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Género Dramático. Orígenes del género dramático en grecia. 1 La tragedia 1 Origen


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Obras: El zapatero y el rey, Traidor, inconfeso y mártir, Don Juan Tenorio.

7. EL TEATRO EN EL REALISMO.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, en Europa se reaccionó contra el idealismo romántico.

La realista imagen del hombre se vio favorecida por un desarrollo de nuevas corrientes ideológicas, como la ciencia experimental o la teoría evolucionista. Por otra parte, el avance cada vez mayor del progreso material, unido al problema económico, se convirtieron en dos importantes factores que incidieron en la nueva concepción de la realidad. Las obras dramáticas realistas son expresión crítica de la sociedad. Al escritor le interesa describir y examinar en forma objetiva, y sin intercepción de sentimientos, el mundo inmediato que lo rodea.

a) Henrik Ibsen, noruego (1828–1906).

Sus primeras creaciones están inspiradas en obras románticas. Por su producción dramática se le considera como un renovador de la escena moderna, en especial en lo relacionado al “teatro de ideas”, de aguda crítica social contra los prejuicios y corrupciones. Durante un tiempo, tiene a su cargo el Teatro Nacional de Oslo. Sus temáticas se refieren a problemas sociales. Entre ellos, adquiere relevancia la liberación de la mujer. En la construcción del texto, le preocupa, de modo particular, la composición dramática, el desarrollo psicológico de los personajes y un adecuado uso del lenguaje.



Obras: Un enemigo del pueblo, Peer Gynt, Casa de muñecas, La dama del mar, Espectros.

b) Antón Chéjov, ruso (1860 – 1904).

Su obra La gaviota, de notable realismo poético, es elegida para iniciar las actividades del recién creado Teatro del Arte de Moscú, bajo la dirección de Stanislavski. Se le considera el creador del teatro ruso moderno. Fue tan célebre como maestro de la novela corta y como autor dramático. El Chéjov dramaturgo describe la decadencia de la burguesía rusa a fines del siglo XIX.



Obras: La gaviota, Tío Vania, Las tres hermanas, El jardín de los cerezos.

c) George Bernard Shaw, inglés (1858 – 1950).

Participa en la fundación del Teatro Independiente de Londres. Allí se estrena, en 1892, su obra Casa de Viudos. Escribe comedias realistas de gran agilidad en los diálogos. En su obra se plantean críticas hacia la injusticia, la hipocresía y los tabúes de la burguesía inglesa.



Obras: Pigmalión, Santa Juana, Casa de Viudos, La profesión de la señora Warren.

8. EL TEATRO CONTEMPORÁNEO.

8.1 El teatro épico.

Plantea obras de gran contenido social y una continua crítica al sistema social vigente. Su máximo representante es Bertolt Brecht.

Bertolt Brecht, alemán (1898–1956).

Para Brecht, el teatro debe ser consecuente con el momento histórico en que uno vive. Se define a sí mismo diciendo: “Soy un dramaturgo. Muestro lo que he visto en los mercados de la Humanidad. He visto cómo se comercializa con la especie humana”. En sus obras propone sencillez expositiva, diálogos cortantes y esquemáticos y el uso de la parábola como línea dramática. Considera fundamentales el uso del humor y de la ironía. Junto con adaptar textos y ejercer la crítica teatral, Brecht establece las bases estéticas y éticas de un nuevo teatro. Crea una nueva manera de hacerlo y verlo. Estos postulados los publica en 1948, con el nombre de El pequeño organón.



Obras: Madre coraje, El círculo de tiza caucasiano, La ópera de tres centavos.

8.2 El teatro del absurdo.

Presenta una visión deformada y grotesca de la realidad, con el propósito de hacer notar la incongruencia del accionar humano. Desarrolla el tema de la incomunicación, que se expresa en la soledad del hombre, desvinculado de la sociedad y transformado en un ser enajenado. Al dramaturgo no le interesa el desarrollo de conflictos, por ello, se observa una mínima tensión dramática. Su interés se centra en mostrar la sociedad con sus defectos y con rasgos de deshumanización.

Eugene Ionesco, rumano (1912 – 1994).

Es el principal punto de referencia en el concepto de teatro del absurdo. Se educa en

Francia. En 1950 encabezó la Escuela Dramática de París. Ionesco considera que el hombre cae en el absurdo y en la incomunicación cuando se aleja de sus raíces religiosas, metafísicas y trascendentes.

