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Globalización cultural y posmodernidad


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JOSÉ JOAQUÍN BRÜNNER (1998) Prólogo, del libro “Globalización cultural y posmodernidad”, Chile: Fondo de Cultura Económica (2002).

La globalización ensancha hasta el infinito el horizonte. La mirada posmoderna lo reduce al instante.

De hecho, la revolución de las comunicaciones supone, más allá de las condiciones técnicas que la hacen posible, una intensificación de la esfera de la circulación. Sólo lo que circula es real. Son los intercambios, y no la producción, lo que determina las formas de vida en la época posmoderna. La información, y no el dinero, es la mercancía por excelencia de las redes globales. Pero esta mercancía, en vez de producir una “cosificación” de las relaciones humanas, lo que hace es volverlas hacia dentro, interiorizándolas en el sentido de la subjetividad. Como han dicho algunos autores, vivimos en la era del narcisismo de la conciencia. La información, en vez de ser un instrumento de la racionalización weberiana del mundo, lo des-objetiviza y vuelve interpretable de mil maneras diferentes.

El relativismo cultural, efectivamente, impone no sólo una mayor movilidad geográfica de los valores sino que hace aparecer en el horizonte la idea más aterradora de todas, según profetizó Nietzche, la idea de una duración en vano, sin meta ni objetivo. Concibamos esa idea en su forma más terrible, propuso una vez: “la existencia, tal como es, sin significado ni objeto, pero reapareciendo inevitablemente, sin fin hacia la nada: `la eterna reaparición’. Se trataría de la forma más extrema de nihilismo: ¡la nada (la falta de sentido!) eternamente”.



JOSÉ JOAQUÍN BRÜNNER (1998) El díagrama de la globalización cultural, del libro “Globalización cultural y posmodernidad”, Chile: Fondo de Cultura Económica (2002).

Puede uno representarse la globalización cultural como la expresión de cuatro fenómenos de base interrelacionados:


- La universalización de los mercados y el avance del capitalismo posindustrial.
- La difusión del modelo democrático como forma ideal de organización de la polis.
- La revolución de las comunicaciones que lleva a la sociedad de la información.
- La creación de un clima cultural de época, usualmente llamado de la posmodernidad.
La expanción del capitalismo, su transformación posindustrial y la hegemonía de los mercados a escala internacional configuran el surgimiento de una forma predominante, incontestada, de civilización material que engloba progresivamente al mundo. Ella se organiza en torno al comercio sin fronteras y al empuje tecnológico que renueva incesantemente la producción de bienes y servicios para mercados competitivos, donde productores y consumidores se coordinan entre sí mediante señales de precios no sujetos a control administrativo. Las economías capitalistas son, en este sentido, sistemas auto-organizados y auto-regulados, relativamente independientes de la política, que crecen sobre la base de un principio de destrucción creadora, produciendo innovaciones de procesos y productos, transformaciones del medio ambiente y desequilibrios en la distribución de beneficios, oportunidades y recursos.

La difusión a nivel mundial del modelo democrático como ideal de organización de la polis representa el triunfo de la creencia (y de la experiencia) de que los derechos de las personas, la libertad individual y las aspiraciones de igualdad de la gente, así como la mejor forma de gobierno compatible con el desarrollo de la economía capitalista, reside en un sistema multipartidario y competitivo.



JOSÉ JOAQUÍN BRÜNNER (1998) Miedos de ayer y de hoy, del libro “Globalización cultural y posmodernidad”, Chile: Fondo de Cultura Económica (2002).

Así, mientras los temores de ayer, hace mil años, nacían de las calamidades y la impotencia del conocimiento, los miedos de hoy, en cambio, son los del capitalismo tardío, de la alta modernidad, de una civilización dominada por el conocimiento y la comunicación.

Como el miedo al holocausto nuclear, o al narcotráfico, o a las oscilaciones de la economía internacional con sus efectos sobre el empleo y el bienestar.

Vivimos en un mundo cada vez más construido, artificial, cada vez más rico en conocimientos pero también, desde cierto punto de vista, cada vez más opaco e incomprensible. Las operaciones financieras en los mercados de futuro son un buen ejemplo. La bioingeniería, la realidad virtual y las super-carreteras de la información son otros más. Como reconocía paladinamente el analista del Economist hace unos meses, sencillamente no entendemos cómo funciona la economía del Internet. De hecho vivimos rodeados por los secretos de la técnica.

Las tecnologías disponibles, y las ciencias en que se fundan, han cambiado para siempre nuestra representación del mundo y nuestra manera de estar en él, al costo sin embargo de destruir nuestras certezas y dejarnos sumidos en la perplejidad. Paradojalmente, el conocimiento nos ha vuelto más inseguros; no menos.

Los miedos contemporáneos provienen, además, de observar lo que sucede a nuestro alrededor como resultado de la presión demográfica, el conocimiento aplicado a la producción y el irresistible avance de la modernidad.

Otra fuente de miedo y malestar finiseculares se alimenta de los cambios que experimentan las estructuras soportantes de la vida personal, en particular, la familia y la comunidad. La desintegración de esas estructuras para dar paso a relaciones mucha más abstractas, voluntarias, de tipo contractual, crea unas sociedades frágiles, angustiadas por la soledad, asustadas frente a la vejez y la muerte, inhóspitas y frías. Nos preguntamos cómo podrá florecer la intimidad personal en el futuro, o si estaremos condenados a pagar con una represión creciente los beneficios de nuestra civilización, según sostienen los teóricos de la “hipótesis represiva”.

El mero hecho del cambio permanente, su velocidad y los muchos planos vitales que afecta simultáneamente –desde los asuntos de la vida cotidiana hasta la conformación del sistema internacional-, contribuyen también a extender la inquietud y aumentan la sensación de incertidumbre. Lo que era real ayer, ya no lo es mañana.

Todo lo contrario que una crisis de escasez, de falta de innovación, de pérdida de movimiento, o de regresión hacia formas más simples, lo que está en el horizonte son intensificaciones, aumentos de velocidad, expansiones, turbulencias, incrementos de complejidad, mayores intercambios, más diversidad, dinamismo e inestabilidad, proliferación de dimensiones y producción continua de novedades.


De cualquier manera, el cambio ininterrumpido provoca su propia amenazante imprevisibilidad. Ella está en la base de los miedos contemporáneos. Nada más alejado, por tanto, del miedo a la decadencia.


JOSÉ JOAQUÍN BRÜNNER (1998) Posmodernidad, del libro “Globalización cultural y posmodernidad”, Chile: Fondo de Cultura Económica (2002).

Equivale a estar en un ambiente que no promete nada, donde el sentido de la historia se confunde y donde reinan la incertidumbre y el temor al futuro. Tenemos miedo a perder todo lo que tenemos, en particular el mundo de convenciones y jerarquías en que se fundan nuestras seguridades. Todo lo que conocemos, especialmente los saberes heredados y las verdades que iluminaron el camino de los dos últimos siglos. Todo lo que somos, que es lo más fundamental, pues toca el núcleo vital de nuestras identidades personales, de género, generación, etnia y nación.

… a medida que se difunde el conocimiento, vamos adquiriendo más y más conciencia de que hay cosas que no podemos conocer. Hay muchas enfermedades del alma que provienen precisamente de esta sensación de impotencia de los hombres ante su destino.




JOSÉ JOAQUÍN BRÜNNER (1998) Las contradicciones culturales del capitalismo global, del libro “Globalización cultural y posmodernidad”, Chile: Fondo de Cultura Económica (2002).

Según la clásica versión schumpeteriana, lo propio del capitalismo industrial es que él consiste en una forma o método de transformación económica que, por su propia naturaleza, “no solamente no es jamás estacionario, sino que no puede serlo nunca.

… el impulso fundamental que pone y mantiene en movimiento a la máquina capitalista procede de los nuevos bienes de consumo, de los nuevos métodos de producción y transporte, de los nuevos mercados, de las nuevas formas de organización industrial que crea la empresa capitalista.

… la apertura de nuevos mercados, extranjeros o nacionales, y el desarrollo de la organización de la producción.

…ilustran el mismo proceso de mutación industrial.

que revoluciona incesantemente la estructura económica desde dentro, destruyendo ininterrumpidamente lo antiguo y creando continuamente nuevos elementos. Este proceso de destrucción creadora constituye el dato esencial del capitalismo”

“La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción.

… Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de haber podido osificarse. Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es profano, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas”

Desde hace un tiempo, efectivamente, el mundo ha entrado en transición hacia un nuevo sistema tecnológico, organizado en torno a la electrónica, la informática, la robótica y la biotecnología. La era del capitalismo industrial toca a su fin. En su reemplazo emerge una sociedad articulada por el conocimiento. La especificidad de esta mutación radica en una cada vez más estrecha conexión entre avance científico-tecnológico y su aplicación a la esfera de la producción, distribución y consumo de bienes y servicios. Tal como ocurrió en su momento con la revolución industrial, el actual proceso ha comenzado a modificar los parámetros cruciales de la sociedad: la división y organización del trabajo, la socialización primaria y la educación, la estructura de la familia y de la comunidad, el funcionamiento de las empresas y los mercados, las comunicaciones y los intercambios, las formas de participación y la política, y las propias maneras de representarnos el mundo.
Como consecuencia, la producción basada en la represión puritana del deseo da paso, gradualmente, al consumo movilizado por la fantasía.


JOSÉ JOAQUÍN BRÜNNER (1998) El mercado y las éticas del capitalismo en fase de globalización, del libro “Globalización cultural y posmodernidad”, Chile: Fondo de Cultura Económica (2002).
En cambio, en clave sociológica, el proceso de mercantilización del mundo ha sido interpretado como una disolución de las ligaduras que anclan la gente a su cultura y como el surgimiento de relaciones puras, postradicionales o posnormativas. Las ligaduras son vínculos culturales fuera de la opción del individuo. Poseen por lo mismo una solidez orgánica. No se entra a ellas por elección sino por pertenencia: a la familia, a una clase social, a la sociedad, a una religión, a un grupo generacional, a un género. Como señala Dahrendorf, a quien seguimos de cerca en este punto, “valores tales como la solidaridad, mas también la autoridad y la fe, podrían asociarse con estos vínculos” Asimismo, tienen que ver con las tradiciones del grupo, con sus pautas, convenciones y ritos. Defiene el carácter de la persona; lo socializan en una orientación cultural. Proporcionan seguridad a la persona y dotan de certidumbre a la estructura normativa de la sociedad.

Giddens, el sociólogo británico, habla a este propósito de relaciones puras, en cuanto relaciones reflexivamente contraídas, controladas y sostenidas contra el paso del tiempo o el cambio de las circunstancias. Así, por ejemplo, las relaciones básicas de género o pareja perderían su “condición natural” y pasarían a formar parte del mundo opcional del individuo, transformándose en preferencias relativamente descontextualizadas.

El avance de la reflexividad social, la destradicionalización de los vínculos y la disolución de las estructuras normativas de tipo comunidad, fuerzan a la libertad. Las personas “no tienen otra opción que hacer opciones; y tales opciones definen quienes son. (Ellas) tienen que construir su propia biografía en orden a lograr un sentido coherente de su identidad. Este tipo de relaciones no posee una garantía superior, mas si fracasan o terminan por decisión de las partes, existe siempre una “segunda posibilidad”. En suma, “en la pura relación, la confianza no tiene soportes externos y debe desarrollarse sobre la base de la intimidad”. Esta última se ve entonces sobrecargada de demandas, debe negociar múltiples conflictos y se halla sujeta a constante escrutinio. La esfera privada se intimiza casi a la misma velocidad con que la esfera pública se privatiza.


JOSÉ JOAQUÍN BRÜNNER (1998) Las contradicciones comunicativas de la democracia, del libro “Globalización cultural y posmodernidad”, Chile: Fondo de Cultura Económica (2002).

Se habla de una verdadera “polución” de la cultura, de una lenta degradación de los valores; de que estamos inundados por imágenes que ahogan el uso de la razón. En cambio, los libros, los periódicos y los demás impresos han llegado a representar un signo de cultura y nos preocupa que se lea poco o que aún haya personas analfabetas.

Desde el punto de vista de la economía de las comunicaciones, lo anterior significa que las distancias se tornan triviales. Cuando se usan los satélites para la transmisión de mensajes, hay poca diferencia si los dos puntos terrestres que desean comunicarse están a cinco o a cinco mil kilómetros.

Internet es una de las expresiones más interesantes de esta nueva revolución.


Nació y se ha desarrollado sin un centro motor, sin planificación centralizada ni control desde arriba. Es por lo mismo una arquitectura horizontal y anti-jerárquica, todo lo contrario de los modelos burocráticos de organización a los que estamos acostumbrados. En seguida, es una red abierta al que desee conectarse. Para participar no hay que pedir permisos especiales no comprometer militancias. Se toma o se deja a voluntad del usuario. Nadie está forzado a moverse en una dirección predeterminada una vez que ingresa a la red.

Más allá de los debates legales sobre la regulación de las comunicaciones, lo que preocupa a las catastrofistas son los efectos de las nuevas tecnologías y del explosivo aumento de los mensajes sobre la cultura. Alegan que en un mundo digitalizado y comunicacionalmente descentralizado, lo probable es que el riesgo no provenga tanto de una cultura unificada a la manera de una super-conciencia colectiva, como temía Orwell. Por el contrario, su temor es que en tales cicunstancias se aceleren la fragmentación y la divergencia, con uno de dos resultados igualmente negativos. Por un lado, la pérdida de las funciones integradoras de la cultura y el florecimiento de una gran diversidad de diferentes estilos de vida, hasta el punto que la convivencia se deshace en el puro narcisismo de las diferencias.

Una cuestión adicional que preocupa a los pesimistas es la “saturación informativa”. Su pregunta es, ¿puede el individuo resistir?
…¿no se ahogará el individuo en medio de un mar de información, mensajes, imágenes y voces que lo envuelven por entero y lo aplastan?


JOSÉ JOAQUÍN BRÜNNER (1998) Capitalismo, democracia y revolución comunicacional, del libro “Globalización cultural y posmodernidad”, Chile: Fondo de Cultura Económica (2002).

Decisivo para este proceso ha sido la globalización del modelo democrático, la socialización de los valores asociados a este régimen y la destradicionalización de las sociedades; todo lo cual, acompañado del desarrollo económico capitalista, ha permitido que se expanda la revolución democrática.

Sea no como fuera, la universalización de la democracia es un hecho político decisivo a finales del siglo XX. Ocurre coetáneamente con el desplome de cualquiera alternativa al capitalismo y la consiguiente pérdida de legitimidad de las formas políticas distintas de las democráticas.

Menos visible quizá, pero de similar envergadura, es la transformación de la democracia por la revolución contemporánea de las comunicaciones. Inicialmente, la democracia de élites pasó a democracia de masas; ahora, ésta va en curso hacia una democracia de públicos. La primera se halla asociada, en el terreno de las comunicaciones, a la prensa; la segunda a la radio; la tercera a la televisión. A lo largo de esa evolución aparece en escena y se desarrolla la opinión pública. Al comienzo ella representó exclusivamente a un círculo de letrados; fue estamental y proporcionó un espacio social para la expresión pública de los poderes privados. En seguida se amplió a un círculo masivo; fue administrada centralizadamente y generó un espacio para la adhesión a líderes carismáticos. Ahora, finalmente, la opinión pública se constituye a partir de la oferta de asuntos o temas (issues) movilizados por los media y opera como una expresión evaluativa de la sociedad civil que oscila entre la dependencia y la autonomía; la manipulación y le descontento; el conformismo y el malestar.

Tal es la democracia contemporánea, desgarrada entre las tendencias antagónicas hacia la tecnificación creciente (la provisión de decisiones públicas basadas en información experta) y, simultáneamente, hacia la empatía de públicos (la provisión de sentidos comunes sobre la base de una acción comunicativa fundada en estudios de opinión).

De manera similar, como veremos a continuación, la democracia se encuentra hoy en tensión entre globalización y la nación.

… se difunde la constatación de que los Estados nacionales no están en condiciones ni de abordar los problemas globales ni de reducir los riesgos que ellos entrañan.

El Estado moderno es, en esencia, un mecanismo burocrático de control y coordinación respaldado por el monopolio de la fuerza y la ideología nacional que a través de él se expresa. Pues bien, frente a los desafíos de la globalización, esa misma concepción y ese diseño resultan insuficientes y, por eso, puestos en cuestión. Los procedimientos burocráticos de control y coordinación –concebidos para actuar mediante comandos político-administrativos sobre una población “territorializada” y ligada entre sí por una común tradición nacional- resultan ahora ineficaces ante fenómenos desterritorializados, como la economía de mercados internacionales, el narcotráfico, las comunicaciones globales, las amenazas ecológicas o la distribución de la riqueza a nivel mundial.

En promedio, los países ricos reúnen un 23% de la población mundial pero cuentan con el 85% del ingreso global.

(…) los contrastes entre el norte de la abundancia y el sur en desarrollo son, efecticamente, “inquietantes”.
Incluso dentro de ese cuadro de distribuciones asimétricas, existe la desigualdad en la desigualdad. Así, por ejemplo, en casi todas las dimensiones de capacidad y bienestar, pero también de pobreza y exclusión, las mujeres están en peores condiciones que los hombres.
Normalmente, las mujeres reciben un salario medio inferior al de los hombres. En todas las regiones del mundo, la tasa de desempleo es superior para las mujeres que para los hombres.
En los países en desarrollo, mientras que la tasa de alfabetismo adulto alcanza a un 79% entre los hombres, entre las mujeres es de sólo un 62%. Del total mundial de analfabetos, 2/3 partes son mujeres.


JOSÉ JOAQUÍN BRÜNNER (1998) Espacio, tiempo y riesgo en la cultura global, del libro “Globalización cultural y posmodernidad”, Chile: Fondo de Cultura Económica (2002).

(…) los grandes sistemas, los mercados internacionales y los fenómenos culturales globales pasan a tener una incidencia local inmediata, uniendo al mundo por lazos de interdependencia hasta ayer inexistentes.

(…) la experiencia cultural contemporánea, en virtud de los medios de comercio y comunicación, se está transformando rápidamente en un evento multicultural y des-territoralizado para la gran mayoría que accede a la TV y los mercados.

(…) la comunicación global instantánea produce una conflagración de tradiciones, restándoles validez al hacerlas aparecer a todas como “léxicos locales”, sin mayor apoyo que el de su propio lugar y tiempo de gestación.

Desde el momento en que el crecimiento del sistema está anclado en la técnica y su institucionalización, lo normal pasa a ser el control de daños, no la preservación. A nivel global, la explotación y la gestión productiva de la naturaleza generan efectos devastadores. Según un estudio, sólo desde 1950 en adelante, el mundo habría perdido un quinto de la capa superficial de las tierras arables, un quinto de sus bosques tropicales húmedos, y algunas decenas de miles de sus especies de plantas y animales.

De un régimen de escasez de información empieza a transitarse hacia un mundo de información abundante. De la sociedad de masas se pasa así a una sociedad de públicos, compuesta por consumidores incesantes de imágenes, textos e información.

Sin las nuevas tecnologías de información no podrían funcionar los mercados internacionales, que se hallan interconectados a través de más de 200 mil monitores. Una sola de las tarjetas comerciales está hoy en posesión de 200 millones de personas, es aceptada por 6.5 millones de negocios alrededor del mundo (…)

Si uno se atiene exclusivamente al lado sombrío de este proceso, podrá concordar con Albrecht Wellmer cuando señala que la economía capitalista, al ingresar a su fase global, ha alcanzado “las dimensiones de un poderoso proceso de destrucción: en primer lugar, destrucción de tradiciones; después destrucción del entorno ecológico; finalmente, destrucción del sentido, así como destrucción del ‘sí mismo’ unitario que otrora fuera tanto producto como motor del proceso de Ilustración. A ese listado pueden agregarse otra serie de destrucciones, a la manera de Marx cuando concluye que todo lo que parecía sólido en el antiguo orden ahora se evapora en el aire: instituciones, prácticas, ritos, relaciones, sentimientos.




JOSÉ JOAQUÍN BRÜNNER (1998) Tensiones de la cultura global, del libro “Globalización cultural y posmodernidad”, Chile: Fondo de Cultura Económica (2002).

En fin, la globalización genera este tipo de conflictos que son en gran medida producto del encuentro entre modernidad occidental y las demás culturas del mundo. De ese contacto, facilitado por los medios de comunicación, la internacionalización de las comunidades intelectuales, el comercio y el turismo (en número de 500 millones de personas cada año), proviene también el carácter pluralista, híbrido, de la posmodernidad. Allí tienen su origen, además, las contrapuestas “políticas de identidad y diferenciación” que son inherentes al emergente pluralismo a nivel global y local.



Lo que ocurre, sin embargo, es algo distinto. Por primera vez, dentro de una escena común proporcionada por los media, se manifiestan íntegramente las diferencias originadas por el proceso evolutivo de las culturas. Como consecuencia de esto, lo plural, en vez de reducirse como parecía lógico esperar a partir de la unidad capitalista, se intensifica al máximo, al menos en el plano de las representaciones simbólicas y su circulación. He aquí, entonces, que nos encontramos de nuevo con uno de los tópicos de la posmodernidad; el de lo plural y sus efectos en la cultura. Lyotard atribuye a este fenómeno, al menos en parte, la responsabilidad por la desaparición de los “grandes relatos” unificadores. Pues como explica Vattimo, “la radio, la televisión, y los periódicos se han convertido (eventualmente) en componentes de una explosión y multiplicación generalizada de Weltanschaungen; de visiones del mundo”.

(…) la industria de medios hace explotar los grandes relatos al poner fin al sentido unitario de la historia mediante la multiplicación generalizada de visiones de mundo.

Desde este punto de vista, entonces, la posmodernidad mediática produciría una liberación de las diferencias, coetáneas con la destrucción de la idea de una racionalidad central de la historia. En el mundo de la comunicación generalizada – que es también el de la generalizada mercantilización de las imágenes y la fabulación del mundo – se emancipan y afloran una multiplicidad de racionalidades locales que, según Vattimo, toman la palabra, hacen acto de presencia y ponen en escena la diversidad de humanidades encarnadas en las minorías étnicas, sexuales, religiosas, culturales y estéticas.

JOSÉ JOAQUÍN BRÜNNER (1998) Discursos morales, contextos culturales, del libro “Globalización cultural y posmodernidad”, Chile: Fondo de Cultura Económica (2002).

Es posible pensar, incluso, que el malestar de la posmodernidad, sus miedos y angustias, tienen una de sus raíces menos visibles, pero más hondas, en la incertidumbre moral, en ese desamparo del ‘ser’; en el hecho de que éste ya no siente la moral como su casa, porque la casa se ha llenado de múltiples voces.



El individualismo arranca a la persona de un horizonte de significados compartidos y de sus ligazones comunitarias; todo se vuelve elección personal. El mundo experimenta un desencantamiento, el sujeto se absorbe sobre sí mismo. Es la cultura del narcisismo y del intercambio, sin grandes pasiones ni motivaciones trascendentes.

En el plano de los discursos morales, la globalización pone en la primera línea de batalla el malestar del relativismo. Es decir, la idea (ciertamente amenazante) de que los sistemas de valores son infundados y obedecen nada más que al contexto cultural e histórico que los produce. Son demasiado humanos, para parafrasear a Nietzsche. Contingentes a su lugar y época; por lo mismo, sin fondo, desfondados, desde el mismo momento en que las nuevas tendencias de la economía y la cultura confunden el espacio y trastocan en tiempo.

En esa necesidad del otro reside, también, su propia fragilidad. Por eso las éticas de la compasión, que recogen esta intuición moral básica, cumplen siempre dos tareas. Hacen valer la intangibilidad de los individuos exigiendo igual respeto por la dignidad de cada uno (justicia). Y protegen las relaciones intersubjetivas de reconocimiento recíproco por las cuales los individuos se mantienen como miembros de una comunidad (solidaridad).


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