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Gilberto owen


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GILBERTO OWEN




En 1928, Gilberto Owen se encontraba en los Estados Unidos, cumpliendo unas de sus misiones diplomáticas, estancia durante la cual aprovechó para ir a las cataratas de Niágara y dejarse fotografiar, vestido con un impermeable de pies a cabeza, recargado en una lancha, en lo que parece una actitud alusiva al personaje automitologizado que se encuentra en los versos de la  Bitácora de febrero, pues fue en febrero el mes en el cual nació este Gilberto, como todos los Owen, hizo “muchas cosas en público, menos llorar”. Concretamente el día 4, que según él, en una carta a Elías Nandino, le dice:


Era domingo, día cuatro, o al revés, porque en mis versos todos los días son cuatro son domingo, uno que aprovechan los ówenes (…) para nacer.

 

Pero no paraba ahí el cuento porque Gilberto tuvo a bien informar a sus amigos y conocidos que había nacido en 1905, quitándose un año que después, en su filiación dada a la secretaría de Relaciones Exteriores donde trabajó, se preocupó en corregir y aumentarse la edad, añadiendo este dato que había nacido en el Rosario Sinaloa, y era hijo de Guillermo Owen y Margarita Estrada, originaria de Michoacán. Guillermo Owen Estrada, pues de carne y hueso, de nariz aguileña y rasgo prominentemente e indígenas, empotrada la cabeza sobre un cuerpo extremo delgado y que pronunciaba su vocación intelectual durante su juventud.


Para esfuerzos de quienes han rastreado su vida para escribir su biografía, Owen se predestinó el olvido y procuró en él inventar, sobre todo su obra, una genealogía emparentada con la soledad y el desarraigo. Ni “en los registros de 1904 a 1906, ni en el ayuntamiento o en la parroquia” encontró Inés Arredondo, durante sus investigaciones para sus Apuntes para una biografía, la ficha testimonial de su nacimiento. Pero Owen, en su nota autobiográfica de Bogotá en 1933 escribió:

 

He nacido en Rosario de Sinaloa, un pueblo de mineros junto al Pacifico. Tengo algunos recuerdos de la infancia, pero solo a Freud le interesarían. Mi padre era irlandeses y gambusino; de lo primero e heredado los momentos de irascibilidad, disimulados por un poco de humorismo y de lo otro la sed y manera de buscar vetas nuevas en el arte y la vida, no se si compensada por hallazgo alguno. Mi madre era mexicana, con más de indio que de español, y a su padre le debo el aspecto físico, mi falta de sentido de la propiedad y mis aptitudes para lo inútil tan laboriosa y vanamente combatidas.



 

De ahí, que quizás como él lo quería, toda se basara en suposiciones que, conforme a una lógica, sus amigos y estudiosos se han ocupado en contactar y hacer coherente, rastreando las pistas por él dejadas en sus versos y líneas. Así, es factible que, siendo un niño todavía, su padre hay muerto y el y su madre hayan ido al puerto de Mazatlán, donde, sin más pena ni gloria, se haya dedicado a observar el paisaje mazatleco y grabar, para siempre, en su memorias aquellas imágenes que volvería poéticas.
Porque luego aparece en la ciudad de Toluca, en el Estado de México, como estudiante en el Instituto Científico y Literario. Era el año de 1919 y estaba como gobernador provisional de este estado el licenciado sinaloense Francisco J. Gaxiola, quien había nacido en 1870. Según lo expuesto por Owen, en comentario al alimón con personas cercanas, él contó con la protección de este hombre quien se interesó por darle estudios y ayudarlo económicamente a él y a su madre. 
Este salto a México se le debió al General Álvaro Obregón cuando en 1922, este lo escuchó pronunciar el discurso de la bienvenida al presidente en representación del Instituto. Lo mando llamar y lo destino a trabajar en la Secretaria de la Presidencia como Lector de los periódicos que, posteriormente, hacía una síntesis que Obregón revisaba mientras tomaba su desayuno. Ahí estuvo desde el 1º de agosto de 1923 hasta el 1º de julio de 1928.

Se inscribió en la Escuela Nacional Preparatoria y, durante ese lapso conoció entonces a Clementina Otero, la actriz, de quien se enamoró perdidamente y la cual nunca lo acepto.

Fue la época en la que Owen entro de lleno en el universo de los contemporáneos, junto a hombres como Bernardo Ortiz de Montellano, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, Carlos Pellicer, Jaime Torres Border, José Gorostiza y Enrique González Rojo, su paisano. Owen intervino entonces decisivamente en convulso movimiento literario de ese periodo, al cual no estuvieron tampoco ajenos personalidades como Enrique González  Martínez, Alonso Reyes, José Vasconcelos, Genaro Estrada, Bernardo J. Gastélum y Elías Nandino. Con ellos participaban también pintores como Roberto Montenegro, Agustín Lazo, Julio Castellanos, Antonio Ruiz, Manuel Rodríguez Lozano, Emilia Revueltas y Gunther Gerszo y, dramáticamente relevante, Antonieta Rivas Mercado.
Sin embargo, de esa pleyade de artistas e intelectuales, Owen guardo para si la amistad única y exclusiva de Jorge Cuesta, el veracruzano, a quien, junto con él, los demás dieron en llamar los provincianos.
Eso fue en la preparatoria. Cuesta era, desde entonces, como dice Luis Cardoza y Aragón, un Picasso, con un ojo más alto que el otro. El nexo de Cuesta con Owen no se extinguió jamás.



Owen inicia su carrera diplomática como cónsul el 1º de julio de 1928. El día 7 empezó trabajo como canciller en Nueva York. Ya para entonces, había escrito varias obras:
Desvelo en 1925. La llama fría en el mismo año y novela como nube en 1928.
De Nueva York pasa a Detroit, en Michigan, el 11 de octubre de 1929. Lo comisionan más tarde en Cincinnati, en Ohio, en enero de 1931 y, el 27 de julio desempeña, como cónsul General en Lima, Perú, a donde había llegado el 6 de abril.
En Suramérica. Owen se cartea con Alonso Reyes, quien a la sazón, se encontraba en 1932 como embajador en Brasil. A él le manifiesta Owen sus desazones como escritor y los problemas que tiene que enfrentar en el desempeño de sus labores.
Durante su estancia en el Perú, Owen se enamora de una muchacha Rosa Alarcón, quien es la rosa de Lima que refiere él en su obra. Pero ni, esto ni otras cosas prosperan porque el gobierno mexicano le ordena que vaya al Ecuador a fundar en Guayaquil un consulado. Empero, no deja de cooperar y de participar en un movimiento social denominado APRA, en el cual se enroló a raíz de su amistad con Luis Alberto Sánchez, un peruano que había conocido en Lima en 1931.
El gobierno mexicano lo destituyo del cargo. Fue la época del sarampión marxista que le embargo desde sus primeros contactos con Jorge Cuesta y que, después de algunos años, le paso por entero.
En 1933 Owen esta en Colombia, escribiendo para algunos diarios dé Bogotá como El Tiempo, principal periódico de la capital. Su contacto con el gran mundo bogotano lo llevan a conocer a Cecilia Salazar Roldán, hija del expresidente colombiano, el General Víctor Manuel Salazar, con la cual se casa el 2 de diciembre de1935, con ella procrea dos hijos: Victoria Cecilia y Guillermo.
Fracasa en su matrimonio y regresa a México en 1942, donde trabaja en la revista El hijo prodigo. Nadie lo reconoce. Es tanta la ausencia y tanto el olvido.
En 1948 recibe la publicación de Perseo Vencido que sus amigos peruanos correligionarios del APRA, se encargaron de editar en el anexo a la revista de San Marcos en Lima.
Ya desde entonces tiene graves problemas de salud. En 1950 su estado es crítico, según lo confirma su amiga, Josefina Procopio, en una carta fechada el 3 de enero. A pesar de que se sobrepone en algunos periodos, Owen empeora. No escribe más poesía, tan sólo traducciones y muere ciego el 9 de marzo de 1952. 
En 1951, Owen en Filadelfia se deja fotografiar, abrazando un florero de ramas secas, cruzado de brazos y con una sonrisa tragicómica. Lo sepultaron en el cementerio de Holy Cross.
www.elcolegiodesinaloa.gob.mx


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