Página principal

I. A. Las ideas centrales de la tlv


Descargar 410.17 Kb.
Página6/7
Fecha de conversión18.07.2016
Tamaño410.17 Kb.
1   2   3   4   5   6   7

10 El lector desprevenido puede dejarse engañar fácilmente por estas apariencias. Una prueba de ello, así como de la relevancia práctica que puede tener una confusión de este calibre, es lo que escribe el Ministro del poder popular para la Defensa de Venezuela, general Baduel, en la introducción a la última edición del libro de Dieterich (2007a): “Si de algo se cerciora Heinz a través de estas páginas, es en repetir hasta la saciedad que la economía socialista debe basarse en cálculos realizados en unidades de trabajo abstracto ya que explica el autor siguiendo a Marx y a Ricardo que el valor objetivo de un producto es la cantidad media de trabajo invertido en su manufactura”. El propio Baduel, en el reciente acto de presentación del nuevo Alto Mando Militar de Venezuela (18.7.07), se manifestó en el mismo sentido: “En el Aló Presidente del 27 de marzo de 2005, el Señor Presidente Chávez indicó, cito: ‘el Socialismo de Venezuela se construiría en concordancia con las ideas originales de Carlos Marx y Federico Engels’ fin de la cita. Reiterando lo que al respecto he mencionado en una oportunidad anterior, si la base para la construcción del Socialismo del Siglo XXI es una teoría científica de la talla de la de Marx y Engels, lo que construyamos sobre ella no puede serlo menos, so pena de que la estructura construida no pase a ser más que una humilde choza, levantada sobre los cimientos de un rascacielos.”

11 “Una economía nacional de mercado no opera, primordialmente, sobre valores objetivos, sino sobre el binomio de costo-precio, del cual el valor o tiempo de trabajo es sólo una de las variables determinantes, es decir un subsistema del cálculo de costo-precio” (Dieterich, 2003, p. 7).

12 En el Cuadro-resumen que construye en su libro para sintetizar los rasgos de la “institucionalidad de la sociedad burguesa”, Dieterich se refiere, con una expresión que combina este factor 2 con el 4, a los “precios subjetivos, determinados por poder” (2001, p. 50).

13 “En la economía de mercado el precio de la mercancía es, esencialmente, el resultado del poder de los agentes económicos. Aquél que tiene más poder, ya sea político, económico, cultural o militar, impone el precio al más débil y esto es válido para los precios de los productos, servicios y de la fuerza de trabajo.” (Dieterich, 2001, p. 62).

14 Cockshott mantiene la misma asociación entre valor y socialismo. Así en Rebelión se registra su afirmación siguiente (véase http://www.jornada.unam.mx/2004/11/08/008n1sec.html): “‘Hay que combinar tres ideas clave’, expresa Paul Cockshott, profesor de ciencias de cómputo en la Universidad de Glasgow, Escocia: ‘la teoría marxista del trabajo como fuente de todo valor, la coordinación cibernética y la democracia participativa. Estos tres elementos son una alternativa a la trinidad neoliberal de los precios, mercados y parlamentos’.”

