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Guadalupe Dueñas Condecoración José María Vigil Decreto 7263


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Guadalupe Dueñas

Condecoración José María Vigil

Decreto 7263
Nació en Guadalajara, Jalisco, el 19 de octubre de 1920. Fue una destacada cuentista mexicana del siglo XX. Guadalupe Dueñas de la Madrid fue la hija primogénita del matrimonio de Miguel Dueñas Padilla, de ascendencia española, y Guadalupe de la Madrid García, prima hermana del ex presidente de México, Miguel de la Madrid Hurtado, y nieta de Enrique O. De la Madrid. Su padre fue estudiante del Seminario Católico sólo que, en un viaje a Colima, conoció a una adolescente de catorce años, de origen libanés: Guadalupe de la Madrid y dejó los hábitos. Lo que siguió a este encuentro carece de detalles: la metió en un colegio (pues aún era muy chica para casarse) y cuando tuvo edad suficiente, contrajeron matrimonio y se mudaron juntos a Guadalajara.

La pareja formó familia grande: catorce hijos, de los cuales ocho llegaron a la edad adulta: Guadalupe, Miguel (quien murió en un accidente a los veintitrés años), Carmelita, Gloria, Lourdes, Luz María, Manuel y María de los Ángeles. (Rosas Lopátegui: 46-47). Fuera de estas pequeñas señas familiares, de los primeros años de la vida de Guadalupe se conoce poco salvo lo que varias fuentes repiten: cursó su educación básica en los Colegios Teresianos de la Ciudad de México y Morelia; tomó clases particulares de literatura con Emma Godoy y llevó cursos en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Si bien de los segundos años de la vida de Dueñas no existe suficiente bibliografía en el archivo de la Coordinación Nacional de Literatura se conserva la fotocopia de una entrevista publicada justo después de la muerte de la autora pero que tuvo lugar un día de 1993 en la casa que Dueñas tenía en la avenida Universidad, frente a los Viveros de Coyoacán. Leonardo Martínez Carrizales, el autor de este documento, tenía el propósito de obtener el material suficiente para elaborar una biografía a la manera en que Víctor Díaz Arciniega había hecho la suya sobre el director de la huelga por la autonomía universitaria, Alejandro Gómez Arias.

Los deseos de Carrizales se vieron frustrados: después de Semana Santa, la escritora no lo admitió de nuevo pues debía prepararse, dijo, en silencio para la muerte. Sin embargo, antes del silencio, las palabras recogidas en esa entrevista logran dar con un perfil íntimo de la escritora y sale a escena, por ejemplo, un padre que tenía la idea de la religión de la edad de las cavernas --no, no tanto--, qué le diré, de… pues sí, ¡terrible! […] como una réplica de Isabel La Católica [y de una madre que cuando conoció a Miguel Dueñas era] absolutamente diferente de él, gente de mar, con una familia libre, liberal, como les decían, que no tenían nada que ver con la cosa religiosa […] y… llevábamos una vida absolutamente conventual. Yo no conocía a nadie. Rezábamos el rosario con toda la servidumbre. Las amistades todas eran cristianísimas. De un convento salíamos para otro.

Mi papá [sigue Dueñas] a las seis de la mañana nos levantaba para ir a misa de siete. Y como él se quedó con la cuestión religiosa porque debería haber sido un sacerdote…nos despertaba con “¡viva Jesús!” y yo quedito decía “¡que se muera!”, porque me despertaba, tenía frío y teníamos que ir a la iglesia a misa… Todo eso me ponía trastornada. Y a mis hermanas, a nadie le afectaba. Entonces ellos vieron que yo nací malvada […] Yo realmente toda mi juventud la pasé en el internado. Ya salí señora grande como de dieciocho años. Cuando salí al mundo […] venía encandilada porque de ni de un lado ni de otro.
Primeros escritos

De un encierro al siguiente en un estado de semi-exilio entre las identidades en el que no se sentía “ni de un lado ni de otro", es que Guadalupe Dueñas empezó a escribir: Yo llevaba un diario que llevaban todas las niñas del colegio: no era casual. Ellas lo llevaban y las madres nos decían que sí […] que dijéramos: hoy lunes pasó esto, hoy martes rezamos tal cosa. En fin, cosas de esas. Y yo entonces en ese libro realmente fui yo. Puse todos los odios, el disgusto que me causaba la vida, la decepción en la que estaba, la desesperanza total. Fui muy renegada, y aparte muy alegre. Yo allí hice versos; en fin hice todo lo que creía poder hacer. Me traje el libro, y ese libro que fue tan oscuramente escrito, de cosas que no pasaban, ¡no pasaba nada! Yo decía: ‘hoy es lunes, aquí no pasa nada ni va a pasar nunca jamás. Nada, no hay una monja que se muera, no hay…’ Bueno, cosas horribles [...] Y allí hice muchos versos y muchos medios cuentos que creía yo que eran cuentos y era poesía.

El primer lector de este cuaderno, y los poemas que adentro había, fue su tío, el sacerdote y humanista Alfonso Méndez Plancarte, primo de su padre por la línea materna del apellido Padilla. La importancia de este primer crítico es crucial, pues su consejo, definió en gran parte la prosa de Dueñas: “te va a servir ¡cantidad! [dijo Alfonso Méndez al leer sus poemas] de base para que tú escribas. Pero nunca vayas a publicar un verso. Tú no eres para la poesía, eres para la prosa que ya bastante poética te sale". Dueñas nunca publicó un poema ni hay verso alguno de su autoría, pero siguió escribiendo siempre, donde quiera; "cuadernos y cuadernos de burradas". Y no es sino hasta su regreso de Estados Unidos, al Distrito Federal, "con un corazón diferente, con una mente totalmente diversa" que escribió sus primeros cuentos.

Sin embargo, la historia del comienzo literario de Dueñas es todo menos glamurosa y sí, llena de humor, como sus cuentos. . En una feria del libro, el encargado del estante del Fondo de Cultura Económica le permitió poner su auto publicación a la venta, es decir, unos "cuentitos" forrados "con muy bonitas pinturas, todas chuecas, las vacas deteniéndose en la cola, un éxito, pero no de lo que escribía, sino de lo que pintaba, eso era lo más chistoso".

La jalisciense recuerda ese evento-hito en su vida literaria con estas palabras:

El pobre muchacho [del FCE] se arriesgó bastante al ponérmelos. Y estaba asombrado. [Decía]: “¡no sabe cómo los compran! ¡Tráigame más!” ¡Pero no se me secaban en el sol! Se me movían, se rayaban. Todos chuecos, llevaban faltas de ortografía… ¡No, fabuloso! Por eso les gustaban más [...] En una máquina chiquitita, en una máquina que tiene la letrita pirruñienta ponía las hojitas y las iba haciendo y luego las cosía.

Probablemente este hecho no habría tenido mayor trascendencia si no fuera porque, entre los asistentes a la feria se encontraban los nada desdeñables compradores: don Alfonso Reyes, Octavio Paz, Julio Torri. El tal libro-cuento se les hizo tan chistoso, tan caro (10 pesos), que se los compraron. Les dio ternura, dice, pensaron que probablemente era la obra de una viejita con la suficiente autoestima para poner a la venta sus historias. Sin embargo, Emmanuel Carballo, vio en el cuento de ‘Mariquita’, algo más que sólo un evento curioso y le habló por teléfono a la escritora:

‘Bueno, ya me imagino que usted es una señora mayor, y que no ha de querer venir [dijo Carballo]’. ‘Sí [contestó la joven Dueñas] ya estoy muy viejecita. Ya nada más salgo cuando alguien me lleva, o con el bastón’. ‘[S]í señorita, yo lo comprendo, pero no tenga usted cuidado, nosotros mandamos a [¿?] para recoger eso; ¿pero tiene usted algún otro?’. ‘Sí [...] tengo La tía Carlota’

En realidad, antes de esta publicación en México en la Cultura los cuentos de Dueñas tuvieron tinta de imprenta por primera vez en la publicación que dirigían los hermanos Plancarte (Alfonso y Gabriel), Ábside, revista de cultura mexicana. En el número de julio-septiembre de 1954 aparecieron “Las ratas”, “El correo”, “Los piojos” y “Mi chimpancé” —más tarde distribuidos como una plaquette independiente — y este fue el inicio de una lista de varias colaboraciones en esta revista durante los siguientes tres años .

En 1954 aparecen en la revista de los hermanos Plancarte Ábside cuatro cuentos de Guadalupe Dueñas que serán luego publicados como una plaquette independiente: "Las ratas", "El correo" "Los piojos" y "Mi chimpacé". En 1958 publicó colaboró también en el suplemento México en la cultura, dirigido por Fernando Benítez, del periódico Novedades. Alfonso Reyes, Emmanuel Carballo y José Luis Martínez, ya reconocían entonces a Dueñas como «cuentista poeta» y ese mismo año, el Fondo de Cultura Económica, en su colección de Letras Mexicanas, publica una colección de veinticinco:Tiene la noche un árbol, título hecho con un verso de Muerte sin fin del gran poeta José Gorostiza. El reconocimiento para esta colección, que según algunos reúne lo mejor de su producción, no se deja esperar: al año siguiente, es decir, en 1959, Guadalupe Dueñas recibe el Premio José María Vigil por éste, su primer libro.

A principios de los 60's aparecen en Ábside los cuentos que formarán parte de su segunda colección de cuentos, los cuales serán publicados por primera vez en 1972 bajo el cuidado de la editorial Joaquín Mortiz con el sonoro título de No moriré del todo, línea que también es forma parte de un poema, "Non omnis moriar" del gran poeta mexicano Manuel Gutiérrez Nájera. Entre los años de 1961-1962 fue becaria del Centro Mexicano de Escritores (CME), y compañera de generación de Inés Arredondo (quien ya publicaba en la “exclusivísima" Revista Mexicana de Literatura, Jaime Shelley ("una especie de representante del sonadísimo grupo ‘La Espiga Amotinada’”) y Vicente Leñero y Miguel Sabido.

Durante los años 50's Guadalupe Dueñas trabajó en la Oficina Cinematográfica de la Secretaría de Gobernación como censora de películas y programas de televisión, institución en la cual se mantuvo durante veintidós años (Ortiz Pinchetti). De este oficio Dueñas se expresó de la siguiente manera en una entrevista:

-¿Usted es la que corta los desnudos en las películas? -A falta de partir el bacalao, “corto” los desnudos, pero no todos, porque les dejo las manitas (Méndez, 10).

Para este medio escribió más de cincuenta guiones en sociedad con el escritor Miguel Sabido y el director y actor de telenovelas del canal 4 de Telesistema Mexicano: Ernesto Alonso. Entre estas producciones cabe destacar: Las momias de Guanajuato (1962) inspirada en el cuento “Guía en la muerte” en Tiene la noche un árbol; Leyendas de México (1968) el cual apareció a todo color “en el marco del espíritu nacionalista que desde el Estado se deseaba promover, a raíz de los movimientos socialistas (aunque el enunciado oficial asentaba la necesidad de divulgar las tradiciones mexicanas con motivo de los Juegos Olímpicos)”. Carlota y Maximiliano (1965) escrita en colaboración con Margarita López Portillo. Fue una de las primeras telenovelas históricas mexicanas, cuyo precedente único fue la también censurada producción de Ernesto Alonso Sor Juana Inés de la Cruz en 1962.



En los 70’s, Griselda Álvarez, antes senadora y candidata al gobierno de Colima y, a fines de los setenta, jefa de Prestaciones Sociales del IMSS, invita a Guadalupe Dueñas, a trabajar en el departamento de teatro del IMSS para fungir como censora de las obras que habrían de montarse en los teatros de esa institución en el cuál se difundieron piezas de la dramaturgia universal y de los creadores contemporáneos como Carlos Solórzano y Luisa Josefina Hernández. Murió en México, D.F., 13 de enero del 2002.
http://es.wikipedia.org/wiki/Guadalupe_Dueñas


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