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INÉditos. Por Juan Ramírez. Recopilados por Alejandro Valdez. Ginzu 2000


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INÉDITOS.
Por Juan Ramírez.

Recopilados por Alejandro Valdez.


Ginzu 2000.
¿Qué es lo que más quieres de la vida?
¿Qué es lo que deseas quitarle?
La libertad parece condicionada, pero hay formas de doblar las reglas. Eso me dijo Ramírez. Se estaba cortando el hombro con una Ginzu 2000 cuando me dijo esa oración exacta.
El grupo de la noche tenía entre 14 y 27 años. Nadie parecía suficientemente viejo. Un tipo de 26 podía tener a una chica de 13 chupándole la verga. Un tipo de 18 podía morderle los pezones a una de 23. Todos podíamos estar en una calle jugando a la pelota, o en el apartamento de Ramírez haciendo pitanzas, o en la casa prefabricada de González haciéndole al golf contra los techos vecinos. Podíamos robar una librería como machetear con nazis en la Plaza Ñuñoa. Y no es que no confiáramos en los demás. Todo lo contrario: estábamos ahí, diversamente alineados, para un propósito.
Sonaba The Fragile, de Nine Inch Nails, y un gatito maullaba debajo de la mesa. Ramírez tarareando el piano de la N° 3. Nadie se sabía el nombre de las canciones, tanto como del gato, así como de los presentes. Ramírez convocaba, Ramírez el nombre en el mail, Ramírez al dar la mano, por lo tanto ése era su nombre. González fue el segundo en dar la mano. El resto simplemente nos sentamos a esperar.
Y la espera, con su grado de ansia, iba a ser correspondida.
Nunca llegaré a tenerlo, decía Pearl Jam. El espíritu de los noventa.


  • Claro; de Werther a Marilyn Manson – dice Ramírez -. Pero es una sensación. Estos tipos mueren sin su gustito a felicidad. Y yo prendo la tele y antes de acabarse el mundo sale un guatón besando a la Jennifer Love. O sea, ¿y qué tal si nunca volvemos a ser niños, ni tener una enfermedad gravísima? ¿Qué pasa si la caridad nos mandó por el wáter mucho antes de que naciéramos? ¿Y ese deseo que le pedimos a las velitas? ¿Y el ratón culiado de chakechís? ¿Y el chuchezumá-re de la lamparita que nos iba a cumplir un deseo? ¿Qué pasó con nuestras palabras antes del disparo en el pelotón? ¿Nuestro último cigarro?

Un flaco albino a la izquierda junto a la ventana apagó su cigarro y se dirigió a la mesa.




  • ¿Y si no resulta? – dijo el flaco -. ¿Qué ocurre si no salimos con cuea’ y terminamos viviendo con la cadera en los hombros por 20 años más? -.

Ramírez encendió un cigarro. Era como si el acto de encender un cigarro nos impidiera gritar nuestras propias quejas. El humo le otorgaba la palabra.




  • Te estás jugando el uno por ciento. Te ofrezco un noventa y nueve. Y si son 20 años con las hue’as en el cuello o el recto doblado hasta el pecho, no vales para la ley. No te alcanzan. A un menos - válido no lo mandan ni a capuccinos. Estás protegido por débil. Claro, si ese uno por ciento ocurre, te espera una agonía. La misma que tienen los que han nacido así. La misma batalla que tienen que librar los que valen menos por poder menos.

  • ¿Pero pa’ qué mandar a la chucha una posibilidad? – dijo un pendejo sentado junto a la tele -. Puta… leí la guía. Igual es peligrosa. O sea, demás, un deseo cumplido. Pero pasa el tiempo y el deseo me importa una we’a. Lo que me importa es que ya no puedo hacer lo que hacía antes, y ni un coco me puedo chupar.

  • ¿Posibilidad, ah? – dijo Ramírez -. Ventaja, wn, una mera ventaja. Una circunstancia. Dejamos de ser monos y toda esta caga’ es virtual. Lo que yo sé: la propaganda es que eres libre. Pero mientras no digas ni pío. Vístete como quieras, di lo que quieras, haz lo que quieras; mientras tengas la plata. Ya somos minusválidos ¿Y quién empezó a robar? La vida es una meta no cumplida. ¿Vas a esperar a que se te muera alguien para vivir? ¿Quieres ganarte el kino? ¿Jubilarte? Pídele un deseo a las velitas, cumpa. Luego al tren. La vida es necrofílica. No le importa si te vas por el caño. Te vuelves abono, y el pasto crece más verde que nunca en los cementerios. Lo que la vida no te otorga, el suicidio te garantiza. Cuando sientas tu sangre en las encías, vas a estar dibujando tu sueño. Deja que el presente sea el presente. Esto no es suicidio. Es auto-conclusión. Eliges que ellos vean tu cuerpo mutilado. Eliges pagar con honor la meta. Eliges el borde del acantilado. Eliges ganarle al destino. De abono o en silla de ruedas, da lo mismo. No fue un gobierno el que te puso ahí. Fueron tus manos atando una cuerda. Tus dedos presionando el gatillo. Tu garganta empujando las pastillas por tu garganta. Es destino auto - gestionado.

Empecé a acariciar al gatito por debajo de la mesa. Me lo imaginaba negro con manchas grises. Era suave. No recordaba una suavidad así.


El flaco refunfuñó. El pendejo prendió un Derby y alguien se puso con un pito.


  • ¿Y si quiero hacer algo arriesgado? – dice un tipo con pipa de agua -. Como matar al presidente o algo así.

  • Quedái como mártir – dice una mina panki -.

  • Mira. De 200 a 300 gramos de cianuro dice la guía. En un minuto vai a quedar inconsciente. De 15 a 45 minutos te vai cortao’. O sino te pegan un balazo.

  • Pero igual, no sé, no es eso. O sea, algo rápido.

  • El balazo te lo podí hacer tú mismo.

  • Pero igual es mucho más irónico el cianuro… Piensa todos los políticos que han funado así.

  • He oído de tipos que se lo pegan mal y quedan minusválidos – dice el de la pipa de agua -.

  • La técnica es en diagonal y con el cañón del arma firme. Las armas de caza son muy efectivas. También puedes usar una magnum .44.

  • ¡Oh! Un Winchester .458, esas weás para cazar elefantes.

  • Esas mierdas dejan todo pegoteado – dice Ramírez -. Si querí hacerte el mártir en una protesta animalista, ahí está el winchester… Algo muy sutil.

El televisor emitía radiaciones al cuarto a medio alumbrar. La otra luz venía de la ventana. Algunos en la mesa, otros junto a las paredes, o en las sillas rodeando la tele. Sin embargo, todo parecía muy silencioso.




  • Voy a romper el hielo con un significado – dijo Ramírez.

No se trata de buscarlo. El significado del dolor, dijo Ramírez y sacó un cuchillo. El pendejo parecía amenazado, mientras que el flaco, se veía, iba a anticiparse. La mirada de la mina panki decía otra cosa, algo más sereno, más desahuciado, reconociendo en ese cuchillo otros cuchillos o tal vez se fijaba en el reflejo como uno se fija en las llamas de una fogata o el fuego azul de un encendedor, y mientras el tipo encendía el pito, el weón de la pipa de agua se preparaba, ambos sin darse cuenta del cuchillo.


Ramírez me miró.


  • La libertad parece condicionada, pero hay formas de doblar las reglas – corría un hilo de sangre por el hombro -. Como Mátrix. Cuando te disparan, alcanzas un nuevo estado de conciencia. Cuando mueres. Las reglas, todas las reglas, no son difíciles de romper. Hay que conocer el significado del dolor. El cristianismo es una infección. Con el cristianismo empieza el consenso de la sociedad segura. No te suicides; irás al limbo. Pero el limbo no dista mucho de este mundo al medio. Yo quiero saber qué hay más allá. Y quiero llevarme un pedazo de esta estrella.

Mientras acariciaba al gato, los observé detenerse: primero en la herida del hombro, luego en lo que estaban buscando de la noche.


Al rato, el flaco dijo:


  • Okéi, toda esa poesía y blabla me importa una we’a, ¿bien? -.

  • ¿La seguridad del método? -.

  • Exacto -.

  • Es seguro -.

  • ¿Cuánto? -.

  • Noventa y nueve por ciento -.

  • ¿Y el problema es…? -.

  • Después te tienes que morir… No es un problema si es algo doble, ¿cachai? El deseo de quitar y el de irse.

Los marihuaneros estaban disfrutando el carrete. Ni idea si se iban a suicidar o no, pero lo estaban pasando la raja.


El gatito me ronroneaba, y yo miraba de vez en cuando al flaco. Pensativo el weón. Duda tras duda.


  • ¿Y si lo que quiero es recibir? – dijo el flaco -.

  • ¿Has recibido algo? ¿Te han obsequiado algo? ¿Te sientes bienvenido? -.

El flaco tenía pinta de perdedor. Todos teníamos esa pinta. Dientes chuecos, amarillentos. Chascones con caspa. Ropa que nunca nos cambiábamos, y el mismo olor de hace una década. Y eso era: había pasado una década. Ya no eran los noventas. Los que nunca iban a tener, lo tuvieron, y nosotros estábamos en Chile, muertos de hambre, llenos de culpa. Estábamos solos.


Mis manos debajo de la mesa acariciaban al gatito. Sentía un tic tac. Miré a la derecha. En la ventana, el flaco miraba un reloj.


  • ¡Eh, flaco! Ven po’ – le dije -.

  • ¿Qué querí? -.

  • Ven, siéntate acá -.

Prendió un nervioso cigarro.




  • ¿Qué querí?

  • ¿Qué onda el reloj? -.

  • No… una weá vieja -.

  • Es como de luca, ¿no? -.

  • Ándate a la mierda, mi papá era pobre -.

Miró hacia la mina panki. Yo observé a Ramírez y luego a los marihuaneros. Uno estaba tosiendo a todo dar. Al reincorporarse, cagado de al risa, le pidió la pipa al otro weón.


González miraba el televisor con el pendejo, los dos weones sentados en sillas de madera con las piernas semiabiertas.
El tic tac. El humo entrando y saliendo. El ruido constante de la pantalla. El gatito.
Casi podía sentir los dedos de alguien presionando un filtro.
Y ahí estaba Ramírez. El más viejo del grupo. Casi no respiraba. Abría levemente los ojos. No creo que pensara mucho, ni que estuviera maquinando nada. Estaba casi muerto.


  • Así que… ¿algún deseo? – dijo Ramírez -.

Nadie contestaba. Estaban pensando o haciendo. Quizás el flaco, la panki, González, los marihuaneros, incluso yo, deseábamos algo bastante concreto. Y después de un mail, nosotros estábamos ahí.




  • Déjanos evaluarlo – dijo González, mirando The Avengers en la oxidada technicolor.

En esa habitación podía haber el recuerdo de un padre muerto, la necesidad de desahogarse, de alienación. Ese lugar, el que yo habitaba, hedía a muerte.


El gatito bajo la mesa ronroneaba con mis caricias, y yo sonreía tratando de ocultarme entre todos. Para ser sincero, todos parecían en su onda. Podía haber pena, o risas drogadas, lo que sea. Nada se detenía, pero parecía detenido.


  • El 2000 tiene tres ceros – dijo el de la pipa de agua, adivinando mis pensamientos -.

Ramírez miraba su sangre correr por el piso. El gatito se alejó de mis dedos y se puso a lamer la sangre.




  • ¿Algún deseo? – repitió Ramírez -.

  • Lo estamos pensando – dijo la panki.

La panki estaba leyendo un libro de Lemebel, pero el flaco ya no la observaba, hipnotizado con su reloj, un tic tac tras otro, confundido por el ruido leve del televisor y el aspirar y soplar lejos. Mi cigarro se consumía. Lo sentía deshacerse entre mis dedos. Como ceniza desde un principio.


Y Ramírez no estaba muerto. Sólo estaba desangrándose lentamente. No nos observaba, escuchando el ruido. Una vida de pasos bebé. La aparente quietud. La dictadura de herencia. El tata golpeando la ventana. Por ahí se iban los ruidos.
Pensé que Ramírez iba a decir que tenía un deseo. Que nos iba a mandar a todos fuera. También podría haber usado el cuchillo. Pero Ramírez se mantuvo impertérrito. Quizás lloraba sangrando, como una muñeca de cerámica en una película gore. O tal vez a todos nos habían dado mareamín y el efecto nos impedía salirnos de nosotros mismos.
El gatito continuaba lamiendo la sangre en el piso. El flaco albino observaba el reloj de su padre con la poca luz de la ventana. González y el pendejo se cagaban de la risa con Avengers, esa risa que parece atragantarse. Los marihuaneros iban por el séptimo cielo. Ramírez recitaba en voz baja “algo se mueve, Gog”, una y otra vez “algo se mueve, Gog”.
La panki había encendido la radio. Tocaban One de Metallica.
La frase “aguanto mi respiración y deseo la muerte”.
Lo único que me impedía creer realmente en esta noche.
- ¿La cambio? – dijo la panki -.

Sobre La Trinidad de Relleno ::::::
MS: ¿Por qué “Trinidad de Relleno”?
JR: Bueh, ya sabes… Creo que esa frase de Palahniuk me había matado. La Gran Depresión, o en el caso de Chile, La Gran Dictadura… son nuestras vidas. O quizás me aburría la televisión. O la radio. O tuve cable e internet por muy poco tiempo. Un par de meses y nada más. Extrañaba muchas cosas, y parecía que todo lo que había en el medio era el intermedio, el interminable intermedio hacia algo mejor que nunca llegaría. Yo no sentí, cuando la estaba escribiendo, que hiciera buena literatura ni nada. Tampoco era una mierda; sólo era basura, algo recolectable para gente que buscara sobrevivir, o snobs como Neruda, que los colgarían de la pared a modo de trofeo. El mundo literario y el mundo anti-literario, ¿cachai? No sé si a eso se refiere, pero es más o menos eso… Lo había dicho en uno de los poemas del libro, pero esa corrección se borró. El título es una ironía. Todos estaban hablando de cosas muy importantes, ¿me entiendes? Todos eran grandes personalidades, todos eran inteligentes, todos eran sabios, todos sabían qué decir y cuándo decirlo… La dictadura del ’73, había que atacarla como fuera. Y todo lo malo que pasaba ahora, no, es que la culpa la tiene la dictadura. Ya no se atacaba a Pinochet, estaba fuera de foco, simplemente se atacaba a los militares, a los críticos de esa época, a todo lo que pusieran de moda los ‘escritores de novelas detectivescas’. Ya no se atacaba a los curas pedófilos, sino a la concertación. Y yo… no sé si seré muy cuico o muy kuma, quizás soy camboyano, ya no sé… Lo que pasa es que necesitaba decir que yo no había vivido la dictadura. No es que no tuviera memoria. No es que no tuviera identidad histórica. Es sólo que mi memoria y mi identidad histórica iban hacia otro lado. Había una generación entera que tenía otra cosa que decir. La vida era otra. Es que, verás, para mí la vida era una depresión tras otra… pero una al estilo de Palahniuk. La novedad se iba agotando. Primero se murió Cobain. Bajón, no había más Cobain, vuelta a la repetición, a la sobreexposición de los muertos, que para entonces era un concepto desconocido. Luego murió el cable y no había más Ren y Stimpy. Eso fue en séptimo, creo. Y bueh, un montón de cosas, da lo mismo. Lo importante es ver este asunto, que las novedades se iban acabando. De pronto se muere Bolaño, y ya no hay nada. Y yo, al igual que todos los latinoamericanos que nos creíamos vanguardistas, teníamos mucha esperanza en la forma, éramos unos formalistas de mierda. Entonces leí mi primera novela de Palahniuk, unos años después de ver el club de la pelea, y haber leído un par de libros de Coupland que tenían ese sabor. Antes de eso, conocía a Cortázar y unos tres libros de Bolaño. Borges, Benedetti, pura mierda… Y terminé esta novela, no recuerdo si antes o después de la muerte de Bolaño, y a mitad de Inhabitantes, le dediqué la novela al poeta. Para mí, más que estar haciendo algo nuevo, estaba haciendo una canción de rock; combino esto, lo otro, y mi canción parece algo nuevo. Y sí, mucho humor chileno, aunque más humor de mi colegio que de Chile, y más de mi curso que de mi colegio. Era tan restrictivo que no pensé que podría funcionar. Y tantas citas a cosas que a nadie le importaban, nombres que sólo si se tenía la información, personas que nadie conocía, nada universal a fin de cuentas… No era “buena literatura”, “libro de altura”, por eso le saqué la “tura” de Cortázar y le puse “sura”, basura, fisura, y planeaba hacer la siguiente vanguardia, “dura”, pero ya estoy muy cansado para repetir fórmulas. Y bueno, “trilogía”… Supongo que en ese tiempo me encantaba el número 3, era el 2003, había escuchado 3 álbumes de Nirvana, un libro de poesía de Bolaño se llamaba 3, el nombre de la personaje principal tenía 3 a’s, yo fumaba tres cajetillas de cigarros al día, me echaba tres pajas, me quería matar a los 23, CQC tenía tres conductores, me sonaba perfecto.
MS: Vamos por secciones, ¿a qué apunta Inhabitantes?
JR: ¿Sabes que tienes las mismas iniciales de Marcela Serrano?
MS: No me huevees que tú tienes las de Tolkien.
JR: Bueh… Inhabitantes, claro. ¿Has notado lo artificial que suena “habitantes”? No la palabra, me refiero a ser un habitante. Es una porquería. Es como si fueras un número en la computadora del país. Es la idea planteada en casi todo ese libro… tener una “identidad”. Al final es un número en la computadora. Si le hubiera puesto “El circo de los identificados”, habría sido una novela diferente, cachai… Habría sido todo lo contrario. American Psycho en vez de Generación X. En vez de hablar de la gente que quiero, hablaría de la gente que odio. El título en realidad parece un insulto, una crítica, pero na’ que ver. Es un nombre para guerreros. No es una generación, como lo habría hecho Coupland, porque ya lo dije, tomé un poco de aquí, un poco de allá, e hice tres personas totalmente geniales, tres personas que me habría encantado conocer. Un inhabitante no es alguien que no habita. Claro que habita, pero no el lugar que le han asignado. Recolecta, como los nómades. No quiere permanecer, sin embargo las instituciones lo obligan a quedarse en un mismo lugar, tener la misma identificación, en este caso, un colegio. Creo que un colegio, tanto como una familia, un país o un dogma, son entidades que tratan de encerrar la experimentación. Has esto por toda tu vida. Vive esto siempre. Deja que los demás se acostumbren a ti, que evolucionen sus prejuicios y tú te quedas donde estás. No sé si en ese tiempo había perdido la esperanza en lo nuevo… Quizás sí, en el momento en que muere Bolaño. Lo que pasa es que este tipo, Palahniuk, tenía un nihilismo, o nuevo nihilismo, muy exquisito. Los tipos no se suicidan por nada. Los tipos siguen y siguen, recolectan piedras, se asfixian en restaurantes, trabajan en la mierda misma, y siguen. Pero del destino ni pío. Mis personajes, mis inhabitantes, eran nihilistas hasta que muere Bolaño. Ocurre el fenómeno Sartre, me entiendes, del vacío a la revolución. De la seguridad, a la búsqueda del destino. Hasta que desaparece Ágata, la realidad es bastante real. Luego se vuelve difusa. Hay que luchar para encontrarla. Dejar el aburguesamiento del estudio seguro, rígido y jerárquico. La familia. La televisión. Mi personaje lo deja todo atrás, cruza la calle y desaparece por toda una sección del libro. El destino final de todo inhabitante. Dejar el cuarto propio. Adentrarse en las calles. Creo haber leído eso como un ejercicio libre en un foro del Club de la pelea… cada día, después del trabajo, tomabas una calle cualquiera, y te dejabas ir, otra calle, te ibas perdiendo. Luego, como esto era un ejercicio que se perfeccionaba con el tiempo, quizás volvías a tu casa y todo seguía regular. Pero cuando estuvieras listo, no necesitarías volver. Ya no bastaba ser un habitante. Ya no bastaba ser útil. Te volverías anónimo, y tus experiencias, totalmente únicas, se perderían contigo. Ese paso lo considero valiente.
MS: ¿Y Doce Suicidios y Cuarto?
JR: Es una especie de interludio entre la primera y la última parte de la trilogía. Es una revista ficticia. Supuestamente, un montón de escritores de la nueva generación “anónima”, habrían usado el nombre de Mauricio Peralta, Maori Pérez, Diego, como se llamase, para escribir sin tapujos lo que se les viniera en gana. Más que dar a conocer todos los secretos podridos de la sociedad, hacer un Plan B literario, se trata de una demostración absoluta de… em… ego. Aunque en él se desarrollan muchas de las teorías que me interesan acerca de la verdadera “anonimización” de las creaciones de un escritor. Por ejemplo, ¿cuál es el poema más famoso de Borges? Pues uno que ni siquiera es de Borges: Instantes. Había leído en un libro de Philip K Dick que la copia desvaloriza al original, así que me dije vaya, interesante, y me propuse hacer copias del escritor ficticio que supuestamente había hecho Inhabitantes; Maori Pérez. En ese mismo tiempo, conocí a un tipo llamado, justamente, Maori Pérez, nacido en el ’86. Participaba en un foro de Virtualia.com. Le ofrecí intercambiar el origen de mis textos, con tal de que él los promocionara a través de esa vía. Así, el origen no era realmente mío, ni de Pérez, ni de ninguno de los escritores citados. Una copia de una copia de una copia, como diría Palahniuk. Luego leí en un foro (puesto que estoy inscrito, pero no posteo), que el mencionado se quería suicidar a las 12 y cuarto. De ahí el título. En realidad, la parte ególatra del libro vino antes que la suicida. Fue una especie de homenaje. El cambio que tuvo el personaje que se había creado Pérez en el foro fue por mi culpa. Desde entonces que me inscribo con su nickname, y los hago odiarme, así sienten más remordimiento cuando sepan que el tipo está muerto. También hay dos más trabajando en diferentes medios de la identidad de Pérez. Uno es su personalidad en messenger, y el otro es el que va a las reuniones del foro. Todos tenemos que estar sincronizados de alguna forma, pero no planeo escribir un nuevo libro con su nombre.
MS: ¿Por qué?
JR: La verdad… no siento que quiera escribir más.
MS: ¿Y El Lugar Que No Existe en la Televisión?
JR: Ése es el último homenaje a Maori. El tipo encuentra su destino, sigue luchando por él. La vida continúa, y todavía existen posibilidades. Este tipo, Maori… nunca salió en la tele. Nunca dio entrevistas, ni autógrafos, ni esas cagadas. Al tipo que iba a las reuniones le dijimos que hiciera la entrevista para virtualia.com, y nada más. En la novela, y entre reproducciones, Maori sigue vivo. Lo mantenemos vivo a patadas al weón.
MS: ¿Qué papel jugaba en tu vida Pérez?
JR: Era un trato estrictamente profesional. Él no sabía nada de mí, ni yo de él. En ese tiempo, cuando lo conocí, yo había tomado un alucinógeno así que no me sorprendió que se llamara igual que uno de mis personajes. Aún dudo si está vivo o muerto. Ni siquiera sé quién es. Ahora. A veces releo La Trilogía, pero me da un poco de nostalgia. Por las cosas que hemos vivido por él. Lo único que sé de él es lo que escribo. Por eso no sigo escribiendo. Ya quedó así, de esa forma. Pérez sigue su destino, lucha por él. En el diálogo del lector, quizás pueda rellenar las salidas, el contacto. Pérez vive en la imaginación consensual. Es lo que tú quieres que sea. Lo que podría ser, lo que habría sido… dejó de ser algo que le perteneciera. Ahora es parte de la escritura y la lectura de un libro que ni siquiera escribió.
MS: ¿Por qué razones se suicidó?
JR: Supongo que eran las doce y cuarto.

Sobre el rock ::::::
MS: ¿Qué grupos de rock son tus favoritos?
JR: Es por épocas. Pero hay grupos que permanecen, de eso no hay duda. Por ejemplo, admito que Nirvana, Faith no more y The Cure son grandes bandas, pero la verdad es que me aburren. Ya están muertos. Nunca van a sacar otro disco. Las canciones ya las conozco, y tengo que pasar períodos extensos de tiempo para volver a escucharlos. Claro, me gustan muchos grupos. Algunos por la letra, porque me mueven, tienen un sonido que no acostumbro escuchar, presentan algo nuevo, representan una generación, me producen algo, qué sé yo. En mi lista de bandas tengo desde The residents, que son industrial antiguo, anti-música, hasta cosas más recientes como Dover, Mogwai, Sparta, The mars volta, Queens of the stone age, NIN, aunque mis favoritos-favoritos, esos que por no escuchar los discos cada vez que me los encuentro por ahí me vuelvo más fanático, son Primus y Soundgarden. Esos no tienen canciones malas. De lo chileno, me gustan Los tres y un grupo que derivó de Los tres, González y los asistentes. Asfixia, alternas, Beerfly, grunge, Insania, el grupo aggro de un amigo… Y uno del que nunca supe su nombre. Tocaban un cover bien pesado de Yesterday. Daban ganas de empujarlos a todos. ¡Ah! Y Sonic youth. Cada vez que escucho Sunday me dan ganas de escuchar Lithium de Nirvana.
MS: ¿Cuál es la relación entre los grupos que te gustan y tu escritura?
JR: Se citan mutuamente. El rock ha gritado las tramas de grandes novelas por años. Es hora de devolverles el favor. Sobre todo en una época donde la literatura ha perdido peso, y la música es casi gratuita. Y muy adictiva, por lo demás. Por ejemplo, Bolaño. Bolaño casi no hablaba de rock. Pero vendía la pomada del rockstar, por lo menos en sus fotos, y en la polémica tipo del rockstar tipo. Si Bolaño hubiera sido vocalista en vez de escritor, seguramente lo habríamos visto en Viña sentándose a pedir la gaviota y cantando sobre la participación de los curas y el canal 13 en la dictadura. Aunque sus nuevos libros difieren mucho de la calidad del último disco de Los Prisioneros. La verdad, si me preguntaran cuál es el mejor grupo de chile, yo no les mostraría un disco de Los Prisioneros, pero si me preguntaran por el mejor escritor, cualquier libro de Bolaño me bastaría. Respecto a mi escritura en particular, creo que hay una relación clave. El dato. Eso y la atmósfera. Primero el dato, porque con la informática ya no nos basta con escribir una historia y dejar una sensación, un sentido, una filosofía, un tumor en el cerebro. Hay que pasar el rumor (Bolaño ya sabía de esto, Palahniuk también). No se remite sólo a la música. Pero si escribo, quiero que el que lea, sepa cuáles grupos me gustan. Quiero que si el lector está interesado, baje de internet algunas canciones y vea de dónde vienen algunas cosas de lo que escribo. No sólo las citas textuales, sino el sentimiento que rodea esas palabras. Y luego está la atmósfera, que es imprescindible. Que cuando lean mis textos, apaguen todas las radios; es como a mí me gusta leer. Sin distracciones, porque la escritura presenta un estímulo muy amplio, y hay que estar preparado para sentirlo. Cuando te sumerges realmente en un escrito, no sientes el mundo rodeándote, sólo está la vaga sensación de la obra en tus manos. No creo que te imagines los lugares, la descripción quedó atrás hace mucho. Pero sí hay algo que te rodea, y no es música, pero se le parece. Te emociona. Te mueve. A veces, la catarsis, el cosquilleo en el pecho, y tienes que cerrar los ojos muy apretados y casi llorar porque el libro o el cuento se ha terminado. Como cuando Seinfeld terminó. Como cuando algo muy importante no puede volver a vivirse así fuera la primera vez. Es parecido a la tristeza, pero también al orgullo. Hay que estar atentos, tal como con la música.
MS: ¿Y la relación del rock con la literatura chilena en general?
JR: Yo diría que el rock ha sido despreciado por las letras chilensis, aunque puedo equivocarme. Tanto no he leído. Pero, por ejemplo, no hay casi nada de rock en Bolaño, ni en Donoso, Germán Carrasco menciona por ahí a algún Soundgarden pero nunca tanto como escribir sobre música, Lemebel cita canciones del año de la pera, Fuguet asegura ser fan de Faith no more pero vende la pomada de escritor para adolescentes y es lo mínimo que podría decir; por lo menos veinte grupos más en la lista, y pasados los noventa; Donoso siempre ha sido una mierda, Parra… no sé si Parra, me decepcionó tanto cuando supe lo que era la antipoesía que prefiero no hablar de Parra. Luego Lihn que es cero rock, igual que Rokha, Redolés tiene una banda pero es pura agonía; es tan viejo que la música se muere sola; no sé, quizás Henríquez es más poeta que todos los anteriores. Hernán Rodríguez Matte tiene más cercanía con el asunto, pero su escritura es como si papelucho fuera adolescente y su familia se hubiera vuelto rica. También supe por ahí que a Gumucio le gustaba Rojo. O lo había criticado, qué sé yo. Gumucio ve rojo. Y lo que es peor, en el horario en directo. Y peor aún, llamó a Rojo. Gastó plata por hablarle al Rafita, al buen Rafa. Filo… No sé, es como si del 2000 para adelante, tanto al rock chileno como a la literatura le hubieran dado una dosis de sesentanina, y las bandas volvieran a usar esos sintetizadores horribles, y los literatos dale que dale con surrealismo y papelucho y jazz. Esa extraña mixtura o célula primordial dividiéndose en una era de relleno. En Tengo miedo torero de Lemebel, leía sólo por la esperanza de que el final fuera que la loca descubre el rock progresivo y salva su destino. Pero no. Es como si todos los que escriben hubieran nacido con la revolución francesa, y no existiera más que pintura y orquestas. Y entonces los grupos locales hacen música orquestada y la avalancha de mierda y wea’. No digo que tengamos que ser bolañitos disfrazándonos de rockstar con opiniones de rockstar que quiere causar polémica… sólo que, a estas alturas, si eres escritor y no comprendes la adicción masiva al rock en casi todas partes, tampoco te creas en una posición muy alta. Sólo eres otro poeta viejo que se cree joven a los 45. Otro poeta en un país de poetas. Y si eres conocido, habría que invertir la frase. Peor mierda por desconocer que basura no reconocida. Y mejor Bolaño literato, que Delano escuchando pop de los ochentas; eso en todos los casos.
MS: ¿Piensas que el rock ha tomado esa posición privilegiada por gratuito?
JR: Más que el rock sea muy gratuito, la literatura es muy elitista. Nadie se va a animar a leer cuando el verso empieza por “puedo escribir los versos más tristes esta noche”. ¡¿A quién le importa que podái escribir los versos más tristes?! Aun Carrasco. Eltit por supuesto. Aun Bolaño. Y creo que si Lemebel no fuera tan proselitista, tampoco lo pescarían los pankis. Es como si les dijera: “Miren, yo pienso igual que ustedes, soy una minoría, me propagandeo marginal y escribo cursi, ¿qué más necesitan?”. En eso, los gringos superan a los chilenos. Fuera de que, claro, también se propagandean su poco. Eso de que Palahniuk lee menos que el común no se lo creo ni cagando. Pero el rótulo de “libros para gente que no lee” lo tiene perfecto. Sus libros no son literatura, ni siquiera lo intentan, y convence a literatos y no-literatos de que es totalmente genial. O ese tipo, Hornby. Qué gran libro Alta Fidelidad. Los demás ni tanto, pero Alta fidelidad… El rock parece gratuito, pero es una imagen, me entiendes, te golpea una y otra hasta que te deja botado. Con unas pocas frases que rimen dejan una huella más honda y más accesible que la mayoría de los libros que conocemos. Y todo ese rollo de lo simultáneo en Cortázar, el rock lo deja atrás. Lo progresivo. El satori. El ritmo. Un libro toma en leerse… ¿Cuánto? ¿Entre 2 y 12 horas? Una canción de 5 minutos puede llevarte más allá. Y cuando escuchas un buen tema, es como si hablaras con un par, mientras que cuando lees un buen texto filosófico o literatura de altura, en realidad estás dialogando con un viejo que te lo presentan viejo y que se muere de viejo. Conozco gente de 36 que todavía siente lo mismo que a los 16, que respira ese mismo aire ambiguo y tiene capacidad de comprender sobre entender. Los grandes literatos de chile son sólo idiotas que se quedaron rancios.
MS: Y sin embargo, afirmas que no te gusta la posición de rockstar…
JR: Recuerdo un poeta que siempre decía “soy un rockstar de la literatura”. Es la peor pose. Si somos escritores, aceptemos que nos encontramos más en la admiración que en la acción. Ya no podemos cambiar al mundo. Ya no somos la mayor influencia. Sólo somos gente refugiada que detesta y ama y necesita un espacio libre donde marcar ese territorio. Lo plasmamos en la página. Otros dejan un rayón en la calle y puedes ver una ventana. No somos rockstars. No poseemos la mayor de las influencias, por no decir ninguna. De hecho, hasta los rockstar chilenos difieren de lo que se considera verdadero. Nos acercamos más a las bandas de garage que tocan para el que pase caminando. De hecho, recuerdo un capítulo de Pete y Pete donde el más joven de los dos pasaba en bicicleta por una casa y estaba tocando un grupo. Le encantaba la canción. Nunca había tenido un tema favorito, pero esa canción sonó en su cabeza varias tardes. No creo que una banda de garage sea un mal lugar. “Con una persona basta”, como decía alguien por ahí.
MS: ¿Y si pudieras recomendar un solo grupo?
JR: Hubiera dicho Los huasos quincheros, por joder, pero si recomendara un solo grupo, yo diría que Upa!, definitivamente.

Amímate ::::::
Al mimo de Plaza de Armas.
A veces, en ocasiones como ahora, me pregunto qué tanta importancia

Puede tener un poeta

No su poesía, sí su nombre.

Sui-dentidad, sui-diosincracia, sui-diotez.

Su biografía, wn.

Yo doy un paso y me siento un poco Lihn;

Estornudo y tengo un aire a

Bolaño; siento tu lengua por mi

Cuello y estoy ahí: Bukowski;

O Rokha;


Martínez;

Parra;


Redolés;

Lemebel;


O confieso que he vivido y chucha, me agarran los pacos, cagué, ¡lo dije todo!

Tanto nombre, tanta biografía, tanta identificación…

Y es que primero fue el prestigio y después el alcohol.

La cerveza nunca ha sido tan exquisita.

Sólo queríamos que se dejaran de meter en nuestros detalles.

Entiéndeme, hay cosas más importantes que la vida de un poeta. Hay artistas de verdad.

Hay gente allá afuera, tal vez en Plaza de Armas, tal vez en un afiche de la Alameda,

No sé, no soy Germancito, me sé

más bandas

que calles.

“Podría decir los versos más tristes esta noche”, yo podría nombrarte los grupos de Doom-metal más populares de Dinamarca, y al mismo tiempo meterle un palo en la raja al primer Carrasco.

Como si cambiara la calidad si eres experto en datos de: escritores, calles, músicos, hackers, la revolución francesa…

Al final, no somos (me incluyo en el círculo “poético”, ni idea por qué)…

No somos más que informantes… secundarios… periodistas prematuros del Mercurio…

Nuestro nombre no merece salir.

No merecemos biografía.

A nadie debería interesarle nuestro paradero, fecha de nacimiento, coeficiente intelectual,

Y es porque nosotros hablamos de otros

Y ellos hablan de aquellos,

El anonimato nos asegura la libertad.

Libertad de información.

Libertad de prensa.

Libertad personal y comunitaria.

Los Chancho tienen tres cosas buenas:



  1. Se refieren a él como “vocalista de Chancho en piedra”, o “guitarrista de Lo Chancho”, “bajista”, “baterista”, son una parte de un todo y ese todo, su concepto, va más allá de ellos mismos.

  2. Caco, tuto, pollo, lolo, facha… Son nombres cariñosos. No hay más identidad que la de un cabro del barrio, mañana salimos a jugar a la pelota, tocamos unos temitas, su piscola, su ron cola, su cola e mono, llamar a alguien por su nombre es casi como llamarlo “Señor”.

  3. Adoran a un país del que se burlan todo el tiempo. Porque aquí, en esta tierra de sonrientes agringados, también hay una que otra persona real.

¿Qué te gustaría hacer antes

de morir?

Yo tengo una lista, pero me la estoy guardando para el día que me dé cáncer.

Me gustaría ser mimo, wn.

Uno de esos de La Plaza de Armas.

De esos mismos que cruzan lentamente cuando va pasando un auto, y cruzan de nuevo, y de nuevo…

Se ponen vestidos y máscaras blancas, pero no son góticos.

Roban pero no son ladrones.

Se van a humor blanco, lejos del tiempo.

Se disfrazan y son libres.

El mimo del programa que vi hoy día

Se llamaba Juan Pablo,

Pero creo que disfrutaba, más que nadie en el mundo,

Que los fines de semana

Le dieron unas horas

Para dejar de serlo.



Deletia ::::::
Ahorra el espacio.

Ocupa bien el espacio.

Ordena tu espacio.

Prende el playback, anda, súbele.

¿Qué dices, Gú?

Gú dice que me odia.

Y ella lo dice de nuevo, pero yo oigo:

“No quiero vert

e de nue

vo”, es que la

s cosas no se d

an como uno qu

isiera. Al final,

despiertas a luchar.

Y tienes que ganar.

¡Viva la libertad!

Ellos dicen que cuando rima tiene que ser verdad.

Ellos son todos skinhead en proceso de repulsión.

Conozco artistas psicópatas que no te tocarían un pelo.

Conozco derechistas que saben, luchan, y viven más vida que muchos neo-anarkos.

Y ahora que leo microsiervos de coupland, ella me dice:

“esa palabra es una contradicción en sí misma”.

“Neo anarkos”.

Quizás ella lee microsiervos al mismo tiempo.

Y me dice:

“Lo nuevo, la innovación, la vanguardia: neo; eso no es más que la mega - corporación pidiéndote que gastes más, que se te corra la baba”.

Quizás ella es un personaje de microsiervos leyendo un libro con mi nombre.

Y me dice:

“ Es como si el latín se hubiera inventado para que las mega-corporaciones tiraran el residuo en el vertedero de una población en alguna parte”.

Quizás ella conoce lo que sueño, y ella sueña el sueño de un sueño, y yo soy el sueño de alguien que sueña, alguien que vive donde el mundo es sueño, y sueña para liberarse, y sabe que es la prisión, que esa libertad es la prisión, y la prisión qué mierda sueña…

Y me dice:

“ Estoy escuchando Mogwai”.

Y me dice:

“El nombre, no sé, creo que es sobre esos personajes de Fainal Fantasi Siete, los mog creo que se llamaban…”.

Y me dice:

“Algo así como “el camino del Mog, la vía del Mog”.

Y me dice:

“ Tienes que matar a Ágata”.

Quizás tantas a’s me marean, y decida no escribir más a’s, y ella lo sepa, y ella, a eso se refiere ella.

Y me dice:

“ old songs stay to the end (8)”

Y me dice:

“ sad songs remind me of friends (8)”

Quizás ella se llame “Y”.

Quizás la música sólo sea conceptos, se vuelva lenguaje, deje de ser más abstracta que lo abstracto…

¿Y?


Y me dice:

“ oooold sooooongs staaaay to the eeeeeend…. (8)”.

Y me dice:

“Quiero morir a los veintisiete años”.

Quizás yo quiera morir a los 17, quizás sea

Una nueva generación del rock an rol clásico.

Quizás dos era mucho, amor, pareja, monogamismo.

Y soy un pendejo, un pajero / este rifle es igual que todos / este rifle es mío/

1 sea mejor que 2, siete sea siempre lo máximo.

Y decida morir ahora.

Y me dice:

“Aer… con ese verso. Inténtalo. El ejercicio”

AHORA. AHORA. AHORA. AHORA. AHORA. AHORA. AHORA. AHORA. AHORA. AHORA. AHORA. AHORA. AHORA. AHORA. AHORA. AHORA…

Xq le digo:

“ ¿sabes? cuando lo repites mucho…”

Xq le digo:

“más que perder el sentido/

sólo deja de parecer ahora, el presente /

se vuelve a-hora /

// a la hora exacta //




Domingomicidio ::::::
El domingo llega solo de nuevo ( gira gira y rueda girando).

Veo la mañana alrededor de tu rostro (gira y da vueltas y rueda girando).

Y tú, tú llevas tu rostro a mirar el otro lado (Gira contorsiónase y rueda girando).

- Noise – Si dios aprendió a decir adiós…

El domingo llega y el domingo se va, aquí viene ella de nuevo (Hola – Chau).

El domingo nunca se termina.

- Noise alejándose – (Pero la voz no la vendemos puerta).

- El cigarro se va apagando -.

A través del viaje pintado de rosa, el santuario de los cerdos de esta habitación (Sanz sonríe).

- tantatatatatatatan -. Ahora estoy perdido / me he perdido (Soy tan bello, piensa Sanz).

No hay pérdida.

Ahora estoy perdido / me he perdido.

No hay pérdida. No hay… – iuuuuu -.

En la compañía del hombre, interior, pérdida.

- tantararan, tantararan, tantararan -.

- el cigarro se apagó -.

Bueno, yo sonrío bien arquitecto.

Ex – presidente en el futuro tenso. Bien estirado en la fuente pintada de rosa.

Ahora estoy perdido.


  • tantacatá -.

Se ha dicho hace mucho tiempo. Tú serás la primera y la última en saber.

Nunca amarás / nunca sabrás.

Nunca amarás / nunca sabrás.


  • uweeuuwuuueuuuwuu -.

Silencio, platillos, adiós.

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