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Historía de las jornadas nacionales de exaltación del tambor y el bombo: 1983-2006


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HISTORÍA DE LAS JORNADAS NACIONALES DE EXALTACIÓN DEL TAMBOR Y EL BOMBO: 1983-2006
- FRANCISCO LOZANO RUIZ -
El diccionario define el tambor como un instrumento musical de percusión, compuesto de una caja cilíndrica hueca, cubierta en sus dos bases por membranas de piel estirada, llamadas parches, que se tocan con dos baquetas. Para que su sonido sea más armonioso junto al parche inferior se colocan las cuerdas o chillones. El bombo lo define como un tambor grande, de procedencia oriental, que se toca con una maza.
Ante la facilidad de su toque y su gran sonoridad, los tambores, muy pronto, comenzaron a usarse por las hermandades y cofradías en las procesiones. El boato, la solemnidad y la espectacularidad que aportaron encajaron muy bien con la influencia barroca en éstas y lograron que se difundiera su uso, siendo extraño, hoy, encontrar alguna cofradía o desfile procesional que no cuente con algún tipo de tambor.
En la mayoría de las ciudades y pueblos el protagonismo del tambor está limitado, no obstante, al hecho de ser un simple acompañamiento más; pero existen algunas otras poblaciones en las que su utilización se extendió notablemente. Es en éstas últimas, donde el tambor ha dejado de ser una simple caja y unos parches para convertirse en tradición y símbolo que identifica a esas localidades.
PRIMERA ETAPA: MULA 1983 – HELLÍN 1986. El origen de las Jornadas Nacionales de Exaltación del Tambor.
En 1983 el tambor y el bombo da un paso más, evoluciona para convertirse en emblema de amistad y de concordia, de acercamiento entre pueblos con una misma tradición, pero que hasta el momento casi se desconocían.
En dicho año un grupo de tamboristas muleños inspirados por D. Diego Cervantes Díaz, en colaboración con el Excmo. Ayuntamiento de Mula (Murcia), convoca a algunos pueblos para celebrar una jornada en torno al tambor. Por cierto, D Diego Cervantes, personaje inquieto, sería luego el fundador y el presidente de la Asociación de Tamboristas de Mula.
El encuentro se celebró en una fecha un tanto extraña para los tambores, el 18 de septiembre, coincidiendo con las “Fiestas Patronales del Niño” en Mula. Allí, bajo el imponente castillo de los Vélez, se acumularon en un solo día los siguientes actos: recepción oficial de las distintas delegaciones, pasacalles por las calles más céntricas de Mula, demostración de toques en la Plaza del Ayuntamiento y una muestra de indumentarias de los tamborileros, tambores, fotografías, etc.
La celebración se denominó “1ª Muestra del Tambor”, en ningún momento apareció el nombre de jornadas, y la participación fue escasa si la comparamos con la que habrá en el futuro. Hasta Mula se acercaron tamboristas de Agramón, Hellín, Moratalla, y Tobarra, pues Andorra que había confirmado su asistencia, distintos problemas surgidos a última hora le impidieron el viaje. Un encuentro, como puede observarse, que cabría calificar como vecinal, ya que vecinas eran las localidades asistentes.
Es imposible que los organizadores de esta primera muestra del tambor imaginasen el camino que iniciaban, ni las repercusiones que tendría en el futuro. Mas bien se sentirían satisfechos por haber sido muleños los que habían sido capaces de organizar la locura de una muestra de este tipo; pero la llamada estaba hecha, la voz del tambor convocaba y los organizadores percibieron que la afición a éste existente en Hellín podría ser el revulsivo que consolidara la realización de unas jornadas nacionales de exaltación del tambor. Por otra parte, la estructura básica de las futuras jornadas ya estaba hecha: la recepción oficial, el desfile y la exhibición marcarían el posterior devenir de las exaltaciones. Incluso, la muestra de artesanía en torno al tambor se repetiría posteriormente en más de una ocasión.
El reto, no obstante, tenía sus dificultades; éstas y las vacilaciones humanas consiguieron que el proyecto se dilatara en el tiempo. Aún no había llegado la hora, pero la semilla estaba echada y una leve llama, que ya no se apagaría, alumbraba un camino de amistad entre lejanas poblaciones.
Los contactos, al margen de las jornadas, se intensifican por esos años. Tobarra y sus tambores estuvieron en Híjar en 1985, como participantes de honor en el “XX Concurso Regional de Tambores y Bombos”, firmándose un pacto de hermanamiento entre ambas localidades. En 1987 y 1988 hubo intercambio de Pregones entre Aragón y Tobarra.
No eran esas, sin embargo, las primeras iniciativas de hermanamiento entre localidades con tradición tamborilera. El 5 de septiembre de 1970 se formó oficialmente, en Alcañiz, la denominada “Ruta del Tambor y el Bombo” en el Bajo Aragón a iniciativa del hijarano D. Mariano Laborda Gracia. Los pueblos fundadores fueron Alcañiz, Andorra, Calanda e Híjar.
Desde su creación la Ruta realizó una gran labor de promoción, gozando de un bien ganado prestigio. Posteriormente, en 1976, se aprobaron los Estatutos de la Ruta y comenzaron las jornadas de convivencia entre los pueblos y villas que la componían. Más tarde se unirán a la misma Albalate del Arzobispo, Alcorisa, La Puebla de Híjar, Samper de Calanda y Urrea de Gaén, hasta completar los nueve pueblos que hoy componen la Ruta, viéndose así fortalecida y formando un ente compacto que ha recogido importantes bienes para sus integrantes.
También, distintas iniciativas, de carácter local o regional, en torno al tambor llevaban algunos años de andadura y otras comenzaron por estas fechas. Así el “Concurso Regional de Tambores y Bombos” de Híjar se celebraba desde 1966 y en 1985 cumple su vigésima edición, la “Exaltación del Tambor y el Bombo” de La Puebla de Híjar llega en 1991 a su séptima edición, Teruel celebraba cada año la tradicional “Exaltación de los Instrumentos de Semana Santa”, en 1988 tuvo lugar el “I Concurso de Tambores y Bombos Villa de Alagón” que en posteriores años tuvo continuidad y en el que participaron localidades como Baena, en 1990 se celebra el “I Encuentro de Tambores” Villa de Zuera, y así se podrían seguir citando algunas iniciativas más que ayudaron a un mayor conocimiento entre los pueblos tamborileros de España y que cimentaron la necesidad de celebrar unas jornadas de carácter nacional.
Toda una labor, la citada anteriormente, encomiable, propiciada por distintas cofradías y asociaciones, ciertamente que de forma dispersa, pero que al final obtuvo un fruto inesperado cuando Hellín en 1986 retoma la iniciativa de organizar unas jornadas al estilo de las de Mula. Desde 1983 este pueblo albaceteño había sido señalado como el continuador de Mula, sólo era cuestión de tiempo, y éste se había cumplido. El 14 y 15 de marzo de 1986 se hacen realidad las segundas “Jornadas Nacionales de Exaltación del Tambor” en Hellín.
Lo responsables de la organización fueron la Asociación de Cofradías y Hermandades de Hellín, la Junta de Comunidades Castellano-Manchegas, la Excma. Diputación de Albacete, el Excmo. Ayuntamiento de Hellín y la Cultural Albacete. Hay que resaltar que el peso de la organización lo sigue llevando aún la Asociación de Cofradías y cómo la dimensión de éstas jornadas ya hizo necesarias la coordinación de las distintas instituciones públicas, cofradieras y culturales. La centenaria tradición hellinera se abría a toda España y acogía con fraternal abrazo a murcianos, andaluces y aragoneses.
Por primera vez aparece la denominación “Jornadas Nacionales de Exaltación del Tambor”, auque todavía no se incluía el bombo. La participación de tambores fue importante, dado el número de éstos en Hellín, pero los pueblos participantes continuaron siendo pocos: Alcañiz, Baena, Hellín, Híjar, Moratalla y Tobarra. Era la primera participación para Alcañiz, Baena e Híjar. Calanda y Mula, que también habían sido invitados, no se presentaron. Puede extrañar la no asistencia de Mula, pero las susceptibilidades ya existían en las jornadas y hubo discrepancias con la organización de Hellín, que denominó a éstas “1ª Jornadas Nacionales de Exaltación del Tambor” cuando Mula mantenía que las suyas fueron las primeras, decidiendo en consecuencia su no asistencia.
El viernes catorce hubo una “Jornada Literario-Musical de Exaltación al Tambor” y el sábado quince la “Demostración de Toques de Tambor” que tuvo lugar en la plaza de toros de Hellín, interviniendo los seis pueblos participantes con una demostración de sus toques tradicionales, siendo precedida cada localidad por una banda de tambores y cornetas de Hellín. La exhibición se hizo sobre una tarima situada en el centro del ruedo.
La delegación de Baena estuvo presidida por el Vicepresidente de la Agrupación de Cofradías D. Rafael Cubillo Pérez, siendo sus seis componentes D. Miguel Martínez Ramírez, D. Andrés Martínez Ramírez, D. José Manuel Henares Luque, en representación de la Cola Negra, D. Jesús Alba Serrano, D. Diego Luis Casado Reyes y D. Pablo Pérez Jorge, por la Cola Blanca. La representación baenense causó una gran sensación por la vistosidad del traje del judío, siendo obligada entre aplausos a dar una vuelta al ruedo de la Plaza; una indumentaria atractiva que convertirá en norma de las jornadas la atracción que siempre ejerce la delegación de Baena.
Las jornadas de Hellín resultaron un éxito, y algunos pueblos comienzan a plantearse su organización, entre ellos Moratalla y Baena. Así, sirva de ejemplo, como el entonces Vicepresidente de la Agrupación de Cofradías baenense aconsejó en la revista Cabildo del año 1987 la organización de un encuentro de este tipo. Pero aún era prematura su celebración en Baena y será Moratalla la que continúe con esta llama, que ya es antorcha luminosa, y que comienza a dar sus primeros pasos.
Las jornadas habían nacido a la vida, Mula tuvo la primera idea y Hellín dio el empujón definitivo, dotándolas de renombre. No estaban plenamente consolidadas, pero la andadura había comenzado y la primera etapa de las “Jornadas Nacionales de Exaltación del Tambor” se había completado.
SEGUNDA ETAPA: MORATALLA 1987 – ALCORA 1991. El crecimiento de las jornadas.
Una vez consensuado que en Mula se celebraron las primeras jornadas y en Hellín las segundas se hace la paz entre las dos ciudades, y es Moratalla, en 1987, quien organiza las terceras “Jornadas Nacionales de Exaltación del Tambor”. El presupuesto, cada vez más elevado, fue aportado por la Consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma de Murcia y el Ayuntamiento de Moratalla. La comisión organizadora la formaron el Alcalde y el Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Moratalla y miembros de la “Tertulia Cultural Hisn Muratalla”.
El número de pueblos participantes crece hasta diez: cinco de Aragón, Agramón, Hellín, Moratalla, Mula y Tobarra. Una ausencia importante, en esta ocasión, fue la de Baena. Una novedad interesante por su repercusión futura es que además de la representación oficial, que era la única que concurría hasta el momento, comienza a generalizarse la costumbre de que la delegación oficial es acompañada por otros tamborileros, en este caso de Mula, Hellín y Tobarra.
Los actos tuvieron lugar los días 3 y 4 de abril. El día 3, el “Acto Inaugural y Concierto” y el día 4 la “Concentración de Tambores y Pasacalles” y al finalizar éste la “Muestra del Toque del Tambor en cada localidad”. Por primera vez se usan las tablillas, con el nombre de cada pueblo, en el desfile. Durante los dos días se celebró una muestra de tambores y elementos tradicionales.
Las jornadas comienzan este año un rápido crecimiento, y Moratalla, con la mayor masa forestal de Murcia y con su destacado índice de pluviosidad, supo hacerlas progresar, aumentando el número de pueblos participantes, fijando definitivamente los actos a celebrar y dando popularidad y vida a las exaltaciones.
Tobarra asumió el compromiso de celebrar las jornadas de 1988, pero pretendió modificar las fechas tradicionales y trasladarlas al mes de agosto para hacerlas coincidir con sus “Fiestas Patronales”. Al acercarse las fechas elegidas se constató la imposibilidad de organizarlas en un periodo vacacional, tan poco apto para los tambores, por lo que decidió finalmente posponerlas al 4 y 5 de marzo de 1989.
Desde 1988 Híjar sintió la corazonada de organizarlas en el año 1990, siendo las primeras que se celebrarían en Aragón, coincidiendo con el cincuenta aniversario de la fundación del “Cuadro Artístico Semana-Santista” y con las Bodas de Plata de su “Concurso de Tambores y Bombos”. En consecuencia ya tenían anfitrión las exaltaciones de 1989 y 1990.
Los días 4 y 5 de marzo de 1989 se celebran las “IV Jornadas Nacionales de Exaltación del Tambor” en Tobarra. Como venía siendo ya habitual, e indiscutiblemente se impone ante los elevados presupuestos, el Ayuntamiento contó con la colaboración económica de la Diputación Provincial y de la Junta de Comunidades.
Los pueblos participantes, que pudieron degustar la espectacular gastronomía de embutidos, dulces y albaricoques tobarreños, ascendieron a quince: los nueve de la “Ruta del Tambor y el Bombo” del Bajo Aragón, más Agramón, Baena, Hellín, Moratalla, Mula y Tobarra. Definitivamente ya pueden considerarse consolidados en las jornadas los pueblos del Bajo Aragón, los tres de Albacete, los dos de Murcia y Baena.
Diversas novedades aportaron las jornadas de Tobarra, como fueron la edición de la revista (hasta entonces eran trípticos u hojas con los actos) con fotografías en blanco y negro, la implantación de un servicio de guías para cada localidad y la celebración de una ”Comida de Clausura” con intercambio de regalos.
Los demás actos fueron los habituales. El pasacalles fue el domingo cinco, antes del acto de exaltación. También se celebró una “Exposición de Artesanía del Tambor”. Como se observa, la estructura de las jornadas se consolida, y desde ese momento sólo cambiará el orden de los actos. Es necesario destacar la notable cobertura informativa de las jornadas de Tobarra, que las relanzó hacia un mayor conocimiento a nivel nacional en cuanto a su existencia.
Baena envió una delegación compuesta por D. Jesús Alba Serrano, D. Cristóbal Moreno Rodríguez y D. Francisco García González como coliblancos, y D. Andrés del Real Luna, D. Mariano Jiménez Esquinas y D. José Manuel Henares Luque como colinegros, siendo el presidente de dicha delegación D. Alfredo Osuna Urbano.

El 24 y 25 de marzo de 1990 tienen lugar en Híjar las “V Jornadas Nacionales de Exaltación del Tambor y el Bombo”. Por segunda vez se cambia la denominación de las mismas al incluirse “y el Bombo”. Como no podía ser de otra forma, este cambio ocurre cuando se celebran por primera vez en Aragón, donde los bombos tienen una gran aceptación. Hasta el momento las jornadas se las habían ido turnando las comunidades de Murcia y Castilla la Mancha, en esta ocasión se iban hasta la provincia de Teruel a una población más pequeña que las anteriores.
La participación fue muy numerosa, a los quince que acudieron a las anteriores se les unió Alcora de Castellón, Alagón, Chiprana, Ejea de los Caballeros, Fuentes de Ebro, La Puebla de Alfindén, Pina de Ebro, Zaragoza y Zuera, todos ellos de Zaragoza y por último Teruel. Un total de veinticinco localidades, entre las que ya aparecen poblaciones como Alcora, algunas de la zona zaragozana y Teruel que jugarán en el futuro un importante papel en estos encuentros.
Como novedades es necesario citar, que a las 12 horas de la noche del sábado 24 se hizo el acto de “Romper la Hora” y a continuación el tradicional desfile, el cual por vez primera tuvo carácter abierto para los acompañantes de la delegación oficial. La revista se volvió a editar, pero ya a todo color. En la organización los habituales representantes de las instituciones con la inclusión de otros del C.I.T. del “Cuadro Artístico”.
La representación baenense estuvo encabezada por D. Manuel Gutiérrez Cruz en nombre del M.I. Ayuntamiento y D. Alfredo Osuna Urbano por la Agrupación de Cofradías. Los judíos fueron los mismos que ya asistieron a Tobarra.
Híjar, esa cuna de señorío, de alta estirpe, de nobleza pura, linaje y yunque de razas y personalidades, llevó las jornadas hasta el Bajo Aragón, animó a otros pueblos pequeños a organizarlas, rompió la dicotomía murciano-manchega, nos acercó a las tradiciones zaragozanas y castellonenses, e impresionó a todos con su profundo sentimiento religioso. El reto había sido superado. Ahora Alcora tomaba el testigo, aunque en realidad estaba previsto que fuera Baena para que no se repitieran otra vez en el norte, pero ésta decidió aplazar su cita para el emblemático año 1992 en el que coincidirían con las Olimpiadas de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla.
Las VI Jornadas se celebraron en Alcora los días 23 y 24 de febrero de 1991. La participación en ellas numerosísima, los veinticinco de la edición anterior menos Chiprana, y a los que se les unió Alzira y Piera. Un total de veintiséis representaciones en las que destaca la novedad de Alzira en la provincia de Valencia.
El programa de actos fue similar al de Híjar, incluyendo también la “Rompida” de la hora, y como no podía ser de otra forma, en una ciudad en la que el 1 de mayo de 1727 se fundó la “Real Fábrica de Loza y Porcelana” y hoy es exportadora de azulejos a todo el mundo, se organizó la “1ª Muestra Antológica de Ceramistas Alcorinos”. A la finalización del desfile, se sorprendió a todos con un magnífico castillo de fuegos artificiales, digna acogida de la región valenciana.
Unas jornadas que destacaron por el ambiente y el sentimiento valenciano, y en las que por primera vez grupos de tamborileros estuvieron tocando toda la noche, a pesar de la prescripción de silencio y descanso. Una vez más los tamboristas forzarán los cambios que se irán introduciendo en el futuro. La delegación baenense fletó un autobús con unas cincuenta personas, a cuya cabeza estaban el Alcalde D. Antonio Moreno Castro y el Presidente de la Agrupación de Cofradías D. Manuel Guijarro Nucete.
Las jornadas han crecido, las poblaciones participantes se han completado, ya son como un niño grande y bastante desarrollado, pero al que aún falta la personalidad, la madurez, que abra los cauces por donde habrá de discurrir su vida adulta, ¡aún falta la magia de la pasión!.
TERCERA ETAPA: BAENA 1992 – TERUEL 1993. Nace la Comisión Nacional.
Seis jornadas, incluidas las de Alcora, se habían ya celebrado; la participación en los últimos años había aumentado a un ritmo vertiginoso y comenzaban a notarse de forma manifiesta las diferencias entre las distintas tradiciones tamborileras. En el norte tienen sus horarios de toque y el tambor se usa dentro de las procesiones, en la mayoría de las del sur se toca fuera de ellas; el judío de Baena, por su parte, participa en las procesiones, pero también fuera de ellas, y además representa al pueblo judío en las escenificaciones que se realizan en Semana Santa. Divergencias que se manifiestan especialmente en el distinto grado de enraizamiento del tambor. Por tanto, diferentes costumbres y grados de arraigo, que evidencian la necesidad de ir fijando criterios y normas.
Desde las jornadas de Híjar se toma conciencia de dicha necesidad, pero habrá que esperar hasta el 21 de julio de 1991 para que se reúnan en el Hotel “El Cenajo” (Moratalla) representantes de Mula, Hellín, Moratalla y Tobarra, que ya habían celebrado jornadas, y de Baena, que organizaría las próximas. Allí se tomaron los llamados “Acuerdos del Cenajo” por los que se creó la Comisión Nacional de lasJornadas Nacionales de Exaltación del Tambor y el Bombo”, y se redactaron unas bases por las que habría de regirse.



Reunión “Hotel El Cenajo

Las bases consistían en una serie de acuerdos que recogían quienes constituían dicha Comisión, formada en principio por los representantes de las ciudades que acudieron al Cenajo, pero también por los pueblos que habían celebrado jornadas y por un representante de la “Ruta del Tambor y el Bombo” que ellos elegirían. Se pedía la existencia de arraigada tradición tamborilera a los pueblos participantes y se recogía, también, que esta Comisión debía valorar las condiciones necesarias para que las localidades que lo soliciten puedan llevar a cabo unas jornadas. Los pueblos interesados en organizar las de 1993 tenían que exponerlo en las próximas jornadas de Baena y debería intentarse ir alternando una localidad del norte con otra del sur para hacer menos gravosos los desplazamientos. Se recogían algunas normas más de menor importancia, pero que se irían precisando a medida que se consolidase la Comisión. Todavía no puede hablarse de un reglamento oficial, ni de una directiva, pero el camino para estructurar de forma organizada y precisa las jornadas se había iniciado.


Los representantes de los mismos cinco pueblos vuelven a reunirse el 1 de febrero de 1992 en el Hotel “El Cenajo”, ratificándose en lo acordado en la reunión anterior y recibieron la información de los representantes de Baena (D. Manuel Guijarro Nucete y D. Antonio Mesa Sevillano) del programa de actos de las VII Jornadas Nacionales.
Las jornadas de Baena eran una incógnita, aunque la localidad ya había asistido a otros encuentros. Las demás pueblos habían visto a sus representantes y poco más, era un conocimiento superficial y nada se sabía de su tradición tamborilera al estar tan apartada del resto de las zonas. Igualmente la mayoría de los baenenses desconocían a los otros pueblos y se dudaba de que se acercaran hasta un lugar tan lejano para ellos.
La Comisión Organizadora la formaron representantes del M.I. Ayuntamiento y de la Agrupación de Cofradías. Por esta última D. Manuel Guijarro Nucete, D. Francisco Lozano Ruiz, D. Carlos Rodríguez Serrano, D. Julio Garrido Ramos y D. Antonio Mesa Sevillano; por el Ayuntamiento D. Antonio Moreno Castro, D. Cristóbal Tarifa Sevillano, D. Ricardo Morales Baena, D. Manuel Gutiérrez Cruz, Dª Carmen Jiménez Gordillo y Dª Inmaculada Rosales Molina. Desde el principio la Comisión se centró en hacer atractivo el viaje a Baena, para ello el desplazamiento y la estancia de los representantes oficiales fue gratuita, se organizó una visita turística en la mañana del sábado a la Mezquita–Catedral de Córdoba y se abrieron distintos cuarteles para acoger a los desplazados.
Los actos se desarrollaron los días 4 y 5 de abril de 1992, el pregón se inició en la Plaza de la Constitución pero al estar lloviendo se aplazó hasta el domingo incluyéndose en el acto de exaltación, el desfile sufrió retraso por causa de la lluvia y la exhibición se trasladó al salón de actos de la Caja Rural Ntra. Sra. de Guadalupe por el mismo motivo. En el desfile participaron las representaciones de los pueblos, junto a las dos turbas de judíos, las centurias romanas de Baena, las hermandades de tambores roncos y la cuadrilla de sayones. Hubo también una visita al Museo de Semana Santa. Patrocinaron las instituciones locales, provinciales y regionales, además de la Caja Provincial de Ahorros de Córdoba. Las localidades participantes fueron las ya habituales con la inclusión de Albendín y Lucena, que fueron invitadas.
Las jornadas de Baena, a pesar de la lluvia, fueron mágicas, y de grato recuerdo para los que acudieron a ellas y para todos los baenenses. Supusieron la sorpresa de un encuentro inesperado, el gozo de una amistad hasta entonces desconocida, la alegría por una misma afición. La novedad de los cuarteles, en especial el concurridísimo de los “Albaceas”, acogieron el asombro de quienes no se les dejaba pagar lo consumido, y tamborileros, tamboristas y judíos disfrutaron, como nunca hasta ese momento, de dos días y dos noches mágicas por las empinadas y milenarias calles de Baena. El temor inicial había sido derrotado. Baena comprendió el espíritu de las jornadas, marcando un antes y un después de la mítica fecha de 1992.
En la comida de clausura, al hacerse entrega de los regalos, la delegación de Teruel invitó a todos los presentes para acudir en 1993 a las jornadas en su ciudad. La extrañeza de la Comisión Nacional fue grande pues no había presentado previamente por escrito la solicitud, ignorando de esta forma los “Acuerdos del Cenajo”. No obstante, la Comisión para no crear mayores males con la capital de una provincia importante en cuanto a tradición tamborilera se refiere, se reunió el 6 de diciembre de 1992 en el Parador de Turismo de Albacete, acudiendo representantes de Baena, Mula, Moratalla, Hellín, Alcora y Teruel, y allí estos últimos solicitaron organizar las VIII Jornadas Nacionales y se las concedieron.
En esa misma reunión se acordó que la Comisión quedara formada por la “representación de las poblaciones de Mula, Hellín, Moratalla, Tobarra, Híjar, Alcora, Baena y Teruel, además de un representante de los pueblos que componen la Ruta del Tambor y Bombo del Bajo Aragón, con la excepción de Híjar” que ya tenía representación propia. La incorporación de nuevos miembros quedaba determinada por la organización de futuras jornadas nacionales.
Igualmente se acordó la fecha límite para solicitar, a la representación oficial de la población que hubiera realizado las últimas jornadas, la organización de las del año 1994, estableciéndose un procedimiento para dicho tramite. En cuanto a los participantes se consideraron de asistencia fija los nueve pueblos que componen la “Ruta del Tambor y el Bombo” de Aragón, además de Mula, Hellín, Moratalla, Tobarra, Baena y Alcora, a éstos se añadirán los que invite el pueblo anfitrión. Por último se acuerda una fecha fija para la celebración de futuras jornadas: “quince días antes de la festividad del Domingo de Ramos”.
Como puede observarse, muchos de estos acuerdos fueron consecuencia del recordado encuentro de Baena; pero hubo otras secuelas que quedaron para el futuro, como la costumbre de instalar cuarteles, la incorporación de los tambores roncos que desde entonces se trasladarán a las exaltaciones (principalmente los pertenecientes a la Hermandad de Jesús de los Azotes) y la formación en Baena de distintas peñas para acudir anualmente a las jornadas. El primero de estos grupos fue el de los “Amigos de las Jornadas del Tambor y el Bombo” que se constituye el 30 de abril de 1992 en el bar “Plata”, su primer presidente D. Antonio Mesa Sevillano y el primer secretario D. Manuel Guijarro Nucete. A partir de ese momento la organización de la expedición baenense a cada una de las exaltaciones corresponderá a esta peña y no a la Agrupación de Cofradías como venía ocurriendo hasta el momento.
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