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Jorge castelló blasco av. Barón de Cárcer, 26-44ª


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JORGE CASTELLÓ BLASCO Av. Barón de Cárcer, 26-44ª


PSICÓLOGO-PSICOTERAPEUTA 46001-Valencia

Nº colegiado: PV-5682 Nº teléfono: (96) 392 40 80







INTRODUCCIÓN A LA TERAPIA COGNITIVA

Entre los pensamientos y los sentimientos siempre existe correspondencia. Te habrá pasado muchas veces que, cuando estás contento, ves las cosas, a ti mismo y a la vida en general de una forma; si estás bajo de moral lo haces de otra bien distinta. A veces, eso que te puede desanimar puede ser un suceso brusco, como suspender un examen, y la diferencia entre estar “bien” y “mal” puede ser cuestión de minutos. ¿En ese corto intervalo de tiempo ha cambiado todo?


Fíjate en este ejemplo. Por un momento, ponte en el lugar de un chico (independientemente de cuál sea tu sexo) que va a expresarle sus sentimientos o pedir una cita a la chica que le gusta desde hace tiempo, aunque ella no lo sabe. Ya ha pensado el momento y la forma de decirlo, y está bastante nervioso. Pues bien, lo hace y ella le contesta... Poco después se marcha, cabizbajo, con la expresión sombría, pensando de sí mismo que no es interesante, que físicamente no vale mucho, que ella “está en las alturas” y prefiere a hombres de mayor valía. Más tarde, sus pensamientos serán más tremendistas, y le dará vueltas a la cabeza diciéndose que nadie le querrá nunca, que la vida es horrible y que ya todo le da igual. ¿Qué le ha contestado ella? Está claro que, de una u otra forma, le ha manifestado que sus sentimientos no son correspondidos. La cuestión es que podemos entender perfectamente la reacción de este chico, porque al frustrarse una gran ilusión es normal desanimarse también mucho.
No obstante, continuemos nuestra historia. Poco más tarde, la chica le llama por teléfono y le dice que en ese momento se puso muy nerviosa, pero que sí que le gustaría quedar con él. Inmediatamente empieza a dar saltos de alegría, a verlo todo de color de rosa, a considerarla una chica encantadora y modesta, a pensar que al fin y al cabo no es tan horrible y que vale la pena conocerle, etc. ¿Cómo puede cambiar el concepto que tiene de sí mismo, el de la otra chica, el de la vida o el del futuro, en cuestión de horas? Si lo piensas bien, su estado de ánimo y su forma de ver las cosas cambian completamente en muy poco tiempo. ¿REALMENTE han cambiado él mismo y el mundo en este breve intervalo? ¿O lo que ha cambiado, más bien, es SU FORMA DE VER LAS COSAS?
Vamos a sacar conclusiones sobre esto. En primer lugar, observarás que el desengaño tuvo unas consecuencias terribles en su estado de ánimo, y que dichas consecuencias afectaron también a sus pensamientos. Por otra parte, el hecho de pensar que nada vale la pena y de considerarse una persona poco interesante también afecta a su estado de ánimo. Podemos decir lo mismo en el sentido contrario, cuando al alegrarse empieza a verlo todo maravilloso. Ahora ya nos queda claro que los sentimientos y los pensamientos van “cogidos de la mano”, es decir, entre ellos existe interdependencia. Si unos son positivos, arrastrarán también a los otros, y lo mismo si son negativos, alimentándose mutuamente.
En muchos problemas psicológicos, por no decir en la gran mayoría, existen varias formas de ver las cosas que se acompañan de sus sentimientos correspondientes. Por ejemplo, una persona deprimida lo ve todo negro, y estos mismos pensamientos la hunden más aún. Una ansiosa ve peligros por todas partes, y esto incrementa su ansiedad. Los sentimientos son de por sí difíciles de modificar a corto plazo, son irracionales y automáticos. Sin embargo, los pensamientos los podemos someter a prueba, porque son o intentan ser racionales.
De esto se desprende que si, de alguna manera, conseguimos cambiar tu forma ver las cosas, se producirá un cambio en tu estado de ánimo en el mismo sentido. Es decir, si una persona deprimida empieza a considerarse mejor, a ver la vida de otra manera o al futuro esperanzador, Y SE LO CREE, lograremos que salga de su depresión por la citada interdependencia entre pensamientos y sentimientos.
Es más, el hecho de modificar los pensamientos es también útil terapéuticamente, porque ataca sobre los síntomas produciendo mejoría o incluso su desaparición total. Bien es cierto que así no se tratan LAS CAUSAS que han producido dichos síntomas o problemas emocionales, y que suelen residir en nuestra personalidad: en nuestra forma de ser, de relacionarnos con los demás, de considerarnos a nosotros mismos, etc., siendo, por tanto, tan antiguas como nosotros mismos. Del conocimiento y tratamiento de estas causas se encargan otro tipo de técnicas psicoterapéuticas.
A la modificación de nuestros pensamientos, de nuestra forma de ver las cosas, se le denomina TERAPIA COGNITIVA. Lógicamente, con esta terapia sólo atacamos a los pensamientos que causan más dolor y malestar, por si acaso no fueran del todo ciertos, o mejor aún, por si fueran completamente falsos. Recordando al chico del ejemplo, ¿piensas que después de su decepción, REALMENTE su vida ya no tenía sentido? ¿Acaso no podría haber encontrado a otra chica más adelante? Y si eso fuera cierto, ¿qué hacía antes de conocerla?. También pensaba que nadie le iba a querer nunca. ¿Cómo lo sabe, teniendo toda la vida por delante? En todo caso, está claro que él, cuando pensaba eso, SENTÍA que era real, es decir, se lo creía.
Lo que propone la terapia cognitiva no es que creas a pies juntillas que los pensamientos que te provocan malestar son falsos, simplemente que los analices. La actitud que debe tomarse es la de un científico que está investigando, y que ante una hipótesis (pensamiento doloroso) estudia detenidamente las pruebas a favor y en contra. Si dicho pensamiento es cierto, se aceptará, pero si no, se rechazará y se formulará uno más apropiado.
Como todo, es un arte que requiere práctica, que inicialmente se llevará a cabo en unas fichas o registros destinados al efecto, pero que después te será tan familiar que podrás hacerlo mentalmente, incluso en situaciones delicadas, y te será francamente útil.

