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Instrumentos de la misericordia de dios


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INSTRUMENTOS DE LA MISERICORDIA DE DIOS

Homilía en la ordenación diaconal de Luis Aldama, Miguel Galdámez, Jesús Godoy, José Luis Irazu, Alexander Morales, Ronny Pérez y Rolando Rojas



Santa Iglesia Catedral de Caracas, 21 de febrero de 2016

+Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas
Con alegría hemos escuhado la hermosa narración de la transfiguración del Señor (Lc 9,28-36). ¡Cuánta emoción, que asombro habrán experimentado Pedro Santiago Juan al ver la gloria divina de Jesús!, quien poco antes les había anunciado su pasión y muerte. Se va revelando así la realidad maravillosa, el misterio de Cristo, nuestro divino Salvador, que la Iglesia contempla y medita durante la Cuaresma. Y hoy, 2do Domingo de la Cuaresma del Año de la Misericordia, invitados por el Padre celestial a reconocer al Señor Jesucristo como el Hijo eterno de Dios y a escucharle, tenemos el gusto de realizar esta sagrada ceremonia de ordenación de 7 nuevos diáconos.
Celebramos esta ordenación en el Año de la Misericordia, llamados por el Papa Francisco a considerar la inmensidad de la misericordia de Dios, y a ser misericordiosos como el Padre. Y al reflexionar sobre la realidad del ministerio diaconal y sacerdotal vemos cómo ambos son una forma magnífica, privilegiada de practicar la misericordia con nuestros hermanos. En efecto: vivimos en un mundo golpeado por el pecado, por la impiedad, por la indiferencia religiosa, por la desesperanza, el egoísmo, la crueldad, la guerra y el odio. Y los ministros sagrados estamos llamados a derramar sobre el mundo la luz esplendorosa de la verdad de Cristo, el agua viva de la fe en la inmensidad del amor de Dios, y el bálsamo de su gracia sanante y vivificante en las almas de las gentes abrumadas por el peso del pecado y de tantos males que de allí han brotado.
Estamos llamados a ser instrumentos de la misericordia de Dios, más aún, ¡a ser misericordiosos como Dios Padre! Y ¡qué mayor obra de misericordia que llevar la luz de la fe a un alma que vive en las tinieblas del desconocimiento de Dios, y el alivio del amor de Dios a una persona adolorida por las consecuencias del pecado! ¡Qué mejor alimento para una persona que tenga hambre de vida que la Eucaristía! ¡Que labor tan hermosa, mis queridos hermanos la del diacono, el presbítero y el obispo! dedicados totalmente al servicio de los seres humanos, especialmente de los pobres, para hacer reinar en el mundo el amor de Dios y la caridad, la solidaridad, la fraternidad y la convivencia social.
En esta solemne Eucaristía damos gracias a Dios, que ha querido hacerse presente en el mundo a través del humilde ministerio pastoral de aquellos que El mismo ha llamado. Y vemos la respuesta de amor al Señor y a la Iglesia por parte de estos futuros diáconos, que movidos por su gran amor a Dios y a los hermanos, se comprometen a servir para siempre a la Arquidiócesis de Caracas, a la cual quieren dedicar todas sus vidas, desde ahora hasta su último aliento, para hacer presente el inmenso don de la resurrección de Cristo y de su vida nueva en medio de nosotros, para ser instrumentos de la misericordia divina, y testigos valientes y fieles de que Jesús es el Señor, el Hijo de Dios hecho hombre por nuestra causa y para nuestra salvación.
Ustedes, queridos futuros diáconos, se comprometen para siempre al servicio de Dios y de su santa Iglesia, en una entrega total, que implica la consagración religiosa a Dios, nuestro Señor, la vivencia del amor total al Señor en la renuncia al matrimonio, y el servicio a sus hermanos, especialmente, a los más pobres. Es conveniente que reflexionemos sobre esos elementos de su entrega.
COMPROMISO RELIGIOSO
En primer lugar, yo quiero subrayar una vez más, debido al secularismo que nos rodea y nos contamina, que los diáconos, presbíteros y obispos, escogidos de entre el pueblo para servir al pueblo en lo que tiene que ver con Dios, como dice la carta a los Hebreos (He 5,1), nos consagramos al servicio del Señor para glorificarlo con nuestras acciones y alabanzas, para la evangelización, para el culto, para administrar a los fieles los sacramentos del Señor y para el servicio de la caridad. Como he dicho en otras ocasiones, este es un compromiso religioso al servicio de Dios, de nuestra Santa Religión y para que el mundo viva ( Jn 6,52). El aspecto espiritual, sobrenatural, teologal, trascendental, en fin, religioso, es central en el ministerio diaconal y sacerdotal.
Contemplar la gloria del Señor fue una experiencia invalorable para los apóstoles. Por eso lo siguieron y se identificaron plenamente con El. Es precisamente lo que nosotros los cristianos, pero sobre todo los llamados a ser sus ministros, sus testigos e instrumentos de su misericordia, debemos hacer. Vivir, por la acción del Espíritu Santo, con un intenso amor a Jesús y al Padre celestial Es muy importante que así lo comprendan mis futuros diáconos y todos los seminaristas, y que con esa conciencia vivan su consagración al Señor con una profunda vida espiritual, en actitud religiosa de oblación, de acogida de la gracia, para ser mensajeros y comunicadores de la salvación de Cristo para sus hermanos, para ser liturgos del pueblo, maestros de oración, testigos del amor de Dios y de los dones sobrenaturales de Cristo Redentor.

AL SERVICIO DE LOS POBRES

Los diáconos se comprometen al servicio de la Iglesia, de manera especifica para el servicio de los pobres en el campo de la caridad. Están especialmente pero no exclusivamente, dedicados a las obras de misericordia corporales. Quiero subrayar este aspecto, pues es determinante en la vida del Señor Jesús, cuya presencia se anuncia porque “los pobres son evangelizados”. La Iglesia, y particularmente los ministros del altar, debemos estar siempre al servicio de todos, pero especialmente de los más pobres, tal como nos lo enseña el Señor, como ha sido la tradición viva de la Iglesia en el curso de la historia y como lo ha subrayado el episcopado latinoamericano al afirmar la opción no exclusiva ni excluyente, por los pobres. Hoy, en Caracas, nosotros la gente de la Iglesia, debemos esforzarnos más y más por hacernos más presente entre los pobres. Para evangelizarlos, para llevarles los dones sobrenaturales; pero también para asistirlos, para abrazarlos con el amor generoso y desprendido de Cristo, para ayudarlos mediante la acción social de asistencia, promoción y denuncia.


Por eso es muy importante en los obispos, presbíteros y diáconos, la sintonía con Jesús pobre para los pobres, y la práctica de la pobreza evangélica: desprendimiento, desinterés por el dinero, por las cosas materiales, por las comodidades, disponibilidad para el servicio en cualquier parte. Por ello el Seminario debe formar a nuestros seminaristas para que sean hombres sacrificados, recios, de fortaleza espiritual, de pobreza evangélica, generosos, austeros, dispuestos siempre a ir adonde se encuentran nuestros fieles. Estos están en todas partes: en los ambientes más favorecidos, pero también en los ambientes más necesitados. Y allí debe estar el sacerdote: en las periferias, como dice el Papa Francisco, porque el sacerdote debe estar allí donde están los fieles. Y la mayoría de nuestros fieles están precisamente en los barrios populares. Por eso de las seis parroquias que he podido crear en estos diez años en Caracas, cuatro están ubicadas en zonas populares. Por eso también quiero insistir en la necesidad de que todos los católicos de Caracas redoblemos nuestros esfuerzos y nuestras labores de acción social en medio de los pobres.

CONSAGRADOS A DIOS EN EL CELIBATO SAGRADO

Al consagrase al Señor en el diaconado, nuestros hermanos asumen también voluntariamente, el compromiso de consagrar su corazón de manera total a Dios, en la renuncia voluntaria, por amor a Dios y a la Iglesia, al sagrado matrimonio. En la renuncia a cualquier actividad sexual. Dios ha querido hacerlos objeto de su amor privilegiado, para que el mundo pueda ver en ellos, de manera especial, el rostro amoroso de Nuestro Señor Jesucristo. Ellos reciben ese don con plena libertad, luego de varios años de reflexión y de formación. Es una acogida del inmenso amor de Dios, que los ha llamado a la práctica de la castidad perfecta y a compartir así el estilo de vida de Cristo mismo y de muchísimos apóstoles y santos a través de la historia. Por eso hablamos del celibato sagrado, es decir, religioso, pues este no es una soltería egoísta ni lejana de los seres humanos, sino una entrega total del corazón a Dios para dar testimonio de su amor en medio del pueblo.


El celibato es un don, un tesoro, una joya de la Iglesia. Es identificarnos con Jesucristo para dar testimonio de los nuevos tiempos de la resurrección, y de la inmensidad del amor de Dios a los hombres. Y así lo han entendido ellos. Es preciso que su respuesta a esa manifestación del amor de Dios, sea también una respuesta de amor fiel, de generosidad, de compromiso responsable y serio. No podemos tener vacilaciones ni vivir en la ambigüedad. Y para asumir ese compromiso esa entrega generosa, ellos se han preparado, y lo asumen libre y voluntariamente, confiando también en la gracia de Dios, sabiendo que es posible asumir el celibato con una vida virtuosa por la ayuda divina, a pesar de estar en medio de un mundo materialista y erotizado.
CONCLUSIÓN
Continuaremos ahora nuestra sagrada celebración, con el rito de la ordenación diaconal. Vamos a pedirle a Dios intensamente por estos siete hombres que han dado este paso, con plena conciencia y libertad, decididos a dar su vida por amor a Jesús. Que el Señor los colme de la gracia de un amor vivo y encendido, permanente y creciente, durante toda su existencia, para que sean santos y felices, y así hagan presente el amor, y la luz, y la vida y la alegría de Cristo en medio de nosotros. Que sean fieles al llamado recibido, para que vivan a fondo su consagración al servicio de Dios y de nuestra Iglesia caraqueña.
Oremos también intensamente por nuestros seminaristas de Venezuela y de Caracas, y muy especialmente por el aumento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Pidámoslo con insistencia al Señor, pues es la mayor necesidad de nuestra Iglesia. Encomendemos estas intenciones a la protección maternal de Nuestra Señora de Coromoto.

Nota: esta Homilía reitera ideas expresadas anteriormente con motivo de otra ordenación diaconal. Está expresamente pensada así para reafirmar algunas ideas fundamentales en relación al compromiso de los ministros ordenados.


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