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I. A. Las ideas centrales de la tlv


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no cuestiona ni ataca al sistema capitalista en que nos encontramos; al contrario (…)” [cursivas añadidas: DG]. Es decir: si, en palabras de su promotor, esta propuesta no “cuestiona” ni “ataca” al capitalismo, entonces tiene que ser que lo legitima y lo defiende. Por su parte, la señora García Suárez (del Grupo parlamentario de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds) aclara que es consciente de que “el resultado” de esta propuesta “comporta una redistribución de la renta entre ricos y pobres”, pero que eso no obsta, al contrario, para que su grupo plantee “que las personas con un nivel altísimo de renta, es decir, los ricos muy ricos, ayuden a que haya una renta básica de ciudadanía para todo el mundo”. La propuesta quiere, por tanto, mantener el sistema capitalista y redistribuir, sin que desaparezcan los muy ricos capaces de “ayudar”… pero a los demás partidos la propuesta les parece demasiado cara. Por eso, todos se oponen a ella, con los mismos argumentos que resume así el representante del Partido Socialista Obrero Español (en el gobierno): “En definitiva, el establecimiento de la renta básica en el marco establecido por las proposiciones de ley supondría una variación global del sistema público de servicios sociales. Es por todo ello, por el difícil encaje financiero de la propuesta, por su choque con el actual sistema público de servicios sociales, por las dudas que ofrece desde el punto de vista competencial, sin entrar en mayores disquisiciones sobre el posible impacto inflacionista que esta renta básica podría producir, y por el posible efecto desmotivador en la búsqueda de empleo, por lo que el Grupo Parlamentario Socialista no votará a favor de las proposiciones de ley de los Grupos Esquerra Republicana de Catalunya e Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds. De todas formas, señor Tardà, señora García, aunque la letra no suena bien, la música sí nos gusta. Además, señor Tardà, usted nos ha emplazado al debate presupuestario y allí nos veremos, ya que si hay una posibilidad para mejorar las condiciones de las rentas más desfavorecidas, allí estará siempre el Partido Socialista Obrero Español”.

38 El que quepa esperar esta reducción inmediata como consecuencia del cambio social no debe llevar a pensar que esa será la tendencia dominante en el futuro. En primer lugar, la decisión social sobre el nuevo uso de esas cantidades podría ser distinta. Y sobre todo, es decisivo dar entrada aquí a un problema que todavía no ha aparecido en nuestro análisis y que tiene que ver con la dimensión internacional de la sociedad comunista, por la que quizás habría que haber empezado.

39 En la tabla se supone que el PIB se divide exactamente al 50%. Pero para el tipo de cálculo que se precisa en estos ejemplos no es necesario que se empleen datos exactos.

40 Como la brecha original se plantea en primer lugar en el terreno de la ciencia, la tecnología y la educación, es imposible superarla unilateralmente por todos los rezagados salvo como excepción (sin una ayuda efectiva y real por parte de los más adelantados), sobre todo en un mundo orientado por el principio de la competitividad –según el cual es cada uno quien tiene que resolverse sus propios problemas– y una ideología liberal que además presenta ese principio como la garantía del bien colectivo.

41 El crecimiento resultante de la población de España hasta los 144 millones, según esta hipótesis, significa que la población se (más que) triplicaría en 30 años, como le ocurriría también, de media, al resto de países de la OCDE. Tamaño crecimiento no se deberá, por supuesto, al crecimiento bruto de la población sino, sobre todo, a los movimientos migratorios masivos que pondrá en marcha el programa planificador comunista. El crecimiento vegetativo de la población podría seguir siendo mayor en los países africanos, asiáticos y latinoamericanos, pero los masivos programas de emigración que se pondrían conscientemente en marcha desde esos países a los PD, junto a programas paralelos y complementarios de exportación de modernos medios de producción, tecnologías y equipos de especialistas en dirección contraria, tendrían por efecto la concentración neta de la nueva población mundial en los países del norte. Esto podría significar, por ejemplo, que en pocos años sean muchos más los marroquíes o ecuatorianos que vivan en España que en su propio país de origen (aunque estas denominaciones políticas nacionales bien podrían quedar también rápidamente desfasadas, y su contenido geográfico desvinculado de su correlato político, porque difícil será predecir qué pueda ocurrir con las estructuras estatales e internacionales y cuál será su evolución en el seno de la nueva sociedad).

42 Un objetivo de planificación será el mantener constante la “rentabilidad” y las tasas de acumulación de la economía. Si se tiene en cuenta que el crecimiento del acervo de medios de producción (I/K, para mantener las siglas que se usaban en la economía capitalista) puede descomponerse en tasa de acumulación (I/E, donde E es excedente) y tasa de rentabilidad (E/K), comprobamos que la menor rentabilidad (consecuencia del incremento de los salarios) se compensa ahora con una tasa de acumulación mayor. Así, en los PD, un crecimiento del “capital” (I/K) al 5% puede ser el resultado de multiplicar una tasa de rentabilidad (E/K) del 12,5% por una tasa de acumulación del 40% (I/E), o bien de multiplicar 8,75% (E/K) por 57,1% (pues el excedente ha bajado del 50% del PIB al 35%,y 8,75% es el 70% de 12,5%).

43 Como en otras ocasiones, no se puede entrar aquí en los detalles. Por ejemplo, cabe imaginar debates sobre a quién dar derecho a disfrutar en primer lugar de ciertos bienes expropiados de este tipo, si a quienes están más cercanos geográficamente, o a quienes, por su nivel de renta previo, más alejados estaban de experimentar tales disfrutes. En cualquier caso, al estar distribuida la renta igualitariamente, otros muchos bienes deberán ser producidos en mayor cantidad. Por ejemplo, si ya no se fabrican Rolls, puede que la sociedad desee usar más utilitarios, o puede que desee utilizar las instalaciones de Rolls para fabricar más autobuses… Eso dependerá ahora de lo que una sociedad de iguales decida.

44 En realidad, según la TLV la demanda pública no es un componente del valor añadido. El que se compute convencionalmente como parte de la demanda obedece a que también se la hace figurar ficticiamente en la oferta y en la renta nacional (se supone igual a los salarios brutos de los empleados de la Administración pública más un excedente igual al consumo de capital fijo del “capital” público). Ese valor añadido ficticio daría lugar a una demanda formada por consumo público (compras de bienes de consumo más salarios) e inversión pública (compra de bines de inversión). En realidad, en nuestros cálculos estamos suponiendo que la demanda pública (G) es un 15% del PIB auténtico, y aparece como 10% del PIB en bienes de consumo (imputables por mitad a salarios y excedente privado) y un 5% adicional en forma de bienes de inversión.

45 Nótese que el concepto de lujo se define siempre socialmente. En el capitalismo, el aumento de la productividad hacía que a largo plazo bienes que antes habían sido de lujo pasaran poco a poco a formar parte de la cesta de consumo de los trabajadores. Sin embargo, nada podía ser considerado de lujo en cada momento sin que ese bien o servicio tuviera el carácter de exclusividad, o exclusión, pues era sólo por eso, porque no estaban al acceso de todo el mundo, por lo que se los podía considerar bienes de lujo. Es obvio que en la sociedad comunista ningún bien será de lujo porque todos serán igualmente accesibles para todo el mundo, lo cual tampoco significa que la calidad de los diferentes bienes tenga que ser la misma en todos los casos, ni que eso genere una tendencia a la degradación de la calidad media, etc.

46 Pero la sociedad no será la del paternalismo estatalista característico del “socialismo real”, donde la desconfianza de los planificadores respecto de los trabajadores y ciudadanos en general no hacía en realidad sino replicar la que sienten hoy los propietarios del capitalismo puro frente a sus explotados.

47 En este punto estamos de acuerdo con Cockshott & Cottrell, cuando escriben: “La producción mercantil en el socialismo no se opone a la planificación centralizada socialista ni la subordina a su mecanismo automático. Por el contrario, la planificación centralizada desempeña un papel primordial que se manifiesta a través de las relaciones monetario-mercantiles y de los mecanismos económicos, los cuales están subordinados a los intereses generales de la sociedad socialista. Se equivocan quienes olvidan esta realidad y subordinan la política y la ideología socialista a los mecanismos automáticos del mercado. Es imprescindible criticar sistemáticamente las ideas según las cuales el Estado socialista debería abandonar su función planificadora central y convertirse en algo así como un centro de información y pronóstico del desarrollo económico, el cual sería regulado por la acción espontánea del mercado y la gestión de empresas con absoluta independencia económica, sin el control directivo del plan estatal central” (1993a, p. *).

48 En realidad, no hace falta en muchos casos ningún organismo planificador para decidir ciertas cosas, por ejemplo si se quieren más escuelas, más hospitales o más parques… El mecanismo democrático en muchos casos será tan sencillo como el recurso a un referéndum en el territorio implicado en cada caso (y definido él mismo tras un debate y decisión democráticos) Y se sabrá al mismo tiempo que eso hay que financiarlo con “fondos” que deben surgir del producto social y que, si se usan para esos fines concretos de consumo colectivo, ya no estarán disponibles para otros usos o para el abastecimiento de la demanda privada.

49 Obsérvese que las preferencias y la utilidad son cosas que nadie niega, aunque nosotros negamos al mismo tiempo la teoría del valor que pretende basarse en ellas. Hablamos de preferencias reales, que se basan en precios ya existentes, y que por tanto no pueden explicar esos precios. Alguien puede gustar por igual del té y del café, pero en función del precio que tengan en el momento de su adquisición preferirá más de uno o de otro en cada caso.

50 Como en el capitalismo, una cosa es querer maximizar, y otra maximizar de hecho. Algunos parecen no entender esta diferencia.

51 En relación con las restricciones a las que se enfrentan los gestores-trabajadores de las empresas individuales, pongámonos en su piel. Por razones técnicas, todos tienen que hacerse con los medios de producción adecuados para producir lo que específicamente tienen que producir: máquinas, materias primas y auxiliares, energía, herramientas, servicios…, y necesitan buscar por la misma razón una determinada combinación de trabajadores y no otra. ¿Por qué habrían de llegar esos elementos objetivos y subjetivos de la producción a esa empresa, y en esa precisa cantidad, en lugar de a otras empresas que necesitan los mismos insumos para sus propios fines productivos? ¿Y cómo podría garantizarse que la distribución final, esa asignación de factores productivos entre las diferentes unidades de producción, es la más eficiente, y no lo sería cualquier alternativa a esa?

52 Muy otra es la posición de Cockshott y Cottrell: “Mientras que la empresa capitalista típica encuentra dados los precios de los insumos de acuerdo con las condiciones en que sus oferentes estén dispuestos a deshacerse de sus productos, el proyecto de producción socialista no se enfrenta a ese tipo de ‘datos’. En la economía socialista, el ‘coste de producción’ tiene que calcularse socialmente, y (como hemos explicado ya) creemos que el contenido total en trabajo directo más indirecto (‘valor trabajo’) es una medida razonable del coste social” (1993a, p. 109).

53 La teoría neoclásica de la distribución de la renta parte de esta idea, que es cierta, y la transforma de tal manera que llega a dos conclusiones erróneas. Por una parte, atribuye la productividad marginal a un solo factor aislado, normalmente el trabajo (como si fuera el único factor variable de producción), y por otra parte llama “capital” a todo lo demás. De esta forma, identifica erróneamente el producto total del factor variable con los salarios, y el resto con los beneficios, convirtiendo en una (falsa) teoría de la distribución de la renta lo que no es sino una herramienta que permite identificar qué fracción del producto total representan los costes variables (incluidos los salarios, pero no idénticos a ellos). Por ejemplo, se puede deducir que en los sectores de mayor composición en valor del capital (relativa), donde los salarios son más elevados, el simple paso a C-I significará un descenso de los costes variables de producción, y en los otros sectores un aumento. Eso acarrea un aumento en la producción y un descenso en la composición de capital en los primeros, y en los segundos tiene un efecto contrario en ambos casos.

54 Esa autonomía es lo contrario de lo que sugieren Cockshott y Cottrell cuando escriben que “las empresas individuales no son sujetos de derecho, capaces de poseer, comprar o vender medios de producción” (1993a, p. 109).

55 La incomprensión de este punto pudo estar detrás del fracaso de varias de las formas históricas adoptadas por el “socialismo real”, como en el caso de la Unión Soviética o de Yugoslavia. En ambos casos se partía de una consideración unilateral (pero opuesta) de las relaciones entre mercado y planificación. Al no dejar suficiente terreno o libertad para las decisiones descentralizadas, la estructura productiva soviética no podía reflejar adecuadamente sus auténticos costes de producción, y al no ser igual el salario de todo tipo de trabajo la demanda no representaba democráticamente tampoco las necesidades de la población. En este contexto, las ineficiencias de la planificación central resultan siempre más difícilmente identificables, y todas las evidencias que la población tenía de dicha ineficiencia económica, junto a la evidencia de una “democracia socialista” irreal, hacían que los ciudadanos no creyeran en el cambio social presentado como una sociedad real de tipo C-I. El que, ciertamente, la necesidad histórica de la lucha entre los países de los diferentes bloques incrementara las dificultades de este proceso no debe entenderse como la causa fundamental sino como una restricción económica adicional que la organización de la producción debía tener en cuenta. Sin embargo, los errores de la planificación central y la escasa autonomía decisora de las empresas soviéticas no podían solucionarse con la puesta en práctica de un sistema alternativo del tipo del yugoslavo, consistente en desplazar la capacidad de decisión al interior de las empresas, pero sin un mecanismo complementario destinado a fijar estrictamente las restricciones supraempresariales que los gestores descentralizados debían tener en cuenta. En un marco así, donde el mercado de trabajo y la posibilidad de desempleo eran hechos indiscutibles, y donde tampoco existía igualdad retributiva, lo que quería cada empresa era garantizar la auténtica aspiración, puramente “corporativista” (es decir, limitada a su pequeño o gran colectivo de trabajadores), de mejorar sólo el tangible nivel de vida de la propia plantilla, de forma que la existencia de fondos propios fijos destinados a tal fin llevaba a una paralización de la sensibilidad inversora y a una oposición interna al crecimiento de las plantillas como medio de garantizar una participación mayor en dichos fondos. No sorprende por tanto que el resultado global de estos planteamientos fuera el desempleo masivo y la emigración generalizada al mundo occidental (véase Lebowitz, 2004).

56 El punto de vista de Cockshott y Cottrell refleja una falta de atención notable a la diferencia entre los precios normales reguladores de la TLV y los precios de equilibrio a corto plazo. Sólo por esa razón pueden escribir el largo párrafo que transcribiremos a continuación, que resume la esencia de su posición sobre el mecanismo económico socialista. Escriben: “El principio básico del esquema que proponemos se puede explicar muy fácilmente. Se marcan todos los bienes de consumo con sus valores trabajo, es decir, la cantidad total de trabajo social que se requiere para producirlos, tanto directa como indirectamente (...) Pero, además, los precios efectivos (en vales de trabajo) de los bienes de consumo se situarán en la medida de lo posible al nivel que vacíe el mercado. Supongamos que la producción de un determinado bien exige 10 horas de trabajo. Se marcará con un valor trabajo de 10 horas. Pero si resulta un exceso de demanda para ese bien cuando se le pone un precio de 10 vales de trabajo, su precio será incrementado hasta que se elimine (aproximadamente) el exceso de demanda. Supongamos que ese precio resulta ser de 12 vales de trabajo. Entonces este producto tiene un cociente ‘precio que vacía el mercado/valor trabajo’ igual a 12/10, es decir, 1,2. Los planificadores contabilizan estos cocientes para todos los bienes. Lo normal es que estos cocientes difieran producto a producto, estando a veces en torno a 1,0, a veces por encima (si el producto se enfrenta a una fuerte demanda) o a veces por debajo (si el producto es relativamente poco demandado). Los planificadores siguen entonces la siguiente regla: aumentar el objetivo de producción de los bienes con un cociente superior a 1,0, y reducir el objetivo para los bienes con un cociente inferior a 1,0.” (1993a, p. 103)

57 Ya que, por una parte, la cooperación internacional ahora podrá ser efectiva y real, y, por otra, una fracción de la demanda de infraestructuras procedente de esos países adquirirá la forma de demanda pública (G) financiada con impuestos. Incidentalmente, téngase en cuenta que ahora un impuesto universal y único sobre el valor añadido, tanto a escala nacional como mundial, será suficiente para financiar el gasto público y en particular la demanda pública. Un IVA general del 20%, por ejemplo, sería suficiente para que G represente dos quintas partes del excedente en un país donde la tasa de plustrabajo sea del 100%.

58 Puesto que el crédito, más que una redistribución de la renta desde el futuro al presente, es una redistribución desde quienes gastan menos que su ingreso a los que gastan más, su crecimiento a largo plazo no puede ser mayor que el crecimiento del producto social (salvo generando inflación). Sin embargo, a corto plazo, es posible que quien controle la masa total de crédito de la economía regule flexiblemente esa igualdad entre crecimiento del crédito y crecimiento de la producción, vigilando para que la igualdad se produzca sólo en una media de pocos años (en lugar de exigirla año a año).

59 El cese de la compulsión hacia el máximo beneficio privado también facilita las cosas en el nuevo sistema, pero la eficiencia relativa de una empresa se seguirá demostrando por la obtención de menores costes por unidad de producto (y la correspondiente mayor proporción al excedente por unidad de producto) que las otras empresas del sector, y una mayor capacidad por tanto de expansión real.

60 Los desplazamientos geográficos, que tan importante papel tendrán que desempeñar en la esfera internacional, como hemos visto, tendrán aquí su presencia también, y no siempre será posible evitar que determinadas zonas del país se despueblen o, más bien, pierdan importancia demográfica relativa (pues, teniendo en cuenta la prevista triplicación o cuadriplicación de la densidad demográfica media de los PD en sólo 30 años, es difícil imaginar una despoblación absoluta en ninguna región o comarca de alguna importancia).

61 Como hemos visto, eso no puede ocurrir realmente de manera inmediata, pero sí a un ritmo bastante rápido, como se ha visto en la sección II, ritmo que aun podría ser más rápido puesto que hemos dejado de lado las iniciativas de solidaridad “privada”, por decirlo así, o extraordinarias, que superen los mínimos que reflejaban el ejemplo de nuestras tablas I a III.

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