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Indice analitico: La Corriente Democrática


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NUMERO: 26

FECHA: Noviembre-Diciembre 1988

TITULO DE LA REVISTA: Modernización Política

INDICE ANALITICO: La Corriente Democrática


AUTOR: Luis Méndez, Miguel Angel Romero M. [*]

TITULO: Lo que Nadie Pensaba que Fuera... y fue, Historia de un Hijo Desobediente

ABSTRACT:


Nuevamente se dejó entrever que no basta la lucha parlamentaria, las enérgicas impugnaciones y las airadas réplicas; se necesita algo más que ocupaciones masivas del estrado para hacer valer y sentir otro tipo de interés nacional. La Respuesta no está sólo en la Cámara, se encuentra en la fábrica, en el barrio, en el campo... En una lucha que rompa para siempre con la gris figura de lo popular y defina claramente el carácter clasista que determina nuestro desarrollo social.
TEXTO:
Era el 1° de octubre de 1986. La opinión pública recibía por primera vez un documento firmado por un grupo de connotados priístas que, desde las trincheras del todavía su partido, pretendía -decían- democratizar a la aniquilosada y envejecida maquinaria partidaria que estaba lejos ya de responder a las exigencias de una población empobrecida por la equivocada política económica impulsada por el gobierno de Miguel de la Madrid... De las entrañas mismas del PRI surgía la fuerza que en unos cuantos meses le disputaría desde la oposición el poder político.
"Nos mueve el reclamo -explicaban- de una sociedad que acusa signos de desesperanza, consternada por la creciente sangría que representa la carga de la deuda externa y sus efectos sobre los niveles de vida; acosada por la inflación, el desempleo, el libertinaje de los precios, el deterioro constante del salario, la injusta remuneración al esfuerzo de los trabajadores del campo y la ciudad". [1]
- ¡Están provocando el divisionismo y la traición! [2]
- ¡Se doblegan o se van a otra parte! [3]
- ¡Con sus complejos pretenden rehacer su vida política! [4]
- ¡Esas voces dejaron pasar su oportunidad! [5]
Expresaban con enojo -casi con rabia- los viejos priístas. Y más explícitamente, dentro de la XIII Asamblea Nacional del PRI, Jorge de la Vega Domínguez, con preocupante dureza sentenció: "Que todos los priístas sepan que reforzaremos la estructura sectorial de nuestro partido. Que fuera de ella no tiene ni tendrán cabida otro tipo de agrupaciones y de membretes políticos... No toleramos que se invoque a la democracia que practicamos para trastocar nuestra actividad partidista. Desde esta gran Asamblea decimos a todos los que de aquí en adelante no quieran aceptar la voluntad de la inmensa mayoría de los priístas, que renuncien a nuestro partido y que busquen su afiliación en otras organizaciones políticas". [6]
El representante del recién nacido Movimiento de Renovación Democrática del PRI, Cuauhtémoc Cárdenas, respondió con una carta abierta dirigida a los miembros de su partido; en ella afirma, entre otras cosas, que "el PRI avanza hacia una etapa de autoritarismo antidemocrático, de intolerancias y por lo tanto de retrocesos, pues cerrar -expresó- las decisiones partidarias más trascendentes, justificándose en el aprendizaje de reglas no escritas es vulnerar conscientemente los derechos democráticos fundamentales de los miembros del partido. Es al mismo tiempo ... socavar la fuerza de la organización traicionando sus principios y entregándose a la reacción; -y agrega- los excesos antidemocráticos y la intransigencia, normas de conducta de la más alta dirigencia partidaria, impiden toda colaboración digna y respetuosa con ella". [7]
"El asunto de Cuauhtémoc Cárdenas es cuestión acabada -declaró días después Jorge de la Vega. Lo dicho, dicho está, y lo escrito, escrito está"... [8]
El rompimiento político era evidente. La tan anunciada modernización del Revolucionario Institucional no pasaba de ser -en el mejor de los casos- un buen deseo. Las posibilidades de conciliación eran nulas. Cualquier tipo de negociación estaba cancelada. La escisión real de fuerzas encontradas al interior del partido era un hecho. La formalidad de la expulsión del grupo disidente no tardaría en concretarse...
La impopular política económica impuesta por el Estado; la perversa rapacidad del empresariado nacional, en especial de la alta burguesía, las 300 familias, [9] los 30 personajes [10] que a lo largo del sexenio se han propuesto resarcirse de la ofensa que les infirió el decreto presidencial de nacionalización bancaria; los cada vez más deteriorados niveles de vida de la población, comenzaban a mostrar sus costos políticos.
Ante la ausencia de respuestas obreras, campesinas o populares capaces de defender y hacer valer sus intereses; ante la no presencia -todavía- de una oposición partidaria con peso en la correlación de fuerzas establecida, el descontento asumió la forma de un conflicto al interior del partido en el poder, donde una corriente llamada democratizadora se encargó de cuestionar los arcaicos y antidemocráticos patrones de comportamiento partidario establecidos por el modelo de dominación política vigente en México a partir de la consolidación del Estado de la Revolución.
A este primer momento de oposición al sistema político nacional impuesto, le siguió el repudio generalizado de grandes sectores de la población a las medidas adoptadas por un gobierno empecinado en profundizar las diferencias sociales, repudio manifestado hasta el momento -por desgracia- en la más elemental, individual y anónima forma de protesta: el voto.
En fin, a pesar de las persistentes diatribas de los viejos priístas en contra de la corriente democrática del PRI; a pesar de la artificiosa presencia en su XIII Asamblea de dos expresidentes, tratando de crear una ilusoria unidad que en los hechos no existía; a pesar de las múltiples amenazas vertidas por el Comité Ejecutivo Nacional a través de su Presidente Jorge de la Vega Domínguez; a pesar de la expulsión del PRI de los miembros más representativos de la corriente democrática y de su temerosa y tibia primera incursión como oposición; y en contra de las doctas opiniones de los analistas políticos; después del 6 de julio la corriente democrática -convertida ya en organización capaz de formar y abanderar un frente partidista- el Frente Democrático Nacional- se transformó en poder político alternativo contendió con el PRI y le arrebató sus banderas nacionalistas revolucionarias.
De los actores sociales en lucha y de sus bases de apoyo
El Congreso de la Unión revivió en los últimos tres meses todo el esplendor de una vieja lucha política interrumpida hace casi 50 años... La realidad mexicana actual creó la más importante coyuntura política de las últimas cinco décadas. Se abrió un nuevo período que puso en discusión la pertinencia o no de nuevos proyectos nacionales con el concurso de viejos actores sociales, hoy vestidos -dicen- con los ropajes de la modernidad: un sector priísta -minoritario dentro de su organización pero con las riendas del poder político en las manos- que insiste en el cambio estructural, que explícitamente desde hace dos sexenios se empieza a despojar de sus ropajes nacionalistas, y que mostrando sin vergüenza su verdadera orientación clasista, persevera en su disposición por consolidar un nuevo pacto social con los sectores de punta del empresariado nacional; otro sector -priísta también y además mayoritario que por defender antiguos cotos de poder hoy amenazados, endurecen sus posiciones, amenazan, exigen y hacen preocupantes llamados al orden, incluyendo a sus propios compañeros de partido que no compartan sus actitudes, una derecha populista encabezada por un líder carismático, populachera, "buena onda", que aunque considerablemente debilitada, define como nunca el perfil ideológico-político de un importante sector de la población que recoge en lo esencial las demandas neopanistas de convertir al Estado mexicano de rector del proceso económico y arbitro de los conflictos sociales, en un aparato administrativo y vigilante del libre enfrentamiento de las fuerzas del mercado; una izquierda que sin mediaciones transita del internacionalismo proletario -del socialismo marxista- al nacionalismo revolucionario, y que sin mucha discusión -quizás por supervivencia política o por encontrar en su camino la refrescante presencia de las masas- hacen suyas las propuestas cardenistas, aceptan fundirse con ellos en una sola organización política, y por último, el hace más de un año llamado Movimiento de Renovación Democrática -mejor conocida como la corriente democratizadora- que a lo largo de la lucha electoral se propuso -con éxito- arrebatar las banderas nacionalistas al PRI, arrancarle los principios ideológicos que le dieron legitimidad por más de 50 años y expropiarle con el emblema de un nombre el gran mito de la Revolución.
En esta contienda política -partidaria electoral- las clases sociales organizadas -más bien las fracciones y grupos que de ellas se desprenden- se han mantenido -salvo la burguesía- a la expectativa. Los obreros y campesinos mexicanos, atrapados todavía por el enorme peso de la historia, por el asfixiante gravamen de un opresivo pacto social originado en el sexenio cardenista, diluyen su descontento -a través del apoyo al Frente Cardenista- con el silencioso anonimato del voto y con la enorme concentración ciudadana de marcado carácter POPULAR: ambigüedad suprema, fantasma legitimador de miles de injusticias, monstruo de mil cabezas, totalidad divina, absolutismo deificado mitificado, que oculta, devora o subordina el interés clasista al sagrado interés de la nación.
Por lo pronto, el rumbo tomado por los acontecimientos indica que la lucha política por el poder en México ha quedado reducida hasta el momento al enfrentamiento entre dos tendencias ideológicas y dos proyectos de nación -quizás no tan distintos como la pasión política señala, ni tan irreconciliables como supone su contenido discursivo- que parten de un mismo origen: el Partido y los gobiernos de la Revolución; no obstante, aún con las limitaciones que esto supone en la batalla por la democracia-principalmente por el hecho de encontrarse atrapada en un espacio sin salida como lo es el recinto legislativo, por no poder trascender lo popular y convertir lo ciudadano en una lucha clasista no es posible poner en duda la importancia de un fenómeno que cimbró hasta sus cimientos la pesada estructura de dominación que nos gobierna desde hace varios lustros...
Que profanó santuarios y le quitó solemnidad ritual a los tradicionales actos de poder en México.
Hablemos un poco de estos refrescantes momentos de nuestra historia contemporánea.
De dictámenes, Impugnaciones y trifulcas
El 13 de agosto de 1988, más de un mes después de concluida la elección de diputados, senadores y presidente de la República, la Comisión Federal Electoral -en contra de sus publicitadas promesas de dar a conocer los primeros resultados después de 24 horas de terminado el proceso- concluye sus farragosas e intencionadamente lentas sesiones con la lectura de un dictamen que concede constancia de mayoría a 247 diputados priístas y a 227 de la oposición, negándosela a 26 futuros legisladores. Los siete partidos de oposición impugnan de inmediato el veredicto y anuncian que en el Colegio Electoral demostrarán la forma fraudulenta en que se benefició el PRI para llegar a obtener de 260 a 265 diputados. [11]
Posteriormente, el Tribunal de lo Contencioso Electoral falla en el sentido de dar por fundadas o parcialmente fundadas algunas quejas presentadas por los partidos contendientes, pero sin resolver nada en concreto. Esta nueva figura creada por la modificada Ley Electoral mostró en los hechos su inoperancia, su falta de capacidad para resolver conforme a derecho las irregularidades presentadas en el transcurso de la lucha electoral. Las denuncias, descontento, e inconformidades manifestadas en todos los tonos por la oposición -que calificó lo acontecido como el más gigantesco fraude de que se tenga memoria- tenían que ser resueltos en definitiva en la última instancia que por fuerza tenía que calificar las votaciones del 6 de julio: el Colegio Electoral.
Conscientes los partidos políticos todos de la importancia que adquiría en la tensa situación política nacional los trabajos del Colegio Electoral, pero preocupados también -principalmente el PRI- de que dichos trabajos desembocaron en acciones violentas, firman una Declaración Conjunta donde se comprometen al "... máximo, respeto de los derechos de los integrantes del Colegio y de los simpatizantes y militantes de los partidos"; acordando así que "no se hace necesaria la presencia de cuerpos de seguridad pública en las instalaciones ni en las áreas cercanas del recinto parlamentario". [12]
Vana ilusión, esperanza inútil, el mismo día en que se instala el Colegio Electoral se viven -y sobre todo se sienten- inéditas formas de comportamiento político por parte de los futuros legisladores. A lo largo de 15 horas se observó, además de un áspero debate, fuertes enfrentamientos entre legisladores al margen de las formas establecidas por el procedimiento camaral. Gritos, denuestos, improperios, enfrentamientos a empujones y manotazos, tomas violentas de la tribuna, arrebatos de micrófono, en fin, toma por asalto del hasta ese día sagrado presidium, hoy violado hasta por fotógrafos y reporteros. En las atiborradas y ruidosas tribunas, vivas y rechiflas que encendían los ánimos, exacerbaban las pasiones y radicalizaban las posiciones entre los representantes priístas y una oposición unida -como en pocas ocasiones- dispuesta a no dejarse atropellar por la mayoría. En la explanada de acceso al Palacio Legislativo, centenas de cardenistas establecidos en plantón que intentaron en un momento dado irrumpir en masa al recinto para apoyar a sus legisladores. El personal de seguridad intervino y los detuvo no sin antes intercambiar golpes e insultos.
Fue necesario un largo receso de tres horas y la aplicación de un obsoleto reglamento interior para someterlos a los dictados de la mayoría priísta... Y eso que apenas se trataba de instalar el Colegio Electoral... No había duda, violentamente se apoderaba de San Lázaro una nueva práctica parlamentaria, iniciaba; con la instalación de tres comisiones coordinadas por una mesa directiva, el análisis del que saldría la calificación de la LIV Legislatura y del Presidente de la República.
A partir de este momento comienza un accidentado proceso de calificación electoral señalado por ríspidos debates, hirientes calificativos entre presuntos diputados, insultos a los oradores desde las tribunas, apropiación de héroes nacionales -en especial la disputa por la propiedad de Lázaro Cárdenas- imposición mayoritaria de diputados priístas con la impugnación de la oposición, refuerzo al cuerpo de seguridad, estricta vigilancia sobre las tantas veces violadas tribuna, etc.
Destaca en este trayecto la reiterada insistencia de la oposición para abrir los paquetes electorales y ser consultados en casos de duda. Para la diputación priísta este recurso nunca fue necesario, "nos ajustaremos -afirmaron- exactamente a lo que marca la ley; y las comisiones dictaminadoras tienen elementos de juicio suficiente de conformidad con la ley: las actas, la firma de los funcionarios de casilla y de los representantes de los partidos políticos. Además todos los partidos tuvieron el derecho de recurso de protesta si hubo anomalías". [14] Para la oposición, "proseguir la orden del día como está planteada, lo único que provoca es ver pasar los expedientes; no estamos cumpliendo con la función de calificar." [15] Y así, durante varios días, la Cámara vivió la constante demanda de la oposición de abrir los paquetes electorales, recibida con oídos sordos por la diputación priísta. No fueron suficientes las pruebas de irregularidades y fraude presentadas, no bastó la presión desde la tribuna ni el permanente plantón en la explanada de las huestes cardenistas; tampoco pudo nada la movilización popular, la denuncia periodística y la capacidad oratoria de los legisladores de oposición.
En fin, de nada sirvieron las retiradas en masa del recinto legislativo por parte de la oposición, de nada sirvió la reiterada práctica de impugnación, de nada sirvió provocar la crisis nerviosa de un presunto diputado priísta y la airada protesta de una compañera suya a sus correligionarios -"les faltan huevos, ¿qué no somos la mayoría?", expresó indignada...-
Paulatinamente se fue imponiendo la fuerza mayoritaria del partido en el poder; las posiciones priístas se endurecieron y prevaleció una de las más tradicionales formas de quehacer político en México: el mayoriteo... Más aún, cuando un grupo de diputados opositores quiso entrar al sótano donde se almacena la documentación electoral, con el fin de ejercer su derecho a examinarla "el golpe de los tacones de las botas militares resonó en el sótano del Palacio Legislativo. Tres pelotones del Regimiento de Infantería del Campo Militar Número 1 se alinearon en la rampa de acceso a la improvisada bodega donde se guardan los paquetes de la pasada elección federal, y otro fuerte y uniforme golpe recalcó el sincronizado movimiento de embrazar sus rifles automáticos G-3, calibre 762". [16]
Así el 30 de agosto, después de 12 días de agitada calificación, el Colegio Electoral otorgó, al PRI 234 diputaciones de mayoría; al PAN 38 y a los partidos que agrupan el FDN 28; y el día 31 del mismo mes, la mayoría priísta elaboró y aprobó el dictamen de los plurinominales: PRI, 260 diputados FDN, 139; PAN, 101; la oposición -indignada- votó en contra de lo que -en palabras de Pablo Gómez- consideró una infamia.
¿Sería por ello la respuesta del Frente Cardenista durante el VI y último informe de gobierno de Miguel de la Madrid? -"para que no se vaya limpio" decían algunos frentistas-. ¿Sería por ello también -por la tensión acumulada durante el proceso de calificación electoral- la rabiosa respuesta de la clase política en el poder?. Lo cierto es que no terminaba el Primer Mandatario de leer el primer párrafo de su informe, cuando para sorpresa de todos los asistentes al solemne acto ritual de cada 1o. de septiembre se escuchó desde una de las curules: ¡Quiero hacerle una pregunta señor Presidente!
... Y la irrespetuosa interrupción se repitió durante más de 10 veces hasta concluir con la última intermitencia proferida por el senador de la República Porfirio Muñoz Ledo: ¡Ciudadano Presidente! -gritó y no fue escuchado-; ¡Ciudadano Presidente! -repitió avanzando hacia el estrado-. Los guardias presidenciales le cerraron el paso. Miguel de la Madrid golpeó con el puño sobre el atril y se rompió en definitiva el protocolo y con él años y años de historia. La intocable imagen presidencial fue profanada. La figura del Ejecutivo empezó a dejar de ser mito.
Toda la oposición cardenista abandonó el recinto en medio de una confusión terrible. Fotógrafos, reporteros, indignados priístas dispuestos a lavar la afrenta. Insultos, jaloneos e intentos de agresión contra la persona de Muñoz Ledo .... y un gigantesco coro que tronaba con furia: ¡TRAIDOR! ¡TRAIDOR! ¡TRAIDOR! ... y no podía ser de otra manera, era el acto servil de defensa a una figura que empieza a formar parte del pasado.
Alrededor de cinco minutos después de la refrescante trifulca, termina -por fin- el antes protocolario acto... Se retira Miguel de la Madrid con rumbo a Palacio ... Mágico trayecto donde invisibles manos arrojaron toneladas de confeti por unas calles semivacías donde no se perciben más que mantas y soldados... Terminaba un importante momento de nuestra historia política; un breve espacio y un tiempo donde se confrontó lo viejo y lo nuevo de una nación que se debate por romper sus arcaicas ataduras.
La acción tuvo su costo. El PRI cerró filas. Dinosaurios y modernizantes se propusieron hacer sentir su peso. La calificación del Colegio Electoral al triunfo de Salinas de Gortari es un ejemplo de ello. A pesar del enérgico rechazo de la oposición, el acto fue consumado dentro de los marcos establecidos por la más pura tradición priísta.
Nuevamente se dejó entrever que no basta la lucha parlamentaria, las enérgicas impugnaciones y las airadas réplicas; se necesita algo más que ocupaciones masivas del estrado para hacer valer y sentir otro tipo de interés social. La respuesta no está solo en la Cámara, se encuentra en la fábrica, en el barrio, en el campo... En una lucha que rompa para siempre con la gris figura de lo popular y defina claramente el carácter clasista que determina nuestro desarrollo social.
CITAS:
[*] Profesores del Depto. de Sociología de la UAM-A.
[1] Movimiento de Renovación Democrática, Documento de Trabajo No. 1
[2] Irma Cué, entonces Presidente del PRI.
[3] González Pacheco, entonces gobernador del estado de Tabasco.
[4] Rodríguez Alcaine, Secretario General del SUTERM.
[5] Hugo Domenzáin, Secretario General de la FSTSE.
[6] Ver, Miguel Angel Romero, "Movimiento de Renovación Democrática del PRI", El Cotidiano No. 17, mayo-junio, 1987.
[7] Ver, Miguel Angel Romero, "Movimiento de Renovación Democrática del PRI", El Cotidiano No. 17, mayo-junio, 1987.
[8] Ver, Miguel Angel Romero, "Movimiento de Renovación Democrática del PRI", El Cotidiano No. 17, mayo-junio, 1987.
[9] Perfil de la Jornada, 7 de agosto de 1988.
[10] Uno más Uno, 10 de septiembre de 1988.
[11] Excélsior, 14 de agosto de 1988.
[12] La Jornada, 14 de agosto de 1988.
[13] La Jornada 16 de agosto de 1988.
[14] Guillermo Jiménez Morales, La Jornada, 21 de agosto de 1988.
[15] Pablo Gómez, Idem.
[16] Miguel Angel Rivera, La Jornada, 27 de agosto de 1988.


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