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José Ignacio Serralunga Versión ampliada de la obra


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Vieja loca
José Ignacio Serralunga

Versión ampliada de la obra

Seleccionada en el Concurso 2004 de Obras Nacionales

Teatro El Búho de la Ciudad de Buenos Aires

Para su Ciclo Semimontado 2005
Dirección María Esther Fernández

José Ignacio Serralunga

9 de Julio 3433 (3000) Santa Fe

0342-4530558

0342 154 058711

jose_serralunga@yahoo.com.ar

Vieja loca
Personajes: Tere

Fernando


Sara, madre de ambos

Jorge
Tere, Fernando y Jorge tienen aproximadamente la misma edad



Tere, en su casa, al teléfono.
Tere- Hola, mamá. ¿Qué tal todo? ¿Bien? Bueno, me alegro. ¿Hoy? Nada, no pensaba hacer nada especial. Y, sí, es martes, mañana se trabaja. ¿Hoy? B...bueno, sí, no sé si los chicos tendrán algo. Ah ¿sin chicos? Bueno, le voy a preguntar a, ah, sin Carlos. pausa, sospecha ¿Como la otra vez? Bueno, sí. ¿Tipo nueve? Bueno. Sí, sí, chau, chau. cortan

Esta vieja está cada día más chiflada.


Fernando, en su casa, habla con su esposa, que está fuera de la escena

Fernando- No tiene nada en contra tuyo, Betina, te juro. No te hagas la película, en serio. Pausa ¿Pero cómo vas a pensar eso de mi vieja, che? Pausa No, con los chicos tampoco tiene nada, si a Tere tampoco la invitó con los chicos, y le dijo que vaya sola, sí. Igual que la otra vez. Qué se yo qué quiere, ya van como dos veces que nos hace ir y después se va en amagues. Cosas de vieja, pobre.


Sara, en su casa, recibe a Tere
Sara- ¿Qué tal, hija?

Tere- Bien. Qué sé yo. Normal. ¿Vos?

Sara- Bien, bien. Y vos ¿Qué tal?

Tere- Bien, mamá. Pausa ¿Me vas a preguntar todo dos veces?

Sara- No, hija. Preguntaba nomás. Pausa ¿Qué tal vos?

Tere- Uy, viejita, estamos a full hoy ¿Eh?

Sara- ¿Qué tal Carlos?

Tere- Bueh, cambiamos de rubro. Bien... Carlos bien.

Sara- Mirá vos.

Tere- ¿Qué pasa? ¿No puede estar bien Carlos?

Sara- Sí, hija, preguntaba nomás. Estás muy sensible vos. Te pregunto por tu esposo, no por el vecino de enfrente.

Tere- Nunca preguntás por Carlos. No querés que lo traiga a tu casa y ahora me preguntás cómo anda.

Sara- No seas injusta, Tere. Por una vez que quiero hablar a solas con mis hijos...

Tere- Ya es la segunda vez, mamá.

Sara- Bueno, está bien, ahora no puedo hablar con mis hijos a solas.

Tere- Sí, vieja. Podés hablar con tus hijos todas las veces que quieras, no hay problemas, pero no me digas que te interesa saber cómo está Carlos, dejate de embromar.

Sara- ¿Por qué decís eso, hija? Claro que me interesa. Vive con vos, es el padre de tus hijos y de mis nietos, me extraña querida.

Tere- evitando seguir con el tema Che ¿a qué hora viene Fernando?

Sara- Ya debe estar por venir, le dije a las nueve, pero siempre llega tarde este chico. Siempre impuntual. Fijate vos, en eso, Carlos siempre fue más confiable. Tere ignora olímpicamente el comentario Tendrá otros defectos, viste, pero impuntual no es. En eso, hay que sacase el sombrero. Habrá sido un tarambana cuando era soltero, pero de casado por lo menos, que yo sepa, siempre se ha portado bien. Por lo menos nunca me enteré de nada yo.

Tere- Pará un cacho. Pará que te conozco como si te hubiera parido, vieja. ¿Qué pasa con Carlos?

Sara- Nada. Hace dos minutos te pregunté eso y armaste un alboroto. ¿Ahora me preguntás vos por tu esposo?

Tere- No te hagas la zonza y decime qué es lo que sabés.

Sara- Nada, hija, nada. No te pongas así. Si hubiera sabido no te preguntaba nada.

Tere- A ver si nos entendemos. Que Carlos se anduviera haciendo el picaflor por ahí no me sorprendería, pero si fuera así por lo menos me gustaría saberlo para no poner cara de pelotuda mientras me pone las guampas.

Sara- ¡No me digas que se está portando mal otra vez este desgraciado!

Tere- No, vos me dijiste.

Sara- Me confundís, nena. ¿Yo dije eso?

Pausa importante, Tere se va poniendo nerviosa

Tere- ¿Vos estás segura de que viene Fernando?

Sara- Sí, hija, me dijo que venía.

Pausa importante

Te iba a comprar una camisita de esas que se anudan en el costado para tu cumpleaños ¿Sabés cuáles te digo? Esas todas arrugaditas, de bambula. Una verde, preciosa. Un color raro, lindo. ¿Te parece hija?

Tere- Sí, mamá, como digas.

Sara- Te la iba a comprar. Pero no te la voy a comprar.

Tere- ¿Qué estuviste fumando, vieja? Estás totalmente loca. ¿Me llamaste para decirme lo que no me vas a comprar para mi cumpleaños?

Sara- No, te llamé, y lo llamé a tu hermano, para decirles otra cosa.

Tere- ¿Vos estás segura de que va a venir? ¿Por qué no lo llamás?

Sara- Va a venir a las nueve y media.

Tere- ¿¿¿Por??? ¿No era a las nueve?

Sara- Va a venir a las nueve y media porque le dije que venga a las nueve y media. Quería hablar con vos antes. pausa que preanuncia algo importante ¿Sabés por qué no te voy a comprar la camisa?

Tere- Uh, organizá un poco el delirio mamá, porque ya me perdiste.

Sara- Llamé a la oficina de Carlos para preguntarle, por ahí él te compraba lo mismo.

Tere- tomada por sorpresa, titubea, intentando disimular ¿A la oficina llamaste?

Sara- Ajá. Pausa

Tere- sigue en su postura, cautelosamente ¿A la oficina de Carlos?

Sara- Sí, ¿Por?

Tere- No, nada, me parece raro. Nunca lo llamás. Pensé que ni tendrías el número.

Sara- Sí, lo tengo. Hace mucho. Y no es cierto que no hablo con él. Más de una vez hablo con él, pero por lo visto no te cuenta. No te dijo nada de la camisa verde ¿no?

Tere- No, no.

Sara- Claro, qué tonta. No te pudo decir nada porque no hablé con él. Llamé a la oficina y me dijeron que no estaba.

Tere- con cierto alivio Habrá salido justo a comprar cigarrillos, digo.

Sara- Si fue a comprar cigarrillos se ve que no encontró, porque a la oficina no volvió. No te costaba nada decirme que lo habían despedido.

Tere- Yo sabía que te traías algo bajo la manga vos.

Sara- ¿Vos pensás que no me interesa tu vida, hija? ¿Cómo puede ser que estés pasando por problemas y no confíes en tu madre?

Tere- No es falta de confianza, mamá. No te quería preocupar. Vos te agarrás todos los problemas como si fueran tuyos.

Sara- Son míos, hija.

Tere- Te quiero decir que vos tenés tus propios asuntos, que no podés hacerte cargo de la vida de tus hijos, ya estamos grandes y nos seguís tratando como si fuéramos chicos...

Suena el portero eléctrico

Sara- ¡Fernando! Corre a atender ¿Sí? Subí, hijo, subí. A Tere ¿Viste que está más puntual tu hermano?

Tere- Escuchame, no te preocupes por nosotros, una reservita tenemos y Carlos va a encontrar algo rápido.

Sara- No.

Tere- ¿No qué?

Sara- No creo que encuentre algo rápido, después de la que se mandó.

Tere- ¿Cómo?

Sara- Sí, hija, no hace falta que entremos en detalles.

Tere- ¿De qué hablás?

Sara- ¿No te dijo nada Carlos entonces? Qué pena.

Tere- ¿Cuál es la pena? ¿Qué hizo?

Sara- Qué pena que no confíe en vos, hija.



Suena el portero, Sara va a abrir la puerta, Tere está desacomodada, nerviosa, trata infructuosamente de disimular su tensión

Fernando- Hola, vieja.

Sara- Hijo.

Fernando- Tere.



Tere apenas saluda con la mano, da vueltas en redondo

Uh, ¿Qué pasa acá?

Sara- Nada, hijo. Está un poquito nerviosa nomás. Aparte a Fernando Carlos. Se mandó una.

Fernando- irónico Qué raro.

Sara- Bueno, hija. No te pongas mal. Carlos metió la pata y por eso lo echaron.

Fernando- ¿Lo echaron? ¿Del laburo?

Tere- No, de la cancha. No preguntés pavadas vos.

Sara- No te enojes con tu hermano, hija. A Fernando No es para estar contenta, pero es lo que es. A Tere No te preocupes por el tema plata porque yo te voy a ayudar. Contenta Por eso no te voy a comprar la camisa verde, hija, en lugar de eso... saca un sobre ¡Platita contante y sonante! Pausa, desazón Cambiá esa cara, hija, mientras tu mamá pueda, te va a ayudar.

Tere- No es la plata, mamá. Es la vergüenza.

Sara- No vale la pena avergonzarse, hija. Tomá la plata y olvidemos el tema.

Tere- Vos no entendés. Lo que haya hecho Carlos me tiene sin cuidado. Fue él, no yo, el que metió la pata.

Sara- ¿Y entonces?

Tere- Mamá, tengo cuarenta años, y vos me estás dando plata. Eso me da vergüenza.

Sara- Pero hija, así como lo ayudo a tu hermano bien te puedo ayudar a vos.

Fernando- ¡Vieja!

Sara- No sé por qué les da tanta espina el tema. Soy su madre ¿no? Si no ayudo a mis hijos ¿a quién voy a ayudar? Para mí lo más importante son mis hijos.

Fernando- No hace falta que nos refriegues en la cara eso, mamá. Habíamos quedado en que ese tema era entre vos y yo.

Sara- Bueno, entonces no se habla más. Ya está solucionado. Voy a buscar un vinito, y cambien esas caras, hijos. Sale

Fernando- Esta vieja...

Tere- irónica, a su hermano ¿Así que... el señor tenía un plan social?

Fernando- Qué graciosa. Tampoco es para tanto. Una pavada.

Tere- Si vos decís... pausa La tenías guardadita.

Llega Sara con una copa de vino para cada uno.

Sara- Tinto, natural, para el caballero, con hielito para la niña. Reparte las copas

Fernando- Vieja, yo no tengo problemas, pero mi hermanita no está lo que se dice del mejor humor. Dijiste que querías hablarnos de algo.

Sara- tomada por sorpresa Eh... Ah, sí, es cierto, qué tonta. Pausa

Fernando- A ver.

Sara- No, yo estaba pensando... no sé qué les parecerá a ustedes...

Fernando- Dale, vieja.

Sara- El departamento.

Tere- Mirá, mamá, ya te dijimos que hagas lo que quieras con el departamento.

Fernando- No hace falta que nos preguntes si podés pintar de verde las paredes, ya te dijimos que hagas lo que quieras.

Sara- No, lo de las paredes es una pavada. Yo quería...

Tere- Todo es una pavada. Lo del biombo que tapa el inodoro, lo de las macetas con tierra en la bañera...

Sara- No, yo decía...

Fernando- Los espejos atrás de las hornallas, todo es una boludez, pero si te hace feliz hacelo, vieja, no nos pidas permiso a nosotros. Eso sí, si el maestro de feng yui, de sushi o como cuernos se llame te pide que te desprendas de todos tus bienes terrenales... cargate de energía cósmica... y sacalo a patadas en el culo.

Sara- Ustedes están más locos que yo. Escuchen. Yo estuve pensando, el departamento es enorme, tengo dos habitaciones que no uso más que para guardar porquerías. Yo estoy grande, además, me canso mucho. Estaba pensando en venderlo. Voy a poner los ravioles. Sale rápidamente

Pausa, meditan un rato antes de hablar, se semblantean

Fernando- No está tan loca la vieja.

Tere- No.

Fernando- Podés comprar tranquilamente dos más chicos con lo que vale esto.

Tere- Sí, no en este barrio.

Fernando- Bueno, algo hay que sacrificar.

Tere- No es mala idea.. Digo, pensando a futuro...

Fernando- Y sí. Siempre es más fácil de dividir, cada uno se queda con una propiedad y no se arman los kilombos de que yo lo quiero vender y yo no...



Vuelve Sara

Sara- En un rato comemos. ¿Les conté lo que me dijo el maestro de Reiki?

Tere- Después, mamá.

Fernando- No es mala la idea de vender, vieja, y comprar dos propiedades más chicas.

Sara- ¿Eh? ¿Para qué quiero dos departamentos yo? No, yo pensaba, sí, comprar uno más chico, y con la diferencia...

Fernando- No sé si te conviene tener plata en la mano, vieja, una propiedad siempre conserva el valor, es una seguridad que uno tiene.

Tere- A la plata te la terminás gastando en remedios, mamá, es una boludez hacer eso.

Sara- ¿Remedios? No, mijos. El maestro de Reiki me hizo ver las cosas de otro modo, más equilibradamente... más energéticamente ¿se entiende?

Tere- No. ¿Qué te dijo el chanta ese?

Sara- No es chanta, hija. El ve las cosas desde otra dimensión.

Fernando- Ya veo, te vendió un buzón.

Sara- No, hijo. Me dijo que lo que tengo que hacer es profundizar mi conocimiento del mundo, tomar contacto con otras culturas... milenarias pausa ¿Ustedes sabían que el río Ganges está considerado como sagrado, y que a pesar de la cantidad de bacterias y gérmenes que tiene el agua la gente se cura de todas sus dolencias? Lo mismo pasa con el agua de la gruta de Lourdes.

Tere- Me parece que estás mezclando las cosas, mamá. ¿Eso te lo enseñó el del reiki?

Sara- No, eso lo vi en el Discovery Channel.

Fernando- Me equivoqué. Está totalmente loca esta mujer.

Tere- Primero, me parece una gansada tirar así la plata. Segundo: ¿Con quién vas a viajar?

Fernando- Conmigo no cuentes.

Tere- Conmigo menos.



Pausa

Sara- No pensaba en ustedes. ¡Los ravioles! Sale



Fernando y Tere se miran intrigados
Oscuridad
Sara, en su casa, al teléfono

Sara- Sí, a las nueve y media. Ellos. Vos venite un rato después, así yo preparo el ambiente ¿Sabés? Sí, como quedamos. Seguro. Sí. Sí. Sí. Salvo que... No, tenés razón, salvo que nada. Listo. Nueve y media, entonces. Ellos. Vos un rato después.


Tere, en su casa, habla con su esposo, que está fuera de la escena

Tere- Bueno, che, por una vez que cocines no te vas a morir. Decile a la nena que te dé una mano y chau. Pedí una pizza entonces, no me jorobes. A ver si nos ponemos de acuerdo: yo preferiría quedarme en la cama, que una vez en la vida cocines vos ya que estás todo el día al cuete.


Fernando, en su casa, habla con su esposa que está fuera de la escena

Fernando- Pero ¿cómo se te ocurre? ¿cómo le voy a decir que no? Vos estás loca, che. Es mi vieja, no la puedo desairar así. Ya sé que es martes y que mañana se trabaja. Sí, claro, vieja loca, pero bien que no te preocupa que sea loca cuando va y se pone con la cuota del colegio de tus hijos. Sí, son míos también. aparte Creo. Era un chiste, che, dejame de jorobar.


Tere- Sigue con su esposo Claro, para vos es muy fácil, sos muy orgullosito vos. lo imita burlona “¿Cómo desocupado? Señor desocupado”. Mandala al diablo, mandala al diablo, para vos es muy fácil. ¿Vos te creés que yo tengo ganas de ir? No, mi amor, no tengo ni cinco de ganas de ir, pero mañana ponés vos la cara. ¿O vos te olvidás de dónde salió el pedido del supermercado de este mes? Y el del mes pasado, querido... y la platita para el seguro del auto, ¡el club! lo imita “no puedo dejar de ir al club, yo, porque si no juego tenis me deprimo”. Así que yo no tengo ningún problema, no voy a lo de mi vieja, pero vos mismo vas y le decís que deje de pasarnos plata porque vos sos un tipo independiente y no la necesitás. Vieja loca, pero es la que te da de morfar papito.
Fernando y Tere- al teléfono, al unísono No te preocupés, mamá, no llevo nada. Cuelgan Igual no iba a llevar nada.
Sara, en su casa, recibe a Fernando
Sara- ¿Los chicos?

Fernando- Dijiste que no los trajera.

Sara- Sí, sí. Te pregunto cómo están.

Fernando- Bien. Qué sé yo. Bien. Como todos.

Sara- ¿Hay algún problema? ¿Malena está bien?

Fernando- No, sí. ¿Por qué?

Sara- Por nada. El otro día me puse a pensar pavadas, viste cómo soy yo de fantasiosa, o será que de vieja me puse un poco loca ¿no? Me puse a pensar qué dirías vos si te enteraras de que tu hija estuviera embarazada.

Fernando- Pero mirá que tenés ganas de inventarte problemas vos. pausa ¿Y eso a qué viene? desconfía ¿Qué pasa?

Sara- Nada, hijo, se me ocurrió no más.

Fernando- ¿Alguien te dijo algo?

Sara- ¿De qué?

Fernando- De qué va a ser, de Malena. ¿está embarazada?

Sara- No sé, si no sabés vos que sos el padre ¿cómo voy a saber yo?

Fernando - No te hagas la zonza y decime qué sabés.

Sara- Nada, te juro. Se me ocurrió, nada más. No sé nada. Pero bien podría ser ¿no? Malena está muy de novia hace rato. Vos sabés que los chicos hoy en día no andan con vueltas.

Fernando- ¿En serio no sabés nada?

Sara- En serio. No te quise asustar. Era por hablar de algo.

Fernando- ¿Por qué no hablás de fútbol vieja, en vez de darme esos sustos?

Sara- Bueno, está bien, disculpame. pausa ¿y qué harías si ...?

Fernando- Uy, qué pesada viene la cosa hoy. ¿No viene Tere?

Sara- Debe estar por llegar. ¿Qué harías?

Fernando- No sé, mamá, no sé. Qué sé yo. No me puse a pensar. piensa Primero la mato por pelotuda. Después veo.

Sara- ¿Primero la matás? Así no te vas a enterar nunca de nada.

Fernando- Prefiero no enterarme.

Sara- Preferís no enterarte.

Fernando- No, miento. Primero le pregunto por qué me hizo eso y después la mato.

Sara- ¿Qué te hizo?

Fernando- Se embarazó, la muy estúpida.

Sara- Eso se lo hizo a ella, no a vos. ¿Vos qué tenés que ver en el asunto?

Fernando- ¿Cómo qué tengo que ver? Yo soy el padre.

Sara- El padre es el novio, en todo caso. Vos sos el abuelo. Y después que te enteraste de que se embarazó por un descuido ¿La matás por descuidada?

Fernando- ¿Qué es esto, una prueba? ¿Si la mato gano o pierdo?

Sara- Supongo que perdés. Después de todo, descuidada, estúpida y embarazada, sigue siendo tu hija.

Fernando- Está bien, no la mato. La perdono.

Sara- ¿Por qué? ¿Te pidió perdón?

Fernando- No me pidió nada, mamá. No está embarazada. Y si lo estuviera lo estaría. Mamá, disculpame, pero no me parece muy lógico estar discutiendo lo que haría si sucediera algo que...

Sara- Bueno, hijo, es para charlar mientras viene tu hermana. Supongamos que ya tuvo el bebé. ¿Dónde van a vivir?

Fernando- ¿Quién?

Sara- Tu hija, el hijo de tu hija y el padre del hijo de tu hija.

Fernando- ¿Qué tiene que ver el padre?

Sara- Es el padre.

Fernando- No creo que tenga muchas posibilidades de hacerse cargo de un hijo y de una mujer si ni siquiera tiene trabajo.

Sara- ¿Y si consigue trabajo?

Fernando- No hay trabajo. Nadie consigue trabajo.


Suena el portero. Sara atiende
Sara- Sí, hija, pasá. A Fernando ¿Y si consigue trabajo?

Fernando- Si consigue trabajo, y quieren casarse, se casarán.

Sara- ¿Y si no se quieren casar?

Fernando- No se casarán.

Sara- Qué suerte.

Fernando- Se embarazó, no se casó. ¿Cuál es la suerte?

Sara- Qué suerte que pienses así, hijo.
Suena el timbre. Sara atiende la puerta. Entra Tere
Fernando- Por Dios ¿no podías tardar más?

Tere- Che, me demoré 10 minutitos, nada más. Tanta urgencia.

Sara- No te preocupes, hija. Tu hermano, que anda un poco alterado.

Tere- ¿El laburo?

Sara- Malena, que se embarazó y no se quiere casar. Te traigo un vinito, nena. sale

Tere- ¿Malena embarazada? Supongo que será del novio ¿no?

Fernando- ¡Pero, no!

Tere- ¿Y de quién entonces?

Fernando- ¡De nadie!

Tere- Zas. Otra vez el Espíritu Santo.

Fernando- No. No hay embarazo ni hay casamiento. A mamá se le ocurrió imaginar qué pasaría si Malena estuviera embarazada, y hace diez minutos, o seis horas según se mire, que me está aturdiendo con el tema.

Tere- ¿Y qué harías?

Fernando- Mamá, ¡Tere está embarazada!

Tere- No seas guacho.

Fernando- Ahora te toca un rato a vos. ¡Mamá! ¡Tere está embarazada!

Sara- entrando con la copa de vino Bien fresquito, hija, como te gusta. En un ratito pongo los ravioles.

Fernando- Si es por mí, prefiero comer cuanto antes, yo me levanto temprano mañana.

Sara- Es que hay que ponerlos cuando están todos los comensales, para que no se pasen.

Tere- ¿Quién falta?

Sara- Es una sorpresa. No les puedo decir nada hasta que él no llegue.

Tere y Fernando- ¿El?

Sara- embelesada Jorge.

Tere- ¿Qué Jorge?

Fernando- Mamá, no me digas que...

Sara- ¿Qué qué, hijo?

Tere- ¡Quién es Jorge, mamá? No empecés con misterios, es la tercera vez que nos hacés venir a los dos un día de semana, de noche, con lo peligrosa que está la calle, y todo para hacerte la enigmática.

Fernando- Viejita, está todo bien, nosotros no nos vamos a enojar, pero vamos a comer y chau, total todos sabemos que no hay ningún Jorge, que lo que pasa es que estás aburrida y que te entretenés hinchándonos a nosotros con historias de fantasía.

Tere- Dale, vamos a comer. Si querés toma el respaldar de una silla charlamos con el Jorge este, total se ve que es bastante callado el tipo se ríen


suena el timbre, sorpresa de los dos hijos
Sara- ¡Jorge!

abre la puerta, y aparece Jorge

Jorge- tierno Mamushka.

Fernando- ¿Mamushka?

Sara- muy cariñosa Hola, Jorge ¿viniste bien? ¿pudiste estacionar abajo, hijo?

Tere- ¿¿¿Hijo???

Sara- Pasá, mi amor.

Fernando- ¿¿Mi amor??

Sara- Hijos, él es Jorge. El es Fernando, ella es Tere.

Jorge- Encantado.

Tere y Fernando- Mucho gusto.

Sara- Pasá, hijo, pasá. Ponete cómodo, querido. Voy a poner los ravioles. Ya te traigo tu vinito. Blanco, frío, como te gusta a vos. sale

Pausa incómoda

Jorge- Bueno... acá estamos.



pausa

Fernando- Parece que sí.

Jorge- Este... yo... supongo que su madre les habrá contado... algo.

Tere- Ganando tiempo Sí, sí, un poquito nos contó, pasándole el tema al hermano Fernando.

Fernando- Disimulando su ignorancia en el tema Sí, no mucho, pero, sí, algo nos dijo.

Jorge- Bueno, qué alivio, porque esto es bastante difícil para todos.

Tere- Y, sí. No es fácil.

Fernando- ¿Así que, entonces, vos...?

Jorge- Sí.

Tere- ¿O sea...?

Jorge- Sí, sí. Es un poco raro, yo sé, supongo que a ustedes les costará tanto como a mí la situación, pero, bueno, qué sé yo, ya nos acostumbraremos. Tenemos tan poca diferencia de edad que... sí, es raro.

Sara- apareciendo Acá está el vinito para el jovencito. Tomá mi amor. Bueno, chicos, siéntense, por favor, parece mentira, ni que fueran extraños en la casa.

Fernando- Es lo que íbamos a hacer, justamente va a sentarse en la cabecera, y Sara se le adelanta para ofrecerle ese sitio a Jorge. Fernando se sorprende por el gesto de su madre

Sara- Ya van a estar los ravioles. Sale

Jorge- Me parece que este es tu lugar, Fernando.

Fernando- Nsí, no, es lo mismo. No hay problemas.

Sara- desde la cocina Jorgito, ¿sin salsa y con mucho quesito rallado, no?

Jorge- Sí, gracias. a los demás No ando muy bien del estómago.

Tere- Ah, claro sí.

Jorge- Y ella es tan atenta ¿no?

Fernando- Sí, sí.

Sara- apareciendo A Jorgito no le cae muy bien el tomate, pobre, por eso come sin salsa. Le da acidez ¿no es cierto querido?

Fernando- Bueno, a mí muy bien no me cae, yo te lo dije varias veces, pero nunca me quisiste servir sin salsa a mí.

Sara- Ay, lo que me faltaba, que el grandulón de mi hijito se me ponga celoso.

Fernando- No, celoso no, ¿de qué voy a estar celoso? pero más de una vez te dije y vos dale con la bendita salsa con ajo y pimiento.

Tere- Es rica, che, a mí me gusta.

Fernando- No es el tema si te gusta o no te gusta, el tema es que a mí no me escucha, y...

Sara- ¿Cómo hijo? ¿Quién no te escucha?

Fernando- Vos, mamá. Pero dejalo ahí, irónico no vamos a andar discutiendo delante de Jorge, qué va a pensar.

Jorge- No te preocupes, ella ya me contó que siempre discuten por zonceras.

Fernando- ¿Cómo zonceras? a la madre ¿Qué le estuviste contando?

Sara- Nada, hijo, nada. Falta que nos pongamos a pelear por un diente de ajo de más o de menos.

Fernando- Un diente no, si fuera un diente no sería problema, acá hablamos de una cabeza de ajo por cada plato de salsa.

Tere- Bueno, dejate de exagerar, viejo. Comamos en paz. Supongo que mamá nos contará un poco más sobre la presencia de su nuevo amigo Jorge. Supongo.

Sara- Sí. Fernandito, dejá las quejas para después, porque lo que les voy a decir es importante. Antes que nada, déjenme decirles que los quiero mucho. A vos, Tere y a vos, Fernando. Y decir mucho es poco, muchísimo los quiero. Pausa extraña, muy cautelosa Yo sé que están acostumbrados a ser lo más importante en mi vida, hijos. Entiéndanme, por favor, yo no los voy a querer menos porque también lo quiera a él.

Fernando - Ay, cagamos. Vieja, yo no vine hasta acá a escuchar boludeces.

Sara- Toda su vida me vieron a mí como su madre, entiendo que no puedan imaginarme muy lentamente al lado de otro hombre que no sea su padre.

Tere- No, si es como te decía, Fernando, la vieja está más loca que una cabra. Yo me voy al carajo.

Jorge- Por favor, escuchen a su madre.

Fernando- Pero miralo vos al tipo, sentadito en mi silla, que antes fue del viejo, dando consejos de padre.

Sara- Dejame a mí, por favor Jorge. Quiero ser yo la que les explique esto. Ya que hablas de tu padre, Fernando: él no fue el verdadero amor de mi vida.

Tere- Bueno, bueno.

Sara- Escuchá. Siempre lo respeté, y lo quise mucho. Pero nada de lo que sentí junto a él puede compararse a lo que se llama amor. Soñadora Ese amor loco, juvenil, irrefrenable, inconsciente, que Jorge me hizo descubrir.

Fernando- Pero por favor, esto es inconcebible, ahora me vas a decir que estás enamorada de este tipo que podría ser tu hijo.

Sara- Siempre fuiste un poco torpe, Fernando. No entendés nada.

Jorge- Escuchá, Fernando, por favor.

Fernando- Vos callate.

Sara- No hablo de este Jorge. Hablo del hombre a quien más amé en la vida. Es una historia muy vieja, de antes de que conociera a tu padre. Nos enamoramos como locos, Fernando, ¿podés entender eso o es tan difícil? Yo tenía la misma edad que tiene hoy Malena, y su misma cara de felicidad. Sí, Fernando, me parece que ya te va entrando en la cabeza, yo tuve un hijo de ese hombre, antes de conocer a tu padre.

Tere- Mamá, yo no puedo creer que nos estés diciendo esto. Decime que es otra de tus fantasías.

Sara- Y no se les ocurra decirme estúpida ni descuidada, ni nada de eso. Fui una jovencita enamorada y punto.

Tere- Mamá...

Sara- ¿Por qué tienen esas caras? ¿No entienden que les estoy dando una buena noticia? ¿No se dan cuenta que les estoy contando que encontré a mi hijo, a mi primer hijo?

Fernando- Nos damos cuenta de que nos mentiste durante toda la vida.

Sara- Entonces tenías razón hace un rato: preferirías no enterarte. El problema para vos no es que exista, sino saber que existe. No te importa si tu madre está contenta, ¿qué es lo que te importa, hijo?

Fernando- Que me estuviste tanteando con lo del embarazo de Malena, porque la historia era la tuya. No tenés vergüenza.

Sara- No, no tengo vergüenza, tengo miedo de que ustedes no me entiendan, de que no acepten a mi hijo como lo que es: mi hijo. Y su hermano.

Fernando- Sí, claro, viejita, ¿y qué más querés que compartamos?

Sara- Mi alegría, nada más.

Tere- Y el departamento, y la platita guardada.

Jorge- No, esperen, ustedes no entienden. No digan cosas de las que después...

Tere- ¿Y a vos quién te dio vela en este entierro? ¿Desde cuándo tallás en esta casa, eh? Yo no puedo creer que estemos discutiendo esto.

Fernando- ¿Así que durante cuarenta años tuviste un hijo en secreto, y nosotros como unos imbéciles sin saber nada?

Tere- Y papá como un infeliz, como un cornudo.

Fernando- Ahora entiendo, cuando te ibas a esos talleres de costura y no sé cuántos cuentos más que nos metías para irte de casa, y nosotros como unos estúpidos nos quedábamos llorando, y papá con nosotros, consolándonos sin saber que era un pobre cornudo.

Sara- Pará la mano, che. No inventes cosas. Un solo año fui a ese taller, y eran dos horitas los lunes, nada más, qué tanta historia. Mal pensados, si yo les dije que me iba a un taller es porque me iba a un taller. ¿Por qué les iba a mentir?

Tere- Escuchá, la Virgen de Fátima, la víctima de todos los pecados del mundo. burlona, la imita ¿Por qué les iba a mentir?

Fernando- Claaaro, y Jorge vivía en Ushuaia ¿no?

Sara- Jorge murió jovencito, antes de tu padre y yo nos conociéramos, irónica si eso te deja más tranquilo con respecto a la memoria de tu padre.

Fernando- Pará un cachito. Para un cachito. Pará un cachito. Este muchacho Jorgito, aquí presente, no tiene padre porque murió cuando él era un chico, si mal no entiendo. ¿Lo criaste en el gallinero? ¿Cómo y dónde carajo lo escondiste cuarenta años, me querés decir?

Sara- Si algo estuvo siempre a buen resguardo en esta familia fue el apellido. Tus abuelos duda en decirlo, y finalmente se atreve primero intentaron que abortara, y como ya era tarde por lo avanzado del embarazo, recurrieron al viejo y tradicional método del viaje al campo.

Fernando- No, resulta que ahora los abuelos son unos degenerados, esta vieja está totalmente loca.

Sara- En esa época, hijito, muchas chicas se iban al campo por unos meses, y después volvían como si nada. Si una amiga desaparecía un tiempo, zas, embarazo seguro, pero sin hijo a la vista. Pausa, hablando casi para sí Apenas nació Jorge me lo sacaron de las manos. Se lo llevaron, y no hubo forma de que me dijeran adónde lo habían llevado.

Jorge- dudando, inseguro Al principio estuve en un convento, en Córdoba, y después me adoptó una familia, que me crió.

Sara- Tuve que esperar cuarenta años para encontrar a mi hijo. Y el único recuerdo que tuve de él fue su primer llanto, que todavía me acompaña cuando me estoy por dormir. Más de una vez me despierta su llanto de recién nacido y no puedo dejar de llorar. Entiéndanme, es mi primer hijo, su hermano mayor.

Fernando- ¿Así que además de tener un hermano, es el mayor? burlón, hiriente Con razón siempre tuve problemas de conducta yo, era el hermano del medio y no lo sabía.

Jorge- Yo supe hace un año la historia, cuando ella me encontró. Desde entonces nos vemos casi todos los días.

Tere- Claro, el caballero sabía todo y nosotros como unos gansos.

Jorge- Bueno, no es tan así. Es cierto, ella me habló mucho de ustedes. Ella quería que nos conociéramos antes, pero estaba muy nerviosa. Tenía miedo de que ustedes no lo tomaran bien. Por eso intentó un par de veces que nos conociéramos, y no terminaba de animarse.

Fernando- ¿Cómo se a animar a confiar en sus hijos, si se pasó la vida mintiendo y ocultando?

Jorge- Escuchá, Fernando, no digas eso de tu madre.

Fernando- yéndosele encima Ya me pudriste, vos.

Sara- lo para en seco Le ponés un dedo encima y no me ves más.

Fernando- Mirá qué miedo.

Sara- Ya sé que no me tenés miedo. No tenés por qué tenerme miedo. Y aunque te portés mal conmigo tus chicos no tienen la culpa, no te preocupes.

Fernando- ¿A qué viene eso? Dejá a mis hijos tranquilos.

Sara- Te estoy diciendo que aunque te portes mal conmigo, aunque me ofendas, aunque no respetes a mis hijos, yo sí respeto a los tuyos. Quedate tranquilo, Fernando, decime todo lo que pensás, que por más que me humilles yo no voy a dejar de pagarles el colegio a tus chicos.

Fernando- Así te quería oír, vieja zorra. Te sacaste la máscara, ahora empezamos a ver más claro. ¿Así que la señora tuvo cuenteada a su familia durante una vida, engrupidos al esposo y a los hijos, y ahora se ofende y viene a extorsionarme con la cuota de los chicos? Metete la cuota ya sabés dónde, porque no me hace falta.

Sara- A vos no te hace falta, pero a tus pobres chicos sí, y ya te dije que no voy a dejar de pagar esas cuentas.

Tere- Bueno, mamá, no te pongas así.

Sara- No hace falta, Tere, tus cuentas también están cubiertas, podés hablar sin tapujos ante tu madre.

Tere- Mirá mamá, yo nunca te eché nada en cara, así que no me vengas a chumbar. Y ahora que me avivo, bastante me atormentaste de mocosa controlándome con mis noviecitos, claro, ahora entiendo, pensabas que iba a ser tan gansa como vos, de embarazarme con el primer tipo que me arrimara la carrocería.

Sara- No seas guaranga Tere.

Tere- Así que la señora no sólo se dio el gusto con su Jorgito, sino que abandonó al guacho, nos escondió que teníamos un bastardo en la familia y ahora se ofende porque el lenguaje se torna un poquito soez. Caradura.

Fernando- Me voy a la mierda, me pudrí.

Tere- Yo también. Vamos que la mamá tiene que acostar al bebé. Manga de hipócritas.

Jorge- Bueno, basta, se terminó. Me cansé de escuchar pelotudeces. Ahora sí que van a tener de qué preocuparse. toma a Sara de improviso y le da un largo beso en la boca, que ella resiste sin violencia

Fernando- furibundo ¿Qué hacés, degenerado hijo de puta?

Jorge- lo para en seco ¿Qué te pasa? ¿No les gusta? ¿Tanta historia porque la vieja tuvo un hijo?

Sara- a Jorge ¿Qué hacés, muchacho?

Jorge- Ahora hablo yo. Me cansé de ustedes. Le seguí la corriente a Sara porque se quería divertir un rato, pero esto ya se pasó de diversión. Yo no soy su hijo ni su hermano ni un carajo. Yo soy el novio de la vieja ¿estamos? Y al que no le guste se las pica.

Fernando- No, estamos todos locos. ¿Qué mierda pasa en esta casa? Vieja ¿Te volviste loca?

Tere- Ya sabía yo que este hijo de puta lo que quería era la guita, sorete, la tenés engrupida a la vieja para quedarte con lo nuestro.

Fernando- Vieja abrí los ojos, este es un vivo, hasta debe tener familia por ahí, ¿No te das cuenta? Lo que quiere es tu guita.

Tere- No podés ser tan infeliz, vieja ¿Cómo se te ocurre que un tipo joven pueda poner los ojos en vos? Mirate, date cuenta. No le podés interesar a nadie vos.

Sara- desesperada Basta, Jorge, esto ya pasó de castaño oscuro, basta.

Pausa incomodísima

Jorge- Está bien.

Sara- Escuchen, yo lamento mucho esto, y no entiendo por qué Jorge salió con esta historia del novio. Es mentira, chicos, créanme, él no es mi novio.

Fernando- ¿Y por qué te besó?

Jorge- Porque...

Sara- Dejame a mi, muchacho, que yo fui la que armó este despiole. Escuchen. Yo me aburro mucho, y a veces hago cosas para divertirme. El no es mi novio, y tampoco es mi hijo.

Fernando- La puta que lo parió, decime que es un fantasma y me quedo tranquilo. Me querés decir qué cuernos es esto, por el amor de Dios.

Sara- Nada, una broma de vieja aburrida.

Tere- ¿No podés jugar al bingo? Qué ganas de hinchar las pelotas también vos. Mirá el mal rato al pedo que nos hacés pasar.

Fernando- Yo no puedo creer semejante payasada, mañana me tengo que levantar para laburar, pero la reputa madre carajo, ¿No nos podía tocar una vieja menos loca digo yo?

Sara- Perdónenme chicos, no fue mi intención.

Tere- No tenés derecho de arruinarnos la noche, mamá. No tenés derecho. Con los kilombos que una tiene tener que cargar con las chifladuras de una vieja loca, no puede ser, la puta madre que los parió, yo me voy a la mierda.

Sara- No te vayas mal, hija, fue una bromita.

Tere- Sí, tenés un gusto bárbaro para tus bromitas. Me voy.

Fernando- Ahora vos, pedazo de pelotudo ¿Quién te dio derecho a agarrarnos para la joda?

Sara- No te la tomes con él, hijo, él vino porque yo le pedí.



Pausa, y cambia imprevistamente el tono de la conversación ¿Te conté hijo, que empecé a ir a un taller de teatro? El es un compañero mío, se llama Gabriel. ¿Es buen actor, no? a Gabriel Te digo que en más de un momento hasta yo me emocioné con la historia.

Fernando- Yo no puedo creer que nos hagas esto, mamá.

Sara- sigue en la suya, como si no hubiera pasado nada, ante la mirada azorada de su hijo Lo del beso no me lo imaginaba, Gabriel, eso fue improvisación pura.

Gabriel- Es que en el escenario soy muy intuitivo.

Sara- Medio que titubeaste cuando contaste lo del convento, ahí me pareció que se notó que estabas inventando, porque se te fue abajo el tono, te quedaste corto de intención.

Gabriel- Y, sí, tuve que inventar rápido porque vos me tiraste el fardo a mí. se ríen los dos

Fernando- Esto es demasiado, yo me voy.

Sara- Bueno, hijo. Andá con cuidado.

Fernando- resignado Sí, mamá. Sí. se va

Gabriel- Disculpame el beso, en realidad no fue de intuitivo.

Sara- ¿Ah, no?

Gabriel- Lo hice para zafar. Me dio pena que te trataran mal, fueron muy injustos con vos.

Sara- Bueno, no te preocupes, yo me metí solita en la boca del lobo, hay que aguantársela.

Gabriel- Un poco de razón tienen tus hijos, después de todo. Estás totalmente loca vos.

Sara- Y sí, lo que se dice propiamente una vieja loca. ríen

Gabriel- Bueno, me voy yendo. ¿Estás bien?

Sara- Sí, sí, no te preocupes, andá mijo que se te hace tarde.

Gabriel- ¿Seguro que estás bien?

Sara- Sí, querido, andá tranquilo. Te veo el jueves.
Gabriel se va, y Sara se desploma unos segundos después, lloriquea un poco. Toma el teléfono, marca un número y comienza a reanimarse mientras espera que atiendan la llamada, reacomodando la voz
Sara- al teléfono ¿Jorgito? Hola, hijo ¿Cómo estás? ¿Quién, yo? No, un poco resfriada nomás, carraspea la voz un poco tomada. Sí. ¿Qué te dijo el médico? Estrés, ¿viste que tu madre tenía razón? Estás muy cansado, mi amor, tenés que aflojar un poquito con el trabajo, no vale la pena enfermarse, hay que aprender a vivir mejor, querido. Sí, sí, mañana a la siesta, no me lo pierdo por nada del mundo. Sí, llamame antes de salir para acá.

¿Sabés qué, hijo? Vamos a esperar un poquito más para decirle a Tere y a Fernando, ¿sabés? No, no creo que lo tomen a mal ¿Cómo lo van a tomar mal? Son buenos chicos. No, quiero esperar un poco, nada más. Sí mi amor, sí. Seguro.

¿Malena? Sí, me lo confirmó esta mañana, sí. Está contenta ella.

¿Me conseguiste las nueces? ¿Peladitas? Buenísimo, son las mejores para hacer la pasta, vos viste que sino la pielcita te da una cosita así como áspera en la lengua, por más que esté bien molida, sí, como las paletitas de madera de los helados...


la conversación y las luces se apagan de a poco
FINAL



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