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Isaac Asimov Vida y tiempo


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Isaac Asimov


Vida y tiempo

Título original: LIFE AND TIME



ÍNDICE


ÍNDICE 2

INTRODUCCIÓN 3

PRIMERA PARTE - VIDA PASADA 5

SEGUNDA PARTE - VIDA PRESENTE 54

TERCERA PARTE: VIDA FUTURA 115

EPÍLOGO 171

Solapas de las portadas: 172




INTRODUCCIÓN



Hace dos siglos y medio, el poeta inglés Alexander Pope, en su An Essay on Man, dijo: «El estudio propio de la Humanidad es el hombre1».

Esto parece aconsejarnos que nos limitemos a una estrechez de miras, a un chauvinismo humano.

¿Debemos hacer semejante cosa? ¿Tenemos que ignorar todo el vasto universo, estudiarnos sólo a nosotros mismos, nuestras flaquezas, estupideces y grandeza microscópica, dejando de lado todo lo demás? Desde luego, tal sacrificio no seria sólo indigno y egoísta, sino que supondría para nosotros una infinita pérdida.

Pero entonces no podemos hacer una cita sin salir del contexto. Así, pues, tomemos dos líneas al menos, aún fuera de contexto, pero quizá por ello menos peligrosas:

Conócete, pues, a ti mismo, no quieras saber tanto como Dios. El estudio propio de la Humanidad es el hombre.



Estas dos líneas establecen la antitesis de Pope entre el hombre y Dios; entre un Universo que se rige por una ley natural, por un lado, y por el otro, por lo que haya más allá del Universo y no conoce ningún tipo de limitación.

Si consideramos esta división, vemos que la Ciencia (con C mayúscula) sigue, precisamente, la recomendación de Pope. Trata del Universo y de las generalizaciones que uno puede deducir e inducir observando el Universo, así como experimentando cuando ello es posible. Haya lo que haya más allá o fuera del Universo, lo que no esté sujeto a ninguna ley, ni pueda ser percibido, observado, medido y experimentado, no puede ser objeto de la atención de la Ciencia. Tales materias no pueden ser objetivo de la Ciencia.

No quiero decir que la Ciencia deba retirarse humildemente. No puede volver necesariamente su espalda al Más Allá, desconcertada y supersticiosa, para ocuparse de menesteres inferiores.

Cuando Napoleón hojeó los volúmenes de Mecánica Celestial, la monumental obra prerrelativa acerca de la teoría gravitacional, complemento de la de Isaac Newton le dijo a Pierre Simón de Laplace su autor: «No veo ninguna mención a Dios en su descripción del funcionamiento del Universo».

A lo que Laplace respondió con firmeza: «Sire, no necesito semejante hipótesis».

Pero si la Ciencia reacciona frente al Más Allá con temor suficiencia o desprecio, el asunto se lo deja a los filósofos y teólogos, lo cual, en mi opinión, es lo más correcto.

Tras haber manifestado todo esto, queda, sin embargo, una gran parte del Universo sometido a leyes que escapan a la mente humana. Así, pues, ¿debemos limitar nuestros estudios únicamente al hombre? Pensándolo bien, tal estudio no es en realidad limitativo, ya que el hombre no existe en un vacío. Cualquier otra forma de vida influye en nosotros, directa o indirectamente; cada condición inanimada ambiental sobre la Tierra nos afecta. Incluso cuerpos distantes como la Luna y el Sol ejercen un efecto sobre nosotros. Estamos tan sujetos a las leyes del Universo como el más pequeño átomo o el más distante quasar. Si emprendemos el estudio de lo infinitamente pequeño, de lo infinitamente grande, lo infinitamente distante o abstracto, a -fin de elucidar tales leyes, entonces todas esas infinidades conciernen al hombre directa y egoístamente. Así, pues, estudiar al hombre es estudiar el Universo entero. Todo ello no debe distorsionar nuestra visión del Universo hasta él punto de mirarlo sólo a través de la mirilla de su efecto sobre nosotros. Estamos justificados en el colosal error de juzgarlo todo según el efecto que tenga sobre nosotros (como aquel director de un periódico de Denver, el cual insistía en que una pelea de perros en su ciudad merecía más espacio en sus columnas que un terremoto en China).

Después de todo, ¿quién aparte nosotros se preocupa de los efectos del Universo sobre nosotros mismos?

La Tierra existía ya unos tres mil millones de años con una presencia de vida que no incluía ningún homínido. La Tierra y la vida que en ella existía iba bien en aquél tiempo y hubiera seguido bien (y, en cierto modo, mejor) si los homínidos no hubieran aparecido nunca.

En cuanto a lo existente fuera de la Tierra (con excepción de la Luna, reciente y brevemente) nada ha sido afectado en modo alguno por el hombre, si excluimos el efecto de sondas no tripuladas y las débiles pulsaciones de la radiación electromagnética que lo alcanza enviado por el hombre. Generalmente, el universo no sabe que el hombre existe, y no le preocupa.

Sin embargo, podemos argüir que el hombre es absolutamente una parte única del Universo. Es una porción del Universo que, tras un natural y extraordinariamente lento desarrollo, que empezó con el Gran Estallido hace quince mil millones de años, se ha convertido en lo bastante complejo como para tener conciencia del Universo.

Nosotros no podemos ser la única porción del Universo que haya alcanzado tal complejidad. Tiene que haber miles de millones de otras especies en otros mundos alrededor de otras estrellas tanto en ésta como en otras galaxias que observan el Universo con inteligencia y curiosidad. Algunos habrán permanecido en este estado presumiblemente feliz más tiempo que nuestras propias especies» pueden haber desarrollado cerebros más sofisticados, así como más perfectos instrumentos de observación y medición, de modo que sabrán y comprenderán más que nosotros.

No obstante, carecemos de pruebas de la existencia de estos otros. A pesar de lo muy seguros que estemos que deben existir, es únicamente una certeza interior basada en suposiciones y deducciones, sin el apoyo de ninguna observación directa.2 Sigue siendo concebible que podemos ser los poseedores de la única mente capaz de observar él Universo.

Bien, si no podemos existir sin él Universo, tampoco éste puede ser observado ni comprendido sin nosotros. Si colocamos al Observado y al Observador, o Adivinanza y Solución, sobre una base de igualdad, entonces el hombre es tan importante como el Universo y debe considerarse legítimo estudiar el Universo a través del hombre.

En esta recopilación de ensayos, trato, más o menos, de los aspectos del Universo que influyen directamente en el hombre y demás vida terrestre: pasada, presente y futura. Por ello la he titulado Vida y Tiempo.
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