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Hay que abrirle mayores espacios a los jóvenes. Ellos son el ventanal por el que entra el futuro del mundo


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“Hay que abrirle mayores espacios a los jóvenes. Ellos son el ventanal por el que entra el futuro del mundo”
Discurso del papa en el Palacio gobernativo de Guanabara

Río de Janeiro, 22 de julio de 2013 / Ver: www.zenit.org/es

Luego de haber salido del Aeropuerto Internacional de “Galeão/Antonio Carlos Jobim” de Río de Janeiro, donde fue recibido por la presidenta de la República, Dilma Rousseff, así como del arzobispo de São Sebastião do Rio de Janeiro, monseñor Orani João Tempesta y del presidente de la Conferencia Episcopal del Brasil, cardenal Raymundo Damasceno Assis, arzobispo de Aparecida, el papa Francisco llegó al Palacio de Guanabara, residencia oficial del gobernador de Río de Janeiro donde fue recibido por la presidente Rouseff y autoridades de Estado.
Discurso pronunciado por el papa Francisco:

Señora Presidente,


Distinguidas Autoridades,
Hermanos y amigos:
En su amorosa providencia, Dios ha querido que el primer viaje internacional de mi pontificado me ofreciera la oportunidad de volver a la amada América Latina, concretamente a Brasil, nación que se precia de sus estrechos lazos con la Sede Apostólica y de sus profundos sentimientos de fe y amistad que siempre la han mantenido unida de una manera especial al Sucesor de Pedro. Doy gracias por esta benevolencia divina.
He aprendido que, para tener acceso al pueblo brasileño, hay que entrar por el portal de su inmenso corazón; permítanme, pues, que llame suavemente a esa puerta. Pido permiso para entrar y pasar esta semana con ustedes. No tengo oro ni plata, pero traigo conmigo lo más valioso que se me ha dado: Jesucristo. Vengo en su nombre para alimentar la llama de amor fraterno que arde en todo corazón; y deseo que llegue a todos y a cada uno mi saludo: «La paz de Cristo esté con ustedes».
Saludo con deferencia a la señora Presidenta y a los distinguidos miembros de su gobierno. Agradezco su generosa acogida y las palabras con las que han querido manifestar la alegría de los brasileños por mi presencia en su país. Saludo también al Señor Gobernador de este Estado, que amablemente nos acoge en el Palacio del Gobierno, y al alcalde de Río de Janeiro, así como a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditados ante el gobierno brasileño, a las demás autoridades presentes y a todos los que han trabajado para hacer posible esta visita.
Quisiera decir unas palabras de afecto a mis hermanos obispos, a quienes incumbe la tarea de guiar a la grey de Dios en este inmenso país, y a sus queridas Iglesias particulares. Con esta visita, deseo continuar con la misión pastoral propia del Obispo de Roma de confirmar a sus hermanos en la fe en Cristo, alentarlos a dar testimonio de las razones de la esperanza que brota de él, y animarles a ofrecer a todos las riquezas inagotables de su amor.
Como es sabido, el principal motivo de mi presencia en Brasil va más allá de sus fronteras. En efecto, he venido para la Jornada Mundial de la Juventud. Para encontrarme con jóvenes venidos de todas las partes del mundo, atraídos por los brazos abiertos de Cristo Redentor. Quieren encontrar un refugio en su abrazo, justo cerca de su corazón, volver a escuchar su llamada clara y potente: «Vayan y hagan discípulos a todas las naciones».
Estos jóvenes provienen de diversos continentes, hablan idiomas diferentes, pertenecen a distintas culturas y, sin embargo, encuentran en Cristo las respuestas a sus más altas y comunes aspiraciones, y pueden saciar el hambre de una verdad clara y de un genuino amor que los una por encima de cualquier diferencia.
Cristo les ofrece espacio, sabiendo que no puede haber energía más poderosa que esa que brota del corazón de los jóvenes cuando son seducidos por la experiencia de la amistad con él. Cristo tiene confianza en los jóvenes y les confía el futuro de su propia misión: «Vayan y hagan discípulos»; vayan más allá de las fronteras de lo humanamente posible, y creen un mundo de hermanos y hermanas. Pero también los jóvenes tienen confianza en Cristo: no tienen miedo de arriesgar con él la única vida que tienen, porque saben que no serán defraudados.
Al comenzar mi visita a Brasil, soy muy consciente de que, dirigiéndome a los jóvenes, hablo también a sus familias, sus comunidades eclesiales y naciones de origen, a las sociedades en las que viven, a los hombres y mujeres de los que depende en gran medida el futuro de estas nuevas generaciones. Es común entre ustedes oír decir a los padres: «Los hijos son la pupila de nuestros ojos».
¡Qué hermosa es esta expresión de la sabiduría brasileña, que aplica a los jóvenes la imagen de la pupila de los ojos, la abertura por la que entra la luz en nosotros, regalándonos el milagro de la vista! ¿Qué sería de nosotros si no cuidáramos nuestros ojos? ¿Cómo podríamos avanzar? Mi esperanza es que, en esta semana, cada uno de nosotros se deje interpelar por esta pregunta provocadora.
La juventud es el ventanal por el que entra el futuro en el mundo y, por tanto, nos impone grandes retos. Nuestra generación se mostrará a la altura de la promesa que hay en cada joven cuando sepa ofrecerle espacio; tutelar las condiciones materiales y espirituales para su pleno desarrollo; darle una base sólida sobre la que pueda construir su vida; garantizarle seguridad y educación para que llegue a ser lo que puede ser; transmitirle valores duraderos por los que valga la pena vivir; asegurarle un horizonte trascendente para su sed de auténtica felicidad y su creatividad en el bien; dejarle en herencia un mundo que corresponda a la medida de la vida humana; despertar en él las mejores potencialidades para ser protagonista de su propio porvenir, y corresponsable del destino de todos.
Al concluir, ruego a todos la gentileza de la atención y, si es posible, la empatía necesaria para establecer un diálogo entre amigos. En este momento, los brazos del Papa se alargan para abrazar a toda la nación brasileña, en el complejo de su riqueza humana, cultural y religiosa. Que desde la Amazonia hasta la pampa, desde las regiones áridas al Pantanal, desde los pequeños pueblos hasta las metrópolis, nadie se sienta excluido del afecto del Papa. Pasado mañana, si Dios quiere, tengo la intención de recordar a todos ante Nuestra Señora de Aparecida, invocando su maternal protección sobre sus hogares y familias.
Y, ya desde ahora, los bendigo a todos. Gracias por la bienvenida.

Francisco, en el vuelo hacia Río de Janeiro:

Impulsar dignidad e integración de los jóvenes, en una sociedad unida con los mayores”

22 de julio de 2013 / Ver: www.zenit.org/es


Tenemos que alentar la cultura del encuentro y borrar la cultura del descarte, alentó el Santo Padre Francisco, durante el vuelo rumbo a Río de Janeiro. Hablando con los periodistas que lo acompañan en este su primer viaje apostólico internacional, para la Jornada Mundial de la Juventud 2013, les expresó su gratitud, explicó el sentido de su viaje y su anhelo de encontrar a los jóvenes, alentando a una sociedad que sepa unir las fuerzas de la juventud con la experiencia y sabiduría de los ancianos. En un ambiente cordial, el Papa saludó a unos setenta representantes de los medios de comunicación, agradeciendo su compañía y bromeando señaló que no son - como alguien dijo - lobos feroces.

Luego el Obispo de Roma reflexionó sobre la difícil situación de tantos jóvenes en todo el mundo, lamentando las injusticias que se comenten contra la juventud, como cuando se les niega la posibilidad de trabajar...«Y del trabajo viene la dignidad de la persona: ganarse el pan ... Los jóvenes, en este momento, están en crisis. Y ... estamos acostumbrados a esta cultura del descarte: con los ancianos se hace demasiado a menudo. Y ahora incluso con tantos jóvenes sin trabajo, también para ellos llega la cultura del descarte».


Palabras del Papa durante el vuelo hacia Río de Janeiro:
«Este primer viaje es justo para encontrar a los jóvenes, pero encontrarlos no aislados de su vida: sino que quisiera encontrarlos en el tejido social, en la sociedad. Porque cuando aislamos a los jóvenes cometemos una injusticia: les quitamos su pertenencia. Los jóvenes tienen una pertenencia: una pertenencia a una familia, a una patria, a una cultura, a una fe...
¡Tienen una pertenencia y no debemos aislarlos! ¡Pero, sobre todo, no aislarlos de toda la sociedad! Ellos - ¡de verdad! – son el futuro de un pueblo: ¡eso es verdad! Pero no sólo ellos: ellos son el futuro porque tienen fuerza, son jóvenes, van hacia adelante.
Pero también en el otro extremo de la vida, las personas mayores, los ancianos son el futuro de un pueblo. Un pueblo tiene futuro si va adelante con todos, con los dos puntos: con la juventud, con la fuerza - porque la fuerza va adelante- y con los ancianos.... Creo que hacemos una injusticia con los ancianos: todos somos parte de la sociedad... ellos no han dejado de darnos algo importante, tienen la sabiduría, la sabiduría de la vida, la sabiduría de la historia, la sabiduría de la patria, la sabiduría de la familia, y de todo ello tenemos necesidad.
Y por eso digo que voy a encontrar a los jóvenes, pero en su tejido social, principalmente, con los ancianos...
Es cierto que la crisis mundial no hace cosas buenas para los jóvenes. Leí la semana pasada, el porcentaje de jóvenes sin trabajo: imagínense que corremos el riesgo de tener una generación que nunca ha tenido un trabajo ... Y del trabajo viene la dignidad de la persona: ganarse el pan ... Los jóvenes, en este momento, están en crisis. Y ... estamos acostumbrados a esta cultura del descarte: con los ancianos se hace demasiado a menudo. Y ahora incluso con tantos jóvenes sin trabajo, también para ellos llega la cultura del descarte. ¡Tenemos que cortar esta costumbre del descarte! ¿No? La cultura de la inclusión, la cultura del encuentro, debemos hacer un esfuerzo para incluir a todos en la sociedad!»


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