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Iglesia de Dios (7° Día) el lavatorio de los pies lectura Bíblica: Juan 13


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Iglesia de Dios (7° Día)

EL LAVATORIO DE LOS PIES

Lectura Bíblica: Juan 13

En la escena del lavatorio el maestro se convierte en esclavo. Según la cultura de aquella época, después de servir el primer plato, el esclavo llevaba la jofaina con una toalla atada para que se lavaran las manos los comensales, y se acercaba primero al Maestro, por eso el primero en recibir el agua es Jesús. Pero Jesús, en vez de lavarse las manos según el ritual, enseña la categoría del descendimiento (ir hacia abajo y no hacia arriba, el esclavo es un ser sin derechos, reducido al nivel de lo infrahumano, que no tiene posibilidad de manifestar su propia voluntad en la casa del amo, su vida no tiene sentido en sí misma, sino en función de otros, a quienes sirve, tiene identidad sólo a partir de lo que el amo hace y de lo que manda, el esclavo es lo que el amo le permite) al tomar Él la jofaina y atarse la toalla, y lava los pies de los discípulos, uno por uno, acto que representa la mayor distorsión para la cultura de aquella época, para esa mentalidad de poder. Es por eso que Pedro el impulsivo se resiste; la humillación es lo peor para un oriental.

Solo la madre o el esclavo lavaban los pies en Israel. Un judío nunca lavaba los pies. El Maestro nos da ejemplo a todos, Jesús como esclavo (en obediencia) y como madre (por amor). El Dios que Jesús representa es mucho más que un Dios que se abaja, más que un Dios que hace un gesto de amor para mostrar el camino, es el Dios que ha entrado por el camino de la oscuridad, es el Dios que se ha convertido en la aberración más grande que pueda existir, en el no Dios; el grandísimo, majestuoso e ilimitado se ha convertido en el nadie, en el polvo y en la basura, en el ser que está a los pies del hombre para lavárselos.

La actitud del pequeño que se inclina ante el grande no es necesariamente humildad, pero el grande que se inclina ante el pequeño, este es verdaderamente humilde. La encarnación es la humildad fundamental, hemos perdido la capacidad de ser signo del Cristo encarnado, porque hemos perdido la capacidad de inclinarnos ante los pequeños y pobres. Lo que esta sucediendo en el lavatorio es un cambio de valores, la salvación del otro se da por la aniquilación propia a favor del otro. Cuando damos generalmente damos desde arriba, esto no humilla a nadie, al contrario esto da prestigio o hace crecer el ego; pero no desde abajo como enseña el cristianismo, sin ponernos a los pies del otro verdaderamente, estar allí para el otro, entregar la vida por el otro, la total consumación del amor, el aniquilarse, desgastarse, y fatigarse por el otro. El mundo encuentra todo esto locura, el corazón lo encuentra intolerable y la razón absurdo. El lavatorio de los pies recapitula toda la existencia del Señor y su programa de vida, al venir al mundo el Verbo toma el uniforme de los esclavos, rescata el mundo por medio de la entrega absoluta. Esta acción de unos instantes resume toda una existencia, y hace presentir misteriosa, la anticipación de la comunión y el calvario, donde Jesús se entregará por todos.

Dios se arroja a los pies del hombre y lo que lava no son los pies hermosos de Adán y Eva recién creados en el paraíso, sino los pies de la historia, las extremidades del animal caído que camina pecando por el polvo, que peca de los pies a la cabeza. Este Eterno que se ha puesto de rodillas y tiene manos de madre para los pies de Judas, para los pies de aquel que ha de entregarle, el enemigo que se convierte en Satanás, y quien representa a todos los malvados de la historia. Jesús representa la actitud de amor ante el enemigo, es más de lo que nunca pudimos imaginarnos.

El cristiano es verdaderamente cristiano cuando es capaz de ponerse a los pies de su enemigo, de amar hasta el extremo en la vida concreta y no sólo en la interioridad de su intención. El cristiano no es el que guarda distancia, el cristiano es un imprudente provocador de cercanías, es uno que está siempre ahí, que no se aferra a su ego y a su amargura. Nuestra tristeza sigue existiendo por nuestra incapacidad para amar y ponernos a sus pies como lo hizo Jesús. Por último, al terminar el lavatorio, Jesús volvió a la mesa y se puso a comer como esclavo sin quitarse la toalla, significando con esto el ministerio o servicio permanente al otro por parte de todo creyente, por parte de todos nosotros, los que ahora lavaremos sus pies.



Raymundo Ramos



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