Página principal

Howard murphet


Descargar 0.53 Mb.
Página5/11
Fecha de conversión18.07.2016
Tamaño0.53 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11

8

LA GUERRA Y LA PAZ
Desde tiempos inmemoriales ha habido guerras en la tierra, primero entre tribus y luego entre las naciones (que, en realidad, no son más que tribus desarrolladas). Sin embargo, la gran mayoría de los pueblos del mundo desean la paz y no la guerra. Si esto es así, ¿cómo es que se producen las guerras y como se podrán prevenir? El siglo pasado ha probado que no se pueden evitar mediante organizaciones tan bien intencionadas como la Liga de las Naciones y las Naciones Unidas. Se requiere algo más que la organización de líderes para evitar la guerra. El plan de Hitler era el de crear una raza superior en sus granjas de reproductores humanos, haciendo uso de lo que él consideraba como el tronco ario en la raza germana. Esta raza superior había de proporcionar a los regentes de los pueblos esclavos en el resto del mundo. Puede que esto hubiera traído consigo la paz, mas no el tipo de paz que querría el género humano. Habría sido una paz de la servidumbre. Los seres humanos han sido definidos como espíritus divinos que pasan por una experiencia humana. Anhelan tanto la libertad individual como la paz. El mismo error se encuentra en la dominación comunista, porque el comunismo, en la práctica se convierte en una tiranía en la que unos pocos gobiernan a la mayoría y la libertad democrática individual desaparece rápidamente. Por ende, ¿Cuál es la raíz de la guerra y cómo se puede eliminar esta raíz?
Swami nos dice que la raíz de todo conflicto entre razas y naciones reside en el individuo. ¿Cómo es que pueden comenzar los conflictos, ya sea armados u otros, en el pecho individual? ¿Puede cambiarse esto? ¿Puede cambiarse este conflicto interno dentro del corazón de la humanidad? ¿Puede arrancarse tanto de tu pecho como del mío la raíz de todas las guerras, grandes o pequeñas?
¿Quién es el enemigo interno – aquel al que todos debemos derrotar antes de que se pueda establecer realmente la paz en la tierra? Swami nos dice que se trata de nuestros propios egos. Este es el nombre de aquello que algunos maestros han denominado nuestros ‘yo inferior’. Ese conglomerado de deseos egoístas, ambiciones egocéntricas, estrecho orgullo, prejuicios ignorantes, ansias de poder y riqueza y otros demonios internos que motivan nuestras vidas. Este ego está trenzado en una eterna batalla interior con nuestro Yo superior, que es también conocido como la conciencia y el espíritu divino de nuestro ser. Es una extraña disposición : este divino centro nuestro, conocido también como el Jivatma, representa nuestra verdadera y eterna identidad, mas debe librar una batalla constante en contra de esta horda de enemigos demoníacos que, en su conjunto constituyen la maléfica fuerza que llamamos el diablo interior o ego. En términos simples es una batalla entre el bien y el mal dentro de nosotros. El Poeta Laureado Masefield lo llamo, “La larga batalla bajo las estrellas”. A lo largo de muchos períodos de vida, cada uno de nosotros ha sido un campo de batalla para esta guerra interna. Por ende, si Swami tiene la razón, y estoy absolutamente seguro que la tiene, esas guerras que se han desarrollado desde tiempos inmemoriales entre grupos de gentes son, de hecho, una expresión externa de esta larga guerra bajo las estrellas que ha tenido lugar dentro de nosotros mismos, desde que la humanidad comenzara a recibir sus primeras lecciones en esta sala de clases que es la tierra.
Mientras que la guerra interna se libra usualmente entre el Yo superior y el ego, entre Dios y el diablo dentro del hombre, aquella entre pequeños o numerosos grupos de gentes se libra a menudo entre ego versus ego. Sin embargo, las guerras que siempre parecen surgir con el advenimiento de un Hombre-Dios o Avatar en la tierra, representan definitivamente el combate entre las fuerzas de Dios o Divina y las fuerzas contrarias a Dios. Piensen, por ejemplo, en Rama el primer Avatar humano de Dios sobre la tierra. Siendo la personificación del ‘dharma’ o conducta correcta, era esencialmente un guerrero y su principal propósito en la tierra parece haber sido la eliminación de lo que Swami denomina un tronco enfermo dentro de la humanidad. El género humano no podía llevar una vida dhármica mientras estuviese activo este tronco enfermo, esta fuerza antagónica a Dios. El líder de esta fuerza ‘atea’ era Ravana y sus seguidores fueron los rakshasas o demonios que habitaban en Lanka en esa época. Por ende tuvo que librarse una larga y ardua guerra para eliminar esta impureza del cuerpo del género humano. Sólo así podía ser posible una paz justa sobre la tierra.
Se daba una situación similar cuando el próximo Avatar humano, el Señor Krishna, vino a la tierra. Esta vez, el tronco enfermo en la humanidad lo constituía una casta que había abandonado su dharma y, en lugar de gobernar y proteger al pueblo, lo explotaba para su propio beneficio egoísta. Krishna intentó reformar a esta casta sin la necesidad de una guerra, aunque supiera que era un imposible. En el campo de batalla, justo antes del comienzo de la lucha, le entregó a la humanidad esa inmortal enseñanza conocida como el “Bhagavad Gita”. Es significativo que lo haya entregado allí, en vísperas de la terrible matanza que habría de venir. Pienso que nos enseña cual ha de ser la actitud del hombre divino frente a cualquier sacrificio de vida. Esto no sólo vale para el sacrificio humano o animal, sino también del vegetal. Ya sea que estemos echando abajo un árbol o que matemos a una vida vegetal más pequeña, no es necesario que recitemos todo el Bhagavad Gita, pero debiéramos ofrecerle esa vida a Dios con una oración apropiada, que puede ser oral o silenciosa.

Después de que fuera eliminada la casta malvada y se hiciera posible una paz justa y dhármica, Krishna continuó su maravillosa misión para el género humano creando ese Amor Divino en el corazón humano que sentimos aún en nuestros días.


El siguiente Hombre-Dios que cambiara la historia del mundo llevándola a un nivel espiritual superior, en particular en el mundo occidental, fue Jesucristo. Declaró abiertamente que él no venía a traer la paz, sino una espada. No obstante, su misión para el género humano, entregada principalmente a los hebreos en Judea, duró solamente tres años, un poco menos de tres años. Y aunque muchos de sus discípulos y otros seguidores esperaban que tomara la espada y les liderara en contra de los romanos que ocupaban el país, él sabía que eso no era practicable ni era el camino a tomar. Jesús previó la futilidad de desafiar al poderío romano. No obstante le siguió un desafío exitoso al poder romano y ayudó a proteger a la incipiente religión cristiana. La espada de la que hablara Jesucristo vino después de su crucifixión, después que los iniciadores de la nueva religión, denominada El Camino y llamada más tarde Cristianismo, fueran expulsados de Palestina y echaran raíces en Bretaña, en un lugar conocido hoy en día como Glastonbury en Avalon, al oeste de Inglaterra. El emperador romano Claudio sabía con certeza que Glastonbury en donde se estaban reuniendo los líderes de El Camino, representaba la base desde la cual la nueva religión de extendería a todo el mundo. Y, sabiendo que esta religión constituía una amenaza para el poder ateo del imperio romano, Claudio declaró que había de ser erradicada. Con este objetivo envió a las mejores legiones del ejército romano con sus mejores generales a Bretaña con la orden de destruir las raíces de la nueva religión. No obstante, debido a que la venida del Mesías había sido profetizada en sus propias escrituras, conocidas como las “Tríadas”, los líderes de las naciones celtas o Britanos, aceptaron rápidamente a Jesús o Jesu como era llamado en sus escrituras y lucharon bravamente en contra de las bien entrenadas legiones romanas. En nueve largos años de una guerra amarga y sangrienta, los romanos no lograron diezmar las filas de valientes guerreros celtas, hombres y mujeres, como para llegar hasta la sagrada tierra de Glastonbury. Fue de esta manera en que la espada de que hablara Jesús salvó al incipiente cristianismo y fue desde Glastonbury que los Apóstoles del Cristo llevaron el mensaje de amor y de paz hacia muchas partes de Europa y del norte de África. En esto se puede ver el choque de las oscuras fuerzas de la codicia y ansia de poder de Roma en contra del pueblo celta leal a Dios y amante de la libertad.
Y bien, esa gran lucha entre la oscuridad y la luz se produjo como hace dos milenios, pero podemos echar un vistazo a la paz y la guerra en nuestro propio tiempo. Mirando hacia eventos del penúltimo siglo, vemos el brote de las simientes para un tremendo conflicto entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, en el siglo pasado. Por una parte, observamos el repentino surgimiento de la ciencia moderna y, con él, la emancipación de la mente humana que condujo a la aparición de una gran ola sobre cuya cresta se erguía el intelecto. Los ‘asuras’ de las fuerzas oscuras guiaron esta ola hacia las costas del materialismo y del ateísmo. Los hombre llegaron, eventualmente, a decir e incluso a escribir, “Dios ha muerto”. ¿Qué necesidad habría de Dios cuando todo es explicable mediante las leyes de causa y efecto a lo largo de eones de evolución? Por otra parte, Dios Mismo vino a la tierra en la forma de un Avatar : Sai Baba de Shirdi, para contrarrestar esta marejada de oscuridad, esta negación de la dimensión espiritual. Como asistentes en este campo de fuerza de la Luz, estaban Paramahamsa Ramakrishna, Paramahamsa Yogananda y los Mahatmas de la Gran Hermandad Blanca de Adeptos. Las viejas formas de la religión estaban debilitadas y aparentemente listas para desvanecerse. El choque entre los intereses materialistas de las naciones culminó en 1914 con el increíble horror de la guerra de trincheras que durara cuatro largos años. Ambos bandos declaraban que Dios estaba de su lado, mas ¿era algo más que el dios de la guerra complaciéndose ‘con sangre y acero’, parafraseando a Otto von Bismark?
No obstante fluía una corriente más profunda, por debajo de este choque de intereses materiales : una corriente que proviene al menos desde la era de Rama, la subterránea pugna entre Poder y Justicia, entre la Luz y las Fuerzas Oscuras. La Primera Guerra Mundial no constituyó sino un precursor de la siguiente que involucró a casi todo el mundo y que se conoce como la Segunda Guerra Mundial. En ella podemos observar más claramente la pugna entre la Luz y la Oscuridad. El joven Avatar Sathya Sai Baba tenía veinte años cuando esta guerra terminó. No cabe duda que su poder espiritual ayudó a la victoria de las fuerzas de la Luz. Otro gran líder espiritual de la época, Sri Aurobindo, a quien Swami ha denominado como un Avatar de lo Individual, declaró durante la guerra que si las fuerzas de la tiranía y las tinieblas del Eje ganaban la guerra, el plan divino retrocedería en mil años. De modo que él mismo desempeñó un poderoso rol para asegurar que la victoria quedara con las fuerzas Aliadas de la libertad individual y democrática.
Se cortaron dos troncos enfermos en la vida de un crecimiento espiritual del género humano en esa guerra : el Nacismo y el Fascismo. Aún así quedó atrás uno, y de esta manera comenzó la Guerra Fría que empezó a mostrar los dientes en los años 50 y llegó a convertirse en una pesadilla para las gentes amantes de la libertad en los años 60. Vivimos al límite del estallido de la Tercera Guerra Mundial, enfrentando el horror de una guerra en la que ambos bandos estarían empleando armas atómicas y nucleares, lo que habría conducido a la devastación del planeta y a la destrucción de una gran parte, si no de toda, la raza humana. Fue en esta época en que mi mujer Iris y yo estábamos viviendo en la India y viendo permanentemente a Sathya Sai Baba. dios te ama

