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John Finnis: Antología de textos


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John Finnis: Antología de textos

Texto nº1: “¿Qué son los principios de Derecho natural? El sentido que tiene en este libro la expresión “Derecho natural” puede ser indicado a través de las siguientes afiramaciones [...]: Existe un conjunto de principios prácticos que indican las formas básicas de florecimiento humano como bienes que han de ser perseguidos y realizados, y que de una forma u otra son usados por todo aquél que duda sobre qué hacer, por insensatas que sean sus conclusiones [...]” (FINNIS, J., Natural Law and Natural Rights, Clarendon, Oxford, 1988, p. 23).

Texto nº2: “Tales principios justifican el ejercicio de la autoridad en una comunidad. [...] Más precisamente, los principios de Derecho natural explican la fuerza vinculante (en el sentido más amplio de “obligación”) de las leyes positivas, incluso en los casos en que tales leyes no puedan ser deducidas de esos principios” (FINNIS, J., Natural Law and Natural Rights, cit., p. 24).

Texto nº3: “Los principios de este tipo se mantendrían en pie [would hold good] como principios, con independencia de si son desconocidos, mal aplicados o desafiados en el pensamiento práctico [...]. Es decir, se “mantendrían en pie” exactamente igual que los principios matemáticos de contabilidad “se mantienen en pie” incluso cuando, como ocurría entre los banqueros medievales, son desconocidos o mal comprendidos. Por tanto, podría haber una historia de la medida variable en que han sido usados por la gente, explícita o implícitamente, pra regular sus actividades personales [...] [Pero] el Derecho natural no podría ascender, declinar, resucitar, ni protagonizar “eternos retornos”” (op.cit., p. 24).

Texto nº4: “Kelsen señala correctamente que según las teorías iusnaturalistas no existe una noción específica de validez jurídica. El único concepto de validez [admisible para ellas] es la validez según el Derecho natural, es decir, la validez moral. Los iusnaturalistas sólo pueden juzgar una ley como moralmente válida (es decir, justa) o moralmente inválida (es decir, injusta). No pueden decir de una ley que es jurídicamente válida pero moralmente incorrecta. Si es incorrecta e injusta, es también inválida en el único sentido de validez que reconocen” (RAZ, J., “Kelsen’s Theory of the Basic Norm”, American Journal of Jurisprudence, 19 (1974), p. 100).

Texto nº5: “Por mi parte, no conozco ningún filósofo que encaje en tal descripción, o que se haya propuesto intentar defender ese tipo de propuesta teórica o metateórica. [...] La imagen del iusnaturalismo que estamos tratando está estrechamente relacionada, en la mente de Kelsen, con otra imagen. Pues Kelsen dice que “es un punto cardinal del iusnaturalismo en sus dos mil años de historia” el intento de “basar el Derecho positivo en una delegación del Derecho natural” (FINNIS, J., Natural Law and Natural Rights, cit., p. 26-27).

Texto nº6: “Los iusnaturalistas sostienen [...] que el Derecho positivo deriva toda su validez del Derecho natural, que es esencialmente una mera emanación del Derecho natural: la producción de leyes o decisiones positivas no crea libremente, sino que simplemente reproduce al verdadero Derecho, que de algún modo existe ya [...]” (KELSEN, H., General Theory of Law and State, p. 416 [citado por FINNIS, J., op. cit., p. 28]).

Texto nº7: “Ahora bien, Tomás de Aquino en efecto afirma que el Derecho positivo deriva su validez del Derecho natural, pero en el mismo párrafo muestra que no es una mera emanación o copia del Derecho natural, y cómo el legislador dispone de toda la libertad creativa propia de un arquitecto: una analogía que procede del propio Tomás de Aquino. Tomás de Aquino piensa que el Derecho positivo es necesario por dos razones: 1) porque el Derecho natural [...] no proporciona por sí mismo todas, ni siquiera la mayoría de las soluciones para los problemas de coexistencia que surgen en la vida comunitaria [...]; 2) [por] la necesidad de coacción, la necesidad de obligar a las personas egoístas a actuar razonablemente” (FINNIS, J., op. cit., p. 28).

Texto nº8: “Qué extraño, entonces, leer cómo Kelsen encuentra todavía otra “contradicción necesaria entre el Derecho positivo y el natural”, esta vez “porque mientras aquél es un orden coercitivo, el otro, idealmente, es, no sólo no-coercitivo, sino que incluso debe extirpar toda coacción de las relaciones interhumanas”. Esto, ¡vaya por Dios!, es de nuevo una imagen distorsionada [del iusnaturalismo]: una teoría iusnaturalista sensata es un intento de expresar los requisitos e ideales de la razonabilidad práctica, y no los del idealismo” (FINNIS, J., op. cit., p. 29).

Texto nº9: “Stone [objeta lo siguiente al iusnaturalismo] [...]: “¿Han mostrado los iusnaturalistas cómo pueden derivar normas éticas de los hechos?”. Y la respuesta puede ser fulminante: no lo han hecho, ni necesitan hacerlo, ni soñó ninguno de los iusnaturalistas clásicos con intentar una tal derivación. [...] Tomás de Aquino afirma que los primeros principios del Derecho natural [...] son per se nota (evidentes por sí mismos [self-evident]) e indemostrables. No son inferidos a partir de otros principios especulativos. No son inferidos a partir de hechos [...] ni son inferidos de una concepción teleológica de la naturaleza ni de ninguna otra concepción de la naturaleza. Son no derivados [underived], aunque no innatos. [...] Cuando discierne lo que es bueno perseguir (prosequendum), la inteligencia está operando de otra forma, aplicando una lógica distinta, que cuando está discerniendo lo que es el caso (histórica, científica o metafísicamente) [...]”(FINNIS, J., op. cit., p. 33-34).

Texto nº10: “Por supuesto, Santo Tomás estaría de acuerdo en que “si la naturaleza del hombre fuese otra, también lo serían sus deberes”. Las formas básicas de bien captadas por el entendimiento práctico son lo que es bueno para los seres humanos, dada la naturaleza que tienen [what is good for human beings with the nature they have]. [...] Pero, una vez más, esto no es un proceso de inferencia. Uno no razona que “tengo [o todo el mundo tiene] una inclinación a investigar la verdad sobre las cosas [an inclination to find out about things]”, y a continuación infiere de ello que “el conocimiento es un bien que merece ser buscado”. [...] Hay importantes objeciones que pueden ser planteadas a la teoría tomista del Derecho natural. [...] Pero la objeción según la cual la versión tomista del Derecho natural propone una inferencia ilícita desde el ser al deber-ser [an illicit inference from “is” to “ought”] carece totalmente de fundamento” (FINNIS, J., op. cit., p. 34).

Texto nº11: “El ejemplo de un valor básico que vamos a examinar es: el conocimiento. Quizás sería más exacto llamarlo “conocimiento especulativo”, usando aquí el término “especulativo” en el sentido de “conocimiento buscado como un fin en sí mismo [knowledge for its own sake]”, el cual se distingue del conocimiento instrumental, esto es, el conocimiento que resulta útil en aras de algún otro objetivo, como la supervivencia, el poder, la popularidad, etc. [...] Ahora bien, “conocimiento”, a diferencia de “creencia”, es una palabra-logro [an achievement word]: hay creencias verdaderas y creencias falsas; el conocimiento, en cambio, es siempre conocimiento de la verdad” (op. cit., p. 59).

Texto nº12: “Curiosidad es un nombre con el que designamos al deseo o inclinación o necesidad que tenemos cuando queremos averiguar la verdad sobre las cosas [to find out about things], sólo por el gusto de saber. [...] Mediante un esfuerzo de reflexión, se hace claro que el conocimiento es algo que es bueno tener (y no meramente por su utilidad) [...] Uno se descubre a sí mismo pensando que la ignorancia y el error deben ser evitados, simplemente en cuanto tales, y no en relación a [las desventajas de otro tipo que se puedan seguir del error] [...] Uno empieza a considerar a la persona bien informada y de mente despejada como una persona afortunada [well off], y no sólo por el uso práctico que puede hacer de sus conocimientos” (op. cit., p. 60-61).

