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Frases del Cura Brochero


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Frases del Cura Brochero...

“La hostia consagrada es un milagro de amor, es un prodigio de amor, es una maravilla de amor, es un complemento de amor, y es la prueba más acabada de su amor infinito hacia mí, hacia ustedes, hacia el hombre” (Cura Brochero)

“Mis amados: que Dios amó al hombre desde la eternidad es una verdad tan clara y tan demostrada que el solo pensar lo contrario es y sería el colmo de la locura… El amor eterno de Dios hacia el hombre está escrito en todas las maravillas de la creación… los prodigiosos fenómenos de la naturaleza que, a cada paso, nos asombran, publican por todas partes ese amor. Lo mismo hacen los luminosos astros que embellecen el firmamento. Igual cosa publican las refulgentes estrellas que tachonan y esmaltan la bóveda celeste. El cambio periódico de las estaciones, la riqueza del mundo vegetal y animal, y todo lo grande y sublime que presenciamos en el universo, predican que Dios amó al hombre desde la eternidad y que, en él, puso los ojos de su amor y de su predilección”. (Cura Brochero)

“El sacerdote que no tiene mucha lástima de los pecadores es medio sacerdote. Estos trapos benditos que llevo encima no son los que me hacen sacerdote; si no llevo en mi pecho la caridad, ni a cristiano llego.” (Cura Brochero)

A los sacerdotes: “Cuanto sean más pecadores o más rudos o más inciviles mis feligreses, los han de tratar con más dulzura y amabilidad en el confesionario, en el púlpito y aún en el trato familiar” (Cura Brochero)

“Yo estoy muy conforme con lo que Dios ha hecho conmigo relativamente a la vista y le doy muchas gracias por ello. Cuando yo pude servir a la humanidad me conservó íntegros y robustos mis sentidos. Hoy, que ya no puedo, me ha inutilizado uno de los sentidos del cuerpo. Es un grandísimo favor el que me ha hecho Dios nuestro Señor en desocuparme por completo de la vida activa y dejarme la ocupación de buscar mi fin y de orar por los hombres pasados, por los presentes y por los que han de venir hasta el fin del mundo.” (Cura Brochero)

Acerca de su ordenación de sacerdote: “Sentí mucho miedo. Apenas soy un pobre pecador, tan lleno de límites y miserias. Y me preguntaba: ‘¿Podré ser fiel a la vocación? ¿En qué enredo me metí?’ Pero en seguida una sensación inmensa de paz invadió todo mi ser. Porque si el Señor me había llamado, Él sería fiel y sostendría mi fidelidad; además, Jesús, el Buen Pastor, jamás niega sus dones a quienes lo siguen y son ‘otros Jesús’ como su Hijo muy amado.” (Cura Brochero)

“El Señor me dio la salud, él me la quita; bendita sea su santa voluntad. Debemos estar siempre conformes con los designios de Dios.” (Cura Brochero)

“Para llorar como hombre, como puedo llorar yo. Para sufrir persecuciones como hombre, como puede sufrirlas cualquiera de ustedes. Para padecer hambre, sed, tristeza. Para experimentar los desprecios de la vanidad, la indiferencia del orgullo, las burlas de la impiedad… Para beber la hiel de la calumnia. Para apurar las heces de la maledicencia. Para sufrir en su persona… Todo cuanto debía padecer el hombre, a fin de que el hombre experimentase las riquezas de su misericordia y las dulzuras de su amor. Apareció, en fin, entre nosotros el Hijo de Dios hecho hombre para asimilarse perfectamente al hombre, a fin de que el hombre se hiciese Dios y pudiese participar de su infinito amor.” (Cura Brochero)

“La gracia de Dios es como la lluvia, que a todos moja” (Cura Brochero)

"No somos cristianos por una idea o decisión ética sino por encontrarnos con Jesucristo" (Cura Brochero)

"Dios en los santos Ejercicios me ha enseñado a mí y a ustedes que el hombre debe prime­ro perder su honor, sus bienes o riquezas y su vida misma, antes que perder a Dios…". (Cura Brochero)

"Jesucristo impone a sus soldados leyes al parecer muy duras: 'Niégate a ti mismo, carga con tu cruz y sígueme', porque el negarse a sí mismo, importa una renuncia completa de todos los placeres del sentido, un abandono de las riquezas superfluas, y un desprecio de los vanos honores. Tomar la cruz, es la preparación del ánimo, para tolerar las cosas contrarias al genio de la naturaleza; tales son, la penitencia, la mortificación del cuerpo, la pobreza de espíritu y la humildad de corazón: cosas todas que se oponen directamente a los tres genios de apetitos que sugiere Lucifer" (Cura Brochero)

"Dios es como los piojos, está en todas partes, pero prefiere a los pobres". (Cura Brochero) Queridos hermanos y hermanas: Estamos viviendo tiempos muy especiales como Iglesia y como argentinos. El próximo 14 de septiembre, y en el marco del Año de la fe, viviremos la alegría de la beatificación del Padre Brochero. Además, tuvimos la gracia de la beatificación de la Hna. María Crescencia Pérez, religiosa argentina, y el gozo de que un hermano nuestro fuera elegido por Dios como Obispo de Roma y Pastor Universal.

José Gabriel del Rosario Brochero, un “Pastor según el corazón de Dios... quien fue... ungido para ungir al pueblo fiel, un verdadero Pastor con olor a oveja” (Papa Francisco: Misa Crismal, 28 de marzo de 2013), al decir del Papa Francisco, nació en Santa Rosa de Río Primero en 1840. Se formó en el Seminario de Córdoba y en 1869 fue destinado como cura párroco a Traslasierra. Desde las Altas Cumbres, divisando el valle, vio que estaba todo por hacer. Pastor dotado de gran espíritu de sacrificio y extraordinaria caridad pastoral y social, sirvió a la gente más pobre del campo, compartió su vida y promovió en ella la elevación humana y religiosa, especialmente a través de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola (Decreto de Venerable, Abril de 2005).

La devoción del cura Brochero a la Virgen María, con el profundo y cálido título de “Mi Purísima”, nos abre a su amor hondo y concreto, muy atento a las necesidades de cada persona. Como la Virgen en las Bodas de Caná (ver San Juan 2,1- 12), también Brochero supo decir a Jesús: “no tienen agua”, “no tienen educación”, “no tienen caminos”, “no tienen medios acordes para encontrarse como hermanos y comercializar sus productos... “. Y él hizo lo que Jesús dijo: ayudó a todos sus contemporáneos a escuchar esa misma voz que abre las cataratas del amor de Dios y que se vuelca en el amor concreto al hermano: abrió escuelas, fue pionero en abrir un colegio para niñas, proyectó el ferrocarril, y entre todos hicieron caminos, acequias, diques, telégrafos, y la misma Casa de Ejercicios. Durante su breve período en la ciudad de Córdoba, nombrado capellán de la cárcel, veló con amor de padre por las necesidades físicas y espirituales de sus hermanos privados de libertad. Él no fue un cristiano triste. Sabía de la alegría que da Jesús y la quería contagiar. Por eso al visitar a la gente en sus casas, les decía: “Aquí vengo a darles música”. La música de saberse amados por Dios. Hoy la alegría del cielo que nos transmite la beatificación del Padre Brochero, le permite multiplicar sus brazos, sus pies, su corazón, a través de cada uno de nosotros, y nos invita a ser discípulos misioneros de Jesucristo: “Si en mi corazón no llevo la caridad, ni a cristiano llego”, decía él. Brochero nos anima, como bauti- zados, a salir a las fronteras, “de tal manera que la unción llegue a todos, también a las ‘periferias’, allí donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora” (Papa Francisco, Misa Crismal...). A ir hacia los que no conocen el amor de Dios porque no se les ha anunciado o porque la cruda realidad que les toca vivir les habla de que Dios pareciera estar ausente de sus vidas. Nos invita a compartir con ellos que Dios los ama. 

Por eso, los obispos argentinos expresamos nuestro gozo y gratitud por el don de la vida sacerdotal del Padre Brochero,modelo e intercesor, que reconocemos como una gracia singular para la Iglesia en nuestra Patria. En una carta a su condiscípulo y amigo obispo Yaniz, estando enfermo y con sus fuerzas físicas desgastadas, le decía: “Es un grandísimo favor el que me ha hecho Dios Nuestro Señor en desocuparme por completo de la vida activa y dejarme la ocupación de buscar mi fin, y de orar por los hombres pasados, por los presentes y por los que han de venir hasta el fin del mundo” (El Cura Brochero, carta y sermones, CEA, Buenos Aires 1999, 801-802). ¡Cómo no acudir a él con confianza! Esta beatificación es una nueva llamada de Dios para responder a la vocación a la santidad que todos recibimos en el bautismo. El beato Juan Pablo II, al comienzo del nuevo milenio, expresó: “Preguntar quieres recibir el bautismo es lo mismo que preguntar si quieres ser santo” (Novo Millennio Ineunte, 31). Y el Papa Benedicto XVI nos recordaba que “Los santos no son representan- tes del pasado sino que constituyen el presente y el futuro de la Iglesia y de la sociedad. Son como las caras de un prisma, sobre las cuales con matices distintos, se refleja la única luz que es Cristo” (Benedicto XVI, Discurso del 22 de diciembre de 2009).

Queridos hermanos, los tiempos nos urgen para que, siguiendo el ejem- plo de los santos, experimentemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar (Paulo VI, Evangelii Nuntiandi, 80). 

Los Obispos de La Argentina
105o Asamblea plenaria de la CEA, Pilar, 20 de abril de 2013

Mensaje a los presbíteros argentinos por la beatificación del Siervo de Dios José Gabriel del Rosario Brochero

Queridos hermanos sacerdotes:
1. La beatificación del Siervo de Dios José Gabriel del Rosario Brochero es un regalo de la Providencia para la Iglesia en nuestra Patria Argentina. Un verdadero acontecimiento de gracia en el Año de la Fe que estamos celebrando. Con gratitud podemos decir: Dios ha visitado a su pueblo,ofreciendoenlapersonade Brochero un testigo creíble del Evan- gelio, un pastor según el corazón de Dios, que nos inspira y alienta para la nueva evangelización.
2. Su figura ha ido creciendo, cada vez más, en el alma de nuestro pue- blo. La fama de su santidad le ha permitido a la Iglesia proponerlo como modelo ejemplar de vida cristiana. De manera especial, la santidad del “Cura Brochero” es un regalo para los pastores que, ungidos por el mismo Espíritu que selló su alma, queremos servir al Pueblo de Dios en nuestra Patria.

3. Por eso, los obispos argentinos, ante su inminente beatificación, hemos pensado en ustedes, muy estimados presbíteros de Argentina, nuestros hermanos y colaboradores inmediatos. Compartimos con ustedes el don precioso de la caridad pastoral de Jesucristo. Nos ha surgido así el deseo de hacerles llegar una palabra de aliento inspirada precisamente en la figura del “Cura Brochero”. Les confiamos estas reflexiones esperando que sean provechosas, tanto para la reflexión personal como en común. Pedimos al Señor que renueve en nosotros la pasión por el Evangelio que animara al Siervo de Dios.

Un don de Dios que nos interpela

4. ¿Qué nos dice la figura evangélica y sacerdotal de Brochero? ¿Qué luz proyecta sobre nuestra vida y misión como pastores del Pueblo de Dios en este momento de nuestra historia? 5. En estos años, y con ocasión del proceso de beatificación, hemos podido conocer mejor los rasgos distin- tivos de su alma sacerdotal: su vida radicada en Dios, su amor a Jesucristo, a la Palabra y a la Eucaristía; su celo apostólico, especialmente por los más alejados y necesitados; la fortaleza y creatividad de un sacerdote que vivía intensamente su vocación de párroco; la originalidad con que unió evangelización y promoción humana; su tierna devoción a la Purísima; el testimonio elocuente de su vida pobre y entregada; su capacidad de amistad con grandes y pequeños; su configuración con Cristo paciente, sobre todo al final de sus días. Celebramos las iniciativas que nos están ayudando a apreciar cada vez más la riqueza de su persona. Las agradecemos y promovemos.

Brochero: maestro de vida para los sacerdotes

6. Un lugar destacado en este camino lo ocupan los Encuentros Nacio- nales de Sacerdotes y de Seminaristas teólogos que, cada tres años, se han realizado en Villa Cura Brochero. De esta manera, los lugares broche- rianos, el paisaje de Traslasierra y su gente se han vuelto familiares para el clero argentino, incorporándose a su itinerario formativo. Para muchos de nosotros, peregrinar a Brochero se ha convertido en una fuerte ex- periencia espiritual en la que hemos podido reavivar el don recibido en la ordenación. El “Cura Brochero” ha llegado a ser así un verdadero maes- tro de vida que sigue compartiendo con nosotros lo que ha constituido el centro unificante de toda su vida: la persona de Jesucristo y la unión transformante con Él. Brochero nos ha enseñado a permanecer en la contemplación de Jesús, experimentándolo como Amigo, Maestro y Señor. La vida de oración de este santo cura nos interpela a nosotros que, como él, hemos sido llamados para estar con Jesús y predicar su Evange- lio (ver Mc 3,13-14).

7. Estos encuentros nos han permitido también tener una experiencia gozosa de la fraternidad que brota del sacramento del Orden. El “Cura Brochero” ha sabido atraer y unir en torno a un mismo ideal a obispos y presbíteros argentinos, tan diversos por procedencia, temperamento y situaciones culturales. En Brochero hemos podido comprender mejor que el ministerio ordenado tiene una radical forma comunitaria y sólo puede ser ejercido como una tarea colectiva (ver Pastores dabo vobis, 17). Brochero ha sido un hombre de comunión, que ha vivido intensamente los múltiples vínculos que definen la identidad presbiteral en la Iglesia y en el mundo. Ha sido un hombre de obediencia apostólica, atento a la voz de Dios en las mediaciones eclesiales: en primer lugar, su obispo y la Iglesia diocesana; pero también los demás presbíteros, los laicos, los consagrados, incluso las concretas situaciones de vida (ver Pastores dabo vobis, 28). Como pastores sabemos bien lo que esto significa para nuestras iglesias particulares: la misión apostólica es una tarea compartida que nos involucra en primera persona a obispos y presbíteros en el único Presbiterio diocesano. En Brochero, nos hemos sentido llamados a una profunda conversión personal y pastoral para vivir decididamente la espiritualidad de la comunión (ver Documento de Aparecida, 368).

Su alegría más grande: conocer a Cristo y darlo a conocer

8. Pocas obras revelan tan claramente el alma sacerdotal de Brochero como los Ejercicios Espirituales. Allí está la Casa de Ejercicios, cuyas pa- redes siguen hablándonos del encuentro con Cristo que el Siervo de Dios había experimentado y quería que los suyos vivieran como el momento más importante de la vida. En el lenguaje de Aparecida: “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (Documento de Aparecida, 29). Un encuentro con Cristo que transforma la vida y hace de cada ejercitante un “discípulo misionero” para sus hermanos.
Conocemos bien los testimonios que nos han llegado de esta opción evangelizadora del “Cura Brochero”. Conocemos también la huella pro- funda que ha dejado en el alma religiosa de Traslasierra. De esa pasión brotó una inagotable creatividad pastoral que, unida al ingenio criollo y a la perseverancia del apóstol, fue el canal a través del cual el amor primero de Dios tocó y convirtió los corazones más duros y cerrados.

Un párroco santo entre su gente

9. Al tener noticia de su vida y recorrer los lugares brocherianos, no deja de sorprendernos la elocuencia evangélica de este simple hecho: Brochero llegó a configurarse con Jesucristo como cura párroco. En las condiciones ordinarias de la vida de un párroco de nuestra tierra encontró la fuente de su santificación: una parroquia extensa, la confesión, la Misa y la predicación, la visita a las familias y a los enfermos, la educación de las nuevas generaciones, el servicio a los pobres, el trabajo codo a codo con laicos, consagrados y otros presbíteros, etcétera. En lo cotidiano de su parroquia ha vivido la caridad pastoral como “concentración de cada instante y de cada gesto en torno a la opción fundamental y determinante de ‘dar la vida por la grey’“ (Pastores dabo vobis, 23).

Para Brochero, ser párroco y ser misionero ha constituido una misma realidad. Ha vivido sencillamente la esencial dimensión misionera del ministerio presbiteral. Este ardor apostólico nos interpela. Hoy, anhelamos para nuestra Iglesia una fuerte conmoción que nos desinstale y nos convierta en misioneros. “Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo” (Documento de Aparecida, 362). Inspirados por Brochero, y ante los complejos desafíos de hoy, los pastores de Argentina experimentamos ese impulso evangelizador que viene del Espíritu. Nos sentimos llamados a salir, como él lo hizo, a proclamar la gran esperanza que es Jesucristo, sobre todo, a los más alejados.

10. La configuración con Jesús el Buen Pastor lo ha llevado a encarnarse profundamente en los valores de la cultura de la gente serrana. Ha sabido así anunciar a Jesucristo, la novedad de su Evangelio y de la vida cristiana con ese estilo pastoral de alegría, entusiasmo y cercanía que nosotros anhelamos para nuestra evangelización (CEA, Orientaciones pastorales para el trienio, 2012-2014, III). También nosotros, como pastores, sentimos el desafío de una inserción profética en nuestra cultura, “para sembrar en ella la semilla del Evangelio, es decir, para que el mensaje de Jesús llegue a ser una interpelación válida, comprensible, esperanzadora y relevante para la vida del hombre y de la mujer de hoy, especialmente para los jóvenes” (Documento de Aparecida, 194). Brochero, también en esto, ha abierto camino para nosotros.

Amó a los pobres con el corazón de Cristo

11. Estas reflexiones sobre Brochero no pueden pasar por alto un aspecto fundamental: su opción por los pobres sólidamente radicada en Jesucristo. Por Él abrazó la pobreza como forma de vida. Por Él sirvió a los pobres, la inmensa mayoría de sus feligreses, llevándoles el Evangelio que promueve la plena dignidad del ser humano. Lo hizo sin resentimientos ni actitudes ideológicas o dialécticas. Supo así interpelar oportunamente la conciencia de los poderosos desde el Evangelio y el biencomún. Con ingenio y perseverancia procuró para los suyos aquel progreso que, por entonces, estaba cambiando el rostro de la joven nación Argentina. Pero, sobre todo, trató a los pobres como sujetos libres y responsables. Los promovió en su dignidad de personas. Por eso, su servicio fundamental fue llevarlos al encuentro con Cristo, para que delante de Él orientaran libremente su vida. Su ministerio pastoral entre los encarcelados, por ejemplo, nos conmueve, edifica y provoca. Brochero nos marca un camino: “Todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo” (Documento de Aparecida, 393). Como pastores compartimos el anhelo del Concilio Vaticano II y de la Iglesia que peregrina en América latina y el Caribe, recientemente expresado por el Santo Padre Francisco: comprometernos con “una Iglesia pobre para los pobres”.

Transfigurado por la Pascua

12. Hay un último aspecto que quisiéramos destacar contemplando la figura del “Cura Brochero”: su identificación con la pascua de Jesucristo. La vida de todo bautizado y, de manera particular la de un sacerdote, encuentra su sello de autenticidad en el sufrimiento que es necesario padecer por el Evangelio (ver 2 Tim 1,8). Lo sabemos muy bien por nuestra propia experiencia: la misión es fecunda si es transformada por la Pascua. Así lo vivió Brochero, que no sólo experimentó diversas contrariedades en su ministerio, sino que, en la enfermedad y el retiro de los últimos años, llegó a participar consciente y libremente en la pasión de Cristo. Son conocidas las palabras que dirige a su condiscípulo, el obispo Yañiz Martín: “Pero es un grandísimo favor el que me ha hecho Dios Nuestro Señor en desocuparme por completo de la vida activa y dejarme con la vida pasiva, quiero decir que Dios me da la ocupación de buscar mi último fin y de orar por los hombres pasados, por los presentes y por los que han de venir hasta el fin del mundo” (Carta al Obispo de Santiago del Estero, Mons. Dr. Yañiz Martín: 28/10/1913).

Beato Cura Brochero: intercede por nosotros


13. Los obispos de América latina y el Caribe, en el Documento de Apa- recida, han expresado uno de los anhelos más profundos de la Iglesia del continente: “El Pueblo de Dios siente la necesidad de presbíterosdiscípulos: que tengan una profunda experiencia de Dios, configurados con el corazón del Buen Pastor, dóciles a las mociones del Espíritu, que se nutran de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y de la oración; de presbíteros-misioneros,movidospor la caridad pastoral: que los lleve a cuidar del rebaño a ellos confiados y a buscar a los más alejados predicando la Palabra de Dios, siempre en profunda comunión con su Obispo, los presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas y laicos; de presbíteros- servidores de la vida: que estén atentos a las necesidades de los más pobres, comprometidos en la defensa de los derechos de los más débiles y promotores de la cultura de la solidaridad. También de presbíteros llenos de misericordia, disponibles para administrar el sacramento de la reconciliación”. (Documento de Aparecida, 199).

14. El Siervo de Dios José Gabriel del Rosario Brochero ha sido uno de esos buenos pastores, cuyo perfil ha sabido trazar con palabras incisivas el Santo Padre Francisco: “Al buen sacerdote –decía– se lo reconoce por cómo anda ungido su pueblo; ésta es una prueba clara... Nuestra gente agradece el Evangelio predicado con unción, agradece cuando el Evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, cuando baja como el óleo de Aarón hasta los bordes de la realidad, cuando ilumina las situa- ciones límites, 'las periferias’ donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe... Así hay que salir a experimen- tar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las ‘periferias’ donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones”. (Francisco, Homilía de la Misa crismal, 28 de marzo de 2013). 15. Queridos hermanos presbíteros: con inmensa alegría y gratitud de corazón, los pastores de Argentina podemos confesar que hemos conocido un pastor que ha vivido precisamente así, como un ungido del Señor que ha ido hasta las periferias del mundo a experimentar el poder del Espíritu, que nos es dado para anunciar a todos el Nombre de Jesús Salvador. Hoy, la Iglesia, con una decisión de su magisterio confirma lo que el sentido de la fe de los fieles ha percibido certeramente: el “Señor Brochero” es feliz –beato– porque ha creído y ha vivido como signo e instrumento del Buen Pastor. Goza en el cielo de la gloria de la Trinidad con María, los ángeles y los santos, intercede por nosotros y acompaña nuestro peregrinar en la fe. No nos queda más que dar gracias a Dios y dejarnos evangelizar por este hermano mayor, uno de nuestra tierra, que honra a la Iglesia de Dios en Argentina.

Un saludo cordial a todos ustedes en este gozoso tiempo de Pascua, encomendándonos unos a otros en la oración, la Eucaristía cotidiana, la protección de la Purísima y la intercesión del nuevo beato.

Los obispos argentinos

105o Asamblea plenaria de la CEA, Pilar, 20 de abril de 2013

COSAS DEL CURA BROCHERO- josé Luis Serrano

-"¡Venga m'hijo!, arrímese


y échese sobre ese cuero,
avive un poco el brasero
que de mientras voy cebando,
vamos a ir desgranando 
cosas del Cura Brochero. 

"Usted ahora ve estos pueblo


con caminos asfaltaos,
con potreros bien cercaos,
con biógrafos, polecías,
boticas, confiterías,
y postes pa'l alumbrao.

"Siendo chica yo, las sierras


nos tenían ocultaos;
los pocos que habían cruzao
sin dejar ahí los huesos,
deslumbraos por el progreso
quedaron del otro lao.

"Vivíamos i'norantes


en medio de la pobreza,
rigoreos por la tristeza,
el hambre y la enfermedá
aunque alguna dignidá,
supo ser nuestra riqueza.

"Una güelta llegó un cura,


jovencio, ¡muy gauchito!;
había andao el bendito
tres días en un mular,
y dió gracias al llegar
al ovidao pueblito.

"Se hizo pobre entre los pobres,


serrano entre los serranos,
nos enseñó a ser cristianos
y se quedó cuarenta años,
orientando sus rebaños,
sus amigos, sus hermanos. 

"¿Ve, ese macho mala cara


que va buscando pa'l cerro?
¿Vé el jinete con sombrero,
ese mozo bien montao?
¡Ese que me ha saludao...?
¡Ese es el Cura Brochero!

"El que acarrea esas vigas,


ese que tiene tonsura,
y un pañuelo en la cintura
pa'sujetar la sotana,
¡el que cincha con más gana!
bueno m'hijo, ¡ese es el cura!

"El que anda por levantar


una casa de Ejercicios,
para combatir los vicios
que cunden entre las gentes,
provocando enteramente
semejantes estropicios.

"¡No hubo almanaques ni leguas


que lo hagan hechar pa'trás,
ande lo hicieran llamar
llegaba en el mulo el Cura,
y entre charlas y cebadura
se sentaba a conversar.

"No había buenos ni malos,


sólo almas para salvar
y andando por el lugar
Santos Guallama "el matrero",
fue a verlo el señor Brochero...
¿de qué habrán sabido hablar?

"Un día de mucha escarcha


lo buscaron apurao,
en un ranchito alejao
un leproso lo llamaba
el pobre ya se cortaba,
quería irse sacramentao.

"-'¡Apure Señor Brochero,


el hombre es casi finao!;
y está medio julepiao
si usté le brinda consuelo,
él podrá entrar al cielo
con el morral aliviao'.

"-¡Ha llegao la creciente,


cuidesé, Señor Brochero,
que el río es muy traicionero
y la correntada es juerte...!
-"Voy a  ganarle a la muerte,
tengo que llegar primero! ".

"Le pegó un guascazo al mulo


y al criador se encomendó,
de la cola se prendió
y a juerza de fe y coraje,
peliando contra el oleaje
a la otra orilla llegó.

"Así ese pobre leproso


que en vida había purgao,
hasta el último pecao,
murió en los brazos del cura,
cobijao en la ternura
que él nunca había probao.

"Rezándole a su purísima


se pasaba horas enteras,
pidiendo que protegiera
a sus queridos serranos,
llevándolos de la mano
pa'vivir de otra manera.

"Conocío de presidentes,


ministros, gobernadores,
científicos y dotores;
pero jué en la serranía
ande quedó su alegría
y cargó nuestros dolores.

"Hizo acequias y caminos,


para acercar los poblaos;
construyó diques y vados,
y también hizo esta escuela
donde terminó su abuela,
con honores, sexto grado.

"Pa'que cunda la esperanza


en éste valle olvidao,
enteramente entregao
vivía pidiendo rienda,
sin salirse de la senda
que Dios le había marcao.

"Después de tanto sufrir


ese veintiseis de enero,
se nos jué el Señor Brochero
de ésta su tierra querida,
ya había entregao la vida
ahora entregaba el cuero. 

"¡A la pucha!, ¡qué regüelo


en el cielo se abrá armao!
-'¿Quién es ese que ha dentrao
en un mulo mala cara
y que a San Pedro lo encara
de sotana y emponchao?'

"-'¡Es el Cura de las sierras!,


-¡Tiene olor a peperina!'...
-Atendía en 'Altautina',
en 'Tránsito', 'Nono', 'Pocho'... 
-¡Pobrecito viene chocho...
si abrá soportao espinas!

"Los ángeles aplaudiendo,


los santos tirando flores,
-'¡Es uno de los mejores!'
gritó alguno en un rincón,
porque tuvo el corazón
entreverao con los pobres".


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