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Fundación Sin Fines de Lucro


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undación Sin Fines de Lucro

Declarada de interés especial por la Legislatura del Gobierno de la Ciudad
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Exhibición n° 7074 Domingo 14 de diciembre de 2008

Temporada n° 55 Cine GAUMONT

ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE (Appaloosa, Estados Unidos - 2008). Dirección: ED HARRIS. Argumento: sobre una novela de Robert B. Parker. Guión: Robert Knott, Ed Harris. Fotografía: Dean Semler. Diseño del film: Waldemar Kalinowski. Montaje: Kathryn Himoff. Música original: Jeff Beal. Mezla de sonido: Troy Porter. Decorados: Linda Lee Sutton. Dirección de arte: Steve Arnold. Vestuario: David C. Robinson. Elenco: Robert Jauregui (Marshall Jack Bell), Jeremy Irons (Randall Bragg), Timothy V. Murphy (Vince), Luce Rains (Dean), James Tarwater (Chalk), Boyd Kestner (Bronc), Gabriel Marantz (Joe Whittfield), Ed Harris ( Virgil Cole), Viggo Mortensen (Everett Hitch), Benjamin Rosenshein (Town Boy), Cerris Morgan-Moyer (Tilda), James Gammon (Earl May), Timothy Spall (Phil Olson), Tom Bower (Abner Raines), Erik J. Bockemeier (Fat Wallis), Freddie Hice, Neil Summers , Tim Carroll, Renée Zellweger (Allison French), Bounthanh Xaynhachack (Chin), Ariadna Gil (Katie), Art Usher, Clark Sanchez, Cliff Gravel, Mike Watson, Rex Linn, Corby Griesenbeck (Charlie Tewksbury), Lance Henriksen (Ring Shelton), Adam Nelson (Mackie Shelton), Bob L. Harris (Juez Elias Callison), Daniel Parker, Ed Pennybacker, Alvin William 'Dutch' Lunak, Martin Connelly (Apache Elder), Danny Edmo, Argos MacCallum, Cynthia Huerta, Girard Swan, Aidan Vitela, Stephen Chomko, Mark A. Hernandez, Nancy Ann Hibbs, J. Nathan Simmons. Productores: Ed Harris, Robert Knott, Ginger Sledge. Productores ejecutivos: Sam Brown , Caldecot Chubb , Michael Disco, Toby Emmerich, Michael London. Productoras: New Line Cinema, Axon Films, Eight Gauge Productions, Groundswell Productions. Duración original: 114’.



Este film se exhibe por gentileza de Distribution Company.
El film

El western se resiste a desaparecer, por suerte para todos los amantes del séptimo arte. Y se mantiene firme gracias al amor y al respeto que grandes nombres de la industria sienten por el género cinematográfico por excelencia, resultando un goteo de títulos escaso ─quizá sea mejor así─ pero continuo, propuestas de calidad notable casi todas ellas que recogen el espíritu de las legendarias producciones que, a día de hoy, siguen copando parrillas televisivas y estanterías de coleccionistas sin perder un ápice de su fuerza y vigor.

Virgil Cole (Ed Harris) y Everett Hitch (Viggo Mortensen) se dedican a mantener la ley allí donde sean necesarios. Mercenarios con placa, el primero dicta las normas y el segundo ayuda de manera definitiva a aplicarlas, pese a quien pese. Una forma peculiar de justicia, pero la experiencia demuestra que funciona; por eso, los atribulados habitantes de un pequeño pueblo sometido al yugo del inflexible Randall Bragg (Jeremy Irons) requieren sus servicios con urgencia, hartos de la tiranía del asesino. Entre la vida y la muerte abandona un tanto el tono crepuscular de las últimas producciones centradas en el Oeste americano y aparece como un film de tipos duros, desde luego, pero en el que los papeles evolucionan de manera imprevisible, de suerte que el devenir de los acontecimientos deriva en la inversión de la práctica totalidad de los participantes. Con un ritmo tranquilo, centrado más en la relación de la pareja central que en lo que sucede a su alrededor, la trama discurre mansa, tocada por un halo de violencia permanente que puede explotar en cualquier momento y que todos están dispuestos a afrontar.

Una extraña mixtura entre rectitud y ambigüedad moral empapa una historia en la que, si bien la tragedia se palpa por doquier, no se renuncia a un humor tan saludable como espontáneo, nacido del pragmatismo más radical de un grupo de personas acostumbrado a convivir con la muerte a diario, un elemento más de unas existencias apacibles a pesar del crudo marco que las enmarca. Muchos jinetes pálidos sin miedo a la mano de la Parca, encabezados por unos fabulosos y humanamente hieráticos y estoicos Harris y Mortensen, dupla que haría buenas migas con el tándem formado por Boss Spearman y Charlie Waite, sin duda; por su parte, Irons compone un arquetípico villano sin fisuras, sobrado de sí mismo, por encima del Bien y el Mal, mientras que Renée Zellweger ─el mayor error de un casting redondo─ dibuja un rol que no se adapta definitivamente a lo que pretende. Además, Bob Harris, Timothy Spall, Lance Henriksen, Ariadna Gil o Rex Linn contribuyen a que la nueva aventura de Ed Harris tras las cámaras salve con aptitud y una absoluta falta de pretensiones las exigencias de un palco que encontrará un sentido homenaje entretenido y ameno, a pesar de las inevitables irregularidades rítmicas y algunos saltos narrativos un tanto extraños por lo radical.

(Extraído de www.labutaca.net)
La segunda película como director de Ed Harris apenas se permite unos planos de belleza circunspecta: Tras un tiroteo en el saloon de la localidad, la tarima queda manchada con un trazo de sangre que semeja un dripping del pintor Jackson Pollock —protagonista de la ópera prima de Harris—, y que dirige nuestra mirada hacia el cuerpo yacente de un secuaz de Randall Bragg (Jeremy Irons), el prepotente ranchero que cree saldrá impune de asesinar al sheriff de Entre la vida y la muerte. Más tarde, un puma escruta el paso del tren en el que Virgil Cole (Harris) y Everett Hitch (Viggo Mortensen) escoltan a Bragg para que se ejecute su sentencia, una vez juzgado por el crimen. Y cercano ya el desenlace, en una habitación de desconchadas paredes turquesa, el agente de la ley y su ayudante charlan sobre Allison French (Renée Zellweger), la mujer que ha enturbiado su relación, mientras se preparan para enfrentarse con el fugado Bragg; Virgil medita junto a la ventana, Everett remienda sus ropas.

Una retórica más elaborada atentaría contra las intenciones de Entre la vida y la muerte, que se esfuerza lo indecible por constituirse en western anterior a las influencias manieristas de Sam Peckinpah, Walter Hill o Clint Eastwood. Ed Harris prefiere mirarse en Delmer Daves (Cowboy, El Tren de las 3:10) y John Sturges (Desafío en la Ciudad Muerta, Duelo de Titanes); artesanos de los cincuenta para quienes el género no tenía su razón de ser en la épica y los espacios abiertos, y mucho menos en lo crepuscular y lo autoconsciente; sino en las complejidades psicológicas de los personajes y las ambigüedades morales de un entorno histórico en plena concreción.

Las limitaciones de aquellas producciones, como las de Entre la vida y la muerte, derivan de esa ambición por tratar temas que escapen a las convenciones escenográficas del género, pero sin un ánimo decidido por cuestionar los elementos mitológicos ansiados por el público. En este sentido, se da la paradoja de que la película de Harris ha obtenido un buen número de críticas positivas basadas en “el clasicismo”, “el rollo viril”, “el sabor añejo” o “el oeste de toda la vida” que destilan sus imágenes, cuando son esos aspectos precisamente los menos satisfactorios de la película, los que esclerotizan su desarrollo en sintonía con la puesta en escena e impiden que lo imprevisible, como prometía en off Everett Hitch durante los primeros minutos de metraje, se manifieste con convicción. Esto queda en evidencia atendiendo a los retratos de Virgil Cole y Hitch, los “buenos” de Entre la vida y la muerte porque así lo ha decidido la elección de los intérpretes y el reparto de los diálogos. Pero Cole se desvela en varios momentos como un tipejo tan brutal y arbitrario como el sheriff Bill Daggett (Gene Hackman) de Sin Perdón; Hitch lleva la hombrera derecha de todas sus chaquetas recubierta de cuero para que el fusil con el que carga ominosamente día y noche no estropee la tela; y ambos se disponen estratégicamente de la misma manera letal no importa si para tratar en un despacho con los comerciantes a los que ofrecen sus servicios como pacificadores, o en el saloon con Bragg y sus esbirros.

El discurso subversivo, imprevisible de Entre la vida y la muerte, como decimos tratado de puntillas, gira en torno a la relatividad de las normas de convivencia, su adecuación a intereses bastardos individuales y colectivos, a los aparatos de poder. Y el personaje que simboliza estos vaivenes es Allison. Acostumbrado a las prostitutas, Virgil confundirá a Allison con una de ellas.

Las actitudes de Allison y de Randall Bragg, otro “animal social”, son el reflejo de un fracaso a la hora de intentar establecer colectivamente relaciones honestas, basadas en la confianza y los méritos, que ceden ante componendas que cambian su signo de un momento al siguiente y que requieren por tanto de un alto grado de adaptabilidad, de “inteligencia emocional”, al ritmo que impone la civilización. Tal vez pueda pensarse que Harris no ha tenido valor para llevar a las últimas consecuencias esa verdad agazapada en su película. O tal vez ha preferido pese a todo privilegiar el encanto de los machos, la camaradería y las cabalgadas al atardecer. En cualquier caso, Entre la vida y la muerte es una propuesta muy interesante. Sobre todo si apetece ver en ella más que pasiones de los fuertes, duelos, legiones invencibles y últimos hombres duros.

(Extraído de www.cosasdecine.com)

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Usted puede confirmar la película de la próxima exhibición llamando al 48254102, o escribiendo a nucleosocios@argentina.com

Todas las películas que se exhiben deben considerarse Prohibidas para menores de 18 años.



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