Sabemos que generalmente los pensamientos que producen mayor malestar (“pensamientos disfuncionales” a partir de ahora) suelen ser falsos, o al menos no del todo ciertos. Esto no se debe a que las personas con problemas emocionales “piensen mal” o “no estén en sus cabales”, sino a que dichos problemas ARRASTRAN también a sus creencias, a su forma de ver las cosas. Por tanto, una persona muy deprimida tiene pensamientos disfuncionales muy dolorosos, afectados por la gravedad de su malestar emocional, que deforma su visión de las cosas. Conviene recordar, de todas maneras, que en cierta medida esto nos ocurre a todos en la vida cotidiana. Y si no, piensa en la gente que pertenece a un partido político o es hincha de un equipo de fútbol, y valora si son REALMENTE objetivos e imparciales en sus apreciaciones. Los sentimientos aquí también “van cogidos” a los pensamientos.


Inicio de la terapia.
El primer objetivo es centrarnos en los pensamientos que queremos cambiar, o por lo menos analizar, por producirnos mayor dolor, malestar, preocupación, etc. Suelen ser de muchos tipos, desde temas de autoestima (“Me comporté como un auténtico idiota”, “No valgo nada”), hasta de concepto de los demás (“Cuando entro en un restaurante, todos me miran mal”, “Está claro que pasa olímpicamente de mí”, “Seguro que se burlan”), pasando por la interpretación del entorno (“Suena el teléfono y me da un vuelco al corazón”, “Estoy convencido de que he dejado encendido el gas, aunque es la cuarta vez que lo compruebo”).
Como puedes ver, cualquier tema es válido SIEMPRE QUE SEA DOLOROSO. Precisamente lo que une a estos pensamientos es que son displacenteros, provocan sentimientos negativos como miedo intenso, tristeza, preocupación o rabia, afectando el estado de ánimo. Y lo mismo es cierto al revés: dichos sentimientos negativos producen y refuerzan los pensamientos dolorosos, por la interdependencia comentada más arriba.
A partir de ahora, tendrás que estar pendiente de las SITUACIONES EN LAS QUE SE PRODUZCAN ESOS PENSAMIENTOS. Como es lógico, serán situaciones en las que te enfades mucho, te hundas, le des vueltas a algo o huyas de miedo. También deben ser familiares en ti y constituir una parte de tus problemas. Para ayudarnos a hacer una recopilación inicial, utilizarás las hojas de “Registro de pensamientos”. En estas hojas deberás anotar el momento en que se produjo la situación problemática, en qué consistió, qué reacciones tuviste y sobre todo qué pensaste. Ten en cuenta que al principio te puede costar un poco recordar qué pasó por tu cabeza, al fin y al cabo puede ser cuestión de segundos, e incluso pudiste hacerlo automáticamente. También debes tener presente que “en frío” no se piensa lo mismo que “en caliente” por la citada interdependencia. Esfuérzate, revive la situación y recuerda cómo te sentiste en ese momento, y especialmente qué pensaste, cómo lo expresarías en frases.

