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Guía “Inteligencia y Pensamiento”


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Liceo Manuel Barros Borgoño

Filosofía y psicología

Prof. Yubitza Radovic

Guía “Inteligencia y Pensamiento”

Vivimos en el mundo, adaptándonos a él. La percepción nos da ya una información sobre el mundo y nos permite una primera adaptación. El aprendizaje permite una adaptación mucho más activa, puesto que desencadena respuestas a la realidad que nos rodea. Pero las respuestas aprendidas tienen un carácter de cierta rigidez: son respuestas estereotipadas a situaciones repetidas y sabidas. ¿Qué pasa cuando el animal y el hombre se encuentran en situaciones nuevas y, sobre todo, ante dificultades y problemas?



La Inteligencia y el pensamiento

En muchas ocasiones nos encontramos ante una situación nueva, sobre la cual no tenemos experiencia ni algún aprendizaje que nos ayude a actuar de cierta manera. Es entonces cuando entra en funcionamiento la inteligencia, o “capacidad de resolver problemas”, que poseen también los animales.




Pero quizá sólo el hombre posee otra forma de relacionarse con el mundo: El pensamiento abstracto.

“La inteligencia es la solución de un problema nuevo para un sujeto, es la coordinación de los medios para alcanzar un cierto objetivo que no es accesible de manera inmediata; mientras que el pensamiento es la inteligencia interiorizada, y se apoya ya no sobre la acción directa, sino sobre un simbolismo, sobre la evocación simbólica por el lenguaje, por las imágenes mentales etc., que permiten representar lo que la inteligencia sensorio-motriz, por el contrario, va a captar directamente.” (J. Piaget)




L
a Teoría de Jean Piaget

Jean Piaget, uno de los grandes forjadores de la Psicología del Desarrollo, se inició en este campo haciéndose varias preguntas: ¿Cuáles son las causas que determinan la conducta? ¿Cuándo empieza el pensamiento abstracto? ¿Por qué se cambia? ¿Cómo evoluciona el ser humano? ¿Cómo son los niños?

Para Piaget el desarrollo consiste esencialmente en una marcha hacia el equilibrio, un perpetuo pasar de un estado de menor equilibrio a un estado de equilibrio superior. Piaget hace ver que el niño piensa distinto que el adulto, y que sólo lentamente, por un proceso de adaptación al ambiente, llega a un desarrollo total de sus capacidades intelectuales: primero aparece la inteligencia, y sólo después el pensamiento: “Hay una inteligencia antes del pensamiento, antes del lenguaje”

D

Período sensoriomotriz


El primer período que llega hasta los 24 meses, es el de la inteligencia anterior al lenguaje y al pensamiento propiamente dicho. Es un período de ejercicio de los reflejos en el que las reacciones del niño están íntimamente unidas a sus tendencias instintivas, como la alimentación, y con éste aparecen los primeros hábitos elementales.
Bastará que una acción aporte satisfacción para que sea repetida constantemente por el niño y de esta manera se adquiera un hábito.

Luego de los actos reflejos y de la organización de estos en hábitos, surge la inteligencia práctica o sensorio motriz, en la cuál solo se utilizan percepciones de objetos presentes y movimientos coordinados entre sí.


e esta manera distingue cuatro grandes períodos del desarrollo de la inteligencia en el ser humano:


Hasta 2 años





Periodo de pensamiento preoperacional ( 2-6 años)

Imitando a los adultos , el niño aprende el lenguaje, lo cuál le permitirá dar un enorme paso adelante. El lenguaje le permite reconstruir sus acciones pasadas bajo la forma de relato y anticipar sus acciones futuras mediante la representación verbal. Ello supondrá la posibilidad de hacer intercambios verbales con los demás; y, además, al interiorizarse la palabra, surge el pensamiento como diálogo consigo mismo.

Esta forma de pensamiento denota una nueva forma de egocentrismo infantil. La inteligencia y el pensamiento son funciones de asimilación de lo que se experimenta a los esquemas de la mente. El niño es, pues, egocéntrico porque asimila todas sus experiencias del mundo al modelo de su mundo interior.



Periodo de operaciones concretas (7-11 años)

En este momento, el niño se hace capaz de una cierta lógica. Lo que se adquiere es la capacidad de hacer ya operaciones propiamente mentales, pero concretas: se opera con objetos que tienen que estar presentes, y deben poder ser percibidos y manipulados. Se podría decir que el niño piensa con los ojos y con las manos. Y este tipo de pensamiento es fundamental para la etapa siguiente: el adolescente hará mentalmente lo que primero hizo de niño con las manos y la vista.






Periodo de operaciones formales (desde los 12 años)

Aparece el pensamiento formal, que tiene como característica la capacidad de prescindir del contenido concreto y palpable de las cosas para situar al adolescente en el campo de lo abstracto, ofreciéndole un amplio esquema de posibilidades.


Con la adquisición de las operaciones formales el chico puede formular hipótesis, tiene en cuenta el mundo de lo posible.

Con este tipo de pensamiento es común que confronte todas las proposiciones intelectuales y culturales que su medio ambiente le ha proporcionado y que él ha asimilado, y busque dentro de sí y con el mejor instrumento que tiene (el lenguaje y el pensamiento) la acomodación de estas propuestas, lo que le permite pasar a deducir sus propias verdades y sus decisiones.






Actividad “El pensamiento abstracto”
Ayla es una niña Cromagnon que, tras un terremoto, se pierde de su familia y es adoptada por una tribu de hombres Neandertal, cuyas características físicas y mentales son muy diferentes a las de ella. Lee atentamente la siguiente selección del libro “El clan del oso cavernario” en el cuál, el Mogur, o mago del Clan, pueblo adoptivo de Ayla, se sorprende frente a las capacidades mentales de la niña, y luego responde a las preguntas.
- ¿Cuándo voy a ser mujer?

- Ven acá, voy a ver si puedo explicarlo – dijo, tomando un palito y sacando un cuchillo de silex de su bolsa. Dudaba mucho de que pudiera comprender, pero con eso se acabarían las preguntas.

Los números constituían una difícil abstracción para que los entendiera la gente del Clan. La mayoría no podía pensar más allá e tres: tu, yo y otro. No era cuestión de inteligencia; por ejemplo, Brun1 sabía inmediatamente cuando faltaba uno de los 22 miembros de su Clan. Sólo tenía que pensar en cada individuo, y lo podía hacer rápidamente sin tener conciencia de ello. Pero trasladar a ese individuo a un concepto llamado “uno” exigía un esfuerzo que muy pocos podía lograr: “¿Cómo puede esa persona ser una y otra vez ser también una esa persona… acaso son personas distintas?” era la primera pregunta que solía hacerse.

La incapacidad del Clan para sintetizar y abstraer se extendía a otras áreas de su vida. Tenían un nombre para cada cosa, . Conocían el roble, el sauce el pino, pero no tenían concepto genérico para todos ellos; no tenían una palabra que significara árbol. Cada clase de suelo, cada clase de roca, inclusive las diferentes clases de nieve tenían un nombre. El clan dependía de la abundancia de sus recuerdos y de su capacidad para incrementarlos; casi no se les olvidaba nada. El lenguaje estaba lleno de color y descripción, pero casi totalmente desprovisto de abstracciones. Las ideas eran ajenas a su naturaleza, a sus costumbres y a la manera en que se habían desarrollado. Contaban con Mogur para que se mantuviera informado de las pocas cosas que debían ser contadas: el tiempo entre las reuniones del Clan, la edad de los miembros, la duración de aislamiento después de una ceremonia de apareamiento, y los 7 primeros días de vida de una criatura. El que pudiera hacerlo era uno de sus poderes más mágicos.

Creb se sentó, sostuvo el palito firmemente entre su pie y una piedra.

- Iza dice que cree que eres un poco mayor que Vorn – comenzó a explicar Creb – Vorn ha vivido su año de nacer, su año de andar, su año de mamar y su año del destete – dijo, cortando una muesca en el palo por cada año que indicaba -. Voy a hacer una marca para ti. Esto es lo vieja que eres ahora. Si pongo mi mano en cada marca, cubriré todos estos años con una mano, ¿Ves?

Ayla miró con concentración las muescas, extendiendo los dedos de su mano. De repente su rostro se iluminó.

- ¡Tengo tantos años como esto! – dijo, mostrándole su mano con todos los dedos extendidos - . Pero ¿Cuánto falta para que pueda tener un bebe? – preguntó, mucho más interesada en la reproducción que en los cálculos.

Creb se quedó de una pieza: ¿Cómo había podido captar tan rápidamente la idea esa niña? Ni siquiera había preguntado que tenían que ver las muescas con los dedos ni con los años. Para que Gob. Comprendiera había hecho falta repetirlo muchas veces. Creb hizo tres muescas más y puso tres dedos encima de ellos. Con solo una mano2 le había resultado especialmente difícil mientras estuvo estudiando. Ayla miró la otra mano e inmediatamente alzó tres dedos, encogiendo el índice y el pulgar.

- ¿Cuándo tenga todos estos? Preguntó, mostrando sus ocho dedos otra vez. Creb asintió con la cabeza. Lo que hizo después la niña lo tomó completamente por sorpresa: era un concepto que le había tomado años dominar a él. Ella bajó la primera mano y sostuvo solamente los tres dedos.

- Seré tan grande para tener un bebe dentro de estos años – hizo los ademanes con seguridad, positiva en cuanto a su deducción. El viejo mago se sintió abrumado: no podía creerse que una criatura, y además hembra, pudiera razonar tan fácilmente hasta esa conclusión. Estaba casi demasiado abrumado para recordar que debía dar una respuesta.

- Es probablemente el menor tiempo; pudiera ser más, , éstos más, o éstos más – dijo, haciendo dos muescas más en el palo.- O tal vez más aún. No hay modo de estar seguro.

Ayla arrugó levemente el entrecejo, alzó su dedo índice y después el pulgar.

- ¿Y cómo puedo saber más años? – preguntó.

Creb se quedó mirándola con suspicacia. Estaba llegando a un terreno en el que él mismo encontraba dificultades. Empezó a lamentar haber comenzado. A Brun no le gustaría si supiera que ésta niña era capaz de una magia tan fuerte, magia reservada únicamente a los Mogurs. Pero había picado su curiosidad… ¿Sería capaz de abarcar unos conocimientos tan avanzados?

- Toma tus dos manos y cubre todas las marcas – indicó. Después de que ella hubo ajustado cuidadosamente sus dedos en todas las marcas, Creb hizo una más y puso su dedo meñique encima:

- La siguiente marca esta cubierta por el meñique de mi mano. Después de la primera serie debes pensar en el primer dedo de la mano de otra persona, y después el siguiente dedo de la mano de la otra persona. ¿Comprendes? – preguntó por señas observándola detenidamente.

La niña apenas parpadeo. Miró sus manos, luego la mano de Creb, e hizo la mueca que daba a entender a Creb que estaba contenta. Asintió vigorosamente con la cabeza para indicar que comprendía. Entonces hizo una deducción inmensa, una deducción que estaba casi más allá de los poderes de entendimiento de Creb.

- Y después de eso las manos de otra persona, y las de otra ¿No es así? – preguntó.

El impacto fue demasiado. La mente de Creb experimentó un vértigo. Con dificultad, podía contar hasta 20. Los números más allá de veinte se perdían en una infinidad indistinta llamada muchos. En pocas oportunidades, después de una profunda meditación, apenas había podido captar una visión vaga del concepto que Ayla entendía con tanta facilidad. Su asentimiento fue casi retardado. Acababa de comprender la brecha entre la mente de la niña y la suya propia, y la idea lo sacudió. Se esforzó por recobrar la compostura.


Jean M. Auel, El Clan del oso cavernario.
Preguntas:


  1. ¿ A que periodo del desarrollo de la inteligencia, establecido por Piaget, era lo más a lo que podía aspirar un miembro del Clan? ¿Por qué?

  2. ¿En qué periodo del desarrollo de la inteligencia se encontraba Ayla? ¿Por qué?

  3. ¿Cuál era la diferencia principal en lo que respecta a la mente de un miembro del clan y la mente de Ayla?


Preocúpense de que sus respuestas sean claras, que utilicen para justificar información del texto y la aplicación de la teoría a éste. Pueden también profundizar sus respuestas utilizando ejemplos actuales para explicarse.


1 El jefe del Clan.

2 Puesto que Creb tenía ciertas deformidades, entre las cuales estaba la falta de una mano.


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