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Ies misteri d’Elx “Procurad, sobre todo, que no se os muera la lengua viva, que es el gran peligro de las aulas”


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C. TEMAS DE CREACIÓN


-Has leído un cuento de suspense. Narra tú ahora un breve cuento sobre una situación en la que hayas sentido o pudieras sentir miedo.

-Plasma las consecuencias que se pueden derivar de una determinada obsesión maligna o benigna.

-Cuenta una historia en la que se refleje ciertas dosis de locura en el personaje principal.


Textos para 4º ESO

© El bosque animado, Wenceslao Fernández Flórez


(...)

Un día llegaron unos hombres a la fraga* de Cecebre, abrieron un agujero, clavaron un poste y lo aseguraron apisonando guijarros y tierra a su alrededor. Subieron luego por él, prendiéronle varios hilos metálicos y se marcharon para continuar el tendido de la línea.

Las plantas que había en torno del reciente huésped de la fraga permanecieron durante varios días cohibidas son su presencia, porque ya se ha dicho que su timidez es muy grande. Al fin, la que estaba más cerca de él, que era un pino alto, alto, recio y recto, dijo:

--Han plantado un nuevo árbol en la fraga.

Y la noticia, propagadas por las hojas del eucalipto que rozaban al pino, y por las del castaño que rozaban al eucalipto, y por las del roble que tocaban las del castaño, y las del abedul que se mezclaban con las del roble, se extendió por toda la espesura. Los troncos más elevados miraban por encima de las copas de los demás, y cuando el viento separaba la fronda, los más apartados se asomaban para mirar.

--¿Cómo es? ¿Cómo es?

--Pues es –dijo el pino—de una especie muy rara. Tiene el tronco negro hasta más de un vara sobre la tierra, y después parece de un blanco grisáceo. Resulta muy elegante.

--¡Es muy elegante, muy elegante! --transmitieron unas hojas a otras.

--Sus frutos --continuó el pino fijándose en los aisladores—son blancos como las piedras de cuarzo y más lisos y más brillantes que las hojas del acebo.

Dejó que la noticia llegase a los confines de la fraga y siguió:

--Sus ramas son delgadísimas y tan largas que no puedo ver dónde terminan. Ocho se extienden hacia donde el sol nace y ocho hacia donde el sol muere. Ni se tuercen ni se desmayan, y es imposible distinguir en ellas un nudo, ni una hoja ni un brote. Pienso que quizá no sea ésta su época de retoñar, pero no lo sé. Nunca vi un árbol parecido.

Todas las plantas del bosque comentaron al nuevo vecino y convinieron en que debía de tratarse de un ejemplar muy importante. Una zarza que se apresuró a enroscarse en él declaró que en su interior se escuchaban vibraciones, algo así como un timbre que sonase a gran distancia, como un temblor metálico del que no era capaz de dar una descripción más precisa porque no había oído nada semejante en los demás troncos a os que se había arrimado. Y esto aumentó el respeto en los otros árboles y el orgullo de tenerlo entre ellos.

Ninguno se atrevía a dirigirse a él, y él, tieso, rígido, no parecía haber notado las presencias ajenas. Pero una tarde de mayo el pino alto, recio y recto se decidió...sin saber cómo. Su tronco era magnífico y valía muy bien veinte duros, aunque él ni siquiera lo sospechaba y acaso, de saberlo, tampoco cambiase su carácter humilde y sencillo. El caso es que aquella tarde fue la más hermosa de la primavera; las hojas, de un verde nuevo, eran grandes ya y cumplían sus funciones con el vigor de órganos juveniles; la savia recogía del suelo húmedo sustancias embriagadoras; todo el campo estaba lleno de flores silvestres y unas nubecillas se iban aproximando con lentitud al Poniente, preparándose para organizar una fiesta de colores al marcharse el sol. Quiso la suerte que una leve brisa acudiese a meter sus dedos suaves entre la cabellera de la fronda, tupida y olorosa como la de una novia, y bajo aquella caricia la fraga ronroneó un poquito, igual que un gato al que rascasen la cabeza, y luego se puso a cantar.

[...]


El poste crujió:

--¿Para qué quiero yo sostener nidos de pájaros y soportar sus arrullos y aguantar su prole? ¿Me ha tomado usted por una nodriza? ¿Cree que soy capaz de alcahuetear amoríos? Puesto que usted me habla de ello, le diré que repruebo esa debilidad que induce a los árboles de este bosque a servir de hospederos a tantas avecillas inútiles que no alcanzan más que a gorjea. Sepa de una vez para siempre que no se atreverán a faltarme al respeto amasando sobre mí briznas de barro. Los pájaros que yo soporto son de vidrio o de porcelana, y no les hacen falta plumajes de colorines, ni lanzarán un trino por nada del mundo. ¿Cómo podría yo servir a la civilización y al progreso si perdiese el tiempo con la cría de pajaritos?

Estas palabras circularon en seguida por la fraga, y los árboles hicieron lo posible por desprenderse de los nidos y para ahogar entre sus hojas el charloteo de los huéspedes alados que iban a posarse en las ramas.

Sobre el tronco del pino resbalaron una vez diáfanas gotas de resina que quedaron allí, inmovilizadas, como una larga sarta de brillantes. De ellas arrancaba el sol destellos de los siete colores, y el pino estaba satisfecho de ser –tan esbelto, tan oloroso y tan enjoyado— una maravilla viviente.

--¿Se ha fijado usted en mis collares? –se atrevió a preguntar al vecino.

--Sí –aprobó esta vez el poste--; claro que usted llama collares a lo que no son más que gotas de resina. Pero la resina es buena: es aisladora (el pino ignoraba de qué), y es más digno producirla que dedicarse a dar castañas, como ese árbol gordo que está detrás de usted. Cierto es que, por muchos esfuerzos que usted haga, no conseguirá crear un aislador tan bueno como los míos, pero algo es algo. Le aconsejo que se deje dar unos cortes en el tronco, a un metro del suelo, y así segregará más resina.

--¿No será muy debilitante? –temió, estremeciéndose el pino.

--Naturalmente, debilita mucho, pero resulta más serio. No crea usted que eso se opone a hacer una buena carrera.

--¡Ah! –exclamó el árbol, que seguía sin entender.

--Hasta la favorece, si se me apura. Conocí varios pinos que fueron sangrados abundantemente, que trabajaron desde su edad adulta para la Resinera Española. Y ahí los tiene usted ahora con muy buenos puestos en la línea telegráfica del Norte, dedicados también a la ciencia.

Aquel año los vendavales de invierno fueron prolongados y duros. Durante varios días seguidos los árboles no conocieron el reposo. Incesantemente encorvados, cabeceando y retorciéndose, llenaban el bosque del ruido siniestro de sus crujidos y del batir de sus ramas. Les era imposible descansar de tan violento ejercicio y sus hojas secas, arrebatadas por el huracán, parecían llevar demandas de socorro. Temblaban desde las raíces hasta las más débiles ramas, y el viento no se compadecía. A la tercera noche, un cedro no pudo más y se desplomó, roto. Las ramas de algunos compañeros próximos intentaron sostenerlo, pero estaban cansadas también y se quebraron y se dejaron resbalar hasta el suelo al bello gigante, con un golpe que resonó más allá de la fraga. Todo fue duelo. El hueco que deja en un bosque un árbol añoso es tan entristecedor y tan visible como el que deja un muerto en su hogar. Únicamente el poste pareció alegrarse.

--Al fin se decidió a cumplir su destino –declaró--. Ahora podrán hacerse de él muy hermosas puertas, que es para lo que había nacido; no para esconder gorriones y para tararear tonterías. Y ustedes aprendan de él. ¿Qué hace ahí ese nogal? Otros muchos más jóvenes he tratado yo cuando se estaban convirtiendo en mesas de comedor y en tresillos para gabinete. ¿Y aquel castaño gordo, tan pomposo y tan inútil? ¿A qué espera para dar de sí varios aparadores? ¡Pues me parece a mí que ya es tiempo de que tenga juicio y piense en trabajar gravemente! ¡Vaya una fraga ésta! ¡No hay quien la resista! Si yo no estuviese absorto en mis labores técnicas, no podría vivir aquí.

Los pareceres de aquel vecino tan raro y solemne influyeron profundamente en los árboles. Las mimbreras se jactaban de tener parentesco con él porque sus finas y rectas varillas semejábanse algo a los alambres; el castaño dejó secar sus hojas porque se avergonzaba de ser frondoso; distintos árboles consintieron en morir para comenzar a ser serios y útiles, y todo el bosque, grave y entristecido, parecía enfermo, hasta el punto de que los pájaros no lo preferían ya como morada.

Pasado cierto tiempo, volvieron al lugar unos hombres muy semejantes a los que habían traído el poste; lo examinaron, lo golpearon con unas herramientas, comprobaron la fofez de madera carcomida por larvas de insectos, y lo derribaron. Tan minado estaba, que al caer se rompió.

El bosque hallábase conmovido por aquel tremendo acontecimiento. La curiosidad era tan intensa que la savia corría con mayor prisa. Quizá ahora pudieran conocer, por los dibujos del leño, la especie a que pertenecía aquel ser respetable, austero y caviloso.

--¡Mira e infórmanos! –rogaron los árboles al pino.

Y el pino miró.

--¿Qué tenía dentro?

Y el pino dijo:

--Polilla.

--¿Qué más?

Y el pino miró de nuevo:

--Polvo.

--¿Qué más?

Y el pino anunció, dejando de mirar:

--Muerte. Ya estaba muerto. Siempre estuvo muerto.

Aquel día el bosque, decepcionado, calló. Al día siguiente entonó la alegre canción en que imita a la presa del molino. Los pájaros volvieron. Ningún árbol tornó a pensar en convertirse en sillas y en trincheros. La fraga recuperó de golpe su alma ingenua, en la que toda la ciencia consiste en saber que de cuanto se puede ver, hacer o pensar, sobre la tierra, lo más prodigioso, lo más profundo, lo más grave es esto: vivir.


A. LECTURA

Lee atentamente el texto anterior. Intenta comprenderlo. El siguiente listado de palabras y su significado correspondiente tienen como fin facilitarte la total comprensión del relato.

-Fraga. Lugar montañoso abrupto y con maleza. Así se denominan algunos bosques en Galicia.

-Cohibidas. Tímidas, amedrentadas, asustadas.

-Fronda. Conjunto de hojas o ramas que forman espesura.

-Convinieron. Coincidieron; ser de un mismo parecer.

-Onomatopeya. El mismo vocablo que imita el sonido de la cosa nombrada con él.

-Mixtificación. Acción y efecto de mixtificar (engañar, falsear).

-Reputo (juzgo, considero) como bagatela (cosa de poca importancia y valor).

-Repruebo. Dar por malo, no estimar conveniente.

-Se jactaban. Alabarse uno excesiva y presuntuosamente, con fundamento o sin él.

-Tupida. Espesa, que tiene sus elementos muy juntos o apretados.

-Oropéndola. Ave de plumaje amarillo y negro, cuyo nido de hebras de esparto cuelga de las ramas de los árboles.

-En sordina. Silenciosamente, sin estrépito y con cierto disimulo.


B. ACTIVIDADES DE COMPRENSIÓN Y REDACCIÓN

Contesta con la máxima claridad y corrección posibles las siguientes preguntas:

-¿Por qué crees que el libro al que pertenece este fragmento se titula El bosque animado?

-¿Cómo se manifiesta la prosopopeya en este texto?

-¿Cuál es el mensaje que quiere transmitirnos el autor? Argumenta el tipo de relación que se establece entre el progreso de la ciencia ya la conservación de la naturaleza.

-¿Te parece altiva y autosuficiente la actitud del poste eléctrico? Explica asimismo el cambio de personalidad que adoptan los árboles de la fraga.

-¿Por qué se alegra el poste cuando el cedro cae derruido por el viento?
C. TEMAS DE CREACIÓN

A continuación te proponemos algunos temas sobre los que puede tratar tu redacción, cuya extensión no ha de sobrepasar los dos folios. Sería conveniente que buscases otras situaciones creativas y personales.

-Visión del mundo a través de los ojos de cualquier animal.

-Conversación entre los personajes de los libros de una biblioteca.

-Consecuencias de la rebelión de un mando a distancia que desobedece las órdenes de su amo, el espectador.

-La historia, alegrías y desventuras del adoquín travieso que zancadillea a los transeúntes.


© La cosa, Juan José Millás

De pequeño tuve una caja de zapatos que llegó a ser mi juguete preferido, entre otras cosas porque no tenía otro. Pero envejeció más deprisa que los zapatos que había llevado dentro, de manera que a mi caja se le cayó un día la primera a y se quedó en una cja, que así, a primera vista, parece un juguete yugoslavo. Busqué entre las herramientas de mi padre una a de repuesto, pero no había ninguna y tuve que sustituirla por una o. De este modo, sin transición, tuve que olvidar la caja para hacerme cargo de una coja, lo que es tan duro como pasar directamente de la niñez a los asuntos.

Jugué mucho con aquella coja, todavía la recuerdo, pero se fue haciendo mayor también y un día se le cayó la jota. Hay quien piensa que las vocales se estropean antes que las consonantes, pero yo creo que vienen a durar más o menos lo mismo. El caso es que tampoco encontré entre los tornillos de mi padre una jota en buen uso, así que la sustituí por una pe que estaba prácticamente sin estrenar. La coloqué en el lugar de la jota y me salió una copa estupenda, con la que he bebido de todo hasta ayer mismo, que se me cayó al suelo y se rompió.

A decir verdad, se rompió justamente por la pe, y como es muy antigua no he encontrado en ninguna ferretería una igual. Ayer fui a casa de mis padres, y después de mucho rebuscar en el trastero di con una ese que no desentona con el conjunto. O sea, que ahora tengo una cosa, pero no sé qué hacer con ella. La caja, la coja y la copa eran muy útiles para guardar secretos, jugar o emborracharse. Pero la cosa me da miedo; además, la escondí en el bolsillo interior de la chaqueta, de manera que desde ayer tengo una cosa aquí, en el pecho, que me llena de angustia. Lo peor de todo es que, como no sé qué es, tampoco sé cómo se rompe.

Qué vida, ¿no?

© La razón dominante, Luis Rojas Marcos

Pocos productos de las ciencias sociales y psicológicas despiertan tanta controversia, encienden tantas pasiones y crean tanta confusión como el cociente de inteligencia o CI. Esta definición aritmética consiste en dividir la edad intelectual de la persona entre su edad cronológica y multiplicar el resultado por 100. A raíz del descubrimiento de las pruebas de inteligencia a principios de siglo por el psicólogo francés Alfred Binet, y del invento, en 1912, del fatídico cociente por su colega alemán William Stern, la exaltación de la individualidad del ser humano se convirtió en una obsesión irresistible de la psicología. Hoy el CI es una metáfora, un potente símbolo imbuido* en nuestra cultura

competitiva y narcisista. Aunque ayuda a diagnosticar ciertos problemas del desarrollo mental en niños, con demasiada frecuencia es utilizado para justificar el predominio de las elites intelectuales sobre otros grupos considerados menos valiosos, menos humanos.

En el excelso templo de las virtudes, la inteligencia académica que mide el CI ha sido puesta en un lugar mucho más alto del que se merece. Su identificación con las cualidades más atractivas de la persona es científicamente errónea y humanamente desafortunada. Un repaso de casos documentados de prodigios, desde Mozart, Schubert y otros portentos musicales hasta los sabios matemáticos [...], pasando por genios del ajedrez y calculadoras humanas de increíble memoria, nos convencen de que estas lumbreras nacen y se hacen. Sus biografías ilustran el componente innato del intelecto, pero además demuestran que el entendimiento y la imaginación están condicionados por la educación, las emociones, las experiencias, las fuerzas sociales y la cultura. Y es que para superar los desafíos que nos plantea la vida necesitamos dos mentes, una que piensa y otra que siente. Un cociente de inteligencia alto no garantiza la prosperidad, ni las relaciones dichosas, ni la paz de espíritu. Los más inteligentes a menudo son pilotos desastrosos de sus vidas privadas y se hunden en las turbulencias de sus pasiones. Por el contrario, las personas que están preparadas emocionalmente tienen ventajas en cualquier aspecto de la vida. Como en El principito, de Saint- Exupéry, “vemos bien con el corazón, lo más esencial es invisible a los ojos”.

Nuestro nicho en la sociedad depende de muchas inteligencias: la inteligencia emocional, la social, la musical, la artística, la comunicativa, la inteligencia del sentido del humor y la inteligencia inconsciente que gobierna la intuición. Gracias a estas aptitudes moderamos nuestros impulsos, regulamos los sentimientos y evitamos que nos abrume el estrés o interfiera con nuestra capacidad para razonar o tomar decisiones. Estos talentos también nos ayudan a captar las reglas informales que gobiernan el éxito en la política de las organizaciones, a desarrollar el “don de gentes”, a hacer y conservar amigos, y a reconocer y sentir las circunstancias de los demás, lo que es la esencia de la empatía.

En mi opinión, el cociente de inteligencia es un indicador demasiado miópico y estricto como para ser útil. Me figuro que sus admiradores han sido seducidos por el paradigma del ordenador como modelo de la mente, olvidando que el cerebro no es una estructura seca, estéril y fría de silicona, sino una masa blanda, húmeda y pulsátil que está flotando en un caldo de sustancias neuroquímicas. En el fondo, el CI es una consecuencia de nuestra manía por etiquetar y ordenar cuantitativamente a las personas, un ingenio que obedece a la compulsión ancestral* por separar a los buenos de los malos. Recordemos que nada es más natural que la necesidad de los humanos de reclamar la superioridad de unos sobre otros.

©
“… ¡Maldición, estamos rodeados! Así es imposible leer, hay que saber demasiadas cosas, hay que amueblar la mente de bidets teóricos, hay que ser experto en demasiadas chorradas –le digo a la desilusionada estudiante de graves rodillas y afanoso bolígrafo. Se han empeñado ellos, los malditos tambores de las cátedras y de los institutos, los avinagrados columnistas de diarios de provincias, los rastreadores de estilos y figuras de la alfombra, los rebuznos de la crítica trascendente y los cuarenta años de incultura franquista, en convertir la lectura de un libro en cualquier cosa menos en un placer, un acto libre y espontáneo, una aventura personal con la imaginación. ¿Quieres un consejo? Tira por la borda ese cuaderno y ese bolígrafo y ponte a leer sobre esas rodillas sojuzgadas de estudiante aplicada, y con ojos infantiles a ser posible, renovada la capacidad de asombro, el sentido de la vida y la imaginación penetrante, otra vez, “La isla del tesoro”. Callarán los bobos tambores eruditos y recobrarás el tesoro de leer”.

Juan Marsé, La isla del libro y el día del tesoro, “El Periódico”, 22-04-79

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“Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa... o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. Y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.

La pasión de Bastián Baltasar Bux eran los libros”.

Michael Ende, La historia interminable

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“Me resisto a considerar el afán de leer una simple ‘afición’ entre otras: es una pasión, aún más, una forma de vida.



Yo leía, leía muchísimo, leía sin parar: ¡pensar que ahora hay chicos y chicas que no leen en verano ‘porque están de vacaciones!’”.

Fernando Savater, Mira por donde

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“Porque un libro que no abres es condenarlo a una especie de purgatorio esperando que alguien le dé vida”.



Alberto Manguel

©
“¿Habéis navegado alguna vez en un velero a lo largo de la costa, movidos por una suave brisa que susurra en las velas, y viendo a poca distancia cómo van apareciendo y quedando atrás lo detalles del litoral? (…)

Esa navegación en la librería, (…), y esa conquista fácil de otros mundos, de otras vidas, que nunca conocería sin el libro es la fuerza, la magia, la salvadora vivencia de la lectura. (…) Mientras yo no pierda los ojos ni la razón, la lectura llenará mis deseos, provocará otros y me descubrirá lo que no sospecho dando a mi limitada vida física perspectivas innumerables.

¡Desdichados los que se privan de estas navegaciones insustituibles, indispensables, enriquecedoras! ¡Abramos sus ojos a la lectura!”.



José Luis Sanpedro

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“Leer es una manera de pasar el tiempo sin que se pierda en el torbellino de ese ocio compulsivo y prefabricado. Hay que ser muy valiente hoy día para enfrentar el tiempo solos, con un libro entre las manos y arropados por el silencio. Leer no para esquivar la vida o para eludirla, sino para saber de qué está hecho el tiempo”.



Victoria Fernández, Revista CLIJ, julio-agosto de 2001

©
“Soy un lector compulsivo. No puedo estar sin leer. Es puro placer, pero no comparto esas supersticiones que existen en torno a la lectura, como la de tener que acabar un libro o leer libros llamados importantes, la de leer uno solo a la vez, la de no escribir en ellos. Un verdadero lector no se cree esas cosas”.



Alberto Manguel

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“¿Cómo se puede estar frustrado, insatisfecho, nada feliz, teniendo los libros que se tienen? ¿Cómo he de estar frustrado, con unos libros junto a la cama y ganas de leerlos?”



Peter Handke, El peso del mundo
©
“El futuro de la lectura es incierto; sin embargo, muchos seguimos convencidos de su poder, de su utilidad en la hora presente y del inmenso paraíso que aguarda tras la verja de sus símbolos a quien se atreva a cruzarla. Escribir y leer son probablemente el invento humano que más ha transformado a su propio inventor. (...) En la escritura habita el pensamiento y la lectura es el soplo que lo difunde. Por eso, decía, es un imperativo pedagógico enseñarla, cuidarla y propagarla. Si en el siglo XVIII, el filósofo Inmanuel Kant propuso como lema de la ilustración sapere aude, atrévete a pensar; nosotros proponemos este otro para el siglo XXI: legere aude, atrévete a leer. Porque leer, hoy, es una decisión para la que se necesita cierta audacia, pero podemos asegurar que quien se arriesgue a ello no se arrepentirá jamás”.

Eliacer Cansino.

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Piensa y reflexiona


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10. Poemas para memorizar

©
Anónimo

Por el mes era de mayo

cuando hace la calor,

cuando los trigos encañan

y están los campos en flor,

cuando canta la calandria

y responde el ruiseñor,

cuando los enamorados

van a servir al amor;

sino yo, triste, cuitado,

que vivo en esta prisión,

que ni sé cuándo es día

ni cuándo las noches son

sino por una avecilla

que me cantaba al albor;

matómela un ballestero,

déle Dios mal galardón.

©
Anónimo

Un sueño soñaba anoche,

soñito del alma mía,

soñaba con mis amores

que en mis brazos los tenía.

Vi entrar señora tan blanca

muy más que la nieve fría.

"¿Por dónde has entrado, amor?

¿Cómo has entrado, mi vida?

Las puertas no están cerradas,

ventanas y celosías".

"No soy el amor, amante:

la Muerte que Dios te envía".

"¡Ay, Muerte tan rigurosa,

déjame vivir un día!"

"Un día no puede ser,

una hora tienes de vida".

Muy deprisa se calzaba,

más deprisa se vestía;

ya se va para la calle

donde su amor vivía.

"¡Ábreme la puerta, blanca,

ábreme la puerta, niña!"

"¿Cómo te podré yo abrir

si la ocasión no es venida?

Mi padre no fue a palacio,

mi madre no está dormida".

"Si no me abres esta noche,

ya no me abrirás, querida;

la Muerte me está buscando:

junto a ti vida sería".

"Vete bajo la ventana

donde labraba y cosía,

te echaré cordón de seda

para que subas arriba,

y si el cordón no alcanzare

mis trenzas añadiría".

La fina seda se rompe;

la Muerte que allí venía:

"Vamos, el enamorado,

que la hora ya está cumplida".

©
La serrana violadora, Juan Ruiz

Pasando yo una mañana

el puerto de Malangosto

asaltóme una serrana

tan pronto asomé mi rostro.

"Desgraciado, ¿dónde andas?

¿Qué buscas o qué demandas

por aqueste puerto angosto?"
Contesté yo a sus preguntas:

"Me voy para Sotos Albos".

Dijo: "¡El pecado barruntas

con esos aires tan bravos!

Por aquesta encrucijada

que yo tengo bien guardada,

no pasan los hombres salvos."
Plantóseme en el sendero

la sarnosa, ruin y fea,

dijo: "¡Por mi fe, escudero!,

aquí me quedaré yo queda;

hasta que algo me prometas,

por mucho que tú arremetas,

no pasarás la vereda."
Díjele: "¡Por Dios, vaquera,

no me estorbes la jornada!

Deja libre la carrera;

para ti no traje nada."

Me repuso: "Entonces torna,

por Somosierra trastorna,

que aquí no tendrás posada."
Y la Chata endiablada,

¡que San Julián la confunda!,

arrojóme la cayada

y, volteando su honda,

dijo afinando el pedrero:

"¡Por el padre verdadero,

tú me pagas hoy la ronda!".
Nieve había, granizaba,

hablóme la Chata luego

y hablando me amenazaba:

"¡Paga o ya verás el juego!"

Dije yo: "¡Por Dios, hermosa,

deciros quiero una cosa,

pero sea junto al fuego!"
"Yo te llevaré a mi casa

y te mostraré el camino,

encenderé fuego el brasa

y te daré pan y vino.

Pero ¡a fe!, promete algo

y te tendré por hidalgo.

¡Buena mañana te vino!"
Yo, con miedo y arrecido,

le prometí una garnacha

y ofrecí, pra el vestido,

un prendedor y una plancha.

Dijo: "Yo doy más, amigo,

no tengas miedo a la escarcha!"


Cogióme fuerte la mano

y en su pescuezo la puso;

como algún zurrón liviano

llevóme la cuesta ayuso.

"¡Desgraciado!, no te espantes,

que bien te daré que yantes

como es en la tierra uso."
Me hizo entrar mucha aína

en su venta, con enhoto;

y me dio hoguera de encina,

mucho conejo de Soto,

buenas perdices asadas,

hogazas mal amasadas

y buena carne de choto.
De vivo bueno un cuartero,

manteca de vacas, mucha,

mucho queso de ahumadero,

leche, natas y un trucha;

después me dijo: "Hadeduro!,

comamos de este pan duro,

luego haresmos una lucha."
Cuando el tiempo fue pasando,

fuime desentumeciendo;

como me iba calentando

así me iba sonriendo.

Observóme la pastora;

dijo: "Compañero, ahora

creo que voy entendiendo."
La vaqueriza, traviesa,

dijo: "Luchemos un rato,

levántate ya, de priesa;

quítate de encima el hato."

Por la muñeca me priso,

tuve que hacer cuanto quiso,

¡creo que me fue barato!

©
Coplas por la muerte de su padre, Jorge Manrique (1440-1479)

Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte,

contemplando

cómo se pasa la vida,

cómo se vine la muerte

tan callando;

cuán presto se va el placer,

cómo, después de acordado,

da dolor;

cómo a nuestro parecer,

cualquier tiempo pasado

fue mejor.

Y pues vemos lo presente

cómo en un punto s’es ido

e acabado,

si juzgamos sabiamente,

daremos lo non venido

por pasado.

No se engañe nadie, no,

pensando que ha de durar

lo que espera

más que duró lo que vio,

pues que todo ha de pasar

por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar

que es el morir;

allí van los señoríos

derechos a se acabar

e consumir;

allí los ríos caudales,

allí los otros, medianos

e más chicos,

allegados, son iguales

los que viven por sus manos

e los ricos.

©
Madrigal, Gutierre de Cetina (1520-1557)
Ojos claros, serenos,

si de un dulce mirar sois alabados,

¿por qué, si me miráis, miráis airados?

Si cuanto más piadosos,

más bellos parecéis a aquel que os mira,

no me miréis con ira,

porque no parezcáis menos hermosos.

¡Ay tormentos rabiosos!

Ojos claros, serenos,

ya que miráis, miradme al menos.

©
Rimas, Gustavo Adolfo Bécquer
Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y otra vez con el ala a tus cristales

jugando llamarán.


Pero aquellas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha a contemplar,

aquellas que aprendieron nuestros nombres

esas... ¡no volverán!


Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar

y otra vez a la tarde aún más hermosas

sus flores se abrirán.


Pero aquéllas cuajadas de rocío

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer como lágrimas del día...

esas... ¡no volverán!


Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar,

tu corazón de su profundo sueño

tal vez despertará.


Pero mudo y absorto y de rodillas

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido... desengáñate,

así... ¡no te querrán!

©
Canción del pirata, José de Espronceda
Con diez cañones por banda

viento en popa, a toda vela,

no corta el mar, sino vuela

un velero bergantín.

Bajel pirata que llaman,

por su bravura, el Temido,

en todo mar conocido

del uno al otro confín.

La luna en el mar riela

en la lona gime el viento,

y alza en blanco movimiento

olas de plata y azul;

y ve el capitán pirata,

cantando alegre en la popa,

Asia a un lado, al otro Europa,

y allá a su frente, Estambul.

"Navega, velero mío,

sin temor,

que ni enemigo navío,

ni tormenta, ni bonanza

tu rumbo a torcer alcanza,

ni a sujetar tu valor.

Veinte presas

hemos hecho

a despecho

del inglés,

y han rendido

sus pendones

cien naciones

a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley la fuerza y el viento,

mi única patria, la mar.

Allá muevan feroz guerra

ciegos reye

por un palmo más de tierra;

que yo tengo aquí por mío

cuanto abarca el mar bravío,

a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,

sea cualquiera,

ni bandera

de esplendor,

que no sienta

mi derecho

y dé pecho

a mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley la fuerza y el viento,

mi única patria, la mar.

A la voz de ¡"barco viene!"

es de ver

cómo vira y se previene

a todo trapo a escapar.

Que yo soy el rey del mar,

y mi furia es de temer.

En las presas

yo divido

lo cogido

por igual.

Sólo quiero

por riqueza

la belleza

sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,

que es mi dios la libertad,

mi ley la fuerza y el viento,

mi única patria, la mar.


©
Coplas (y otros poemas), Manuel Machado (1874-1947)


Si te quise, no lo sé;

si me quisiste, tampoco...

Pues... borrón y cuenta nueva:

yo, con otra, y tú, con otro.


Cuando me miras, me matas...

y si no me miras, más:

son puñales que me clavas

y los vuelves a sacar.


Por querer a una mujer,

un hombre perdió la vida,

y aquella mujer perdió...

la diversión que tenía.


De querer a no querer

hay un camino muy largo,

y todo el mundo lo anda

sin saber cómo ni cuando.


Quita una pena otra pena,

un dolor otro dolor,

un clavo saca otro clavo

y un amor quita otro amor.


Cuando me pongo a cantar,

me salen, en vez de coplas,

las lágrimas de los ojos,

los suspiros de la boca.

©
El viaje definitivo, Juan R. Jiménez (1881-1958)
Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros

cantando;

y se quedará mi huerto, con su verde árbol,

y con su pozo blanco.


Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;

y tocarán, como esta tarde están tocando,

las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;

y el pueblo se hará nuevo cada año;

y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,

mi espíritu errará, nostáljico.


Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol

verde, sin pozo blanco,

sin cielo azul y plácido...

Y se quedarán los pájaros cantando.


©
Lo fatal, Rubén Darío (1867-1916)


Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura, porque esa ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,

ni mayor pesadumbre que la vida consciente.


Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido, y un futuro terror...

Y el espanto seguro de estar mañana muerto,

y sufrir por la vida, y por la sombra, y por


lo que no conocemos y apenas sospechamos,

y la carne que tienta con sus frescos racimos,

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos

ni de dónde venimos!...

©
La casada infiel, Federico García Lorca


Y que yo me la llevé al río

creyendo que era mozuela,

pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago

y casi por compromiso.

Se apagaron los faroles

y se encendieron los grillos.

En las últimas esquinas

toqué sus pechos dormidos,

y se me abrieron de pronto

como ramos de jacintos.

El almidón de su enagua

me sonaba en el oído,

como una pieza de seda

rasgada por diez cuchillos.

Sin luz de plata en sus copas

los árboles han crecido,

y un horizonte de perros

ladra muy lejos del río.
Pasadas las zarzamoras,

los juncos y los espinos,

bajo su mata de pelo

hice un hoyo sobre el limo.

Yo me quité la corbata.

Ella se quitó el vestido.

yo el cinturón con revólver.

Ella sus cuatro corpiños.

Ni nardos ni caracolas

tienen el cutis tan fino,

ni los cristales con luna

relumbran con ese brillo.

Sus muslos se me escapaban

como peces sorprendidos,

la mitad llenos de lumbre,

la mitad llenos de frío.

Aquella noche corrí

el mejor de los caminos,

montado en potra de nácar

sin bridas ni sin estribos.

No quiero decir, por hombre,

las cosas que ella me dijo.

La luz del entendimiento

me hace ser muy comedido.

Sucia de besos y arena,

yo me la llevé al río.

Con el aire se batían

las espadas de los lirios.


Me porté como quien soy.

Como un gitano legítimo.

La regalé un costurero

grande de raso pajizo,

y no quise enamorarme

porque teniendo marido

me dijo que era mozuela

cuando la llevaba al río.

©
Romance del Duero, Gerardo Diego
Río Duero, río Duero,

nadie a acompañarte baja;

nadie se detiene a oír

tu eterna estrofa de agua.


Indiferente o cobarde,

la ciudad vuelve la espalda.

No quiere ver en tu espejo

su muralla desdentada.


Tú, viejo Duero, sonríes

entre tus barbas de plata,

moliendo con tus romances

las cosechas mal logradas.


