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Hogar de transito ~ guarda


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"HOGARES DE TRÁNSITO" Y GUARDA PARA ADOPCIÓN ¿COMPARTIMENTOS COMUNICADOS O ESTANCOS?

CÁRDENAS, EDUARDO JOSÉ

Voces

HOGAR DE TRANSITO ~ GUARDA ~ ADOPCION

Publicado en: LA LEY 2005-A, 1010-DJ 2004-3, 1153



Una sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires dio una solución novedosa para los Jueces de Menores del primer Estado argentino, a la vez que pone sobre el tapete una cuestión tan importante y cotidiana como poco estudiada por la comunidad jurídica.



1. El planteo del problema

Veamos primero cuál es el planteo del problema. Hay un lapso no visualizado por la ley de adopción (Adla, LVII-B, 1334) (*), que es el que transcurre desde que el niño es recibido por el juez hasta que es entregado en guarda para adopción.

Puede tratarse de un recién nacido o de un niño de los llamados "mayorcitos"; puede ser que la madre y/o el padre biológicos lo hayan reconocido y entregado voluntariamente en adopción pero falte que se cumpla con el plazo del art. 317, inc. a, del Cód. Civil; puede ser que la madre y/o el padre lo hayan abandonado pero falte la citación prevista por la citada disposición legal; puede ser que se haya detectado que el menor se encuentra en una situación que lo daña (por negligencia, maltrato, etc.) pero que no haya suficiente información sobre su reversibilidad o no; puede ser que el pronunciamiento que decide entregar al niño en adopción no haya podido ser notificado aún a la madre y/o el padre de sangre; puede ser que falte poner en orden los asientos que hacen a la identidad del niño; puede ser que haya que tener más información sobre su familia extensa, o sobre su estado de salud, etc.

Cualquiera sea la hipótesis, es altamente probable que antes de entregar al niño el juez deba esperar un tiempo: el necesario para que el niño se encuentre en condiciones jurídicas de ser adoptado. En efecto, aun cuando nuestro sistema legal no trae como exigencia el dictado de una sentencia de adoptabilidad, sí pretende que cuando el niño es entregado en guarda la decisión sea irreversible. Visto desde otro ángulo: el tiempo que dura la guarda para adopción no es ni para permitir que la madre y/o el padre biológicos se arrepienta, ni para realizar constataciones que puedan llevar a reexaminar la postura adoptada; se trata sólo de evaluar la adaptación recíproca del niño y la familia adoptante.

La opinión contraria, sostenida durante algún tiempo por voces aisladas en la doctrina y sobre todo por algunos jueces de diferentes provincias, carece hoy de todo sustento. En efecto, antes de la sanción de la ley 24.779, tenía algún endeble sustento otorgar a la madre y/o padre biológico la oportunidad de arrepentirse de una entrega que podía haber sido irreflexiva, o darle al juez la posibilidad de rever una decisión que podía ser groseramente equivocada o basada en un procedimiento nulo o incompleto. Endeble, digo, porque aunque la ley no otorgase ningún plazo a la madre y/o padre biológico para meditar la decisión, era el juez el encargado de fijarlo antes de entregar al niño en adopción. Y en cuanto a la nulidad de la resolución de entrega en guarda, o del proceso en que ella fuera dictada, la invalidez podía ser decretada en cualquier momento, aún vencido el período de guarda.

Pero a partir de la reforma del título 4 del Código Civil la cosa ha quedado más clara porque el art. 317, inc. a, obliga al juez a citar a los progenitores biológicos del niño (cuando es necesaria dicha citación para que consientan el otorgamiento de la guarda con fines de adopción) "dentro de los sesenta días posteriores al nacimiento". Y esta disposición se hace de imposible entendimiento, si no la considera como un período de reflexión para aquéllos: la guarda, entonces, no puede ser entregada por el juez antes de pasados sesenta días del nacimiento del niño. He ahí el período de reflexión que tantas legislaciones traen (y que extienden, algunas, hasta 180 días).

Resumiendo, entonces: cuando un niño es entregado en guarda para adopción, ni él ni la familia tienen que tener la menor duda de que la adopción se producirá, salvo que el período de guarda demuestre que no es bueno para ellos, que no hay mutua adaptación. Cualquier otro motivo queda desestimado (incluidas pretensas reclamaciones de la madre y/o padre biológicos).

De aquí la capital importancia de ese tiempo que transcurre desde que el menor es recibido por el juez hasta que es entregado en guarda para adopción. Tiempo que, como dijimos, no tiene denominación legal y al cual llamaré aquí el "tiempo de preparación de decisiones".

He escogido este nombre entre otros igualmente válidos, como el de "tiempo de indefinición". Pero al llamarlo "tiempo de preparación de decisiones" estoy poniendo el acento sobre el objetivo a cumplir y la tarea a desarrollar durante el mismo.

La ley no pone plazos al juez para definir la situación del niño, porque no trata de este "tiempo de preparación de decisiones", pero todos están de acuerdo en que tiene que ser lo más breve posible. Hasta hace unos pocos años no se pensaba así. Se creía que la celeridad judicial debía desplegarse hasta el momento en que el niño era puesto fuera de una situación de daño. Pero que una vez que estaba a buen recaudo (con otra persona o en alguna institución) no había motivos para apurarse. Hoy en día se sabe que la celeridad judicial debe proseguir, ya que se ha comprobado el daño que recibe un niño cuya incierta situación se prolonga sin que exista un compromiso por parte de sus guardadores de hacerlo formar parte de su familia.

De todos modos, esta constatación no ha terminado de cambiar las costumbres tribunalicias. Los jueces siguen apurándose mucho para retirar de la familia a un niño que está siendo dañado, y ocupándose menos (a veces, muy poco) de los niños que están "a salvo" pero que transitan un período de indefinición que mucho los perjudicará si se prolonga. Naturalmente que hay muchas excepciones entre los magistrados y que éstas crecen, pero sigue habiendo enorme cantidad de niños sobre los cuales nada se ha decidido y que esperan vanamente una resolución que, cuando llegue, quizás ya sea de imposible cumplimiento.

Cualquiera sea la duración del "tiempo de preparación de decisiones", el niño lo pasará con alguien. Esta persona, pareja, matrimonio o institución es seleccionada por el juez entre variantes: miembros de la familia extensa del niño o de su contexto inmediato; personas, parejas o matrimonios que voluntaria y gratuitamente se ofrecen como "hogares de tránsito"; personas, parejas o matrimonios que firman contrato con el Consejo del Niño, el Adolescente y la Familia o alguna otra institución para ofrecer sus servicios pagos como "hogares de tránsito" también llamados en Capital Federal "amas externas", etc. Algunos de estos sistemas son retribuidos económicamente y otros no; algunos tienen entrenamiento previo y otros no; algunos tienen contención y apoyo profesional posterior y otros no, etc.

Llamaremos genéricamente a cualquiera de estas variantes "hogares de tránsito", siempre y cuando cumpla con el requisito que une a todas ellas: el niño es entregado durante el "tiempo de preparación de decisiones" y no más allá. Luego, volverá con su familia biológica o será entregado en adopción, pero el "hogar de tránsito" sabe que no a él. Es más, muchas veces se les hace firmar que se comprometen a no pedir al niño en adopción.

El objeto de este artículo y del fallo de la Suprema Corte es aclarar el siguiente dilema:



Los miembros de un "hogar de tránsito" ¿pueden adoptar al niño que provisoriamente están viviendo en su seno? ¿o el solo hecho de haber aceptado ser "hogar de tránsito" les impide presentarse como candidatos a adoptarlo?

2. La doctrina sustentada en la Provincia de Buenos Aires

Mientras que en la Capital Federal nunca se planteó, que sepamos, formalmente este problema (quizás porque no existía en esta jurisdicción un Registro Único de Adoptantes), sí lo fue en el ámbito de la Provincia de Buenos Aires.

Allí se creó el Registro Único de Aspirantes a Guardas de Adopción bajo la jurisdicción de la Suprema Corte local y desde entonces sólo se aceptó que fueran los inscriptos los legitimados para pedir guardas adoptivas. Los jueces de menores, competentes para estos casos, nunca entregaban estas guardas a otras personas, y si llegaban a hacerlo eran sancionados por el superior.

