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Hegel, Dios en el mundo1


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Hegel, Dios en el mundo1

G. F. W. Hegel. (1770-1831)



La siguiente exposición sintética tiene como objeto mostrar, en sus grandes líneas, el intento de uno de los más grandes pensadores de la edad moderna sobre Dios. Su propuesta busca superar lo que él considera falsas representaciones y concepciones de Dios, a través de un pensamiento racional, que pudiéramos decir, lleva al límite de sus posibilidades especulativas. En su intento, Hegel buscó superar las diferencias entre lo finito y lo infinito, lo inmanente y lo trascendente. En su pensamiento podemos reconocer la negación de la absoluta trascendencia de Dios, buscando una concepción de un absoluto en devenir íntimamente ligada al devenir del mundo y de la historia. No es posible desconocer su aportación ni el valor de la misma a la que, quizá, este intento de síntesis y presentación no haga toda la justicia que merece este gran pensador, quizá el último y el más logrado de los sistemas filosóficos modernos. La obra de este gran filósofo es inmensa. En cierto modo, nunca dejó de lado el proyecto juvenil que, junto con otros grandes pensadores y poetas (Hölderlin y Fichte), buscaba dar vigencia al cristianismo en una época de la historia en la que parecía que Dios había muerto: El anuncio cristiano ya no era significativo tal y como era expuesto a través de categorías clásicas, y la vida del pueblo no se veía reflejada como “vida del Espíritu” y “Reino de Dios”. Hacía falta una presentación a la altura de los tiempos y de acuerdo con las exigencias de racionalidad que presentaba la época. La inmensa obra de Hegel es el testimonio de una proeza intelectual única en la historia.
La realidad histórica y cultural de este pensador puede ser entendida desde los límites de la ilustración, cuya problemática social y política lo impulsan a buscar y esclarecer la realidad histórica. Hegel busca comprender por medio de la razón, como se fue dando esta historia, cuál es su dinámica interna.
En su Fenomenología del Espíritu intenta dar razón de la manera en que lo infinito está presente en las cosas, como “despliegue de su propio devenir”. Es decir, Hegel busca conciliar trascendencia e inmanencia, finitud e infinitud, superándolos como opuestos en una unidad superior. La preparación científica, docente, cultural de Hegel era inmensa, y buscaba una visión sistemática, unitaria, coherente de todos los aspectos de la realidad, incluyendo la divina, bajo una mirada abarcable por la razón.
La religión, en particular la cristiana, le parece que contienen verdad, pero en forma de representación. Él concede la primacía a la filosofía, porque puede llevar a través de un esfuerzo intelectual, la verdad de la representación a la formulación del “concepto”.
En la historia, en el mundo, es necesario descartar el azar como explicación. Todos los hechos responden a una lógica propia, peculiar. No a la lógica en el sentido clásico, aristotélico, sino a un tipo de lógica diferente, “dialéctica”, en la que lo antitético se supera en una síntesis, de forma siempre dinámica. De acuerdo con esta lógica, todo tiene un sentido, todo tiene una razón de ser: todo lo real es racional, y todo lo racional es real.
Para llegar a comprender la historia de la humanidad Hegel centra su atención en los ámbitos culturales en los que se pone de manifiesto un crecimiento en la conciencia de la libertad, un progreso en humanidad. Estos ámbitos son la religión, el arte, la filosofía.
El dogma cristiano, cuyo núcleo se centra en la afirmación de un Dios trinatario, es traspuesto por Hegel de tal modo, que ya no es posible entender a Dios contrapuesto al mundo, sino como un Dios del mundo, un Dios que se despliega en el mundo.


    • Hegel busca a “Dios”, como Espíritu absoluto, dentro del mundo. El mundo, más que como “creatura” o creación de Dios ha de ser entendido como “devenir” de Dios mismo. El mundo tiene mucho de espiritual.

