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Ulrich Beck

¿Qué es la globalización?



INTRODUCCION Error: Reference source not found

ENTRE LA ECONOMÍA MUNDIAL Y LA INDIVIDUALIZACIÓN, EL ESTADO NACIONAL PIERDE SU SOBERANÍA: ¿QUÉ HACER? Error: Reference source not found

INTRODUCCION 3

EL CHOQUE DE LA GLOBALIZACIÓN:


UN DEBATE QUE LLEGA CON RETRASO 18



3. LóGicAs, DIMENSIONES Y CONSECUENCIAS DE LA GLOBALIZACIÓN
38


BALANCE PROVISIONAL EL «NACIONALISMO MET000LÓGICO» Y SU CONTRADICCIÓN
79


¿CÓMO ES POSIBLE LA CRÍTICA INTERCULTURAL?
94



EN TORNO A LA SOCIEDAD MUNDIAL:
PERSPECTIVAS CONCURRENTES 105


SOCIEDAD MUNDIAL CAPITALISTA
114


PERSPECTIVAS: EL ESTADO TRANSNACIONAL
127


¿QuÉ HAY DESPUÉS DEL MODELO VOLKSWAGEN DE NACIÓN
EXPORTADORA? LA FIJACIÓN DE NUEVOS OBJETIVOS CULTURALES POLÍTICOS Y ECONÓMICOS
162



EUROPA COMO RESPUESTA A LA GLOBALIZACIÓN 179



ESCENARIO DE DECADENCIA A LA CARTA
O LA BRASILEÑIZACIÓN DE EUROPA
183



Ilustración 1

Este libro aborda con detenimiento y claridad el arduo y problemático tema de la globalización: su polivalencia, su ambigüedad y sus dimensiones (raras veces diferenciadas).Así, pretende descubrir trampas mentales y enseñar a eludirlas, pero sobre todo a abrir el horizonte a respuestas políticas respecto al tema en cuestión. En el fondo de todo, sin embargo, late esta doble pregunta, a la vez sencillísima y de una gran complejidad: ¿qué es la globalización y ¿cómo configurarla políticamente? Así, a la sombra de este ensayo han surgido dos tendencias críticas en las que se documentan y presentan diversos hilos temáticos, experiencias y controversias sobre la globalización, con la ayuda de textos clásicos y recientes: por un lado, la política de la globalización; por otro, las perspectivas de la sociedad mundial: sus controversias, conflictos y paradojas. Pero los motivos de fondo, en fin, continúan siendo los mismos: la pérdida de la soberanía del Estado nacional entre la economía mundial y la individualización, el shock de la globalización como debate eternamente aplazado, la apertura del horizonte mundial hacia la sociología de la globalización, el surgimiento de una visión cosmopolita en la sociedad civil transnacional, los interrogantes sobre nuevas perspectivas conjuntas en torno a la sociedad mundial...Toda una serie de cuestiones que la obra de Beck ayuda a aclarar y dilucidar con un estilo ameno y sencillo que en ningún momento excluye la seriedad y el rigor.



Con la demolición pacífica del muro de Berlín y el colapso del imperio soviético fueron muchos los que creyeron que había sonado el final de la politica y nacía una época situada más allá del socialismo y el capitalismo, de la utopía y la emancipación. Pero, en los últimos años, estos defenestradores de lo político han bajado bastante el tono de su voz. En efecto, el término «globalización», actualmente omnipresente en toda manifestación pública, no apunta precisamente al final de la política, sino simplemente a una salida de lo político del marco categorial del Estado nacional y del sistema de roles al uso de eso que se ha dado en llamar el quehacer «político» y «no-político». En efecto, independientemente de lo
que pueda apuntar, en cuanto al contenido, la nueva retórica de la globalización (de la economía, de los mercados, de la competencia por un puesto de trabajo, de la producción, de la prestación de servicios y las distintas corrientes en el ámbito de las finanzas, de la información y de la vida en general), saltan a la vista de manera puntual las importantes consecuencias polfticas de la escenificación del riesgo de globalización económica: es posible que instituciones industriales que parecían completamente cerradas a la configuración politica «estallen» y se abran al discurso político. Los presupuestos del Estado asistencial y del sistema de pensiones, de la ayuda social y de la política municipal de infraestructuras, así como el poder organizado de los sindicatos, el superelaborado sistema de negociación de la autonomía salarial, el gasto público, el sistema impositivo y la «justicia impositiva», todo ello se disuelve y resuelve, bajo el sol del desierto de la globalización, en una (exigencia de) configurabiidad política. Todos los actores sociales deben reaccionar y dar una respuesta concreta en este ámbito, donde curiosamente las respuestas no siguen ya el viejo esquema derecha-izquierda de la práctica política.’
1. Véase al respecto A. Giddens, Jenseits von Links und Rechts, Francfort del

INTRODUCCION


¿Se puede decir que lo que fue la lucha de clases en el siglo xix para el movimiento obrero es la cuestión de la globalización en el umbral del siglo xx para las empresas que operan a nivel transnacional? (Con la diferencia, por cierto esencial, de que el movimiento obrero actuaba como un contrapoder, mientras que las empresas globales están actuando hasta la fecha sin tener ningún contrapoder —transnacional— enfrente.)
CPor qué la globalización significa politización? Porque la puesta en escena de la globalización permite a los empresarios, y sus asociados, reconquistar y volver a disponer del poder negociador política y socialmente domesticado del capitalismo democráticamente organiza. do. La globalización posibilita eso que sin duda estuvo siempre presente en el capitalismo, pero que se mantuvo en estado larvado durante la fase de su domesticación por la sociedad estatal y democrática:
que los empresarios, sobre todo los que se mueven a nivel planetario, puedan desempeñar un papel clave en la configuración no sólo de la economía, sino también de la sociedad en su conjunto, aun cuando «sólo» fuera por el poder que tienen para privar a la sociedad de sus recursos materiales (capital, impuestos, puestos de trabajo). J
La economía que actúa a nivel mundial socava los cimientos de las
- . .
economias nacionales y de los Estados nacionale lo cual desencadena a su vez una subpolitización de alcance compltamente nuevo y de consecuencias imprevisiblesC$e trata de que, en este nuevo «asalto», el viejo enemigo «trabajo» se está viendo relegado a la vía muerta de la historia, pero también, fundamentalmente, de que «se está dando la jubilación»or así decir, al «capitalismo general ideal», como llamara Marx al Estado; se trata, en definitiva, de la liberación respecto de los corsés del trabajo y el Estado tal y como han existido en los siglos
xix yxx)
«Todo lo que es estamental y tradicional, y está anquilosado y encalTecido, se está evaporando», había pregonado Marx en su Manfiesto comunista de manera bastante tajante con referencia al potencial revolucionario del capitai Lo «estamental» era entonces la organización social-estatal y sindicaídel trabajo, y «lo anquilosado y encallecido» eran las ventajas burocráticas y el esquilmamiento del pueblo por parte del Estado (nacional). Vemos, así, cómo las nuevas dimensiones de la «política imperativa y realista» de la globalización se asientan sobre unos fundamentos caracterizados por su efectividad y elegancia.

(Por lo tanto, como se oye decir por doquier, no es la política particular de los empresarios, sino la «globalización» la que parece forzar esta serie de radicales)Por lo demás, según las «leyes» del mercado gTobarlvay que buscar no-A para obtener A; como, por ejemplo, eliminar o «secuestrar» puestos de trabajo para asegurar puestos de trabajo en un determinado lugar. Precisamente porque el trabajo se puede y debe reducir o rarificarse para incrementar los beneficios, la política actual se trasmuta subrepticiamente en su contrariceodo el qiefornenta el crecimientoeconóçcbgne. rando desempleo; y todo el que rebajadráticamentdos instos para que aumenten las posibilidades de beneficios generajjente también. desempleo)Las paradojas políticas y sociales de una economía transnacional, que con la «eliminación de las trabas a la inversión» (es decir, con la eliminación de la normativa ecológica, sindical, asistencial y fiscal) debe ser mimada y premiada para que destruya cada vez más trabajo y de este modo se incrementejç vez


producción y los beneficios, deben quedar no obstante científicamente evidenciadas y políticamente reforzadas.
Lo cual quiere decir lo siguiente: la puesta en escena de la globalización como factor amenazador, es decir, lÇolítica de la globalización, no pretende solamente eliminar las trabas de los sindicatos, sino también las d el Estad2 ci 1, con otras palabras, pretendç restar poder a la política estata1-nacion)L.a retórica de los representantes económicos más importantes en contra de la política social estatal y de sus valedores deja poco que desear en cuanto a claridad. Pretenden, en definitiva, desmantelar el aparato y las tareas estatales con vistas a la realización de la utopía del anarquismo mercant, tag mínimo. Con lo que, paradójicamente, a menudo ocurre que se responde a la globalización con la renacionalización3
(No se suele reconocer que, en el tema de la globalización, no sólo «se juegan la piel» los sindicatos, sino también la política y el Estado. Los políticos de los distintos partidos, sorprendidos y fascinados jr la globalización «debilitadora de instituciones», están empezando a sospechar vagamente que, como dijera Marx tiempo ha, se pueden convertir en sus propios «sepultureros>3 De todos modos, personalmente yo no puedo por menos de considerar una ironía el que algunos políticos pidan a voces mercado, mercado y más mercado y no se den cuenta de que, de este modo, están matando el mismísimo nervio vital

y cerrando peligrosamente el grifo del dinero y del poder. ¿Se ha visto alguna vez una representación más descerebrada y alegre de un suicidio tan manifiesto?


