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Gurdjieff, todo y todas las cosas


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GURDJIEFF, TODO Y TODAS LAS COSAS

J. G. Bennett

Riders Review Otoño 1950


Bennett trata de resolver la contradicción de elucidar un “libro que desafía el análisis verbal” y concluye que los Cuentos de Beelzebub es un trabajo de época que representa la primera mitología nueva en 4000 años.
Durante el verano de 1916, Ouspensky grabó una conversación en St. Petersburgo en la que Gurdjieff trataba el problema de la comunicación, y la imposibilidad de transmitir en nuestro lenguaje ideas que solamente son inteligibles y obvias para un estado superior de consciencia. Hablando de la unidad entre el hombre, el Universo, y Dios, dijo que no se puede expresar en palabras o formas lógicas el estado de conocimiento objetivo necesario para comprender esta unidad. En este punto, Gurdjieff hizo una declaración clave para la comprensión de sus subsiguientes escrituras. Él dijo:
Teniendo en cuenta la imperfección y debilidad de lenguaje ordinario, la gente que ha tenido un conocimiento objetivo ha tratado de expresar la idea de unidad en ‘mitos’, ‘símbolos,’ y ‘fórmulas verbales particulares‘, que siendo transmitidas sin cambios, han pasado esta idea de una escuela a otra y, a menudo, de una época a otra.(1)
En “Todo y Todas las cosas” Gurdjieff utiliza de manera extensiva estas tres ideas: símbolo, mito, y forma verbal. Hoy en días cuando las matemáticas son importantes, no hay necesidad de defender el uso de simbolismo. Muchas escuelas de pensamiento moderno consideran el simbolismo como la única forma segura de lenguaje. Wittgenstein(2) trata los símbolos como algo más que signos convencionales, considerando que corresponden, de algún modo, a la realidad a la que se refieren. Wittgenstein probablemente aceptaría el dictamen de Gurdjieff: “Los símbolos no sólo transmiten conocimiento pero indican el camino hacia él.”
Aunque otros pensadores niegan cualquier referencia objetiva de los símbolos, nadie niega que el simbolismo tenga un poder más allá del lenguaje ordinario. Con el lenguaje de los mitos esto es diferente, algo que los pensadores superficiales han despreciado pero que los mejores filósofos han conocido su valor. Whitehead escribió:
El padre de la filosofía europea, en uno de su muchos estados pensativos, dictaminó el axioma que las verdades más profundas deben ser anunciadas a través de los mitos. Seguramente la subsiguiente historia de pensamiento occidental ha justificado su intuición.(4)
Toynbee sigue la pista de Platón y dice:
Cerremos un momento los ojos a las fórmulas de la ciencia para abrir los oídos al lenguaje de la mitología.(5)
Whitehead atribuye el valor de las imágenes mitológicas al hecho de que no nos avergonzamos de las contradicciones que surgen de las manifestaciones de la realidad que se traducen a palabras lógicas. Incluso Cassirer, un consumado sacerdote del lenguaje matemático, considera el pensamiento mítico como una de las formas a priori en las que trabaja la mente humana, y una forma irreducible de interpretar experiencias.(6)
Todas estas declaraciones son ciertas, pero quizá no tanto como sus autores las entienden. El lenguaje mítico obtiene su poder del hecho que unifica lo que está desesperadamente separado del pensamiento lógico: el mundo interior de la experiencia humana y el mundo exterior al que llamamos Universo.
La importancia de las ‘fórmulas verbales’ como manera de transmitir verdades objetivas ha sido pasada por alto por los pensadores modernos, con la posible excepción de Whitehead, y aún así la forma verbal que usó Gurdjieff en “Todo y Todas las cosas” es precisamente propio de lo que muchos ven como el ideal más alto de lenguaje, en el cual el significado de una expresión se crea por la fuerza de la experiencia interna. En las manos de Gurdjieff, esta forma de lenguaje adquiere un enorme poder.
He comenzado a escribir sobre “Todo y Todas las cosas” de esta manera porque es, en un aspecto, un experimento en forma lingüística. Gurdjieff usa cada dispositivo lingüístico desde el simbolismo abstracto hasta el mito, del aforismo a la imagen pictórica, de la simplicidad y la franqueza del antiguo inglés a la reiteración y la exuberancia de Oriente. Pero la forma lingüística es siempre el modo y no el fin. Hay, entonces, una especial importancia en la forma del lenguaje que utiliza Gurdjieff para expresar lo que Whitehead denominó ‘las verdades profundas.’
En las revisiones que han aparecido del libro, “Todo y Todas las cosas” ha sido normalmente descrito como una alegoría o épica cosmológica. Esto pasa por alto la distinción entre la alegoría y el mito.(7) La alegoría es una forma de expresión más débil y sofisticada que el mito. Forma parte de nuestro lenguaje ordinario, en el cual solamente podemos expresar ideas familiares. Los mitos que hasta el día de hoy son formas simbólicas de nuestra pensamiento más profundo, han existido desde el amanecer de historia. Toynbee ha dicho que ningún genio que ha surgido en los últimos cuatro mil años ha sido capaz de crear un mito nuevo. Esto equivale a decir que durante cuarenta siglos, el género humano no ha descubierto un nuevo acercamiento para ‘las verdades profundas.’
Creo que está en lo cierto, y es una medida del lugar que asignaría para el trabajo de Gurdjieff en la historia del pensamiento humano que he encontrado en “Todo y Todas las cosas”, una mitología nueva cuyo poder sólo será comprendido por generaciones todavía por nacer.
No es de extrañar que las escrituras de Gurdjieff hayan sido ridiculizadas e incomprendidas por las mismas personas que profesan desear por encima de todo que un factor nuevo del espiritismo sea introducido en la vida humana. Con vista profética, Albert Schweitzer escribió casi hace cincuenta años:
No sabemos cuál es el objetivo final hacia el cual nos movemos, ni tampoco sabemos que es lo que traerá una nueva forma de vida y regulará los principios de los siglos venideros. Sólo podemos imaginar y adivinar que será la acción poderosa de algún genio poderoso y original, cuya verdad y conveniencia quedará en evidencia por el hecho de que nosotros, trabajando en nuestra pobre medida, nos opondremos a él con todos nuestros medios. Nosotros, que suponemos que anhelamos ansiosamente un genio lo suficientemente poderoso como para abrir con autoridad un camino nuevo para el mundo, en vista de que no podemos tener éxito en llevar esto adelante a lo largo del camino que hemos preparado tan laboriosamente. (8)
Habiendo dicho todo esto podría ser excusado por no seguir. Si Gurdjieff ha dicho que no puede ser expresado en el lenguaje ordinario, entonces sería una locura intentar una traducción. Esto es cierto, y los que han estudiado “Todo y Todas las cosas” durante años, en la forma manuscrita en la cual ha estado disponible para sus alumnos inmediatos, les es bien sabido que ha comentado su “Consejo amigable ” que el libro se lea tres veces para obtener un beneficio específico “ el cual espero que consigas con todo mi ser.” Aun con mucho estudio, las verdades más profundas de las enseñanza de Gurdjieff siguen sin poderse traducir sin empobrecerlas.

Desafortunadamente ya he ido demasiado lejos y no puedo evitar el desafío de explicar qué quiero decir al asegurar que Gurdjieff ha dicho algo nuevo que no está expresado en mitos o filosofías de los últimos cuatro mil años. Toynbee ha dicho con razón que el lenguaje de la mitología evita las contradicciones lógicas inherentes en cada una de los comentarios sobre las relaciones entre Dios y el Universo:


Es lógico que si el Universo de Dios es perfecto no puede haber un Demonio fuera de él pero, si el Demonio existiera, la perfección que el demonio llega a echar a perder ya debía haber estado incompleta a través del mismo hecho de su existencia.(9)
Toynbee concibe correctamente algún tipo de demonio tan necesario para el proceso de creación, pero permanece involucrado en el dualismo del bien y el mal, de las voluntades conflictivas, de propósitos antitéticos. Este conflicto se encuentra en todos nuestros mitos, del Chinese Yin Yang y El Libro de Job para el Fausto de Goethe y el mito moderno del materialismo dialéctico. El dualismo sigue encastrado en todo nuestro pensamiento. Incluso Whitehead, quien rechaza lo que él llama el “dualismo cruel de Descartes, ” la “ bifurcación de Nature, ” dice que:
A lo largo del Universo reina la unión de opuestos que es la fuente del dualismo. (10)
Gurdjieff específicamente rechaza el mito del bien y el mal. Él pone en su lugar un mito de Creación en el cual la misma existencia del Universo está sujeta a invalidar y determinar condiciones que hacen la comprensión completa del Sagrado Propósito intrínsecamente imposible. El hecho de actualización sucesiva en el tiempo impone sobre cada proceso el precio de lo incompleto y la imperfección. Éste es el Merciless Heropass que:
No tiene fuente sobre el que su aparición debería depender, pero como ‘el amor divino’ siempre fluye… independientemente por sí mismo. (11)
Para Gurdjieff, el Tiempo tiene a la misma vez el carácter absoluto del Scholium de la Definición VIII de “Principia” de Newton, 12 y la tendencia disruptiva de la segunda Ley termodinámica, que Eddington: “Sostiene la posición suprema entre las leyes de la naturaleza.” (13)
En el mito de Gurdjieff los Heropass desaparece por la sabiduría infinita del Creador, no como un enemigo o el principio antagónico, pero más bien como un hecho ineluctable, la misma condición de posibilidad de existencia. De esto sigue el principio Trogoautoegocratico, según el cual la armonía permanente del Universo está asegurada por la alimentación recíproca de todo lo que exista. Pienso que esta concepción fue débilmente captada por los autores del antiguo Upanishads, y en los mitos Serpent de muchas carreras, pero nunca ha sido comprendida como el remedio exclusivo en contra del poder destructivo del Tiempo.
En el mito de Gurdjieff, el Universo viene a existir para asegurar la auto-renovación perpetua del Sol Absoluto o Primer Principio. Esta concepción es tan necesaria para la comprensión de destino humano que Gurdjieff en su capítulo final, “Del Author, ” lo traduce a lenguaje ordinario. Todo lo que vive debe servir a “todos los propósitos universales.” El hombre no está exento de esta necesidad y debe, por su vida o por su muerte, contribuir con su cuota para la transformación de energía sobre la cual depende el mantenimiento recíproco de toda existencia:
Al mismo tiempo la madre naturaleza le ha dado al hombre la posibilidad de no ser meramente una herramienta ciega al servicio de estos objetivos universales, pero presta servicio a ella actualizando su propio destino de trabajar para sí mismo, por su propia individualidad egoísta.
Esta posibilidad fue dada también para el servicio del propósito común a causa del hecho de que, para el equilibrio de estas leyes objetivas, estas personas relativamente libres son necesarias.
Aunque dicha liberación es posible, no obstante es difícil decir si cualquier hombre particular tiene la probabilidad de lograrlo.
El hombre, entonces, tiene un doble destino: vivir como el esclavo inconsciente del propósito universal o pagar la deuda de su propia existencia y así obtener la independencia individual, con todo lo que esto acarrea para la posibilidad de auto-perfeccionamiento, de liberación. En la enseñanza sobre destino humano de Gurdjieff encontramos la concepción fundamental religiosa del hombre como un ser que necesita ser salvado. La salvación, además, es sólo posible a través de la redención de arriba. Aun conservando las concepciones comunas para todas las grandes religiones, Gurdjieff las presenta de una manera nueva y penetrante. Para mencionar un ejemplo, diría que su doctrina del Pecado Original, expresado en el mito del órgano Kundabuffer, es profundamente más satisfactoria que cualquier cosa que podamos encontrar en las teologías de Oriente u Occidente. Esto recuerda el propósito declarado de los Cuentos de Beelzebub para su nieto, a saber:
Destruir de la mentalidad y sentimientos del lector, de manera despiadada y sin compromisos, las creencias y puntos de vista (que lleva por los siglos que arraigados en él) acerca de todo lo existente en el mundo.(15)
De manera superficial, “Todo y Todas las cosas” es una cruda sátira sobre la naturaleza humana. Expone cruelmente nuestra antigua debilidad hacia la vanidad, credulidad y amor propio. En sus descripciones de la vida moderna, Gurdjieff echa mano de sus propias penetrantes observaciones recogidas en sus cuarenta años de viaje por todos los continentes y la mayoría de países. Su combinación de ingenio y compasión le faculta a hablar de las absurdidades de nuestras vidas privadas de un modo que ofenderá solamente a aquellos que no desean enfrentarse a la verdad. ¿Dónde nos lleva todo esto? Rechazando el dualismo del bien y el, Gurdjieff tiene que poner en su lugar algún principio regulador de validez universal. Esto nos trae a un tema recurrente del libro que desafía el análisis verbal. Es la doctrina de Gurdjieff: “el Sagrado Impulso de la Divina Consciencia.”
Gurdjieff se preocupa por despertar la convicción de que no solamente hay algo terriblemente equivocado en “nuestra existencia ordinaria de ser,” sino que también hay una manera de escapar a una vida más adecuada para los humanos “creada en la imagen de Dios.”
El lector atento no puede dejar de sentir que está en presencia de alguien que ha estado en este mundo superior y sabe la manera de lograrlo. A medida que uno estudia el libro, emerge la idea, que se convierte en convicción, de que el camino al que Gurdjieff llama “trabajo consciente y sufrimiento intencional” ciertamente puede conducir a ser inmortal y a la esperanza de reunirse con la Fuente de Todo lo Existente.
En “Todo y Todas las cosas” Gurdjieff no hace ningún intento de demostrar nada, es decir, no utiliza ningún argumento lógico, ni tan siquiera explica el significado de afirmaciones más importantes. Este significado puede encontrarse solamente al enfrentarnos a pasajes en contextos diferentes. En muchos casos el significado de las palabras sólo comienza a tomar forma cuando las situaciones a las que corresponden han sido experimentadas. ¿Cómo puede la mera lectura del libro despertar la convicción de que su tesis fundamental es cierta? Un gran parte, pero no toda, se debe a ‘fórmulas verbales’ que para Gurdjieff son uno de los elementos de lenguaje objetivo.
Esto se aplica especialmente a la doctrina sobre la Consciencia donde Gurdjieff establece el “Sacro Impulso de la Sagrada Consciencia” como el principio regulador de conducta. Es la antítesis de moralidad, la cual no es más que un sistema de reglas externas con solamente un significado local y transitorio. Sobre la moralidad, Gurdjieff dice que tiene:
Exactamente esa ‘propiedad única’ que forma parte del ser que lleva el nombre ‘camaleón.’(16)
La misma idea de la Consciencia Objetiva desafía el análisis. Es tan peligroso como poderoso. La religión institucional rechaza el propio juicio interior en favor de principios morales y normas de conducta no meramente para asegurar un mejor dominio de sus seguidores; hay un verdadero peligro de que la idea de Consciencia pueda degenerar en la autosuficiencia y la licencia. Gurdjieff se enfrenta al desafío con la fórmula de Ashiata Shiemash:
Sólo el que adquiera Consciencia de sí mismo será llamado y se convertirá en el Hijo de Dios. (17)
Esta fórmula es tratada como axiomática, es decir, sin requerir explicación ni discusión. Su significado se transmite con el énfasis que Gurdjieff pone en la naturaleza de cambio interior que debe producirse en hombre antes de que esté capacitado para vivir de acuerdo con los dictámenes de la conciencia. En este sentido, Cuentos de Beelzebub a su nieto es un comentario sobre la doctrina de la Consciencia, pues explica el proceso de la aparición de la Consciencia en el nieto de Beelzebub,Hassein, desde el capítulo 7 cuando consigue ver momentáneamente el significado del deber hasta el capítulo 46, en el que su comprensión de las leyes universales se mezclan con una compasión abrumadora hacia el sufrimiento humano.

Consciencia y compasión son inseparables. La cosmogonía de Ashiata Shiemash, denominado “El Terror de la Situación,” contiene la quintaesencia de la enseñanza de Gurdjieff sobre la vida humana en el planeta Tierra. Si el hombre ha de lograr su destino, debe exonerarse de la mancha del Pecado Original, expresado como consecuencia del órgano Kundabuffer. Para esto el hombre debe trabajar, luchar y sufrir, pero ¿Dónde está el que deseo suficiente para despertar la necesidad de este trabajo?


La religión ortodoxa contesta que debe venir del Sagrado Impulso de la Fe, Amor y Esperanza. Pero la historia del género humano ha demostrado que estos impulsos son ineficaces contra de las Fuerzas de egoísmo, vanidad, autoestima, sugerencia y demás que afecta todo Bien que el hombre encuentra. Fe, esperanza y amor están tan deformados que ya no pueden servir como impulso hacia la perfección personal (Liberación).

Gurdjieff nos enseña que solamente y únicamente queda un impulso sagrado puro que se encuentra en las profundidades de la psique humana. Éste es el Sagrado impulso de la Consciencia que no puede destruirse. Es implantado por la Divina Gracia. Con respecto a esto, con un toque de delicadeza, Gurdjieff expone en una frase su doctrina de los sufrimientos de Dios:


Los factores para esta Consciencia surgen, en los seres vivos de “tres cerebros”, de la localización de las partículas de las “emanaciones de tristeza” de nuestro siempre-amante e interminablemente sufrido creador; esta es la causa por la que la fuente de manifestación de la conciencia genuina en los seres de tres-centros a veces se le llama representante del creador.(18)
La doctrina de compasión se encuentra dentro de otra fórmula verbal que manifiesta el prerrequisito para el proceso de purificación personal por la cual un ser puede convertirse en digno para ser reencontrado con la Fuente Primera de Todo lo Existente. El purgatorio es representado como una condición de existencia posible sólo para seres que ya han adquirido una individualidad independiente, y se hayan perfeccionado más allá de la razón objetiva de lo que puede pasar, en su experiencia, más allá de las limitaciones del sistema planetario en el que nacieron. Pero estas aptitudes no son suficientes. Ni la fuerza interior de los liberados, ni su aspiración hacia la última perfección es suficiente; sin compasión hacia otros seres, no es posible progresar más. Todo esto se expresa en una fórmula verbal que consiste de las palabras que encontramos a la entrada principal del Santo Purgatorio Planear, decretando lo siguiente:
Sólo puede entrar aquel que se pone en lugar de los otros como resultado del trabajo.(19)
Con esto llegamos a la ‘cuerda conclusiva’ del último capítulo, “Del Autor,” donde:
Cada uno de nosotros debe proponerse, como meta principal, convertirse en el curso de nuestra vida colectiva en un Maestro. Pero no un Maestro en el sentido y significado que esta palabra conlleva para el individuo actual sino en el sentido que un hombre cualquiera, gracias a sus, en el sentido objetivo, actos de devoción hacia los de su alrededor — es decir, actos manifestados según los dictámenes de su propia y más pura Razón - adquiere en sí mismo ese algo que por sí solo restringe a todos los de su alrededor de hacer reverencias y llevar a cabo sus ordenes.(20)
La máxima satisfacción para el hombre es saber que ha pagado la deuda de su existencia, y es libre desde ese momento para servir el propósito por el que fue creado.

Esto no significa que para Gurdjieff la vida esté reducida a una autonegación. La felicidad real del hombre es posible en cada etapa de su existencia, pero hay que tener en cuenta que:


La felicidad real del hombre solamente puede venir de una infelicidad, también real, que haya experimentado. (21)
No hay nada nuevo en los contenidos de esta cuestión. Lo nuevo y necesario para nuestro tiempo es el énfasis del pago inevitable; Gurdjieff nos enseñó que la sabiduría está en pagar por adelantado. Al escribir sobre las fórmulas verbales de Gurdjieff, me he desviado de la tarea de aclarar lo que quiero decir al afirmar que Gurdjieff ha creado una mitología nueva.
En resumen, hay poco nuevo. No se necesita mucha investigación para descubrir la afinidad que existe entre la cosmología de Gurdjieff y el neoplatonismo de occidente y el Sankhya y la Abhidharma de oriente. Es fácil de percibir donde se ha inspirado en fuentes cristianas (especialmente en el cristianismo griego ortodoxo), budistas (principalmente Mahayana y zen), musulmanas (particularmente Dervish y Sufi), y fuentes de la sabiduría antigua egipcia y Asirias. La originalidad de su enseñanza no yace en su materia prima sino en uso que le da. Su mito sobre la Creación como un escenario universal donde se manifiesta el esfuerzo que realiza la Deidad. Es completamente permeable a las consecuencias del simple hecho de la actualización sucesiva en el Tiempo. Al escribir estas palabras, recuerdo forzosamente “Space, Time y Deidad “ (22) de Alexander, y una comparación de los dos libros es ciertamente una demostración de la inmensurable superioridad del lenguaje de mito y la fórmula verbal sobre el análisis lógico, aunque sean inspirados por una imaginación poética. Lo que falta en escritores como McTaggart, (23) Alexander y Whitehead es el sentimiento de que el sufrimiento y el esfuerzo del Universo realmente importan.

Con Gurdjieff, el drama del Universo se convierte en una realidad de la vida presente.

La involución y la evolución no están ni bien ni mal (24), ni en oposición ni son complementarios uno al otro. Son igualmente necesarios para los Propósitos Divinos.

Se entrelazan por la retroalimentación de toda existencia, lo que no es ni evolución ni involución. Aquí y en todas partes la mitología de Gurdjieff es completamente triádica, y no dualística. Los problemas del hombre, el Universo, y Dios son resueltos en términos de una necesidad mutua real para la cual la filosofía no ha encontrado una expresión adecuada. Del drama cósmico emerge el destino milagroso al que el hombre es llamado si está dispuesto a pagar el precio. Ya que el Universo mismo es un esfuerzo perpetuo; el destino más alto del hombre no es la beatitud estática, sino el cumplimiento inmortal de un propósito eterno.



Notas:

1 P. D. Ouspensky, En Busca De los Miraculous, 1949, p. 279.

2 Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico Philosophicus, 1922.

3 En Busca De los Miraculous, p. 280.

4 UNO. N. Whitehead, Modes de Thought, 1938, p. 14.

5 Arnold Toynbee, UN Study de History, [in 12 Vols . 1934–1961 ], Vol. yo, p. 271.

6 E. Cassirer, Die Philosophie Der Symbolischon Formen, Bd. II, pp. 107–111.

7 Vean el debate admirable de esta distinción por Dorothy Emmet, en El Nature del Metafísico Thinking, Macmillan, 1946, p. 100.

8 Albert Schweitzer, El Quest de los Historical Jesus, 1906, p. 6.

9 UNO. Toynbee, UN Study de History, Vol. yo, p. 279.

10 UNO. N. Whitehead, Los Adventures de Ideas, 1933, p. 245.

11 Todo y Todo, 1950, p. 124.

12 Isaac Newton, Principles Matemático Del Natural Philosophy, 1687.

13 A Sir. Eddington, El Nature del World Físico, 1929, p. 74.

14 Todo y Todo, 1950, p. 1219.

15 Ibid, p. V, donde Gurdjieff inequívocamente declara su propósito en cada uno de las tres serie de todo y Todo.

16 Ibid, p. 343.

17 Ibid, p. 368.

18 Ibid, p. 372.

19 Ibid, p. 1164.

20 Ibid, p. 1236.

21 Ibid, p. 377.

22 Samuel Alexander, Space, Time Y Deidad, 2 Vols ., 1920.

23 John McTaggart Ellis, Cambridge idealista ateo, mejor conocido por Mind, 1908.

24 Todo y Todo, 1950, p. El 1137–40. Es un uso equivocado de palabras etiquetar ya sea obediencia o amor como el bien y el otro como el mal. La evolución va en contra de ‘ Dios, ’ y todavía en eso tiene “acomodada todas Sus esperanzas y sus expectativas para el bienestar futuro de Todo lo Existente.” Ibid, p. 197.


Gurdjieff’s All and Everything



J. G. Bennett

Riders Review—Autumn 1950

Bennett grapples with the contradiction of trying to elucidate a “book that

defies verbal analysis” and concludes that Beelzebub’s Tales is an epoch­

making work that represents the first new mythology in 4000 years.

Ouspensky records a conversation in St. Petersburg during the summer of 1916 in which Gurdjieff discussed the problem of communication, and the impossibility of conveying in our ordinary language ideas which are intelligible and obvious only for a higher state of consciousness. Speaking of the unity between man, the Universe, and God, he said that the objective knowledge by which alone this unity is to be understood can never be expressed in words or logical forms. At this point, Gurdjieff made a statement which is a key to the understanding of his own subsequent writings. He said:

Realising the imperfection and weakness of ordinary language, the people who have possessed objective knowledge have tried to express the idea of unity in ‘myths,’ in ‘symbols,’ and in particular ‘verbal formulas,’ which, having been transmitted without alteration, have carried on the idea from one school to another, often from one epoch to another.1

In All and Everything Gurdjieff makes extensive use of these three forms, that is, symbol, myth, and verbal formula. There is no need in these mathematical days to defend the use of symbolism. It is regarded by many schools of modern thought as the only safe form of language. Wittgenstein2 treats symbols as something more than conventional signs, and regards them as corresponding in some way to the reality to which they refer. He would probably accept Gurdjieff’s dictum that: “symbols not only transmit knowledge but show the way to it.” 3

Gurdjieff’s All and Everything by J. G. Bennett Copyright © 1950 Rider’s Review www.Gurdjieff-Bibliography.com

Even though other thinkers deny any objective reference to symbols, no one questions that symbolism has a power beyond that of ordinary language. It is different with the language of myth. This is despised by superficial thinkers, but the greatest philosophers have known its value. Whitehead wrote:

The father of European philosophy, in one of his many moods of thought, laid down

the axiom that the deeper truths must be adumbrated by myths. Surely the subsequent

history of Western thought has amply justified his fleeting intuition.4

Toynbee follows Plato’s lead and says:

Let us shut our eyes for the moment to the formulae of Science in order to open our

ears to the language of Mythology.5

He attributes the value of mythological images to the fact that they are not embarrassed by the contradictions that arise when statements about ultimate reality are translated into logical terms. Even Cassirer, an arch priest of mathematical language, regards mythical thinking as one of the a priori forms in which the human mind operates, and an irreducible way of interpreting experiences.6

All these statements are true, but perhaps not quite as their authors understand them. The language of myth derives its supreme power from the fact that it unites what are hopelessly divorced in logical thinking: the inner world of human experience and the outer world which we call the Universe.

The importance of ‘verbal formulas’ as a means of conveying objective truths has been overlooked by modern thinkers, with the possible exception of Whitehead, and yet the type of verbal formula used by Gurdjieff in All and Everything corresponds precisely to what is regarded by many as the highest ideal of language, in which the meaning of an expression is created by the compulsion of inner experience. In Gurdjieff’s hands, this form of language acquires a devastating power.

I have started to write about All and Everything in this way, because it is, in one aspect, an experiment in linguistic form. Gurdjieff uses every linguistic device from abstract symbolism to myth, from aphorism to pictorial image, from the simplicity and directness of Early English to the reiteration and exuberance of the East. But the linguistic form is always the means and not the end. There is, therefore, special importance in the form of language which he uses to express what Whitehead calls ‘the deeper truths.’

In the reviews of the book which have appeared, All and Everything has usually been described as a cosmological epic or allegory. This disregards the distinction between allegory and myth.7 Allegory is a weaker and more sophisticated form of expression than myth. It belongs to our ordinary language, in which only relative ideas

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can be expressed. The myths which to this day are the symbolic forms of our deeper thinking, have existed since the dawn of history. Toynbee has said that no genius has arisen in the last four thousand years capable of creating a new myth. This amounts to saying that for forty centuries, mankind has not discovered a new approach to ‘the deeper truths.’

I believe this to be right, and it is a measure of the place which I would assign to Gurdjieff’s work in the history of human thought that I find in All and Everything a new mythology, the power of which will only be understood by generations yet unborn.

It is not surprising that Gurdjieff’s writings have been ridiculed and misunderstood by the very people who profess to desire above all else that a new spiritualising factor should enter human life. With prophetic vision, Albert Schweitzer nearly fifty years ago wrote:

What the ultimate goal towards which we are moving will be, what this something is which shall bring new life and new regulative principles to coming centuries, we do not know. We can only dimly divine that it will be the mighty deed of some mighty original genius, whose truth and rightness will be proved by the fact that we, working at our poor half thing, will oppose him might and main—we who imagine we long for nothing more eagerly than a genius powerful enough to open up with authority a new path for the world, seeing that we cannot succeed in moving it forward along the track which we have so laboriously prepared.8

Having said so much I might be excused for refusing to go further. If Gurdjieff has said what cannot be expressed in ordinary language, it would be folly to attempt a translation. This is true, and those who have studied All and Everything for many years, in the manuscript form in which it has been available to his own immediate pupils, know very well that he has dealt lightly with the reader in his “Friendly Advice” to read the book thrice in order to obtain from it that specific benefit “which I wish for you with all my being.” Even with long study, the deeper truths of Gurdjieff’s teaching remain untranslatable without impoverishment.

Unfortunately I have already gone too far and cannot evade the challenge to explain what I mean in asserting that Gurdjieff has said something new which is not expressed in the myths or philosophies of the last four thousand years. Toynbee has said with reason that the language of mythology avoids the logical contradictions inherent in every account of the relations between God and the Universe:

In logic, if God’s Universe is perfect there cannot be a Devil outside it, while, if the Devil exists, the perfection which he comes to spoil must have been incomplete already through the very fact of his existence.9

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Toynbee rightly conceives some kind of Devil as necessary for the process of creation, but remains involved in the dualism of good and evil, of conflicting wills, of antithetical purposes. This conflict is inherent in all our myths, from the Chinese Yin-Yang and The Book of Job to Goethe’s Faust and the modern myth of dialectical materialism. Dualism remains imbedded in all our thought. Even Whitehead, who rejects what he calls the “vicious dualism of Decartes,” the “bifurcation of Nature,” holds that:

Throughout the Universe there reigns the union of opposites which is the ground of

dualism.10

Gurdjieff specifically rejects the myth of good and evil. He puts in its place a Creation myth in which the very existence of the Universe is subject to overriding and determining conditions which make the complete realisation of the Divine Purpose inherently impossible. The fact of successive actualisation in Time imposes on every process the price of incompleteness and imperfection. This is the Merciless Heropass which:

has no source from which its arising should depend, but like ‘Divine-Love’ flows

always … independently by itself.11

For Gurdjieff, Time has at once the absolute character of the Scholium to Definition VIII of Newton’s Principia,12 and also the disruptive tendency of the second Law of Thermodynamics, which according to Eddington: “holds the supreme position among the laws of Nature.” 13

In Gurdjieff’s myth the Heropass is vanquished by the infinite wisdom of the Creator, not as an enemy or opposing principle, but rather as an ineluctable fact, the very condition of the possibility of existence. From this follows the Trogoautoegocratic principle, according to which the permanent harmony of the Universe is assured by the reciprocal feeding of everything that exists. I think that this conception was dimly sensed by the authors of the older Upanishads, and in the Serpent myths of many races, but it has never been understood as the sole remedy against the destructive power of Time.

In Gurdjieff’s myth, the Universe comes into existence to ensure the perpetual self-renewal of the Most Holy Sun Absolute or First Principle. This conception is so necessary for the understanding of human destiny that Gurdjieff in his final chapter, “From the Author,” translates it into ordinary language. Everything that lives must serve the “all-universal purposes.” Man is not exempt from this necessity, and must, either by his life or by this death, contribute his quota to the transformation of energy upon which the reciprocal maintenance of all existence depends:

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But at the same time Great Nature has given him the possibility of being not merely a blind tool of the whole of the entire service to these all-universal objective purposes but, while serving Her and actualising what is foreordained for him—which is the lot of every breathing creature—of working at the same time also for himself, for his own egoistic individuality.

This possibility was given also for service to the common purpose, owing to the fact that, for the equilibrium of these objective laws, such relatively liberated people are necessary.

Although the said liberation is possible, nevertheless whether any particular man has the chance to attain it—this is difficult to say.14

Man has thus a two-fold destiny, either to live only as the unconscious slave of the all-universal purpose, or to pay the debt of his own existence and thus attain independent individuality, with all that this brings of further possibilities of self­perfecting. In Gurdjieff’s teaching of human destiny, there is the fundamental religious conception of man as a being in need of salvation. Salvation, moreover, is only possible through redemption from Above. While thus preserving the conceptions which are common to all the great religions, Gurdjieff presents them in a new and penetrating form. To mention one example only, I would say that his doctrine of Original Sin, expressed in the myth of the organ Kundabuffer, is more profoundly satisfying than anything to be found in the theologies of the East or the West. This recalls the avowed purpose of Beelzebub’s Tales to His Grandson, namely:

To destroy, mercilessly, without any compromises whatsoever, in the mentation and feelings of the reader, the beliefs and views, by centuries rooted in him, about everything existing in the world.15

Superficially, All and Everything is a cruel satire upon human nature. It exposes ruthlessly our age-old weaknesses of vanity, credulity and self-love. In his descriptions of modern life, Gurdjieff draws directly upon this own penetrating observations of forty years of travel in every continent and most countries. His combination of wit and compassion enables him to speak of the intimate absurdities of our private lives in a way that will offend only those who do not wish to face the truth. To what does all this lead? Rejecting the dualism of good and evil, Gurdjieff has to put in its place some ultimate regulating principle of universal validity. This brings us to one recurrent theme of the book that defies verbal analysis. It is Gurdjieff’s doctrine of the “Sacred Impulse of Divine Conscience.”

Gurdjieff is concerned with arousing the conviction, not only that there is something terribly wrong with “our ordinary being existence,” but also that there is a way out—to a life more becoming to beings “created in the image of God.” The

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attentive reader cannot help feeling that he is in the presence of someone who has himself penetrated to this better world, and knows the means for attaining it. As one studies the book, there emerges the idea, which becomes a conviction, that the path of what Gurdjieff calls “conscious labour and intentional suffering” can indeed lead to imperishable being and the hope of reunion with the Prime Source of Everything Existing.

In All and Everything Gurdjieff makes no attempt to prove anything, that is to say, he uses no logical arguments, nor does he even explain the meaning of his most important assertions. This meaning can often be found only by confronting passages from several different contexts. In many cases the meaning of words only begins to take shape when the situations to which they correspond have been directly experienced. How then can the mere reading of the book arouse the conviction that its fundamental thesis is true? A great, though not the sole part, is played by the ‘verbal formulas’ which, according to Gurdjieff, are one of the elements of objective language.

This applies especially to Gurdjieff’s doctrine of Conscience. He sets up the “Sacred Impulse of Divine Conscience” as the sole regulating principle of conduct. It is the antithesis of morality, which is no more than a system of external rules having only local and transient significance. Of morality, he says that it has:

exactly that ‘unique property’ which belongs to the being bearing the name

‘chameleon.’16

The very idea of Objective Conscience defies analysis. It is as dangerous as it is powerful. Institutional religion rejects inner self-judgement in favour of moral principles and rules of conduct not merely to secure thereby a better hold upon their followers; there is a genuine danger that the idea of Conscience may degenerate into self-sufficiency and license. Gurdjieff meets the challenge with the formula of Ashiata Shiemash:

Only-he-will-be-called-and-will-become-the-Son-of-God-who-acquires-in-himself­

Conscience.17

This formula is treated as axiomatic, that is, requiring neither explanation nor argument. Its meaning is conveyed by Gurdjieff’s emphasis upon the character of the inner change which must be wrought in man before he is fit and able to live by the dictates of conscience alone. In one sense, the whole of Beelzebub’s Tales to His Grandson is a commentary upon the doctrine of Conscience, for it depicts the process of its arising in Beelzebub’s grandson Hassein, from the 7th Chapter, when he first catches a glimpse of the meaning of duty, to the 46th Chapter, in which his understanding of the universal laws blends with an overwhelming compassion towards the sufferings of mankind.

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Conscience and compassion are inseparable. The legomonism of Ashiata Shiemash, called “The Terror of the Situation,” contains the quintessence of Gurdjieff’s teaching about human life on earth. If man is to achieve his highest destiny, he must purge himself of the taint of Original Sin expressed as the consequences of the organ Kundabuffer. For this he must work and struggle and suffer, but whence is the urge for this work to arise?

Orthodox religion replies that it must come from the Sacred Impulses of Faith, Love, and Hope. Yet the history of mankind has shown that these impulses are ineffectual against the forces of egoism, vanity, self-love, suggestibility, and the rest, which ruin every good undertaking to which man sets his hand. Faith, Hope, and Love are so distorted that they can no longer serve as impulses towards self-perfecting. Gurdjieff teaches that there is one, and only one, sacred impulse remaining unspoiled, deep in the human psyche. This is the Sacred Impulse of Conscience, which cannot be destroyed. It is implanted by Divine Grace. Concerning this, with characteristic delicacy of touch, Gurdjieff exposes in one sentence his doctrine of the Suffering of God:

The factors for the being-impulse conscience arise in the presences of the three­brained beings from the localization of the particles of the “emanations-of-the­sorrow” of our omni-loving and long-suffering-endless-creator; that is why the source of the manifestation of genuine conscience in three-centered beings is sometimes called the representative of the creator.18

The doctrine of compassion is contained in another verbal formula which states the condition prerequisite for the process of self-purification by which a being can become worthy to be re-united with the Prime Source of Everything Existing. Purgatory is represented as a state of existence possible only for beings who have already acquired independent individuality, and perfected themselves to such a gradation of objective reason that they can pass in their experience beyond the limitations of the planetary system in which they were born. But these qualifications are not enough. Neither the inward strength of the fully-liberated individual, nor his aspiration towards ultimate perfection, are sufficient; without compassion towards other beings, further progress is impossible. All this is expressed in a verbal formula consisting of the words placed over the chief entrance of the Holy Planet Purgatory, decreeing the following:

Only he may enter here who puts himself in the position of the other results of my

labours.19

From this, we come to the ‘concluding chord’ in the last chapter, “From the Author,” where:

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each one of us must set for his chief aim to become in the process of our collective life a master. But not a master in that sense and meaning which this word conveys to contemporary people . . . but in the sense that a given man, thanks to his, in the objective sense, devout acts towards those around him—that is to say, acts manifested by him according to the dictates of his pure Reason alone . . . acquires in himself that something which of itself constrains all those about him to bow before him and with reverence carry out his orders.20

The ultimate satisfaction for man is the knowledge that he has paid the debt of his own existence, and is free thereafter to serve the purposes for which he was created. This does not imply that life for Gurdjieff is reduced to a bleak self-denial. Real happiness for man is possible at every stage of his existence, but there is a warning formula:

Every real happiness for man can arise exclusively only from some unhappiness, also

real, which he has already experienced.21

There is nothing novel about the contents of this formula. What is new and necessary for our time is the emphasis upon the inevitability of payment; Gurdjieff insistently taught that the only true wisdom is to pay in advance. In writing of Gurdjieff’s verbal formulas, I have wandered from the task of stating what I mean by asserting that Gurdjieff has created a new mythology.

In detail, there is little new. Not much research is needed to discover the affinity of Gurdjieff’s cosmology with Neo-Platonism in the West and Sankhya and the Abhidharma in the East. It is easy to show where he has drawn upon Christian (especially Greek Orthodox), Buddhist (chiefly Mahayana and Zen), Moslem (particularly Dervish and Sufi), and Ancient Egyptian and Assyrian sources. The originality of his teaching does not lie in its raw material but in the use to which it is put. His Creation myth is that of a Universe which is the scene of a striving necessary to the Deity. It is permeated through and through with the consequences of the simple fact of successive actualisation in Time. In writing these words, I am forcibly reminded of Alexander’s Space, Time and Deity,22 and a comparison of the two books is indeed a demonstration of the immeasurable superiority of the language of myth and verbal formula over that of logical analysis, even when inspired by a poetic imagination. What is missing in writers like McTaggart,23 Alexander and Whitehead is the feeling that the suffering and the striving of the Universe really matter.

With Gurdjieff, the drama of the Universe becomes a present living reality. Involution and evolution are neither good nor evil,24 neither in opposition nor even complimentary to one another. They are equally necessary for the Divine Purposes. They are woven together by the reciprocal feeding of all existence, which is neither evolution nor involution. Here and everywhere Gurdjieff’s mythology is through and

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through triadic, and not dualistic. The problems of man, the Universe, and God are resolved in terms of a real mutual need for which philosophy has not hitherto found an adequate expression. From the cosmic drama there emerges the miraculous destiny to which man is called if he is willing to pay the price. Since the Universe itself is a perpetual striving, the highest destiny of man is no static beatitude, but the undying fulfillment of an everlasting purpose.

Notes

1 P. D. Ouspensky, In Search of the Miraculous, 1949, p. 279. 2 Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus, 1922. 3 In Search of the Miraculous, p. 280. 4 A. N. Whitehead, Modes of Thought, 1938, p. 14. 5 Arnold Toynbee, A Study of History, [in 12 Vols. 1934–1961], Vol. I, p. 271. 6 E. Cassirer, Die Philosophie der Symbolischon Formen, Bd. II, pp. 107–111. 7 See the admirable discussion of this distinction by Dorothy Emmet, in The Nature of Metaphysical Thinking, Macmillan, 1946, p. 100. 8 Albert Schweitzer, The Quest of the Historical Jesus, 1906, p. 6. 9 A. Toynbee, A Study of History, Vol. I, p. 279. 10 A. N. Whitehead, The Adventures of Ideas, 1933, p. 245. 11 All and Everything, 1950, p. 124. 12 Isaac Newton, Mathematical Principles of Natural Philosophy, 1687. 13 Sir A. Eddington, The Nature of the Physical World, 1929, p. 74. 14 All and Everything, 1950, p. 1219. 15 Ibid, p. V, where Gurdjieff unequivocally states his purpose in each of the three series of All and Everything. 16 Ibid, p. 343. 17 Ibid, p. 368. 18 Ibid, p. 372. 19 Ibid, p. 1164. 20 Ibid, p. 1236. 21 Ibid, p. 377. 22 Samuel Alexander, Space, Time and Deity, 2 Vols., 1920. 23 John McTaggart Ellis, Cambridge atheistic idealist, best known for Mind, 1908. 24 All and Everything, 1950, p. 1137–40. It is a wrong use of words to label either obedience or love as good and the other as evil. Evolution is ‘against God,’ and yet upon it He has “placed all His hopes and expectations for the future welfare of Everything Existing.” Ibid, p. 197.

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