    • El proceso por el cual conocemos las cosas, la dialéctica, es el mismo proceso que se da en la realidad misma. Es el proceso del Espíritu, que sale de sí y vuelve sobre sí, como la conciencia. Absoluto y conocimiento humano van unidos. Así se da este proceso: “Que la conciencia humana se haga consiente del absoluto y que el absoluto se haga consiente de si mismo en la conciencia humana”.

la conciencia humana –afirma Hegel- toma parte en la dinámica del absoluto divino, que no es ni vacío, ni sustancia inmóvil, y fija, sino un sujeto, un espíritu vivo que se mueve a través de todas las contradicciones”.


Su método racional, con el que construye todo su sistema parte de Descartes y Kant: poner como dato primero la conciencia del sujeto pensante. Hegel da un paso, al enfatizar que método dialéctico es un constante devenir: poner, anteponer y superar (Aufhebung) en una forma superior todo cuanto deviene. Esto vale para nuestra idea de Dios, y para el absoluto mismo. La idea de “Dios” es inadecuada en la medida en que no pasa de la representación al “concepto”: como Absoluto, como Espíritu, Idea, Vida, Concepto, Realidad).
La “superación” (Aufhebung) es el momento decisivo del movimiento dialéctico, porque engloba la afirmación y la negación en una integración superior. La verdad absoluta es el juego de la dialéctica, que es un constante desarrollo y evolución. La verdad está en el todo. (Cf. Manzano, mirada “super-rápida” en Apuntes de Filosofía).
La Fenomenología del Espíritu da cuenta de cómo hace su aparición el Espíritu en el hombre y cómo éste se hace consciente de ello a través de un proceso gradual a través de distintas “figuras”. Se trata de un desarrollo del espíritu en distintos niveles: psicológico, pedagógico, histórico, etc.
La universalidad del concepto de Dios no se limita a lo que enseña la religión, la piedad o la autoridad de la iglesia, porque Dios es infinito y absoluto. Desde esta perspectiva el hombre es capaz de superar la “conciencia infeliz” para la que “Dios está muerto”, porque Dios es concebido como “lo totalmente otro” del mundo, que sigue desplegándose en todos los procesos de la naturaleza, de la historia y en la misma conciencia humana.


Con su dialéctica Hegel intentó superar los esquemas dualistas, en los que Dios es concebido como un ser totalmente ajeno (otro) al mundo, al hombre y a la historia. Parecía necesaria una reconciliación que permitiera comprender cómo Dios está en el mundo y el mundo en Dios. EL absoluto sale de sí, una y otra vez, se niega en diversas formas de auto-superación, se enajena, para devenir lo que no es él, y poder volver sobre sí, a partir de una nueva negación, hasta devenir el absoluto.

N.B. Marx tomará la idea de enajenación de Hegel. Pero la expondrá, poniendo a Hegel “de cabeza”, partiendo, no del absoluto como Espíritu, sino de la historia, en sus condiciones materiales concretas, en las que es posible constatar cómo, históricamente, se ha ido produciendo una creciente enajenación social que divide a los hombres. En lugar de decir: todo es un despliegue del espíritu, Marx dirá que todo es un despliegue de la materia. A diferencia de Hegel, la visión de Marx será atea.


N.B. Cabe observar como, paradójicamente, en cierto modo Hegel está a la base de la reflexión teológica de la liberación. Su misma filosofía es liberación de las representaciones, de las falsas oposiciones entre finito-infinito, temporal-eterno, material-espiritual, etc. También es liberación de un concepto de Dios ajeno al mundo y a la historia; A través de Marx, es base de la comprensión de la historia como proceso de liberación de los pobres (el proletariado), de camino hacia la libertad (“Progreso en la conciencia de libertad”).
Hegel consideró que la filosofía anterior a él era búsqueda de la Sabiduría. Ahora esa búsqueda ha de ser posesión de la misma. Para ello es importante hacer ver cómo se da la conciliación de todas las contradicciones.
La buena, permite la conciliación, la liberación, la salida de sí en lo otro, como lo ilustra la famosa dialéctica amo-esclavo. La “mala” no logra auténtica conciliación. La verdadera conciliación consiste en reconciliar lo finito con lo infinito (Dios-mundo- humanidad).
Cabe notar que el término “Enajenación” presenta dos modalidades. En este sentido, puede hablarse de una “buena” y una “mala” enajenación. En español, con la misma palabra se traducen dos palabras alemanas que permiten hacer esta distinción: Entäusserung (salida de sí que no logra conciliación ni superación de contradicciones) y Entfremdung (salida de sí que sí lo logra). Las “buenas y malas salidas de sí” se refieren a la conciencia: unas son logradas, porque dan paso a una superación en el movimiento dialéctico de la conciencia, y otras malogradas, que no logran ese paso. A través de las buenas, el Absoluto llega a un estadio superior, llega más a lo otro, más a ser para los otros y, así, más a sí mismo.2
De acuerdo con Weischedel, gran estudioso de Hegel, la cuestión relativa a la naturaleza del amor fue el punto de partida del pensamiento de Hegel; aquí hizo sus primeros descubrimientos decisivos, que forman el esquema para toda su filosofía posterior.3
Kant, opina Weischedel, había “desgarrado al hombre en dos mitades”, el yo propiamente dicho, que es consciente de las leyes morales, y el “yo empírico”, con sus inclinaciones reprobables. Contra eso Hegel se dedica a “recuperar la unidad de todo el hombre”. La encontró en el amor. Este puede ser expresión de la naturaleza moral del ser humano y corresponder también a sus inclinaciones naturales.
En el amor descubrió Hegel un elemento que después volvió a descubrir en la realidad total: la dialéctica. Las raíces de esta no se encuentran en el pensamiento abstracto; su descubrimiento surge más bien de la observación de un fenómeno concreto. La dialéctica no es originalmente un objeto de la reflexión filosófica sino un elemento estructural esencial de la realidad.
La dialéctica es como un proceso vital entre amantes. Yo soy, me acepto y me afirmo (tesis). Vivo la exigencia de salir de mi mismo y de entregarme al ser amado, de olvidarme de mí, de enajenarme en él. Prescindo de mí. Niego mi yo y antepongo al otro a mí mismo (antítesis). Al olvidarme de mi mismo en quien amo, me re-encuentro a mí mismo, y así me hago consciente de mí mismo en un sentido más profundo (síntesis).
Porque “la naturaleza del amor consiste en abandonar la conciencia de sí mismo, olvidarse en otro yo, pero en esta pérdida y olvido, poseerse, tenerse a sí mismo.” Así, la antítesis es negada. Desaparece el enajenamiento y tiene lugar una verdadera síntesis entre el amante y el amado.
“El ser amado no se opone a nosotros, sino que es uno con nuestro ser; nos vemos únicamente a nosotros mismos en él – y luego, sin embargo, vuelve a no ser nosotros-, un prodigio que no podemos comprender.” Si el amor es un acontecimiento de la realidad, significa que en la realidad se encuentra la dialéctica, la oposición y la conciliación del antagonismo (Weischedel, 265).
N.B. La palabra realidad tiene diversos vocablos equivalentes enla lengua alemana. Wirklichkeit se refiere, para Hegel, a la unidad de esencia y existencia, de lo interno y de lo externo. Es real lo que es verdadero; lo más real es lo más verdadero, es decir, lo más racional. Como cuando se dice: “No es oro cuanto reluce ni realidad cuanto parece serlo.” Hay realidades superficiales que se designan con otros vocablos (Dasein, Realität, cada una, realidad en grado diverso), pero la prueba de que algo es real (wirklich) es que es racional.
Al profundizar todavía más en la naturaleza del amor, Hegel descubrió que no es un suceso aislado en el complejo de la realidad, sino que la domina de múltiples maneras. Toda vida tiene lugar en relaciones amorosas y se conserva sólo por ellas. Esto quiere decir que lo que aparece en el amor es la vida misma. Es algo que saben los amantes. Al ser subyugados por el amor, saben que en ellos reina la vida de forma invisible; en el amor “se encuentra la vida misma”. Tras lo visible del amor se abre “un todo infinito de la vida”, como el fondo del que surge todo lo vivo. Así, por primera vez el pensamiento de Hegel se vuelve filosófico en un sentido más profundo; ya no examina únicamente lo que tiene ante sí, sino que se pregunta por el fondo ontológico de todo. La vida total, que es lo que se hace evidente en el amor es el fondo de la realidad. En todo lo que existe corre la única, gran vida. La realidad en todas las realidades, la vida absoluta es el fondo ontológico (vida absoluta, “lo absoluto”). Basar en el amor toda la realidad y considerarla como manifestación del único absoluto es la intención primordial de Hegel. (Cf. Weischedel, pp. 266-276).
Así, es necesario considerar la realidad desde el punto de vista de lo real propiamente dicho, es decir, de lo absoluto. La filosofía se convierte en la “ciencia absoluta”.
Hegel consideró que este era un hecho urgente en una época caracterizada por el hecho de que “el absoluto había desaparecido del fenómeno de la vida” y por el sentimiento de que Dios mismo ha muerto. Lo importante es devolver sus derechos a lo absoluto, poner lo absoluto en su lugar.
La vida absoluta muestra la misma estructura dialéctica que su expresión más elevada, el amor, como lo muestra el ejemplo de los amantes…. La vida misma es un proceso dialéctico, un suceso continuo de división y unión, de auto-enajenación y reconciliación. En su ritmo interno el espíritu crea continuamente nuevas formas y manifiesta en ella su despliegue y naturaleza creadora.
Por eso Hegel designa esa vida total como la divinidad: “Todo vive en la divinidad, Dios es la vida infinita”. Así, el pensamiento de Hegel se convierte en Teología filosófica. El objeto de la filosofía es “solo Dios y su explicación”. Lo que importa es poner a Dios “de manera absoluta en la cumbre de la filosofía”.
Enajenarse en Dios es salir de sí, manifestarse para darse, Dios que deviene. Dios nunca es producto del hombre. Dios no es intercambiable, no hay igualdad en razón humana y divina pero sí semejanza.
El arte, por ejemplo, es una razón en desarrollo porque aparece algo nuevo en el espíritu. Precisamente para Hegel esta es su aportación y este es el valor de la dialéctica: en ir encontrando las manifestaciones del espíritu.
La divinidad que vive en todo y en la que todo vive (panenteísmo) no es el Dios Creador, personal y trascendente (en el sentido cristiano), sino el “Dios del mundo”. Para unirse al concepto cristiano de Dios, Hegel concibe la divinidad como espíritu. La analogía es el hombre, el espíritu humano, por ser la representación más perfecta de Dios en el mundo. Si la divinidad se manifiesta en su forma más elevada en el Espíritu del hombre, ella misma debe ser Espíritu.”Lo absoluto es el Espíritu, esa es la definición más elevada de lo absoluto.” Dios es el espíritu absoluto.
Si el mundo es la forma en que se manifiesta Dios, el mundo también tiene que ser de naturaleza espiritual. En consecuencia, todas las cosas, toda la naturaleza es espíritu. Es sólo nuestra naturaleza limitada y finita la que nos lleva a creer que las cosas tienen una naturaleza material. Quien comprende realmente el mundo, quien lo mira filosóficamente, quien lo examina en su verdad debe considerarlo como un espíritu que se hace visible. Porque “sólo lo espiritual es real”.
Se plantea así la tarea más difícil de la filosofía: mostrar como Dios se manifiesta como naturaleza y como espíritu humano, mostrar si existe una necesidad de que la divinidad se convierta en el mundo. La manera en que Hegel quiere resolver el problema es mostrar cómo aparece la dialéctica en su expresión más elevada, en Dios. Porque si Dios no es otra cosa sino la vida total, deberá tener así mismo la misma estructura interna. Esto significa que el concepto fundamental del espíritu absoluto es el regreso reconciliado de su otro a sí mismo. “Dios es esto: diferenciarse de sí mismo, ser objeto para sí mismo, y en esa diferencia, sin más, ser idéntico a sí mismo- el espíritu”. El suceso dialéctico interno en la divinidad es el modo en que Dios se presenta como mundo.
La divinidad no está totalmente reconciliada. Debe desarrollarse hacia la conciencia plena de sí misma. Dios mismo tiene una historia, que da pasos para el desarrollo de todo su ser. En esto radica la diferencia fundamental entre el Dios de Hegel y el Dios cristiano.
Hegel da importancia a la encarnación de Cristo para comprender toda la historia y todas las ciencias. Cristo es el Logos. Dios mismo, como devenir de su Espíritu, es la historia. La historia universal es el calvario del espíritu.


Pareciera que el aporte de Hegel es superar a un Dios supramundano y evitar a un Dios extramundano concibiendo así a un Dios Intramundano que se experimenta en él mismo y para él mismo en el mundo y la humanidad. Pero esto ocurre a costa de debilitar, prácticamente hasta su negación, la absoluta trascendencia del absoluto. Así mismo, de someter a una explicación racional el misterio de Dios, de quien sólo podemos hablar como un concepto límite, desde el punto de vista de la razón y sirviéndonos del lenguaje analógico. Éste considera la posibilidad de hacer afirmaciones con sentido sobre el Absoluto, pero sin perder conciencia de su inadecuación, su carácter simbólico y de la necesidad de negar lo que podría parecer un conocimiento claro y preciso de lo que queremos decir cuando hacemos afirmaciones sobre el ser divino. Tomás de Aquino fue muy consciente de esta necesidad (teología apofántica) gracias a la herencia de Dionisio el Areopagita y su “teología negativa” (conocimiento de Dios más por lo que podemos negar que por lo que podemos afirmar de él).



Algunos conceptos:
-Fenomenología es un desarrollo filosófico que actualiza, recoge y comprende los conceptos de la filosofía histórica universal.
-“Espíritu: expresa que Dios es un Dios en devenir, un Dios dialéctico que se despliega o desarrolla enajenándose y volviéndose a sí mismo del enajenamiento” p 212


  • El movimiento es la experiencia de la conciencia en la manifestación del espíritu.




  • La experiencia de la conciencia es ir hacia adentro de la aparición del espíritu. Esta experiencia desde Dios es conciliación, es un proceso de negar y asumir superando la contradicción porque el espíritu se sabe a si mismo.

“Dios es el mundo, pero no simplemente el mundo, porque el mundo es tremendamente no divino, por más que pueda ser forma externa de Dios” (Küng p. 214).


“por eso lo entiende más bien, como el infinito, omnipenetrante infinito en lo finito, como la realidad en el mundo, en el corazón de las cosas, en el hombre mismo, en la historia universal. Dios como el fundamento inagotable de todo ser. Dios como lo supramundano en lo Intramundano, como la trascendencia en la inmanencia”. (Küng, p. 216).


Preguntas para trabajar en clase


  1. ¿Qué es la realidad para Hegel?

  2. ¿Cuáles te parece que son las cinco ideas centrales del pensamiento hegeliano sobre Dios?

  3. ¿Qué tiene que ver su concepción de Dios con la del monoteísmo cristiano?

  4. ¿Consideras que el pensamiento de Hegel puede ser considerado panteísta o panenteísta?

  5. ¿Es sostenible su panteísmo desde el punto d vista del teísmo de las grandes religiones?

  6. ¿Consideras que su pensamiento puede ser de actualidad para reflexionar sobre: 1) el ser de Dios; b) su acción en el mundo; c) su relación con la historia; d) la relación entre lo finito y lo infinito?

  7. Consideras que es sostenible la concepción de Hegel sobre el mundo?



1 En esta exposición nos hemos servido de varias fuentes. Coreth, Emmerich (2006). Dios en la historia del pensamiento filosófico, Sígueme, Salamanca, pp. 260-273; Pikaza, Xavier, Dios palabra humana (2003), pp. 223-232; Pannenberg, Wolfgang (1994). Una historia de la filosofía desde Dios, Sígueme, Salamanca; Hans Küng (1973). ¿Existe Dios? Cristiandad, Madrid. Jorge Manzano, Apuntes de Filosofía, en ITESO, biblioteca digital.


23 Cf. Hans Küng 211; Manzano, Mirada superrápida al sistema en Apuntes de Filosofía); Mongardi, Carlos (2008).Para leer a Hegel diez minutos sin enojarse, Ed.Temacilli, Guadalajara.)

3 Cf. Los filósofos entre Bambalinas, F.C.E., México, 1885, p. 264.


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