Página principal

Gustavo Adolfo Bécquer


Descargar 74.82 Kb.
Fecha de conversión21.09.2016
Tamaño74.82 Kb.


Literatura Infantil y Juvenil

Profesor José Antonio Molero




Gustavo Adolfo Bécquer


el rayo de luna

Paco Cid Jiménez

2º Lengua Extranjera. Mayo 1999

Facultad de Ciencias de la Educación Universidad de Málaga




Paco Cid Jiménez



Bécquer y El rayo de luna

comentario de un relato




Miembro del grupo de trabajo Educac

URL: members.tripod.com/educac

Índice

A modo de introducción Página 3

Vida y Obra de un genio inmortal

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) Página 4

Influencias en Bécquer Página 7

Gustavo Adolfo Bécquer y su Obra

Rimas Página 8

Leyendas Página 9
Comentario de la leyenda El rayo de luna Página 11

Valoración personal: a modo de conclusión Página 15

Bibliografía Página 16

A modo de introducción

Elegir la obra de Bécquer es elegir un sueño, es tomar como tuyo la posibilidad de creer en un mundo imaginario. Conocer a Bécquer es conocer el amor, conocer la poesía, hacer de los sueños una realidad.

Es fascinante conocer a Bécquer de la mano de uno de sus mejores conocedores, D. Rafael Montesinos, quien nos comenta en su libro La semana pasada murió Bécquer (1992) cómo “esa realidad soñada convirtióse para Bécquer en un sueño realizado; un sueño que ni él mismo pudo imaginar. Su verdad se impuso a la falsa leyenda de un poeta que nos miraba de soslayo, acosado por unas golondrinas que, además de ser vencejos, acabaron por no ser suyas”.

La Obra de Gustavo Adolfo es hoy día una obra universal, donde todos participamos de sus sentimientos y anhelos. Todavía recuerdo cómo me introduje en la poesía a través de las exquisitas Rimas de Gustavo, cómo llegué a sentir por un momento aquello que él nos quiso transmitir, o cómo leyendas como El rayo de luna me llevaron a comprender el genio de un soñador. Continuando con las palabras de Montesinos, “la vida de todo poeta transcurre siempre entre el sueño y la realidad y que su obra es un reflejo de esa vida”.

Conocer a Bécquer es conocer su Obra, la literatura de un “maestro para mañana, maestro para siempre”, como bien diría Luis Rosales. La propia vida de Gustavo está llena de enigmas y avatares propios de un destino inalcanzado pero rico en matices.

En este trabajo es seguro que no aporto nada nuevo a lo ya dicho por tantos eruditos en la materia, como Rafael Montesinos, Robert Pageard, Franz Schneider, Jorge Guillén, Russell P. Sebold... Pero sí puedo llegar a comprender, a la vez que conocer un poco más, al maestro que me haría amar la poesía y a sentirla como mía, a pensar que los sueños no tienen límites, a soñar y vivir, a amar la esencia misma de la vida.

Vida y Obra de un genio inmortal

Antes de comentar la leyenda El rayo de luna, quisiera situar al autor y la obra en el contexto propio de la época y el conjunto de su Obra.

La biografía de Bécquer no ha estado exenta de frivolidades e imprecisiones, es por ello que he consultado diferentes fuentes para poder elaborar aquí una biografía lo más fiel posible a la realidad. Son muchos los biógrafos de Gustavo, comenzando por sus amigos, como Narciso Campillo, o autores más recientes como José Gestoso, Franz Scheneider, Julia Bécquer, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén... Unos nos presentaron una figura interesada y manipulada del poeta, como hiciera Campillo, otros cometerían algunos errores, como Juan Ramón Jiménez, o quienes nos descubrirían el carácter apócrifo de algunos textos como Schneider, Jorge Guillén o el propio Rafael Montesinos, quien llega a decir que “para encontrarse con Bécquer sólo hay un camino: leerlo en profundidad y olvidarse de sus primeros biógrafos, empeñados en presentárnoslo cercado de desdichas.”

Sin más preámbulos, paso a comentar algunos aspectos de la vida de este genial autor, conectando con las influencias que recibió y las circunstancias socio-políticas de la época. Tras esto presentaré su Obra, comentando aspectos curiosos, junto a una cronología de los diferentes textos publicados en vida o de manera póstuma.

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)

Nace en el barrio sevillano de San Lorenzo el 17 de febrero de 1836. Su padre, José Domínguez Isausti era pintor, quien firmaba sus cuadros como José Bécquer (apellido de unos antepasados de origen flamenco). Su padre muere cuando Gustavo Adolfo tiene apenas 5 años, dejando huérfanos a los 8 hermanos, junto a su madre Joaquina Bastida y Vargas.

