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José Luis gotor *: las bibliotecas particulares del siglo de oro españOL


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José Luis GOTOR *:
LAS BIBLIOTECAS PARTICULARES DEL

SIGLO DE ORO ESPAÑOL

En su notable libro Literatura (novela, poesía, teatro) en bibliotecas particulares del Siglo de Oro español (1600-1650) 1 el profesor José María Díez Borque ensambla una serie de búsquedas comenzadas en 2007 en el Homenaje a I.Resina, M.L.Pires, M.Vitalina Leal sobre la novela picaresca, seguidas en 2008 sobre la pastoril por los setenta años de Sebastián Neumeister, sobre el teatro al año siguiente en bibliotecas particulares en Homenaje a Luciano Garcia Lorenzo, sobre bibliotecas de nobles para Ch.Strosetzki y bibliotecas de trabajadores para Kazimier Sabik.


Sobre la poesía, la Revista de Filología española (XC,1, pp.107-136) acaba de darnos una entrega, en espera de otras que están por salir sobre autoridades y cargos públicos en la época del Conde Duque de Olivares y de clases trabajadoras. La novela de caballerías y géneros afines es otra entrega en el Homenaje a G.Caravaggi (vol.I, pp. 555-570).
Díez Borque considera una obligación inexorable e ineludible del historiador de la literatura dar respuestas satisfactorias a sobre quiénes y cuantos eran los lectores y qué leían, la permanencia en el mercado de títulos y géneros, las lecturas predominantes, los condicionamientos de la clase social, la censura, el precio, en síntesis la condición comercial del libro, oferta–demanda y el gusto de la época.
Se ha fijado para ello un mismo mojón cronológico de 1600 a 1650, limitándose a 65 inventarios de bibliotecas particulares, de las que 13 resultan ser de nobles, 12 de eclesiásticos, 16 de oficios varios y profesiones y 7 de cargos políticos de distintas áreas geográficas. Es de notar enseguida que lo que hoy es para Díez Borque fruto de un proyecto ministerial de I+D. “De la biblioteca particular al canon literario de los siglos de oro” se abría “in nuce” en su Literatura y cultura de masas: Estudio de la novela subliteraria, de 1972, y en su rica experiencia de historiador de la literatura española desde el Manual (Guadiana,1975) y antologías varias.
En 1972 se preguntaba ya por los “criterios objetivos o al menos con cierto grado de certeza que poseemos para establecer la valoración de una obra literaria” y, al planear en 1975 una nueva Historia de la literatura, procuraba no olvidar “que el acto literario se consuma con el público, lo que fuerza a salir de la oficina del escritor”. Su ambición ha sido siempre “acercarse a la realidad de verdad”, citando a Torres Naharro, hasta desafiar hoy el “ojo del huracán” o “el torbellino del problema de la lectura”, obligándose a “hacer el cesto con los mimbres de que dispone” (son expresiones suyas) y a disculparse de posibles errores, cuando, al hacer porcentajes de presencia de la literatura en el conjunto de la biblioteca estudiada y con la literatura extranjera, tiene que recurrir a los números y dedicar, en conclusión, gentilmente su libro a todos los bibliotecarios de su Departamento universitario por haberles incordiado con sus “desvelos bibliográficos”.
Díez Borque tiene ante todo conciencia de que sobre el tapete quedan muchos problemas sin solucionar, como la publicación y difusión del teatro o cultura oral y visual, la oralidad y el manuscrito–impreso en la poesía. Y hay incluso autores que, aunque no han dejado rastro en la memoria literaria, están presentes en las bibliotecas. Tanto le afana a Díez Borque el no haber podido tener en cuenta estudios que ha conocido después de sus pesquisas que lo repite en las notas 3 y 4 de la Introducción y siente no haber podido ver “Le biblioteche private come paradigma bibliográfico” de 2008, con las Actas de un Convenio internacional en Roma del 10 al 12 de octubre de 2007, ni las de Udine del 18 al 20 de octubre de 2004 “Biblioteche private in età moderna e contemporanea”, que por lo que se refiere a Italia le habrían ampliado el horizonte de investigación y método.
En toda su afanosa búsqueda se tiene la impresión de que Díez Borque se mueva todavía en un marco de sociología de la literatura de las décadas sesenta-setenta más que en el de las expectativas que comporta la obra y las experiencias mismas del lector, teorizado por Hans Robert Jauss y la escuela de Costanza . Para Jauss, el lector es protagonista de un proceso activo y poético en el que la investigación filológica esta en condiciones de abrirse a la hermenéutica. Es natural que la biblioteca del Conde de Gondomar con 6.471 libros y la de Felipe IV con 2.150 se presten al análisis y merezcan una particular atención, más que las de un agente de negocios con 14 libros o la marquesa que tenia 29, el bordador con 19 , el abogado con 16 y el cerero con 36.
Díez Borque ha visto facilitada su labor teniendo a mano los repertorios de Trevor J.Dadson, de José Maria Prieto Bernabé -cuya tesis doctoral de 1999 se publicó en Mérida en 2004-, de José Luis Barrio Moya y otros. Lo que hoy llamamos novela, poesía, teatro no era visto como tal por la biblioteconomía de la época o del ”ordo disponendi “ de las librerías.
Desde la lingüística la literatura como “congeries litterarum” no debe ocultar o descuidar la lengua literaria, es decir la que es equívoca y unívoca a la vez, ambigua, que alude más que elide, que evoca, más atenta a la “parole” que al sistema del “langage”, en que ella se cobija y produce. Las preguntas sobre quiénes y cuántos leen y qué leen continuarán obsesionando a Diez Borque y a cuantos se interesan por la historia del libro.
A esas mismas preguntas traté yo de dar una respuesta, al comentar una “memoria” o lista de libros “curiosos” que el Cardenal Barberini pidió a Nicolás Ricci y Carlo Pellegrini, sus agentes en Madrid de 1655 a 1658 (“Libros raros y curiosos para el Cardenal “nepote” en el Libro-Homenaje a Antonio Pérez Gómez”, II, Cieza ,1978, pp.1-42). Se trataba de 19 libros o cuerpos de ”libro de molde”, sin contar los diversos tomos, por los que Pellegrini pagó 889 reales de plata con otros libros que le costaron 37 doblas, incluidos los 600 reales de plata pagados por un “libro-manuscrito”, las “cartas” de Pietro Martire. Las “Crónicas de Valencia” de Martín de Viciana, difíciles de encontrar por las criticas a la nobleza, le costaron un doblón o 52 reales de plata.
Mis preguntas estaban dictadas en la España de Felipe IV (1621-1665) por peticiones especificas del Cardenal. A quiénes, cuántos y qué se leía había que añadir quién edita, a costa de quién, y dónde se vendían los libros. Barberini había visitado la Corte madrileña en 1626; a sus 29 años era Protector de los Reinos de Aragón, Portugal y de los Franciscanos, Prefecto de la Signatura de Justicia (1623- 1628) y Secretario del Santo Oficio (1633-1679). No era un bibliófilo de ocasión, como lo pudo ser el Conde de Gondomar. En su biblioteca predominan los libros de teología “in folio”, de espiritualidad cortesana, libros polémicos, censurados. Tiene 40 años cuando lee y anota los “Refranes” de Hernán Núñez (1463-1553) y sus glosas de ”Las trescientas” de Juan de Mena. Las relaciones entre la Iglesia y la Monarquía española se debatían entre absolutismo romano y regalismo español o jurisdiccionalismo, anticurial.


* José Luis GOTOR, catedrático de Lengua y Literatura Españolas (Univ. Tor Vergata de Roma); Miembro Correspondiente de la A.P.P.

(FDP300)


[LITERATURA] [DÍEZ BORQUE, JOSÉ MARÍA] [GOTOR, JOSÉ LUIS]
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1 Madrid: Iberoamericana; Frankfurt am Main: Vervuert, 2010. Publicacion. Biblioteca Áurea Hispánica 66. 158 pp. Tapa dura.






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