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I. comisión episcopal para la pastoral profética


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I. COMISIÓN EPISCOPAL

PARA LA PASTORAL PROFÉTICA


I. Identidad
La Comisión Episcopal para la Pastoral Profética:
1.  Es una instancia episcopal de comunión entre quienes integramos la Comisión Episcopal para la pastoral profética y entre las demás Comisiones Episcopales.
2. Es una instancia de coordinación corresponsable entre las seis dimensiones de nuestra Comisión Episcopal: Doctrina de la fe, Catequesis, Biblia, Misiones, Educación y Cultura.
3. Es una instancia de servicio a la CEM que anima, promueve e impulsa el proceso evangelizador de la Iglesia en México.
4. Es una instancia de servicio subsidiario y solidario a las provincias y diócesis, conforme a los estatutos de la CEM.
5. Es en conjunto, con las demás Comisiones Episcopales, el equipo animador de la Misión Continental Permanente en México de cuyo trabajo, esta CE debe ser punta de lanza.

II. Desafíos
En los últimos años se ha incrementado en nuestro país la violencia causada por organizaciones criminales, distinta de la violencia intrafamiliar y de la que es causada por la delincuencia común. Esta violencia tiene sus propias características, sus causas y sus circunstancias. Se caracteriza por la crueldad, por la venganza, por la exhibición de poder y por la intención de intimidar a quienes son considerados rivales y a toda la sociedad. Algunas de las actividades criminales más comunes en este contexto son: el narcotráfico, el secuestro, la trata de personas, el lavado de dinero, distintos tipos de extorsión y las ejecuciones intimidatorias.1 Todo ello propiciado por varios factores como la pobreza y la desigualdad, la insuficiencia de las reformas económicas, el desempleo, la corrupción e impunidad, la inseguridad y la impartición de justicia etc.
A nivel eclesial, percibimos una evangelización con poco ardor y sin nuevos métodos y expresiones, un énfasis en el ritualismo sin el conveniente itinerario formativo; movimientos y grupos religiosos que se olvidan de la dimensión social de la fe, una espiritualidad individualista; una mentalidad relativista en lo ético; en la pastoral persisten lenguajes poco significativos para la cultura actual. Y con relación a la inseguridad y violencia, reconocemos con tristeza que entre los involucrados en el crimen organizado hay mujeres y hombres bautizados, que con sus acciones se alejan de Dios y de la Iglesia.2
No hemos ejercido, como Iglesia el papel profético que corresponde ni el esfuerzo por buscar alternativas de formación y participación social.
Se siente la urgencia de la conversión personal que lleve a la conversión pastoral y provoque una verdadera renovación o al abandono de las estructuras caducas que ya no responden y no favorecen la transmisión de la fe (cfr. Aparecida 365).
Desgraciadamente existe todavía un fuerte clericalismo celoso de compartir responsabilidades con el laicado, e incluso rasgos de una cultura machista que discrimina de diversas formas el ejercicio de la vocación que asiste por derecho propio a las mujeres en la comunidad eclesial.3
El cambio de época que estamos viviendo nos desafía en nuestra tarea y nos exige una EVANGELIZACIÓN, más misionera, más auténtica y en diálogo y conversión pastoral permanentes.

El número de católicos que se retiran silenciosamente de nuestra Iglesia nos exige un serio análisis y renovación de los métodos y actitudes que empleamos en la evangelización.


La “dictadura del relativismo” nos desafía a hacer una evangelización que sepa proponer y exponer a Jesucristo vivo dispuestos a dar respuesta a todo el que nos pida razón de nuestra esperanza con dulzura y respeto (Cf. 1P. 3, 15s).
La urgencia de ser más fieles en nuestra pastoral nos exige la vivencia de una mayor comunión eclesial a través de una conversión personal, pastoral y comunitaria.
El mandato misionero de Jesucristo nos exige conocer, asumir y comprometernos en la misión permanente como renovación pastoral, nueva evangelización, diálogo ecuménico y misión ad gentes.

