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Introducción al Antiguo Testamento habla el antiguo testamento


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Introducción al Antiguo Testamento

HABLA EL  ANTIGUO TESTAMENTO


 Samuel J. Schultz

Un Examen Completo de la Historia y la Literatura del Antiguo Testamento
La Biblia vive hoy. El Dios que habló y actuó en tiempos pasados con­fronta a los hombres de esta generación con la palabra escrita que ha sido preservada en el Antiguo Testamento. Nuestro conocimiento de las antiguas culturas en que este documento tuvo su origen, ha sido grandemente incre­mentado mediante descubrimientos arqueológicos y las crecientes fronteras ampliadas de la erudición bíblica. La preparación de esta visión general, destinada a introducir al estudiante de las artes liberales y al lector laico en la historia y la literatura del Antiguo Testamento, ha sido impulsada por más de una década de experiencias en las aulas. En este volumen intento ofre­cer un bosquejo de todo el Antiguo Testamento a la luz de los progresos contemporáneos.

En mis estudios de graduación estuve expuesto a un amplio campo de interpretación del Antiguo Testamento, bajo el Dr. H. Pfeiffer en la Uni­versidad de Harvard, al igual que los Drs. Alian A. MacRae y R. Laird Harris del Faith Theological Seminary. A tales hombres me liga una deuda de gratitud por un entendimiento crítico de los problemas básicos con que se enfrenta el erudito del Antiguo Testamento. No es sin la conciencia del conflicto del pensamiento religioso contemporáneo respecto a la autoridad de las Escrituras que la visión bíblica de la revelación y autoridad se pro­yecta como la base para una adecuada comprensión del Antiguo Testamento (ver Introducción). Dado que este análisis está basado en la forma literaria del Antiguo Testamento como ha sido transmitido hasta nosotros, las cues­tiones de autoridad están ocasionalmente anotadas y los hechos pertinentes de crítica literaria se mencionan de pasada.

Se incluyen mapas para ayuda del lector en una integración cronológica del desarrollo del Antiguo Testamento. Las fechas de los períodos más an­tiguos están todavía sujetas a revisión. Cualquier dato ocurrido antes de los tiempos davídicos tiene que ser considerado como aproximado. Para el Reino Dividido he seguido el esquema de Edwin H. Thiele. Puesto que los nombres de los reyes de Judá e Israel constituyen un problema para el lec­tor medio, he dado las variantes utilizadas en este libro en las páginas 158-159.

Los mapas han sido diseñados para ayudar al lector a una mejor com­prensión de los factores geográficos que han afectado a la historia contem­poránea. Las fronteras han cambiado frecuentemente. Las ciudades fueron destruidas y vueltas a reconstruir de acuerdo con la variante fortuna de los reinos que florecieron y declinaron.

Es un placer rendir un tributo de agradecimiento al Dr. Dwight Wayne Young de la Universidad de Brandéis por la lectura de este manuscrito en su totalidad y su contribución de ayuda crítica en el conjunto de la obra. También quiero expresar mi agradecimiento al Dr. Burton Goddard y Wi-lliam Lañe de la Gordon Divinity School, así como al Dr. John Graybill del Barrington Bible College, quien leyó las anteriores versiones. Quiero dar las gracias de modo especial a mi amigo George F. Bennet, cuyo interés y consejo fueron una fuente continua de estímulo.

Deseo igualmente expresar mi agradecimiento a la administración del Wheaton College por concederme tiempo para completar el manuscrito, a la Asociación de Alumnos del Wheaton College por una subvención para investigación y a la Iglesia Bautista de Southshore de Hingham, Massachussetts, por proporcionarme facilidades para investigar y escribir. Estoy agradecido por el interés y el estímulo de mis colegas del Departamento de Biblia y Filosofía del Wheaton College, especialmente al Dr. Kenneth S. Kantzer que asumió responsabilidades presidenciales en mi ausencia.

A Elaine Noon la estoy agradecido por su exactitud y cuidado al meca­nografiar todo el manuscrito. De igual forma ha sido altamente valiosa la ayuda de los bibliotecarios de Andover-Harvard y Zion. Estoy en deuda de gratitud igualmente con Cari Lindgren de Scripture Press por los mapas incluidos en el presente volumen.

Por encima de todo, este proyecto no hubiera podido llevarse a cabo sin la voluntaria cooperación de mi familia. Mi esposa, Eyla June, leyó y releyó palabra por palabra todo el trabajo brindándome su inapreciable crí­tica, mientras que Linda y David aceptaron bondadosamente los cambios que este empeño impuso sobre nuestra vida familiar.



S.J.S.

Wheaton College

Wheaton, Illinois

Enero, de 1960


Introducción:


El Antiguo Testamento

El interés en el Antiguo Testamento es universal. Millones de personas vuelven a sus páginas para rastrear los principios del judaísmo, el cristianis­mo, o el Islam. Otras personas, sin cuento, lo han hecho buscando su ex­celencia literaria. Los eruditos estudian diligentemente al Antiguo Testamen­to para la contribución arqueológica, histórica, geográfica y lingüística que posee conducentes a una mejor comprensión de las culturas del Próximo Oriente y que preceden a la Era Cristiana.

En la literatura mundial, el lugar qué ocupa el Antiguo Testamento es único. Ningún libro —antiguo o moderno— ha tenido tal atracción a escala mundial, ni ha sido transmitido con tan cuidadosa exactitud, ni ha sido tan extensamente distribuido. Aclamado por hombres de estado y sus subditos, por hombres de letras y personas de escasa o nula cultura, por ricos y po­bres, el Antiguo Testamento nos llega como un libro viviente. De forma penetrante, habla a todas las generaciones.

Origen y contenido


Desde un punto de vista literario, los treinta y nueve libros que compo­nen el Antiguo Testamento, tal y como es utilizado por los protestantes, pue­den dividirse en tres grupos. Los primeros diez y siete —Génesis hasta Es­ter— dan cuenta del desarrollo histórico de Israel hasta la última parte del siglo V, a.C. Otras naciones entran en la escena solo en cuanto tienen relación con la historia de Israel. La narración histórica se interrumpe mucho antes de los tiempos de Cristo, por lo que hay un intervalo de separación de cuatro siglos entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. La literatura apó­crifa, aceptada por la Iglesia Católica, se desarrolló durante este período, pero nunca fue reconocida por los judíos como parte de sus libros aceptados o "canon".

Cinco libros, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y el Cantar de los Cantares, se clasifican como literatura de sabiduría y poesía. Siendo de na­turaleza bastante general, no serán relacionados íntimamente con algún in­cidente particular en la historia de Israel. Como mucho, solo unos pocos salmos se pueden asociar con acontecimientos relatados en los libros histó­ricos.

Los diez y siete libros restantes registran los mensajes de los profetas, quienes aparecieron en Israel de tiempo en tiempo para declarar la Palabra de Dios. El fondo general y frecuentemente los detalles específicos dados en los libros históricos, sirven como clave para la adecuada interpretación de tales mensajes proféticos. Recíprocamente, las declaraciones de los pro­fetas contribuyen en gran medida a la comprensión de la historia de Israel.

La disposición de los libros del Antiguo Testamento ha sido una cuestión de desarrollo histórico. En la Biblia hebrea moderna los cinco libros de la Ley están seguidos por ocho libros llamados "Profetas": Josué, Jueces, I y II de Samuel, I y II de Reyes, Isaías, Jeremías, Ezequiel y los Doce (los profetas menores). Los últimos once libros están designados como "Escritos" o hagiógrafos: Salmos, Job, Proverbios, Rut, Cantar de los Cantares, Lamentaciones, Ester, Daniel, Esdras-Nehemías y I y II de Crónicas. El orden de los libros ha variado durante varios siglos después de haber sido completado el Antiguo Testamento. El uso del códice, en forma de libros, introducido durante el siglo segundo de la Era Cristiana, necesitaba un orden definido de colocación. En tanto eran conservados en rollos individuales, el orden de los libros no era de importancia fundamental, pero según el códice fue reemplazado al rollo, la colocación normal, tal y como se refleja en nuestras Biblias hebreas y de lenguas modernas, llegó gradualmente a hacerse de uso común.

De acuerdo con la evidencia interna, el Antiguo Testamento fue escrito durante un período de aproximadamente mil años, (de 1.400 a 400 a. C.) por, al menos, treinta autores diferentes. La paternidad literaria de cierto número de libros es desconocida. La lengua original de la mayor parte del Antiguo Testamento fue el hebreo, una rama de la gran familia de las len­guas semíticas, incluyendo el fenicio, el asirio, el babilonio, el árabe y otras lenguas. Hasta el tiempo del exilio, el hebreo continuó siendo el lenguaje hablado de Palestina. Con el transcurso del tiempo, el arameo se convirtió en la lengua franca del Fértil Creciente, por lo que partes de Esdras (4:8-6:18; 7:12-26), Jeremías (10:11) y Daniel (2:4-7:28) fueron escritas en esta lengua.

Transmisión del texto hebreo


El pergamino o vitela, que se prepara con pieles de animales, era el ma­terial más frecuente empleando en los escritos del Antiguo Testamento he­breo. A causa de su durabilidad, los judíos continuaron su uso a través de los tiempos de griegos y romanos, aunque el papiro resultaba más plena y comercialmente aceptable tipo de material de escritura. Un rollo de piel de tamaño corriente medía unos diez metros de largo por veinticinco centí­metros de altura aproximadamente. Peculiar a los textos antiguos, es el he­cho de que en el original solo se escribían las consonantes, apareciendo en una línea continua con muy poca separación entre las palabras. Con el co­mienzo de la Era Cristiana, los escribas judíos se hicieron extremadamente conscientes de la necesidad de la exactitud en la transmisión del texto he­breo. Los eruditos dedicados particularmente a esta tarea en los siglos subsiguientes se conocían como los masoretas. Los masoretas copiaban el texto con gran cuidado, y con el tiempo, incluso numeraban los versículos, palabras y letras de cada libro.1 Su mayor contribución fue la inserción de signos vocales en el texto como una ayuda para la lectura.

Hasta 1.448, en que apareció en Soscino, Italia, la primera Biblia hebrea impresa, todas las Biblias eran manuscritas. A pesar de haber aparecido ejemplares privados en vitela y en forma de libro, los textos de la sinagoga eran limitados usualmente a rollos de piel y copiados con un extremo cui­dado.

Hasta el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto, los más antiguos manuscritos existentes databan de alrededor del 900 a.C., En los rollos de la comunidad de Qunram que fue dispersa poco antes de la destrucción de Jerusalén en 70 a.C., todos los libros del Antiguo Testamento están repre­sentados, excepto el de Ester. Evidencias mostradas por estos recientes descubrimientos han confirmado el punto de vista de que los textos hebreos preservados por los masoretas han sido transmitidos sin cambios de conside­ración desde el siglo I a.C.


  • Preguntas Introducción:

1. En cuantos grupos divide el autor los libros del A.T. desde el punto de vista literario.

2. Enumere los libros de cada grupo.

3. ¿Cual es el orden en el que aparecen actualmente los libros del A.T. en la Biblia hebrea moderna?

4. ¿Por qué antes no era importante un orden y no se tenía en los libros de la Biblia hebrea?

5. Entre qué años fue escrito el A.T.

6. ¿Cuantos fueron los autores de los libros?

7. ¿En qué material se escribía en la antigüedad y porqué?

8. ¿Quienes eran los masoretas, que hacían y en qué época aparecieron?


Las versiones2

La Septuaginta (LXX), una traducción griega del Antiguo Testamento, empezó a circular en Egipto en los días de Ptolomeo Filadelfo (285-246 a.C.). Existía una gran demanda entre los judíos de habla griega de ejempla­res del Antiguo Testamento, asequibles para uso privado y en la sinagoga, en la lengua franca del área mediterránea oriental. Muy probablemente una copia oficial fue colocada en la famosa biblioteca de Alejandría.

Esta versión no fue usada solamente por los judíos de habla griega, sino que también fue adoptada por la iglesia cristiana. Muy probablemente, Pablo y otros apóstoles usaron un Antiguo Testamento griego al apoyar su afirmación de que Jesús era el Mesías (Hechos 17:2-4). Contemporáneamen­te, el Nuevo Testamento fue escrito en griego y vino a formar parte de las Escrituras aceptadas por los cristianos. Los judíos, alegando que la traducción griega del Antiguo Testamento era inadecuada y estaba afectada por las creencias cristianas, se aferraron tenazmente al texto en la lengua original. Este texto hebreo, como ya hemos apuntado, fue transmitido cuida­dosamente por los escribas y masoretas judíos en siglos subsiguientes.

En virtud de estas circunstancias, la iglesia cristiana vino a ser la custo­dia de la versión griega. Aparte de eruditos tan destacados como Orígenes y Jerónimo, pocos cristianos concedieron atención alguna al Antiguo Testa­mento en su lengua original hasta el Renacimiento. Sin embargo, había va­rias traducciones griegas en circulación entre los cristianos.

Durante el siglo II, la forma de códice nuestra moderna forma de libro con hojas ordenadas para la encuadernación comenzó a entrar en uso. El papiro era ya el principal material de escritura empleado en todo el Medi­terráneo. Reemplazando los rollos de piel, que había venido siendo el medio aceptado para la transmisión del texto hebreo, los códices de papiro se convirtieron en las copias normales de las Escrituras en la lengua griega. Hacia el siglo IV el papiro fue reemplazado por la vitela (el pergamino). Las primeras copias que actualmente existen, datan de la primera mitad del si­glo IV. Recientemente, algunos papiros, de la notable colección de Chester Beatty, han proporcionado porciones de la Septuaginta que resultan ante­riores a los códices en vitela anotados anteriormente.

La necesidad de otra traducción se desarrolló cuando el latín sustituyó al griego como lengua común y oficial del mundo mediterráneo. Aunque una antigua versión latina de la Septuaginta había ya circulado en África, fue, no obstante, a través de los esfuerzos eruditos de Jerónimo, cuando apa­reció una traducción latina del Antiguo Testamento cerca de fines del men­cionado siglo IV. Durante el siguiente milenio, esta versión, más conocida como la Vulgata, fue considerada como la más popular edición del Antiguo Testamento. La Vulgata, hasta nuestros días, con la edición de los übros apócrifos que Jerónimo descartó, permanece como la traducción aceptada por la Iglesia Católica Romana.

El Renacimiento tuvo una decisiva influencia en la transmisión y circu­lación de las Escrituras. No solamente el reavivamiento de su estudio esti­muló la multiplicación de copias de la Vulgata, sino que despertó un nuevo interés en el estudio de las lenguas originales de la Biblia. Un nuevo ímpetu se produjo con la caída de Constantinopla, que obligó a numerosos eruditos griegos a refugiarse en la Europa Occidental. Emparejado con este reno­vado interés en el griego y en el hebreo, surgió un vehemente deseo de hacer la Biblia asequible al laico, como resultado de lo cual, aparecieron traducciones en la lengua común. Antecediendo de Martín Lutero en 1522, había versiones alemanas, francesas, italianas e inglesas. De importancia principal en Inglaterra fue la traducción de Wycliffe hacia el final del siglo XIV. Por hallarse reducida a la condición de Biblia manuscrita, la accesi­bilidad de esta temprana versión inglesa estaba bastante limitada. Con la invención de la imprenta en el siglo siguiente, amaneció una nueva era para la circulación de las Escrituras.

William Tyndale es reconocido como el verdadero padre de la Biblia en lengua inglesa. En 1525, el año del nacimiento de la Biblia impresa en in­glés, empezó a aparecer su traducción. A diferencia de Wycliffe que tradujo la Biblia del latín, Tyndale acudió a las lenguas originales para su versión de las Sagradas Escrituras. En 1536, con su tarea todavía sin terminar, Tyndale fue condenado a muerte. En sus últimos momentos, envuelto por las llamas, elevó su última oración: "Señor, abre los ojos del Rey de Inglaterra". El súbito cambio de acontecimientos justificaron pronto a Tyndale y su obra. En 1537, fue publicada la Biblia de Matthew, que incor­poraba la traducción de Tyndale suplementada por la versión de Coverdale (1535). Obedeciendo órdenes de Cromwell, la Gran Biblia (1541) fue colo­cada en todas las iglesias de Inglaterra. Aunque esta Biblia era principal­mente para uso de las iglesias, algunos ejemplares se hicieron asequibles para el estudio privado. Como contrapartida, la Biblia de Ginebra entró en circulación en 1560 para convertirse en la Biblia del hogar y durante medio siglo fue la más popular para la lectura privada en inglés.

La Versión Autorizada de la Biblia inglesa fue publicada en 1611. Sien­do ésta el trabajo de eruditos de griego y hebreo interesados en producir la mejor traducción posible de las Escrituras, esta "Versión del Rey Jaime" ganó un lugar indiscutible en el mundo de habla inglesa a mediados del siglo XVII. Revisiones dignas de ser notadas aparecidas desde entonces, son la Versión Inglesa Revisada, 1881-1885, la Versión Standard Americana de 1901, la Versión Standard Revisada de 1952 y la Versión Berkeley en inglés moderno de 1959.

Significado


¿Llegó el Antiguo Testamento a nosotros como un relato de cultura o historia secular? ¿Tiene solamente valor como la literatura nacional de los judíos? El Antiguo Testamento mismo manifiesta ser más que el relato histórico de la nación judía. Tanto para judíos como para cristianos, es la Historia Sagrada que descubre la Revelación que Dios hace de Sí mismo al hombre; en él se registra no solo lo que Dios ha hecho en el pasado, sino también el plan divino para el futuro de la humanidad.

A través de las venturas y desventuras de Israel, Dios, el Creador del Universo, tanto como del hombre, dirigió el curso de su pueblo escogido en la arena internacional de las culturas antiguas. Dios no es solamente el Dios de Israel, sino el supremo gobernador que controla el quehacer de todas las naciones. Consecuentemente, el Antiguo Testamento registra aconteci­mientos naturales, y además, entretejidas a través de toda esta historia, se encuentran las actividades de Dios en forma sobrenatural. Este rasgo dis­tintivo del Antiguo Testamento —el descubrimiento de Dios en aconteci­mientos y mensajes históricos— le eleva sobre el nivel de la literatura e historia seculares. Solo como Historia Sagrada puede ser el Antiguo Testa­mento entendido en su significación plena. El reconocimiento de que tanto lo natural como lo sobrenatural son factores vitales en toda la Biblia, es indispensable para una comprensión integral de su contenido.

Único como Historia Sagrada, el Antiguo Testamento reclama distinción como Sagrada Escritura: así fue para los judíos, a quienes estos escritos fueron confiados, al igual que para los cristianos (Rom. 3:2). Viniendo a través de los medios naturales de autores humanos, el producto final escrito tuvo el sello de la aprobación divina. Sin duda el Espíritu de Dios usó la atención, la investigación, la memoria, la imaginación, la lógica, todas las facultades de los escritores del Antiguo Testamento. En contraste con los medios mecánicos, la dirección de Dios se manifestó por medio de las capa­cidades histórica, literaria y teológica del autor. La obra escrita como la recibieron los judíos y cristianos constituyó un producto divino-humano sin error en la escritura original. Como tal, contenía la verdad para toda la raza humana.

Esta fue la actitud de Jesucristo y los apóstoles. Jesús, el Dios-Hombre, aceptó la autoridad del cuerpo entero de literatura conocido como el Anti­guo Testamento y usó libremente estas Escrituras como base del apoyo de su enseñanza: (Comparar Juan 10:34-35; Mt. 22:29, 43-45; Lúc. 16:17; 24:25). De igual forma hicieron los apóstoles en el período inicial de la iglesia cristiana (H Timoteo 3:16; II Pedro 1:20-21). Escrito por hombres bajo dirección divina, el Antiguo Testamento fue aceptado como digno de toda confianza.

En nuestros días, es tan esencial considerar el Antiguo Testamento como autoridad final, como lo fue en los tiempos del Nuevo Testamento para judíos y cristianos. Como un registro razonablemente confiable, dando margen a errores de transmisión que necesitan consideración cuidadosa mediante el uso científico de los correctos principios del criticismo actual, el Antiguo Testamento habla autoritativamente en el lenguaje del laico de hace dos o más milenios. Lo que anuncia lo declara con toda la verdad, ya use lenguaje figurado o literal, ya trate de cuestiones de ética o del mundo natural de la ciencia. Las palabras de los escritores bíblicos, adecuadamente interpre­tadas en su contexto total y en su sentido natural de acuerdo con el uso de su tiempo enseñan la verdad sin error. Así, hable al lector el Antiguo Tes­tamento.

Este volumen ofrece una perspectiva de todo el Antiguo Testamento. Dado que la Arqueología, la Historia y otros campos de estudio están rela­cionados con el contenido del Antiguo Testamento, pueden ser medios para conseguir un mejor entendimiento del mensaje de la Biblia, pero sólo en tanto el lector deje a la Biblia hablar por sí misma, alcanzará este libro su propósito.

***


  • Preguntas Introducción:

9. ¿Como se llama, en qué años y bajo el gobierno de quien apareció la primera traducción griega del A.T.?

10. ¿Cual fue la razón para que apareciera?

11. ¿Quienes y para qué se utilizó esta traducción en tiempos de Cristo?

12. ¿Quien hizo la versión en latín del A.T., en qué época y cómo se llamó esa versión?

13. ¿En qué época empezó a hacerse traducciones en otros idiomas y cuales fueron los motivos para ello?

14. ¿Quien es el padre de la Biblia en habla inglesa y hasta qué año estuvo trabajando en su traducción?

15. ¿En qué año se publicó la versión autorizada de la Biblia inglesa y cómo se llamó?

16. ¿Qué es para los cristianos como para los judíos el A.T.?

17. ¿cual es el propósito de Dios en su Escritura?

18. ¿Como trabajó el Espíritu Santo en la inspiración de la Escritura?

19. ¿Cual fue la actitud de Jesús y los autores del N.T. frente a las Escrituras del A.T.?

20. ¿Por qué la Biblia no tiene error y qué implicaciones tiene para nosotros que sea la Palabra de Dios?



  1. El autor en esta introducción a su obra presenta muchos datos respecto al origen, la naturaleza y la transmisión de la Biblia. Al leerla, haga una lista de todos los datos que permiten dar gracias a Dios y sentir completa confianza en que ella es en verdad su Palabra.

  2. Como introducción breve a toda la Biblia, recomendamos el libro HERMENÉUTICA E INTRODUCCIÓN BÍBLICA de Lund y Luce, e INTRODUCCIÓN POPULAR AL ESTUDIO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS de Miles.


LECCIÓN 1
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