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Jornaleros urbanos


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JORNALEROS URBANOS

Vicenta Lloris Vicaría (*)

Cuando hablamos de jornaleros, el común de la gente piensa en trabajadores agrícolas, trabajadores sin tierra cuya única posesión es la fuerza de sus manos y que a diario debe buscar su jornal.


Es verdad que, en determinadas zonas del Estado, esa práctica sigue siendo habitual en el sector agrario y por tanto, en zonas rurales; lo sorprendente es percibir que las zonas urbanas, y entre ellas la ciudad de Valencia, van adquiriendo –obviamente, no en el sector agrario, sino en el de servicios- este modelo de relación laboral.
Hace unos años, un sindicalista del Baix Llobregat, Emilio Albarral, escribía un artículo con el título “Nuevos jornaleros: mensajeros, pizzeros y trabajo al detall” (1), de su recomendable lectura quiero resaltar aquello que me parece más interesante, tanto sobre la naturaleza de las empresas que generan este tipo de empleo, como sobre las características de los “nuevos temporeros”, sin olvidar el tipo de relaciones laborales que se generan y las dificultades de intervención institucional (normativa y sindical) en esta variada actividad económica.
Efectivamente, estas empresas forman parte del sector servicios y su crecimiento constante hace que éste absorba una parte importante de trabajadores que tradicionalmente encontraban su puesto en el decaído sector industrial. La necesidad de ofrecer productos rápidos y baratos (pizzas, mensajería, comidas rápidas, etc) generada por una demanda habitual en la ciudad, hace que se trate de empresas que requieren de una inversión inicial mínima (local, teléfono, ordenador y poco más) y en la que la miniminización de costes es la clave de su subsistencia, de modo que el coste de personal también requiere ser ajustado al máximo.
Esta actividad se nutre, pues, de nuevos “jornaleros” o “temporeros”, normalmente jóvenes que difícilmente pueden tener un futuro emancipado con trabajos de estas características, a los que no se les pide formación alguna y cuya relación laboral es eventual o a tiempo parcial; es decir, forman parte de ese grueso y conocido “empleo precario” al que desgraciadamente estamos acostumbrado a muchos de nuestros jóvenes, con todas las consecuencias negativas que para la sociedad en su conjunto conlleva.
Así las cosas, con el proceso de desregulación en materia laboral (la última, el decretazo) en el que nos tiene inmersos el partido popular y las dificultades de intervención sindical, vistas las características estructurales de estas empresas y las relaciones laborales “individualizadas”, no cabe duda de que nos encontramos con un conjunto (en aumento) de trabajadores cuyos derechos no son equiparables a los de los sectores “tradicionales” de la industria, ni tampoco a aquellos del sector servicios más asentados históricamente.
Puede decirse que esta es una forma negativa de ver las cosas, que en definitiva se trata de una actividad económica como otra cualquiera que crea empleo y que por lo menos, los chavales no están en casa “viendo la televisión”; podría estarse de acuerdo con esta opinión pero, sin embargo, ello no es incompatible con ser conscientes de que los derechos de estos jóvenes trabajadores deben tender a equipararse a aquellos que mantienen unas relaciones laborales más equilibradas (en salarios, en seguridad –física y contractual-, en salubridad, seguro de desempleo, etc).
Lo contrario, la ignorancia del fenómeno o su infravaloración, puede hacernos no ver la pendiente peligrosa hacía la que podemos ir; es verdad que son los sindicatos y los empresarios más inteligentes los que están atentos a las transformaciones que en las relaciones laborales se producen y se producirán en el futuro; pero si “conquistas” como el empleo fijo, la seguridad social o el seguro de desempleo dejan de estar en la conciencia de los trabajadores, de la gente en general, ni los sindicatos, ni los empresarios responsables, ni los poderes públicos, ni la “vieja Europa” tendrán capacidad para intervenir en un proceso que sólo los necios o los interesados en él no ven con preocupación.
Los responsables de empleo de nuestra ciudad, la propia alcaldesa, tan acostumbrados al triunfalismo, deberían explicar cuál es la calidad del empleo creado y qué tipos de contratos se están realizando, quizá sea la forma de afrontar el problema.

Publicado en el nº 1 de la Revista “La Factoría”. Octubre de 1996


(*) Concejala del Grupo Municipal Socialista del Ayuntamiento de Valencia.





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