Gustavo sería recogido, junto con su hermano Valeriano, por su tío Juan Vargas. Su madrina sería Manuela Monahay, mujer que gozaba de cierta posición, quien ingresaría a Gustavo en el Colegio (internado) de San Telmo, en 1846, para prepararse para la Escuela Náutica; sin embargo, esta escuela cerraría tres años más tarde, y como Gustavo tampoco se sentía muy atraído por el mar, dedicaría su tiempo a leer en la surtida biblioteca de su madrina. Será en el internado de San Telmo donde Gustavo conoce a Narciso Campillo, amigo “de palabras engañosas y póstuma infidelidad” (Montesinos, 1992).

Al igual que su hermano Valeriano, probaría el camino de la pintura, pero lo abandonaría para estudiar música; pero ni uno ni otro le atrajo, decidiéndose finalmente por la literatura, su gran pasión desde que fuera niño.

Gustavo no llegaría a cursar el bachillerato, pero poseía un bagaje cultural muy amplio. En la primera de las Cartas literarias a una mujer, Gustavo escribiría: “Yo nada sé, nada he estudiado; he leído un poco, he sentido bastante y he pensado mucho, aunque no acertaré a decir si bien o mal. Como sólo de lo que he sentido y he pensado he de hablarte, te bastará sentir y pensar para comprenderme”. Estas palabras llevan explícito un claro mensaje: para conocer a Bécquer no hay nada mejor que leer a Bécquer, y dejarnos de elucubraciones extrañas. Y no sólo esto, sino que Bécquer nos dice que si algo puede enseñarnos es aquello que siente y piensa, y en esto quisiera remarcar la frivolidad con la que algunos autores han descrito, en ocasiones, a un Gustavo Adolfo que escribía cuando sentía. Nada más lejos de la realidad, tal como él mismo nos diría: “puedo asegurarte que cuando siento no escribo (...) escribo como el que tiene una copia de una página ya escrita”. O cuando dice que “sólo a alguno seres les es dado el guardar, como un tesoro, la memoria viva de lo que ha sentido”, y continúa: “Yo creo que éstos son los poetas. Es más, creo que únicamente por esto lo son”.

Francisco Garfias, uno de sus biógrafos más lúcidos, nos defina a Bécquer como “un andaluz completo con fondo de Sevilla. Como los mejores sevillanos de cualquier época”. Pero Bécquer tuvo en contra nacer en el seno de una ciudad empeñada “en mantener un tipo de poesía que había periclitado con el Siglo de Oro” (Montesinos, 1992). Bécquer sería un innovador en su época, y quizás por ello murió sin alcanzar la fama que hoy día le reconocemos.

La primera composición poética de Gustavo, es publicada en diciembre de 1853 en la revista madrileña El Trono y la Nobleza.

El 1 de noviembre de 1854 los hermanos Bécquer llegarían a Madrid, buscando ampliar horizontes. Las estrecheces económicas le acompañarían durante parte de su vida. Gustavo conseguiría un modesto empleo, de carácter administrativo, en la Dirección de Bienes Nacionales, de donde sería despedido por ser sorprendido escribiendo versos. Colaboraría en periódicos, adaptaría comedias y zarzuelas en colaboración con García Luna y Rodríguez Correa.

En 1857 acometería una ambiciosa empresa que no llegaría a concluir, la redacción de La historia de los templos de España, proyecto que algunos autores afirman que no pudo terminar por su falta de constancia, si bien hemos de entrever como más probable el hecho de que cayera enfermo, junto a ciertas disputas con los editores-propietarios. El proyecto se pararía en el primer tomo.

Un año después aparecería en la vida de Gustavo Adolfo la importante presencia de Julia Espín, de quien se enamoraría y a quien dedicaría varios de sus más románticos poemas. Pero este amor sería más platónico que real, siendo con Casta Esteban con quien se casara en 1861, llegando a tener tres hijos.

En este punto es interesante comentar la figura de Elisa Guillén. Durante muchos años se ha investigado las posibles relaciones de esta mujer con Julia Espín, aunque hoy día podemos afirmar que nunca existió una mujer con tal nombre y que tuviera algún tipo de relación con Bécquer. Gustavo fue siempre una persona muy respetuosa en su vida sentimental, llegando incluso a quemar las cartas de amor que poseía. Entonces, ¿qué papel juega esta supuesta mujer, Elisa Guillén? Es aquí donde descubrimos una rima apócrifa, A Elisa, descubierta (o mejor dicho, escrita) por Fernando Iglesias Figueroa, quien confesaría a Rafael Montesinos su autoría, aunque éste guardaría el secreto hasta que fue descubierto años después por otros investigadores.

Con esto lo que pretendo comentar es cómo en la vida de Bécquer, junto a su Obra, hay múltiples enigmas e imprecisiones, muchos de ellos de carácter intencionado. El carácter abierto y sincero de Adolfo, junto a la confianza que depositó en algunos supuestos amigos (léase Campillo), junto a biografías carentes de verdadero rigor o demasiado especulativas, han hecho que llegue hasta nosotros una imagen de un Bécquer bohemio y algo estrafalario. Parte de esto pudo ser verdad, pero olvidamos la figura de la persona que sufrió, que amó, que tuvo dificultades, que confió en sus amigos, que estuvo abierto a otras influencias, en definitiva, de una maestro siempre dispuesto a aprender, de un maestro que siempre tuvo algo que enseñarnos.

En esta parte biográfica dejo muchos cabos sueltos que quisiera unir cuando entre a hablar de su Obra. Aquí quisiera terminar comentando que los últimos años de Gustavo no fueron fáciles, sufriendo una terrible enfermedad que lo llevaría a la muerte. La tuberculosis mató al genio.

La primera de las leyendas publicadas, El caudillo de las manos rojas, tiene lugar en 1858. La primera Rima que publica, Tu pupila es azul..., se presenta en la sección poética del semanario El Nene, en 1859. Esta rima tendría por título Imitación de Byron.

En diciembre de 1860 comienza la publicación, en el periódico El Contemporáneo, de las cuatro Cartas literarias a una mujer. Estos escritos son considerados un compendio de su poética. Un año más tarde, con la reseña que realiza a la obra La soledad de su amigo Augusto Ferrán, terminaría por sintetizar su concepto de la poesía.

Su hermano Valeriano se instalaría en Madrid en ese mismo año, coincidiendo en el tiempo con el matrimonio de Gustavo con Casta Esteban.

En 1863 Gustavo, junto a su esposa, hermano e hijos, se instalan en el monasterio de Veruela, por razones de salud. Las Cartas desde mi celda son publicadas en El Contemporáneo a partir de mayo de 1864.

Pero la suerte de Gustavo cambiaría en 1864, cuando fue nombrado por González Bravo, quien fuera ministro conservador de la reina Isabel II, fiscal o censor de novelas. Deja de lado la difícil situación económica que le acompañara durante casi toda su vida, al mismo tiempo que se relacionaría con personas de influencia económica y política, moviéndose en ambientes de la alta sociedad. En 1866 volvería al periodismo activo, siendo nombrado directo de El Museo Universal.

Gustavo estaba preparando un manuscrito con sus Rimas, con objeto de ser publicado como libro. Pero los avatares políticos provocarían la caída de Isabel II, debiendo el poeta huir con su protector a París. La casa de González Bravo sería saqueada, y el manuscrito, que allí se encontraba, se perdería para siempre.

Volvería a España, instalándose en Toledo. El hecho de llevar a su hermano Valeriano a vivir en su casa provocaría una disputa matrimonial que llevaría a Casta a abandonarlo, regresando tras la muerte de Valeriano en 1870.

Un año antes de la muerte de su hermano se instala en Madrid, tras ser nombrado director de La ilustración. La reconciliación con su esposa coincidiría con el nacimiento de su tercer hijo.

Gustavo Adolfo Bécquer muere el 22 de diciembre de 1870. Gustavo moriría, cuando contaba con apenas 34 años de edad, en Madrid. Montesinos (1992) nos comenta que “a la media hora de morir Bécquer se produce en Sevilla un eclipse total de sol”; todo un homenaje. Pero la noticia de su muerte queda ensombrecida en la prensa de la época, pues la vida política se vería sobresaltada durante los días sucesivos por el asesinato de Prim y el posterior juramente de Amadeo de Saboya ante las cortes. Murió el poeta, pero nunca morirá su poesía.

Tampoco sería posible celebrar el centenario de su nacimiento, en 1936, en una España que estaba algo agitada social y políticamente, junto a las elecciones del 16 de febrero. España se preparaba para vivir una cruenta Guerra Civil mientras la tumba de nuestro querido poeta observaba expectante, en silencio, soñando.




Influencias en Bécquer

Podemos ver en Bécquer el final de una etapa romántica española, tardía y trastocada con respecto a lo que significara el Romanticismo en Alemania, Inglaterra o Francia.

Si hay un autor alemán que ha influido en la Obra de Bécquer, este ha sido Heine. Tal como afirmara Rodríguez Correa, en su prólogo de 1871, se pueden observar semejanzas entre las Rimas y poemas alemanes; sobre todo, la influencia de Heine, o la poesía de Musset.

Canilejas nos dice que “Eulogio Florentino Sanz, al regresar de Berlín, hizo resonar con suma discreción y delicadeza notas germánicas en nuestra poesía”.

