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GÉnesis 50: 15-26 Introducción


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GÉNESIS 50:15-26

Introducción
La muerte de Jacob marcó el fin de una época – la de los patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob); y el comienzo de una época nueva – la de las doce tribus de Israel. José era uno de los hijos de Israel; sin embargo, cumplió un papel casi ‘patriarcal’. Por eso, esta última parte de Génesis (al narrar la muerte de José) marca la transición de la era patriarcal a la era de las tribus de Israel.
¿Qué podemos aprender de este pasaje?



  1. LA PREOCUPACIÓN DE LOS HERMANOS (v.15-18)

Ahora que Jacob estaba muerto, todos volvieron a sus vidas cotidianas. José volvió a la vida política en la corte, en la ciudad principal; mientras que sus hermanos volvieron a la vida pastoral en la tierra de Gosén. Pero sus hermanos comenzaron a preocuparse por algo del pasado.





  1. Un Pecado que no Pudieron Olvidar (v.15)

Al volver del entierro de Jacob, los hermanos de José volvieron a sentir una antigua angustia. La expresaron en el siguiente pensamiento: “Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos” (v.15).


José les había perdonado; sin embargo, no pudieron olvidar el mal que le hicieron a José años atrás. Realmente es sorprendente ver cómo nuestra memoria muchas veces nos ‘traiciona’, haciéndonos recordar algún mal que hicimos hace mucho tiempo. A pesar de ser perdonados, tanto por Dios como por las personas afectadas, muchas veces no podemos olvidarnos el mal que hemos hecho a otros.
Por un lado, este recuerdo de su maldad habla bien de los hermanos de José; no pudieron simplemente olvidarse de los hechos que cometieron, como si fueron poca cosa. Pero por otro lado, indica una falta de confianza en José; especialmente en cuanto a su disposición de perdonarles y olvidar el asunto.



  1. Un Pedido que Trajeron a la Memoria (v.16-17a)

Tal fue su preocupación, que enviaron un mensaje a José haciéndole recordar las palabras que su padre, Jacob, pronunció antes de morir (v.16). Según sus hermanos, Jacob había mandado decir a José: “Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron” (v.17a).


Moisés no narra este incidente, pero no hay razón por dudar que efectivamente mandara ese mensaje a José. Seguramente lo hizo poco antes de morir, temiendo que luego de su muerte, tensiones podrían surgir entre sus hijos.
Podríamos criticar a Jacob por no confiar más en la bondad de José, y pensar que aquí tenemos al ‘viejo’ Jacob tratando de arreglar bien las cosas, él mismo, en vez de confiar en Dios. Sin embargo, es un buen padre que anticipa los problemas que podrían surgir entre sus hijos luego de su muerte, y procura hacer algo para minimizar la posibilidad de conflictos familiares.
Aunque Jacob tenía la autoridad para ordenar a sus hijos, adopta una postura de humildad, y simplemente dice: “Te ruego que perdones…”. Es interesante notar que con la excepción de este verso, la palabra en hebreo (‘anna’) sólo se usa para pedir cosas de Dios (2 Rey 20:3; Neh 1:5, 11; Sal 118:25 etc.). ¡Tal era el respecto que Jacob llegó a tener hacia José!



  1. Un Perdón que Volvieron a Suplicar (v.17b-18)

Habiendo dicho, “Tu padre mandó…” (v.16), los hermanos podrían haber pensado que eso era suficiente. Si José cumplió el último deseo de su padre, de ser enterrado en la tierra de Canaán, seguramente podrían confiar que José también acataría la orden de su padre de perdonar a sus hermanos. Sin embargo, no se confiaron simplemente en lo que Jacob le había dicho a José; ellos mismos reconocieron la necesidad de pedir perdón directamente a José.


Lo hicieron usando las mismas palabras de su padre, reconociendo que efectivamente cometieron “maldad”. La palabra en hebreo (‘pesha’) significa ‘transgresión’ o ‘rebelión'. Eso fue lo que los hermanos cometieron – ‘transgresión’ contra José, contra su padre, y contra Dios mismo. Los hermanos no trataron de minimizar lo que hicieron; tampoco trataron de justificar sus acciones. Simplemente confesaron que eran pecadores, y suplicaron el perdón de la persona más afectada por su rebeldía.
Lo interesante es como se describen a sí mismos:


  1. Reconocieron que eran “siervos del Dios de tu padre” (v.17b).




  1. También reconocieron que eran siervos de José (“Henos aquí por siervos tuyos”, v.18b).

La humildad es una de las características de un verdadero arrepentimiento. Lo vemos en la parábola del Hijo Pródigo, cuando él volvió a la casa de su padre, confesando su pecado, y pidiendo que su padre lo tomara como un siervo (Lucas 15:19).


Toda persona que de veras reconoce su pecado, y pide perdón de Dios, tendrá la disposición de ser Su siervo (ver Hch 9:6).

NOTA: El comentarista Matthew Henry hace una observación interesante: “Ahora que la ‘luna’ y el ‘sol’ se habían ocultado, las once ‘estrellas’ rindieron homenaje a José, para el mayor cumplimiento de la palabra profética [en Gén 37:9-10]”.





  1. LA RESPUESTA DE JOSE (v.19-21)

Mientras sus hermanos hablaban, José no pudo contener la emoción que sentía, y comenzó a llorar (v.17b). Muestra una gran sensibilidad de su parte. Cuando se contuvo para hablar, recalcó TRES cosas:




  1. No Soy Nadie Para Juzgar (v.19)

Sus hermanos hicieron mal en venderlo como esclavo; pero José reconoce que todo pecado que se comete, se comete contra Dios, y por ende sólo Dios tiene el derecho de juzgar y castigar. Fue por eso que le dijo a sus hermanos, “No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios?”. José sabía que la venganza le pertenece a Dios, como dice Pablo en Rom 12:19 (ver también Heb 10:30).


Al reaccionar de esa manera, José nos está dando un ejemplo de humildad. Haríamos bien en recordar este ejemplo, la próxima vez que alguien nos hace algún mal, y sentimos el deseo de vengarnos o de juzgar a la persona.



  1. Dios Obró Para Bien (v.20)

José no era ingenuo; se dio cuenta de la maldad de sus hermanos. Lo que hicieron, lo hicieron para mal, queriendo causarle a José un daño irreparable. Querían deshacerse de él completamente, para no tener que verlo más. Ese fue el mal que ellos pensaron hacer contra José.


Pero Dios1 usó el mal que ellos quisieron hacer a su hermano, para el bien de todos – no sólo de José, sino de su padre y de sus hermanos. José resume el bien que Dios trajo de tanta maldad, con las palabras, “para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo” (v.20b).
Aquí vemos la gran soberanía y sabiduría de Dios. Soberanía, en el poder que Él tiene para sacar provecho de la maldad de los hombres; y sabiduría, al llevar a José a Egipto para prepararlo (por medio de las pruebas), para llegar a ser el gran salvador de su pueblo.
“Cuando Dios permite a los hombres cometer grandes maldades, Sus propósitos son muy diferentes a los de los hombres que cometen la maldad. Ellos lo hace para causar daño a otras personas; pero Dios lo permite, para sacar algún provecho, cumpliendo Sus propósitos por medio de la maldad de los hombres”.



  1. Yo les Cuidaré(v.21)

La humildad y la mansedumbre de José le llevaron a perdonar a sus hermanos (v.19).


La piedad y la espiritualidad de José le llevaron a ver la mano de Dios obrando en medio de la maldad de sus hermanos, para lograr Sus propósitos (v.20).
El amor y la misericordia de José le llevaron a prometer cuidar a sus hermanos, y a suplir todas sus necesidades: “yo os sustentaré a vosotros”, les dijo; “y a vuestros hijos” también (v.21a).

Hablando de esta manera, José “los consoló, y les habló al corazón” (v.21b). No sólo les levantó el ánimo (“consoló”), sino que les ‘conquistó’ con su amor. La frase, “les habló al corazón” es una expresión (un modismo hebreo) que se usa para describir cómo un joven conquista el corazón de una doncella (ver Gén 34:3). Esto es lo que Dios hace cuando quiere ganar otra vez el corazón de Su pueblo, que le ha sido infiel (Oseas 2:14).


REFLEXIÓN: ¡Qué ejemplo nos da José de lo que es ser un verdadero creyente! Él no era sólo un creyente de palabras, sino de acción; demostraba su fe, no sólo por lo que decía, sino por lo que hizo, y por las actitudes que mostró.



  1. LAS BENDICIONES DE JOSÉ (v.22-26)

Aunque José siguió viviendo en Egipto, ocupando un puesto político de gran envergadura, Moisés no menciona más ese aspecto de su vida. Simplemente afirma: “habitó José en Egipto” (v.22a). Habiendo entendido que el propósito de Dios al prosperarlo en Egipto fue salvar la vida de su familia, José ya no tuvo mucho interés en las riquezas materiales que Egipto ofrecía.


Moisés concluye el relato de la vida de José narrando, no tanto las bendiciones que Egipto le ofreció, sino las bendiciones que Dios le dio. Podemos notar TRES de ellas:



  1. La Bendición de una Larga Vida (v.22, 26)

José no vivió tantos años como su padre, pero cuando llegó al fin de su vida, y miró hacia atrás, pudo ver la bendición de alcanzar los 110 años de edad. Fue una tremenda bendición, porque fácilmente pudo haber muerto como adolescente (a manos de sus hermanos, en el viaje a Egipto, por la acusación de la esposa de Potifar, o en la cárcel). Fue Dios quien lo liberó de todas esas calamidades, y al fin de su vida bendijo a Dios por los años de vida que le permitió tener sobre la tierra.





  1. La Bendición de Muchos Descendientes (v.23)

José salió de la casa de su padre con manos vacías. Pero cuando murió, estaba rodeado de muchos descendientes. No sólo sus hijos, sino también sus nietos y bisnietos (“hasta la tercera generación”, v.23). Para un descendiente de Abraham esa era una gran bendición – parte del cumplimiento de la promesa dada por Dios al ‘padre’ de la nación de Israel.


Es interesante notar que no leemos de otros hijos de José, aparte de Efraín y Manasés. Sabemos que tuvo más, por las palabras de Jacob en Gén 48:6, “Y los que después de ellos [Efraín y Manasés] has engendrado serán tuyos…”. Pero esos hijos desaparecieron de la historia sagrada2.


  1. La Bendición de Morir Creyendo en Dios (v.24-26)

La Biblia dice que Moisés decidió alejarse de las riquezas de Egipto, para mantener su fe en Dios (Heb 11:24-27); y fue en el desierto, lejos del materialismo y el poder de Egipto, que conoció más de cerca a Dios, y maduró en su fe. La experiencia de José fue muy diferente. Él no se alejó de Egipto; pasó casi toda su vida en ese país, y al final, cuando murió, fue enterrado en Egipto.


Sin embargo, a pesar de vivir tantos años rodeado de riqueza y poder político, la vida espiritual de José no menguó. Hasta el final, mantuvo su fe en Dios; y sus últimas palabras reflejan la vitalidad de su vida espiritual.


  1. Dios os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac, y a Jacob” (v.24b). Estas palabras revelan que a lo largo de su vida, José mantuvo su confianza en las promesas de Dios. Vivía a la luz de ellas. Estaba ‘en el mundo’ (Egipto), pero no era parte de ese ‘mundo’. Su mente estaba puesta en las promesas de Dios.

ii. “E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos” (v.25). Su padre pidió ser enterrado en la Tierra Prometida (ver v.5); eso quizá no fue factible para José – él fue enterrado en Egipto (v.26). Pero antes de morir, pidió a sus familiares que le hicieran una promesa: ‘Cuando por fin salgan de Egipto, lleven mis huesos con ustedes’.


¡Qué buen ejemplo dejó a los demás hijos de Israel! Murió a los 110 años de edad, firme en su fe; una fe que tuvo desde joven, y que no menguó a lo largo de los años.

Conclusión
En José tenemos una ilustración de la bendición prometida en Apo 14:13,
Bienaventurados…los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen.
La fe de José marcó un hito en la historia de Israel, y su vida y testimonió sirvió para mantener la fe de los hijos de Israel a lo largo de los años de esclavitud. Unos trecientos años después, cuando Dios cumplió Su promesa, y el pueblo de Dios salió de Egipto para ir a la Tierra Prometida, se acordaron del pedido de José, y llevaron sus huesos con ellos (ver Éx 13:19). Los huesos fueron enterrados en una parcela de tierra que su padre Jacob compró (ver Josué 24:32). Descansó de su trabajo terrenal, pero recibió el fruto de su fe. Y ahora goza una mayor herencia, de la cual la Tierra Prometida fue sólo un símbolo y un anticipo.
Quizá sus restos terrenales no fueron sepultados al lado de Abraham, Isaac y Jacob; pero su espíritu goza de la misma presencia del Señor, juntamente con los espíritus perfeccionados de sus ancestros (Heb 12:23b).


1 El nombre que José usa para “Dios”, aquí, es ‘elohim’, que significa ‘el poderoso’.

2 Hay algunos datos acerca de los descendientes de José, en 1 Crón 7:14-29, pero no es fácil entender todos los detalles en ese pasaje.


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