivió y se formó científicamente en Córdoba, donde fue perse­guido por motivos políticos y religiosos, viéndose obligado a emigrar a Sicilia donde trabajó al servicio de Roger II. Trazó un planisferio sobre una lámina de plata. Hizo el llamado Libro de Roger, que está considerado como el mejor exponente de mate­rial geográfico realizado en la Edad Media. Es el autor de una notable compilación botánica, de la que se conserva un fragmen­to con la descripción de 360 fármacos por orden alfabético. Mu­rió en Palermo en 1166.

ANTEPORTADA. Hoja que precede a la portada de un libro, en la que sólo se suele poner el título de la obra.

APRESTO. Almidón, resina, cola u otros ingredientes pa­ra dar consistencia a las telas y papeles.

BATANADO. Golpeado con los mazos del batán. Macha­cado.

BIZANTINO. Perteneciente a Bizancio o al Imperio Bi­zantino. Los años 330 a 1453 marcan los límites en el tiempo de este imperio.

BADANA. Piel curtida de oveja o carnero.

BARROCO. Estilo de ornamentación caracterizado por la profusión de volutas y adornos en los que predomina la línea curva.

BORNEAR-BORNEADO. Redondear el lomo de un libro batiéndolo con un martillo para hacer la media caña.

BRUÑIR-BRUÑIDO. Dar brillo. Lustroso, brillante.

CABEZADA. Cinta que se pega en los extremos del lomo de un libro antes de ponerle las tapas. En uno de sus bordes lle­va un cordoncillo de colores, de seda o de algodón, que queda sobresaliendo del corte.

CABUJÓN. Piedra fina redondeada y pulida con que so­lían adornarse las tapas de algunas encuadernaciones en la Edad Media.

CAJO. Resalte o borde formado a ambos lados del lomo de un libro.

CÁLAMO. Junco o caña cortada oblicuamente en su ex­tremo, con el que se escribía sobre papiro o pergamino.

CALANDRIA. Máquina para alisar y lustrar el papel.

CARTIVANA. Tira de papel o tela que se adhiere a las lá­minas u hojas sueltas para que se puedan encuadernar de modo conveniente. También se llama "escartivana".

CARTULINA. Cartón delgado y terso. También suele lla­marse así a la lomera.

CEJILLA. Superficie de las tapas de un libro que sobre­sale del corte de las hojas.

CUADERNILLO. Cada uno de los pliegos que, doblados y cosidos juntos, forman el libro. Unidad de medida del papel, compuesta por cinco pliegos.

CUARTO. Tamaño del libro correspondiente a la cuarta parte de un pliego. Se le dice "volumen en 4.°". También puede ser en cuarto menor o en cuarto mayor, según proceda de plie­gos de papel de marca inferior o superior a la ordinaria.

EX LIBRIS. Grabado pequeño con las palabras latinas "ex libris" y el nombre del propietario, que se pega en los li­bros para indicar su dueño.

FIELTRADO. En la fabricación del papel, disposición de las fibras en forma de fieltro.

FIELTRO. Especie de paño no tejido, que resulta de con­glomerar borra, lana o pelo.

FILETES. Hierros para imprimir en oro u otros procedi­mientos líneas de diferentes gruesos.

FLORONES. Hierros que llevan en relieve escudos, flo­res, coronas y otros adornos para grabar sobre la cubierta de un libro.

FUELLE. Pieza de papel que por uno de sus dos lados se pega a lo largo del lomo y por el otro a la lomera, para que el li­bro se abra sin dificultad.

GOFRADO. Estampación en seco, mediante el fuego, de dibujos o motivos en relieve o en hueco, sobre la cubierta de un libro.

GRAMAJE. Peso del papel o cartón expresado en gramos por metro cuadrado.

GUARDAS. Las dos páginas que se adhieren a las tapas y a la primera y última páginas del libro.

GÓTICO. Estilo que sucedió al románico. Se caracteriza por la profusión de ojivas, calados y rosetones y por los trazos esbeltos de su composición.

IDEOGRAFÍA. Escritura en la que se representan las ideas por medio de imágenes o símbolos.

(Mediante la pictografía puede darse una viva representa­ción de seres u objetos concretos, incluso reproducir escenas o temas narrativos; en cambio, es imposible representar ideas. Cuando para representarlas se recurre al auxilio de ideas asocia­das a determinado ser u objeto, no se trata ya de pictografía, sino de ideografía.)

INCUNABLE. -Libro impreso desde la invención de la im­prenta, en el año 1440, hasta el año 1500. El libro impreso más antiguo es una Biblia del año 1445. El primero que lleva fecha, el Salterio de Maguncia, del año 1457. El primer impreso tipo­gráfico español conservado en la actualidad parece ser un Sino­dal, que tiene las actas de cierta reunión celebrada en Segovia en el año 1475.

LÍBER. En los vegetales, fibras o tejido que tienen la mi­sión de conducir a toda la planta la sabia elaborada en las hojas.

LOMERA. Tira de cartulina que se coloca a lo largo del lomo de un libro para darle consistencia. Se le llama también "cartulina".

