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Jornada mundial del enfermo


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Jconector recto 1ORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

Salud y sabiduría del corazón

Yo era ojos para el ciego, era pies para el cojo” (Job. 29,15)



Lrectángulo 2 I T U R G I A 11 de febrero





  • La Jornada Mundial del Enfermo es el inicio de un itinerario que culmina en la Pascua del Enfermo, el VI Domingo de Pascua.

  • La Campaña se centra en la recuperación de una mirada contemplativa hacia la persona doliente bajo el lema “una mirada distinta con un corazón nuevo”, invitación que nos hace el Papa a través del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud.

  • La importancia de los símbolos en las celebraciones: el tema propuesto nos llama a resaltar varios posibles signos (también presentes en la Palabra): la mirada de Dios y de Cristo, como lugar donde arranca el encuentro con él y la acción evangelizadora; el corazón de Jesús, como espiritualidad de la compasión de Dios hacia el que sufre; o la imagen de algún consagrado/a vocacionalmente servidor de los enfermos; haciéndolos presentes en los momentos litúrgicos o celebraciones principales: la Jornada Mundial y la Pascua del Enfermo.

  • También se puede y debe usar:

        • Cartel de la Campaña.

        • Subsidios litúrgicos.






11 de febrero (Ntra. Señora de Lourdes): “Jornada Mundial del Enfermo” (pontificia y dependiente de la CEE, obligatoria). Liturgia del día (véase secc. MISAL), alusión en la monición de entrada y en la homilía; intención en la Oración Universal.

MISAL: para la feria cualquier formulario permitido (véase pág. 67, n. 5) / para la memoria 1.ª Oración propia, y el resto del común o de un domingo del T.O. Por “utilidad pastoral”, a juicio del rector de la Iglesia o del sacerdote celebrante, se puede celebrar con el formulario «Por los Enfermos» (cf. OGMR 376), Pf. Común o de la memoria.





Monición de entrada:

En esta memoria litúrgica de Ntra. Sra. de Lourdes, la Iglesia universal nos invita a celebrar la Jornada Mundial del Enfermo. Una celebración que, en España da inicio a la Campaña que discurrirá hasta la Pascua del enfermo el VI domingo de Pascua.

El tema de este año es “Salud y sabiduría del corazón”, que remite a la recuperación de la mirada hacia la persona que sufre y la necesidad del compromiso de la fe viviendo las actitudes compasivas del corazón del Padre y del mismo Cristo con los enfermos.

También María fue esa mujer que guardaba todo en su corazón. Corazón maternal que sufrió por su Hijo, y vivió personalmente la pasión de Dios por todos los que sufrían. Que ella nos impulse a ver quién nos necesita y a comprometernos también nosotros en el mundo del sufrimiento, y así dar testimonio de nuestra fe, con el corazón lleno de la sabiduría del Padre.



Oración de los Fieles:

Elevemos nuestra oración a Dios, fuente de sabiduría, que revela sus misterios a los pobres y sencillos. Lo hacemos por mediación de María, salud de los enfermos, respondiendo:



R. Danos, Señor, la sabiduría del corazón.

  • Por la Iglesia: para que todas las personas puedan experimentar en ella la fuerza del corazón misericordioso del Padre. Oremos.

  • Por nuestro mundo, marcado por el sufrimiento en sus distintas formas, para que Tú, Padre, lo transformes y pongas en su corazón la sabiduría y el Amor de tu Hijo Jesús. Oremos.

  • Por nuestros hermanos enfermos: para que, experimentando el misterio de la cruz, sientan también la presencia cercana y maternal de la Virgen. Oremos.

  • Por las familias de los enfermos, los profesionales, los voluntarios, y todos aquellos que les atienden y cuidan, tantas veces preciosos iconos de la caridad al lado del que sufre. Oremos.

  • Por todos los religiosos y religiosas consagrados al servicio de los enfermos y pobres: para que, como María en su visita a Isabel, sean imagen de la solicitud de Cristo por los hermanos que nos necesiten. Oremos.

  • Por nuestra comunidad cristiana: para que tenga siempre unos ojos atentos y un corazón sensible a las necesidades de quien sufre, y se convierta en encarnación de tu Corazón misericordioso. Oremos.

Escucha, Padre, nuestra oración y danos un corazón compasivo como el corazón de María, para que nos mostremos siempre más atentos a las necesidades de nuestros hermanos que sufren. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Sugerencias para los cantos:

Entrada: Iglesia peregrina (CLN-408); María es esa mujer (1 CLN-319); Alrededor de tu mesa (1CLN-A4); Dios nos convoca (disco “16 Cantos para la Misa”); Cristo nos une en torno al altar (disco “15 Cantos para la Cena del Señor”);

Salmo responsorial: Goce el Señor con sus obras (Sal 103)

Ofrendas: Te presentamos el vino y el pan (l CLN-H 3); Este pan y vino (l CLN-H 4); Quiero estar, Señor, en tu presencia (disco “Cantos para participar y vivir la Misa”). Si se hace procesión de ofrendas se puede poner música de fondo y se favorece con ello un espacio de “silencio” e interiorización, se da lectura al significado de las ofrendas.

Comunión: Donde hay Caridad y amor (CLN-O 26); Comiendo del mismo pan (2 CLN-O 27); Fiesta del Banquete (l CLN-O 23); Danos un corazón grande para amar. (CLN-O).

Final: Gracias, Señor (l CLN-604); Samaritano de amor (de A. Fernández de León del disco “Quédate, Señor” de P. Núñez Goenaga); Ave de Lourdes; Un canto de envío.

Sugerencias para la Homilía

  1. Las lecturas del día

1R. 8,22-23.27-30: Sobre este templo quisiste que residiera tu nombre. Escucha la súplica de tu pueblo, Israel. El libro de los Reyes nos muestra un momento de petición de Salomón para que el Señor escuche su voz, su necesidad de ayuda y de perdón. El autor inspirado ha recogido el sentido de la fe de un pueblo que, impresionado por la grandeza del Padre y viviendo su propia pequeñez, eleva su voz al cielo y clama “escúchame, Señor, escúchanos”.

Grito fundante de la historia de salvación en Egipto (“he oído sus quejas, conozco sus sufrimientos” –Ex. 3,7) que inaugura un amor que ya no terminará jamás, y que se encarnará en Jesucristo. Al que el pueblo debe responder caminando de todo corazón en su presencia.

Es como un estribillo que repetían también los enfermos con Jesús (“ten compasión de nosotros” –Mt.9,27), y es también la oración constante de todo el que pasa por momentos de sufrimiento.

Sal 83,3-5.10-11 ¡Que deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!. El salmo nos invita a compartir los sentimientos del salmista al entrar en las moradas del Señor, porque Dios se fija en su rostro y lo acoje en su casa.

Podemos sentir en ello, también, una llamada a la Iglesia para que se convierta en un hogar de Dios donde todos deseen estar, especialmente aquellos que sufren o están enfermos. Que se convierta en un remanso de paz, donde descansar del duro camino; que todos “anhelen” esa casa, ese hogar de Dios. Desde el que se pueda también cantar con el salmista: “mi corazón salta de alegría por el Dios vivo”.



Mc 7,1-13 Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres. El evangelio de hoy es una llamada de atención a nuestras incoherencias, especialmente cuando no somos conscientes de que a veces permanecemos anclados en las tradiciones sin ver a las personas. Quiere que nuestra mirada no vea las formas, las apariencias, sino el corazón, y con la misma, se exprese en un compromiso de Amor hacia el hermano que sufre.

A veces nos falta la mirada de Jesús, para ver al otro con misericordia y cariño, y no con juicio. Jesús, con su manera de ver y acercarse a cada persona que sufre, muestra la gratuidad de Dios, su amor infinito por todos. Y lo hace curando y perdonando.

Así debe ser nuestra misión evangelizadora: una tarea que abra los ojos a la realidad del que sufre y le acerque al contacto directo con una persona, Jesús, que se le hace presente y le empuja también a ella a vivir ese amor en su vida y desde su situación concreta, enfermo o sano, familiar o profesional, voluntario o consagrado.

Otra manera de descubrir el amor de Dios es a través del testimonio de tantos hermanos y hermanas nuestros que viven la enfermedad y el sufrimiento desde su fe y se convierten –muchas veces- en verdaderos iconos del amor redentor de Jesús, con una actitud semejante a la de Él en la Cruz. Ellos son hoy sacramentos vivientes de la presencia de Jesús en medio de nosotros.

Un cristiano que quiere seguir a su maestro no puede desligar su fe de su compromiso por el hermano concreto, por la justicia social en el mundo de la salud y por los que están viviendo a su lado, familia y profesionales.
2. Del Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo, 11 febrero 2015


  • La sabiduría es es una actitud infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios.

  • Sabiduría del corazón es servir al hermano. Cuántos cristianos dan testimonio también hoy, no con las palabras, sino con su vida radicada en una fe genuina, y son «ojos del ciego» y «del cojo los pies». Personas que están junto a los enfermos que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse. Este servicio, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, se puede volver fatigoso y pesado. Es relativamente fácil servir por algunos días, pero es difícil cuidar de una persona durante meses o incluso durante años, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer. Y, sin embargo, ¡qué gran camino de santificación es éste! En esos momentos se puede contar de modo particular con la cercanía del Señor, y se es también un apoyo especial para la misión de la Iglesia.

  • Sabiduría del corazón es estar con el hermano. El tiempo que se pasa junto al enfermo es un tiempo santo. Es alabanza a Dios, que nos conforma a la imagen de su Hijo, el cual «no ha venido para ser servido, sino para servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20,28).

  • Sabiduría del corazón es salir de sí hacia el hermano. A veces nuestro mundo olvida el valor especial del tiempo empleado junto a la cama del enfermo, porque estamos apremiados por la prisa, por el frenesí del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensión de la gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro.

  • Sabiduría del corazón es ser solidarios con el hermano sin juzgarlo. La caridad tiene necesidad de tiempo. Tiempo para curar a los enfermos y tiempo para visitarles. Tiempo para estar junto a ellos, como hicieron los amigos de Job: «Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande» (Jb 2,13). Pero los amigos de Job escondían dentro de sí un juicio negativo sobre él: pensaban que su desventura era el castigo de Dios por una culpa suya. La caridad verdadera, en cambio, es participación que no juzga, que no pretende convertir al otro; es libre de aquella falsa humildad que en el fondo busca la aprobación y se complace del bien hecho.



Oración

Señor, en mi vida me pregunto

muchas veces cómo actuarías Tú.

Te veo junto a los enfermos, cómo les ayudas,

y cómo afrontas Tú el sufrimiento.

¡Cuánto me falta para parecerme a Ti!

Dame tu Espíritu, Señor.

Dame un corazón misericordioso como el tuyo.

Llénalo de esperanza cuando estoy enfermo

o cuando acompaño a quien lo está.

Ilumina mi mirada

para acercarme a los enfermos y sus familias

descubriendo sus necesidades,

pero también sus riquezas y recursos.

Y tú, María, que guardabas

todos los misterios de la vida en el corazón,

haz que yo guarde en el mío las preciosas

–y a veces dolorosas-

experiencias compartidas en medio del dolor,

y las transforme en Vida.





CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL

DEPARTAMENTO DE PASTORAL DE LA SALUD


CAMPAÑA DEL ENFERMO 2015 – Salud y sabiduría del corazón: “Yo era ojos para el ciego, pies para el cojo” (Job. 29,15)


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