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January 5th, 2014 The Epiphany of the Lord


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January 5th, 2014

The Epiphany of the Lord

MASSES for the WEEK


Misas de la Semana


SATURDAY, (Sábado) JANUARY 4

8:00 Special Intentions of Sister Nonye Ikegbuna

5:00 Silvia Maria Rada

SUNDAY, (Domingo) JANUARY 5

7:30 For the People of the Parish

8:30 Juan de la Cruz Diaz

10:30 Torlucci & Shanahan Families

12:00 Jose Maria, Maria Teresa y Transito Guallpa

MONDAY, (Lunes) JANUARY 6

8:00 Sid Deskins


TUESDAY, (Martes) JANUARY 7

8:00 For the Soul of Robert Rizzie

WEDNESDAY,(Miércoles) JANUARY 8

8:00 For the Soul of Edgar Amaranto

THURSDAY, (Jueves) JANUARY 9

8:00 Joe Barthel


FRIDAY, (Viernes) JANUARY 10

8:00 For the Intentions of Bill Narduzzi

SATURDAY, (Sábado) JANUARY 11

8:00 For the Intentions of the Narduzzi children

5:00 Joe Barthel

SUNDAY, (Domingo) JANUARY 12

7:30 Gloria Molina

8:30 Por los Feligreses de la Parroquia

10:30 Lena & Harry Rubinetti

12:00 Por las Almas en el Purgatorio

From the Pastor’s Desk…

In the spiritual life, there are two kinds of resolutions we can make and both with seemingly good intentions. As we begin the New Year, we are very conscious of “resolutions.” How many end up being broken? Many!
The first type of resolution, again perhaps with good intention is destined to fail. “Lord, I promise you to pray the rosary every day, not to lie, not to talk about my neighbor, to go to Mass during the week, to do daily spiritual readings, etc. etc.” Is there something wrong with such resolutions? No. In fact, at first glance: they are good, noble if they come from the heart. However, there is one important element lacking in them.

Because of our fallen human nature, inherited from Original Sin, the fall of our first parents, Adam and Eve, we are weak and prone to sin. In order to do God’s will, we need supernatural help: His grace to strengthen to our human will. His power to do what is for us not just difficult but actually impossible.


Now, we arrive at the second type of resolution which really is not a resolution at all. It is a cry for help to our loving Father, God.
“Lord, you know me so well. How many good intentions did I have in my life to resolve not to sin and do your Will. Over and over again I have failed. I have been sad and discouraged at my sins and failings, despite promising you and even making resolutions to abandon vice and be virtuous. It could have been fleeing anger and seeking patience and weakness; impurity for chastity, laziness, sloth for courage and fortitude, gluttony for temperance etc… After so many falls and failed resolutions, I am tempted to be discouraged. How miserable am I!”
“Now the greater our knowledge of our own misery, the more profound will be our confidence in the goodness and mercy of God; for between mercy and misery there is so close a connection that one cannot be exercised without the other. If God had not created man He would still indeed have been perfect in goodness, but He would not have been totally merciful, since mercy can be only be exercised toward the miserable. You see then the more miserable we know ourselves to be, the more occasion we have to confide in God, since we have nothing in ourselves in which we can trust, the mistrust of ourselves proceeds from the knowledge of our imperfections. It is a very good thing to mistrust ourselves, but at the same time to know how will it avail us, unless we cast our whole confidence upon God and wait for His mercy? (Saint Francis De Sales: Spiritual Conferences: The Newman Bookshop, Westminister, MD. 1943, p, 16-17)
Now we change our approach to God. Instead of making resolutions—which is really a reliance on self—and again doomed to fail—with humble childlike confidence we kneel before our tender, merciful, Father…How delighted He is to receive us—when we are HUMBLE and confident in Him.

We have arrived to the second type of resolution—which is not a resolution but a prayerful plea to God.

“Lord be merciful to me a sinner. I have neither the will nor the strength on my own to make a resolution to do your will…With your help, I beg you to pity my weakness and give me the grace not to sin again. My falls, brought me sadness and surprise before—but oh no not now. For I know that despite my misery, you can do all things in me because you infinitely love me. I am your son or daughter.
I RESOLVE WITH THE HELP OF YOUR GRACE TO HUMBLY TRUST AND HOPE ONLY IN YOU…GIVE ME THE GRACE TO KEEP THIS RESOLUTION. PRESS ME CLOSE TO YOUR TENDER MERCIFUL HEART. AMEN.”


Father George
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Del Buró Del Párroco

En la vida espiritual, hay dos tipos de resoluciones que podemos hacer y ambos con intenciones aparentemente buenas. Al comenzar el año nuevo, estamos muy conscientes de "resoluciones". ¿Cuántas terminarán rompiéndose? ¡Muchos!
El primer tipo de resolución, de nuevo, tal vez con buena intención, está destinada al fracaso. "Señor, te prometo rezar el rosario todos los días, no mentir, no hablar de mi vecino, ir a misa durante la semana, hacer lecturas espirituales diarias, etc, etc" ¿Hay algo malo con este tipo de resoluciones? No. De hecho, a primera vista: son buenas, nobles, si vienen desde el corazón. Sin embargo, hay un elemento importante carente en ellas.
Debido a nuestra débil naturaleza humana, heredada del pecado original, la caída de nuestros primeros padres, Adán y Eva, somos débiles y propensos a pecar. Con el fin de hacer la voluntad de Dios, necesitamos la ayuda sobrenatural: su gracia para dar a nuestra voluntad humana. Su poder para hacer lo que para nosotros no sólo es difícil sino en realidad imposible.
Ahora, llegamos al segundo tipo de resolución que en realidad no es una resolución en absoluto. Es un grito de ayuda a nuestro amoroso Padre, Dios.
“Señor, me conoces tan bien. ¿Cuántas buenas intenciones tuve en mi vida para decidir no volver a pecar y hacer su voluntad? Una y otra vez he fallado. He estado triste y desalentado en mis pecados y defectos, a pesar de que te prometí e incluso hice resoluciones de abandonar el vicio y ser virtuoso. Pudo haber sido huyendo la ira y la búsqueda de la paciencia y la debilidad, la impureza de la castidad, la pereza, la pereza de valor y fortaleza, la gula por la templanza, etc ... Después de tantas caídas y resoluciones vanas, estoy tentado por el desánimo. ¡Qué miserable soy! "
“Ahora, cuanto mayor conocimiento de nuestra propia miseria, más profunda será nuestra confianza en la bondad y la misericordia de Dios, porque entre la misericordia y la miseria hay una conexión tan cercana que no puede ejercerse una sin la otra. Si Dios no hubiera creado al hombre Él seguiría siendo perfecto en bondad, pero Él no habría sido totalmente misericordioso, ya que la misericordia sólo puede ser ejercida hacia los miserables. Entonces vemos que cuanto más consientes somos de nuestra miseria, más oportunidades tenemos para confiar en Dios, ya que no tenemos nada en nosotros mismos en lo que podemos confiar, la desconfianza de nosotros mismos procede del conocimiento de nuestras imperfecciones. Desconfiar de nosotros mismos es algo muy bueno pero al mismo tiempo debemos saber cómo nos va a servir, a menos que echemos toda nuestra confianza en Dios y esperemos su misericordia.” (San Francisco De Sales: Conferencias Espirituales: The Newman Bookshop, Westminister, MD. 1943, p, 16-17)

Ahora cambiamos nuestro acercamiento a Dios. En vez de hacer resoluciones-que en realidad es una confianza en nosotros mismos y nuevamente condenada al fracaso-con confianza filial y humilde nos arrodillamos ante nuestro tierno, misericordioso, Padre ... Que encantado que Él esta de recibirnos cuando somos humildes y confiados en Él.


Hemos llegado al segundo tipo de resolución-que no es una resolución sino un ruego en oración a Dios.
"Señor, ten piedad a mí, un pecador. No tengo ni la voluntad ni la fuerza por mi mismo para hacer una resolución para hacer tu voluntad... Con tu ayuda, te ruego piedad por mi debilidad y dame la gracia de no volver a pecar. Mis caídas me trajeron tristeza y sorpresa antes-pero oh no, ¡no ahora! Porque yo sé que a pesar de mi miseria, tu puedes hacer todas las cosas en mí porque me amas infinitamente. Yo soy tu hijo o hija.

RESUELVO CON LA AYUDA DE TU GRACIA A HUMILDEMENTE CONFIAR Y TENER ESPERANZA SOLAMENTE EN TÍ... DAME LA GRACIA PARA MANTENER ESTA RESOLUCIÓN. ABRAZAME FUERTE CERCA DE TU TIERNO Y MISERICORDIOSO CORAZÓN. AMEN."



Padre George Faour, Pastor

Traducido por Johanna Hernandez y Fernando Perez


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