En una ocasión memorable, cuando ambos estábamos sentados solos con Sai Baba en una habitación del Ashram en Brindavan, le hicimos la vital pregunta : “Swami, ¿estallará realmente esta terrible Tercera Guerra Mundial, con armas nucleares, que nos amenaza?” Casi no respirábamos aguardando la respuesta que llegó rápidamente y en un tono decidido de su voz : “Habrá algunas guerras menores en el mundo, pero no una Tercera Guerra Mundial atómica.” Nos sentimos aliviados y nos quedamos en silencio por unos instantes. Entonces, Iris dijo, “Swami, sabemos que todas las gentes quieren la paz, mas ¿qué hay de los gobiernos? Parecen estar manipulando las cosas para la guerra.” “Bueno” – dijo Sai Baba – “los gobiernos tendrán que ser cambiados” Hablaba de una manera liviana y casual, como si estuviéramos hablando de algo tan fácil como el arreglo de una edificación en el Ashram. Le miramos estupefactos y en silencio. Es que este pequeño hombre, envuelto en una bata roja, descalzo y con una voluminosa cabellera oscura, ¿estaba hablando de que él cambiaría al gobierno de Rusia? (Porque de ese gobierno estábamos hablando). Hasta ese instante, pensábamos en él como en un hombre, un amable y bien intencionado amigo dotado de poderes sobrenaturales… mas el que implicara que podía cambiar el gobierno de Rusia era algo que, en esos momentos, no podíamos aceptar. Habíamos olvidado que, como a menudo había dicho, podía invocar todos los poderes del Dios sin Forma para hacer cualquier cosa que fuera justa. Incluso sabiendo de la divina omnipotencia que poseía, nuestra débil fe no podía creer que podía cambiar al gobierno de Rusia. Poco tiempo después tuvieron que llegar a su fin nuestros seis años de residencia en la India. Nos despedimos de Swami y, después de pasar un tiempo de ocio en Inglaterra y Estados Unidos, regresamos a nuestro hogar en Australia.


En los años que siguieron hicimos muchos viajes de regreso a los pies de nuestro Sadguru, Sai Baba. Uno de esos regresos se produjo sólo unos días después de que Mikhail Gorbachev apareciera en el escenario ruso y que en ese país comenzara el cambio gubernamental que le pusiera fin a la Guerra Fría. El día de nuestro arribo, sin duda sabiendo que yo tenía una pregunta que hacerle, Swami me llamó a la sala de entrevistas, pero llamó también a varios otros hombres. De alguna manera, sentí que no era correcto plantearle esta gran interrogante frente a otros, de modo que, mentalmente, le pregunté muy claramente si él había producido el cambio de gobierno en Rusia. Para Swami, una pregunta mental es tan buena como una verbal. Sus ojos me dieron la respuesta afirmativa, mas todo lo que salió de sus labios fue, “Gorbachev es un buen hombre”. Supe entonces que había tocado alguna maravillosa y poderosa melodía en las cuerdas akashicas, las que influyeran en las circunstancias y produjeran el gran cambio. Con el paso del tiempo me fui sintiendo más seguro respecto de este estupendo hecho y mi corazón agradece sin cesar a nuestro Dios viviente sobre la tierra por el don de la continuidad de la vida y la raza humana sobre ella.
Mas, ¿y que hay de futuras guerras que hagan uso de las letales armas que ha hecho posible la ciencia? No me cabe duda que la única manera de prevenirlas es poniéndole fin a la guerra interior que se ha mantenido por tantos siglos bajo las estrellas. No obstante, sabiendo que esa lucha forma parte del plan divino para el desarrollo y la evolución de la conciencia del género humano, veo que esa pugna no podrá terminar hasta que, y recurriendo de nuevo a las palabras de John Masefield, “Hasta que este estuche, esta forma coagulada, no sea reforjada por entero en majestuoso oro.” Puede que esto no lleve un tiempo muy largo en la eternidad de Dios, pero ¿no parecerá un período muy largo en siglos para el tiempo humano? Sin embargo, no necesitamos esperar individualmente tanto para alcanzar la paz interior. Hay una frase en una bendición que a menudo oyera en los días en que era miembro de la Iglesia Católica Liberal. Es la siguiente : “Existe una paz que supera todo entendimiento. Ella mora en los corazones de aquellos que viven en lo eterno.”
El vivir en lo eterno es vivir en el Sí Mismo divino, nuestra verdadera naturaleza. La meditación nos conducirá hacia este centro divino, pero, por supuesto no podemos estar sentados en meditación durante todas nuestras horas de vigilia. En su maravilloso libro “Sai Gita” Swami declara que no sólo debiéramos meditar cuando nos aislamos en un cuarto para hacerlo, sino también mientras circulamos durante nuestras actividades normales. Vale decir, mientras nuestras manos y pies y mentes inferiores estén ocupados en los asuntos del mundo que comprende nuestro trabajo diario, nuestras mentes superiores debieran elevarse y fundirse con Dios, el Atman, que es nuestro Sí Mismo real. Una vez que logremos hacerlo, ciertamente que encontraremos la paz. Además, esta práctica lleva a una firme conciencia de la unicidad de toda la vida y, consecuentemente, promueve ese Amor divino hacia todos sin excepción. Esto es lo que nos lleva a la alegría y la paz interior que es la generadora de la paz en el mundo. En el libro que acabo de mencionar, Swami deja muy en claro esta conexión. Dice, “Si quieren paz y felicidad, deben vivir en el Amor. Sólo a través del Amor encontrarán la paz interior.”