LOMO. Parte del libro o del cuadernillo opuesta al corte delantero de las hojas. En el libro encuadernado, suele grabarse en él, principalmente, el nombre del autor y el título del libro.

MACULATURA. Pliego que en las imprentas se desecha por mal impreso o manchado.

MUDÉJAR. Estilo caracterizado por elementos del arte cristiano y de la ornamentación árabe.

OCTAVO. Tamaño que se obtiene al doblar un pliego tres veces, quedando así dividido en 8 hojas ó 16 páginas.

OPÚSCULO. Obra científica o literaria de poca exten­sión.

PAPIRO. Lámina obtenida de la planta del mismo nom­bre mediante un proceso de batanado, que los antiguos egipcios empleaban para escribir. Sobre estas láminas se escribía con un cálamo de junco.

PERISTÁLTICO. Contracción refleja en forma de onda del esófago, los intestinos y los uréteres, para favorecer el avan­ce de los alimentos en el esófago, de las heces en el intestino, y de la orina en los uréteres.

PICTOGRAFÍA. Tipo elemental de escritura en el que se dibujan los objetos o conceptos que se desean expresar.

PORTADA. Página del libro que sigue a la anteportada, en la que se pone el título, nombre del autor y el lugar y fecha de impresión.

PERGAMINO. Piel adobada y estirada hasta quedar tan delgada que casi es transparente. Sirve para escribir en él, forrar tapas de libros o, simplemente, constituir su cubierta.

PLIEGO. Hoja de papel plegada. Hoja que lleva impresas ocho páginas en cada cara, con una signatura y que, plegada, forma uno de los cuadernillos que componen el libro.

RAMIO. Planta con cuyas fibras alargadas y resistentes se confeccionaban antiguamente unas láminas parecidas al papiro. En la actualidad estas fibras, procedentes de China, Vietnam y Japón, se emplean en la fabricación de' telas, hilos para hacer cordones y tejidos adamascados.

SATINADO. Superficie del papel lisa y uniforme.

SIGNATURA. Número que se pone al pie de la primera página de cada pliego para facilitar su encuadernación.

TAPAS. Cada una de las dos partes de la cubierta de un libro.

TARLATANA. Tejido de algodón, especie de gasa, ralo como ella, usado en encuadernación para reforzar la sujeción de las tapas.

TEJUELO. Cuadrito de piel que se pega al lomo o a la tapa de un libro ya encuadernado. Su color contrasta con el de la cubierta y en él figura el título y el nombre del autor.

TRONQUILLOS. Hierros para grabar diferentes adornos sobre el lomo o las tapas de un libro.

USON. Especie de alfiler de acero, usado por los tapice­ros y guarnicioneros, que tiene el extremo opuesto a la punta redondeado en forma de circunferencia.

VITELA. Piel de vaca o ternera, adobada y muy pulida. En la Edad Media era un pergamino muy blanco, fino y flexible, que se obtenía de piel de becerro recién nacido o nonato. Era difícil de obtener y se usaba para códices muy lujosos.



Herramientas
Las más necesarias son:

AGUJAS de 7 cm. de largo y 1,3 mm. de grueso. Se las co­noce con el nombre de AGUJAS DE GUARNICIONERO.

ALICATES de 5 ó 6 pulgadas.

BROCHAS y PINCELES de los números 14, 16 y 18, dos de cada número, tanto redondos como planos.

CARTABÓN, ESCUADRA, REGLA de 100 cm. Preferible transparentes.

CINTA MÉTRICA o flexímetro; 1,5 ó 2 m. de largo.

CIZALLA para cortar papel, tela o cartón.

COMPÁS para medir distancias.

CUCHILLA para cortar cartón, pieles, cartulina, etc. (fig. 17).

CUCHILLO de unos 10 cm. de largo de hoja.

CHIFLA para adelgazar pieles.

DEDAL, imprescindible para algunos cosidos.

LEZNA de las usadas por los zapateros y guarnicioneros.

MARTILLO de zapatero.

PAPEL DE LIJA fina, enrollada en un taco de madera de 11 cm. de largo, 6 de ancho y 2 de grueso.

PRENSAS, de 30 cm. de separación entre tornillos, para li­bros grandes (fascículos), y de 23 cm. para los pequeños (fig.10)

PRENSILLAS metálicas (fig. 12).

PLEGADERA que puede hacerse de una tablilla delgada.

PUNZÓN fino y afilado. De acero.

SIERRA preferible el arco de sierra de hojas recambiables, de 16 cm. de longitud (fig. 11).

TENAZAS de 6 ó 7 pulgadas.

TIJERAS de 8 pulgadas. Conviene que sean grandes.

Puede sernos muy útil, también, tener en nuestro taller un formón de 14 mm. y una escuadra de las usadas por los carpin­teros.

Fig. 10 Fig. 11 Fig. 12



Fig. 13 Fig. 14 Doblando con la plegadera Fig. 15



Fig. 16 Chifla para rebajar pieles Fig. 17

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