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Instituto Histórico Bicentenario República Argentina Poder Legislativo


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Instituto Histórico Bicentenario República Argentina

Poder Legislativo

Creado por Ley Nº 4450

Provincia de Corrientes



(Fundadora de la Nación)
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Batalla de Salta


El Instituto Histórico del Poder Legislativo de Corrientes rinde su recuerdo y homenaje a quienes participaron en la Batalla de Salta, el 20 de febrero de 1813 al cumplirse el bicentenario de esa gesta épica en donde las fuerzas patriotas del Ejército del Norte, al mando del General Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano con sus oficiales y soldados, dieron una lección de táctica y estrategia al ejército realista del brigadier Juan Pio Tristán en el Campo Castañares, hoy zona norte de la ciudad de Salta, capital de la provincia del mismo nombre, en el curso de la Guerra de la Independencia Argentina. Actuaba como mayor general o segundo jefe Eustoquio Díaz Vélez.

Debemos recordar que ya el 24 de septiembre de 1812, este mismo ejército obtuvo una resonante e histórica victoria en la Batalla de Tucumán.

La rendición incondicional de los españoles dio seguridades al gobierno rioplatense sobre buena parte de los territorios del antiguo Virreinato del Río de la Plata ya que aseguró la región y permitió a los patriotas recuperar, provisoriamente, el control sobre el Alto Perú (hoy República de Bolivia).

La Batalla de Salta



Antecedentes

El General Belgrano aprovechó la victoria patriota en Tucumán para reforzar el ejército que estaba bajo su mando. En ese aspecto, en cuatro meses mejoró la disciplina de las tropas, proporcionándoles instrucción y además, reclutó a suficientes efectivos como para duplicar su número. El parque y la artillería que Tristán había abandonado en la batalla de Tucumán le permitieron al General Belgrano organizarse con mucha mayor soltura. En el mes de enero, la vanguardia emprendió la marcha hacia Salta, a paso tranquilo para no fatigar a las tropas. El 13 de febero, a orillas del río Pasaje, el ejército prestó juramento de lealtad a la Asamblea Constituyente que había comenzado a sesionar en Buenos Aires pocos días antes (el 31 de enero fue la sesión inaugural) y a la bandera albiceleste diseñada por el General Belgrano, la que fue conducida por el mayor general Eustoquio Díaz Véles, a quien llevaba en medio el coronel Martín Rodríguez y el General Belgrano, escoltados por una compañía de granaderos que marchaban al son de música. Este solemne evento fue empleado hábilmente por el general Belgrano para rebautizar el nombre del río como Juramento.

Mientras tanto, el general Tristán, había aprovechado la oportunidad para fortificar el Portezuelo, único acceso a la ciudad de Salta a través de las sierras desde el sudeste; consideraba que esta situación le daba una ventaja táctica de manera tal que sería imposible el intento a atacarlo. Pero Tristán no contaba con el conocimiento de los baqueanos de la zona que colaboraron con el general Belgrano. Es así que el capitán Apolinario Saravia, de origen salteño, se ofreció a guiar al ejército a través de una senda de altura que desembocaba en la Quebrada de Chachapoyas, que le facilitaría empalmar con el camino del norte, que llevaba a Jujuy, a la altura del campo de la Cruz, donde no existían fortificaciones semejantes. La lluvia que caía fue una aliada ya que disimulaba sus acciones. De esa manera, el ejército emprendió la marcha a través del áspero terreno, avanzando lentamente a causa de la dificultad de transportar los pertrechos y la artillería. El 18 de enero acamparon en el campo de los Saravia, ubica en esa zona, mientras el capitán, disfrazado de indígena arreador, llevaba una recua de mulas cargadas de leña hasta la ciudad, con la intención de informarse de las posiciones tomadas por la tropa de Tristán.

El general José María Paz, en sus Memorias Póstumas, describió el orden de batalla que taxativamente decía:



Dorrego, 2° y 3° eran formadas del Regimiento N° 6 que era el mas crecido, una á las órdenes del comandante Forest, y la otra, aunque no puedo asegurarlo á las del comandante Warnes, 4° del Batallón de Castas á las órdenes del comandante Superi, 5° de las compañías del N° 2 venidas últimamente de Buenos Aires, al mando del comandante D. Benito Alvarez, 6° y última compuesta del Regimiento N° 1 al mando del comandante D. Gregorio Perdriel. La artillería que consistía en doce piezas, si no me engaño, estaba distribuida en los claros, menos dos que habían quedado en la reserva> (Publicado en la Imprenta de la Revista, 1855, p.74)

La batalla

El 19 de febrero, merced a la estrategia de Saravia, el ejército marchó por la mañana con intenciones de atacar a las tropas enemigas al amanecer del día siguiente. Mientras tanto, Tristán se anotició del avance y dispuso sus tropas nuevamente para resistir. Como primera medida, alineó una columna de fusileros sobre la ladera del cerro San Bernardo, actualmente ubicado en pleno centro de la ciudad de Salta, reforzó su flanco izquierdo y organizó las diez piezas de artillería con que contaba. En la mañana del 20 de febrero, el general Belgrano ordenó la marcha del ejército en formación, disponiendo la infantería al centro, una columna de caballería –al mando de José Bernaldes Polledo en cada flanco y una numerosa reserva al mando de Manuel Dorrego.

En el inicio de la batalla, el general Eustoquio Díaz Vélez, segundo jefe de las fuerzas y jefe del ala derecha, recibe una bala que lo hiere mientras recorría la vanguardia de la formación. Pero ello no fue obstáculo para que volviera al campo. El primer choque fue favorable a los defensores, ya que la caballería del flanco izquierdo encontraba dificultad para alcanzar a los tiradores enemigos por lo empinado del terreno.

Antes del mediodía, el general Belgrano ordenó el ataque de la reserva comandada por Dorrego sobre esas posiciones, mientras la artillería lanzaba fuego granado sobre el flanco contrario. El mismo prócer se puso al frente de la caballería, iniciando un avance sobre el cerco que rodeaba la ciudad. Esta táctica significó un rotundo éxito; por otra parte, columnas de infantes al mando de Carlos Forest, Francisco Pico y José Superi rompieron la línea enemigo y avanzaron sobre las calles salteñas, cerrando la retirada al centro y ala opuesta de los realistas. El retroceso de los realistas se vio dificultado por el mismo corral que habían levantado como fortificación; finalmente, se congregaron en la Plaza Mayor de la ciudad, donde Tristán decidió finalmente rendirse, mandando tocar las campanas de la Iglesia de la Iglesia de La Merced.



Escudo honorífico otorgado a la tropa tras la victoria de la Batalla de Salta.3



Capitulación de las fuerzas realistas

El representante realista que vino a parlamentar fue el coronel La Hera quien negoció con el general Belgrano que al día siguiente los soldados abandonarían la ciudad en marcha, con honores de guerra y depondrían las armas; Belgrano garantizaba su integridad y libertad a cambio del juramento de no empuñar nuevamente las armas contra los patriotas. Este gesto inusual sin lugar a dudas, ganó para su causa a no pocos de los combatientes enemigos. Los prisioneros que habían sido tomados antes de la rendición serían liberados a cambio de los hombres que José Manuel de Goyeneche retenía en el Alta Perú (hoy República de Bolivia).

Dígale usted a su general que se despedaza mi corazón al ver derramada tanta sangre americana: Que estoy pronto a otorgar una honrosa capitulación, que haga cesar inmediatamente el fuego en todos los puntos que ocupan sus tropas, como yo voy a mandar que se haga en todos los que ocupan las más”.

Consecuencias

El gran triunfo obtenido por el general Belgrano en la batalla de Salta les significó a los realistas 480 muertos, 114 heridos y 2786 hombres que se rindieron al día siguiente, entregando 2188 fusiles, 200 espadas, pistolas, carabinas, 10 cañones, todo el parque de guerra y tres banderas reales. Entre los prisioneros estaban 17 jefes y oficiales del ejército de Tristán.

La generosidad del general Belgrano, que abrazó a Tristan y lo dispensó de entregar sus símbolos de mando, pues los unía una estrecha amistad personal ya que habían sido condiscípulos en la universidad de Salamanca, convivido en Madrid y amado a la misma mujer (Frías Bernardo (1971) – Historia del General Güemes y de la provincia de Salta, o sea de la independencia argentina – Buenos Aires; Depalma). La victoria espectacular silenció las críticas y le granjeó un premio de cuarenta mil pesos dispuestos por la Asamblea del Año XIII. Belgrano declinaría recibirlo, disponiendo que el dinero se destinara a crear escuelas en Tucumán, Salta, Jujuy y Tarija; la asignación de los fondos sería una deuda histórica durante 185 años, hasta que en 1998 finalmente se equipó en Tarija (actual República de Bolivia), la última destinataria de los mismos.

En la batalla de Salta flameó por primera vez nuestra enseña patria. Como consecuencia de este triunfo, los realistas fueron detenidos en su avance hacia el sur y estas tierras nunca más pudieron ser recuperadas para el extinto Virreinato.

El general Belgrano designó a Eustoquio Díaz Vélez gobernador militar de la provincia de Salta y éste colocó a la bandera argentina por primera vez en el balcón del Cabildo y los trofeos apoderados de los realistas los ubicó en la Sala Capitular.

Los espectaculares triunfos logrados en Tucumán, primero y Salta, después, permitieron la recuperación – momentánea – del Alto Perú (hoy República de Bolivia) para los rioplatenses. Díaz Vélez, jefe de la avanzada del ejército vencedor en la segunda campaña al Alto Perú, hizo su entrada triunfal en la ciudad de Potosí, el día 7 de mayo de 1813.



Parte de Guerra del general Manuel Belgrano sobre la capitulación del general Pío Tristán, luego de la Batalla de Salta. Museo Histórico del Norte. Salta.



Los juramentados de Salta

Los prisioneros realistas, encabezados por el general Tristán, fueron puestos en libertad después de jurar que no volverían a tomar las armas contra la revolución americana. Sin embargo, el arzobispo de Charcas y el obispo de La Paz los eximieron de su juramento declarando que Dios no consideraba válidos los tratados con insurgentes a quienes se los consideraba herejes (Diego Barros Arana, Compendio de historia de América, Volumen 2, pág 276).

Mientras tanto, el mariscal Pezuela formó un batallón de infantería y un escuadrón de dragones llamados ambos “Partidarios” con los oficiales y soldados que quisieron regresar al servicio activo después de las derrotas de Tucumán y Salta. Tanto el batallón como el escuadrón se distinguieron en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma (Alto Perú, hoy República de Bolivia), que significó para los rioplatenses la pérdida definitiva de esa región a manos de los realistas en aquella época.

La cruz

En la ciudad de Salta, el general Belgrano ordenó que se enterraran los 480 realistas caídos y los 103 patriotas en una fosa común. Allí se ubica una cruz de madera con la leyenda que decía: “Vencedores y vencidos en Salta, 20 de febrero de 1813”.

Poco tiempo después, esta cruz fue reemplazada –a pedido del propio Belgrano al entonces gobernador Feliciano Chiclana– por otra cruz pintada de color verde y que llevaba únicamente la leyenda “a los vencedores y vencidos”.

El gobernador Pablo de la Torre, en 1834, ordenó la restauración de la cruz y la colocación de un basamento para que pudiera soportar mejor el deterioro natural.

La cruz quedó en el olvido hasta fines del siglo XIX en que se partió y cayó al piso. Sus restos fueron recuperados por seminaristas y monseñor Piedrabuena los dio a las autoridades.

Esta cruz fue restaurada merced a la comisión promonumento y en el mes de mayo de 1899 las maderas depositadas en una caja de hierro con vista de cristal. Los artesanos Bellagamba y Rossi de Buenos Aires, fueron los autores de la enmienda.

La cruz se ubicó en un principio, en el atrio de la Catedral de Salta y luego trasladada a la Iglesia de La Merced, lugar en el que se encuentra hasta la actualidad.

Cruz del campo de Castañares.


Monumento a la Batalla de Salta

Después de la resonante victoria alcanzada en la Batalla de Salta, la Asamblea General Constituyente del Año XIII ordenó que “queda decretado un monumento duradero que se erigirá cerca del campo de batalla en honor a la memorable victoria conseguida el 20 de febrero de 1813”.

El 15 de mayo de 1899, por medio de un decreto dictado por el entonces gobernador de la provincia de Salta, se ordenó “la restauración del monumento, de tal modo que resulte digno de los hechos conmemorados ocupando además, un sitio en los terrenos destinados para parque”. Estos terrenos habían sido donados a la Municipalidad de Salta, con el propósito de “beneficiar a la población dándole un local adecuado y saludable para paseo y descanso… para que se construya un parque” por los señores Ángel y Victorino Solá en el año 1884.

Con el propósito de construir el monumento se creó una comisión integrada por el Vicario General y Gobernador de la Diócesis Julián Toscano, el Intendente Municipal doctor Manuel Anzoátegui y los doctores Miguel Ortiz, Aniceto Latorre y Manuel Solá.

En 1890, los señores Solá ratificaron la donación realizada anteriormente (en el año 1884) respecto de las cuatro manzanas situadas en el campo de la Cruz “destinadas a la construcción del parque 20 de Febrero”.

Se presentaron siete proyectos como consecuencia del llamado a concurso para su erección. El 28 de febrero de 1901 fue seleccionado el boceto de Torcuato Tasso, artista catalán, “por su interpretación más armónica del acontecimiento de 1813”.

La piedra fundamental de la edificación fue colocada en conmemoración del 25 de mayo de 1901. La construcción del monumento tardó nueve años. Fue inaugurado el 20 de febrero de 1910, para el Centenario de la Revolución de Mayo.

El importante y atractivo monumento está formado por cuatro cuerpos o planos cubiertos de piedra.



El primer cuerpo es su basamento en cuyos cuatro ángulos se ubican, en cada uno de ellos, las estatuas que simbolizan las cuatro virtudes cardinales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Esta base se alza en forma de pirámide de las que nacen cuatro escaleras centrales que poseen dos leones de bronce cada una. Las escalinatas culminan en una terraza.

El segundo cuerpo presenta, en cada uno de los cuatro ángulos, una corona de laureles de bronce con el nombre de los cuatro principales héroes de la batalla: el General Belgrano, el Mayo General Eustoquio Díaz Vélez, el teniente Coronel Zelaya y el Comandante Dorrego. Sobre cada una de estas cuatro coronas se ubica un águila, también de bronce.

En las cuatro caras de este segundo cuerpo la comisión dispuso se incluya cuatro bajos relieves de bronce que representan cuatro momentos históricos de importancia:

1) La formación del Ejército del General Manuel Belgrano en el Río Las Piedras, en 1813 donde el año anterior se había librado batalla.

2) El Juramento de la Bandera sobre las márgenes del Río Pasaje o Juramento.

3) La capitulación del General Pío Tristán.

4) La fisonomía del Campo Castañares y de la Batalla del 20 de Febrero de 1813.

Arriba del segundo cuerpo se ubica el tercero, que es un monolito donde, también en cada uno de sus cuatro ángulos y a modo de composición con el segundo cuerpo, se levantan las figuras, confeccionadas en la misma aleación, del general Manuel Belgrano –empuñando la bandera– del Mayo General Eustoquio Díaz Vélez, del teniente Coronel Cornelio Zelaya y del Comandante Manuel Dorrego.

Más arriba del frente del monolito se ubica la cruz que Belgrano colocó sobre la fosa común de los vencedores y vencidos.

En el cuarto y último cuerpo sobresale una estatua, compuesta de bronce, que representa la victoria en la célebre batalla.

Las estatuas de Belgrano, Díaz Vélez, Zelaya y Dorrego son obras de arte de Torcuato Tasso y del ingeniero Francisco Schmidt, fundidas en París bajo la supervisión de la escultora salteña Lola Mora.

En la casa Du Val D’Osne, de París, se fundieron las cuatro estatuas alegóricas colocadas en los ángulos del basamento, que representan las virtudes de la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza, la bandera del General Belgrano, los ocho leones de las escalinatas y las cuatro águilas.

Los cuatro bajorrelieves y la estatua de la victoria fueron fundición del Arsenal de la Nación.

Los cuatro bajorrelieves y la estatua de la victoria fueron fundición del Arsenal de la Nación (la batalla de Salta, Roberto Enrique Díaz, 2006).



General Manuel Belgrano


Ps Social Mercedes Eloísa Arce de Picchio

Directora Ad-Honorem



1813 – BICENTENARIO DE LA BATALLA DE SALTA – 2013


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