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Historia y teología del Jesús histórico (Primera de tres partes) Dr. Gerardo A. Alfaro


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Historia y teología del Jesús histórico

(Primera de tres partes)

Dr. Gerardo A. Alfaro

Profesor de Teología

Seminario Teológico Centroamericano




Muchas cristologías latinoamericanas buscan partir del “Jesús histórico”. Útil para iniciar una evaluación de ese acercamiento es un resumen panorámico de la tres “búsquedas del Jesús histórico” y de las reacciones a ellas. La “Primera Búsqueda” remonta sus orígenes al movimiento deísta inglés y floreció en las vidas liberales de Jesús del siglo XIX. Estas reconstrucciones se basaban en la crítica histórica y buscaban renovar la fe cristiana dejando atrás el dogma eclesial. La primera búsqueda llegó a su fin con la crítica de Schweitzer. La reacción negativa continuó en la teología dialéctica del siglo XX, especialmente en el trabajo de Bultmann, quien concluyó que es muy poco lo que se puede saber del Jesús histórico, ni es posible una continuidad entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe, pero que la predicación de la historia desmitologizada de Jesús es el medio por el cual Jesucristo interpela al hombre hoy.
Many Latin American Christologies seek to build on the concept of “the historical Jesus.” A useful starting point for an evaluation of this approach is a survey of the three “quests for the historical Jesus” and the reactions to them. The “First Quest” stems from English Deism and flourished in the nineteenth century liberal lives of Jesus. These reconstructions were based on historical criticism and sought to renew Christian faith by separating it from ecclesiastical dogma. The first quest came to an end with Schweitzer’s critical analysis. The negative reaction continued in twentieth century dialectical theology, especially in Bultmann. He concluded that very little can be known about the historical Jesus, nor is it possible to speak of continuity between the historical Jesus and the Christ of faith, but that preaching of the demythologized story of Jesus is the means through which Jesus Christ confronts humanity today.
INTRODUCCIÓN
Hace ya casi setenta años que el ilustre Juan Mackay diagnosticara que la suprema tarea religiosa que esperaba ser realizada en la América Latina era la de “reinterpretar a Jesucristo ante pueblos que nunca lo han considerado en forma alguna significativo para el pensamiento o para la vida”. Según Mackay, existían claras evidencias, en los diversos sectores, de que esa reinterpretación había comenzado, pues estaba amaneciendo
un nuevo día en la comprensión latinoamericana de Cristo. No solo más evangélico; no solo está purificándose y haciéndose más cristiano dentro de los círculos católicos romanos el concepto tradicional de Cristo, sino que laicos prominentes en todo el continente están empezando a descubrir por sí mismos el significado de Jesucristo.1
Más o menos por la misma época, el célebre humanista y escritor salvadoreño Alberto Masferrer escribía la primera y, a la larga, la única parte de su vida de Jesús. Para él, el Jesús que interesaba a los latinoamericanos era el de la historia.
En verdad, se necesita que desde niño le hayan fanatizado a uno hasta la médula, para interesarse y conmoverse por las aventuras de un ser todopoderoso, que, aun revestido de moral y humana vestidura, es siempre un ser todopoderoso, y en el instante en que lo quiera, dejará de sufrir y hará que los ángeles vengan a servirle, y se elevará triunfante sobre las nubes... ¡Ah no! Este Jesús extraño que nada sabe ni sospecha de las flaquezas y dolores del hombre, no es el nuestro. No nos interesa; no nos conmueven sus dolores mentidos ni su vida de artificio; es un actor que viene a representar un papel en el teatro del mundo, y no nos mueve pero ni siquiera a aplaudirle. ¡Ah no! El Jesús nuestro, el real, el que nos dio su cuerpo y su sangre, es un hombre que sabe de dudas, de vacilaciones y de tentaciones; de gritos en el interior de su alma; de sombras en el abismo de su conciencia; de desfallecimientos que le hacen prorrumpir en aquella queja desesperada, cuando dice: “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”; que sabe de insomnios, de rebeldías y de exasperaciones; que sin hablar, sin indicio ninguno de su tempestad interior, sirve, a veces, de campo de batalla en que luchan unas contra otras todas las potencias del cielo y del infierno... A ti es a quien yo adoro, hermano mío, hermano de todos los hombres...2
Hay en Masferrer, con todo, un Jesús que no solo es esenio, sino humanista, a veces hasta extraterrestre; religioso como el hijo del hombre, pero “precisamente en el mismo sentido que Nietzche da a su concepción de superhombre”. Esto “histórico”, por otro lado, nos fue entregado a través de las virtudes de la leyenda y la pintura, “mejor que lo harían las mejores narraciones históricas”. Mejor, porque la historia, la sempiterna alcahueta, “unas veces rufiana de los reyes y otras de las multitudes, ignora lo pequeño, la herida del humilde, el llanto del pobre, el hambre del jornalero, el desabrigo del campesino, el desamparo de todo el que es débil”.3

Es indiscutible, lo que interesaba a Mackay y a Masferrer también nos interesa hoy a nosotros. Quisiéramos, por un lado, a un Jesús puro y bíblico, pero también, por el otro, a uno real y accesible en nuestra historia latinoamericana.

Sin embargo, mucha agua ha pasado debajo de los puentes de esperanza de Mackay y de la historia de Masferrer. Toda esa agua, no muy clara muchas veces, nos ha recordado, en nuestro propio contexto, que hablar de Jesús, y hacerlo responsablemente, requiere mucho más que nuestros deseos y motivaciones. Hoy, en la alborada de un nuevo siglo, seguimos buscando cómo hablar de Jesús bíblica e históricamente. A una buena parte de las cristologías latinoamericanas, les ha parecido que hablar del “Jesús histórico” es la manera en que mejor se puede llevar a cabo esa tarea. Pero tal opción no es sencilla, pues como este estudio recordará, la problemática del Jesús histórico es polifacética e intrincada. Pero aun así, debe tenerse en cuenta, si quiere proveer lo que el mismo Míguez Bonino pedía hace ya varias décadas: un criterio más o menos objetivo por el cual podamos estar en guardia contra la posible distorsión de la simple utilización pecaminosa de Jesús.4

El propósito de este estudio es narrar y analizar sintéticamente la problemática de la discusión histórica sobre Jesús. Para una mejor comunicación de todo el material, que en varios puntos resulta denso, el estudio se ha divido en tres artículos. En los primeros dos se recorre de un vistazo la llamada “historia del Jesús histórico”. El primer artículo incluirá la búsqueda liberal del siglo XIX y la reacción bultmanniana de las primeras décadas del siglo XX. El segundo tomará la discusión de la llamada “Nueva Búsqueda” hasta la presente “Tercera Búsqueda”. Finalmente, un tercer estudio discutirá el papel y la importancia que estas tres búsquedas han tenido en la formulación de la cristología contemporánea. Teniendo en cuenta toda la discusión anterior, este último artículo se preguntará si es válido colocar al Jesús histórico como la base o el punto de inicio de la cristología.

Comenzamos aquí un breve transitar por las congestionadas avenidas de la búsqueda histórica de Jesús, en sus subidas y bajadas, callejones sin salida y principales desembocaduras. Se trata de una especie de mapa muy general que nos oriente para analizar cuánto de nuestro discurso sobre el Jesús histórico nos ha conducido genuinamente a nuevos horizontes, y cuánto de él nos ha mantenido dando vueltas en círculos.

De esa forma, la historia de la problemática del Jesús histórico se estudia en sus tres principales etapas. La primera de ellas comienza en la atmósfera intelectual y cultural del deísmo inglés y racionalismo alemán y llevará a la teología liberal a convencerse positivamente de su capacidad de identificar a Jesús con sus modelos culturales. Pero, a principios del siglo veinte, la obra de Schweitzer, entre otros, y la subsiguiente preocupación con el Cristo de la fe darán al traste con todas aquellas pretensiones. A mediados del siglo veinte y en reacción principalmente a la obra escéptica de Bultmann, la Nueva Búsqueda, conformada por sus discípulos, encontrará nuevas razones para afirmar la posibilidad y necesidad de buscar al Jesús histórico. Sin embargo, a finales de los años sesenta el proyecto da muestras de estar desapareciendo debido principalmente a condiciones propiamente internas. Finalmente, el “renacimiento” de los estudios sobre Jesús a finales de la década de los setenta marca un último estadio caracterizado por un esfuerzo pluralista y metodológicamente más serio por volver al judío de Nazaret.

Entre otras cosas de gran peso, este recuento nos hará obvia la afirmación de Marinus de Jonge, de que “cualquiera que quiera escribir sobre el hombre Jesús deberá hacer claro cuáles fuentes deberán usarse, y cuáles métodos deberán aplicarse”.5 No basta, como lo hizo Alfredo Masferrer y como lo han hecho otros en época más reciente, con apelar a un Jesús histórico que no rinda cuentas a la historia de su estudio.

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