Texto nº13: “Los principios prácticos básicos, como el que indica que el conocimiento debe ser buscado y la ignorancia debe ser evitada, no juegan el mismo papel que las normas en el razonamiento práctico o en la explicación y descripción de la acción inteligente. Un principio práctico básico sirve para orientar el razonamiento práctico, y puede ser desarrollado [instantiated] (más que aplicado [applied]) a través de muchos principios prácticos y premisas más específicos. El principio práctico, más que restringir, sugiere nuevos horizontes para la acción humana” (op. cit., p. 63).

Texto nº14: “El bien del conocimiento es evidente por sí mismo [self-evident], obvio. No puede ser demostrado, pero igualmente no necesita demostración. Esto no equivale a decir que todo el mundo de hecho reconozca el valor del conocimiento, o que el reconocimiento de ese valor no requiera ciertas precondiciones. El principio según el cual la verdad (y el conocimiento) merece ser perseguida no es, por así decir, innato o inscrito en la mente desde el nacimiento. Por el contrario, el valor de la verdad se hace obvio sólo a aquél que ha sentido la necesidad de preguntar, que ha captado la conexión entre pregunta y respuesta, que comprende que el conocimiento está constituido por respuestas correctas a ciertas preguntas [...]” (op. cit., p. 65).

Texto nº15: “De la misma forma que no deberíamos apelar a causas, precondiciones y circunstancias concomitantes para suscitar injustificadas dudas sobre la autoevidencia del valor del conocimiento, así no deberíamos hablar de una deducción o inferencia de ese valor a partir de hechos. [...] Tal inferencia no es posible. Ningún valor puede ser deducido o inferido a partir de un hecho o conjunto de hechos. Ni se puede inferir válidamente el valor del conocimiento del hecho (si hecho es) de que “todos los hombres desean saber”. La universalidad de un deseo no es una base suficiente para inferir que el objeto de ese deseo sea realmente deseable, objetivamente bueno” (op.cit., p. 66).

Texto nº16: “El principio según el cual la verdad merece ser buscada [truth is worth pursuing] es, así, un principio no derivado [an underived principle]. Ni su inteligibilidad ni su fuerza de obligar se basan en ningún otro principio ulterior. [...] [Cabe encontrar principios no derivados, evidentes por sí mismos] en todos los campos de la investigación. Pues en todos los campos hay y debe haber, en algún punto o puntos, un punto final para la derivación y la inferencia. Al llegar a ese punto o puntos, nos encontramos ante lo evidente por sí mismo [the self-evident], [es decir] lo que hace posibles a todas las inferencias subsiguientes en ese campo” (op. cit., p. 70).

Texto nº17: “Los estudiosos de las éticas y de las culturas humanas suponen muy frecuentemente que las culturas manifiestan preferencias, motivaciones y evaluaciones de una variedad tan amplia y caótica que no cabe afirmar que existan valores o principios prácticos que sean evidentes por sí mismos, puesto que ningún valor o principio práctico es reconocido en todos los tiempos y todos los lugares. Pero los filósofos que han intentado recientemente comprobar esta suposición examinando la literatura antropológica [...] han concluido con sorprendente unanimidad que esta suposición carece de fundamento. Tales investigaciones [de los antropólogos] nos permiten, verdaderamente, hacer algunas afirmaciones bastante confiadas. Todas las sociedades humanas muestran una preocupación por el valor de la vida humana; en todas, la autoconservación [self-preservation] es aceptada generalmente como un motivo adecuado para la acción, y en ninguna se permite matar a otros seres humanos sin alguna justificación clara y precisa. Todas las sociedades humanas consideran la procreación de una nueva vida humana como un bien en sí mismo, a menos que se den circunstancias especiales. Todas las sociedades humanas imponen algún tipo de restricción a la actividad sexual; en todas las sociedades se prohíbe de algún modo el incesto, la promiscuidad ilimitada y la violación, y se favorece la estabilidad y la permanencia en las relaciones sexuales. Todas las sociedades humanas exhiben una inquietud [concern] por la verdad, que se manifiesta en la educación de los jóvenes en asuntos no sólo prácticos (por ejemplo, la evitación de peligros), sino también especulativos o teóricos (por ejemplo, la religión). [...] Todas las sociedades humanas exhiben una preferencia por los valores de la cooperación, de la promoción del bien común por encima del individual, del compromiso entre los individuos, y de la justicia en el seno de los grupos. Todas conocen la amistad. Todas tienen alguna concepción del meum y el tuum, de la propiedad y de la reciprocidad. [...] Todas tratan a los cuerpos de los miembros del grupo muertos de un modo ritual y tradicional, distinto a los procedimientos de eliminación de la basura. Todas muestran interés [concern] por los poderes o principios que deben ser respetados como suprahumanos: bajo una u otra forma, la religión es universal” (op. cit., pp. 83-84).

Texto nº18: “Un primer valor básico, correlativo al impulso de autoconservación, es el valor de la vida. El término “vida” significa aquí cualquier aspecto vital que pone a un ser humano en condiciones adecuadas [in good shape] para la autodeterminación. Por tanto, la “vida” incluye, en este sentido, la salud física y mental, y la protección frente al dolor que acompaña a la disfunción orgánica o a la lesión corporal. [...] Quizás deberíamos incluir en esta categoría la transmisión de la vida por medio de la procreación de niños” (op.cit., p. 86).

Texto nº19: “El segundo valor básico ya ha sido discutido: es el conocimiento, considerado en cuanto deseable por sí mismo, y no sólo instrumentalmente” (op. cit., p. 87).

Texto nº20: “El tercer aspecto básico del bienestar humano es el juego. Cierto tipo de moralistas pueden quizás descuidar este valor básico, pero los antropólogos no dejarán de lado este elemento amplio e irreductible de la cultura humana. [...] Cualquiera de nosotros puede entender que merece la pena implicarse en actividades que no tienen otro objetivo que la actividad misma, disfrutada por sí misma [the performance itself, enjoyed for its own sake]. La actividad puede ser solitaria o social, intelectual o física, extenuante o relajada, altamente estructurada o relativamente informal [...] En cualquier actividad humana puede haber un elemento de juego [...] y algunas acitividades, tareas e instituciones son entera o primordialmente puro juego. El juego, entonces, tiene y es su propio valor” (op. cit., p. 87).

Texto nº21: “El cuarto componente básico de nuestro florecimiento es la experiencia estética. Muchas formas de juego, como la danza o el canto o el fútbol, son la matriz o la ocasión de la experiencia estética. Pero la belleza no es un elemento indispensable del juego. Además, la forma bella puede ser encontrada y disfrutada en la naturaleza. La experiencia estética, a diferencia de la lúdica, no implica necesariamente la acción del sujeto: lo que se busca y es valorado como un bien en sí mismo puede ser simplemente la forma bella “fuera” de uno mismo, y la experiencia “interna” de la apreciación de la belleza” (op.cit., p. 87-88).

Texto nº22: “Parte de la colaboración entre una persona y otra es sólo instrumental para una más fácil realización de sus propósitos individuales por parte de una y otra. Pero la amistad implica actuar por el bienestar del amigo, como un fin en sí mismo. Encontrarse en una relación de amistad con al menos una persona es una forma fundamental de bien, ¿o no?” (op.cit., p. 88).

Texto nº23: “Existe el bien básico de ser capaz de poner la propia inteligencia a operar eficazmente sobre los problemas de escoger entre diversas acciones y estilos de vida y modelar el propio carácter. Negativamente, esto implica que uno disponga de cierta medida de libertad efectiva; positivamente, implica que se busca poner un orden inteligente y razonable en las acciones y los hábitos y actitudes prácticas de uno”

Texto nº24: “Puede suscitar malentendidos la idea de presentar al establecimiento y mantenimiento de relaciones adecuadas con lo divino como uno de los valores humanos básicos. Pues hay, siempre, aquellos que ponen en duda o niegan que el orden de cosas universal tenga ningún origen más allá de los “orígenes” conocidos por las ciencias naturales [...]. Pero ¿es razonable negar que es, en todo caso, especialmente importante haber pensado razonablemente y, en la medida de lo posible, correctamente sobre estas cuestiones de los orígenes del orden cósmico y de la libertad y la razón humanas, cualquiera que resulte ser la respuesta a esas preguntas, e incluso si las respuestas tienen que ser agnósticas o negativas” (op.cit., p.89).

Texto nº25: “Además de la vida, el conocimiento, el juego, la experiencia estética, la amistad, la razonabilidad práctica y la religión, hay innumerables objetivos y formas de bien. Pero sugiero que estos otros objetivos y formas de bien, al ser analizados, resultarán no ser más que formas de alcanzar, o combinaciones de formas de alcanzar (no siempre sensatamente) y realizar (no siempre con éxito) una de las siete formas básicas de bien, o alguna combinación de ellas” (op. cit., p. 90).

Texto nº26: “Cada una [de estas siete] es, con igual evidencia, una forma de bien. [...] Ninguna puede ser reducida a ser simplemente un aspecto de alguna de las demás, o un mero instrumento para la realización de alguna de las demás. [...] Cada una de ellas, cuando nos concentramos sobre ella, puede ser considerada razonablemente como la más importante. Por tanto, no existe una jerarquía objetiva entre ellas” (op. cit., p. 92).

Texto nº27: “Por supuesto, cada uno de nosotros puede elegir razonablemente tratar a uno o varios de estos valores como más importantes para su propia vida. [Por ejemplo] Un intelectual elige dedicarse a la búsqueda del conocimiento, y por tanto otorga prioridad a las exigencias de ese valor [...]. Pero en cierto momento puede cambiar sus prioridades: puede arriesgar su vida para salvar a un hombre que se está ahogando, o sacrificar su carrera científica para cuidar de su esposa enferma o para luchar por su comunidad. El cambio no afecta a la relación objetiva entre los valores básicos; [...] más bien, el cambio tiene lugar en su plan de vida. [...] Su nueva elección modifica el status del valor para él; el cambio está en él. Cada uno de nosotros tiene un orden de prioridades subjetivo entre los valores básicos [...]” (op.cit., p. 93).

Texto nº28: “El error típico de la modernidad consiste en intentar encontrar una forma de bienestar más básica e importante para el hombre que cualquiera de los siete valores básicos, es decir, alguna forma de experiencia (tal como el “placer”, o la “paz de espíritu”, o la “libertad”, etc. [...]) [que es erigido en valor supremo]. [...] Pero esta idea según la cual el placer, o algún otro sentimiento real o imaginario, es lo más importante [the point of everything], es errónea. No es coherente con la historia y la antropología” (op. cit., p. 95).

Texto nº29: “Llevemos a cabo el experimento mental propuesto por Robert Nozick (Anarchy, State and Utopia, 1974, pp. 42-45). Supongamos que pudiéramos ser enchufados a una “máquina de experiencia” que, estimulando nuestro cerebro mientras flotamos en un tanque, nos proporcionaría todas las experiencias que eligiéramos, con toda la variedad que pudiéramos desear, pero con la condición de que tendríamos que enchufarnos para toda la vida, o no enchufarnos en absoluto. [...] Lo cierto, ¿verdad?, es que, si somos sensatos, escogeremos no enchufarnos. Pues, como concluye acertadamente Nozick, uno desea hacer ciertas cosas, y no simplemente tener la sensación de hacerlas; uno desea ser cierto tipo de persona a través de una autodeterminación y autorrealización auténticas; uno desea vivirse a sí mismo [to live oneself], construyendo un mundo real a través de la persecución real de los valores [...]” (op. cit., p. 95-96).

Texto nº30: “Pero la autodeterminación y la autorrealización nunca son consumadas, nunca están definitiva y exitosamente completas. Ni un valor básico se encuentra al final de una elección, una actividad o una vida, en la forma en que la culminación de una proeza física [...] típicamente se encuentra al final del esfuerzo. Por tanto, en este contexto, “persecución” y “realización” son términos bastante equívocos en sus connotaciones, y es preferible decir que uno participa de los valores básicos” (op.cit., p. 96).

Texto nº31: “Los principios prácticos que ordenan [enjoin] participar de esas formas básicas de bien [...] han sido llamados “primeros principios del Derecho natural” en la tradición filosófica occidental, pues dibujan el perfil de todo lo que uno razonablemente podría querer hacer, tener y ser” (op.cit., p. 97).





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