Cuando hayas anotado varias situaciones diferentes y adquieras práctica en la detección de los “pensamientos disfuncionales”, pasaremos a su análisis y modificación, si es necesario, también llamada “reestructuración cognitiva”. Esto empezaremos a llevarlo a cabo en las sesiones, para después continuar tú practicando todos los días “en frío”, en momentos en que no te pueda distraer nada ni estés alterado.


La hoja que utilizarás a partir de ahora, aparte del “Registro de pensamientos” que seguirás cumplimentando durante un tiempo, está compuesta de las siguientes columnas:


  • Situación: la misma que la del “Registro de pensamientos”.

  • Pensamiento negativo seleccionado: Del “Registro de pensamientos” escogerás los principales, ya sea por su contenido, porque te lo parezcan o por producir mayor malestar.

  • Preguntas: Para formular la mayor cantidad posible de preguntas pertinentes, deberás recordar estar lo más “frío” posible, adoptando una actitud neutral como la de un científico que está comprobando unas hipótesis. No debes dar nada por sentado, no olvides que tu intención es la de encontrar pruebas a favor y en contra del pensamiento negativo seleccionado. Por ejemplo, imagínate que es: “No valgo nada”. De entre la infinita cantidad de preguntas que vienen al caso, se podrían efectuar las siguientes: “¿Cuántas cosas he hecho hoy que me hagan pensar que no valgo nada?”, “¿Cuántas he hecho hoy que me hagan pensar que sí valgo para algo?”, “Si no valiera absolutamente para nada, ¿podría haberme casado o sacado una carrera?”, “¿De verdad no sirvo absolutamente para nada?”, etc.

  • Respuestas: Al lado de cada pregunta, deberás escribir la respuesta. Continuando con el ejemplo anterior, nuestra hipotética persona podría contestar así a cada una de las preguntas anteriores: “No haberle protestado a mi jefe cuando me dijo que no iba a darme vacaciones”; “Me he hecho el desayuno, me he vestido, he ido conduciendo correctamente hasta llegar al trabajo, he cumplido con mi jornada sin cometer ningún error importante, etc.”; “La verdad es que no, creo que es un mérito personal el haberlo logrado. Además, las personas que no lo han hecho como mi amigo Carlos no piensan ni muchísimo menos que no valen nada, y con razón”; “Creo que he sido demasiado injusto conmigo mismo. Simplemente no me he sabido afirmar ante mi jefe, y eso es algo que con esfuerzo y valentía puedo solucionar, pero no lamentándome ni pensando de esta manera tan excesiva”.

  • En esta última columna de “Respuestas”, puedes incluir un pensamiento alternativo al disfuncional, suponiendo que éste no se ajuste a la realidad. Por ejemplo: “Sí que valgo para muchas cosas, lo único que ha ocurrido es que no me he sabido afirmar ante mi jefe. A partir de ahora buscaré soluciones para esto”. Lo ideal es que este pensamiento alternativo dé una puerta de esperanza, una vía de solución, y especialmente QUE TE LO CREAS, al menos algo. Como verás más tarde, una de las características de los pensamientos disfuncionales es que no sirven para nada, es más, sólo provocan un sufrimiento tremendo.

La práctica en casa recomendada es de 15 minutos diarios aproximadamente, hasta que te habitúes y sobre todo modifiques tus pensamientos disfuncionales, confiando cada vez más en las creencias alternativas. No obstante, esto es un proceso lento en el que no debes desanimarte. En las sesiones revisaremos tu trabajo, y continuaremos realizándolo entre los dos con temas que tú o yo escojamos.


Como forma de saber si un pensamiento es o no disfuncional, y a la vez para que nos sirva de fuente para formular preguntas, es muy conveniente analizarlo desde cuatro puntos de vista:


  • Su objetividad: ¿Qué pruebas hay a favor de que ese pensamiento sea cierto? ¿Y en contra? ¿Hay explicaciones alternativas para esto? ¿Existen pruebas o datos a favor para pensar de otra manera? ¿Piensa igual la gente, o mis seres queridos? ¿Pensaba yo igual antes? Cuando pasen unos años, ¿pensaré igual?

Son ejemplos de preguntas para valorar la objetividad de los pensamientos disfuncionales. Una de las principales características de este tipo de pensamiento es que van en contra de la evidencia total o al menos parcialmente.




  • La intensidad de la emoción: ¿Qué estado de ánimo tengo cuando estoy pensando así? ¿Y antes? ¿Pensar esto me está afectando negativamente? ¿Puede estar influyendo en mis pensamientos el hecho de estar muy nervioso, triste, enfadado, etc., y viceversa? ¿Si estuviera perfectamente y esto no me afectara, pensaría igual?

Los pensamientos disfuncionales siempre están inmersos en emociones fuertes y generadoras de malestar. De hecho, la propia tergiversación o interpretación parcial de la realidad se debe a su relación con un estado afectivo muy marcado. Como ejemplo piensa que estás solo y tremendamente asustado en un cementerio a medianoche, y que al moverse unas hojas pegas un brinco de miedo. LA INTERPRETACIÓN equivocada de ese sonido está condicionada por el fuerte nerviosismo, y a la vez esa interpretación provoca más miedo. Pero al fin y al cabo, sólo eran hojas movidas por el viento.




  • La forma: ¿Cuál es el significado REAL de lo que estoy pensando? ¿No estoy siendo un poco radical, extremista? ¿Tan fuerte, horrible y trascendental es lo que está ocurriendo? ¿No estoy utilizando un lenguaje absolutista, de todo o nada? ¿De verdad TODO me sale mal, NADIE me quiere, NUNCA superaré mis problemas o SIEMPRE me equivoco? ¿Me estoy exigiendo demasiado?

Quizá una de las maneras más rápidas de sospechar que un pensamiento puede ser disfuncional, es la forma en la que se expresa. Las emociones intensas influyen en el lenguaje utilizado, caracterizado por exageraciones; dicotomías falsas (o lo hago todo perfecto o no valgo nada, o resulto muy atractivo o soy terriblemente feo); términos extremos como “todo”, “nada”, “nadie”, “nunca”, “siempre”, “seguro”; afirmaciones lapidarias que no dan lugar a la duda, etc. Es francamente difícil, aunque no imposible, que algún pensamiento formulado así se corresponda totalmente con la realidad. Lo normal es utilizar suposiciones o afirmaciones probabilísticas (“quién sabe, quizás no quiere venir conmigo al cine”), términos medios más ajustados a la realidad, sin tener que escoger forzosamente entre uno u otro (“he hecho mal un trabajo, pero de ahí a ser un torpe...”), expresiones más concretas en lugar de extremas (“Juan no me quiere” en lugar de “Nadie me quiere”).




  • La utilidad: ¿De qué me sirve pensar así? ¿Me está perjudicando tener estos pensamientos? ¿Estoy sólo machacándome, atormentándome? ¿Resuelvo así mis problemas?

Precisamente el apelativo de “disfuncional” se debe a la absoluta inutilidad de estos pensamientos, no ya porque no ayudan ni a estar mejor ni a resolver los problemas, sino porque generan un sufrimiento en la persona y/o en los demás que no conduce a ningún sitio. No quiere esto decir que TODOS los pensamientos que tenemos deban ser útiles y placenteros, también tenemos derecho a lamentarnos cuando algo sale mal, pero no es nada aconsejable reaccionar así ante la vida POR SISTEMA.


Las distorsiones cognitivas.
La práctica mundial de la reestructuración cognitiva nos ha mostrado que los pensamientos disfuncionales se reducen a formas erróneas de ver las cosas. A esto se le llama “distorsión cognitiva”, y es una especie de error sistemático al interpretar determinados hechos, especialmente a causa de sufrir problemas emocionales (recordar la explicación del principio sobre la relación recíproca entre emociones y pensamientos). Aquí tienes varios tipos de distorsiones cognitivas, para ver si tus pensamientos disfuncionales se encuadran en alguna de ellas:


  • Focalización en lo negativo: La atención se centra fundamentalmente en los aspectos negativos, inadecuados o peligrosos de un hecho. Esto se puede observar en la vida cotidiana del sujeto, o cuando recuerda hechos del pasado. Sistemáticamente se elimina o reduce lo positivo, y se centra y engrandece lo negativo. Por ejemplo, las personas que sufren este tipo de distorsión se definen centrándose en sus defectos, y no en el resto de sus cualidades. También pueden ver únicamente defectos en su pareja o seres queridos, olvidándose de las virtudes.




  • Autoinculpación inapropiada: Consiste en atribuirse la responsabilidad de hechos negativos en los que no se tiene ninguna culpa. Un ejemplo impactante es el que sucede en ocasiones con víctimas de catástrofes, que se arrepienten de estar vivas cuando sus seres queridos han fallecido. Otro ejemplo es el del padre que se reprocha continuamente haberle comprado la moto a su hijo, con la que tuvo un accidente de tráfico. Desde fuera nos damos cuenta de lo injustificado de esos reproches, pero estas personas no opinan igual y sufren enormemente por pensar así. No tenemos que olvidar que estos ejemplos son muy extremos y que esta distorsión puede producirse en hechos menos importantes.

  • Pensamiento dicotómico: Consiste en concebir determinados actos o hechos en forma de todo/nada, bueno/malo, feo/guapo, listo/tonto, blanco/negro, sin poder ver la infinidad de puntos intermedios que generalmente existen. Por ejemplo, una persona se da un golpe con el coche, y piensa que es “un burro” y que nunca va a ser capaz de conducir bien.




  • Exageración: Dar una importancia extrema a un hecho puntual, ya sea positiva o negativamente. Por ejemplo, una estudiante saca la mejor nota de la clase en una determinada asignatura, y piensa que es una de las personas más inteligentes del mundo. En el sentido contrario, podemos pensar en el ejemplo del “pensamiento dicotómico”. Al fin y al cabo, muchas distorsiones cognitivas se solapan, y podemos conceptualizar al “pensamiento dicotómico” como un tipo concreto de “exageración”, salvo que ésta no necesariamente debe tener dos polos contrapuestos.




  • Catastrofismo: Interpretación tendenciosa de acontecimientos inofensivos o normales como peligrosos para uno mismo o los demás. Por ejemplo, sobresaltarse al oír el teléfono, pensar siempre lo peor, autoobservarse continuamente en busca de enfermedades, imaginar que un ser querido ha sufrido un accidente de coche porque tarda cinco minutos en llamar, etc.




  • Generalización: Sacar conclusiones generales de hechos concretos. Igualmente, es una forma de “exageración” o magnificacion de acontecimientos puntuales. Ejemplos: una chica que rompe con su novio y piensa que “nadie la querrá nunca”, un trabajador al que no le renuevan el contrato por segunda vez en su vida y opina que “siempre le pasa lo mismo”.




  • Sacar conclusiones sin datos: Pensar algo que apenas tiene fundamento. Por ejemplo, una persona piensa que le van a engañar o perjudicar cuando le piden los datos personales a la entrada de un casino; otra está convencida de que su profesor le tiene manía, aunque confiesa que es una persona encantadora y que le trata maravillosamente, igual que al resto de los alumnos.

Podríamos ampliar la lista, e incluso crear nuevos tipos adaptados a cada persona. No son más que regularidades detectadas en los pensamientos disfuncionales, ya sea a nivel individual o de una población clínica (p.ej., deprimidos). Es un ejercicio interesante descubrir si podrías encuadrar tus pensamientos disfuncionales en una o más de estas categorías, o si crearías alguna otra distinta. Esto te ayudará a identificar nuevos pensamientos negativos. Por ejemplo, puedes pensar “no debo decirme esto, creo que estoy exagerando”, o “éste es un pensamiento del tipo todo/nada”.


Finalmente, añadir que el principal objetivo del trabajo cognitivo es que se interiorice y se convierta en costumbre, para así tener una visión más adecuada de nosotros mismo y de lo que nos sucede a nuestro alrededor, sin olvidar que absolutamente nadie está libre de sufrir emociones y pensamientos disfuncionales, ya que es inherente a la naturaleza humana.





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