El motivo era válido: preservar el Registro, de modo que las guardas fueran entregadas a personas previamente evaluadas y que habían esperado lo suficiente. Se cerró cualquier otro acceso, con tres motivos: el primero, evitar entregas a personas que no fuesen idóneas o que no estuviesen en la lista de espera; el segundo aumentar, evitando las filtraciones, el caudal de niños adoptables disponibles para los inscriptos; el tercero, evitar el tráfico de niños.

Los excluidos pertenecían a alguna de estas cuatro categorías: (a) personas que habían recibido la guarda de hecho de manos de la madre y/o padre biológicos del niño, y quisiesen adoptarlo, (b) personas que la madre y/o padre biológicos del niño indicaban como de su elección para recibir la guarda adoptiva, (c) "hogares de tránsito" y (d) cualquier otra persona que por circunstancias no contempladas en los casos anteriores, tuviera de hecho la guarda de un niño y quisiese adoptarlo.

Demos un rápido vistazo a los grupos "a", "b" y "d", que no son el objeto de este artículo, y con respecto a los cuales hay más literatura. El artículo 316 del Código Civil dispone que la guarda debe ser entregada por un juez. Aunque no dice nada más, se supone que dicha guarda es dada con la intención de que los guardadores adopten al niño. La ley no prevé los casos (muy numerosos en la realidad social) en que:

* una madre y/o padre biológicos quieren que su hijo sea adoptado por determinada persona y así lo piden,

* una pareja o una persona detenta una guarda no entregada judicialmente.

La doctrina más madura ha analizado este tema e invariablemente se ha inclinado por admitir que se tenga en cuenta la voz de los padres biológicos cuando indican a determinada persona como candidata a adoptar. También acepta la validez de las guardas no judiciales cuando:

- no han sido logradas por medios delictivos o contrarios a la ley,

- el niño ha sido convenientemente cuidado y protegido durante la guarda,

- los lazos entre la familia guardadora y el niño se han afianzado de tal modo que el supremo interés de este último marca que la adopción dará garantía a su bienestar y crecimiento,

- este afianzamiento de la relación familia-niño es investigado en profundidad por un juez con su equipo interdisciplinario,

- y el juez finalmente encuentra que el interés del niño aconseja que la guarda en cuestión sea el fundamento de una adopción.

Estas pautas concretamente hacen referencia a casos de:

* guardas de hecho unilaterales: casos en que una familia fácticamente se hace cargo de un niño; y

* guardas de hecho bilaterales: casos en que una familia se hace cargo de un niño con la complacencia de la familia biológica (consentimiento que puede o no estar expresado por escrito, y en este último caso por escritura privada o pública).

Este es el pensamiento de la doctrina actual (1). Véase que aún aquéllos que todavía desechan otras guardas distintas a las judiciales preadoptivas para acceder a la adopción, hacen la salvedad de que "el principio de la preservación del interés superior del niño, contenido en la Convención y que cuenta con jerarquía constitucional, puede servir para suplir la rígida disposición legal frente a casos de adopción puntuales que exijan la consideración del sujeto de derecho protegido"(2). Y que el proyecto de Código Civil unificado con el Código de Comercio establece en el segundo párrafo del art. 648 que la guarda judicial no es necesaria en los casos arriba señalados.

Las decisiones y la conducta de los Juzgados y Tribunales competentes en todo el país es ya invariable en el sentido de aceptar la posibilidad de que una guarda no judicial y/o no entregada con fines de adopción, sea el basamento de una adopción cuando se cumplen los requisitos arriba establecidos. Salvo, como ya adelanté, los Jueces de Menores de la Provincia de Buenos Aires quienes no sólo desestiman la posibilidad de adoptar, sino que además le quitan los niños a los guardadores que pretenden hacerlo.

Volvamos ahora al grupo "c", objeto de este trabajo. En la Provincia de Buenos Aires los "hogares de tránsito" son voluntarios, no rentados y no profesionales. No reciben entrenamiento ni contención. Por lo general saben (y firman), al recibir la guarda, que el compromiso implica no pedir nunca al niño en adopción. Sin embargo, son numerosísimos los casos en que se da un apego entre los miembros del hogar y el niño que, con el tiempo, se transforma en un vínculo fortísimo. Máxime cuando, muchas veces, los jueces prometen que el niño estará en el hogar tres o cuatro meses, y luego los dejan años, por las razones antes expuestas.

Esto ha traído innumerables y gravísimos problemas, ya que son incontables los casos en que los "hogares de tránsito" han pedido los niños en adopción después de haberlos tenido consigo más de un año y se les ha dicho que no. Más innumerables aún son los casos en que ni siquiera se animaron a formular la petición, teniendo la opinión negativa y anticipada del juez: mi experiencia profesional de juez de familia es que si un "hogar de tránsito" que tuvo un tiempo más o menos largo a un niño no acepta interiormente la separación, es muy difícil que prospere luego el proceso de adopción de ese niño por otra familia.

Es cierto, también, que de tolerarse que los "hogares de tránsito" adoptaran, era posible que todos los candidatos a adoptar se ofreciesen como "hogar de tránsito", eludiendo así las indispensables evaluaciones previas, y convirtiendo la institución en un verdadero aquelarre.



3. En los Estados Unidos de Norteamérica

Andre P. Derdeyn escribió un capítulo sobre Foster Parent Adoption: The Legal Framework (Adopción por el padre sustituto temporario: la armazón legal) en The Psychology of Adoption (La psicología de la adopción) (3). Derdeyn es médico del Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Centro Médico de Virginia, EE.UU. y ha publicado numerosos trabajos sobre adopción y tenencia de hijos en el divorcio.

En este erudito artículo, el autor critica la idea subyacente o explícita en muchos fallos norteamericanos, según la cual lo urgente es retirar al niño del hogar donde se encuentra en situación de riesgo, pero una vez cumplida esta tarea no existe motivo que presione al juez a tomar decisiones rápidas sobre el destino definitivo de la criatura.

Para Derdeyn la idea es doblemente equivocada: una vez tomada la decisión de separar a los niños de sus padres, el reintegro y la rehabilitación se hacen difíciles. Por otra parte, la demora en entregar a los niños en adopción (a veces están varios años en diferentes "hogares de tránsito") hace que éstos pasen largos períodos de sus vidas sin una familia propia y comprometida con su destino.

Como señala el autor, el deseo de comprometerse con el niño en forma permanente ha seducido siempre a los "hogares de tránsito", pero éstos han tropezado con un doble obstáculo. El primero es la dificultad en que se den por terminados los derechos de los padres biológicos. El otro es la política de permitir la adopción sólo a las personas inscriptas con tal finalidad, vedándoles el camino a los "hogares de tránsito", a quienes no se considera con derecho a hacerlo, máxime cuando inicialmente asumieron el compromiso de no adoptar.

Así fue, comenta Derdeyn, hasta el fallo del año 1977 en la causa Smith v. OFFER (Organización de hogares de tránsito). Allí la Corte Suprema reconoció por primera vez que el "hogar de tránsito" tenía legitimación para intervenir en el proceso, ya que "nadie podía seriamente discutir que, aunque no haya parentesco de sangre, puede existir una profunda y amorosa relación interdependiente entre un adulto y un niño. Por lo menos, añadió el fallo, cuando el niño nunca conoció a sus padres biológicos y ha permanecido continuamente por varios años en el cuidado de los mismos padres sustitutos, es natural que el "hogar de tránsito" ocupe el mismo lugar en la vida emocional del niño y llene las mismas funciones de socialización que la familia de sangre. Por esta razón, concluyeron los jueces, no podemos descartar al "hogar de tránsito" como una mera colección de individuos no relacionados entre sí."

A pesar de este fallo, la jurisprudencia se abrió con mucha lentitud a reconocer legalmente los lazos que el afecto y el tiempo habían construido entre los niños y sus padres sustitutos. Lo hizo con más facilidad cuando la sustitución había sido natural y no dispuesta por el Estado a través de alguno de sus poderes.

Pero las investigaciones siguieron señalando el grave daño inferido a los niños que vivían en "hogares de tránsito", al prolongar por años su situación indefinida. Un estudio del año 1973, llevado a cabo en Massachusetts, ya había observado que el 60% de los niños demoraban en el sistema entre 4 y 8 años, 5 en promedio. Otro estudio realizado en New York reveló que casi la mitad de los niños que habían mantenido su ubicación durante 5 años, habían pasado por varios "hogares de tránsito". Estos y otros informes indujeron reformas en los sistemas de bienestar social relacionados con los niños.



Derdeyn informa que un examen elaborado en 1981 sobre la base de una pregunta hecha al encargado estatal de la adopción en 46 Estados (¿En general, en su Estado, los padres sustitutos tienen preferencia para adoptar a los niños que han estado bajo su cuidado?) reveló que en 43 de ellos efectivamente se les prefería.

En 9 Estados y en Washington D.C. esa preferencia se originaba en la legislación, en 15 la preferencia venía de la reglamentación del trabajo de las agencias, y en 9 de la práctica. Derdeyn cita la legislación del Estado de Virginia como típica. Dice así: "Cuando un padre sustituto que tiene un niño ubicado en su hogar por una agencia, desea adoptarlo y (a) el niño ha residido en su casa continuamente por al menos 18 meses y (b) los derechos de los padres biológicos han terminado, el tribunal debe examinar la petición demandada por ese padre sustituto e investigar la situación".

Finalmente, la actitud de las agencias ha ido cambiando también con respecto a la posibilidad de dar el niño en adopción al "hogar de tránsito", e inclusive algunas de ellas están ubicando niños que todavía no son legalmente adoptables pero que se prevé lo serán (se está buscando, por ejemplo, a un progenitor biológico que no aparece), con familias que celebran con ellas un contrato. Este contrato prevé que la familia dará al niño protección y cuidados permanentes y adoptará al niño si la situación legal de éste lo permite en algún momento; la agencia por su parte se compromete a intentar resolver la situación legal del niño con rapidez. Esto es llamado actualmente risk adoption (adopción de riesgo).

Otro libro más reciente, Children's Adjustment to Adoption. Developmental and Clinical Issues (La reacción de los niños frente a la adopción. Temas de desarrollo y de clínica) (4), escrito en colaboración por David M. Brodzinsky, Daniel W. Smith y Anne B. Brodzinsky, tres de los más destacados clínicos e investigadores estadounidenses en materia de adopción, informa sobre dos puntos muy importantes:

El primero es (p. 38) que "el desarrollo del cuidado en 'hogares de tránsito' (foster care), aunque es una mejora comparado con la institucionalización, ha sido también mostrado como asociado con consecuencias significativamente negativas para los chicos, particularmente aquellos dejados por largos períodos o que han experimentado múltiples emplazamientos". Los autores citan a M. Bohman (5) y a D. Fanshel y E. B. Shinn (6). En otro lugar explican que son predictores salientes de disrupción de una relación adoptiva, la larga duración del cuidado en "hogares de tránsito" y el mayor número de emplazamientos transitorios (citan aquí a Barth y Berri, 1988; a Nelson, 1985 y a Partridge y otros, 1986, p. 55).

El segundo es que "específicamente, la adopción por los 'hogares de tránsito' (foster parents) muy pocas veces termina en una disrupción (devolución del adoptado)" (p. 56).

4. El pronunciamiento de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires

El caso, uno de tantos, trataba del destino de una niña de tres años, entregada en adopción al nacer por su madre y luego sucesivamente puesta en varios "hogares de tránsito" por un juez de menores. El magistrado cambiaba a la niña de lugar cada vez que un "hogar de tránsito" la pedía en adopción. Finalmente llegaron a la Corte Suprema dos pedidos formulados por sendos "hogares de tránsito".

El fallo consta de dos votos, con las adhesiones que recibió cada uno de ellos. El primer voto es del doctor Pettigiani y el segundo del doctor Hitters.

Lo que interesa aquí del voto del doctor Pettigiani es lo siguiente: "Al respecto sostengo que el Registro Único de Aspirantes a Guardas de Adopción creado por la Suprema Corte a influjo de la ley de adopción resulta un factor de singular valor a los efectos de estar en condiciones de resolver con mayor posibilidad de éxito acerca de la idoneidad de eventuales adoptantes de acuerdo con las características que presenten los niños en situación de adoptabilidad, pero que constituye simplemente un medio instrumental, como tal ordenado a la consecución de un fin (conf. Ac. 73.814, sent. Del 27-IX-2000, en DJBA, 159-193).

El niño no constituye una cosa que a modo de premio se otorga a quien lo va reclamando por el mero hecho de ocupar un lugar preferente en una extensa fila o simplemente por orden de aparición. No se trata aquí de consagrar mecanismos automatizados que reparten objetos fungibles, sino de la entrega de seres humanos únicos e irrepetibles que no pueden estar sujetos al vaivén de avances y retrocesos porque cada uno de esos deja secuelas imborrables en su psiquis (conf. últ. Ac. cit.).

Si se instrumentaliza al niño para preservar una supuesta intangibilidad del orden que fija el registro se invierten los valores y lo que en definitiva se consagra es el interés superior del Registro y no el de la criatura (ídem), como entiendo ha acontecido en la especie.

En definitiva, el Registro Único de Aspirantes a Guardas de Adopción cumple una función de marcada importancia en cuanto rodea de ciertas garantías la entrega de criaturas en estado de abandono con destino a su futura adopción contribuyendo a desplazar prácticas viciosas tales como el tráfico y explotación de menores. Empero no puede representar una especie de monopolio para determinar las personas que puedan adoptar un niño (últ. causa cit.)".

Y al referirse al destino de los niños que, colocados en un "hogar de tránsito", son mudados para evitar que sean pedidos en adopción, expresó: "El sentido común y cualquier tratado de psicología infantil indican lo nocivo de este cambio permanente y reiterado de contexto familiar para la formación integral de todo ser humano en la primera etapa de su existencia".

El doctor Hitters, por su parte, hizo suyos los conceptos del doctor Pettigiani ya transcriptos y, refiriéndose a uno de los "hogares de tránsito", agregó: "En tal materia es evidente que les asiste razón. Aprecio que la circunstancia de recibir a la menor como un matrimonio de los "Hogares de Belén"(7), cuando además han cumplido con las reglamentaciones vigentes para revestir el carácter de adoptantes, y estando incluso inscriptos en el Registro de esta Suprema Corte, no les impide acceder a esa opción. De ser así se impondría una limitación que el derecho positivo no establece.

El art. 315 del Cód. Civil, según ley 24.779, no determina la limitación con que la Cámara grava a los recurrentes.

Entiendo que la procedencia de este recurso es lo que habilita asimismo al matrimonio ... (8) a pretender la adopción de la menor, pues ellos también recibieron a la niña en el mismo carácter que los recurrentes".

En síntesis, el fallo rompe la rígida imposibilidad de los "hogares de tránsito" de acceder a adoptar a los niños que viven en ellos. Privilegia el interés del niño y ubica al Registro Único de Aspirantes a Guardas de Adopción en un sitio instrumental, importante pero secundario. Y con ello da fin a una era de innumerables y gravísimos problemas, ya que como dije fueron incontables los casos en que los "hogares de tránsito" pidieron los niños en adopción y se les dijo que no, y más innumerables aún fueron los casos en que ni siquiera se animaron a formular la petición, teniendo la opinión negativa y anticipada del juez.



5. Algunas propuestas

El pronunciamiento de la Corte bonaerense no da pautas para enfrentar los problemas que ineludiblemente se presentarán cuando la comunicación entre "hogares de tránsito" y adopción, hasta ahora interrumpida, se establezca con fluidez. Como adelantamos, de tolerarse que los "hogares de tránsito" adopten, es posible que muchos candidatos a adoptar se ofrezcan como "hogar de tránsito", eludiendo así las indispensables evaluaciones previas, y convirtiendo la institución en un verdadero aquelarre.

Con ánimo de contribuir a evitarlo, propongo a la discusión las siguientes ideas:

Tanto un niño recién nacido como un adolescente, un adulto o un anciano, pero quizá especialmente aquél, precisa para conservar y acrecentar su autoestima, sus habilidades para vivir y su empatía y solidaridad con los demás, de dos cosas:

La primera, que las personas que lo cuidan tengan cierta estabilidad. La segunda, que esas personas tengan entre ellas una relación colaborativa y respetuosa. Si los cuidadores aparecen y desaparecen vertiginosamente, o mantienen entre ellos una relación adversarial, el caso es de mal pronóstico.

La absoluta fijeza de los cuidadores (miembros de la familia biológica, por ejemplo) es en principio buena (siempre que no exista combate entre ellos) pero no es imprescindible: basta con que existan estabilidad y cooperación.

Este es el primer principio que a mi entender debe presidir todo intercambio de ideas sobre el tema de este trabajo. A partir de aquí tenemos dos propuestas diferentes.

La primera, más conservadora, es la siguiente:

I. Es importante que exista un Registro de Adoptantes y que, en principio, sea respetado. Es este Registro una garantía de que los candidatos a adoptar han sido evaluados y de que tienen decidida voluntad de adoptar.

II. Para que el Registro sea respetado, no basta con que exista. Debe hacerse una campaña sostenida para que la población en general y dentro de ella los candidatos a "hogares de tránsito" sepan que la forma corriente y segura de adoptar es inscribiéndose en el Registro de Adoptantes.

III. Los "hogares de tránsito" son indispensables. Puede ser que en algunos casos muy especiales pueda dársele a un candidato a adoptar, un niño que jurídicamente todavía no está pero presumiblemente pronto estará en condiciones de ser adoptado. Lo que se ha dado en llamar "adopción de riesgo". Pero por lo general los adoptantes precisan de seguridad: para ellos es imprescindible saber a ciencia cierta que el niño que se les ha entregado es adoptable.

IV. Ser "hogar de tránsito" encierra una dificultad: deben cuidar a un niño tan bien como uno lo haría con un hijo, pero sabiendo que nunca será un hijo de uno, está al borde del doble mensaje. Por esto, los "hogares de tránsito" precisan de una selección previa a cargo de personas expertas, de una institución que los abarque y contenga, y de un entrenamiento y un sostén. Sean voluntarios o rentados, no puede haber "hogares de tránsito" aislados.

A mi entender, este es uno de los graves errores que se cometió y comete en la Provincia de Buenos Aires.

V. Los jueces y las instituciones públicas y privadas que colaboran con ellos, deben velar porque la estadía del niño en el "hogar de tránsito" no pase de los cuatro meses. Puede haber algunas situaciones difíciles que escapen a esta posibilidad, pero el grueso de los casos puede ser decidido en ese lapso.

Este es el segundo de los problemas que debe solucionar con urgencia la Justicia de Menores de la Provincia de Buenos Aires. Pero en esto se encuentra muy acompañada también por la Justicia competente de casi todas las otras provincias y de la Capital Federal.

VI. En caso de que sea necesario prolongar más allá de los cuatro meses la estadía del niño en el "hogar de tránsito", no por eso hay que cambiar al niño de lugar, ya que ello conspira contra el principio de estabilidad de los cuidadores. Pero el contrato con el "hogar de tránsito" debe ser reformulado e incluir ahora, si sus miembros lo quieren, la posibilidad de la adopción cuando el niño esté en condiciones. De otro modo, cuando el niño sea entregado en guarda para adopción a otra familia, existirá una guerra sorda o abierta que vulnerará el principio de colaboración entre cuidadores, y será un obstáculo para una buena adaptación niño-familia.

Sólo si la recontratación con el "hogar de tránsito" es imposible (no quieren prepararse para adoptar al niño, pero tampoco continuar con él en condiciones "de tránsito") se cambiará al niño de sitio.

VII. Ciertamente, existirán siempre personas que, a pesar de haber sido seleccionadas, entrenadas, contenidas y apoyadas para ser "hogar de tránsito", sufran una ruptura emocional antes de los cuatro meses y pidan al niño en adopción. Pero su número será extremadamente bajo y además, es muy probable que no se encuentren en condiciones psicosociales para adoptar.

Otra propuesta, más revolucionaria, es ésta (9):

Que los hogares de tránsito se inscriban todos (aún los que en un principio no desean adoptar) en el Registro de Adoptantes o en uno paralelo, donde deban llenar los mismos requisitos legales y psicosociales que son necesarios para inscribirse en aquél. Y que sepan entonces que tienen posibilidades de adoptar.

Si se ofrecen como hogares de tránsito con la intención de adoptar, y la manifiestan de entrada, el juez les entregará un niño que tenga buenas posibilidades de ser adoptado y el hogar se arriesgará (lo que los norteamericanos llaman risk adoption).

Si no manifiestan esa intención, o el deseo nace luego de haberse relacionado con el niño, el juez, si decide dar al niño en adopción, elegirá al hogar de tránsito como familia adoptante.

Naturalmente que posibilitar la adopción por el hogar de tránsito siempre tendrá el inconveniente de que éste se verá inclinado a veces a obstaculizar el regreso del niño con su familia de origen. Pensamos sin embargo que esta cuestión es menos peligrosa y más manejable que la de quitar automáticamente toda posibilidad de adopción a los hogares de tránsito (con la secuela de dramas que esto trae, y sobre los que ya reflexionamos).

Para terminar: los dilemas planteados en este trabajo (al igual que el de las guardas de hecho uni y bilaterales, o el del pedido de la madre y/o padre biológicos de que el niño sea adoptado por determinada persona) merece ser considerado sin dogmatismos ni apasionamientos, hasta llegar a soluciones razonables que privilegien a los niños y a la institución de la adopción. No pretendo haber llegado a conclusiones definitivas, sino abrir el debate y aportar algunas ideas.

Especial para La Ley. Derechos reservados (ley 11.723)

(A) (*) El texto de la ley y los antecedentes parlamentarios que le dieron origen han sido objeto de publicación en la revista "Antecedentes Parlamentarios", t. 1997-A, p. 893.

(1) Conf. LEVY, Lea M., "Régimen de Adopción, ley 24.779", Ed. Astrea, Buenos Aires, 1997, p. 64.

Adriana M. Wagmaister y Lea M. Levy, ponencia ante la XIII Conferencia Nacional de Abogados, Jujuy, abril de 2000, El Interés del Niño: Adopción y Guarda de Hecho, www.aaba.org.ar.

STILERMAN, Marta y SEPLIARSKY, Silvia E., "Adopción. Integración familiar", Ed. Universidad, Buenos Aires, 1999, p. 94.

MEDINA, Graciela y colaboradores, "La Adopción", Ed. Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 1998, p. 192 y siguientes.

LAMBARDI, Fernando Carlos, "La Adopción desde otra Perspectiva", Ed. Némesis, Quilmes, 2001, p. 61 y siguientes.

DI LELLA, Pedro, "Vigencia de la Delegación Notarial de la Guarda", Revista del Notario, abril-septiembre 1997, N° 849, p. 37.

Recomendación en las VI Jornadas de Derecho de Familia, Menores y Sucesiones, Morón, 21 al 23 de octubre de 1999.

(2) HERNÁNDEZ, Lidia B. - UGARTE, Luis A. - URIARTE, Jorge A., "Juicio de Adopción", Ed. Hammurabi, Buenos Aires, 1998, 2ª ed. actualizada, p. 92.

(3) Publicado bajo la coordinación de David M. Brodzinsky y Marshall D. Schechter por la Oxford University Press, New York, 1990, ps. 332-346.

(4) Sage Publications, California, 1998.

(5) Adopted children and their families: A follow up study of adopted children, their background environment, and adjustment, Stockholm, Proprius, 1970.

(6) Children in foster care, New York, Columbia University Press, 1978.

(7) Esto es, un "hogar de tránsito".

(8) Se aclara que este matrimonio nunca se había inscripto para adoptar, a diferencia del anterior.

(9) Sugerida por el doctor Alejandro Olazábal, a quien agradezco haberme dado la posibilidad de publicarla aquí.

 

 



 

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