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José E. Santos, Los viajes de Blanco White


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José E. Santos, Los viajes de Blanco White. San Juan: Callejón, 2007. 146 págs.
En Los viajes de Blanco White, la colección de cuentos del profesor José E. Santos, las concepciones tradicionales del relato se quiebran de modo radical. Los procedimientos escriturales de la crítica, la autobiografía, la epístola y la narrativa convencional conviven en estos juegos de escarnio para agredir de manera original la tradición narrativa puertorriqueña. Se trata de un producto híbrido que genera una escritura incisiva en la mejor tradición postmoderna.
El heterónimo, el doble, artefactos que sirvieron a Alain Badiou para articular un discurso original sobre el siglo 20, son ahora la puerta que Santos utiliza para el juego fabuloso. Los relatos de Santos convocan indistintamente al William Wilson de Edgar Allan Poe, o al Max Work que Quinn inventa en City of glass para reconvertirlo en el detective Paul Auster. El juego con la duplicidad y el doppelganger es una de las marcas de la escritura de José Santos @ Blanco White en esta memoria de los viajes.

Lo otro es el persistente retorno a los ámbitos suburbanos, a los marginados del posturbanismo, a las subidentidades de mercado de la era postindustrial y a la violencia como un espacio estético válido. La protesta contra la imagen ilustrada de la belleza como armonía, una ilusión liberal y utópica, es evidente. Hay algo de rezumado sadismo y goce morboso que le da continuidad a la atrevida narrativa de Santos.

Ese mismo rasgo distintivo ya se había hecho notable en Archivo de oscuridades (Tríptico, 2003) y Deleites y miserias (2006). En Archivo de oscuridades el mejor modelo es el extenso relato “Entrevista 4AB-MII (Jorge “Cano” Rosario).” La trama se configura sobre la base de las respuestas que ofrece un asesino en serie o serial killer, una de las pasiones del industrialismo y los medios en la era postindustrial, a un psicólogo.

La patología del asesino serial es simple: hijo de un padre violento y testigo del engaño amoroso de Marcela, una amante de juventud, con su odiado padre. Su compulsión es que cuando las parejas esperan de él seguridad y permanencia, dos valores burgueses, dispone de ellas de una manera sanguinaria. No se trata de un criminal vacío. Un farmacéutico, con toda probabilidad gay, despertó su sensibilidad por los mapas, los libros y la historia. Bayamón, Nueva York y Granada, bajo el falso nombre de Simón, son los tres escenarios sucesivos en los que se desenvuelve el sistema de acontecimientos.

Al final, un reencuentro casual con Marcela en Granada, espacio en donde el joven se ha estabilizado, le hace regresar al país donde es reconocido y procesado. Lo curioso es que la recuperación de la humanidad es nietzscheana: el camino ha sido la renuncia (el olvido) del pasado, el emborronamiento de un pesado pasado.


En Los viajes de Blanco White Santos se mueve por los márgenes de un orden múltiple que se diluye: una ilustración irrisoria, la ciencia ficción y las fantasmagorías de la cultura pop y el academicismo. Las fantasmagorías se extreman en el relato de sci-fi “El Terminator boricua”. El mismo se desarrolla cerca de 2095 cuando un profesor de historia, Arturo, encuentra un arma futurista firmada por “The Last One” en el 2198 con el monograma de la bandera de Lares. Su hermano, el físico Ernesto, ha desarrollado una máquina para viajar en el tiempo.
La posibilidad de volver al pasado, una derivación de la teoría de los cuantos, y de alterar sus acontecimientos, una de las claves de la ciencia ficción fílmica del filme Terminator (1984) de James Cameron, se convierten en una posibilidad concreta tras el hallazgo de un artefacto fantástico. El personaje decide viajar a la víspera de la invasión de 1898 llevando consigo un pequeño arsenal de armas con el fin de ejecutar una desviación de la historia. La tesis de los universos paralelos del físico teórico Stephen Hawkings que presume que todo ocurre a la vez, una derivación de la física cuántica, sirve de base a la intriga.

Esta mirada insistente a la relación presente-pasado se manifiesta a todo lo largo de la narrativa de Santos en sus tres volúmenes. Un rasgo común en un territorio amenazado desde todas las direcciones por la imagen de la historia. La mirada de José E. santos ofrece pistas renovadoras a la narrativa Puertorriqueña actual.
Mario R. Cancel

Escritor y Profesor Universitario





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