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Figura bíblica


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SAN JOSÉ
Una figura bíblica, como la de San José, tiene significado salvífico permanente. A través de la palabra de Dios, la figura de San José se actualiza en quienes son fieles al misterio de Cristo, meditándolo, celebrándolo, viviéndolo, anunciándolo.
San José pertenece al mensaje evangélico y, más concretamente, a los textos del "primer anuncio". Asintiendo al mensaje del ángel, recibió a María como esposa. Esta actitud de fidelidad a los planes salvíficos de Dios, hace resaltar la realidad de Cristo como Salvador ("Jesús"), por el hecho de ser Dios ("Emmanuel") y hombre, nacido de María la Virgen (Mt 1,18-25).
La figura de San José está orientada totalmente al misterio de Jesús, que "salva al mundo de sus pecados" (Mt 1,21). Los fragmentos bíblicos sobre el esposo de María, según el evangelio de San Mateo, indican que en Cristo se han cumplido todas las promesas y esperanzas de salvación (Mt 1,23). Es un hombre "justo", dispuesto a escuchar la palabra de Dios y seguir sus designios salvíficos (Mt 1,19). Vive en el ambiente de esperanzas mesiánicas a la luz de las promesas (Mt 1,22-23). Responde inmediatamente a la voluntad divina (Mt 1,24), colaborando así a la obra salvífica y dando al niño el nombre de Jesús (Mt 1,21.25). Su matrimonio con María se encuadra en el marco de la Alianza (signo del desposorio de Dios con su pueblo) (Mt 1,20.24). Su vida ya sólo pertenece "al niño y a su madre" (Mt 2,13.19).
Leyendo los textos bíblicos sobre San José, todo creyente se siente invitado a vivir y servir a la misión salvífica de Cristo. La exhortación apostólica "Redemptoris Custos" (RC), de Juan Pablo II (15 agosto 1989), tiene esta línea salvífica: "servir" y "participar en la economía de la salvación" (RC 1), a ejemplo de San José, esposo de María, que consiste en "tomar al niño y a su madre" (Mt 2,13), para vivir "una vida escondida con Cristo en Dios" (Col 3,3). Mirando a San José, la Iglesia encuentra en él un "aliento en su renovado empeño de evangelización en el mundo y de reevangelización" (RC 29). "La aparente tensión entre la vida activa y la contemplativa encuentra en él una superación ideal" (RC 27).
José, como consorte o esposo de María, es también figura de la comunidad creyente. Con "una disponibilidad de voluntad semejante a la de María... lo que hizo le unió en modo particularísimo a la fe de María" (RC 3-4). El hecho de dar el nombre a "Jesús" (Salvador) es también un ejercicio de su paternidad. Su vida queda íntimamente relacionada con Cristo Salvador: "Toda la vida, tanto privada como escondida de Jesús ha sido confiada a su custodia" (RC 8). La salvación obrada por Jesús se manifestó y se sigue manifestando a través de esta cooperación de San José.
Documentos: RC (todo el documento); CEC 432, 1014.

Estudios: F. CANALS, San José patriarca del Pueblo de Dios (Valladolid 1982); J.A. CARRASCO, San José en el misterio de Cristo y de la Iglesia (Valladolid 1980); E. CARRO, R. PALMERO, San José (Bilbao 1980); J.M. ESCRIVA', En el taller de San José (Madrid 1969); J. DOBRACZYNSKI, La sombra del Padre. Historia de José de Nazaret (Madrid, Edit. Palabra, 1995); J. ESQUERDA BIFET, José de Nazaret (Salamanca, Sígueme, 1989); Idem, Espiritualidad mariana (Madrid, Soc. Educ. Atenas, 1994) cap. X; J. GALOT, Saint Joseph (Roma 1985); M. GASNIER, Los silencios de San José (Madrid 1980); E.S. GOBERT, San José, un hombre para Dios (Barcelona 1982); JOSE A. DEL NIÑO JESUS, San José, su misión, su tiempo, su vida (Valladolid 1965); B. LLAMERA, Teología de San José (Madrid 1953); B. MARTELET, José de Nazaret, el hombre de confianza (Madrid 1981); J.A. MORAN, Nuestro padre San José (El Salvador 1966); T. STRAMARE, San Giuseppe nella Sacra Scrittura, nella teologia e nel culto (Roma, PIEMME, 1983); F. SUAREZ, José, esposo de María (Madrid 1982).


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