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Polémica

Guelar es Pro



Chaparrón de verano. Mauricio empezó el 2010 como terminó el 2009.

07-01-2010 /  El macrismo y su visión sobre la dictadura.

Por Adrian Murano

Diego Guelar es Pro. Le sobran antecedentes que lo demuestran: es secretario de Relaciones Internacionales del partido, fue exegeta y embajador de Carlos Menem, alimenta rasgos sibaritas y pidió una “amplia amnistía” para los genocidas de la dictadura.

Abel Posse es Pro. Sus credenciales: ex embajador de Videla y Menem, efímero ministro de Educación del gobierno porteño y alma sensible con los represores. “Se está haciendo un exceso de justicia (con ellos)”, escribió. Y también, claro, pidió clemencia para sus ex jefes de facto: “Estamos al borde de la anarquía. Yo plantearía un pacto de amnistía para la convivencia, porque la ruptura ideológica nos frena, nos devuelve al pasado”.

Federico Young es Pro. En los albores de la gestión macrista fue nombrado al frente de la Agencia de Control Gubernamental, pero debió renunciar cuando se conocieron sus simpatías. A gusto con la teoría de los dos demonios –que busca equiparar el terrorismo de Estado con los delitos cometidos por la guerrilla–, Young disertó junto a Cecilia Pando para reclamar “memoria completa” y que se juzgue al “terrorismo subversivo”. Fiel a sus principios, en su equipo nombró a dos coroneles retirados y miembros de su partido, uno de ellos ex agente de la SIDE en el menemismo y fundador de la agencia de seguridad Acecho SA. También sumó a 14 ex militares y gendarmes, que fueron contratados como inspectores y administrativos. Entre ellos, al menos seis habrían ocupado cargos de jerarquía en el Ejército en la dictadura, según consignó en su momento el diario Página 12.

José Luis Bo es Pro. En agosto de 2009, el ex coronel asistió a una sesión en la Legislatura porteña en calidad de asesor en temas de seguridad de la legisladora macrista María Eugenia Rodríguez Araya. Su presencia provocó revuelo instantáneo: en los noventa, Bo fue condenado en primera instancia por haber sido uno de los oficiales del Ejército que comandó una red de espionaje ilegal sobre las causas de derechos humanos en Córdoba. Tras un extenso camino judicial, que llegó hasta la Corte Suprema de Justicia, la causa prescribió y Bo se recicló como especialista en seguridad del oficialismo porteño.

Julián Obiglio es Pro. Ex diputado proclive a los newsletters de autobombo, Obiglio es vocal de la Fundación PensAr, un think tank de pelambre liberal, vinculado a la Fundación Libertad de Rosario, y donde abundan los miembros de Pro. Su director ejecutivo, por caso, es el diputado nacional Jorge Triaca (hijo). De PensAr también era miembro Julio Alberto Cirino, quien quedó al descubierto como agente civil de las Fuerzas Armadas durante los ’70, cuando era agente del Batallón de Inteligencia 601. Allí reportaba bajo las órdenes del coronel Alejandro Arias Duval, ex interventor de la temible Coordinación Federal, desde donde se condujo la cacería de disidentes durante la dictadura. Para cerrar el círculo (militar): María Emilia, la hija del “Gato” Arias Duval, está casada con Fernando Fervenza, quien trabajó como asesor de Obiglio en la Cámara de Diputados.

Daniel Pastor es Pro. Abogado, debió renunciar antes de asumir la dirección del Instituto Superior de Seguridad Pública donde se forma la nueva policía porteña. Pastor tuvo que dimitir cuando se supo que estaba en contra de la imprescriptibilidad de los crímenes de la dictadura –incluido el robo de niños– y luego de acusar a los organismos de derechos humanos de “pregonar y practicar inexorablemente la violación de los derechos fundamentales (de quienes) cometieron las graves violaciones a los derechos humanos (y de las no tan graves)”. En el mismo artículo, Pastor había incluido una curiosa reflexión sobre la muerte de Walter Bulacio, el chico que falleció tras una golpiza propinada por policías en la previa a un recital de Los Redonditos de Ricota. El abogado consideró esa muerte como un “infortunio”, debido a que se trataba de “una persona que intentaba disfrutar, aparentemente sin pagar, de un concierto, que parece haber recibido malos tratos de parte de la policía y falleció no por ellos sino por otra circunstancia”. Al respecto, Pastor concluyó: “No puede hablarse de tortura, a lo sumo de malos tratos. Esto no puede ser nunca una grave violación a los derechos humanos”. La sucesora de Pastor en el instituto, Virginia Gamba, también fue acusada de pregonar una defensa al terrorismo de Estado. “Los jueces que han procesado y los que están juzgando a militares por sus responsabilidades durante la guerra contra el terrorismo actuaron y actúan ignorando lo que es la guerra, las normas que la regulan y la historia de la formación por parte del Estado argentino de los cuadros militares para desempeñarse en ella”, decía el texto de la discordia, firmado con el mismo nombre que la funcionaria, y publicado en el sitio procesista “La historia paralela”. Ante el escándalo, el Gobierno de la Ciudad desmintió que Gamba escribiera en ese portal. Pero no repudió el contenido del artículo.



Mauricio Macri no es Pro. El intendente porteño, fundador del partido, jefe político y responsable de los funcionarios y dirigentes mencionados hasta aquí, se subió a la ola de repudios provocada por la propuesta de Guelar. “Yo estoy a favor de que se juzgue absolutamente todo lo que sucedió en el pasado, y que todos aquellos que hayan cometido cualquier tipo de homicidio paguen las consecuencias”, surfeó. Pobre Mauricio: debe ser incómodo estar rodeado de gente que piensa exactamente lo contrario.


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