La debilidad del tejido social, la ilegalidad, la falta de ética y moral en personas, instituciones y leyes nos desafían a fortalecer la comunión eclesial y la fraternidad, a la construcción de una cultura fundamentada en valores y a la búsqueda de una mayor congruencia individual y social con el Evangelio y la construcción de la paz.


La constatación de que “el cristiano de hoy no se encuentra más en la primera línea de la producción cultural, sino que recibe su influencia y sus impactos” (DA 509), nos desafía, para ir más allá de una evangelización con meros criterios geográficos, a formar pensadores y personas que estén en los niveles de decisión, sembrando los valores evangélicos en los ambientes donde tradicionalmente se produce cultura y en los nuevos areópagos (cf. DA 491 y 492).

III. Contemplación desde la fe
La tarea evangelizadora de la Iglesia
“La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias Latinoamericanas y mundiales” (DA 11).

“Esto requiere desde nuestra identidad católica, una evangelización mucho más misionera, en diálogo con todos los cristianos y al servicio de todos los hombres” (DA 13).



En sentido estricto la evangelización consiste en anunciar la Buena Noticia de Jesucristo por medio de la proclamación del Evangelio y del testimonio cristiano a los hombres y mujeres situados históricamente para que se conviertan y vivan en la libertad de los hijos de Dios. En un sentido más amplio, la evangelización se refiere a toda actividad que realiza la Iglesia para hacer presente el Reino de Dios. El objetivo de la acción evangelizadora de la Iglesia es servir al proyecto de Jesús: el Reino de Dios.4 La Iglesia busca cumplir este objetivo continuando la acción pastoral de Jesús, a través de los ministerios profético, litúrgico y de caridad.
Encuentro con Jesucristo vivo, centro de toda pastoral
La acción evangelizadora de la Iglesia debe conducir a una experiencia personal y comunitaria sólida, profunda y progresiva de encuentro con Jesucristo Vivo. Esta experiencia personal y eclesial es el centro de la acción pastoral. Este encuentro, para que sea sólido, supone presentar íntegro el mensaje, la entrega de la vida y la Resurrección del Señor. No es correcto separar estos elementos. El olvido de la Cruz conduce a un triunfalismo estéril; el rechazo de la resurrección lleva al fatalismo. Los escritos de san Pablo remarcan esta doble dimensión.5
Precisamente para que el encuentro con Jesucristo no sea incompleto, el Evangelio de Lucas (24, 13-32) nos ofrece cuatro situaciones en los que podemos descubrirlo: el camino de nuestra vida, sobre todo en los momentos de dudas, incertidumbres y desánimos; la Escritura en la que redescubrimos permanentemente a Jesucristo e iluminamos nuestro caminar; el hermano, principalmente el que necesita de nuestra acogida y el pobre; la Eucaristía, recuerdo vivo del Amor, motivo y razón por el que Jesucristo entregó su vida. La tarea primordial de la pastoral debe favorecer el encuentro con Jesucristo, quien no está al margen de la realidad humana ni de la vida eclesial. El encuentro con el Señor debe generar con la misma intensidad apóstoles que sean discípulos seguidores y que sean misioneros enviados.
Fuentes de la Pastoral Profética
Aparecida pone al centro de la evangelización la Palabra viva de Dios; por eso "se hace necesario proponer a los fieles la Palabra de Dios como don del Padre para el reencuentro con Jesucristo vivo, camino de auténtica conversión, de renovada comunión y de fraternal solidaridad" (DA 248).
En este sentido, la Sagrada Escritura nacida de la comunidad vuelve a ella para edificarla, servirle de alimento y acompañarla en la Misión permanente de dar testimonio de su fe en el Señor Jesucristo.6 Porque “es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios, que constituye el sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual”.7
Junto con la Sagrada Escritura debe tomarse como fuente la Tradición, cuya alma es el Espíritu Santo (LG 33); ambas son los cimientos del pueblo de Dios (LG 38). Además, otra fuente es el Magisterio, "que bajo la asistencia del Espíritu Santo interpreta auténticamente la Tradición y la Escritura" (DV 10; LG 38).
La Pastoral Profética supone un proceso: suscitar la fe, hacerla madurar e integrar a los creyentes en la comunidad donde se vive y actúa. Se realiza a través del primer anuncio o kerigma, la Iniciación Cristiana, la catequesis, la acción profética testimonial y misionera; penetra el ámbito educativo, transforma las culturas y va elaborando una reflexión teológica que madure y vigorice la fe.
Formar discípulos misioneros de Jesucristo, finalidad principal de la Pastoral Profética
La Iglesia es por naturaleza educadora en todos sus ámbitos: acciones, programas y métodos. Está llamada a INFORMAR, FORMAR Y TRANSFORMAR las personas, las familias y las sociedades.
Se hacen necesarios itinerarios formativos en un proceso educativo que ayuden a madurar poco a poco a las personas para que tomen postura, en la sociedad y se involucren en el compromiso de renovarla conforme los criterios del Reino de Dios y se conviertan también ellos en educadores.
Es urgente llevar a cabo una formación específica para lograr una incidencia significativa en los diferentes escenarios de los discípulos misioneros: "en el mundo vasto de la política, de la realidad social y de la economía, como también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de giro internacional, de los medios de otras realidades abiertas a la evangelización" (DA 283) que se llaman "nuevos areópagos" (DA 491).
La Nueva Evangelización
La evangelización es un proceso que está al servicio de la conversión permanente y la creación de comunidades maduras y adultas en la fe. El fin de la evangelización consiste en que los creyentes pasen de ser evangelizados a ser evangelizadores, sin dejar de ser evangelizados, es decir, sin dejar de crecer en la fe (Cfr. DA 291-292).
Estamos ante un tema decisivo y fundamental en la vida de la Iglesia; también ante una forma de entender la evangelización que tiene pocas décadas de historia. Hemos estado pasando de una situación eclesial de mantenimiento de la fe a otra situación en la que el problema más importante es suscitar y educar en la fe. En la tarea de la evangelización se juega el ser y la misión de la Iglesia.
En Aparecida es el mismo Papa Benedicto XVI quien nos ha invitado a “una misión evangelizadora que convoque todas las fuerzas vivas de este inmenso rebaño, que es el Pueblo de Dios” en América Latina y el Caribe: sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que se prodigan, muchas veces, con inmensas dificultades para la difusión de la verdad evangélica”. Es un afán y anuncio misioneros que tiene que pasar de persona a persona, de casa a casa, de comunidad a comunidad (…) Esa misión evangelizadora abraza con el amor de Dios a todos y especialmente a los pobres y los que sufren” (DA 550).
Misión Continental
Con Aparecida, “asumimos el compromiso de una gran misión en todo el Continente, que nos exigirá profundizar y enriquecer todas las razones y motivaciones que permitan convertir a cada creyente en un discípulo misionero. Necesitamos desarrollar la dimensión misionera de la vida en Cristo. La Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres del Continente. Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo. Esperamos un nuevo Pentecostés que nos libre de la fatiga, la desilusión, la acomodación al ambiente; una venida del Espíritu que renueve nuestra alegría y nuestra esperanza. Por eso se volverá imperioso asegurar cálidos espacios de oración comunitaria que alimenten el fuego de un ardor incontenible y hagan posible un atractivo testimonio de unidad para que el mundo crea (Jn 17, 21)” (DA 362), cuando la NE se consagre como programa oficial de la Iglesia.
Nuestra Comisión Episcopal entiende, acepta y asume el que “hoy toda la Iglesia en América latina y el Caribe quiere ponerse en estado de misión. La Evangelización del Continente no puede realizarse hoy sin la colaboración de los fieles laicos” (DA 213).
Misión Ad Gentes
En la medida en que la comunidad de Jesús responde a la llamada del Espíritu, a continuar la misión de Jesús por nuevos e inimaginables caminos, en esa medida se convierte en Iglesia.
Una lectura misionera de los Hechos de los Apóstoles muestra que el origen de la Iglesia está íntimamente conectado con su conciencia de la misión que se abría ante ella, y que de este modo Hechos puede ofrecer, con razón, un fuerte fundamento bíblico para la afirmación de que la Iglesia es, “por naturaleza misionera” (AG 2). Si ser Iglesia es estar en misión, estar en misión es responder a las exigencias del Evangelio en contextos concretos, es estar “REINVENTÁNDOSE” así misma para luchar y enfrentarse a nuevas situaciones, nuevos pueblos, nuevas culturas y nuevos desafíos.
La obligación de proclamar la verdad de la novedad de vida que se encuentra en Jesucristo, lleva a la Iglesia a promover la misión ad gentes. “La misión universal de la Iglesia nace de la fe en Jesucristo” (RM 4).
Todos los pueblos tienen el derecho a la plenitud de la verdad, así la Iglesia tiene que estar en misión. “No podemos permanecer tranquilos si pensamos en los millones de hermanos y hermanas nuestros, redimidos también por la Sangre de Cristo que viven sin conocer el amor de Dios. Para el creyente, en singular, lo mismo que para toda la Iglesia, la causa misionera debe ser la primera, porque concierne al destino eterno de los hombres y responde al designio misterioso y misericordioso de Dios” (RM 86).