Montesinos (1992) nos comenta que en 1860, Augusto Ferrán se encontraría en París, procedente de Munich, con Julio Nombela; éste le hablaría con entusiasmo de Bécquer, entregándole una carta de presentación. La amistad de Ferrán será decisiva para Gustavo, no solo en tanto difunde las Rimas en Chile, sino por una estrecha amistad que imprimiría en nuestro poeta sevillano la doble dedicación de Ferrán a la literatura alemana y al canto popular. En La soledad de Ferrán, Bécquer redescubre la poesía popular, de raíces andaluzas.

Para concluir este apartado, y volviendo a la influencia alemana, podemos ver en la literatura fantástica de Tieck y E.T.A. Hoffmann, esa unión entre sueño y realidad que encontramos en muchos textos de Gustavo Adolfo.



Gustavo Adolfo Bécquer y su Obra

Es verdad que no podemos conocer a un autor si no conocemos su Obra, si no conocemos el entorno en que se movía, las influencias que recibe...

Ya he comentado algunos aspectos de la Obra de Bécquer, dentro del orden cronológico en el que he desarrollado su biografía. Pero quisiera detenerme un momento, aunque sea a modo anecdótico, en sus Rimas, para entrar a continuación en las Leyendas.

Rimas

Bécquer apenas publicaría una quincena de rimas en vida, tanto en revistas, como periódicos y almanaques.

Tal como comenta Rafael Montesinos, “la parte más oscura -bibliográficamente hablando- es la de las Rimas”. Ya he comentado anteriormente cómo se perdió el manuscrito que Bécquer escribió. A su vuelta a España Bécquer se plantearía reescribir de nuevo las Rimas, rescatándolas de su memoria. Es curioso, pero será en un libro de actas donde nuestro poeta reelabore su poesía, en lo que vendría a denominarse El libro de los gorriones, conformando 1403 versos en un total de 79 Rimas. Esa acta sería un regalo que le haría un amigo, pues “Gustavo se quejaba de la falta de papel y de pluma para recoger su obra”. Tal como comenta Montesinos (1992) este aspecto es contradictorio, pues Bécquer cobraba en 1868 una cantidad aproximada de quinientas pesetas, sueldo que le proporcionaba su amigo y protector Luis González Bravo, por lo cual es difícil que tuviera dificultades para conseguir papel donde escribir.

Las primeras noticias que tenemos de este manuscrito se deben al prólogo que en 1871 escribe Ramón Rodríguez Correa en las Obras de Gustavo Adolfo Bécquer. En este punto comentar que las Obras de Bécquer fueron publicadas de manera póstuma gracias a las gestiones de Narciso Campillo, Augusto Ferrán y Ramón Rodríguez Correa, apareciendo las Obras de Gustavo Adolfo Bécquer en 1871, en dos tomos (Imprenta Fortanet, Madrid). Sus amigos harían una suscripción popular para recaudar fondos, siendo curioso cómo el rey, Amadeo de Saboya, daría 1000 reales para colaborar en los gastos de edición. Realizarían sucesivas ediciones, donde iban añadiendo nuevos textos en cada reimpresión, hasta llegar a la última, la quinta, en 1898. Algunas rimas fueron separadas de la colección por sus amigos, por ejemplo, algunas que estaban muy cerca de Heine; o aquellas otras que parecían tener una marca (aspa), como si Bécquer quisiera prescindir de ellas.

Como paréntesis, comentar que Narciso Campillo, aprovechando que Ferrán y Rodríguez Correa estaban muertos, afirmarían que él era quien corregía las Rimas de Bécquer; si bien, alguna vez comentó que Ferrán tenía la voz cantante, o que Rodríguez Correa no colaboró lo suficiente. Así, si comparamos la primera edición de las Obras de Bécquer con el Libro de los gorriones, se puede observar cómo sus amigos intervinieron con algunas variantes. En diferentes escritos de Campillo podemos ver la mezquindad de la que haría uso tras la muerte de los que se suponían eran sus amigos, empezando por el propio Bécquer.

El Libro de los gorriones fue vendido a la Biblioteca Nacional, de manos de Consuelo B. de Ortiz, en 1896, por un total de 25 pesetas. Allí sería archivado, no siendo hasta la primavera de 1914 cuando un joven estudiante alemán, Franz Schneider, lo encontrara tras visitar España en la preparación de su tesis doctoral. Una historia fascinante que comenzaría a reescribirse a partir de este impresionante descubrimiento.

A partir de aquí podemos entrar en otras consideraciones, pero creo que no es éste el cometido del presente trabajo, donde quizás me he extendido demasiado en lo formulado con anterioridad, pero no puedo dejar entrever mi fascinación por el aparatoso camino por el que han pasado las Rimas de nuestro querido poeta.

Por último, comentar el hecho curioso de que en el Libro de los gorriones Bécquer utilizara tres tipos de letra diferentes.

Muy a mi pesar debo obviar cuestiones como historias varias de apócrifos, el orden de las Rimas o las aspas que acompañaban algunas de las mismas. Pero, como ya he dicho anteriormente, quizás me estoy desviando un poco de mi trabajo, y es por ello que paso a comentar algunos aspectos de las Leyendas, para pasar posteriormente a comentar el relato El rayo de luna.

Leyendas

Integrado por un total de 16 relatos, que aparecieron en la prensa entre 1858 y 1864.

La enumeración de las fechas y los periódicos, nos hace ver que la mayoría de las leyendas fueron publicadas en el periódico El Contemporáneo. En referencia a este periódico, comentar que era un diario político de ideología conservadora; esto es importante tenerlo en cuenta si queremos comprender la temática utilizada en sus Leyendas, además del estilo utilizado.

Relación de Leyendas, con su fecha de publicación y el medio en que se insertaron:



  • El caudillo de las manos rojas: La Crónica, Madrid, 1858

  • La cruz del diablo: La Crónica de Ambos Mundos, Madrid, 1860

  • La ajorca de oro: El Contemporáneo, Madrid 1861

  • El monte de las ánimas: El Contemporáneo, Madrid, 1861

  • Los ojos verdes: El Contemporáneo, Madrid, 1861

  • Maese Pérez el organista: El Contemporáneo, Madrid, 1862

  • El rayo de luna: El Contemporáneo, Madrid, 1862

  • Creed en Dios: El Contemporáneo, Madrid, 1862

  • El miserere: El Contemporáneo, Madrid, 1862

  • El Cristo de la calavera: El Contemporáneo, Madrid, 1862

  • El gnomo: La América, Madrid, 1863

  • La cueva de la mora: El Contemporáneo, Madrid, 1863

  • La promesa: La América, Madrid, 1863

  • La corza blanca: La América, Madrid, 1863

  • El beso: La América, Madrid, 1863

  • La rosa de pasión: El Contemporáneo, Madrid, 1864

Podemos observar que 10 de las 16 Leyendas fueron publicadas en El Contemporáneo, junto al hecho de que la mayoría (13) fueron publicadas en tres años: de 1861 a 1863.

Las Leyendas de Bécquer no gozan del misterio y dudas que rodearon las Rimas, pues fueron todas publicadas. No por ello, en las Leyendas también encontramos apócrifos, otra vez de manos de Fernando Iglesias Figueroa, en referencia a la supuesta leyenda La fe salva; sería Jorge Guillén quien descubriera este ‘fraude’ donde de nuevo aparecía la misteriosa, e inexistente, presencia de Elisa Guillén. Otro ejemplo de leyenda apócrifa sería La voz del silencio, fraude éste descubierto por Rafael Montesinos.

Aunque, no podemos obviar que la mayoría de las Leyendas fueron escritas en el periódico El Contemporáneo, y una de las normas de aquella publicación era el anonimato.

No quisiera terminar si comentar que la primera versión de las Leyendas fue la realizada por Ferrán, Correa y Campillo, en la edición póstuma de las Obras de Bécquer, en 1871. El texto becqueriano fue corregido de errores de imprenta y defectos gramaticales o de expresión. Pero a su vez, esta primera edición introdujo nuevas erratas y errores, provocados por una excesiva libertad en el retoque del estilo becqueriano, labor ésta que es posible que realizara el catedrático de retórica Campillo.

La edición de Rubén Benítez (1974) se realizaría con criterios filológicos, partiendo de la versión periodística, resolviéndose parte de los problemas textuales. De esta edición partirían casi todas las ediciones posteriores.

El rayo de luna

Leyenda publicada en el periódico El Contemporáneo en los días 12 y 13 de febrero de 1862. Según el orden en que fueron apareciendo publicadas las Leyendas, aparece en séptimo lugar, tras Maese Pérez el organista (publicada, en el mismo periódico, el 27 y 29 de diciembre de 1861).

Aparece con el subtítulo de ‘Leyenda soriana’, si bien, tal como afirmara Robert Pageard (Congreso sobre Bécquer en Málaga, 1993), nada tiene de tradicional.

Por lo comentado con anterioridad, el estilo periodístico es evidente en sus leyendas. En este sentido, Bécquer estaba obligado a adaptar sus textos a los gustos del público al que se dirigía. Como él mismo afirmara en Cartas desde mi celda: “No basta tener una idea; es necesario despojarla de su extraña manera de ser, vestirla un poco al uso para que esté presentable, aderezarla y condimentarla, en fin, a propósito para el paladar de los lectores de un periódico, político por añadidura”. El periódico al que se refiere es El Contemporáneo.

De todas las leyendas, El rayo de luna es la que tiene un mayor contenido autobiográfico. Se puede observar en el protagonista (Manrique) una proyección del propio Bécquer, con una “sensibilidad anacrónicamente romántica” (Estruch, 1993). Como bien sigue comentando Estruch, podemos observar en esta leyenda el ideal de mujer de Bécquer, el mismo que expresara en algunas de sus Rimas, como en la Rima XV: “sombra aérea, que cuantas veces / voy a tocarte te desvaneces”. Son muchas las proximidades que podemos encontrar entre esta leyenda y los sentimientos expresados en las Rimas, aspecto éste que ha estudiado exhaustivamente E.L. King.

La leyenda tiene una construcción muy sencilla que contribuye a facilitar su lectura: “un solo tema, pocos personajes, estructura clásica, acertada dosificación del suspense” (Estruch, 1993).

En este punto paso a entrar a analizar, someramente, la leyenda en sí, haciendo la siguiente división: tema, argumento, estructura (externa e interna), personajes, escenario, tiempo y estilo. Concluiré con una valoración personal en donde expondré mi opinión personal.


Temas


El amor, el ensueño, una fantasía irreconciliable con la realidad.

Argumento


Es la historia de una desilusión, de un ensueño que conduce a una locura que siempre estuvo presente, de un amor que sólo existe en sueños, en la imaginación. Manrique es un muchacho que vive en su propio mundo, y en éste aparece una mujer vestida de blanco y hermosa; todo ocurre en un marco donde la luna preside majestuosa y expectante. Pero todo es fruto de su fantasía, de una ilusión que le hace ser feliz pero, cuando tropieza con la realidad, le hace sentir la peor de las desdichas. Manrique, quizás, nunca estuvo loco, quizás era un soñador que tropezó con una vida que no le gustaba, con unos sentimientos que le negaban la propia realidad, con un amor imposible que, quizás, nunca esperó alcanzar.

Estructura externa


7 divisiones numeradas con números romanos. A esto hemos de añadir que el texto está introducido por una nota aclaratoria del autor, en dos párrafos, y termina con un epílogo a modo de conclusión.

Estructura interna


Escrito en primera persona, donde se aprecia en Bécquer el narrador, intercalado con diálogos (o monólogos, en el caso de Manrique) en los que participan sus personajes.

Abundan las descripciones.

En una subdivisión de la leyenda podríamos distinguir las siguientes partes:


  • Una primera donde aparece nuestro personaje (Manrique), su somera descripción, el espacio en el que se mueve.

  • El momento en que cree ver a su amada (al final del fragmento etiquetado por Bécquer como II). De cómo la persigue (III), cómo pasa la noche en la puerta de la que creía la casa del objeto de su ilusión. Esta segunda subdivisión terminaría al final de la parte IV (según la división de Bécquer), cuando Manrique descubre que su amada no vive allí, que no hizo sino perseguir una ilusión (aunque esto todavía se lo niega).

  • La tercera subdivisión que hago coincide con el fragmento V de Bécquer. Tras éste aparece un asterisco, y un fragmento donde se dice que transcurrieron dos meses desde que el escudero de don Alonso de Valdecuellos desengañara al iluso de Manrique; este fragmento también lo incluiría en esta subdivisión: es el desengaño.

  • Por último, el fragmento VI de Bécquer y el final, sería la última subdivisión que haría. Aquí Manrique aparece en su casa, en la soledad de su ensoñación destrozada, en la resignación de una ilusión no conseguida, en la certeza de que el amor, la propia vida, no es sino una ilusión que nos es negada, un sueño que no podemos alcanzar.


Personajes


El personaje principal es, claramente, Manrique. La leyenda gira en torno a él y su ilusión: la mujer de sus sueños; podríamos ver en este personaje evocado, un personaje principal, pero en el apartado de la fantasía. Así, tenemos un personaje principal en la realidad (Manrique) y otro en la fantasía (mujer), donde el nexo de unión entre ambos mundos es el amor.

Los demás personajes que aparecen en la obra, apenas intervienen. Los podemos observar en algunos diálogos, pero siempre con Manrique como protagonista.



Manrique: de origen noble. Una de las características de los personajes románticos es la soledad, y nuestro personaje “amaba la soledad”; también era un amante del misterio. Era un poeta, un soñador, un fantasioso. El amor era para él algo que sólo es posible en sueños: “Había nacido para soñar el amor, no para sentirlo”; es un amor platónico. Solía hablar a solas. Persigue a la mujer de sus sueños, que la dibuja como un ideal, como un complemento de su ser.

Robert Pageard, en el Congreso sobre Bécquer celebrado en Málaga en 1993, hablaría de los mitos-claves en Bécquer, donde decía que él consideraba “que el mito propiamente becqueriano es el del agitado y fatalmente soñador Manrique, héroe del cuento más original de Bécquer”. Pageard definiría a Manrique como “el poeta de las vanas vagancias nocturnas y hermano del inocente soñador de la noche de Reyes”.



Su madre: interviene al principio y al final de la Leyenda.

Siervos/Escuderos: intervienen igualmente, en una ocasión al principio, y en varias al final.

El escudero de don Alonso de Valdecuellos: desengaña a Manrique en su ilusión de estar ante la casa de su amada.


Personaje evocado (la mujer, el amor): Manrique la dibuja con ojos azules, “azules y húmedos como el cielo de la noche”, de pelo largo y negro, alta y esbelta, con voz suave “como el rumor del viento en las hojas de los álamos”, de andar majestuoso, muy hermosa

Escenario


El subtítulo de ‘leyenda soriana’ nos hace pensar en un espacio físico concreto dentro de la geografía española: Soria. Pero este aspecto se confirma en el propio relato, donde se hacen continuas referencias a la ciudad de Soria.

Se hace referencias a lugares que no existieron, como un monasterio de la Peña que, con ese nombre, no existió en Soria. Aunque, por otro lado podemos observar muchos detalles que sí son (fueron) reales: como las murallas de Soria, el barrio de San Juan, la iglesia de San Nicolás...

“Era de noche; una noche de verano, templada, llena de perfumes y de rumores apacibles, y con una luna blanca y serena en mitad de un cielo azul, luminoso y transparente”. Este es el escenario donde Manrique cree ver por vez primera (y única) a su amada, ese traje blanco que desaparece en la oscuridad. Oye sus pasos, cree oírla hablar, la sigue, persigue un sueño imposible. “El viento que suspira entre las ramas” es la voz de su amada.

Tiempo


Desde la primera vez que ve a su amada, en la historia hay tres saltos. El primero es el de los días posteriores a la primera vez que creyó ver a la mujer de traje blanco y andar majestuoso. El segundo se desarrolla en un fragmento (separado por un asterisco) entre el ‘capítulo’ V y el VI. El último salto en el tiempo se produce al final, tras el texto etiquetado como VI: “Habían pasado algunos años”.

En referencia al tiempo histórico en donde se circunscribe la historia, no se aporta fecha alguna, no permitiéndome mis pobres conocimientos de historia dar una ubicación histórica concreta con los datos aportados. Se comenta que la Orden de los Templarios ya había abandonado sus fortalezas; la Orden fue suprimida por el papa en 1312, con lo cual puedo aventurarme en afirmar que la historia se desarrolla con posterioridad a este momento. Así, para no errar demasiado, se podría afirmar que la historia tiene lugar en la alta Edad Media.


Estilo


Tal como he comentado con anterioridad, podemos observar en las leyendas de Bécquer un estilo periodístico motivado por el medio en que aparecían publicadas. En El rayo de luna podemos observar una sencillez en el lenguaje, necesaria para ser comprendida por los lectores a los que iba destinado el diario El Contemporáneo. Pero no por ello Gustavo vestiría sus textos desde su propio sentimiento, y éste estaba impregnado de poesía.

En El rayo de luna observamos el uso de recursos poéticos, como la metáfora o la personificación. Ejemplos de metáfora los encontramos en frases como “...la luna, que flotaba en el cielo entre un vapor de plata, o las estrellas, que temblaban a lo lejos como los cambiantes de las piedras preciosas.”. La personificación se contempla en construcciones como “suspiraba el viento”, “enseñando al bostezar una caja de dientes capaces de dar envidia a un cocodrilo”, etc.

En esta leyenda se notan algunas características del Romanticismo, como el amor sensible a la naturaleza, elemento de inspiración, admiración y preservación de la acción humana. Pero no sólo observamos el Romanticismo presente en esta leyenda en lo antes comentado, sino que podemos observar estos otros: un personaje que vive en un mundo entre lo real y lo fantástico, con mezclas de misterio; la fugacidad de lo terreno (con el tópico de las ruinas); la fusión espiritual de los amantes, como concepción romántica del amor; la asociación de unas ruinas góticas, junto a la noche y una mujer misteriosa, como cuadro típicamente romántico; del contraste entre la oscuridad de la noche y la mujer vestida de blanco...

Y, cómo no, algunos aspectos característicos en otras obras de Gustavo no podían ser ajenos en El rayo de luna. Joan Estruch (1993), en su edición de las Leyendas, comenta los siguientes: De unas palabras que no pueden llegar a expresar los sentimientos y las fantasías; de cosas, o mejor dicho, personas que desaparecen en la oscuridad; la mujer que se vislumbra tras una ventana; el ya comentado contraste entre la oscuridad de la noche y el blanco del traje; el tema de la noche en vela frente a la casa de la enamorada, tema que aparece en la Rima LXX; la mujer de ojos azules y pelo largo negro, como arquetipo femenino típicamente becqueriano...

Siempre está presente en Bécquer una poética que todo lo envuelve, “el concepto del amor como fuerza motriz del universo” (Palomo, 1989), para bien o para mal.

Valoración personal: a modo de conclusión

Considero a Bécquer, no tanto un gran poeta, un gran romántico, como un maestro. Para mí Gustavo ha supuesto el descubrimiento de la poesía, la fascinación por el amor que se esconde tras los silencios de la noche, tras la oscuridad de un laberinto que parece no tener salida. Y sus Leyendas no se quedan atrás, teniendo un atractivo y un misterio que las hacen únicas.

El rayo de luna es una leyenda de exquisito sabor romántico, donde se combinan unos ingredientes atractivos: el amor, la oscuridad, el silencio, la belleza, el misterio, el desengaño, la esperanza... la luz en un horizonte que nos hace estar alerta, de unos sueños que ansiamos pero nos resistimos a alcanzar, o quizás, sean de por sí inalcanzables.

Hay un fragmento muy bonito, que a mí personalmente me produce una cierta emoción: “el complemento de mi ser, ¿no se ha de sentir conmovida al encontrarme? ¿No me ha de amar como yo la amaré, como la amo ya, con todas las fuerzas de mi vida, con todas las facultades de mi alma?

En Bécquer podemos encontrar aspectos con los que identificarnos, anhelos que compartimos con el genio de un maestro que supo hacer sencillo lo complejo, que supo escribir sobre el amor como pocos han conseguido, que supo combinar la fantasía con la realidad como si estuviéramos viviendo la vida en sueño, o quién sabe, viviendo la vida a la vez que soñamos.

Y no sólo podemos aprender de Bécquer como escritor, sino que podemos ver en Gustavo un modelo de persona, que supo confiar en sus amigos, a la vez que estar abierto siempre a cuanta influencia pudiera aportarle algo.

Hay autores que relacionan El rayo de luna con la leyenda Los ojos verdes. No soy yo quién para discutir esto, si bien hemos de considerar que en Los ojos verdes la visión del protagonista parte de un raciocinio del que carece nuestro peculiar personaje en El rayo de luna, el eterno soñador Manrique. Al hilo de este comentario, son muchas más las cosas que se podrían haber dicho y, en este punto, prefiero callar, dejando por concluso un trabajo que considero interesante, en tanto lo es la persona que lo protagoniza: Gustavo Adolfo Bécquer.

No quiero terminar sin agradecer a Gustavo su aportación a las letras españolas y, en mi caso personal, la inspiración en la escritura de algunos poemas. Y quisiera dar las gracias, y felicitar, a autores como Rafael Montesinos, Sebold, Pageard, Jorge Guillén... y tantos otros que han dedicado parte de sus vidas a presentarnos al verdadero Bécquer.



Tal como dijera Montesinos (1992), la semana pasada murió Bécquer, a lo que yo me aventuro a decir: Bécquer no murió, Bécquer sigue vivo. Sigamos aprendiendo de alguien que siempre tuvo (y tendrá) algo nuevo que decirnos.
Paco Cid Jiménez.
Málaga, junio de 1999.

Bibliografía

  • AA.VV. (1995): Bécquer. Origen y estética de la modernidad. Publicaciones del Congreso de Literatura Española Contemporánea, Málaga.

  • Actas del VII Congreso de Literatura Española Contemporánea, Universidad de Málaga: 9, 10, 11 y 12 de noviembre de 1993. Edición dirigida por Cristóbal Cuevas García y Coordinada por Enrique Baena.

  • Bécquer, Gustavo Adolfo (1989): Rimas / Leyendas / Cartas desde mi celda. Edición de Mª del Pila Palomo. Planeta, Barcelona.

  • Bécquer, Gustavo Adolfo (1992): Leyendas. Edición de José B. Monleón. Ediciones Akal, Madrid.

  • Bécquer, Gustavo Adolfo (1993): Leyendas. Edición de Joan Estruch, con estudio preliminar de Russell P. Sebold. Biblioteca Clásica, Crítica, Barcelona.

  • Diccionario Bompiani de autores literarios, Volumen I (1987). Editorial Planeta-De Agostini, Barcelona.

  • Rafael Montesinos (1992): La semana pasada murió Bécquer. Ediciones El Museo Universal, Madrid.

  • Sebold, Russell P. (coordinador) (1985): Gustavo Adolfo Bécquer. Taurus Ediciones, Madrid.




La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje