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Género Dramático. Orígenes del género dramático en grecia. 1 La tragedia 1 Origen


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Género Dramático.

ORÍGENES DEL GÉNERO DRAMÁTICO EN GRECIA.

1.1 LA TRAGEDIA

1.1.1 Origen

La tragedia es la creación artística más representativa de la democracia ateniense. En ningún género se expresan tan inmediata y libremente los íntimos antagonismos de su estructura social como en ella. Su forma exterior –su representación en público– es democrática; su contenido –la leyenda heroica y el sentimiento heroico–trágico de la vida– es aristocrático.

Desde el principio, la tragedia se dirige a un público más numeroso y de más variada composición que el del canto épico o la epopeya, destinados a los banquetes aristocráticos; mas, por otro lado, está orientada hacia la ética de la grandeza individual, del hombre extraordinario y superior.

Existe consenso general en señalar que el teatro nació en la Grecia antigua, en época anterior al siglo V a.C., probablemente entre los siglos VII y VIII. En Atenas había varias fiestas consagradas a Dionisos, dios de la vegetación y de la vendimia. En las grandes Dionisíacas, fiestas de la primavera, se paseaba, anualmente, la imagen del dios seguida de un cortejo de jóvenes disfrazados de sátiros (divinidad campestre con figura de hombre barbado, patas y orejas cabrunas y cola de caballo o de chivo). Ante el altar del dios se entonaba una especie de cántico acompañado de flautas, llamado coro trágico (tragos significaba macho cabrío), porque los cantores estaban disfrazados como tales. Luego, a los sátiros se agregó un hombre con máscara que representaba al dios Dionisos, quien dialogaba con los sátiros. Se representaron escenas de la vida del dios. Pronto se empezaron a representar las aventuras de los demás dioses y las de los héroes.

Con Esquilo se creó definitivamente la tragedia: en vez de un actor, hizo aparecer dos, y el diálogo entre los actores vino a ser la parte importante de la representación. Estos actores se caracterizaban como: protagonista (“primer luchador”), el principal, quien iniciaba la trama y hacía las veces del héroe; y antagonista (“luchador opuesto”), que se interponía en el propósito del protagonista. El coro ocupaba un papel destacado, pues era la voz de la mayoría, representación del pueblo, que entraba en relación dialógica con los actores. En estos inicios, el coro debía ser homogéneo: todo integrado por ancianos o por doncellas o por mancebos; incluso, podía estar compuesto sólo de personajes mitológicos

1.1.2 Características de la tragedia griega.

Ya Aristóteles destacó como fundamental componente emocional de la tragedia la catarsis, o purgación de las pasiones mediante el terror y la piedad. Otro componente trágico es la hamartia o error de juicio e ignorancia de culpabilidad del héroe, que desencadena el proceso que culminará en la catástrofe (abatimiento, destrucción). Asimismo, la hybris, arrogancia irracional del héroe que persevera en su acción, a pesar de las advertencias y que lo hará enfrentarse con su destino, cumplirá un papel fundamental.

También el pathos, sufrimiento del héroe, quien vivencia una dolorosa soledad, será clave para el desarrollo de la obra.

Todo ello enmarcado en un destino o fatalidad, o moira, ajena a la libertad de acción del héroe, que terminará aplastándole y anulando su actuación.

Del choque entre la libertad o la voluntad del protagonista y ese destino surgirá la esencia de lo trágico: lo verdaderamente trágico en una tragedia no son las muertes o las desgracias que en ella aparecen, sino la incapacidad que tiene el ser humano de derrotar una fuerza sobrenatural como el destino. El conflicto que se plantea al comienzo de una tragedia es desigual y, por eso, se puede prever cuál será su desenlace: siempre vencerá la fuerza sobrehumana.

1.1.3 Primeros dramaturgos: Esquilo, Sófocles, Eurípides.

a) Esquilo. Sus numerosas aportaciones formales al lirismo coral griego, unidas a su genio literario y a la fuerza dramática de su obra, hicieron que Esquilo (525 – 456 a.C.) fuera considerado justamente como el auténtico fundador de la tragedia griega. Se ha atribuido a Esquilo la incorporación de numerosas innovaciones teatrales, entre ellas el empleo de máscaras y decorados. La obra de Esquilo significó la negación del concepto de culpa colectiva, la afirmación del derecho sobre la arbitrariedad, de la dignidad y de la autonomía del hombre frente a los dioses y el destino, y, sin embargo, la afirmación de la tragedia como elemento arquetípico de la condición humana.

Obras: Los persas, Orestíada, Prometeo encadenado.

b) Sófocles. (496 – 406 a.C.) Fue quien mejor supo reflejar en su obra los principios y dilemas espirituales de la Grecia clásica del siglo V a.C., cuando Atenas se hallaba en su máximo esplendor político y cultural. Disfrutó de un gran prestigio entre sus compatriotas.

Ya con sólo dieciséis años de edad fue encargado de dirigir un canto de gracias a los dioses por la victoria de Salamina sobre los persas. En el año 468, derrotó por primera vez al ya anciano Esquilo en el festival dramático anual que se celebraba en honor a Dionisos.

Estableció diversas modificaciones en la forma tradicional de la tragedia fijada por Esquilo: añadió a un tercer actor en los diálogos frente a los dos utilizados anteriormente y redujo la importancia del coro.

Obras: De los 123 dramas escritos por Sófocles para los festivales dionisíacos, sólo se conservan siete: Áyax, Antígona, Edipo Rey, Electra, Las traquinias, Filoctetes y Edipo en Colono.

c) Eurípides. Profundo conocedor del alma humana, Eurípides (480 – 406 a.C.) aportó a la tragedia griega una mayor penetración psicológica y un renovado sentido de los valores dramáticos. El carácter innovador de la producción dramática de Eurípides sorprendió a los atenienses de la época. En contraste con sus predecesores, el autor mostró la escasa solidez de su fe en los dioses, que solían actuar en sus obras de una forma cruel y arbitraria. Por lo que respecta a los personajes, destaca la profunda humanidad que demuestran en su comportamiento y la especial importancia que el autor dedica a los caracteres femeninos. El empleo de un tipo de versificación poco usual, el abandono del sistema estrófico y la introducción de acompañamientos musicales insólitos fueron algunos de sus recursos dramáticos más destacados.

Obras: Medea, Hécuba, Las troyanas, Ifigenia en Áulide, Las bacantes.

1.2 LA COMEDIA.

1.2.1 Origen.

La comedia tiene también su origen en Grecia en los cantos entonados como culto a Dionisos.

Se cree que las más antiguas formas de la comedia se desarrollaron mezclando los coros y las danzas rituales con episodios histriónicos, es decir, con disfraces y burlas, en honor a Dionisos en su aspecto de dios de la vida y de la fertilidad. Como parte de las competencias dramáticas de los festivales atenienses se presentaban comedias ya en el siglo IV a.C. El nombre de comedia procede de la palabra griega komos, fiesta de aldea u orgía dionisíaca popular, y de ode, que significa canto.

1.2.2 Características.

En la época clásica, la comedia se concebía como un espejo que mostraba de forma humorística los vicios y defectos de la sociedad. La comedia se diferenciaba de la tragedia – según Aristóteles– en su actitud ante el hombre y el mundo. Tanto la tragedia como la epopeya eran la expresión de lo noble y lo heroico; en cambio, la comedia trataba, de un modo divertido, sobre personajes plebeyos, vulgares, en situaciones corrientes del diario acontecer.



Los primeros comediógrafos: Aristófanes, Menandro, Plauto y Terencio.

a) Aristófanes (450 – 388 a.C.). Al lado de la grandiosidad de la tragedia griega, las comedias de Aristófanes ofrecen una visión realista y cargada de ironía de la vida cotidiana helénica. La máxima pretensión del autor fue, ante todo, hacer reír a los espectadores, pero su ironía y sarcasmo estaban, asimismo, encaminados a apoyar sus convicciones ideológicas: defensa de los valores tradicionales, crítica a los filósofos y literatos de su época, oposición a la lucha contra Esparta.

Obras: Las nubes, Las avispas, Las aves, Lisístrata.

b) Menandro (342 – 292 a.C.). Fue Menandro el máximo representante de la comedia nueva, última etapa de la evolución dramática ateniense, que centró su atención en las costumbres y los problemas de la vida cotidiana. Se revela en sus obras un extraordinario dominio de la trama y singular maestría en la creación de caracteres arquetípicos, como el avaro, el misántropo y otros. Las comedias de Menandro constituyeron el precedente de la comedia occidental.

Obras: El arbitraje, El labrador.

c) Plauto (251 – 182 a.C.). Por medio de su adaptación libre de modelos, fue Plauto el auténtico creador de la comedia latina, y tanto los caracteres a que infundió vida, como su estilo ágil y dinámico, constituyeron una fuente directa de inspiración para los grandes comediógrafos europeos de los siglos XVI y XVII. Todas las comedias de Plauto aludían a obras imitadas directamente de un original griego, pero las tradiciones y costumbres a que hacía referencia eran las de la Roma de su tiempo.

Obras: Anfitrión, La comedia de los asnos, Los cautivos.

d) Terencio (190 – 158 a.C.). El tono realista y los matizados apuntes psicológicos presentes en las comedias del dramaturgo romano Terencio (185 – 159 a.C.), ejercieron perdurable influencia en el desarrollo del teatro occidental. A diferencia de Plauto, Terencio no intentó romanizar o vulgarizar sus tramas, que transcurrían por completo en ambientes helenísticos, y empleó una forma literaria refinada, que llegaría a ser considerada un modelo de la lengua latina.

Obras: En el curso de su corta vida, Terencio escribió únicamente seis comedias, representadas entre el 166 y el 160: Andria, La suegra, El verdugo de sí mismo, El eunuco, Formión y Los hermanos.

2. EL DRAMA EN LA EDAD MEDIA.

2.1 El alba medieval.

Surge de las ceremonias de culto religioso. Los primeros dramas litúrgicos se representaban como una introducción a la liturgia y a propósito de las conmemoraciones de Navidad, Pasión y Resurrección. Inicialmente, fueron sencillos diálogos en latín, que luego se ampliaron a representaciones bajo las naves de las catedrales románicas. Con el tiempo, el espectáculo teatral salió a los atrios, al exterior del templo y, poco a poco, esas representaciones se fueron laicizando con la intervención de personajes populares y el uso cada vez más generalizado de la lengua romance.

La obra más antigua del teatro español pertenece al ciclo de Navidad. Nos referimos al Auto de los Reyes Magos, de fines del siglo XII. Se cree que está inspirada en un texto francés de la época. De esta creación se conserva un fragmento de 147 versos distribuidos en cinco escenas.

La primera escena presenta los parlamentos de cada uno de los tres reyes; en la segunda, se reúnen con una misma intención, la de ir a ver al Niño que va a nacer; en la tercera, se produce el encuentro con Herodes; la cuarta constituye el soliloquio del rey judío, y la quinta viene dada por el dictamen de los rabinos a Herodes. La obra debe terminar con la ofrenda de presentes al Niño y el canto de un villancico. Al igual que en el resto de Europa, esta obra se representaba en el atrio de las iglesias y, posteriormente, en el exterior de los recintos sagrados.



2.2 El ocaso del medioevo.

Con La Celestina, de Fernando de Rojas, se cierra el período medieval en la dramática de España. El autor expresa que la obra fue “compuesta en reprehensión de los locos enamorados, que, vencidos en su desordenado apetito, a sus amigos llaman y dicen ser su dios. Asimismo hecha en aviso de los engaños de las alcahuetas y malos y lisonjeros sirvientes”. La obra revela en parte las circunstancias de la época con la presencia de elementos que responden a un doble punto de vista medieval–renacentista. Medieval sería la intención moral que el autor hace notar expresamente y el castigo divino (la muerte) que reciben tanto protagonistas como criados. Lo renacentista se expresa en no aceptar la presencia del pecado, la audacia de algunas expresiones y la reivindicación que se hace de la sensualidad. Este doble contraste se manifiesta también en el uso del lenguaje: por una parte culto y erudito y, por otra, toda la riqueza expresiva de la lengua popular y el uso de refranes.



3. EL TEATRO EN EL RENACIMIENTO.

3.1 El teatro isabelino.

Llamado así porque se desarrolló durante el próspero reinado de Isabel I, en Inglaterra (1558– 1603). Las manifestaciones anteriores corresponden al teatro alegórico, farsas populares y obras moralistas que evidencian la crisis religiosa producida por la Reforma. Posteriormente, aparece el drama histórico, basado en la propia historia nacional. Ejemplo lo constituyen Las Crónicas de Holinshed, que sirven de fuente para los dramaturgos isabelinos. La dramaturgia se pondrá al servicio de la ideología dominante y denunciará en sus obras al Papado, a los clérigos rebeldes y al anglicanismo. A mitad del reinado de Isabel I se produce la mayor presencia de dramaturgos ingleses de que se tenga memoria, entre los cuales destacaron Thomas Kid, Christopher Marlowe, Ben Jonson y William Shakespeare.

William Shakespeare (1564 – 1616).

Dedica toda su vida al arte de la escena, ya sea como actor, dramaturgo, director, administrador y coempresario del teatro El Globo. La asombrosa variedad de su genio, capaz de integrar la reflexión intelectual con la fantasía, la tragedia con el humor, y ofrecer así una visión profunda de los conflictos y emociones de la naturaleza humana, instala a Shakespeare como el mayor autor dramático de la literatura universal. Su importancia como dramaturgo se puede sintetizar en lo siguiente:

a) Rompe con las normas clásicas del teatro inglés de la época. No se ciñe, por lo tanto, a las unidades de lugar, tiempo y acción, que son propias de la Poética antigua.

b) Mezcla en una misma obra lo trágico y lo cómico en proporciones diversas. Para Shakespeare, los conceptos de tragedia y comedia no suponen exclusión mutua.

c) Empleo de variadas formas métricas, incluso combina prosa con verso.

d) Disminuye la tensión en las situaciones de gran violencia dramática, al fundir lo trágico con lo cómico.

Shakespeare creó personajes que se constituyeron en prototipos de un carácter o pasión:

Otelo representa al celoso, Hamlet es sinónimo de la duda, Shilock el avaro, entre otros.

Obras:

Dramas históricos ingleses: Ricardo II, Ricardo III, Enrique IV, Enrique V, Enrique VI.

Dramas históricos romanos: Tito Andrónico, Julio César, Coriolano.

Dramas trágicos: Romeo y Julieta, Hamlet, Otelo, El rey Lear, Macbeth.

Comedias: Sueño de una noche de verano, El mercader de Venecia,

3.2 El teatro español.

El siglo XVI centró la actividad del hombre en su sensibilidad artística y en la unidad de una fe religiosa ardorosamente defendida (Reforma y Contrarreforma). A diferencia de otros países europeos, España, sin cerrarse a los influjos del momento, continúa la tradición de la Edad

Media aferrada al catolicismo. Los primeros humanistas españoles se caracterizaron por su sentido trascendentalista teocéntrico. En el siglo XVI se denominaban genéricamente comedias a las diversas obras dramáticas que constaban, por lo común, de cinco jornadas, o actos. Los actores eran sólo hombres. Las actrices vinieron a aparecer sólo a fines del siglo XVI. En el Renacimiento español destacan Lope de Vega y Tirso de Molina.

a) Lope de Vega (1562 – 1635).

Según Guillermo Díaz–Plaja, “Lope de Vega es el creador del teatro nacional. Al decir esto, queremos indicar concretamente que, con la llegada de este escritor insigne, nuestro teatro cobra, por fin, carácter definitivo. Cabe a Lope de Vega la gloria de haber creado un teatro a la vez literario y popular, uniendo lo tradicional y lo nuevo en una forma genial y definitiva”.

Las concepciones dramáticas de Lope fueron reflejadas en un poema de 1609, Arte nuevo de hacer comedias. En él exponía la conveniencia de que la acción pudiera transcurrir en diversas épocas y lugares –lo que rompía con la teoría clásica de las tres unidades: acción, tiempo y lugar–, el empleo de tres actos y la utilización de versos de diversa métrica, aunque con predominio del octosílabo.

Por lo que respecta al contenido, aconsejaba la introducción de una intriga secundaria paralela a la principal, y la complementariedad de elementos cómicos y trágicos. Además, enfatizó la acción por sobre el estudio psicológico de los personajes y le dio relevancia a la figura del gracioso. Todo ello tendía, en suma, a la elaboración de un arte más cercano a los gustos populares.



Obras:

Comedias de capa y espada: La dama boba, El perro del hortelano.

Comedias históricas: El mejor alcalde el rey, Peribáñez y el comendador de Ocaña, El caballero de Olmedo, Fuenteovejuna, El alcalde de Zalamea.

b) Tirso de Molina (1571 – 1648).

Reconocido universalmente como uno de los más grandes autores de la Edad de Oro, se le considera el principal seguidor de la escuela de Lope de Vega, tanto en la libertad de su técnica como en el dinamismo escénico. Su aporte particular se refleja en la presencia de personajes fuertemente caracterizados, especialmente los femeninos: de los hechos históricos, Tirso extrae la fuerza y universalidad del alma femenina. Es más penetrante que Lope en el análisis psicológico y aprendió de él la movilidad escénica, la rapidez de acción de sus comedias. Utiliza el humor y se inspira en la realidad social. Tirso popularizó a un personaje poderoso y enérgico como el Don Juan, tan popular como Hamlet, Otelo o Romeo y Julieta.



Obras: El burlador de Sevilla, La prudencia en la mujer.

4. EL TEATRO EN EL BARROCO.

En España, el Barroco está estrechamente ligado al espíritu de la Reforma Católica. Aunque el estilo barroco sea distinto del renacentista, el siglo XVII no significó una ruptura absoluta con lo anterior. Se trata de una evolución. Se intensifica el uso de las figuras literarias y del contraste: luz–sombra, vida–muerte, predestinación–libre albedrío, fastuosidad de la corte– pobreza del pueblo.

Pedro Calderón de la Barca (1600 – 1681).

Sucesor de Lope de Vega como principal representante del teatro español del Siglo de Oro, Calderón de la Barca expresó a través de su obra una concepción del mundo y de la vida de raíz profundamente católica. Sus obras de carácter secular giraban en torno a los dos conceptos fundamentales de la época en España: el honor y la honra.

Sus obras dramáticas concentran la acción en torno a un tema central. Calderón otorga importancia a lo simbólico, fantástico y poético; el núcleo de la obra es, a menudo, un concepto filosófico y los personajes llegan a ser simples símbolos de conceptos abstractos.

La filosofía de Calderón alcanzó su máxima expresión en los autos sacramentales, composiciones de tipo alegórico y de un solo acto, que tenían como propósito instruir al pueblo sobre determinados principios teológicos.



Obras: La dama duende, El médico de su honra, La vida es sueño, El gran teatro del mundo, El Alcalde de Zalamea.

5. EL TEATRO EN EL NEOCLASICISMO.

El siglo XVIII, o de las luces, siglo de la Revolución Francesa, del advenimiento de los Reyes Borbones, del racionalismo crítico implacable, es el siglo en el que se origina la tendencia definida como Neoclasicismo. Durante el período neoclásico, la literatura es considerada como un medio para educar y transformar a la sociedad, debe revelar la presencia de los vicios y virtudes, para que los hombres se alejen de los vicios y practiquen las virtudes. El neoclasicismo considera que sólo la educación conduce a la felicidad.



5.1 El drama neoclásico francés.

Con el reinado de Luis XIV (1643–1715) llegó al punto culminante el absolutismo monárquico y la hegemonía francesa en Europa. La teoría artística del Neoclasicismo se rige, como todas las formas de vida y cultura de la época, por las finalidades del absolutismo. Los escritores más representativos de la época de Luis XIV son Moliére, Racine y La Fontaine. Destacó Jean Baptiste Poquelin (Moliére).

Moliére (1622 – 1673).

Desarrolló la comedia. Durante mucho tiempo de su vida, fue un espíritu crítico e irrespetuoso, que supo ver lo ridículo y grosero en el comerciante mezquino, en el vanidoso burgués y en el conde estúpido con la misma agudeza y los representó con idéntico descaro. Se cuidó de no atacar a la monarquía. En sus obras abundan jergas y lenguajes dialectales, alternando con el francés más correcto o con el latín macarrónico. Construye artificialmente lenguajes hipercultos que le permiten ejercer la sátira.



Obras: Tartufo, El avaro, El médico a palos, Las preciosas ridículas, El burgués gentilhombre.

5.2 El drama neoclásico español.

La tendencia neoclásica española se caracteriza por el buen sentido, el espíritu crítico, la observancia de las normas dadas por preceptistas literarios y la fiel imitación de los modelos.

La subordinación de la obra artística a la razón era exigencia ineludible en el neoclasicismo español. Esta posición habría de desarrollarse en el siglo XVIII, como consecuencia del racionalismo imperante. El espíritu crítico, hijo del racionalismo y del afán científico, tuvo en España valiosas expresiones literarias, entre las que destacó Leandro Fernández de Moratín.

Leandro Fernández de Moratín (1760–1828).

Sobresalió por su inteligencia, cultura y agudas facultades para la crítica. Tradujo comedias de Moliére. Sus obras destacan por sobre la producción teatral de la época, tanto por su sencillez y fina observación psicológica, como por los rasgos de ingenio e ironía. Uno de sus argumentos recurrentes fue la sátira contra los matrimonios concertados, enfatizando los temas de orden moral que aluden a la decadencia social.

Obras: El viejo y la niña, El barón y la mojigata, El sí de las niñas.

6. EL TEATRO ROMÁNTICO.

El Romanticismo nace como respuesta al Neoclasicismo, de modo especial a su criterio rígido y estricto. El europeo vuelve la vista a su pasado histórico para reencontrarse con sus raíces y asignarle una identidad a su literatura. El teatro romántico representa una absoluta ruptura con la preceptiva del siglo anterior. Se une la prosa con el verso y lo trágico con lo cómico. No se consideran las tres unidades aristotélicas y se observa en las obras una mayor variedad y dinamismo. Fundamentalmente, el drama romántico exalta el yo individual, la idea de libertad conducente a la melancolía y a la fantasía y a la expresión de los sentimientos sin el freno de la razón.



6.1 El drama romántico español.

El subjetivismo sentimental imprime las obras dramáticas españolas asociado a un estado de ánimo depresivo, que nace de la incomprensión que el autor cree vivir. Relacionado con esta actitud depresiva está el interés romántico por las ruinas, por las tumbas, por lo lúgubre y lo sombrío, por la noche y por la muerte. Lo sobrenatural alcanza un gran desarrollo en la literatura de la época, traspasada, en gran parte, de espíritu cristiano. José Zorrilla es el mejor ejemplo.

José Zorrilla (1817 – 1893).

Durante la década de 1840, llegó a la cima de su popularidad gracias a sucesivas colecciones de leyendas en verso, basadas en relatos populares y dramas históricos de marcado carácter nacionalista. En sus obras dramáticas, la intriga se desarrolla con habilidad, la acción es siempre viva y los personajes, aunque de escasa complejidad sicológjca, aparecen bien delineados. En Don Juan Tenorio mostró su talento para el desarrollo de la intriga y la construcción de diálogos escritos en versos sonoros.


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