Obras: El rinoceronte, La cantante calva, Las sillas, La lección, El rey se muere.

ALGUNAS OBRAS DRAMÁTICAS REPRESENTATIVAS DE LOS PERÍODOS HISTÓRICOS.

1. PERÍODO CLÁSICO.

Esquilo: “Orestíada” (458 a.C.)

La única trilogía del autor griego que ha permanecido completa es la Orestíada, su obra maestra. Fue escrita en el 458 a.C. y está compuesta por Agamenón, Las coéforas y Las euménides. Entre ellas, el tema común es el de la culpa y su expiación. La Orestíada narra la muerte de Agamenón, tras su regreso victorioso a Troya, a manos de su esposa Clitemnestra y del amante de ésta, Egisto (Agamenón); la venganza de Orestes, hijo de Agamenón, que informado del crimen por su hermana Electra, da muerte, a su vez, a Clitemnestra, su madre, y a Egisto (Las coéforas), y el juicio y exculpación de Orestes (Las euménides).

Sófocles: “Edipo Rey” (430 a.C.)

La presentación del conflicto anticipa la tragedia y expone la superioridad del poder divino sobre la voluntad individual. El dios Apolo pide castigo para el asesino del rey Layo, pues su presencia ocasiona las pestes que afectan a Tebas. Edipo acude donde el adivino Tiresias, quien le profetiza su futuro: vagará por tierras extrañas como mendigo por voluntad del dios. Edipo había huido de Corinto para escapar al augurio del oráculo: mataría a su padre y se casaría con su madre, sin saber que Pólibo no era su verdadero padre. En su camino, encontró a un anciano, con quien discutió y a quien mató sin saber que era su verdadero padre, el rey Layo. Llegado a Tebas, encontró la ciudad desolada: una esfinge exigía víctimas humanas hasta que alguien resolviera el enigma que planteaba. La reina viuda, Yocasta, había prometido casarse con quien librase a la ciudad del monstruo. Edipo resolvió el enigma y se casó con su madre, con quien tuvo cuatro hijos. Las revelaciones del adivino Tiresias hicieron conocer a Edipo y Yocasta la tragedia de que eran protagonistas. Yocasta se suicida, ahorcándose, y Edipo, con un broche del vestido de ella, se hiere los ojos, quedando ciego. Desesperado, Edipo solicita a Creonte, su cuñado y sucesor en el trono, que lo destierre.

2. PERÍODO MEDIEVAL.

Fernando de Rojas: “La Celestina” (1499)

A fines de la Edad Media, surge una obra dramática que se anticipa a la dramaturgia moderna. Se publicó en Burgos, 1499, con el título de Tragicomedia de Calisto y Melibea. La obra fue compuesta durante el reinado de Isabel y Fernando (1474–1504), justo en el tránsito final de la Edad Media al Renacimiento. A comienzos del siglo XVI se comienza a llamarla Celestina en vez de Calisto y Melibea. La trama básica se sintetiza así: el joven y rico Calisto se enamora apasionadamente de Melibea, hija de unos ricos burgueses de la ciudad, que en un principio lo rechaza. Con la ayuda de unos criados, Pármeno y Sempronio, y de la vieja alcahueta Celestina, Calisto consigue relacionarse con Melibea. La jovialidad juvenil y pura del amor y el proceso del romance cada vez más apasionado, se convierten en placer prohibido y, fatalmente, en dolor y muerte. En esa contraposición de placer y dolor, de amor y muerte, está la esencia del conflicto de la obra. Una noche, tras una visita clandestina al jardín de Melibea, Calisto muere al caer de la tapia del huerto, ante lo cual ella se suicida, incapaz de vivir sin su amante.

3. RENACIMIENTO.

William Shakespeare: “Hamlet” (1604)

William Shakespeare, inglés, desarrolló las ideas y conceptos del Renacimiento sobre el ser humano. Escribió Hamlet entre 1600 y 1601, basándose en un texto dramático sobre las querellas dinásticas en la Dinamarca del período medieval; sin embargo, no se centró tanto en la trama histórica como en la tragedia personal del joven Hamlet. Estructuralmente, el tema central de esta obra es la venganza que debe cumplir el príncipe de Dinamarca, por mandato expreso de su padre, cuyo espectro le revela que fue su tío Claudio quien lo asesinó para usurpar el trono y casarse con la reina Gertrudis, madre de Hamlet. El príncipe se sumerge en un pesimismo existencial, al considerar que la maldad y la mentira son la guía de todas las actitudes morales, que ejercen en él un paulatino proceso de degradación moral. Ofelia, enamorada de Hamlet, loca de desesperación tras la muerte de su padre, Polonio, muerto por el príncipe al creer que era su tío Claudio, se ahoga en el río a orillas del cual cogía flores. Hamlet es el hombre contemplativo, acosado por dudas, reflexivo, que actúa en rebeldía frente a su entorno, intentando cumplir con el mandato de su padre.

Sucumbe agobiado por el papel que le obliga a representar la fatalidad de las circunstancias. Las acciones culminarán con la tragedia del último acto, que lleva a la muerte al propio protagonista.

Lope de Vega: “Fuenteovejuna” (1619)

Un ejemplo típico del carácter popular de la propuesta dramática del español Lope de Vega es Fuenteovejuna. Responde al planteamiento de un conflicto entre la nobleza y el pueblo: el comendador Fernán Gómez de Guzmán burla a numerosas mujeres del pueblo de Fuenteovejuna; atropella la autoridad de los alcaldes; castiga injustamente a los hombres. Laurencia, hija de uno de los alcaldes y prometida a Frondoso, resiste las infames pretensiones del comendador, quien la consigue a la fuerza después de apresar al novio el mismo día de la boda. El pueblo se rebela dando muerte al tirano. Los jueces no consiguen averiguar quién es el autor del crimen, pues los rebeldes valientemente atribuyen el hecho a todo el pueblo. Al fin, los Reyes Católicos perdonan la rebelión. El desenlace es reflejo del sentido popular de la monarquía, a la que Lope de Vega respetaba y amaba con absoluta fidelidad.

Tirso de Molina: “El burlador de Sevilla” (1630)

La obra aparece por primera vez en una colección de comedias publicadas en Barcelona el año 1630 con el nombre El burlador de Sevilla y convidado de piedra. El protagonista es Juan Tenorio, seductor y burlador de jóvenes incautas. Comienza la obra con el diálogo entre el Tenorio, embozado, y la duquesa Isabela; él la ha burlado haciéndose pasar por su prometido, el duque Octavio. Protegido por su tío, Pedro Tenorio, don Juan logra huir en compañía de su criado, el gracioso Catalinón. Naufragan y llegan a nado a una playa de Tarragona, donde la pescadora Tisbea se enamora perdidamente del náufrago; éste intenta engañar en Sevilla, haciéndose pasar por el marqués de la Mota, a doña Ana de Ulloa, pero al escapar lucha contra el comendador don Gonzalo, padre de Ana, y le da muerte. Nueva huida del burlador y su criado y, en el camino, nuevo encuentro con una muchacha humilde, la bella Aminta, que celebra sus bodas con el labriego Batricio. Don Juan la toma para sí y continúa su camino. En Sevilla, frente al sepulcro del comendador, se burla e invita a la estatua a cenar a su casa, invitación que es aceptada. Cuando la cena termina, don Juan da la mano al comendador y se abrasa en su fuego. Así recibe castigo el burlador. El rasgo predominante del Tenorio es su insatisfacción permanente, conquistador incansable.



4. PERÍODO BARROCO.

Pedro Calderón de la Barca: “La vida es sueño” (1636)

En las creaciones dramáticas de Calderón se concentra todo el valor creativo del Barroco español. Sus dramas religiosos y, asimismo, los filosóficos, proyectan la visión de una humanidad ideal, agitada por un anhelo desbordante de comunión con la divinidad. Su principal comedia filosófica es La vida es sueño. Muchos sermones religiosos de la época insistían en la consideración de la vida como un sueño del que se despertaba en la muerte.

Es un pensamiento semejante al de la vida como comedia, pues en ambos aquélla es algo meramente transitorio y que se justifica sólo por el más allá. La idea expresada en el título de la obra de Calderón se desarrolla admirablemente en los monólogos de Segismundo, lamentaciones pronunciadas desde la prisión en que su padre, el rey Basilio, lo ha confinado para evitar que se cumplan infelices presagios. A fin de probarlo, el monarca le da un narcótico y lo lleva a palacio: Segismundo actúa en forma abominable, con lo que Basilio cree confirmados los pronósticos y hace regresar al hijo a su prisión; pero el pueblo se subleva a favor del heredero, y éste, cambiado interiormente por su experiencia anterior, asume el poder y actúa con justicia y bondad. Segismundo busca ahora la vida superior que no perece, desengañado de la fortuna del mundo. Prevalece la búsqueda de lo inmutable y lo infinito.



5. PERÍODO NEOCLÁSICO.

Moliére: “Tartufo” (1664)

En Francia, los escritores más representativos del período neoclásico, época de Luis XIV, son Moliére, Racine y La Fontaine. El mayor éxito de Moliére fue el estreno de Tartufo, en 1664. Por medio de un diálogo de enorme sutileza y fuerza cómica, el dramaturgo presentaba la figura de un hombre sensual y lujurioso que, bajo la apariencia de un virtuoso asceta, logra aprovecharse de la confianza de su protector e incluso volverlo contra su familia, y sólo es desenmascarado cuando intenta seducir a la dueña de casa. La crítica de la hipocresía religiosa que parecía subyacer en el texto dramático, puso en contra de Moliére al clero católico, que logró la prohibición de Tartufo por cinco años. Tartufo es un personaje representativo de la sociedad francesa que vive de las apariencias en el siglo XVII. Su piedad es una farsa que le permite obtener, primero, la confianza de un honesto burgués, Orgón, y, después, los bienes de éste. Es quien presume de católico, anhela fervorosamente los bienes materiales y con una pseudodevoción disfraza sus reales intenciones. La mirada de Moliére devela los vicios que la sociedad francesa de la época debe corregir. Y el estilo cómico es su recurso infalible.

Leandro Fernández de Moratín: “El sí de las niñas” (1806)

La comedia titulada El sí de las niñas es la más clara exponente de las ideas y la sensibilidad neoclásicas en España. El argumento muestra a Paquita, una muchacha joven, enamorada de un apuesto militar, don Carlos, sobrino de don Diego, prometido oficial de la muchacha. Este último ignora el amor que existe entre ambos jóvenes. La culpa de esta falsa realidad la tiene la madre de Paquita, al desconocer los verdaderos sentimientos de su hija. Del mismo modo, ignoran los sentimientos de la joven las religiosas del convento donde se ha educado. Cuando don Diego se entera de que ambos jóvenes están enamorados, generosamente renuncia a la mano de su prometida. El desarrollo del conflicto del triángulo amoroso sirve para mostrar vicios sociales y enseñar normas de comportamiento.

6. EL PERÍODO ROMÁNTICO.

Johann Wolfgang von Goethe: “Fausto” (1808 y 1832)

La inmensa obra de Goethe, que intentó reflejar la armonía entre la razón y sentimiento, entre hombre y naturaleza, hizo de él no sólo el más célebre escritor alemán de todos los tiempos, sino una de las más geniales e influyentes figuras de la literatura universal. La primera parte del Fausto se publicó en 1808 y la segunda parte, en el mismo año de la muerte del escritor, 1832. Goethe presentó la lucha de un hombre entre el anhelo de elevación espiritual y el apego a lo meramente terrenal. Al comienzo del Fausto, el demonio, Mefistófeles, apuesta contra Dios; se trata de apartar a Fausto, investigador infatigable, que pretende descifrar racionalmente el misterio del ser, de su afán y búsqueda sincera de la verdad. Insatisfecho de las respuestas racionalistas, Fausto, a punto del suicidio, formaliza un pacto con Mefistófeles, en el cual éste le ofrece la felicidad a condición de obtener su alma. Fausto es rejuvenecido y su pasión se desborda. Con todo, Mefistófeles no logra hacer olvidar a Fausto a su amor, Margarita, encarcelada por infanticidio. Terminala primera parte con la pérdida de la amada, pero el Fausto romántico recibe el don de las fuerzas cósmicas en la segunda parte. Goethe nos conduce a través de un laberinto de personajes y situaciones al momento crucial de la obra: la unión de Fausto y Elena. De esta unión nace Euforión, ávido de vida y afán de superación. Fausto, ya anciano, ya no quiere dar prueba de su poder, sino ofrecer cobijo y libertad a la gente humilde. Muere y el infierno reclama su alma; no obstante, los ángeles la recogen, proclamando que pueden salvar “al que no cesa de esforzarse”.

José Zorrilla: “Don Juan Tenorio” (1844)

José Zorrilla, en su drama fantástico–religioso, recoge la figura del Burlador de Sevilla popularizada por Tirso de Molina y la adapta a la sensibilidad romántica. Don Juan simboliza al hombre libre, individualista, aventurero y rebelde que sólo aspira a gozar temerariamente del amor y del mundo, sin pensar en el castigo divino por su irreverente existencia. Pero la diferencia fundamental entre ambos don Juanes consiste en que el de

Zorrilla se enamora definitivamente de doña Inés y aspira a formar con ella un hogar. Don Juan ha sufrido un cambio completo. Busca en la mujer la virtud, quiere ser un esclavo de la hija del comendador, ofrece renunciar en favor de ésta a su libertad económica y de cualquier otro tipo. El amor de la hermosa y apasionada doña Inés ha de significarle también la salvación eterna, desenlace opuesto al de la obra de Tirso. En ésta se mantienen constantemente los caracteres distintivos del protagonista y, por lo mismo, el autor debía castigarlo haciéndolo ir al infierno. Por su parte, Zorrilla también es consecuente al proponer un desenlace feliz, ya que el amor auténtico alcanza la misericordia de Dios.



7. PERÍODO REALISTA.

Henrik Ibsen: “Casa de muñecas” (1880)

Henrik Ibsen, el genial dramaturgo noruego, se convirtió en el más duro fustigador de los convencionalismos e hipocresías sociales de su época, en adalid de la lucha del individuo contra las gruesas imperfecciones del sistema, en airado defensor de la libertad individual.

La trama inicial de Casa de muñecas presenta un matrimonio convencional, donde a él se le representa como depositario de la razón, la capacidad de reflexión y cálculo, el trabajo, el esfuerzo, la protección, la seguridad en sí mismo: un personaje decepcionante, esclavo del código social. A ella, la sumisión, la inmadurez, el infantilismo, el papel de niña, de muñeca necesitada de protección y tutela, primero paterna, después conyugal. Bajo esta superficie, sin embargo, Nora oculta un secreto que irá rompiendo progresivamente ese feliz y artificial reparto de papeles. La petición de un préstamo con la firma falsificada de su padre ha sido motivado por el amor hacia su esposo, para salvarle de una grave enfermedad, pero ocultándole la petición del préstamo para no herirle en su amor propio. Ibsen logra, a través de Nora, saltar sobre los convencionalismos burgueses de su época, denunciar a través de su personaje la esclavitud de las apariencias y la obsesión de la época con la salvaguarda y protección de la reputación social y el honor.

George Bernard Shaw: “La profesión de la señora Warren” (1898)

Las comedias del escritor británico George Bernard Shaw plantearon por medio de la ironía y la sátira intelectual los problemas y contradicciones morales de la sociedad de su tiempo. Fue, sin duda, Ibsen el autor que más influyó en su vocación como dramaturgo, y de él se considera que adoptó la fórmula del drama de ideas. Como una acusación a la moral sexual escribió La profesión de la señora Warren. En su prólogo expresa: “...fue escrita en 1894 para llamar la atención acerca de que la verdadera causa de la prostitución no es la depravación femenina ni el desenfreno masculino, sino simplemente el hecho de que a las mujeres se les paga, se las valora y se las sobrecarga de trabajo de manera tan vergonzosa, que las más pobres recurren obligadamente a la prostitución para sobrevivir.” Shaw fue un creador genial de conversaciones, diálogos y discusiones llenos de inteligencia y de ingenio, y esta cualidad extraordinaria lo situó en un alto nivel artístico, lo que lo llevó a obtener el Premio Nobel de Literatura en 1925.

Antón Chéjov: “El jardín de los cerezos” (1904)

El ruso Antón Chéjov, mediante un realismo poético, trató magistralmente la lenta agonía de la burguesía rusa, ahogada en la monotonía y el tedio de su propia vida. En esta obra, el protagonista es el mismo jardín de los cerezos, verdadero jardín encantado, con sus árboles siempre en flor y en cuya espesura cantan los pájaros; el jardín cae, finalmente, abatido por las despiadadas exigencias de la vida de los negocios, pero demasiado tarde para salvar a sus propietarios, que han preferido llegar a la ruina antes que destruirlo. La comedia termina con el desalojamiento de la casa, desde la que cada cual se encaminará hacia su nuevo destino, mientras el ruido del hacha anuncia el corte del primer cerezo.



8. PERÍODO CONTEMPORÁNEO (SIGLO XX).

Bertolt Brecht: “Madre Coraje” (1941)

En el siglo XX, la creación dramática rompe con la tradición inmediata y entra en un período renovador. Bertolt Brecht, basándose en la ideología marxista, desarrolló su teoría del “teatro épico”, que él oponía al “teatro culinario”, en el que el público queda fascinado por la intriga e inmerso en ella. La acción dramática queda supeditada al contenido ideológico.

En esta obra, Anne Fierling, conocida entre los soldados por Madre Coraje, es una cantinera que sigue a los ejércitos suecos o imperiales por los campos de batalla, arrastrando su carro en el que vive y duerme y en el que transporta sus bienes y familia. Dos de sus hijos van al frente y su hija muda permanece con ella. Madre Coraje trata de sobrevivir con su hija y con su carro vendiendo mercancías donde puede, pero sucumbe ante el poder destructivo de la guerra. Ella es un ejemplo de supervivencia y de la necesidad de estar al límite para apreciar lo esencial y lo que realmente importa.

Eugéne Ionesco: “La cantante calva” (1950)

En la expresión dramática del siglo XX, la obra de Eugéne Ionesco, dramaturgo francés de origen rumano, estableció un punto de referencia conocido como teatro del absurdo. La cantante calva es la comedia prototipo del período. Su título alude a un personaje desconocido, que se menciona en un diálogo incoherente: “–A propósito, ¿y la cantante calva?” Respuesta: “–Sigue peinándose de la misma manera.” La obra carece de argumento. Expone los diálogos entre dos matrimonios, los Smith y los Martin, una sirvienta y un capitán de bomberos. El final de la obra muestra las simultáneas intervenciones de los personajes con destemplados gritos en la oscuridad, tras lo cual se ilumina la escena con la presencia del matrimonio Martin, sentado junto a una chimenea, expresando el mismo diálogo que pronunciara el matrimonio Smith al comienzo de la obra.

A través de frases hechas carentes de significado, diálogos que, en realidad, son trágicos monólogos, paradojas e incoherencias, Ionesco convirtió a sus personajes en seres grises que se debaten en una existencia igualmente gris, en grotescas marionetas, cuyos ridículos diálogos sirvieron para denunciar la ausencia de comunicación en las relaciones humanas.

EL GÉNERO DRAMÁTICO EN CHILE

1. Desarrollo histórico.

La creación dramática en Chile amanece con el movimiento intelectual de 1842. En esta etapa se enfatiza el detallismo costumbrista del realismo, en que se asocian, especialmente hacia fines del siglo XIX, lo irónico con lo crítico. Se destacan las características psicológicas del hombre de clase media o de extracción campesina. A esta etapa pertenece Daniel Barros Grez (1834–1904). Entre sus obras destacan Como en Santiago (1875) y Cada oveja con su pareja (1879).

A mediados del segundo decenio del siglo XX, empiezan a notarse las influencias del comediógrafo y actor español Manuel Díaz de la Haza. La figura sobresaliente del período es Armando Moock (1894–1942), quien demuestra gran habilidad en el manejo de los diálogos, especialmente en Pueblecito (1918), donde los caracteres y el ambiente provincianos aparecen estudiados prolijamente. Pertenece también a este período Germán Luco Cruchaga (1884–1936) con su éxito La viuda de Apablaza (1928), movido drama de asunto rural.

Desde la fundación del Teatro Experimental de la Universidad de Chile (1941) y del Teatro de Ensayo de la Universidad Católica (1942), hubo un salto cualitativo muy importante en la dramaturgia chilena. Los temas se universalizan y salen del retrato regional. Surge una visión trascendentalista y una búsqueda de la “chilenidad” en sentido profundo y no meramente costumbrista, expresada en un neorrealismo y en un concepto de antiteatro, símil de Brecht o Ionesco.

Además, la creación de compañías teatrales autónomas, como el teatro ICTUS, en la segunda parte del siglo veinte, incentiva la participación de excelentes dramaturgos. Valores sobresalientes de esta época son: Fernando Cuadra, Luis Alberto Heiremans, Sergio Vodanovic, Egon Wolff, Jorge Díaz, Alejandro Sieveking y Marco Antonio de la Parra.

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