15 Digamos de pasada que esta “transformación” es lo que Dieterich (2003, p. 7) llama “metamorfosis”, lo cual, siendo una cuestión teóricamente banal, nos da la oportunidad de mencionar brevemente diversos aspectos “terminológicos” que tienen su importancia en la discusión. En primer ligar: aunque en español es más frecuente entender por metamorfosis una forma específica de transformación –si bien a veces se usan ambas palabras como sinónimos–, en principio no habría inconveniente en usar el término que prefiere este autor. En ese caso, sólo habría que recordar que toda la literatura al respecto, tanto en español, como en inglés, francés, etc., y por más de un siglo, ha usado siempre el término “transformación”, “transformation”, etc. Una segunda cuestión, relacionada pero distinta, es la de los términos empleados en las traducciones al español de los libros y artículos de esta escuela. El hecho de ser autores alemanes, que piensan y quizás escriben mayoritariamente en alemán, quizás les impida revisar adecuadamente la traducción o versión española de sus trabajos (y otro tanto puede decirse de la edición venezolana del libro de Cockshott y Cottrell que circula por ahí). Por otra parte, la baja calidad general de muchas traducciones al español de las obras escritas en otro idioma, en especial en el campo de la Economía, es bien conocida, por lo que puede suponerse que en Venezuela, donde no parece existir mayor tradición que en otros sitios de aportaciones originales a la teoría económica del valor, la traducción de la obra de Dieterich o Peters deja mucho que desear, al menos a la terminología más especializada que se emplea en sus fragmentos económicos. Así, encontramos “teoría del valor del trabajo” en vez de la “teoría del valor-trabajo” (como se conoce habitualmente a la TLV) o teoría laboral del valor (2001, pp. 40, 62); o bien “valorización” en lugar de “valoración” o “evaluación” (2007a, pp. 178-179); o se habla de la función “exploitativa” del precio, que debe de querer decir “explotadora” (2003, p. 7), etc. Estos usos pueden dar lugar a equívocos teóricos importantes, ya que por ejemplo el “valor del trabajo” puede confundirse con el valor de la fuerza de trabajo (o bien relacionarse con la afirmación de Marx, de que la expresión “valor del trabajo” es absurda debido a que el trabajo es valor pero no puede tener valor). O también “valorización”, que nos remite, no a evaluación o juicio, sino al proceso por el que se crea más valor a partir de un valor de magnitud dada.

16 En cambio, para estos autores “el precio que se forma en el mercado no tiene, por lo tanto, ninguna relación con el valor, que es independiente del mercado.” (Peters, citado en Dieterich, 2001, p. 45). Dieterich (2003, p. 6) matiza lo anterior pero al mismo tiempo da una vuelta de tuerca más a la confusión, al convertir la regulación de los precios efectivos por los valores y precios de producción en su contrario, lo que le permite hablar de “el precio como epicentro del valor”. Señala además que “esto ha sido el callejón epistemológico sin salida de la problemática en la economía política. Fue un intento equivocado de operacionalizar la teoría del valor objetivo de Marx, tratándose el concepto de valor objetivo de Marx y la categoría del precio de la economía de mercado, como si fueran hermanos gemelos, aunque, como en la película de Dr. Jekyll and Mr. Hyde, concediéndole a uno su forma natural y al otro, una forma desfigurada.” (ibidem).

17 El lector que quiera profundizar en estas cuestiones de la “transformación” puede remitirse a un trabajo reciente del autor (Guerrero, 2007a), o si quiere enmarcarla en una visión más general de la competencia entre los capitales, a Guerrero (2003a). Por otra parte, la relación entre c y v corresponde a lo que Marx llama composición orgánica del capital, por una parte, y composición en valor del capital, por otra, que son ambas expresiones distintas de la composición técnica del capital. Una explicación de las relaciones y diferencias entre las tres puede encontrarse en Shaikh (1987).

18 Aparte de en el propio Marx, se puede encontrar la misma idea en todos los marxistas que se han ocupado del tema. Por ejemplo, Preobrajensky “contrapone el plan estatal socialista al mercado como reguladores de la economía en el período de transición. Al respecto plantea: ‘Nosotros oponemos la producción mercantil a la economía socialista planificada, el mercado a la contabilidad de la sociedad socialista, el valor y el precio a los gastos de trabajo de la producción, la mercancía al producto.’” (Preobrajensky, 1968, p. 167, citado en Vascós, 2005; cursivas añadidas: DG).

19 Cuando el proceso de la producción material “se convierte en producción de hombres asociados libremente y queda bajo su control consciente y planeado” (Marx, 1867, p. 173).

20 Por ejemplo, Zarricueta (2007, p. 2) expresa así esta posición: “El problema central del Socialismo es la sustitución del mercado como eje articulador de la producción y reproducción de la vida –en sus ámbitos material y no material– por un mecanismo alternativo que le asegure al ser humano libertad, desarrollo integral de sus capacidades y el control y participación colectiva en los procesos de reproducción social –económicos, políticos, culturales, etc.”

21 Un ejemplo de autor marxista partidario del socialismo de mercado es un crítico de Dieterich, Vascós (2005), que escribe: “La causa más profunda de la existencia de la producción mercantil en el socialismo consiste en la falta de maduración de las relaciones comunistas de producción, el relativamente bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y la insuficiente generalización de la conciencia revolucionaria, la cultura, el espíritu solidario y la educación ética, política e ideológica entre las masas, lo que se manifiesta en el incompleto grado de socialización de la propiedad social, de los medios de producción y del trabajo. Todo ello determina que, en el socialismo, la medida del trabajo y la medida del consumo se continúe cuantificando mediante una vía indirecta: el valor”. Sin embargo, la posición dominante queda reflejada en estas palabras: “La historia del ‘socialismo real’ ha mostrado y sigue mostrando que la defensa del ‘socialismo de mercado’, en última instancia, acaba siendo una postura reaccionaria y pro-restauración del capitalismo.” (Nakatani y Dias Carcanholo, 2007, p. 6)

22 Es preciso hacer varias matizaciones. Por una parte, DEB admite las relaciones mercantiles durante un tiempo y para una fracción de la economía, pero como cuestión de principio parece inclinarse por la solución de no-mercado. Por otra parte, lo que parece rechazar más particularmente no es el mercado en sí, sino el “mercado como sistema autorregulado y anónimo (cibernético) —como lo plantean los ideólogos del capital—” porque ese no es sino “un código propagandístico que sólo existe en la teología de los economistas burgueses”; sobre todo porque el mercado no tiene “nada de anónimo” (Dieterich 2001, p. 26).

23 En realidad, es verdaderamente sorprendente que pase por algo parecido a la TLV una teoría que defiende todo lo contrario. Marx se encargó de repetir una y otra vez que los mercados capitalistas se basan en el principio de “intercambio de equivalentes”. Por ejemplo, en el capítulo sobre “El proceso de trabajo y el proceso de valorización” (1867, pp. 301-2) afirma: “Todas las condiciones del problema quedan satisfechas, en tanto que las leyes que gobiernan el intercambio de mercancías no se han violado de ninguna manera. Un equivalente se ha cambiado por un equivalente. Ya que el capitalista como comprador pagó todo el valor de cada mercancía, del algodón, del huso y de la fuerza de trabajo” (cursivas añadidas: DG). Y con mayor claridad aun: “Si las mercancías que forman el producto del capital se venden a precios determinados por su valor, en otras palabras, si toda la clase capitañista vende las mercancías a su verdadero valor, entonces cada uno de sus miembros realiza un plusvalor (…) El beneficio que obtiene cada uno no se consigue a expensas de los demás )…) ni vendiendo sus bienes por encima de su valor. Al contrario, venden su producto a su verdadero valor” (1867, p. 974).

En cambio, para la TBV, el intercambio de equivalentes se identifica con el socialismo, mientras que en el capitalismo no se da eso sino otra cosa que no se sabe muy qué es. Ellos lo explican así: 1) “El intercambio de productos tampoco pudo realizarse en términos de equi-valencias —equidad de valores—, sino en términos de equi-precios —equidad de precios” (Dieterich, 2002, p. 36). 2) Y por otra parte: “Los países comunistas, igual que los capitalistas [...] sólo pueden realizar históricamente el regreso a la economía equivalente a un nivel superior, si combinan la teoría sobre el valor del trabajo [sic] con el principio de la equivalencia.” (Peters, citado en Dieterich, 2002, p. 40). Peters bautiza además este socialismo al recordar que “el inventor de la computadora, el profesor Konrad Zuse, llamó ‘socialismo computarizado’ a este orden económico, cuando combina el principio de la equivalencia con la teoría sobre el valor del trabajo [sic]” (ibid., p. 41). Todo resulta un tanto confuso, pero lo que sí está claro es que, si este socialismo es eso, no puede ser el socialismo de Marx. Por último, ambos autores piensan que el intercambio actual entre los países del Norte y del Sur no se basa en el intercambio de equivalentes, como si el comercio capitalista no se distinguiera del que correspondía al primer contacto entre capitalismo y precapitalismo en las áreas del mundo conquistadas por los europeos. En cambio, DEB piensa que estos países “con el intercambio no-equivalente no hacen otra cosa que estafar a los pueblos noeuropeos” (ibid., p. 42; para una interpretación muy distinta, basada en Marx, de cómo con el capitalismo rige el intercambio de equivalentes también en la esfera mundial, aunque eso no signifique ni mucho menos un “desarrollo igual”, véase Astarita, 2004).



24 Si hemos de creer al diario El Universal, se estaría produciendo una evolución del régimen venezolano actual en esa dirección. La crónica a que nos referimos cuenta lo siguiente: “Dos meses atrás, frente a un exaltado grupo de cooperativistas y futuros banqueros comunales, Hugo Chávez develó la nueva arma para derruir la burguesía y el capitalismo: incentivar el trueque. ‘Una tremenda cachama te la cambio, ¿por qué? Por tres racimos de plátano’, explicó el presidente de la República, y acto seguido miró a la ministra de Economía Popular, Oly Millán, para advertirle que ‘quiero ir a ver resultados. Mercados comunitarios, mercados de trueque’. Ustedes me dirán: ¡Chávez se está volviendo loco! Bueno, es que es ‘la única manera de romper con el capitalismo desde abajo’, añadió el líder de la revolución bolivariana. Recibida la orden, el Ministerio de Economía Popular, según ha explicado su viceministro, Carlos Luis Rivero, ha comenzado a estudiar cómo implementar el ‘trueque solidario’ en ferias populares y ‘mercados endógenos’. El proyecto se articula con otra idea que consume el tiempo de funcionarios del Banco de la Mujer, el Banco del Pueblo y las Cajas Rurales: la moneda cooperativa.” (2007; cursivas añadidas: DG).

25 Aunque no conocemos su posición política exacta, la relación que parece tener con Noam Chomsky (véanse dos libros compartidos con él: Chomsky & Dieterich, 1996, 1997), quien a su vez cuenta, entre sus influencias importantes, con la del comunista consejista Antón Pannekoek, no nos predispone en contra, ni mucho menos.

26 En efecto: Dieterich (2007b) aclara que “el enunciado ‘Cuba es socialista’ –o ‘no es socialista’– es un juicio que, como en todos los juicios de este tipo, se deriva de la comparación entre un fenómeno empírico y un paradigma referencial. El juicio resultante depende del paradigma que se seleccione. Si el paradigma es el socialismo histórico, entonces Cuba sí es socialista. Si el paradigma es la democracia participativa de Karl Marx, Rosa Luxemburg y del Socialismo del Siglo XXI, no lo es.” Y añade: “negar el carácter mercantil de la economía del socialismo realmente existente era tan equivocado, como sería, hoy día, la intención de acabar con el dinero, porque ‘esclaviza’ al ser humano. Ambos ejemplos no están en consonancia con las condiciones objetivas económicas y, por lo tanto, tan a destiempo, como el Don Quijote.” (ibidem).

27 Dieterich llega a caracterizar así su libro: “El concepto más importante de este trabajo es el concepto Proyecto Histórico” (2002, p. 32). Pero refleja una concepción idealista, no materialista, utilizar la idea de “proyecto”, algo ideal por definición, como si pudiera ser equivalente a algo tan material como una sociedad concreta. Por eso, tiene razón cuando señala que “es una categoría no utilizada en las ciencias sociales ni tampoco por Marx y Engels”, pero es dudosa su afirmación de que “el concepto es semejante al de ‘formación socioeconómica’ de Marx” y “expresa con mayor énfasis el hecho de que la historia se hace en configuraciones concretas promovidas por los sujetos sociales dominantes, ante las cuales los actores sociales dominados reaccionan” (ibid., pp. 32-33). Esos rasgos idealistas del pensamiento de este autor se perciben también en otros lugares de su obra, como cuando da por sentado que algo tan ideal como “el teorema vital de una economía cualitativamente diferente a la del mercado” puede llegar a ser “la base operativa de una economía real” (ibid., p. 36; cursivas añadidas: DG).

28 En http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=28818 se puede leer este diálogo: “P. Profesor Dieterich, ¿Usted inventó el concepto ‘Socialismo del Siglo XXI’? . Sí. Lo elaboré a partir de 1996. Fue publicado junto con la teoría correspondiente en forma de libro, a partir del 2000 en México, Ecuador, Argentina, Centroamérica, Brasil, Venezuela y, fuera de América Latina, en España, Alemania, la República Popular de China, Rusia y Turquía. Desde el 2001 ha sido asimilado en todo el mundo. Presidentes como Hugo Chávez y Rafael Correa lo utilizan constantemente, al igual que movimientos obreros, campesinos, intelectuales y partidos políticos. Junto con la teoría del socialismo del siglo XXI avancé la teoría de la transición latinoamericana que se plasmó en conceptos claves como el Bloque Regional de Poder (BRP), también ya de uso generalizado en América Latina.” Sin embargo, como señala Javier Biardeau (http://www.aporrea.org/ideologia/a32781.html ), “sobre la nominación de Socialismo del siglo XXI existe una polémica que puede llevar a genealogías históricas que resultan de interés para despejar el asunto de las diversas autorías y campos intelectuales de influencia. Sobre las diversas líneas de autoría hay indicios que permiten afirmar que existen diversos ‘foros y redes’ que constituyen los nodos-locus de enunciación principales del ideario sobre el ‘Socialismo del siglo XXI’”. El propio Biardeau menciona la siguiente lista de referencias bibliográficas relacionadas con esta idea: Amin, Samir (2004) Más allá del capitalismo senil. Bahro Rudolf (1977) La alternativa. Contribución a la crítica del socialismo realmente existente. Buzgalin, Alexander V. (2000) El Futuro del Socialismo. Cerroni, Humberto (1979) Problemas de la transición al Socialismo. Cockshott Paul W. y Allin Cottrell Hacia un Nuevo Socialismo. Coraggio José Luis y Carmen Diana Deere (1985) La transición difícil. La autodeterminación de los pequeños países periféricos. Dieterich Heinz () El Socialismo Del Siglo XXI. Dieterich Heinz (2003) Tres Criterios Para Definir Una Economía Socialista. Dussel, Enrique (2006) Veinte Tesis de política. Harnecker Marta (1999) La izquierda en el umbral del siglo XXI. Harnecker Marta (2004) Venezuela: Una revolución sui generis. Lebowitz Michel (2006) A Reinventar El Socialismo. Lebowitz, Michael (2006) El Socialismo del siglo XXI. Meszaros István (1995) Más allá del capital. Meszaros István (2005) Socialismo o Barbarie. La alternativa al orden social del capital. Miliband, Ralph (1997) Socialismo para una época de escépticos. Moulian Tomas (2000) Socialismo del siglo XXI. La Quinta Vía. Rauber, Isabel (2006) Poder y Socialismo en el siglo XXI. Schaff Adam (1983) El Comunismo en la encrucijada. Wallerstein, Inmanuel (1998) Utopística. Opciones históricas del siglo XXI. Wallerstein, Inmanuel (2005) Análisis de sistema-mundo. Una introducción.

29 Centrándonos esta última dualidad, por ser la más novedosa, digamos que este tipo de metonimia, o sustitución de la parte por el todo, está omnipresente en la disciplina económica actual. Se identifica la economía capitalista con la economía sin más, la teoría económica con la teoría económica neoclásica…, y, por la misma razón, empresa o empresario con empresa o empresario capitalistas. Por tanto, no puede sorprender que el lector tienda a pensar, cuando se habla de un empresario en una economía postcapitalista, en la imagen del empresario capitalista. Para empezar, el primero no tiene por qué ser un individuo ni un puñado de propietarios de acciones ni querer maximizar el beneficio ni regirse por el principio plutocrático en vez del democrático… En realidad, empresarios son quienes gestionan las empresas, pero empresas seguirá habiendo después del capitalismo, y nada impide pensar una empresa gestionada democráticamente donde precisamente sus trabajadores sean a la vez sus gestores o empresarios. Estamos tan acostumbrados a identificar las cosas en general con las cosas tal como se definen específicamente en el seno de determinadas relaciones sociales, y no en otras, que no podemos distinguir con claridad entre cosas realmente tan distintas. Es fácil convertirse en lo que llama Marx un “lector imbuido de nociones capitalistas” (1867, p. 512).

30 La posición dominante no es esta. Por ejemplo, Cockshott y Cottrell escriben que “una vez que se decide el patrón de la producción finales de bienes, la asignación de los insumos que requiere ese patrón se calcula centralmente, y los medios de producción y el trabajo necesarios los asigna la agencia de planificación” (1993a, p. 109).

31 En primer lugar, debe tenerse en cuenta que el crédito es anterior al dinero como forma equivalente universal de la economía mercantil capitalista. En una sociedad antigua como las del Oriente próximo está documentada la existencia de los préstamos en especie mucho antes de la aparición de la moneda. Podríamos hablar de que en esas sociedades existía el crédito aunque estuviera instrumentado en términos de valores de uso. ¿Pues qué otra cosa es el préstamo de 10 ovejas durante un año, con la promesa hecha por el deudor de devolver 11 ovejas al cabo de ese tiempo, sino un crédito a un interés anual del 10%? Y si esto podía ocurrir en una sociedad atrasada y predominantemente pastoril, ¿qué impide que pueda darse también en el postcapitalismo?

32 Aquí, como en cualquier otro punto, tenemos que distinguir entre el análisis teórico del modelo o sistema, del análisis histórico específico de una sociedad concreta cualquiera. Desde el primer punto de vista, y siguiendo el planteamiento de El capital de Marx, la sociedad capitalista consiste sólo en asalariados y capitalistas. En la realidad concreta las cosas siempre son más complejas y, por ejemplo, esas figuras coexisten con otras, lo cual exige una segunda ronda de análisis, más matizado y detallado, donde las formas capitalistas puras se entremezclan con otras de otro tipo.

33 “Un intercambio directo de dinero, es decir, de trabajo objetivado, por trabajo vivo (…) reemplazaría la producción capitalista misma, que descansa directamente sobre el trabajo asalariado” (Marx, 1867, p. 676). Se sugiere aquí la posibilidad de una sociedad comunista donde haya algún tipo de dinero.

34 Véase la interpretación que del mismo se ofrece en Guerrero (2006).

35 El cómo consiga la sociedad hacer efectivo ese deber en el caso de un individuo que se niegue a hacerlo y otras situaciones problemáticas similares es algo que podrá ser importante o no, pero que no tiene por qué analizarse en este punto.

36 La explicación de cómo todo el excedente procede del plustrabajo realizado por los trabajadores no es necesaria realizarla en este artículo. Digamos simplemente que reproducir al conjunto de los que trabajan sólo cuesta una fracción de lo que ellos mismos trabajan. Y como con su trabajo reponen también los medios de producción gastados, la otra fracción es el plustrabajo o plusvalía (plusvalor) cuya expresión monetaria en el beneficio capitalista.

37 Esta idea no tiene nada que ver con la propuesta de “renta básica (de ciudadanía)” que se viene haciendo cada vez más a menudo desde el sector “progresista” de los intereses burgueses. En el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados español, del 2-X-2007, se puede seguir el debate en torno a dos proposiciones de ley sobre este tema (una, del Grupo parlamentario de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), de creación de una “Renta básica”, y otra del Grupo parlamentario de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds, de creación de la “Renta básica de ciudadanía”. En defensa de su propuesta, el señor Tardà i Coma (ERC) dice hablar “de algo ciertamente nuevo, hablamos de una idea nacida no hace muchos años en la Universidad Católica de Lovaina, que ha ido creciendo y germinando y que hoy día ha traspasado los estrictos ámbitos universitarios y académicos”; pero añade: “Hay que señalar que el establecimiento del derecho a la renta básica universal
1   2   3   4   5   6   7


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje