Página principal

José Gabriel Vazeilles La Segunda Gran Crisis mundial capitalista al promediar 2010


Descargar 154.2 Kb.
Página1/4
Fecha de conversión22.09.2016
Tamaño154.2 Kb.
  1   2   3   4
José Gabriel Vazeilles
La Segunda Gran Crisis mundial capitalista al promediar 2010.
Primera parte: la actual maduración de la crisis.
El proceso de la segunda gran crisis mundial se presenta como relativamente más prolongado que la primera gran crisis del sistema, la de 1929/30, hasta ahora llamada simplemente la Gran Crisis, lo que hoy ya resultaría impropio, habida cuenta de la actual. Ella recorre el sistema capitalista mundial, tanto en sus sociedades “centrales clásicas”, como las “dependientes”. No son ajenas al proceso las que se denominan “socialismos reales”, cuyas mixturas productivas inclinan a muchos a llamarlas “capitalistas de Estado”, aunque hasta ahora no han sido “visitadas” por los efectos inocultables verificados en los capitalismos “clásicos”.

¿Serán visitados China, Cuba y Vietnam? ¿Qué pasará con los tres países del bloque recién creado, el BRIC (Brasil, Rusia, India, China), que a diferencia de China, no parece posible ubicar en la categoría de “socialismos reales?

¿Los guiños del gobierno de la Federación Rusa de acercarse a China y tal vez estudiar sus caminos para conformar un “socialismo real” más exitoso, son acaso el signo de la intención de dar un giro frontal luego de varios años en contrario, proclamando la libertad de los mercados?

¿La conformación del BRIC tiene finalidades estratégicas o es sólo una medida diplomática destinada a contener el irracional belicismo y agresividad de los Estados Unidos, que no cesa a pesar de las promesas de Obama?

¡Muchos movimientos a la vez y todos con idoneidad para influir unos sobre otros, mientras aún no se sabe bien su dirección precisa! Tal vez sea por eso que muchos miran con nostalgia aquellos tiempos en que los alineamientos que recorrían la geografía mundial parecían más claros, por ejemplo, cuando se dividía en campo capitalista, campo socialista y Tercer Mundo. Claro que como toda nostalgia del pasado, son los primeros pasos de un camino que termina en visión religiosa. Mejor tratar de recomponer la visión científica, por difícil que sea.

Para eso, tal vez resulte útil para nuestra perspectiva, repasar las reflexiones de varios observadores, comentadas por las nuestras, en varios momentos del despliegue de esta crisis. Pero tal vez para que ese repaso sea fructífero, convenga precederlo de algunos comentarios sobre hechos más recientes, que arrojan mayores certidumbres por sobre los anteriores.


Mayo del 2010.
La división tripartita del mundo que mencionamos recién, al referirse al “Tercer Mundo” suponía que el campo capitalista era el “primer mundo”, el socialista el “segundo” y el resto menos definido, “el tercero”, donde los países estaban en las disyuntiva de permanecer, como periferia dependiente, subordinados al capitalismo central o revolucionarse hacia el campo socialista. Esto se debe a que esa perspectiva resultaban de un peso nada despreciable de las opiniones de “izquierda”, luego del proceso de descolonización de la posguerra y los fracasos del imperialismo estadounidense en Vietnam y Cuba.

Luego del derrumbe de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín pasaron a predominar opiniones más bien de “derecha”, entre las que se contaba el augurio de que el régimen castrista cubano tenía los días contados1 y la opinión generalizada de los socialismos “reales” se incorporarían armónicamente al capitalismo, bajo el concepto de “globalización”. Con eso pareció caducar tanto la denominación de “campo capitalista” y más aún el concepto de “imperialismo”, negando ampliamente las diferencias entre las naciones, con una versión de “izquierda”, la que tomó curiosas denominaciones como “imperio” (en general) y “multitud”.2

Estas ligerezas seguramente se opacarán en su falso brillo a la luz bien brillante de los hechos de la crisis, volviendo necesarias otras modas falsamente “transgresoras” para atraer sectores de la intelectualidad con propensiones rebeldes, que Hardt y Negri han tomado de los “posmodernos”, quienes a su vez las tomaron de Nietzsche, según una acertada caracterización de la maniobra que hizo G. Lukács:
Se trasluce aquí, además, aquel “encargo social” de que hablábamos al principio, el encargo de desviar del socialismo a los intelectuales descontentos del presente, para echarlos en mano de la reacción extrema: el socialismo requiere, en efecto, una transformación tanto exterior como interior del hombre (ruptura con la propia clase y cambio de actitud subjetiva), mientras que para sobreponerse a la decadencia, a la manera como preconiza Nietzsche, no hace falta cambiar para nada de rumbo: se sigue siendo el que se era, con menos inhibiciones y con la conciencia más tranquila, y se tiene, además, la conciencia de ser mucho más revolucionario que los socialistas.3
En el caso anterior de Oppenheimer, argentino y premiado con el Premio Pulitzer, lo que resalta más es el comedimiento con que cree servir a los designios de la política exterior del imperialismo estadounidense, para arriesgarse a un pronóstico de esa naturaleza, que diez y ocho años después resulta estruendosamente desmentido. ¿Deberá temer que tamaño fiasco le disminuya las posibilidades profesionales? Mientras tanto, el premio Pulitzer ya lo cobró y si cree mínimamente en la perduración del poder actual, puede esperar nuevos conchabos.

De todos modos no es una cuestión muy centrada en su persona, ya que no sólo está acompañado por Negri, Hardt y otros posmodernos, sino que su condición de intelectual argentino y premiado por instituciones estadounidenses también es bastante abundante y uno no tiene la impresión de que cualquiera de ellos crea deba ponerse las barbas en remojo ante los ejemplos citados y máxime que algunos de ellos, además de su posmodernismo y admiración por la intelectualidad europea y norteamericana, matizan sus discursos con tonos rebeldes latinoamericanos.

De todos modos, vale insistir en que no es una cuestión personal sino de entero campo intelectual y vale recordar otra vez a Lukács, quien admirablemente escribió lo que sigue hace ya casi un siglo:
...Pero el capitalismo ha producido, con la estructuración unitaria de la economía para toda la sociedad, una estructura formalmente unitaria de la conciencia para toda esa sociedad. Y esa estructura unitaria se manifiesta en el hecho de que los problemas de conciencia del trabajo asalariado se repiten en la clase dominante, refinados, sin duda, espiritualizados, pero precisamente por eso también agudizados. El “virtuoso” especialista, el vendedor de sus capacidades objetivadas y cosificadas, no sólo es espectador del acaecer social (aquí no podemos siquiera indicar lo mucho que la moderna administración, la jurisprudencia, etc., toman la forma esencial antes indicada como propia de la fábrica en contraposición al artesanado), sino que se sume en una actitud contemplativa respecto del funcionamiento de sus propias capacidades objetivadas y cosificadas. Esta estructura se revela del modo más grosero en el periodismo, en el cual la subjetividad misma, el saber, el temperamento, la capacidad expresiva se convierten en un mecanismo abstracto, independiente de la personalidad del “propietario” igual que de la esencia concreta material de los objetos tratados: en un mecanismo que funciona según sus propias leyes. La “falta de conciencia y de ideas” de los periodistas, la prostitución de sus vivencias y de sus convicciones, sólo puede entenderse como culminación de la cosificación capitalista.4
Desde luego, el costado triunfalista que se nota en los intelectuales citados tiene que ver con el triunfalismo más general que recorrió el mundo capitalista luego de la implosión de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín, en cuyo viento se desplegaron velas hechas de fantasías y no de verdaderas telas. Por cierto, esas fantasías aprovecharon serias falencias ideológicas del campo soviético, como la teoría de la “coexistencia pacífica”, que suponía el triunfalismo inverso de que la superioridad del propio sistema iba a convencer a todo el tercer mundo y aún a sectores del “primero”, ayudado por los Partidos Comunistas de obediencia a Moscú, de lo mismo, lo que hacía prever un luminoso y pacífico futuro, bajo la guía del Partido Comunista de la Unión Soviética, cuya vela de fantasía sin tela llegó al gigantismo de proclamar que en su sociedad ya se estaba pasando del socialismo al comunismo, al tiempo que se acentuaban en los hechos sus reformas económicas “de mercado” para solucionar los problemas de estancamiento e impotencia.

Es interesante hacer notar que el triunfalismo occidental, aprovechando la penetración que el dogma tonto y antihistórico de la “coexistencia pacífica” tuvo en los medios de izquierda occidentales, fue como un espejo pasivo de ese dogma, proclamando su triunfo como resultado final de la “guerra fría”, fuera por razón de su “economía superior” o sus “armamentos superiores”.

La fuerza de los hechos en sentido contrario, a saber, que la evolución soviética fue en verdad una “implosión” por motivos propios, en un proceso tan independiente de lo que pasaba en occidente como en China, se ve bien en la opinión en tal sentido de un intelectual británico, quien puede hacerlo sin desplegar un nivel de análisis histórico demasiado largo y en el momento culminante de un reportaje, dice:
Usted entonces no cree que EE.UU. ganó la Guerra Fría.

Eso es una estupidez. En EE.UU. son muy triunfalistas. En los 89 el presidente Ronald Reagan había aumentado muchísimo la compra de armamentos; se decía que su gasto militar indujo la bancarrota soviética: pavadas. Muchos de estos países no podían gerenciar su propia transformación. Lo interesante es por qué los chinos, que también tenían un comunismo estatal muy rígido, no se hundieron.


En verdad, la oligarquía plutocrática de los Estados Unidos ha venido recurriendo continuamente a los gastos militares, lo que hace principalmente como medio de reciclar la acumulación de capital como consecuencia de sus excedentes de inversión, lo que ha generado la conformación del “complejo militar-industrial” que denunciara Wright Mills, un sujeto que probablemente sea el que movilizó al FBI y otros organismos del Estado para perpetrar el magnicidio de John F. Kennedy, por tratar de detener su belicismo irracional. Ya en la época de la “Guerra Fría”, Baran y Sweezy denunciaban que los “excedentes de inversión” eran el principal problema para el equilibrio del capitalismo monopolista de los Estados Unidos.5

La “guerra fría” era en sí misma un pretexto completo, luego también lo fue la guerra de Vietnam, que resultó políticamente una trampa, pero que no implicó abandonar el belicismo, sino mantenerlo, con pretextos diversos, que con así como el de Reagan al que alude Sennett son las justificaciones que dan sus gobernantes frente a la propia opinión pública y las de sus aliados. Esas justificaciones cada vez más recurren a descaradas mentiras que requieren una cada vez mayor manipulación de la opinión pública, como en el caso de la patraña de la posesión de armas de destrucción masiva en manos del régimen iraquí de Saddam Hussein, las que finalmente se derrumban por su inconsistencia.

Y si la implosión de la URSS y la caída del Muro de Berlín, seguidas de la disolución del bloque oriental del CAME (o COMECON, según siglo inglesa), resultaron la verdad y el desenlace del papel de ese componente del mundo bipolar de la Guerra Fría, la segunda crisis mundial lo es del otro componente, los Estados Unidos, hegemonizando al resto del bloque “occidental”, llamado así a pesar de incluir a la nación más oriental del planeta, el Japón, lo que entre muchas otras cosas, revela la vacuidad propagandística con la que se usan esas denominaciones.

En este mes de mayo del año 2010 aparecen evidencias de que la alienación ideológica que tan bien Lukács denunciara para el campo intelectual aparecen también de un modo estridente en los dirigentes políticos y económicos del poder burgués. Parece ser que el “pensamiento único” que campeaba a fines del siglo XX no sólo no es único, sino tampoco pensamiento. Immanuel Wallerstein, uno de los excepcionales intelectuales que actúa en los Estados Unidos y que sí piensa –aunque no todo lo que piense sea acertado siempre- anuncia que el proyecto de la Unión Europea ha terminado, bajo el duro juicio de que “se va por el caño”.6

Cuando surgió la evidencia de que el Estado griego debería inexorablemente declarar el default, o entrar de todos modos en él más allá de toda declaración y su gobierno pidió una refinanciación de 50 mil millones de euros, la Señora Angela Merkel, jefa de Estado de Alemania puso el grito en el cielo y manifestó su más rotunda negativa. Pocos días después se habló de una cifra tres veces mayor, 150 mil millones; pero la cotización siguió subiendo hasta llegar a 750 mil millones ¡17 veces más! Esta danza al alza de ceros que marean se explica porque el default de Grecia iba a arrastrar a la quiebra a bancos alemanes y franceses de primera línea.7

Luego de que insistir en mirar sólo cada uno de estos “árboles”, con la final de que no se viera el bosque, se ha desencadenado una catarata de “ajustes” en todos los países de la región, pero ¿acaso es una crisis sólo europea?


¿Adónde se fue el “primer mundo?
Poco más arriba habíamos dicho que tras la implosión de la URSS, la propaganda de las burguesías “bolsísticas” de “occidente”, es decir, los grandes conglomerados empresarios que se hacen llamar a sí mismos, “los mercados” se regodeaba en un “pensamiento único” dentro del cual habían desaparecido las calificaciones negativas (no para ellos) como capitalismo e imperialismo y había quedado, lavadito y brillante, el apelativo de “primer mundo”, bajo el supuesto que su situación era el estado óptimo posible del presente, al cual deberían tratar de llegar el resto de los países del mundo.

La forma orgánica en que emitían sus directivas era la de Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico (OCDE), aunque a veces también el Fondo Monetario Internacional oficiaba de su vocero. La OCDE tenía tres patas: Estados Unidos, Europa (incluida Inglaterra) y Japón. Hasta el año 2008, el único componente que había entrado en crisis era Japón; desde ese año, el ingreso de Estados Unidos al club del primer mundo en crisis había dejado fuera (aunque no del todo) a Europa; desde este mayo del 2010 todo el “primer mundo” ha quedado involucrado.

Con esto, bien podemos decir que la segunda gran crisis mundial ha entrado en su etapa de maduración, en la que a) no puede seguir siendo negada por los voceros del capital; b) ratifica que la humanidad entra en una etapa diferente de su historia; c) la política en general, con contraposiciones nacionales y de clases sociales recupera el papel que estaba tapado en gran medida por “los mercados” y d) las ideologías vuelven al primer plano explicativo de la historia, integrándose con los demás aspectos productivos de la actividad humana (de bienes, de comercio, de ciencia, etc.).

Más allá de estas conclusiones, hay otra, que a la vez es un enorme interrogante y como tal se constituye en una cuestión capital: el gran desequilibrio en el comercio exterior chino-estadounidense que llevó a la entrada de EE.UU. en la crisis durante 2008, consistente en que este último paga con meros Bonos del Tesoro las mercancías que importa de China, no sólo no ha sido revertido, sino que desde entonces no ha cesado de aumentar y ¿hasta cuándo?

Como es lógico, la cantidad de interrogantes que así se abren es mucho mayor que estas conclusiones, pero ellas, es decir, la maduración de la crisis, sin dudas serán útiles para como fue siendo anunciada por diversos observadores, en la organización de reflexiones propias que fuimos haciendo en este siglo.


Segunda parte: momentos anteriores de advertencia.
Uno: 2004: EE.UU perdió la hegemonía mundial, pero ¿Entrará en default, con gran crisis del capitalismo?
Partimos aquí de la hipótesis de que desde fines del 2004 estamos en un punto cercano al desenlace de la segunda gran crisis mundial del sistema capitalista, que no llega a ser un pronóstico, pero sí reconoce indicios fuertes en tal sentido. La hipótesis implica la idea de que mientras la crisis de 1929 se instaló de un modo súbito a partir de la crisis de la Bolsa de Wall Street en octubre de ese año, la actual es por etapas, pues se vislumbró como mundial en el paso del siglo XX al XXI, con las crisis del sudeste asiático, el Japón y Rusia, a las que podría agregarse la de la Argentina, de menor envergadura, pero con algunos mecanismos parecidos a los de EE.UU.: conjunción de crecientes déficits en el balance de pagos y en el presupuesto fiscal.

Pero en verdad, antes habían ocurrido hechos críticos, por ejemplo, en México la llamada “crisis del Tequila”, o desplomes en Wall Street que no generaron una reacción en cadena. Tal vez por eso fue que, en una visión analógica y empirista, creyendo en una secuencia como la de 1929, se concluyera en que no hay otra crisis mundial. Hay un proceso central y de magnitud inocultable que arroja una explicación del carácter prolongado y postergado de la crisis y es el colosal y crónicamente creciente endeudamiento del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.

. Esto hace suponer que el giro abrupto del optimismo a la alarma puede tener que ver con la cercanía de un descarrilamiento o choque, y que la referencia al “espejo argentino” es la de un intento de poner un semáforo.

Más nafta al fuego.

No parece que el maquinista vaya a hacer caso de eso, pues si bien a comienzos de este siglo Greenspan bajó abruptamente las tasas a alrededor del 1%, ante la magnitud de la deuda, ahora volvió a tirar nafta, según tituló el matutino antes citado:



EE.UU. aumentó por quinta vez este semestre la tasa de interés – Subieron un cuarto de punto, hasta 2,25%, las tasas básicas con las que se alinea el resto de los intereses bancarios. EE.UU. frena así la inflación y busca atraer financiamientos para sus déficit récord.8

En un recuadro anexo a la nota que informa más detalladamente de las medidas del departamento del Tesoro y las circunstancias mundiales que la rodean, el matutino local se hace eco del comentario de espanto y tragedia –algo más que un semáforo- de la revista The Economist, a la que adjudica ser la “biblia del liberalismo ortodoxo”, quien acusa al gobierno estadounidense de llegar a desplomar el valor del dólar, lo que puede “desintegrar activos en todo lo mundo por trillones de dólares. Es un desastre bíblico. El mayor default de la historia dice, apenas, The Economist9

¿Está loco Mr. Greenspan o es el actor obligado del desenlace próximo de la segunda gran crisis mundial como default de los EE.UU. y que según la visión de la revista indicaría que esta segunda será mayor que la primera?

Volviendo a la información de octubre antes citada, hagamos los siguientes ejercicios de cálculo acerca de cómo EE.UU. podría seguir el consejo de The Economist con una sana política de atacar las causas de tan trágico desenlace. Es obvio que debería sanear tanto los déficits de su comercio exterior como el fiscal, sea llevándolos a cero o bien invirtiéndolos a superavit.

En la nota mencionada habla de un déficit fiscal de u$s 413.000 millones, 3,6% del PBI y en cuanto al comercial sólo habla del pronunciado balance negativo del mes de enero-agosto de 393.400 millones, lo que según otras fuentes, daría un acumulado para el año de u$s 600.000 millones.

Supongamos que un comportamiento “serio” sería reducir las importaciones y aumentar las exportaciones para que en los próximos años el comercio exterior se equilibre en cero. Supongamos que con un feroz ajuste fiscal de aumentos impositivos y reducción de gastos, logre de aquí en más obtener un superavit de u$s 200.000 millones, que dado el nivel actual de déficit, implicaría una variación positiva de u$s 613.000 millones, con el que rescatar la actual deuda, lo que llevaría exactamente ¡38 años!

Ahora, está claro que no sólo por esos 38 años ni por la variación presupuestaria positiva de u$s 613.000 millones anuales, ni por aislarse de los efectos posibles de tan imposible “solución” en el resto de la economía mundial, este esquema aritmético es tan de locos, (ni aún con “quitas” relativamente moderadas de la deuda, como un 30%), como la presumible locura de Greenspan.

¿Y entonces?

Entonces, nada. Aunque podemos anotar que el Fondo Monetario Internacional, ente que obviamente ha venido sabiendo de este proceso, ahora se ha acordado muy tardíamente de intentar también encender un semáforo: recientemente, en su pesimista informe sobre la situación económica mundial se alarma por la magnitud del déficit del sector externo de los Estados Unidos.

El informe vitriólico del FMI intenta derramar también algunas vaselinas suavizantes, pero su intención de evitar con eso que se lo acuse de provocar aquello de lo que alerta, se denuncia en sus propias palabras de que un “indicio de pánico podría provocar un naufragio”10, pero nada indica cómo podría evitárselo.

Poco más arriba dimos la cifra del déficit comercial enero-agosto del 2004 de EE.UU., el que proyectado al año daría alrededor de 600.000 millones de dólares y ahora el informe del FMI lo confirma en algo más: U$S 617.700 millones, lo que representa el 5,3% de su producto bruto interno. Pero si sumamos a este déficit comercial (intercambio de mercancías) el de movimiento de pagos y valores, el denominado balance de pagos alcanza los U$S 665.900, equivalentes al 5,7% del PBI.11

A fines del año 2004, a pesar de la vuelta a la política de subir las tasas del Tesoro a 2,25% más arriba anotada, los chinos se mostraron más renuentes a seguir aceptando bonos del Tesoro, así que Mr. Greenspan volvió a tocar la tasa hacia arriba, que en marzo llegó a 2,75%12, o sea, no un balde de agua para apagar el incendio, sino otro poco más de nafta.


Debilidad política internacional de los Estados Unidos.
Este echar nafta al fuego en la comprometida situación económica financiera del país, tiene un sentido paralelo al triunfo de la derecha conservadora que significó la reelección como presidente de George W. Bush, cuyas arrogancias no hacen sino empeorar la postura de Estados Unidos en el mundo.

Un caso paradigmático fue el asesinato de un agente de los servicios secretos italianos que intentó proteger con su cuerpo a la periodista Giuliana Sgrena, cuando los marines intentaron matarla a ella, recién liberada de su secuestro por la resistencia iraquí, cuyos miembros, al hacerlo, le habían advertido del atentado. Este hecho ha puesto a la orden del día en Italia la posible caída del primer ministro derechista Berlusconi, el único aliado importante que le quedaba a Bush en Europa, ante cuyos gobiernos Estados Unidos ha reconocido que no debe actual unilateralmente, como cuando invadió Irak.

En efecto, la oposición de centro izquierda ha triunfado en los comicios regionales de Italia, pero éste hecho no es más que uno de tantos con el mismo sentido y es por eso que el atentado contra Sgrena parece que hubiera ocurrido hace mucho, cuando ha transcurrido sólo poco más de un mes de su perpetración.

Los efectos contraproducentes de estas torpezas agresivas, lejos de calmar a sus posibles adversarios en una escalada de tensión impulsada por su belicismo, les hace tomar precauciones a través de su rearme. En los mismos días del atentado, la República Popular China anunció un considerable aumento de su presupuesto militar del 12,6%.13

Tras cartón, Venezuela contrató importantes compras de armas a Rusia, Brasil y España, frente a lo cual el gobierno norteamericano protestó, pero sin que los vendedores se inmutaran, cuando no hicieran la razonable aclaración de que cada país es soberano para decidir su política de defensa.

Pero la desconfianza hacia Estados Unidos que lleva a precauciones defensivas no se limita a China, la potencia emergente y principal acreedora de los bonos norteamericanos ni a la novedosa situación díscola en América Latina, antes el homogéneamente obediente “patio trasero”, salvo Cuba.

En vísperas de la Navidad del 2004, Rusia hizo una prueba de lanzamiento con el misil más pesado existente en el mundo, que lleva 10 cabezas nucleares y tiene un radio de acción de once mil kilómetros. Los medios comentaron que la noticia es una señal al mundo acerca de su poderío, lo que además no sucedía desde 1991. Eso indica que es el proclamado belicismo actual de Bush, como una necesidad de detener al “eje del Mal”, cuyo primer paso fue la invasión a Irak, el incentivo de la decisión rusa.

¿Y cómo anda el “eje del Mal”?

La República Democrática de Corea también ha ensayado lanzamientos misilísticos de mediano alcance, ha dicho que continuará con sus planes de fabricación de artefactos nucleares y finalmente se ha declarado libre de su compromismo de moratoria sobre ensayos de misiles de largo alcance, tomada antes de la presidencia de Bush, en medio de un diálogo con EE.UU. que Bush suspendió.

Irán ha declarado que no fabricará artefactos nucleares, pero que con todo derecho proseguirá sus investigaciones y aplicaciones pacíficas en materia de energía atómica, como corresponde a su soberanía nacional, algo visto como muy normal por la mayoría de las naciones.

La situación de Cuba tiene mucho que ver con la de América Latina en general, pues el libre acceso a la compra de petróleo venezolano ha vuelto casi irrisorio el bloqueo comercial norteamericano, ya que en efecto, la caída de la URSS, su anterior proveedor fue la que implicó la política del “período especial” de escasez y restricciones de todo tipo. Desde luego, ésta no es la única razón, pero ahora el gobierno cubano ha decretado el fin de esa política de restricciones.

La estrategia de Estados Unidos para justificar e intentar ampliar el embargo a Cuba pasa por intentar condenarla por las denuncias sobre ausencia de derechos humanos, una actitud con la que pretende también chantajear a otros países, como en el caso de China, que recientemente dio una enérgica respuesta a la publicación de un informe internacional estadounidense al respecto, recordando, entre otras cosas, que “la Cruz Roja Internacional cree que el abuso de detenidos iraquíes en la célebre prisión de Abu Ghraib no fue un caso aislado, sino una conducta sistemática, conocida y legitimada por las autoridades.”14

Además de China, Rusia, México y Venezuela acusaron a EE UU de doble moral, lo que dio lugar al comentario en recuadro, según el refrán ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio: “Después del escándalo de Abu Ghraib no es tan sencillo acusar de insensibles y torturadores a los demás. Las fotos del oprobio aún siguen adheridas a las retinas del mundo”.15

Hace pocos días se cumplió el tercer aniversario del golpe cívico-militar orquestado en Venezuela por la CIA para derrocar al presidente Hugo Chávez, al borde de tener el repetido éxito con el que treinta años atrás fuera desplazado en Chile, con un esquema igual, el presidente Salvador Allende y reemplazado por el criminal Pinochet.

A tres años de su triunfo frente al golpe, el presidente Chávez amenazó “…con cortar los suministros de petróleo venezolano a Estados Unidos si Washington agrede a países latinoamericanos”,16 el mismo día del “tiro por la culata” diplomático que significó el atentado en Bagdad contra la periodista italiana Sgrena.

Como es de esperar, esta nueva situación es inexorablemente reflejada por los dirigentes clásicos norteamericanos, aunque en casos sin ninguna racionalidad. Henry Kissinger resulta directamente patético, cuando recomienda solucionar la trampa en que se han metido con la ocupación de Irak encontrando “más socios” dentro de Irak o en sus cercanías, cuando los más previsiblemente asociados externos europeos se están yendo de allí con sus tropas. Esto no quiere decir que no acompañen con su voto a EE UU en su condena a Cuba en la ONU por los derechos humanos y bien Francis Fukuyama recomienda una asociación mayor con esos países, haciendo notar que no son menos hipócritas que aquél, pero pasando por alto el enojo económico que manifiestan los financistas europeos y salteándose las grandes manifestaciones contra la invasión a Irak. Simplemente sensato y realista estuvo el ex presidente Clinton cuando, dirigiéndose a los propios norteamericanos les dijo que deben acostumbrarse a la idea de que ya no son la primera potencia mundial.

Pero según la comentarista canadiense Naomi Klein, tal vez ella misma no muy escuchada allí, los norteamericanos no lo escucharán mucho, ya que el gobierno y los medios han falsificado sistemáticamente los hechos durante el año 2003 y el premio le corresponde a Robert Murdoch y su cadena Fox:

De acuerdo con un estudio difundido en octubre por el Programa sobre Actitudes Políticas Internacionales, cuando se trata de la guerra en Irak, quienes observan de manera regular los noticiosos de la cadena Fox, propiedad de Murdoch, son las personas más desinformadas de Estados Unidos.

Un ochenta por ciento de los televidentes de Fox creen que han sido halladas armas de destrucción masiva en Irak, o que hay evidencias de vínculos entre Saddam y la red terrorista al-Qaeda, o que la opinión pública mundial respaldó la guerra

  1   2   3   4


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje