Página principal

John Wayne: el último macho


Descargar 11.96 Kb.
Fecha de conversión18.07.2016
Tamaño11.96 Kb.
John Wayne: el último macho
Domingo Caratozzolo*
En “Río Grande”, John Wayne era el comandante de un fuerte asediado por los comanches; durante un ataque de los indios, una flecha queda clavada en su pecho. Es entonces que le ordena a su hijo, uno de sus soldados: “Sácala Jeff”, luego pregunta: “¿Los niños están a salvo?” y al obtener una respuesta positiva, le pide a su hijo: “Ayúdame a montar”.
John Wayne representa al “jefe”, “conductor”, “amo” o “señor” que tenía bajo su tutela el hogar, las mujeres y los hijos. Ese rol asimétrico, si bien proporcionaba una satisfacción narcisista, pues implicaba la obediencia y el respeto de la mujer, exigía un esfuerzo considerable y la constante vigilia, puesto que el bienestar de su familia y su autoestima, dependían de sus éxitos y se desmoronaban con sus fracasos. La responsabilidad era solamente del hombre y éste debía responder por ese lugar adjudicado. Por ello, el hombre, cuando es herido, debe sobreponerse al sufrimiento para velar por los suyos.
El jefe era respetado y venerado por los hijos. Si éstos estaban bien educados permanecían de pié ante el padre, bajaban la cabeza con humildad ante su presencia y cuando éste les ordenaba una tarea. Manifestaban obediencia y sometimiento a su autoridad.
Los roles estaban claramente definidos. El hombre debía prestar protección a su mujer y la mujer obediencia a su marido. Pero en la segunda mitad de este siglo se produce un cambio que va a revolucionar las relaciones entre hombres y mujeres.
La era industrial incorpora a la mujer al mercado de trabajo y es así que ella comienza a independizarse de la protección del hombre. Este ya no es necesario para el sostén de la mujer y muchas veces, ni siquiera del hogar. El trabajo femenino opera un cambio radical; ya no es más el “jefe” de familia el único proveedor del alimento y del techo, este papel comienza paulatinamente a ser compartido.
La declinación de la figura masculina es acompañada y determinada por un ascenso en la consideración de la mujer. El recorte de sus atribuciones beneficia a quienes estaban bajo su tutela y sometidos a su autoridad. La mujer deja de ser un súbdito para ser un ciudadano. Ahora es la “compañera” del hombre que comparte los esfuerzos para sostener el hogar y educar a los hijos. John Wayne no puede comprender, está confundido.
Si el hombre consideraba a la mujer como una fuente de placer sexual, sin necesidad de considerar la satisfacción de la misma, la situación de igualdad va a penetrar en la alcoba. La sexualidad no procreadora, gracias a los métodos anticonceptivos, estimula en la mujer la búsqueda del placer por el placer mismo.

Hombres y mujeres comienzan a comprender que el goce de ambos está íntimamente ligado y tanto uno como otro reclaman la reciprocidad del compañero sexual. John Wayne no lo puede creer.


Pocos elementos comunes encontraríamos entre este arquetipo hollywoodense y los jóvenes de esta generación. El fin del milenio se empecina en borrar los rasgos de aquellos machos legendarios y acercar lenta pero pareciera que inexorablemente a los hombres y las mujeres a un terreno donde este “femenino” y “masculino” que hemos incorporado durante siglos parece esfumarse en beneficio de una semejanza.
A principios de siglo, o a mediados del mismo, el hombre tenía que competir con otros hombres por los lugares de trabajo, hoy las mujeres se han sumado a esa competencia. Y no sólo eso, en innumerables casos, ese hombre está subordinado a una mujer.
En la universidad, a excepción de los profesorados, la presencia masculina era largamente mayoritaria, pero desde mediados de siglo esta tendencia comienza a revertirse y esa amiga, hermana o novia, que aspiraba a ser “maestra” o “profesora”, hoy se atreve y se afianza en todo el amplio espectro del quehacer profesional.
Si el hombre antes “llevaba los pantalones”, ha perdido ese lugar, no sólo en lo concreto que es el uso de una prenda, sino en el plano simbólico. La mujer que trabaja, que aporta al sostenimiento del hogar, no quiere ser relegada en su casa a un papel pasivo, cuando la presencia en la calle le reclama una posición o rol activo.
Dado que la mujer trabaja fuera de casa, a regañadientes, con indisimulado rechazo, con grandes resistencias, el hombre se pliega al trabajo doméstico. Así comienza a familiarizarse con la escoba, el plumero, el lavado y tendido de la ropa y el cuidado de los hijos. Mientras John Wayne mira sorprendido y horrorizado.
Si antes al hombre se lo comparaba con el oso “cuanto más feo más hermoso”, hoy invade los gimnasios en busca o preservación de la belleza física. Toma cuidadosamente sol en la playa para adquirir un tostado parejo o, por qué no, va al solarium.
La cirujía plástica ayuda en el logro de la belleza y cada vez más hombres van participando de este espacio que hace unos pocos años era estrictamente femenino. Al uso difundido de “la carterita” que recibió la despectiva denominación de “maricona”, le sucedió el cabello largo, la “colita” y el “arito”.
Mas recientemente, los cabellos masculinos comienzan a recibir el trato antes destinado a señoras y señoritas. No se trata de teñidos al negro carbón, tan patéticos como el que lucía Dick Bogarde en “Morir en Venecia”, donde una lluvia barre en actitud despiadada la tintura del personaje. No. Se trata de los mismos refinamientos del que gozan las mujeres, tinturas, claritos, mechitas, etc. , que dejan de ser monopolio de éstas.
Y frente a la creencia general de que los hombres no lloran, vamos descubriendo que los hombre sufren, lloran, se enternecen, se sienten heridos, lastimados, se emocionan, se asustan, se sientes desamparados, humillados, aman, desean y odian en la misma medida que las mujeres.
John Wayne hoy se confiesa asustado de la flecha clavada en su pecho. El fin del milenio le ha cambiado. Se queja de que experimenta dolor y pide al que lo atiende que no le haga sufrir. Ha resignado sus medallas e insignias y ha bajado del caballo. Quizás espera

un poco de paz después de tantas guerras.



*Psicoanalista


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje