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Historia de las deficiencias


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HISTORIA DE LAS DEFICIENCIAS

ANTONIO LEÓN AGUADO DÍAZ

Catedrático de E.U. de Psicobiopatología

de las deficiencias


Universidad de OVIEDO

HISTORIA






ESCUELA LIBRE EDITORIAL
Madrid, 1995



DE LAS
DEFICIENCIAS

COLECCIÓN «TESIS Y PRAXIS»

Dirigido por:

RAFAEL DE LORENZO GARCÍA y


SANTIAGO MUÑOZ MACHADO

Coordinador Editorial:

GREGORIO BURGUEÑO

ISBN: 84-88816- 12-X
Depósito legal: M. 39.812-1995

Impresión: Fareso, S. A.

Paseo de la Dirección, 5 - 28039 Madrid

EN EL V CENTENARIO DE JUAN LUIS VIVES

(1493-1540), PADRE DE LA PSICOLOGÍA EMPÍRICA

MODERNA Y PIONERO DE LA REHABILITACIÓN



Se les ha de preguntar si saben algún oficio. Los que no saben ninguno,
si tuvieren edad proporcionada, se les ha de instruir en aquél para el cual
sintieren mayor propensión, siempre que sea posible, y si no, en algún otro
análogo; por manera que el que no supiese coser vestidos, cosa polainas,
botines y calzas. Pero si fuese ya algo alcanzado de días o de ingenio dema-
siado tardo, enséñesele algún oficio más fácil y, en último término, el que
cualquiera puede aprender en pocos días, como cavar, sacar agua, llevar
algo a cuestas, hacer portes con un pequeño carro, acompañar al magistra-
do, traer mensajes, recados, cartas, gobernar caballos de alquiler:

Juan Luis Vives (1526), De subventione pauperum.


PROLOGO
PROLOGO

Quien escribe estas líneas puede asegurar que la lectura de este pró-
logo resulta fundamentalmente gratuita y que bien merecería la pena
pasar directamente al texto por varias razones que, sin pretensión de
desarrollo alguno, pienso que van a resultar fácilmente comprensibles.


En primer lugar, porque se trata de la primera monografía que
aborda, específicamente, este tema y, además, dicho así, en plural que es
como debería decirse.


En segundo lugar, porque representa un trabajo muy serio llevado
a cabo a lo largo de muchos años, por una persona que realmente mima
el tema hasta haber elegido dedicarse al estudio de las deficiencias una
gran parte de su vida.


En tercer lugar, porque ha sabido mezclar la claridad expositiva y el
detalle con síntesis parciales dirigidas a que el lector no pierda el hilo
argumental.


En cuarto lugar, porque no se trata de una reflexión en la que se
toma en cuenta tan solo la tradición occidental y, como resultado, al final
de la lectura quien haya leído puede entender más y mejor el entrecru-
zamiento y mestizaje cultural de nuestro mundo contemporáneo.


En quinto lugar, porque resulta un trabajo honesto en el que junto
al manejo de material de primera mano se explicitan los materiales
empleados como referente y, explícitamente, se citan hasta el punto que
representa un material a utilizar por los estudiosos de estos temas.


En sexto lugar, porque representa, junto al respeto por los hechos y
las ideas, una toma de posición del autor que no duda en exponerla y

11

HISTORIA DE LAS DEFICIENCIAS



ofrecer argumentos para ello, en cada una de las ocasiones en las que esa
toma de posición ha sido necesaria.


En séptimo lugar, porque el tema tratado puede gustar a unos lec-
tores y disgustar a otros (afortunadamente, puesto que de un trabajo de
ciencia y de reflexión se trata), pero lo que no cabe duda es que se trata
de una temática que toca raíces muy profundas de los distintos sistemas
de valores que subyacen a las prácticas sociales y a la delimitación de la
estructura de las distintas sociedades, puesto que en todas ellas existe el
problema o los problemas sobre los que trata el libro.


En octavo lugar, porque representa un esfuerzo original en el sentido
de ofrecer una historia conceptual sin caer en explicaciones soáologistas
(tan socorridas a nivel de excusa acerca de lo que se ha hecho) ni deduc-
tivistas (en el sentido de justificar las prácticas que se hacían sobre las
personas deficientes a partir de unos pretendidos «primeros principios»
que parecían guiar el funcionamiento social, principios que son, en la
mayoría de los casos, guía e invento de los autores pero ni implícita ni
explícitamente tratados ni utilizados por los ciudadanos), sino de ir en-
tresacando las generalizaciones empíricas allí donde parecen derivarse de
los datos conocidos y dejar sin integrar lo que se aparta mucho de ellas.


En noveno lugar, porque aparecen las aportaciones españolas donde
éstas se han dado, así como las omisiones, cuando así ha sido, sin que
ni el chauvinismo ni el fatalismo presidan el texto.


En décimo lugar, aunque no por ello menos importante, porque el
autor no tiene tan solo un saber «académico de libro» sobre la materia
que aborda (siendo este saber importante, sin embargo, no resulta el
único necesario para tratar el tema de manera justa y adecuada), sino
que el autor posee, además, el saber que proviene de la práctica profe-
sional en el análisis y tratamiento terapéutico y científicamente orientado
de las personas que sufren de deficiencias y de ambos tipos de saberes se
puede aprender a lo largo de la lectura del texto.


La honestidad del texto, además, lo sitúa entre el hegelianismo logi-
cista sobre la interpretación de la historia y el inventario desvertebrado
de hechos. La primera posición tiende a encontrarse muy frecuentemente
entre los que presentan la historia de las parcelas del conocimiento
humano que, movidos por «razones didácticas», dan la imagen de que

12

PROLOGO



todo lo sucedido parece «encajar» en un plan que si no providencial al
menos coherente y que daría lugar a la situación actual de una suerte
de «fin de la historia», que ha estado de moda hace unos años, y que ha
llegado a ser indicador tanto de provincianismo intelectual (en el sentido
orteguiano) como de desconocimiento de la naturaleza humana, cuando
no ha encerrado motivaciones más bien oscuras y nada esperanzadoras
para el ser humano. La segunda posición, la que apela al inventario de
hechos, como una suerte de crónica, confunde la objetividad con la des-
vertebración y la mera enumeración de hechos que han sido selecciona-
dos cuidadosamente, aunque no se explicitan los criterios de selección
empleados ni su justificación. Mantener una postura intermedia de ra-
zonabilidad plausible, con dudas y sugerencias más que juicios impera-
tivos es un mérito en un tema que, como el de las deficiencias, toca fibras
muy sensibles y se ha encontrado sometido a modas muy dispares y no
siempre con una justificación racional, empírica o ética (es muy posible
que la integración de estos tres conceptos en el tema de las deficiencias se
encuentre todavía en un tiempo lejano al que nos está tocando vivir).


El tema de las deficiencias presenta, con toda su crudeza y radicali-
dad, la polémica entre el igualitarismo intraespecífico en humanos, la
sociedad asentada en criterios de eficacia (en unos pocos, porque también
habría que decir que existen muchas formas de eficacia) y la defensa de
la diferenciación y la individualidad entre seres humanos. La utilización
del plural en el título debe ir acompañada de una pluralidad asimismo
dentro de cada rubro que cubre una u otra entidad nosológica. Y, más
aún, cuando es posible que en algunos casos no exista patología, sino lisa
y llanamente una condición humana distinta. Y el reconocimiento de esa
diferente condición y patología debe llamar a tolerancia y solidaridad
más que a xenofobia y rechazo. Entre otras cosas porque en la condición
humana se encuentra que existen valores que no cotizan en bolsa y, sin
embargo, representan fuerzas y posibilidades para el desarrollo del po-
tencial humano, y precisamente, en un período temporal en el que se
empieza a reconocer que la crisis económica no es un período de tiempo
identificado sino una característica del modelo socio-cultural de la socie-
dad occidental, bien vale la pena reflexionar respecto a la posibilidad de
generar otras formas de pensar y de sentir al respecto. Y que, cuando se
habla de eficacia y de competencia, no estemos pensando en tareas de
producción industrial, incrementos de facturación o bienestar material,
sino también en bienestar personal, en valores humanos individuales, en
tolerancia y en la búsqueda de un estilo de vida alternativo, que posea

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HISTORIA DE LAS DEFICIENCIAS



la calidad de vida como su norte y pensando la calidad de vida no en sus
aspectos materiales tan solo y ni siquiera de manera predominante.


Coherentemente con la posición que adopta el profesor Aguado, el
libro no termina con un capítulo de «cierre» en el que todo se integre,
se haga un pronóstico claro (entre otras cosas porque el historicismo ya
fue condenado hace unos años por el recientemente fallecido Popper con
razón) y en donde se integren las líneas provenientes de las distintas
culturas y orientadas dentro de las culturas más cercanas a nosotros. Esa
integración, si es posible, exige otro libro (mejor entender esta última
expresión asimismo en plural). Es verdad, sin embargo, que con este
libro se añade un paso definitivo hacia esa posible integración a la que
invito al autor para que prosiga en la empresa que ya ha plasmado en
esta monografía.


El sistematismo en el tratamiento temático, la claridad expositiva, los
cuadros ilustradores y la riqueza de la información que aporta hace de
esta monografía una referencia obligada para quienes deseen saber cómo
se ha llegado hasta aquí en el estudio y tratamiento de las deficiencias.
Obviamente que la extensión dedicada a cada una de ellas es distinta,
porque distinto es el conocimiento que históricamente se ha tenido al
respecto. Y, más aún, nos atrevemos a decir que el desarrollo científico
y social obligará al tratamiento de esta temática de maneras distintas,
con distintos tipos de extensión de estos temas dentro de medio siglo. Pero
el hecho es que estamos en el tiempo en que nos ha tocado vivir, un
tiempo que ha dado poco tiempo al aburrimiento y en el que los cambios
científicos y sociales representan la norma y, junto a ellos, la detección de
las insuficiencias de los modelos sociales crecen en distintas sociedades
occidentales (y no solamente en la nuestra). Ante este dinamismo y ace-
leración del tiempo histórico bien merece la pena sentarse a contemplar
lo que ha sucedido, leer y reflexionar sobre lo acaecido. Por lo que se
refiere al mundo de las deficiencias humanas esta monografía bien puede
ser uno de los motivos serios de reflexión.


Por todo ello agradezco la invitación que el profesor Aguado ha
tenido al permitirme prologar esta obra. E invito al lector a su atenta
lectura.

Vicente Pelechano Barbera


Universidad de La Laguna

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1. PLAN DE TRABAJO


1. PLAN DE TRABAJO

  1. INTRODUCCIÓN 19

  2. EL PROBLEMA DE LA DELIMITACIÓN DE PERIODOS 23

  3. OSCILACIONES Y CONSTANTES HISTÓRICAS 25


1. PLAN DE TRABAJO

Todo interés por la enfermedad y la muerte constituye

tan sólo otra manifestación de interés por la vida.

Thomas Mann, La montaña mágica.

1.1. INTRODUCCIÓN

En función de la información a nuestro alcance, no existe una


historia de las deficiencias. Sí hay, obviamente, historias de una deficien-
cia particular, como la excelente Historia del retraso mental, de
Scheerenberger (1983, 1984, 1987), por cierto y dicho sea de paso,
que nos ha aportado gran cantidad de material. Y no ha mucho que
ha sido editada por la ONCE una muy documentada historia tifio-
lógica bajo el título Los ciegos en la historia, de Montoro (1991).
También hay excelentes revisiones de algún tema concreto, como el
exhaustivo Repertorio histórico de legislación sobre discapaci-
dades {SIIS, 1991), el «índice cronológico de hechos y documentos rela-
tivos a las instituciones y servicios para minusválidos en España», de Pas-
cual del Riquelme (1975a, b), o los también exhaustivos «Estudios
evolutivos de la legislación española en favor de los ciegos» y «... en favor
de los sordomudos», de Osorio (1972; 1973), obras que, como en su
momento precisaremos, nos han sido decisivas y de gran utilidad.
Pero la «historia de las deficiencias» no se ha escrito todavía, al
menos que nosotros sepamos. Este sentido de aportación novedosa y
original tienen las páginas que estamos introduciendo y cuyo plan de
trabajo abordamos sin más dilación.

* * *

Por razones de lo más variado, por su carácter atípico, incluso


sorprendente y hasta divertido, o repelente y repulsivo, por igno-
rancia, por prejuicios, por superstición, por altruismo, por razones

19

HISTORIA DE LAS DEFICIENCIAS



de tipo humanitario, o religioso, por compasión, por temor, por
conveniencia, por egoísmo, por necesidad de mano de obra escasa
y/o barata, por motivos de mantener el orden social, por la inercia
de la costumbre, por la fuerza de la sangre, a requerimiento de
mandatos legales, por falta de otras alternativas, etc., etc., el caso es
que en todas las culturas siempre ha habido, por un lado, indivi-
duos diferentes que., bajo las aún más variadas denominaciones, han
sido objeto de las todavía más variadas concepciones y formas de
trato, y por otro lado, unos también muy variados expertos encarga-
dos por las instituciones dominantes en el momento de definir qué
es la diferencia, quiénes son los diferentes, cuál es el lugar que les
corresponde en la sociedad, y cuál es el trato que deben recibir.

Es decir, cada sociedad tiene en cada momento histórico unas


determinadas necesidades y unos valores sociales (contexto so-
cial), en función de los cuales se establece lo que es adecuado
socialmente y lo que resulta inadecuado (diferencia), unos en-
cargados (expertos) que precisan la forma de distinguir (criterios
de selección) a los sujetos (diferentes), el calificativo con que se
les ha de reconocer (terminología), la función que han de desem-
peñar en la sociedad (papel social) y el trato que se les ha de
otorgar (tratamiento).

A lo largo de la historia muchos y muy variados han sido los


sujetos considerados diferentes. Pero, por lo que interesa a los ob-
jetivos y propósitos de estas páginas, siempre han recibido tal con-
sideración aquellos que estaban afectados por alguna deficiencia, dis-
capacidad y/o minusvalía.

Precisamente nuestro plan de trabajo va a tratar de desarrollar


los puntos mencionados líneas más arriba, es decir, contexto so-
cial, concepción, expertos, criterios de selección, tipología,
terminología, papel social asignado y tratamiento impartido,

en lo relativo a deficientes, discapacitados y minusválidos. Como


puede resultar fácil de comprender, no en todas las épocas van a
poder delimitarse todos y cada uno de estos puntos programáticos
en detalle, en unos casos por falta de documentación, en otros por
carencia de interés y relevancia, en otros, finalmente, por evitar la
reiteración y el alargamiento excesivo del relato. En consecuencia,
trataremos de sintetizar estos puntos en tres apartados: concep-
ción y/o comprensión de las deficiencias, en el que se englo-
barán los seis primeros epígrafes del esquema anterior, prácticas

20

1. PLAN DE TRABAJO



sociales de que son objeto los deficientes y tratamientos
impartidos.

Con todo ello pretendemos hacer algo distinto de lo convencio-


nal y habitual. Que lo consigamos, ésa es otra cuestión. Lo usual
suele ser la redacción de una historia a saltos o una mera historio-
grafía, en el sentido de excursión por el pasado, recuento de hechos,
fechas, datos, acontecimientos sin más ligazón que la coincidencia tem-
poral en una determinada época y espacio geográfico y/o cultural.
Este sentido podría tener la cronología que acompaña y sirve de
complemento a estas páginas y que figura al final de esta obra.
Ahora bien, amén de esa función orientadora, quisiéramos que tal
cronología pudiera ser considerado como una recopilación de fechas,
datos, acontecimientos y personajes, reliquias en definitiva, que obvia-
mente requieren una elaboración, una reconstrucción, un revestimiento
imaginario, en el sentido en que Bueno (1978) concibe la «Historia
fenoménica». En consecuencia, lo que en esta historia de las deficiencias
pretendemos es esa reconstrucción en torno a la constitución histórica
del concepto de la deficiencia y de los tratamientos que se han
impartido a los deficientes. Es decir, una síntesis reflexiva que nos
permita encontrar el «abanico histórico», como diría Pelechano, de
los «modos de pensamiento que han dado ciertos frutos relevantes para la
actuación profesional» (1).

* * *

Somos conscientes de las dificultades que encontraremos para


apartarnos de lo habitual, entre las que destaca el riesgo de reinter-
pretar la historia en función de las necesidades del presente, o de
que las razones de la explicación de unos acontecimientos no ten-
gan nada que ver con los móviles de tales sucesos, es decir, de
encontrar en las fuentes y hechos del pasado ideas del presente que
no estaban ni intuidas en aquellos o que se fuerzan para que lo
estén.

A ello hay que añadir las dificultades inherentes al tema, que,


como todo lo relativo a las ciencias de la salud y, por tanto, también
a la psicología, está inmerso en vacilaciones y contradicciones. Se ha
dicho con frecuencia y no sin razón, que la psicología tiene una
corta historia pero un pasado amplio. Algo muy similar, e incluso

(1) Pelechano (1986a, p. 487).

21

HISTORIA DE LAS DEFICIENCIAS



de forma más acusada, puede decirse de lo referente al campo de las
deficiencias que, por otra parte, presenta la peculiaridad de haber
sido influido, amén de por otras áreas de conocimiento, por la his-
toria de la psicología en muchas ocasiones, pero, también, de haber
influido en la propia psicología, como ocurre en los Estados Unidos
tras la II Guerra Mundial, aspecto que será desarrollado en su
momento.

Dificultades aún mayores en función de las peculiaridades del


campo. Como señala Scheerenberger en relación a la deficiencia
mental, pero que consideramos extensible al resto de las deficien-
cias, la historia de éstas es aún más difícil por tratarse de un pro-
blema de la gente corriente y común «cuyas actividades rara vez
han llamado la atención de los historiadores a través de los siglos
y que, por su parte, han legado a la posteridad pocos documen-
tos» (2).

Desde nuestra condición de amateur y sopechando que nuestra


postura puede no estar exenta de ciertas dosis de la ingenuidad pro-
pia del diletante, asumimos todos estos riesgos con vistas a. poder
comprender mejor la constitución del panorama actual. El conoci-
miento de las raíces históricas, de la constitución histórica de ese
campo, posibilita y, por qué no, facilita el conocimiento de su pa-
norama actual, de su actualidad (3). Como también se ha escrito,
conocer nuestro pasado para mejor comprender el presente y, si ello
fuera posible, anticipar el futuro y prevenir la repetición de errores
pasados.

La perspectiva histórica, pues, parece oportuna y, esperémoslo,


ilustrativa. Sin embargo, no será posible, creemos que no sería
necesario ni conveniente, un análisis sistemático de todos los acon-
tecimientos, ni de todos sus protagonistas, ni de todas las prácticas
ni de todas las concepciones. Pensamos que será suficiente con
apuntar las líneas directrices, los acontecimientos más relevantes y
los innovadores más influyentes junto con los momentos decisivos,
las convulsiones o revoluciones que supusieron una transformación
profunda.

  1. Scheerenberger (1984, p. xiv).

  2. «El "conocimiento de la historia" es tan necesario como el "contacto con
    la realidad" para el logro de un saber científico cabal», escribe Laín Entralgo {1961,
    p.8).

22

1. PLAN DE TRABAJO

1.2. EL PROBLEMA DE LA DELIMITACIÓN DE PERIODOS

Ahora bien, la perspectiva histórica nos obliga a adoptar una


serie de decisiones que suponen tomar partido ante problemas que
suelen suscitar vivas polémicas entre los historiadores. Uno de ellos
estriba en la delimitación de los períodos históricos bajo los que vamos
a englobar nuestro recorrido.

Sobre este particular, la periodización como diría Laín Entralgo


(1988), las opciones a nuestro alcance son varias, las grandes épocas
o edades usualmente elegidas en la historia general o los aconteci-
mientos de relevancia para nuestro tema. También puede elegirse
una estrategia mixta, como hace Scheerenberger, quien emplea el
primer criterio, los períodos históricos pero adaptados a la historia
del retraso mental. Sin embargo, nos parece más razonable la
elección prioritaria del segundo criterio y, en consecuencia, hacer
girar nuestro análisis histórico en torno a los momentos más decisivos
para nuestro tema, en este caso las revoluciones en salud men-
tal. Con este decantamiento hacia el criterio de las tres revoluciones
en salud mental, frente a la perspectiva tradicional de las grandes épocas
o edades (4), y también frente a enfoques centrados en exclusiva en
el campo de los servicios sociales o de la discapacidad (5), creemos
haber ganado coherencia, racionalidad y conexión en la presentación
de los acontecimientos, lo cual ha de redundar en una mayor cla-
ridad expositiva. Al menos eso es lo que pretendemos.

Decimos haber ganado coherencia por cuanto lo que ocurre con


los deficientes no es ajeno a otros ámbitos de la salud. Y ello por
varias razones, entre las cuales el símil de los vasos comunicantes
puede resultar ilustrativo. Así, en muchos casos, los avances médi-
cos, por ejemplo, tuvieron una repercusión directa en las deficien-
cias. A la inversa, en no pocas ocasiones los progresos en la cirugía
ortopédica repercutirán en la cirugía general; también la constitución

  1. Montoro (1991) articula su historia de los ciegos bajo estos criterios.

  2. Desde la perspectiva de los servicios sociales, Casado (1994) revisa con visión
    crítica la ampliamente aceptada escalera formada por la caridad, la beneficencia, la
    asistencia social, la seguridad social (con sus fases previas de previsión y seguros sociales)
    y el bienestar social; a su vez, Puig de la Bellacasa (1990) elige los paradigmas, tradi-
    cional, de la rehabilitación y de autonomía personal o vida independiente, desde los que
    se enfocan las actitudes y los tratamientos aplicados a los discapacitados; finalmente,
    Lassiter, Lassiter y Gandy (1987a) hablan de tres fases de evolución de las actitudes
    públicas hacia la rehabilitación de los discapacitados, a saber, compasión sin acción,
    deseo de actuar por razones económicas y por razones sociales.
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