Y entre los santos de piedra

y los álamos de magia

pasas llevando en tus ondas

palabras de amor, palabras.


Quién pudiera como tú,

a la vez quieto y en marcha,

cantar siempre el mismo verso

pero con distinta agua.


Río Duero, río Duero,

nadie a estar contigo baja,

ya nadie quiere atender

tu eterna estrofa olvidada,


sino los enamorados

que preguntan por su almas

y siembran en tus espumas

palabras de amor, palabras.

©
Nanas de la cebolla, Miguel Hernández
La cebolla es escarcha

cerrada y pobre.

Escarcha de tus días

y de mis noches.

Hambre y cebolla,

hielo negro y escarcha

grande y redonda.
En la cuna del hambre

mi niño estaba.

Con sangre de cebolla

se amamantaba.

Pero tu sangre,

escarchada de azúcar

cebolla y hambre.
Una mujer morena

resuelta en lunas

se derrama hilo a hilo

sobre la cuna.

Ríete niño

que te traigo la luna

cuando es preciso.
Tu risa me hace libre,

me pone alas.

Soledades me quita,

cárcel me arranca.

Boca que vuela,

corazón que en tus labios

relampaguea.
Es tu risa la espada

más victoriosa,

vencedor de las flores

y las alondras.

Rival del sol.

Porvenir de mis huesos

y de mi amor.
Desperté de ser niño:

nunca despiertes.

Triste llevo la boca:

ríete siempre.

Siempre en la cuna

defendiendo la risa

pluma por pluma.
Al octavo mes ríes

con cinco azahares.

Con cinco diminutas

ferocidades.

Con cinco dientes

como cinco jazmines

adolescentes.
Frontera de los besos

serán mañana,

cuando en la dentadura

sientas un arma.

Sientas un fuego

correr dientes abajo

buscando el centro.
Vuela niño en la doble

luna del pecho:

él, triste de cebolla,

tú satisfecho.

No te derrumbes.

No sepas lo que pasa

ni lo que ocurre.

©
Educar, Gabriel Celaya


Educar es lo mismo

que poner un motor a una barca...

hay que medir, pesar, equilibrar...

...y poner todo en marcha.


Pero para eso,

uno tiene que llevar en el alma

un poco de marino...

un poco de pirata...

un poco de poeta...

y un kilo y medio de paciencia concentrada.


Pero es consolador soñar

mientras uno trabaja,

que ese barco, ese niño

irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío

llevará nuestra carga de palabras

hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día

esté durmiendo nuestra propia barca,

en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.

©
Vida, José Hierro

Después de todo, todo ha sido nada,

a pesar de que un día lo fue todo.

Después de nada, o después de todo

supe que todo no era más que nada.


Grito ¡Todo!, y el eco dice ¡Nada!

Grito ¡Nada!, y el eco dice ¡Todo!

Ahora sé que la nada lo era todo,

y todo era ceniza de la nada.


No queda nada de lo que fue nada.

(Era ilusión lo que creía todo

y que, en definitiva, era la nada.)
Qué más da que la nada fuera nada

si más nada será, después de todo,

después de tanto todo para nada.

©
Sé tú mi límite, José A. Valente


Tu cuerpo puede

llenar mi vida,

como puede tu risa

volar el muro opaco de la tristeza.

Una sola palabra tuya quiebra

la ciega soledad en mil pedazos.

Si tú acercas tu boca inagotable

hasta la mía, bebo

sin cesar la raíz de mi propia existencia.

Pero tú ignoras cuánto

la cercanía de tu cuerpo

me hace vivir o cuánto

su distancia me aleja de mí mismo

me reduce a la sombra.

Tú estás, ligera y encendida,

como una antorcha ardiente

en la mitad del mundo.

No te alejes jamás:

los hondos movimientos

de tu naturaleza son

mi sola ley.

Retenme.


Sé tú mi límite.

Y yo la imagen

de mí feliz, que tú me has dado.

©
Palabras para Julia, J. A. Goytisolo


Tú no puedes volver atrás

porque la vida ya te empuja

como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir

con la alegría de los hombres

que llorar ante un mundo ciego.
Te sentirás acorralada,

te sentirás perdida o sola,

tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán

que la vida no tiene objeto,

que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.
Un hombre solo, una mujer...

así tomados de uno

son como polvo, no son nada.
Pero cuando te hablo a ti,

cuando te escribo estas palabras,

pienso también en otros hombres.
Tu destino está en los demás,

tu futuro es tu propia vida,

tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas

que les ayude tu alegría

tu canción entre las canciones.
Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes

junto al camino, nunca digas

no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás

como a pesar de los pesares

tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección

y este mundo tal como es

será todo tu patrimonio.
Perdóname, no sé decirte

nada más, pero tú comprende

que yo aún estoy en el camino.
Y siempre, siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.

©
El baúl de Lisboa, Alejandro Duque Amusco


Volvía del trabajo a media tarde.

El rutinario oficio daba paso

a otro universo libre y poderoso.

El rito comenzaba.

Encendía despacio un cigarrillo

en el húmedo cuarto de alquiler,

y ante unas cuartillas, en la desoladora

mesa del comedor, sentábase

a entretener el tiempo.

Allí escribía

sin detenerse a penas a pensar

en la verdad de aquellos rápidos renglones.


Lo que más le importaba era huir,

y aquel singular modo

era el suyo.

Quizá nada añadía

amenidad al curso de su vida.

Ni los paseos por los bulevares

y las lentas callejas, ni la charla

ligera en las terrazas de los cafés

podían aliviarle de ese peso

agotador: el tedio.

El balcón a la calle.

¿Curiosidad? Ninguna. Los mismos tejados, repetidos,

con sus gatos enfermos,

las mismas aves del cercano puerto,

las barcazas y grúas, el mismo laberinto

de comercios y gentes

bajo la llama oscura de la tarde.

Tarde espaciosa, hueca, igual a tantas otras...

Él no mira. Escribe. El tedio crece.

Es la perfecta trampa

de la que nadie sale

(no valen contra ella estratagemas).

Él escribe. Escribir es su único consuelo,

ágil la mano, el corazón ardiente,

los ojos llenos del mayor olvido,

esperando de la palabra

lo que no da la vida.

©
El desayuno, Luis Alberto de Cuenca

Me gustas cuando dices tonterías,

cuando metes la pata, cuando mientes,

cuando te vas de compras con tu madre

y llego tarde al cine por tu culpa.

Me gustas más cuando es mi cumpleaños

y me cubres de besos y de tartas,

o cuando eres feliz y se te nota,

o cuando eres genial con una frase

que lo resume todo, o cuando ríes

(tu risa es una ducha en el infierno),

o cuando me perdonas un olvido.

Pero aún me gustas más, tanto que casi

no puedo resistir lo que me gustas,

cuando, llena de vida, te despiertas

y lo primero que haces es decirme:

"Tengo un hambre feroz esta mañana.

Voy a empezar contigo el desayuno".

©
Anuncio por palabras, Pedro Casariego


Necesito chica que sepa planchar

mis labios con los suyos y tende

r su ropa eternamente junto a la

mía y quitar las manchas de mi c

orazón con su mirada yo pondré

la mesa y la caricia en su mano

de lunas y trataré de andar muy

despacio


cuando

ella


no

tenga


prisa.

(Octubre, 1983)

©
Epitafio, Eloy Sánchez Rosillo
Detened, caminantes, vuestros pasos.

Sabed que aquí reposa alguien que amara mucho

la hermosura del mundo: los árboles, los libros,

la música, el verano, las muchachas.

No preguntéis quién fue, ni desde cuándo

es ya silencio, olvido de las cosas.

En la tierra que cubre sus despojos

plácidamente descansad un rato.

y proseguid después vuestros camino

bajo el propicio sol que en su noche os desea.

©
Elegía y postal, Ángeles Mora

No es fácil cambiar de casa,

de costumbres, de amigos,

de lunes, de balcón.

Pequeños ritos que nos fueron

haciendo como somos, nuestra vieja

taberna, cerveza

para dos.

Hay cosas que no arrastra el equipaje:

el cielo que levanta una persiana,

el olor a tabaco de un deseo,

los caminos trillados de nuestro corazón.

No es fácil deshacer las maletas un día

en otra lluvia,

cambiar sin más de luna,

de niebla, de periódico, de voces,

de ascensor.

Y salir a una calle que nunca has presentido,

con otros gorriones que ya

no te preguntan, otros gatos

que no saben tu nombre, otros besos

que no te ven venir.

No, no es fácil cambiar ahora de llaves.
Y mucho menos fácil,

ya sabes,

cambiar de amor.

©
Breve carta a mis hijos, Enrique Gracia Trinidad


Luchad por lo imposible.

lo que es fácil, será y no se merece

más que un pequeño esfuerzo.

Vosotros pelead por el milagro,

devorad con los ojos el lejano horizonte

y que otros miren la quietud que pisan.

Ahorrad las fuerzas mientras todos griten,

no forméis parte del tumulto,

callad, pensad, soñad;

y cuando cese el griterío

que se oiga vuestra voz si es necesaria.

©

Noche de verano, Juan R. Barat


Una vez, siendo niño, le pregunté a mi padre

adónde van los hombres cuando mueren.

Era una hermosa noche de verano.

Estábamos sentados a la puerta

de la casa en dos sillas

de anea y contemplábamos el cielo.

El aire nos traía dulcemente

el olor del jazmín.

Mi padre me miró con ojos bondadosos

y tras breve silencio me explicó

que la muerte no existe y que los hombres

acaban transformándose en estrellas

que brillan en el cielo.

Cuando me hice mayor y consulté los libros

descubrí con sorpresa

que la luz de los astros no es eterna,

que también su existencia se consume

con el paso del tiempo.

Ya hace muchos años que mi padre murió.

Hoy quisiera tenerlo junto a mí,

igual que aquella noche, y poder formularle

la pregunta obsesiva que me hago

al mirar hacia el cielo

en mi silla de anea solitaria:

¿adónde van los astros cuando mueren?

©
El día de los dones, Pascual García


Tenemos el pan y el sueño, la vida

está aquí con nosotros, en el mar

y en la ventisca de nieve, y en la rosa.

Este es el día de los dones. Gracias

por todo. Alguien lo ha dado y es nuestro

ahora, refugiados en la casa,

a salvo del frío y de las bestias.
Tenemos la vida y estamos juntos

y el cielo claro baja hasta nosotros

con su ofrenda. Es primavera o invierno,

pero está todo aquí, en estas pupilas

que verán morir las rosas, y el tiempo

las llenará de sombra irremediable

como un verdugo, y serán noche, espina

y podredumbre, aunque hoy tenemos todo.

Tenemos luz para comer pan,

y estamos juntos y damos las gracias.

©
Las cosas, Gloria Fuertes
La cosas, nuestras cosas,

les gusta que las quieran;

a mi mesa le gusta que yo apoye los codos,

a la silla le gusta que me siente en la silla,

a la puerta le gusta que la abra y la cierre

como al vino le gusta que lo compre y lo beba,

mi lápiz se deshace si lo cojo y escribo,

mi armario se estremece si lo abro y me asomo,

las sábanas son sábanas cuando me echo sobre ellas

y la cama se queja cuando yo me levanto.

¿Qué será de las cosas cuando el hombre se acabe?

Como perros las cosas no existen si su amo.


©
El amigo verdadero, Manuel del Palacio


El amigo verdadero

debe ser como la sangre,

que acude siempre a la herida

sin esperar que la llamen.


Toda la vida corriendo

tras de la felicidad.

¡Y a fuerza de correr tanto

nos la dejamos atrás!


Corazón, no te humille

el verme herido.

Es más noble ser carne

que ser cuchillo.

©
¡Qué bello es vivir!, Ramón Bascuñana

¡Qué bello es vivir!

Madrugar y cortarte la cara al afeitarte.

Desayunar deprisa y corriendo

antes de coger el coche

y pillar un atasco lo menos de hora y pico.

Y llegar al trabajo --uno de esos trabajos

de ocho a tres--, hecho un manojo de nervios

o, tanto da, con los nervios a flor de piel,

aunque no es primavera.

Regresar al calor del hogar,

que para eso pagamos central,

a media tarde sin ganas de comer.

Abrir el correo atrasado: facturas,

propaganda y... más facturas.

Ojear en el periódico la programación

de la noche. A las nueve y media echan

¡Qué bello es vivir!

Y pensar que la vida merece la pena.
¡Qué bello es vivir!

Madrugar a la fuerza y no cortarte

la cara al afeitarte

porque no tienes con qué afeitarte.

Salir a la calle, si es que no vives

ya en la puta calle y sentarte en un banco

o a la puerta de un banco

a contemplar cómo se va la vida,

cómo se viene la muerte tan callando.

Consultar en un periódico atrasado

la sección de ofertas de empleo;

o te falta experiencia o te sobran años.

Pedir unas monedas. Comer y cenar

a la misma hora. Lo justo

para que no se diga que vives del aire

o que eres un muerto de hambre.

Acostarte en el portal de cada noche

envuelto entre las hojas de un diario

que anuncia que a las nueve y media

de ayer estaba programada

¡Qué bello es vivir!

Y pensar que mañana será otro día.


¡Qué bello es vivir!

En el telediario

de las nueve en punto, después

después de treinta años de servicios prestados

y trescientas palizas, un marido asesina

a su esposa, paciente y resignada.

¡Qué bello es vivir! En el telediario

de las nueve en punto no sé cuántos

muertos en no sé qué guerra. Mas

qué importa si a la hora prevista

y programada proyectan ¡Qué bello es vivir!

Y todos tan contentos.

©
Que sólo tengo dieciocho años, Carmen Jodrá
Que sólo tengo dieciocho años,

que me duermo abrazada a un gigantesco

Monstruo de las Galletas de peluche

y que no quiero sexo ni problemas,

sólo estudiar sin demasiado agobio

y sacar siempre nueve veinticinco.

Que no quiero saber nada del mundo,

ni del amor y mucho menos de ese

rollo repollo de las relaciones

humanas, sobrehumanas, infrahumanas.

Que lo quiero es quedarme tranquila,

dormir mis nueve horas cada noche

y que nadie repare en mi existencia.

©
El día de tu santo, Jairo Aníbal Niño


El día de tu santo

te hicieron regalos muy valiosos:

un perfume extranjero, una sortija,

un lapicero de oro, unos patines,

unos tenis Nike y una bicicleta.

Yo sólo te pude traer,

en una caja antigua de color rapé,

un montón de semillas de naranjo,

de pino, de cedro, de araucaria,

de bellísima, de caobo y de amarillo.

Estas semillas son pacientes

y esperan su lugar y su tiempo.

Yo no tenía dinero para comprar algo lujoso.

Yo simplemente quise regalarte un bosque.



11. Webs y blogs

11.1. Webs
Es aconsejable visitar algunas de las siguientes páginas electrónicas y blogs que proponemos. Se trata de otras fuentes de información sobre el acto de leer, lugares virtuales en los que encontrarás noticias sobre libros complementarios con los que seguirás orientando a tus alumnos.

Dejamos al margen excelentes páginas de autores contemporáneos. Ofrecemos páginas electrónicas de instituciones que fomentan la lectura en todas sus facetas y con abundantes recursos.


© http://www.rae.es/rae.html Página de la Real Academia española de la Lengua. Consúltese su diccionario.
© http://www.elcastellano.org/ Todo sobre el castellano.
© http://www.amediavoz.com/ La mejor página de poesía.
© http://www.editorialbambu.com/ Con este enlace puedes acceder a los recursos de todos nuestros libros, a las guías, etc.
© http://www.plec.es Quizá el proyecto de reflexión teórica sobre la lectura más importante emprendido hasta la fecha. Kepa Osoro coordina esta magnífica web. Ofrece artículos para Primaria, Secundaria y Bachillerato.
© http://www.fundaciongsr.es/ Sin duda, la fundación pionera en la promoción de la lectura en España. Multitud de recu4rsos.
© http://www.educarm.es (recursos/fomento de la lectura). Interesante página web en la que encontraréis abundantes guías didácticas de literatura juvenil, ordenadas por cursos.
© http://www.sol-e.com/ Servicio de Orientación de Lectura.
© http://www.termometroliterario.org/Interesante página que agrupa a varios colegios. Permite la participación.
© http://www.amigosdelibro.com/ Para conocer esta institución que defiende la Literatura Infantil y Juvenil.
© http://www.planlectura.es/recursos/ Página del Ministerio de Educación con abundantes recursos.
© http://www.libroadicto.com/ Página bien estructura de lecturas para jóvenes.
© http://webs.uvigo.es/h04/webani/Asociación Nacional de Investigación en Literatura Infantil y Juvenil.
© http://revistababar.com/web/ Página fundamental para conocer la actualidad de la literatura infantil y juvenil. Desde la sección de “Enlaces” se accede a un mundo de información.
© http://www.libros.ciberanika.com/ Mucha documentación sobre libros para jóvenes, con entrevistas interesantes.
© http://www.cervantesvirtual.com/seccion/bibinfantil/ Un espacio de información rigurosa sobre LIJ.
© http://www.uclm.es/cepli/ El CEPLI es hoy día el centro de estudios sobre LIJ que más actividades realiza. Destaca por impartirán un Máster de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil.
© http://www.imaginaria.com.ar/ Una revista que desde Argentina mantiene vivos los vínculos en torno a la LIJ. Muchos recursos.
11.2. Blogs
© http://lij-jg.blogspot.com/ 

Excelente blog de Jorge Gómez Soto. En él se encuentra información actualizada sobre webs y blogs de escritores de Literatura Infantil y Juvenil y de ilustradores de LIJ, concursos de literatura infantil y juvenil, editoriales de literatura infantil y juvenil, premiados en todas las ediciones de los principales concursos de LIJ

© http://elblogdepizcadepapel.blogspot.com/

Se trata de un interesante blog, en el que se analizan algunas publicaciones recientes. Es muy útil para saber qué comprar a los alumnos. Escriben expertos en Literatura Infantil y Juvenil.

© http://perdidosporlalectura.blogspot.com/

Se desarrolla en este blog, aparte de otras informaciones útiles, una experiencia interesante: se trata de incitar a los alumnos a redactar sus trabajos de escritura en un blog. Es una idea que habría que valorar.
© http://www.librosjuveniles.blogspot.com/

Un espacio donde se ofrece información sobre libros adecuados para los jóvenes.


© http://animacionalaectura.blogspot.com/

Una invitación al diálogo, en el ámbito de animación de la lectura y la escritura, de quienes aman los libros.


© http://www.gonzalomouretrenor.es/

Interesante blog, entre otras cosas porque se centra en su quehacer de escritor.


© http://www.articulos.biz/blog/literatura-juvenil

Información rigurosa y ordenada sobre Literatura Juvenil.


© http://compartiendolecturas-chicos.blogspot.com/ Un espacio abierto donde caben mucha información interesante. Buenos enlaces.

12. Valoración del Plan Individual de Lecturas (PIL) por parte del alumnado
Tabla sobre hábitos lectores. Valoración del PIL por parte de los alumnos.



Nombre y apellidos: Curso:

Centro Educativo: Localidad:


1. ¿Cuál es el libro que más te ha gustado este año? En breves palabras, intenta explicar por qué.


2. ¿Cómo valorarías el Plan Individual de Lectura? Examinas los aspectos que consideres más interesantes.


3. ¿Qué opinión te merecen, en general, los libros que has leído? Señala uno que responda a las siguientes características:

-Prescindible:
-Normal:
-Interesante:

4. En cuanto al sistema de evaluación de la lectura:


-¿Cuál es tu opinión sobre los exámenes orales?

-¿Cuál es tu opinión sobre los exámenes escritos?

6. ¿Crees que la actitud del profesor te ha motivado para leer más y mejor?

7. ¿Te gustaría que continuase este Proyecto Lector los próximos años? ¿Por qué?



  1. ¿Qué propuesta quieres hacer para que este Proyecto de Lectura funcione mejor?



  1. ¿Qué libro te gustaría recomendar con el fin de que pudiera ser incluido en el Plan Lector o aconsejado al resto de tus compañero/as/os?



13. Conclusiones

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14. Cuaderno de clase


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