Pero ¿en qué se funda el nuevo poder de ios empresarios transnacionales? ¿De dónde surge y cómo se reproduce su potencial estratégico?
A nadie se le oculta que se ha producido una especie de toma de los centros materiales vitales de las sociedades modernas que tienen Estados nacionales, y ello sin revolución, sin cambio de leyes ni de Constitución; es decir, mediante el desenvolvimiento simple y normal de la vida cotidiana o, como suele decirse, con el business as usual.
(En primer lugar, podemos exportar puestos de trabajo allí donde son más bajos los costes laborales y las cargas fiscales a la creación de mano de obra.
(.En segundo lugar, estamos en condiciones (a causa de las nuevas técnicas de la información, que llegan hasta los últimos rincones del mundo) de desmenuzar los productos y las prestaciones de servicios, así como de repartir el trabajo por todo el mundo, de manera que las etiquetas nacionales y empresariales nos pueden inducir fácilmente a error.
En tercer lugar, estamos en condiciones de servirnos de los Estados nacionales y de los centros de producción individuales en contra de ellos mismos y, de este modo, conseguir «pactos globales» con vistas a unas condiciones impositivas más suaves y unas infraestructuras más favorables; asimismo ,odemos «castigar» a los Estados nacionales cuado se muestran «careros» o «poco amigos de nuestras inversiones».]
En cuarto, y último, lugar, podemos distinguir automáticamente en medio de las fragosidades —controladas— de la producción global entre lugar de inversión, lugar de producción, lugar de declaración fiscal y lugar de residencia, lo que supone que los cuadros dirigentes podrán vivir y residir allí donde les resulte más atractivo y pagar los impuestos allí donde les resulte menos gravosos
Y, nótese bien, todo esto sin que medien suplicatorios ni deliberaciones parlamentarias, decretos gubernamentales, cambios de leyes ni, siquiera, un simple debate público. Esto justifica, por su parte, el concepto de «subpolítica»,2 entendida no como una (teoría de la) conspi 2 Se encontrará ampliamente tratado el concepto de «subpolítica» en U. Beck (comp.), Die Erfindung des Politischen, Francfort del Meno, 1993, cap. V, págs. 149-171.

ración sino como un conjunto de oportunidades de acción y de poder suplementarias más allá del sistema político, oportunidades reservadas a las empresas que se mueven en el ámbito de la sociedad mundial: el equilibrio y el pacto de poder de la primera modernidad de la sociedad industrial quedan así revocados y —obviando al gobierno y al parlamento, a la opinión pública y a los jueces— se traspasan a la autogestión de la actividad económica. El paso a la política de la globalización, aún no estipulada pero que escribe en cada caso desde cero las reglas de jueg sociales, se ha producido de manera suave y normal y con lalegitimacide algo que es inevitable: la modernizaclon.


El Estado nacional es un Estado territorial, es decir, que basa su poder en su apego a un lugar concreto (en el control de las asociaciones, la aprobación de leyes vinculantes, la defensa de las fronteras, etc.). Por su parte, la sociedad global, que a resultas de la globalización se ha ramificado en muchas dimensiones, y no sólo las económicas, se entremezcia con —y al mismo tiempo relativiza— el Estado nacional, como quiera que existe una multiplicidad —no vinculada a un lugar— de/círculos sociales, redes de comunicación,laciones de mercado y modos de vida que traspasan en todas direcciones las fronteras territoriales del Estado nacionajsto aparece en todos los pilares de la autoridad nacional-estatal:la fiscalidad, las atribuciones especiales de la policía, la política exterior o la defensa. Consideremos, por ejemplo, ci caso de la fiscalidad.
(Tras una subida de impuestos no se esconde una autoridad cualquiera, sino el mismísimo principio de la autoridad del Estado nacional. La soberanía en materia fiscal está ligada al concepto de control de las actividades económicas en el interior de un territorio concreto, premisa que, considerando las verdaderas posibilidades de comercio existentes a nivel global, resulta cada vez más ficticiLas empresas--. pueden producir en un país, pagar impuestos en otro y exigir gastos
estatales en forma de creación de infraestructuras en un tercer país. Las personas se han vuelto más móviles —y más ingeniosas— para, cuando son ricas, encontrar y explotar subterfugios o fisuras en las redes de arrastre del Estado nacional, o, cuando disponen de una com- / petencia o mercancía muy demandada, instalar la mano de obra allí donde les resulta más ventajoso; o, finalmente, cuando son pobres, para emigrar allí donde creen atisbar un porvenir de bienestar y abundancia. Por su parte, se enredan en un mar de contradicciones lo. j
tentos de los Estados nacionales por mantenerse aislados, pues, ¡
subsistir en medio de la competencia de la sociedad mundial, c
país tiene que atraer imperiosamente capital, mano de obra y ______ Los gladiadores del crecimiento económico, tan cortejados por 1
políticos, socavan la autoridad del Estado al exijrle prestaciones pc
un lado y, por el otro, negarse a pagar impuestosf Lo curioso del caso que son precisamente los más ricos los que se ielven contribuyentes vfrtiaes, toda vez que su riqueza descansa en última inse virtuosismo de lo virtual. Así, de manera (las más de la veces) legal pero ilegítima, están socavando el bien general que tanto proclaman
La revista Fortune, que publica regularmente la lista de ls quinientos empresarios más ricos del mundo, se congratula de que éstos hayan «traspasado las fronteras para conquistar nuevos mercados y fagocitar la competencia local. Cuantos más países hay, mayores son los beneficiosYos beneficios de las quinientas empresas más grandes del mundo han aumentado un 13 %,mientras que su volumen de negocio sólo lo ha hecho en un 11%». J
Der Spiegel. «Un milagro económico especial tiene atemorizada a la nación. En las empresas se ha infiltrado una nueva generación de altos ejecutivos que rinden culto, a imitación de EE.UU., a la acción bursátil. Resultado fatídico: la bolsa recompensa a los destructores de em2leos.»4
(Los empresarios han descubierto la nueva fórmula mágica de la riqueza, que no es otra que «capitalismo sin fra bajo mas calisro sin impuestos La recaudación por iniuestos a las empresas—1
impuestos que gravan los beneficios de éstas— cayó entre 1989 y 1993 en un 18,6%, y el volumen total de lo recaudado por este concepto se redujo drásticamente a la mitad. «La red social debe transformarse y dotarse de nuevos fundamentos», sostiene André Gorz. «Pero con esta transformación —que no supresión— cabe pregun 3 Fortune, Nueva York, 5-8-1996, citada por Frédéric F. Ciairmont en «Endiose Profite, endiiche Weit», Le Monde diplomatique, 11 de abril de 1997, pág. 1, donde se encontrarán también aigunos datos sobre el desarrollo transnacional.
tarse igualmente por qué se ha vuelto aparentemente infinanciabi
‘Los países de la UE se han hecho más ricos en los últimos veinte años en un porcentaje que oscila entre el 50 y el 70%. La economía ha crecido mucho más deprisa que la población. Y, sin embargo, la UE cuenta ahora con veinte millones de parados, cincuenta millones de pobres y cinco millones de personas sin techo. ¿Dónde ha ido a parar este plus de riqueza? En Estados Unidos, es de sobra sabido que el crecimiento económico sólo ha enriquecido al 10% más acomodado de la población. Este 10% se ha llevado el 96% del plus de riqueza. La situación no ha sido tan crítica en Europa, aunque aquí las cosas no difieren tampoco sustancialmente.]
(»EnAlemania, los beneficios de las empresas han aumentado desde 1979 çn un 90%, mientras que los salarios sólo haiechqen__ 6%. Pero los ingresos fiscales procedentes de los salarios se han dulT ado en los últimos diez años, mientras que los ingresos fiscales por actividades empresariales se han reducido a la mita sólo representan un 13% de los ingresos fiscales globales. En 1980 representaban aún el 23%; en 1960, hasta el 35%. De no haber bajado del 25%, el Estado habría recaudado en los últimos años ochenta mil millones de marcos suplementarios por año.
(»En los demás países se advierte una evolución parecida. La mayoría de las firmas multinacionales, como Siemens o BMW, ya no pagan en sus respectivos países ningún impuesto... Mientras esto siga así..., la gente tendrá todo su derecho a no estar contenta de que le reduzcan las prestaciones sociales, las pensiones y los salarios.»]
[Por su parte, las empresas transnacionales están registrando unos beneficios récord (merced sobre todo a la masiva supresión de puestos de trabajo En suslalances anuales, los consejos de administración presentan unos beneficios netos astronómicos, mientras los políticos, que tienen que justificar unas cifras de paro escandalosas, suben los impuestos con la yana esperanza de que, con la nueva riqueza de los ricos, se creen al menos unos cuantos puestos de trabajo.
La consecuencia de todo esto es el aumento de la conflictividad también en el campo de la economía, es decir, entre los contribuyentes virtuales y los contribuyentes realerMientras que las muhinacionales
pueden eludir al fisco del Estado nacional, las pequeñas y me empresas, que son las que generan la mayor parte de los puestos trabajo, se ven atosigadas y asfixiadas por las infinitas trabas y grav menes de la burocracia fisca)Es un chiste de mal gusto que, en el fti turo, sean precisamente los perdedores de la globalización, tanto el F tado asistencial como la democracia en funciones, los que tengan qw financiarlo todo mientras los ganadores de la globalización consiguea unos beneficios astronómicos rluden toda responsabilidad respecto de la democracia del futuro.(Consecuencia: es preciso formular en nuevos términos teóricos y pIíticos la cuestión transcendental de la justicia social en la era de la globalizaciónj
También saltan a la vista las contradicciones del «capitalismo sin trabajo». Los directivos de las multinacionales ponen a salvo la gestión de sus negocios llevándoselos a la India del sur, pero envían a sus hijos a universidades europeas de renombre subvencionadas con dinero público. Ni se les pasa por la cabeza irse a vivir allí donde crean los pues- tos de trabajo y pagan muy pocos impuestos. Pero para sí mismos reclaman, naturalmente, derechos fundamentales políticos, sociales y civiles, cuya financiación pública torpedean. Frecuentan el teatro; disfrutan de la naturaleza y el campo, que tanto dinero cuesta conservar; y se lo pasan bomba en las metrópolis europeas aún relativamente libres de violencia y crimina1idad&in embargo, con su política exclusivamente orientada a la generación de beneficios están contribuyendo a la vez al hundimiento de este modo de vida europeqJPregunta:
¿dónde desearán vivir, ellos o sus hijos, cuando nadie financie ya los Estados democráticos de Europa?
que es bueno para el Banco de Alemania no lo es ya necesariamente para la propia Alemania. Las multinacionales abandonan el marco de los Estados nacionales y retiran defacto su lealtad para con los actores del Estado nacionacon lo cual cae también en picado el grado de integración social de sus respectivos países, y ello tanto más cuanto que más fuertemente se fundamentaba éste en el aspecto puramente económico. Son precisamente los Estados asistenciales bien acolchados los que caen en este insidioso círculo vicioso: deben pagar prestaciones codificadas a un número cada vez mayor de personas
—pronto habrá cinco millones de parados registrados solamente en Alemania— al tiempo que van perdiendo el control de los impuestos, porque, en la partida de póquer por su religación local, las empresas

transnacionales han acaparado las cartas definitivamente ganadoras. ichas empresas se subvencionan de varias maneras: primero optimizan o a creacion de in raestructuras, en segundo lugar reci ien o subvenciones, en tercer lugar minimizando los impuestos, y en cuarto lugar «externalizando» los costes del desempleo.


(Este círculo vicioso en el que cae el Estado asistencial no sólo es el resultado de unos recursos decrecientes junto agastos que suben como la espuma, sino también de la falta de medios de pacificación conforme el abismo entre pobres y ricos se va haciendo cada vez más.graiíd Dado que el marco del Estado nacional ha perdido su fuerza vinculante, los ganadores y los perdedores de la globalización dejan de sentar- se, por así decir, a la misma mesa. Los nuevos ricos ya no «necesitan» a los nuevos pobres. Entre ambos colectivos resulta difícil llegar a un compromiso, porque falta un marco común apropiado en el que se puedan abordar y regular estos conflictos que traspasan las fronteras.6
No resulta difícil imaginar que la lógica conflictual del juego capitalista sale renovada y reforzada, al tiempo que disminuyen los medios de pacificación del Estado (en su esfuerzo por que aumente el pastel a reprtir mediante un crecimiento económico forzoso).
LAsí, resulta bastante cuestionable el modelo de la primera modernidad, que se pensó y organizó sobre la base de la unidad de la identidad cultural («pueblo»), del espacio y del Estado cuando aún no estaba a la vista, ni se auspiciaba, una nueva unidad de la humanidad, del planeta y del Estado mundial.


ENTRE LA ECONOMÍA MUNDIAL Y LA INDIVIDUALIZACIÓN, EL ESTADO NACIONAL PIERDE SU SOBERANÍA: ¿QUÉ HACER?

La conclusión salta a la vista: el proyecto de la modernidad parece haber fracasado. Los filósofos de la posmodernidad fueron los primeros en extender —de manera jubilosa y enfática— el certificado de defunción a la pretensión de racionalidad por parte de la ciencia. Lo que se hace pasar por universalismo occidental de la Ilustración y de los derechos humanos no es otra cosa que la opinión de «hombres blancos, muertos o viejos», que oprimen los derechos de las minorías étnicas, religiosas y sexuales mientras imponen de manera absoluta su «metadiscurso» partidista.


(Mediante la tendencia secular a la individualización, se dice luego, se torna poroso el conglomerado social, la sociedad pierde conciencia colectiva y, por ende, su capacidad de negociación política7 La búsqueda de respuestas políticas a las grandes cuestiones del fturo se ha queda ya sin sujeto y sin lugar.
Según esta negrísima visión, la globalización económica no hace sino consumar lo que se alienta intelectualmente mediante la posmo-. dernidad y políticamente mediante la individualización, a saber, el colapso de la modernidad(El diagnóstico es el siguiente: el capitalismo se queda sin trabajo y produce paro. Con esto se quiebra la alianza histórica entre sociedad de mercado, Estado asistencial y democracia que hasta ahora ha integrado y legitimizado al modelo occidental, es decir, al proyecto de modernidad del Estado nacionai] Vistos desde esta perspectiva, los neoliberales son los liquidadores de Occidente, aun cuando se presenten como sus reformadores. Por lo que se refiere al Estado asistencial, la democracia y la vida pública, la suya es una modernización condenada a muerte.
Sin embargo, la decadencia empieza por el cerebro. El fatalismo es también una enfermedad del lenguaje. Antes de arrojarnos desde la

Torre Eiffel, deberíamos ir a ver al médico del lenguaje. «Los tos están vacíos, y ya no aprehenden, iluminan ni seducen. Lo impregna todo el mundo, tiene probablemente también su fundas to en un enmohecimiento de las pa1abras.» Lo que parece una neración podría, si sale bien, superar las ortodoxias que han hechc casar a la primera modernidad y auspiciar la irrupción de una modernidad.8


En mi libro Kínder der Freiheit (Hijos de la libertad) he tratadol mostrar cómo la denominada «degeneración de los valores» tal V signifique el final del quehacer político de la ortodoxia colect pero no el del quehacer político propiamente dicho. Paralelament desteñimiento del medio social moral, van tomando forma curii mente los fundamentos vitales —a nivel mundial— de un repub4 nismo cosmopolita, en cuyo centro se encuentra la libertad de ca cual.
En cualquier caso, es difícil elevar la voz contra el poder munc del mercado mundial. Esto sólo es posible a condición de acabar c la idea de un mercado mundial mundialmente poderoso que gobier en nuestros cerebros y paraliza toda su actividad. En este libro me gustaría enfrentarme a este megafantasma que actualmente recorre Eurq-, pa con el tirachinas de una simple diferenciación (entre, por una - te, el globalismo y, por otra, la globalidad y la globalización)4t diferenciación tiene la virtud de desmarcarse de la ortodoxia teri de lo político y lo social que surgió con el proyecto del Estado nacional de la primera modernidad y se impuso omnímodamente a nivel categorial e institucional.]
7. U. Beck, «Váter der Freiheit», en U. Beck (comp.), Kinder der Freiheit, Francfort del Meno, 1997, págs. 377 y sigs.
8. Pater semper incertus. De un tiempo a esta parte se discute acaloradamente en la prensa acerca de la paternidad de la expresión «segunda modernidad». Sin embargo, el no haber leído ni poder citar no bastan para ganarse la originalidad —ni para atraerse las sospechas—. Aufdem Weg in die Zweite Moderne es el título —bastante explícito— de una colección por mí editada. Asimismo, Aufdem Weg in eme andere Mo. derne es el subtítulo de mi libro Rísikogesellschaft, aparecido en 1986 en la edición de Suhrkamp. En esa misma colección se ha tenido ya ocasión de distinguir claramente entre «modernización sencilla» y «modernización reflexiva», así como entre «primera modernidad» y «segunda modernidad» —como por lo demás en todos los libros que han venido después—. Die Erfindung des Politischen (aparecido en 1993, también edi ÇPor

entiendo la concepción según la cual el mercado indial desaloja o sustituye al quehacer político; es decir, la ideología dominio del mercado mundial o la ideología del liberalismo. Ésta


1 de manera monocausal y economicista y reduce la pluridiionalidad de la globalización a una sola dimensión, la económica,
dimensión que considera asimismo de manera lineal, y pone sobre el lapete (cuando, y si es que, lo hace) todas las demás dimensiones —las globalizaciónes ecológica, cultural, política y social— sólo para destacar el presunto predominio del sistema de mercado mundial 3..ógica- mente, con esto no queremos negar ni minimizar la gran importancia de la globalización económica en cuanto opción y percepción de los actores más activos. El núcleo ideológico del globalismo reside más bien en que da al traste con una distinción fundamental de la primera modernidad, a saber, la existente entre política y economía. La tarea principal de la política, delimitar bien los marcos jurídicos, sociales y ecológicos dentro de ios cuales el quehacer económico es posible y legftimo socialmente, se sustrae así a la vista o se enajena(El globalismo pretende que un edificio tan complejo como Alemania —es decir, el Estado, la sociedad, la cultura, la política exterior— debe ser tratado como una empresa. En este sentido, se trata de un imperialismo de lo económico bajo el cual las empresas exigen las condiciones básicas con las que poder optimizar sus objetivos.
Resulta cuanto menos singular el hec o de que —y la manera como— el así entendido globalismo arrastra a su bando a sus mismos oponentes. Existe un globalismo afirmador, pero también otro negador, el cual, persuadido del predominio luc.aI,Idel mercado mundial, se acoge a varias formas de proteccionismo:
tado por Suhrkamp) se iba a haber llamado en un primer momento Jenseits von Links und Rechts y, en un segundo momento, Zweite Moderne; pero ambos títulos se rechazaron luego por varios motivos. Además, sin duda la importancia que se atribuye a un concepto juega en esto un papel insignificante. Desde el punto de vista del contenido, existe asimismo una gran afinidad entre segunda modernidad y otra modernidad: los temas de la citada colección —individualización, crisis ecológicas, sociedad sin trabajo y hasta la misma globalización— son aspectos esenciales de la sociedad de riesgo. Estoy seguro de que la siguiente queja se formulará así: «Vaya, no hay nada nuevo...!» Si existe algún parentesco electivo conceptual, no puede ser más que con la palabra acuñada por Jürgen Habermas «modernidad inconclusa». Véase también J. Habermas, «Jenseits des Nationalstaats?», en U. Beck (comp.), Politik der Globalisierung, Francfort del Meno, 1997.

Los proteccionistas negros lamentan el hundimiento de los valores y la pérdida d importancia de lo nacional, pero, al mismo tiempo, y de manera un tanto contradictoria, llevan a cabo la destrucción neoliberal del Estado nacional.


Los proteccionistas verdes descubren el Estado nacional cono un biotopo polftico amenaza’de extinción, que protege los valores medioambientales contra las presiones del mercado internacional y, en tal sentido, merece ser protegido al igual que la misma naturaleza.
Los proteccionistas rojos siguen aireando en todas las cuestiones el lema de1lcha dases; para ellos, la globalización es un sinónimo más de «yalo1hfamps advertido». Están celebrando la fiesta de una resurrección marxista. En cualquier caso, se trata de una cegada porfía de la utopía.
De todas estas trampas del globalismo hay que distinguir eso que
—en la estela del debate anglosajón— he dado yo en llamar globalidad y globalización.
(%La globalidad significa lo siguiente: hace ya bastante tiempo que vivimos en una sociedad mundial, de manera que la tesis de los espacios cerrados es ficticia. No hay ningún país ni grupo que pueda vivir al margen de los demásjEs decir, que las distintas formas económicas, culturales y políticas no dejan de entremezciarse y que las evidencias del modelo occidental se deben justificar de nuevoXsí, «sociedad mundial» signfica la totalidad de las relaciones sociales
que no están integradas en la política del Estado nacional ni están determinadas (ni son determinables) a través de éste Aquí la auto- percepción juega un papel clave en cuanto que la sociedad mundial 1’ en sentido estricto —para proponer un criterio operativo [y políticamente relevante]— significa una sociedad mundial percibida y reflexiva. La pregunta de hasta qué punto se da dicha sociedad se puede convertir empíricamente, según esto (de acuerdo con el teorema de Thomas, según el cual lo que los hombres consideran real se convierte en real), en la pregunta de cómo y hasta qué punto los hombres y las culturas del mundo se perciben en sus diferencias respectivas y hasta qué punto esta autopercepción desde el punto de vista de la sociedad mundial se torna relevante desde el de la conducta. 9

la expresión «sociedad mundial», «mundial» significa según esto diferencia, pluralidad, y «sociedad» significa estado de no-integración, de manera que (tal y como sostiene M. Albrow) la sociedad mundial se puede comprender como una pluralidad sin unidad3Esto presupone —como se verá a lo largo del presente libro— varias cosas muy diferenciadas; por ejemplo, formas de producción transnacional y competencia del mercado del trabajo, informes mundiales en los medios de comunciación, boicots de compras transnacionales, formas de vida transnacionales, crisis y guerras percibidas desde un punto de vista «global», utilización militar y pacífica de la energía atómica, la destrucción de la naturaleza, etc.


Por su parte, significa los procesos en virtud de los cuales los Estados nacionales soberanos se entremezclan e imbrican mediante actores transnacionales y sus respectivas probabilidades de poder, orientaciones, identidades y entramados varios
Un diferenciador esencial entre la primera y la segunda modernidad es la irrevisabilidad de la globalidad resultante. Lo cual quiere decir lo siguiente: existe una afinidad entre las distintas lógicas de las globalizaciónes ecológica, cultural, económica, política y social, que no son reducibles —ni explicables— las unas a las otras, sino que, antes bien, deben resolverse y entenderse a la vez en sí mismas y en mutua interdependencia. La suposición principal es que sólo así se puede abrir la perspectiva y el espacio del quehacer político. ¿Por qué? Porque sólo así se puede acabar con el hechizo despolitizador del globalismo, pues sólo bajo la perspectiva de la pluridimensionalidad de la gloJidad estalla la ideología de los hechos consumados del globalismo(Pero ¿qué es lo que torna irrevisable la gloalidad? He aquí ocho razones, introducidas con frases programática
ji.

El ensanchamiento del campo geográfico y la creciente densidad del intercambio internacional, así como el carácter global de la red de mercados financieros y del poder cada vez mayor de las multinacionales.


‘ 2. La revolución permanente en el terreno de la información y las tecnologías de la comunicación.
3. La exigencia, universalmente aceptada, de respetar los derechos humanos —también considerada (de boquilla) como el principio de la democracia.

9. Véanse más abajo las págs. 65 y sigs., 77 y sigs., y págs. 104-115 y 129-159.

—SLas
corrientes injcajie las industrias globales de la c
La política mun ial posinternacional y policéntrica: junto
gobiernos hay cada vez más actores transnacionales con ca
vez mayor poder (multinacionales, organizaciones no guberfl
mentales, Naciones Unidas).
Vfr El problema de la pobreza global.
1V7,,El problema de los daños y atentados ecológicos globales.
4,4. El problema de los conflictos transculturales en un lugar c creto.
Con tales presupuestos cobra la sociología nueva importancia como investigación de lo que significa la vida humana en la inmensa gran trampa en que se ha convertido el mundo. La globalidad nos recuerda el he cho de que, a partir de ahora, nada de cuanto ocurra en nuestro planeta podrá ser un suceso localmente delimitado, sino que todos los descubri. mientos, victorias y catástrofes afectarán a todo el mundo y que todos deberemos reorientar y reorganizar nuestra vidas y quehaceres, así como nuestras organizaciones e instituciones, a lo largo del eje «local-global». Así entendida, la globalidad ofrece a nuestra consideración la nueva situación de la segunda modernidad. En este concepto se recogen al mismo tiempo los motivos básicos de por qué las respuestas tipo de la primera modernidad resultan contradictorias e inservibles para la segunda modernidad, con el resultado de que se debe fundar y descubrir de nuevo ljpolítica para el tiempo que dure la segunda modernidad.
Kpartir de este concepto de globalidad, el concepto de globalización se pue e escri ir como un proceso (antiguamente se a ria 1- cho: como una dialéctica) que crea vínculos y espacios sociales transnacionale revaloriza culturas locales y trae a un primer plano terceras culturas J«un poco de esto, otro poco de eso, tal es la manera como las novedades llegan al mundo» (Salman Rushdie)—. En este complejo marco de relaciones se pueden reformular las preguntas tanto sobre las dimensiones como sobre las fronteras de la globalización resultante, teniendo presentes estos tres parámetros:
en primer lugar, un mayor espacio;
en segundo lugar, la establidad en el tiempo; y
en tercer lugar, la densidad (social) de los entramados, las interconexiones y las corrientes icónicas transnacionales.

Dentro de este horizonte conceptual, estamos ya en condiciones de contestar a otras preguntas, como, por ejemplo: «En qué estriba la singularidad histórica de la globalización presente y sus paradojas en un lugar concreto (por ejemplo, en comparación con el denominado «sistema mundial capitalista», que se encuentra ya en formación desde . colonialismo y del que habla


(La singularidad del proceso de globalización radica actualmente (y raicará sin duda también en el futuro) en la ramificación, densidad y estabilidad de sus recíprocas redes de relaciones regionales-globales empíricamente comprobables y de su autodefinición de los medios de comunicación, así como de los espacios sociales y de las citadas corrientes icónicas en los planos cultural, político, económico, milita y económico. 11 La sociedad mundial no es, pues, ninguna megasocie ad nacional que contenga —y resuelva en sí— todas las sociedades nacionales, sino un horizonte mundial caracterizado por la multiplicidad y la ausencia de integrabilidad, y que sólo se abre cuando se produce y conserva en actividad y comunicación.
Los escépticos de la globalidad se preguntarán: ¿qué hay de nuevo en todo esto? Para luego sentenciar: nada del otro mundo. Pero se equivocan desde los puntos de vista histórico, empírico y teórico. Nuevo no es sólo la vida cotidiana y las transacciones comerciales allende las fonteras del Estado nacional al interior de un denso entramado con mayor dependencia y obligaciones recíprocas; nueva es la autopercepción de esta transnacionalidad (en los medios de comunicación, en el consumo, en el turismo); nueva es la «transiocalización» de la comunidad, el trabajo y el capital; nuevos son también la conciencia del peligro ecológico global y los correspondientes escenarios de actividad; nueva es la incoercible percepción de los otros transculturales en la propia vida, con todas sus contradictorias certezas; nuevo es el nivel de circulación de las «industrias culturales globales» (Scott Lash/John Urry); nuevo es también el paulatino abrirse paso de una imagen estatal europea, así como la cantidad y poder de los actores, instituciones y acuerdos transnacionales; y, finalmente, nuevo es también el nivel de concentración económica, que, pese a todo, se ve con 10 Sobre

debate sobre la globalización llega —y zarandea— con retraso a la


n pública de este país. En Gran Bretaña, por ejemplo, hace más de
- que se debate animada y productivamente en torno a este imtérmino en el seno de todos los partidos políticos, emulados al to por economistas, sociólogos, politólogos e historiadores. Tamasiendo importante el cho que de la globalización en Alemania.
de la razones es porque, en la opinión aquí dominante, la gbi6n se relaciona unilateralmente ante todo con la supresión de
de trabajo dentro del país y con su traslado a países con suels bajoj y esto en una época en la que la sociedad, a pesar del
r crecimiento económico y de los vertiginosos beneficios obtenir las multinacionales, está registrando un paro a gran escala que
‘a bastante los tiempos de Weimar.
iés, se pueden aducir otros cuatro motivos para explicar el
olítico de la globalización que está sacudiendo la Europa
- L, Austria, Suiza, Italia y, sobre todo, Alemania).
i primer lugar, se están viendo particularmente afectados y ames los Estados y sociedades con una autoconciencia primordial-
económica —«el nacionalismo del marco alemán» o la «nación »— por parte de una globalización del mercado mundial
me presuntamente de fuera.
n segundo lugar, hay algunos Estados asistenciales, como Francia
a, que, a diferencia de EE.UU. y Gran Bretaña, pertenecen
,o de los que salen perjudicados con la globalización, atrapados
Jiemo se ven en medio de la disyuntiva de la política social en una épor s de globalización economica el desarrollo economico se hurta al
control del Estado nacional mientras, por otra parte, sus consecuencias sociales —paro, migración, pobreza— se ceban en las arcas del Estado asistencial nacional.
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