Principios teológico-pastorales para la Iniciación Cristiana
El Kerygma y la Iniciación Cristiana son: “un desafío que debemos afrontar con decisión, con valentía y creatividad, ya que, en muchas partes, la Iniciación Cristiana ha nacido pobre o fragmentada. O educamos en la fe, poniendo realmente en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, o no cumpliremos nuestra misión evangelizadora” (DA 287).
La comprensión de la Iniciación Cristiana debe ubicarse dentro del Proceso Evangelizador de la Iglesia, que supone un itinerario integral que se realiza en varias etapas.
Primera etapa: LA ACCIÓN MISIONERA
El ministerio de la Palabra es elemento fundamental de la evangelización y se ejerce de diferentes maneras. En la primera etapa se realiza por medio de la acción de convocatoria y que abarca el “primer anuncio” dirigido tanto a los no creyentes, a los que habiendo creído han caído en la increencia, a los bautizados que viven al margen de la vida cristiana, a los indiferentes y a los alejados. También comprende los niños que se preparan para los sacramentos de la Iniciación Cristiana.
“El primer anuncio tiene la función de anunciar el Evangelio y la conversión. Esta conversión, así sea inicial, lleva consigo la adhesión a Jesucristo y a la voluntad de caminar en su seguimiento. En el actual contexto de la nueva evangelización no podemos dar por supuesta la acción del primer anuncio, es una etapa insustituible en el Proceso de Evangelización” (DGC 51).
Aparecida habla de este primer anuncio cuando se refiere al anuncio del Kerygma y dice: “La Iniciación Cristiana incluye el Kerygma, es la manera práctica de ponerse en contacto con Jesucristo e iniciar en el discipulado” (288); “sentimos la urgencia de desarrollar en nuestras comunidades un proceso de iniciación a la vida cristiana que comience por el Kerygma” (289).
Segunda etapa: LA ACCIÓN CATECUMENAL E INICIATORIA
La etapa iniciatoria o catecumenado es la acción por la que quien se ha convertido y aceptado la fe es introducido a la Iglesia por medio de la catequesis, por la participación en los sacramentos, por los comportamientos morales y testimonio que brotan de su incorporación.

Esta es la etapa a la queremos dedicar más espacio en esta reflexión, porque nos coloca dentro del proyecto que queremos compartir.


La Iniciación Cristiana se ubica, por tanto, dentro del Proceso de la Evangelización sin identificarse plenamente con ella. En la vida del candidato hay un momento de inicio que se prolonga hasta llegar a un nivel de plenitud. Esta es la Iniciación Cristiana que comprende la iniciación a lo que la Iglesia es para adherirse plenamente a ella: la Palabra, el servicio, la celebración, la vida comunitaria y la misión. En esta etapa la Iglesia ejerce la función de iniciación por medio de la catequesis, en íntima conexión con los sacramentos de la Iniciación Cristiana. Este tema está presentado de manera sucinta en el DA no. 288.

Tercera etapa: LA ACCIÓN PASTORAL


La entendemos como la tercera etapa de la evangelización y que está dirigida a los fieles de la comunidad cristiana ya iniciados en la fe. En sentido estricto no es sinónimo de la acción evangelizadora de la Iglesia.
Esta tercera etapa va dirigida a los cristianos ya iniciados que necesitan alimentar y madurar constantemente su fe a lo largo de toda la vida; es posterior a la etapa catequético-iniciatoria y la supone. Es la educación o formación permanente en la fe, tiene el carácter de ser alimento constante que todo el organismo adulto necesita para vivir (Cfr. DGC 57). El Documento de Aparecida lo trata bajo el capítulo de “Catequesis Permanente” y va desde el No. 295 al 300.
Se pueden señalar además otras tres etapas:
Cuarta etapa: CORRESPONDE A LA MISIÓN DE LOS DISCÍPULOS. (Cfr. DA 266-272; 278 e)].
Quinta etapa: CORRESPONDE DE LLENO A LA “NUEVA EVANGELIZACIÓN” que en nuestro objetivo ponemos al centro.
Sexta etapa: CORRESPONDE A LA MISIÓN AD GENTES. La Iglesia que ha vivido el proceso evangelizador termina interesándose por todos los pueblos, especialmente aquellos que aún ignoran a Cristo y se ofrecen como misioneros para la evangelización de todas las naciones.

Elementos que deben ser tomados en consideración en toda acción de Pastoral Profética.
La Pastoral Profética es una acción que debe ser comprendida y realizada como un elemento del proceso global de la vida de la Iglesia. Por medio de la acción pastoral la Iglesia actualiza la acción salvadora de Cristo, de cara a la implantación del Reino que supone diversas acciones, funciones o mediaciones.
El Ministerio de la Palabra, propio de la Pastoral Profética, se articula con el ministerio del servicio (pastoral social) con el ministerio de la celebración (pastoral litúrgica) y el ministerio de la comunión. No es posible, por tanto, forjar proyectos de ninguna de las áreas si se toman de manera desarticulada y sin referencia y organicidad con las demás áreas que en conjunto constituyen la acción pastoral de la Iglesia.

IV. Objetivo General
Promover con las Provincias eclesiásticas, la formación de discípulos misioneros de Jesucristo en las diócesis, y proporcionar los recursos oportunos para impulsar la Nueva Evangelización que anime y acompañe la transformación de la sociedad de México”.

V. Líneas de acción


  1. Intensificar nuestra formación y capacitación en el significado y las implicaciones de la fuerza profética de la Palabra de Dios en la Nueva Evangelización y la misión de la Iglesia.

  2. Proponer caminos concretos para hacer efectiva la Animación Bíblica de toda acción pastoral.



  1. Potenciar la integración, la comunión y la mutua colaboración entre las Dimensiones de la Comisión, así como con las demás Comisiones Episcopales para propiciar la transversalidad.



  1. Animar, iluminar y apoyar la Iniciación Cristiana y el proceso evangelizador en las Provincias eclesiásticas solidaria y subsidiariamente.



  1. Detectar y valorar los nuevos areópagos y los nuevos ambientes donde se genera la cultura, para discernir los modos y los medios como podemos hacernos presentes en ellos con la audacia y la valentía de los primeros discípulos.



  1. Mantener presente el mandato misionero de Cristo, con sus cuatro desafíos actuales: pastoral, nueva evangelización, ecumenismo y misión ad gentes, como punto de partida para el crecimiento desarrollo de todas las dimensiones de la pastoral profética.



VI. Programación
Meta 1: Ofrecer servicios de animación para impulsar la Nueva Evangelización.

Tareas:


  • Por medio de Jornadas de Animación ofrecidas a las Provincias.

  • Por medio de una Asamblea Nacional.

  • Por medio de folletos para ayudar a clarificar la Nueva Evangelización y sus implicaciones.


Meta 2: Buscar una relación con las otras Comisiones en el tema de la Nueva Evangelización.
Meta 3: Propiciar la relación entre las Dimensiones de la Comisión para fortalecerla.

DIMENSIONES DE LA COMISIÓN
DIMENSIÓN EPISCOPAL PARA LA DOCTRINA DE LA FE

 

Objetivo específico


Profundizar y renovar las expresiones y reflexiones de la fe de manera que iluminen la vida y la fe de los creyentes en conformidad y respeto a la doctrina revelada y al magisterio eclesiástico”.
Líneas de acción

 


  1. Revisar, desde el punto de vista de la ortodoxia, los escritos y documentos que sean propuestos por la CEM a través del Consejo de Presidencia, del Consejo Permanente o de la Asamblea General. Para llevar adelante este proyecto será necesario pedir el apoyo de especialistas de la Universidad Pontificia de México.



  1. Elaborar una lista de censores eclesiásticos expertos en las diferentes ramas de las ciencias eclesiásticas y ponerlos al servicio de los obispos, cuando las Diócesis no tengan autonomía suficiente para proceder solas en este difícil campo.



  1. Mantener un contacto más cercano con la Universidad Pontificia y organizar iniciativas comunes.



  1. Mantener la práctica de hacer llegar a los obispos materiales impresos o digitales sobre temas teológicos que puedan resultar de interés por su actualidad.



  1. Colaborar con las diferentes Comisiones que soliciten servicios en el campo específico de la Doctrina de la Fe.


DIMENSIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL DE LA CULTURA
Identidad

La Dimensión de Pastoral de la Cultura es una instancia del Episcopado Mexicano, integrada en la Comisión Episcopal para la Pastoral Profética, junto con las Dimensiones de Doctrina de la Fe, Animación Bíblica, Misiones, Catequesis y Educación, para impulsar la evangelización de la cultura.


Objetivo específico
Impulsar la nueva evangelización de las culturas contemporáneas, para que el Evangelio ilumine los diversos ambientes generadores de cultura y se transforme al hombre de hoy”.
Líneas de acción


  1. Reafianzando la identidad y la competencia de esta Dimensión y su relación con las demás Comisiones y Dimensiones en la CEM.

  2. Conformando un equipo de asesores y colaboradores, con representantes de las Provincias eclesiásticas, de Universidades Católicas y de la AMIESIC.

  3. Intensificando la relación con universidades católicas, de inspiración cristiana y laicas, así como con centros de cultura, para apoyar la evangelización de las culturas.

  4. Organizando reuniones nacionales de responsables de Pastoral de la Cultura de las Diócesis y Provincias, para coordinar trabajos.

  5. Promoviendo foros regionales sobre fe, ciencia y cultura en las Provincias que acepten este servicio, con ayuda de Universidades Católicas y de la AMIESIC.

  6. Promoviendo un Congreso, Simposio o Diálogo sobre Dios y la cultura actual, con exponentes diversos de la cultura, como intelectuales, universitarios, artistas, líderes de opinión, etc.

  7. Alentando la presencia de obispos y de agentes de pastoral en los medios nacionales de comunicación, para dar testimonio de la fe y crear o fortalecer la cultura cristiana.

  8. Continuando los talleres de cultura náhuatl, para lograr traducciones bíblicas y litúrgicas propias de esta etnia, con la colaboración de las Dimensiones de Doctrina de la Fe, Biblia, Liturgia y Pastoral Indígena.

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