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-



9


RETRATO DE UN KARMA YOGI
Algunos hombres nacen con el don de hacer dinero, un montón de dinero, ¿será esto una bendición o una maldición? Puede ser cualquiera de ambas. Si una gran riqueza es utilizada únicamente para la gratificación de los propios deseos egoístas de uno, se mostrará como una terrible maldición que no conducirá a la alegría, sino hacia la infelicidad, a veces hasta una trágica infelicidad. Esto fue el tema de la novela de Charles Dickens, “Cuento De Navidad”. Por otro lado, si la riqueza se empleara para llevar felicidad y una vida más plena con progreso espiritual a otras personas, ella se convertirá en una verdadera bendición, proporcionándole alegría y contento a su dueño, puesto que él sería un real ‘karma yogi’ que, a través de su servicio al hombre le estaría sirviendo a Dios. Algunos descubren esta gran verdad durante sus vidas, como le sucediera a Scrooge el héroe de la novela mencionada, en tanto que otros parecieran nacer con esta sabiduría.
Una de estas personas parece haber sido John Fitzgerald. John, quien reside ahora en Queensland en Australia, es – como lo descubriera con cierta alegría – descendiente del Fitzgerald quien hiciera la más popular de las traducciones del “Rubáiyát” del antiguo poeta y místico persa Omar Khayyam. Es posible que algo de su sabiduría y su buen karma los haya heredado de su famoso antepasado, aunque haya enfrentado una gran tragedia cuando no era más que un niño de ocho años. Su padre, a quien amaba mucho, murió en un accidente automovilístico en una carretera de Victoria, en donde naciera y creciera John. Sus dos hermanos mayores lloraron amargamente cuando supieron que habían perdido a su padre, John en cambio, pienso que sintió algo demasiado profundo como para ser expresado con lágrimas. Uno puede fácilmente imaginarse los sentimientos de una joven madre que se queda repentinamente sola con una familia de cinco niños, tres muchachos y dos niñas. Quedó también con varias tiendas de vestimenta masculina en Melbourne, como para venderlas o administrarlas. Decidió administrarlas, pero al mismo tiempo quería tener a sus cinco hijos cerca suyo. Logró hacerlo por dos años, pero entonces, dándose cuenta que la tarea estaba más allá de sus fuerzas, envió a los tres muchachos a un conocido colegio-internado católico romano en Melbourne y mantuvo en casa a sus dos hijas. Para John, quien tenía diez años ahora, esta separación de su madre constituyó una penosa prueba, no obstante representó posiblemente algo positivo para desarrollar la fortaleza de su carácter. En este mundo de niños y de hombres solamente tuvo que desenvolverse en todo tipo de situaciones inesperadas y aprendió a una temprana edad algunos aspectos desagradables de la vida. Descubrió, por ejemplo, que uno de los profesores explotaba sexualmente a algunos niños. Esto, por cierto, le produjo una gran conmoción, mas como sucede con la mayoría de los niños cuando se les cruza en el camino algún descubrimiento desagradable e inesperado, lo desechó. Luego encontró un escape y una compensación dedicándole más tiempo a los deportes. Sus dos hermanos mayores, uno que le llevaba dos años y el otro, cuatro, representaron, como dice, una gran ayuda y guía en algunas situaciones difíciles.
Cuando tenía dieciséis años, llegó al término de su educación secundaria en el colegio católico y calificó para la universidad, pero sentía que la educación terciaria no era para él. Albergaba una sensación interna que era como el llamado a viajar y a buscar su destino más allá de la ciudad de Melbourne. Específicamente, parecía ser el estado de Queensland el que lo atraía, pero no tenía dinero para llegar allá y no quería pedirle ayuda financiera a su madre, de modo que durante las largas vacaciones que siguieron al término de sus días de escolar, le dijo a su madre que planeaba viajar ‘a dedo’ a Queensland. Sin duda que le produjo una gran impresión con la noticia, como recuerdo que le sucediera a mi propia madre cuando le anuncié algo similar. La madre de John, al igual que la mía, bajó la cabeza de cara al ventarrón y, sabiamente, dio su cariñoso consentimiento para la aventura. Una simple aventura, pensó en el momento, sin tener idea en qué iba a desembocar realmente.
El dios de los hermosos comienzos, llamado Janus por los antiguos romanos y Ganesha por los indios, le sonreía. Sin dificultades viajó solicitando transporte por el camino, desde Melbourne en el sur hasta Coolangatta, justo más allá de la frontera entre Nueva Gales del Sur y Queensland.
La Costa del Sol se extendía frente al joven aventurero con sus limpias y brillantes construcciones y sus playas de arenas doradas y filas de rizadas rompientes. Parecía estar brindándole a John una sonriente y feliz bienvenida. Él se sintió dichoso y confiado – este era su territorio.
El empleo en la oficina de propiedades parecía haber estado esperándolo y era un tipo de trabajo para el que tenía un real talento. La fortuna le favoreció también en otro sentido. Durante los pocos años que siguieron, conoció a dos diferentes gurus de los negocios o mentores que le enseñaron mucho acerca de la naturaleza de este mundo especial. : el negocio de propiedades de la Costa de Oro. Aprendió que había aquí muchas grandes oportunidades para aquel que tuviera la confianza, la percepción correcta y el buen juicio como para coger y sacar el mayor provecho de lo que ellas ofrecieran. Después de unos cuantos, en realidad muy pocos años, estuvo en posición de abrir su propio negocio de propiedades y para cuando tenía veinticinco años de edad, ya era un millonario. Vale decir, en menos de diez años desde que saliera de Melbourne buscando transporte al azar y sin un céntimo, se encontraba inserto en ‘el gran dinero’ y había aún cosas mayores por venir. Yo mismo pienso de él como en un segundo Dick Whittington, un triunfador histórico en más de una manera.
Fue muchos años más tarde, de hecho no antes de 1998 que tuve el placer de conocer a John Fitzgerald. Le conocí a través de otro hombre notable, el Dr. Ron Farmer, un psicólogo clínico y verdadero devoto de Sathya Sai Baba. Poco después de conocernos, John me invitó a almorzar a su casa junto a la ribera del río Nerang. Durante mis muchos años de viajes, rara vez había visto una casa tan encantadora y acogedora. Mientras caminábamos por los bellos y paisajísticos jardines, la casa lucía un exterior perfectamente proporcionado que parecía elevar el espíritu. Dentro de ella, definitivamente los colores y proporciones me producían una sensación de descanso. Cuando estábamos sentados en el comedor, con vistas hacia el río y el soleado cielo bendiciéndonos desde lo alto – prácticamente toda esa área estaba llena de clara luz exterior – no pude dejar de preguntar, “¿Quién fue tu arquitecto celestial, John?”. “Ningún arquitecto – replicó – yo mismo diseñé la casa”. Me dio esta objetiva, aunque extraordinaria respuesta, sin ningún dejo de orgullo en su voz. Después de haber explorado toda la casa, luego del almuerzo, no pude dejar de comentarle a John, de quien sabía estaba más que interesado en Sai Baba, “Si Swami alguna vez viniera a Queensland de visita, mencionaré esta casa como el lugar apropiado para que él se aloje.” Entonces la cara de John se iluminó con una sonrisa de alegría. Durante esta visita mía tuve también el placer de conocer a su atractiva mujer y a sus pequeños hijos, un niño y una niña.

A una corta distancia caminando por la ribera del río se encuentran las oficinas de su empresa y, bajo el mismo techo, la clínica del Dr. Farmer. No fue de John mismo, sino que por el Dr. Ron Farmer que supe todo acerca de su reconfortante labor filantrópica, mas antes de entrar en detalles, quisiera mencionar algo acerca de la primera visita que John le hiciera a Swami.


Esto sucedió al año siguiente, es decir en octubre de 1999, cuando me encontraba de nuevo en Queensland, en mi residencia de verano de Oyster Cove, hacia el norte de la Costa de Oro. John me vino a visitar como una semana antes de viajar a la India, y observé que estaba realmente entusiasmado con la idea de pasar cerca de una semana en el Ashram del gran Avatar. Debe haber meditado mucho sobre el proyecto, porque el día antes de partir, le dijo a Ron Farmer, “He decidido invitar a Swami para que venga a Australia, diciéndole cuánto es lo que Australia Le necesita. Le pediré que aloje en mi casa cuando esté en Queensland, haciéndole saber que Howard Murphet había dicho que sería una casa adecuada para él y para los seguidores cercanos que desee llevar. Por supuesto que le ofreceré pagar por su viaje y por el viaje de hasta cien de los seguidores que quisiera traer consigo.’ Se detuvo y observó el rostro de Ron para ver sus reacciones. En su bondadoso estilo, Ron Farmer dijo, “Debes entender John, que es muy improbable que llegues a hablar con Sai Baba durante esta tu más bien corta visita.” “Bueno – dijo John – lo escribiré todo en una carta y veré que le llegue de alguna manera, mientras yo esté allá.” Cuando Ron me habló sobre ello, dije, “Por supuesto que Swami sabe que Australia le necesita, al igual que cualquier otro país del mundo. Esto es un muy bien intencionado gesto de John y estoy seguro que Swami lo apreciará, pero dudo que tenga algún efecto en sus planes de viaje por el mundo. Viaja por el mundo cada día en su cuerpo sutil, mas el único país al que ha ido en su cuerpo físico es Uganda, y me atrevería a decir que la única razón que le llevó allá, fue que cuatro

años después el dictador Idi Amin expulsaría a todos los indios del país. Eran tiempos de gran peligro para ellos y un amigo indio mío que vivía allá por aquel entonces fue muy afortunado en escapar con vida. El ofrecimiento de pagar por el viaje de cien de sus seguidores no hará cambiar ningún plan de Swami. Una vez, hace ya varios años, Swami me dijo que no viajaría al extranjero hasta que su propia casa no estuviera en orden, y por supuesto que se refiere a la India. Y que piensas, ¿está en orden? Fue la compasión por los miles de indios que vivían en Uganda la que le llevó allá, a advertirles. Por otra parte, el ofrecerle a Swami un boleto de avión y una casa en donde alojar, no pesa para nada en la balanza de las cosas de Swami. Recuerdo una vez, en los primeros días, que Walter y Elsie Cowan le enviaron un pasaje de ida y vuelta a los Estados Unidos y esperaban que fuera, pero Él usó el pasaje para enviar a mi amigo el Dr. V.K. Gokak a visitar a los seguidores de Sai en los Estados Unidos. En todo caso, puede que me equivoque en todo, espero. Pero no debemos desilusionar a John en su gesto generoso, aunque exageradamente optimista.”


Por supuesto, John no logró conversar con Swami, pero su visita fue muy feliz. Todos los días le había tocado una muy buena ubicación durante los Darshan y me contó que Swami le había mirado a los ojos de manera tan profunda y penetrante, que parecía haber visto dentro de su mente y su alma. Sea lo que fuera que pasara con la mentada carta y la invitación, no cabe duda que Swami lo sabía todo al respecto. Mi propia sensación es que Swami debe haber oído todo lo que John le dijera a Ron el día antes de su partida, porque sé que ha escuchado cosas que le he dicho a Iris, especialmente en asuntos que conciernen a nuestra relación con Él. Además, aunque nos agrada que reciba nuestras cartas, no necesita leerlas para saber su contenido.
Bueno, vamos ahora al trabajo filantrópico de John, su trabajo para Dios a través de su trabajo para el género humano. “Porque aquello que le hagas al más pequeño de estos, Me lo habrás hecho a Mí”, dijo Jesús. Por cierto que hay muchas maneras en que el hombre le puede ayudar a sus congéneres, pero John debe haber sentido la mayor de las compasiones por los niños sufrientes de esta época. Parecen haber nacido en circunstancias desafortunadas, más allá de su control. Generalmente, en mi opinión, son sus progenitores los que les han fallado por completo y es así que abandonan el hogar y, naturalmente, se unen a sus pares en la calle. Esto lleva casi con certeza a la drogadicción, a una vida de delincuencia, de crimen y, por ende, el camino de regreso a una vida normal, útil y feliz se vuelve casi imposible.
John quería saber en qué forma él, con su don para hacer millones, podía ayudar mejor a esta terrible situación. Esto lo hizo pedir consejos en cuanto a quien podría ayudarle y por esta vía fue dirigido hacia Ron y Swanny Farmer, quienes vivían en Sydney por entonces. Bueno, de seguro que debe haber sido Dios mismo el que estaba guiando a John, porque creo que solo no podía haber encontrado a un mejor par de ayudantes. No voy a decir mucho de ellos ahora, ya que intento dedicarles un capítulo posterior del libro. Baste con decir que, además de ser devotos de Sai, ambos eran psicólogos clínicos altamente calificados.
Fue durante una conversación con Ron y con Swanny que John le dijo a esta, “¿Quieres ser mi navegador?” Sabía que ella trabajaba a sueldo en una casa de reposo y le estaba ofreciendo el empleo a jornada completa para pilotear su proyecto, ante todo encontrándole a los niños adecuados y, al mismo tiempo, la mejor manera de ayudarle. De manera espontánea había sentido una gran confianza en su juicio e integridad. Ron, su marido, quien entendía muy bien a su mujer y la amaba profundamente, permaneció en silencio, dejándole por completo la decisión a ella. Incidentalmente, Ron tenía todo su tiempo ocupado con su clínica profesional. La súbita propuesta con todas sus implicaciones debe haber conmocionado a Swanny, pero no lo pensó mucho. Su corazón estaba en el tipo de trabajo que John sugería y su intuición le decía que podía confiar plenamente en él, de modo que la respuesta fue “Sí”. Ron se sintió tan contento como ellos por su decisión, ya que pensaba ayudarles en lo que pudiera, de modo que se convirtió en una sociedad de a tres. Tengo entendido, por Ron, que Swanny pasó todo el año indagando acerca de los niños indicados para darles ayuda y sobre la mejor forma de ayudarles. Decidió que los niños no habían de ser reclutados en las calles, sino después de que hubieran sido expulsados de las casas de acogida y antes de que dieran el paso fatal de vivir en las calles. La tarea de reformar a los niños de las calles era casi imposible, “De modo que le ganaremos a la calle interviniendo antes que lleguen a ella”, decidió John. Y agregó, “Si puedes encontrar niños que hayan sido expulsados al lo menos de dos casas de acogida, dales prioridad”. Este fue, entonces, el plan sobre el que comenzaron a trabajar.
Aunque John quería que ambos se trasladaran a Queensland para establecer allí una casa de acogida, en donde pudiera tener más control y jugar un papel más importante en el trabajo, accedió finalmente a instalar este hogar en Sydney, en donde ellos vivían y en donde el trabajo profesional de Ron estaba bien establecido. De modo que comenzaron a trabajar en Sydney con un hogar de acogida, recibiendo a una serie de niños muy difíciles que habían sido expulsados de más de una institución similar. Swanny encontró a una muy buena encargada o ‘madre’ para el hogar y, con la afectuosa supervisión de Ron y de ella misma, junto con John quien volaba frecuentemente desde Queensland, este hogar funcionó exitosamente por varios años. Cuando llegó a su fin el contrato por el edificio y tuvieron que buscar otro local, John trató de nuevo de persuadirles para que se trasladaran a Queensland, en donde, decía, él podría dedicarle más tiempo a esta labor. En un comienzo, Ron y Swanny que estaban muy afincados en Sydney, pensaron que podían ayudarle a montar un hogar de acogida en algún lugar cerca de la Costa de Oro y ayudarle volando para allá con frecuencia, pero John que quería tenerles en Queensland, les dijo algo como, “Si vienen a vivir allá, podemos hacer una maravillosa labor, una labor como la que ni siquiera han soñado. Veo en el futuro que vamos a ser capaces de hacer un magnífico trabajo juntos.” Ron me contó que les hablaba de esta labor futura de los tres de una manera tan entusiastamente visionaria, que ambos comenzaron a encantarse con la idea de trasladarse al norte y ayudar a este joven tan apasionado con su trabajo para Dios. Sintieron ser una parte de ello, de modo que decidieron partir hacia el norte, hacia el filantrópico sueño de John Fitzgerald, el ‘karma yogi’.
Después de buscar, encontraron lo que Ron llama, “Una grande, anticuada e irregularmente construida casa australiana”, con ocho habitaciones, y establecieron su segundo hogar de acogida en un suburbio costero de Brisbane. Ese hogar funciona hasta el día de hoy, no obstante, después de que funcionara por algunos años, se dieron cuenta que los niños que recibían no sólo habían sido expulsados de casas de acogida, sino también de las escuelas, y descubrieron que existía también la necesidad de proveer escuelas para niños expulsados, antes que estos llegaran a las calles. De modo que instalaron su primera escuela en una propiedad perteneciente a John en un lugar llamado Ormeau. Esto exigió, por supuesto, una gran cantidad de trabajo preparatorio, en especial para encontrar a los profesores adecuados y más apropiados. Swanny Farmer es la directora de la escuela y el Dr. Ron Farmer, el consejero y también el tutor de cualquier alumno que requiera de una tutela especial, en tanto que John paga las cuentas de ambos establecimientos. John también desempeña un importante papel en la instrucción de los muchachos (es una escuela para varones). Los lleva a caminar los fines de semana y les enseña, a los que quieran, a montar sus caballos de polo. Además, los muchachos que deseen aprender a jugar polo, reciben lecciones de John mismo. Toda la instrucción y la formación se entregan siguiendo los lineamientos del programa de Educación en Valores Humanos de Swami, de manera que Ron dice, “Es tanto ‘educare’ [‘cuidado educacional’, porque hay que considerarlo como un término en inglés y no tender a tomarlo por latín – N. de la T.] como educación, haciendo que surjan y desarrollando los buenos rasgos del carácter que se encuentran ocultos en lo profundo de cada alumno”.
Hubo un tiempo en que John, llevado por su optimismo, sintió que podía interesar a otros millonarios en este trabajo. En una reunión de negocios de un grupo de hombres adinerados, cuando John intentó captar el interés en esta labor filantrópica, los perspicaces empresarios le preguntaron acerca de los costos y los resultados. Luego uno de ellos, interpretando, según creo, los sentimientos de todos ellos, le dijo a John, “¿Cómo puedes hacer eso, cómo puedes gastar todo ese dinero para tan exiguos resultados? ¡Es una gota en el océano, no guarda proporción alguna!” John le replicó, “Bueno, sólo puedo responder de este modo. Si fueras caminando por la calle y delante de ti una débil anciana se cayera, cómo podrías ayudar, levantándola y viendo que estuviera bien para seguir caminando sola. ¿Podrías no hacerlo? Esa es mi única respuesta. ¡Cómo podría no ayudar a estos infortunados niños!” Esta pareció ser la reacción típica de las personas adineradas a las que trató de interesar en el trabajo. Él sentía que su propia escuela, bajo la dirección del comité de tres, andaba bastante bien. John la había bautizado como “Toogoolawa”, una palabra aborigen que significa algo así como “un lugar en el corazón” – y por cierto que tiene su lugar en el corazón del trío que la dirige.
John Fitzgerald y Ron Farmer, en cierto sentido, se han convertido en algo así como hermanos espirituales y un día, hace algún tiempo, John le dijo a Ron algo como, “He llegado a un punto en que debo tomar una seria decisión. Sabes, Ron que he hecho suficiente dinero para mí y mi familia, por no decir mucho y el simplemente seguir haciendo dinero porque sí no tiene sentido. No tengo deseos en ganar más dinero que se vuelva superfluo cuando están bien cubiertas tus propias necesidades y las de tu familia. El dinero se convierte únicamente en cifras sobre el papel y no tengo interés alguno en perseguirlo por sí mismo. De modo que, realmente no se qué hacer con mi vida en este momento. Debo pasar algún tiempo pensando al respecto y tomando una decisión en cuanto a qué debiera hacer por el resto de mi vida.” Después de lo cual John partió para estar consigo mismo en el desierto australiano. Esta era su manera de contemplar y decidir. Tres semanas más tarde volvió e invitó a Ron y a Swanny a su oficina. Dijo, de manera muy positiva, “He decidido qué hacer. No voy a seguir haciendo dinero para mí mismo y no huiré del mundo. Todo lo que produzca será para el proyecto de la escuela Toogoolawa y mi empresa deberá hacer aún más dinero para ampliar y extender el proyecto. Como parece que no habrá ayuda de otros empresarios, me doy cuenta que debo hacerlo todo por mí mismo”. Al contármelo, Ron dijo, “Se produjo un aceleramiento y una afirmación en su intención por hacer más dinero y todo para el proyecto de la escuela.’ Y así empezó la expansión.
John ya tenía sucursales de su compañía en Sydney, en Melbourne y también en Perth. Decidió establecer una escuela Toogoolawa en Sydney y otra en Melbourne. Sus amigos Ron y Swanny accedieron felices a viajar a estas dos ciudades y comenzar con la difícil tarea de encontrar los locales apropiados para escuelas y de reclutar al tipo adecuado de maestros. Esto resultó un asunto mucho más difícil de lo que parece a primera vista. A menudo, cuando les parecía que habían encontrado el lugar adecuado, la ubicación correcta, el edificio apropiado y disponible para ser arrendado como colegio, chocaban contra el obstáculo de las gentes del vecindario en que se abriría la escuela. Estas personas sentían, evidentemente, que constituiría una amenaza real para el vecindario el tener a niños tan recalcitrantes y potencialmente delincuentes en la vecindad. Y así todo el asunto se venía abajo. De hecho, resultaba más fácil el reclutar a los docentes que arrendar un edificio en el que pudieran operar. De modo que el Dr. y la señora Farmer tuvieron que hacer repetidos viajes aéreos a Sydney y a Melbourne, y yo comencé a entender por qué era tan grande la cantidad de dinero que se requería para lanzar una extensión de este trabajo filantrópico y cuanto más costaría el operarlo una vez establecido.
El trabajo preparatorio fue un regalo para mí en lo personal, porque cada vez que Ron y Swanny venían a Sydney, tenía la alegría de verles y de conversar con ellos acerca de los progresos del proyecto y de muchas otras cosas. Mas John y sus dos ayudantes no se han dado por vencidos. Eventualmente lograrán el éxito y no me siento demasiado optimista al esperar grandes cosas, magníficas cosas, como John dice, como logros de esta labor. John cuenta con una mente inventiva y mucha imaginación para este tipo de desarrollo práctico de la beneficencia. Como supe, ya ha pensado en nuevas fórmulas para producir el dinero requerido y me atrevo a predecir que todas las dificultades serán superadas y que el proyecto de escuelas Toogoolawa se expandirá para ayudar y redimir a los niños perdidos de Australia.
En lugar de filosofar acerca del ‘nishkama karma’ es decir el llevar a cabo un trabajo desinteresado sin el deseo de obtener sus frutos, él lo lleva a la acción. Es por eso que aviva el amor en mi corazón y le presento un ‘namaste’ como a un verdadero ‘karma yogi’.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-


1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   11


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje