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8 de octubre 2008– Audiencia general


VATICANO - "Las palabras y las acciones de Jesús para Pablo no pertenecen al tiempo histórico, al pasado. Jesús vive ahora y habla ahora con nosotros y vive para nosotros”: catequesis del Papa en la audiencia general

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Después de haber hablado en las últimas audiencias generales del encuentro de San Pablo con el Cristo resucitado y de su relación con los doce Apóstoles y con la Iglesia de Jerusalén, el Santo Padre Benedicto XVI, se ha detenido a examinar en la catequesis durante la audiencia general del 8 de octubre, "lo qué sabía san Pablo del Jesús terreno, de su vida, de sus enseñanzas, de su pasión". San Pablo mismo, en sus escritos, distingue dos modos de conocer a Jesús y más en general, de conocer a una persona, ha explicado el Santo Padre: conocer "según la carne", quiere decir "conocer sólo exteriormente, con criterios externos: se puede haber visto a una persona muchas veces, … sin embargo, aun conociendo a alguien de esta forma, no se le conoce realmente, no se conoce el núcleo de la persona. Solo con el corazón se conoce verdaderamente a una persona. De hecho los fariseos, los saduceos, conocieron a Jesús externamente, escucharon su enseñanza, muchos detalles de él, pero no le conocieron en su verdad … En cambio los Doce, gracias a la amistad que llama a su causa al corazón, al menos habían entendido sustancialmente y empezaban a saber quién era Jesús. También hoy existe esta forma distinta de conocer: hay personas doctas que conocen a Jesús en muchos de sus detalles y personas sencillas que no conocen estos detalles, pero que lo conocen en su verdad”.

Volviendo a la cuestión principal, el Santo Padre ha continuado: “Parece seguro que nunca lo encontró durante su vida terrena. A través de los Apóstoles y la Iglesia naciente, conoció seguramente los detalles de la vida terrena de Jesús. En sus Cartas encontramos tres formas de referencia al Jesús pre-pascual. de Jesús. En sus Cartas podemos encontrar tres formas de referencia al Jesús pre-pascual".

En primer lugar hay algunas referencias explícitas y directas que demuestran como Pablo conoce el desarrollo de la última Cena y las palabras pronunciadas por Jesús en diversas circunstancias, por ejemplo sobre la indisolubilidad del matrimonio. En segundo lugar, Pablo "conoce la pasión de Jesús, su cruz, el modo en que vivió los últimos momentos de su vida. La cruz de Jesús y la tradición sobre este hecho de la cruz está en el centro del kerygma paulino. Otro pilar de la vida de Jesús conocido por san Pablo era el Discurso de la Montaña, del que cita algunos elementos casi literalmente”. El tercer modo de presencia de las palabras de Jesús en las Cartas de Pablo, ha continuado el Pontífice, " es cuando realiza una forma de transposición de la tradición pre pascual a la situación después de la Pascua. Un caso típico es el tema del Reino de Dios. Éste está seguramente en el centro de la predicación del Jesús histórico. En Pablo se revela una transposición de este tema, pues tras la resurrección es evidente que Jesús en persona, el Resucitado, es el Reino de Dios. El reino por tanto llega allí a donde llega Jesús. Y así necesariamente el tema del Reino de Dios, en que se había anticipado el misterio de Jesús, se transforma en cristología. Y sin embargo las mismas disposiciones exigidas por Jesús para entrar en el Reino de Dios valen para Pablo a propósito de la justificación por la fe: tanto la entrada en el Reino como la justificación requieren una actitud de gran humildad y disponibilidad, libre de presunciones, para acoger la gracia de Dios”.

Hablando luego del "título" atribuido por Pablo a Jesús, el Santo Padre ha puesto en evidencia que antes de la Pascua Jesús “mismo se califica como Hijo del hombre; tras la Pascua se hace evidente que el Hijo del hombre es también el Hijo de Dios. Por tanto, el título preferido por Pablo para calificar a Jesús es Kyrios, “Señor” que indica la divinidad de Jesús. El Señor Jesús, con este título, aparece en la plena luz de la resurrección”. Una última anotación del Santo Padre se refería a la dimensión salvífica de la muerte de Jesús, como la encontramos en el dicho evangélico: "el Hijo del hombre en efecto no ha venido para ser servido, pero para servir y dar la misma vida en rescate por muchos" (Mc 10,45; Mt 20,28). "El reflejo fiel de esta palabra de Jesús - ha afirmado el Pontífice - aparece en la doctrina paulina sobre la muerte de Jesús como rescate (cfr 1 Cor 6,20), como redención, como liberación y como reconciliación. Aquí está el centro de la teología paulina, que se basa en esta palabra de Jesús". En la conclusión de su catequesis, Benedicto XVI ha afirmado: "San Pablo no pensaba en Jesús como algo histórico, como una persona del pasado. … Las palabras y las acciones de Jesús para Pablo no pertenecen al tiempo histórico, al pasado. Jesús vive ahora y habla ahora con nosotros y vive para nosotros. Esta es la verdadera forma de conocer a Jesús y de acoger la tradición sobre él”.

Al término de los saludos en las diversas lenguas, el Papa Benedicto XVI ha recordado que "el mes de octubre, dedicado al Santo Rosario, constituye una ocasión preciosa para valorizar esta tradicional oración mariana", y ha exhortado a todos "a recitar el Rosario todos los días, abandonándose confiados en las manos de Maria". (S.L) (Agencia Fides 9/10/2008)



9 de octubre 2008 – Capilla papal por el difunto Sumo Pontífice Pío XII en el 50° aniversario de la muerte


VATICANO - “Mientras rezamos para que continúe felizmente la causa de la beatificación del Siervo de Dios Pío XII, es bueno recordar que la santidad fue su ideal, ideal que propuso a todos.”: Benedicto XVI en el 50° aniversario de su tránsito, recuerda también el “notable impulso” de Pío XII a la actividad misionera de la Iglesia

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El pasaje del libro del Eclesiástico en el que se les recuerda a los que quieren seguir al Señor que encontrarán en su camino pruebas, dificultades y sufrimientos y el prólogo de la Primera Carta de San Pedro en la que se exhorta a las comunidades de Asia Menor a perseverar en las distintas pruebas y a alegrarse en el amor por Jesús y en la certeza de su presencia invisible, fueron proclamados durante la Santa Misa que Benedicto XVI celebró en la Basílica Vaticana el 9 de octubre en el 50º aniversario de la muerte del Siervo de Dios Pío XII.

“A la luz de estos textos bíblicos – afirmó el Papa en su homilía –, podemos leer la vida terrena del Papa Pacelli y su largo servicio a la Iglesia, comenzado en 1901 durante el Pontificado de León XIII, y que continuó con san Pío X, Benedicto XV y Pío XI. Estos textos bíblicos nos ayudan ante todo a comprender cuál fue la fuente de la que sacó valor y paciencia en su ministerio pontifical, desarrollado durante los atormentados años del segundo conflicto mundial y el periodo siguiente, no menos complejo, de la reconstrucción y de las difíciles relaciones internacionales pasadas a la historia con el significativo nombre de ‘guerra fría’.”

Inspirándose en el testamento de Pío XII, el Santo Padre destaco: “Abandonarse en las manos misericordiosas de Dios: ésta fue la actitud que cultivó constantemente este venerado Predecesor mío”. En Alemania, donde llevó a cabo su tarea de Nuncio Apostólico hasta 1929, “dejó tras de sí una grata memoria, sobre todo por haber colaborado con Benedicto XV en el intento de detener ‘la inútil masacre’ de la Gran Guerra, y por haber advertido desde el principio el peligro que constituía la monstruosa ideología nacionalsocialista con su perniciosa raíz antisemita y anticatólica. Creado Cardenal en diciembre de 1929, y nombrado Secretario de Estado poco después, durante nueve años fue fiel colaborador de Pío XI, en una época marcada por los totalitarismos: el fascista, el nazi y el comunista soviético, condenados respectivamente en las Encíclicas Non abbiamo bisogno, Mit Brennender Sorge y Divini Redemptoris.”

En los momentos más duros del pontificado de Pío XII la Palabra de Dios se convirtió en luz de su camino, “un camino en el que el Papa Pacelli ofreció su consuelo a evacuados y perseguidos, tuvo que secar lágrimas de dolor y llorar las innumerables víctimas de la guerra... La guerra puso en evidencia el amor que nutría por su ‘Roma dilecta’, amor testimoniado por la intensa obra de caridad que promovió en defensa de los perseguidos, sin distinción alguna de religión, etnia, nacionalidad, ideología política... Y ¿cómo olvidar el mensaje navideño enviado por la radio en diciembre de 1942? Con la voz quebrada por la emoción deploró la situación de los ‘centenares de miles de personas, las cuales, sin culpa alguna, a veces sólo por razones de nacionalidad o raza, están destinadas a la muerte o a un progresivo deterioro’ con una clara referencia a la deportación y al extermino perpetrado con los judíos. A menudo actuó de manera secreta y silenciosa, precisamente porque, consciente de las situaciones concretas de ese complejo momento histórico, él intuía que sólo de ese modo se podía evitar lo peor y salvar el mayor número posible de judíos”.

Benedicto XVI resaltó como “lamentablemente, el debate histórico, no siempre sereno, sobre la figura del Siervo de Dios Pío XII, ha descuidado algunos aspectos de su poliédrico pontificado”, recordando sus muchísimos discursos, alocuciones y mensajes que sostuvo con los más variados grupos profesionales, “algunos de los cuales siguen siendo todavía hoy de una extraordinaria actualidad”. Pablo VI, que fue su fiel colaborador durante muchos años, lo describió como “un erudito, un estudioso atento, abierto a los modernos caminos de la investigación y de la cultura, con una fidelidad siempre firme y coherente tanto con los principios de la racionalidad humana como con el intangible depósito de las verdades de la fe. Lo consideraba como un precursor del Concilio Vaticano II”.

El Santo Padre citó a continuación la Encíclica Mystici Corporis, en la que Pío XII describe “las relaciones espirituales y visibles que unen a los hombres con el Verbo encarnado y proponía incluir en esa perspectiva todos los principales temas de la eclesiología, ofreciendo por primera vez una síntesis dogmática y teológica que fue luego la base de la Constitución dogmática conciliar Lumen gentium.” Pocos meses después vino la Encíclica Divino afflante Spiritu que “establecía las normas doctrinales para el estudio de la Sagrada Escritura, poniendo de relieve la importancia y el papel de la vida cristiana”, mientras que la tercera Encíclica, la Mediator Dei, dedicada a la liturgia, “dio impulso al movimiento litúrgico”.

“No podemos, además, no hacer mención – continuó el Santo Padre – al impulso notable que este Pontífice imprimió a la actividad misionera de la iglesia con las Encíclicas Evangelii praecones (1951) y Fidei donum (1957), poniendo de relieve el deber de cada comunidad de anunciar el Evangelio a las gentes, como el Concilio Vaticano II hará con valiente vigor. Asimismo, el Papa Pacelli había demostrado su amor por las misiones desde el comienzo de su pontificado cuando, en octubre de 1939, había querido consagrar personalmente doce Obispos de países de misión, entre los cuales un indio, un chino, un japonés, el primer obispo africano y el primer obispo de Madagascar. Una de sus constantes preocupaciones pastorales fue, por último,la promoción del papel de los laicos, para que la comunidad eclesial pudiera aprovechar todos los recursos y energías disponibles”.

El Santo Padre concluyó su homilía con las siguientes palabras: “mientras rezamos para que continúe felizmente la causa de la beatificación del Siervo de Dios Pio XII, es bueno recordar que la santidad fue su ideal, ideal que propuso a todos. Por eso impulsó las causas de beatificación y de canonización de personas pertenecientes a pueblos diversos, representantes de todos los estados de vida, funciones y profesiones, reservando un gran espacio a las mujeres. Y precisamente fue a María, la Mujer de la Salvación, a quien indicó como signo de segura esperanza para la humanidad cuando proclamó el dogma de la Asunción durante el Año Santo de 1950. En este mundo nuestro, como también entonces, lleno de preocupaciones y angustias por su futuro; en este mundo, donde, tal vez más que entonces, el alejamiento de muchos de la verdad y de la virtud deja entrever unos escenarios privados de esperanza, Pío XII nos invita a dirigir nuestra mirada a María en su asunción a la gloria celeste.” (S.L.) (Agencia Fides 10/10/2008 líneas 79 palabras 1151)

12 de octubre 2008 – Ángelus

VATICANO - El Papa en el ángelus lanza un llamamiento para que los autores de las violencias en India "desistan" de tales actos” y contribuyan “a construir una civilización de amor", e invita a rezar por la reconciliación y la paz en Norte Kivu, en la República Democrática del Congo, en Irak y en India

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - "Pido a los autores de la violencia de desistir de tales actos y unirse a sus hermanos y hermanas para trabajar juntos en la construcción de una civilización de amor": es este el llamamiento lanzado por el Santo Padre Benedicto XVI en el ángelus del domingo 12 de octubre, en la Plaza de San Pedro, al final de la Santa Misa celebrada ante la Basílica Vaticana para la proclamación de cuatro nuevos Santos. Saludando a los peregrinos de lengua inglesa, en particular a la delegación llegada de India para la canonización de la primera Santa indiana, suor Alfonsa de la Inmaculada Concepción, el Santo Padre ha asegurado a los fieles indianos su oración "durante estos momentos difíciles”, encomendando al cuidado providencial de Dios todopoderoso a todos los que luchan “por la paz y la reconciliación”.

A las delegaciones de América Latina, en particular del Ecuador y Colombia, venidas a Roma para la canonización de suor Maria Bernarda Bütler, originaria de Suiza y misionera en América Latina, y la laicoa Narcisa de Jesús Martillo Morán, natural de Ecuador, el Santo Padre ha dicho, en lengua española: "Que las nuevas santas intercedan por todos sus conciudadanos de hoy para que, siguiendo su ejemplo de coherencia en la fe y de caridad hacia los hermanos, den constantemente testimonio del amor de Cristo por todos los hombres, aportando así nuevo vigor a las raíces cristianas de sus pueblos e iluminando la construcción de una sociedad más justa y solidaria, inspirándose en los valores del Evangelio”.

A los peregrinos llegados desde Polonia, dónde en este domingo se celebraba la Jornada dedicada a la memoria del Papa Juan Pablo II, el Santo Padre ha dicho: "Bendigo todas las iniciativas que conmemoran su persona”.

Por último, a los peregrinos de lengua italiana, en particular a los hijos espirituales de san Cayetano Errico y a los fieles procedentes de Nápoles y Campania, Benedicto XVI ha dicho: "en la vida de los santos y en sus realizaciones siempre se constata la fuerte presencia espiritual de la Virgen María. Me gusta subrayar, en este mes de octubre, su apego a la oración del Rosario, como medio de unión cotidiana con Jesús, como fuente de inspiración y de consuelo, como instrumento de intercesión por las necesidades de la Iglesia, según las intenciones del Papa”.

Antes de recitar el ángelus, el Pontífice ha invitado además a rezar "por la reconciliación y la paz en algunas situaciones alarmantes, que provocan sufrimiento: pienso en las poblaciones del norte de Kivu, en la República Democrática del Congo, y pienso en las violencias contra los cristianos en Irak y en la India, a quienes recuerdo diariamente ante el Señor. Invocamos la protección de María, Reina de los santos, también sobre las sesiones de trabajo del Sínodo de los Obispos, que se encuentra reunido en estos días en el Vaticano”. (S.L) (Agencia Fides 13/10/2008)
12 de octubre 2008 – Capilla papal por la Canonización de cuatro Beatos

VATICANO - Benedicto XVI canoniza cuatro Beatos: "Demos gracias al Señor por el don de la santidad... Jesús nos invita a cada uno de nosotros a seguirlo, como estos Santos, por el camino de la cruz, para tener luego en herencia la vida eterna de que Él nos entregó al morir"

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – El domingo 12 de octubre, XXVIII domingo del tiempo Ordinario, el Santo Padre Benedicto XVI ha presidido la Concelebración Eucarística en la Plaza de San Pedro, durante la cual ha Canonizado a cuatro Beatos: el sacerdote italiano Cayetano Errico (1791-1860), fundador de los Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y Maria; la religiosa suiza Maria Bernarda (al siglo Verena) Butler (1848-1924), fundadora de la Congregación de las Hermanas Franciscanas Misioneras de Maria Auxiliadora; la religiosa indiana Alfonsa de la Inmaculada Concepción (al siglo Anna Muttathupadathu) (1910-1946) de la Congregación de las Franciscanas Clarisas; y la seglar Narcisa De Jesús Martillo Morán (1832-1869), natural del Ecuador.

"En el bautismo recibieron el vestido nupcial de la gracia divina - ha dicho el Santo Padre en la homilía pronunciada después del rito de canonización -, lo conservaron puro o lo purificaron y lo hicieron resplandecer en el curso de la vida a través de los Sacramentos. Ahora participan en el banquete nupcial del Cielo. El banquete de la Eucaristía, al que nos invita Dios todos los días y en el que debemos participar con el vestido nupcial de su gracia, es anticipación de la fiesta final del Cielo. Si sucede que se ensucia o incluso se rompe esta vestidura con el pecado, la bondad de Dios no nos rechaza ni nos abandona a nuestra suerte, sino que nos ofrece con el sacramento de la Reconciliación la posibilidad de restablecer en su integridad el vestido nupcial necesario para la fiesta". Recordando la imagen bíblica del banquete nupcial, "la alianza de amor entre Dios y su Pueblo", tema de la Liturgia de la Palabra del día, el Papa ha puesto en evidencia que "la parábola del banquete nupcial nos hace reflexionar sobre la respuesta humana… A la generosidad de Dios debe corresponder la libre adhesión del hombre. Precisamente este es el camino generoso que recorrieron aquello que hoy veneramos como santos".

A continuación Benedicto XVI ha trazado un breve perfil espiritual de los cuatro nuevos Santos. El sacerdote Gaetano Errico se inscribe "entre las figuras extraordinarias de presbiterios que, incansables, han hecho del confesionario el lugar donde dispensar la misericordia de Dios, ayudando a los hombres a encontrarse a si mismos, a luchar contra el pecado y a progresar en el camino de la vida espiritual. El camino y el confesionario fueron los lugares privilegiados de la acción pastoral de este nuevo santo".

Madre María Bernarda, aún teniendo el gran deseo de dedicarse a la vida contemplativa, misionera se fue a América. "Comprendió en profundidad que la fiesta que el Señor ha preparado para todos los pueblos viene representada de modo muy particular en la Eucaristía - ha afirmado el Papa -. Ésta es la fuente y el pilar de la espiritualidad de esta nueva Santa, así como de su impulso misionero que la llevó a dejar su patria de nacimiento, Suiza, para abrirse a otros horizontes evangelizadores, en Ecuador y Colombia".

Sor Alfonsa de la Inmaculada Concepción tuvo que afrontar en su vida sufrimientos físicos y espirituales extremos. "Esta mujer excepcional, que se ofrece hoy a la población de la India como su primera santa canonizada, estaba convencida de que su cruz era el mejor medio para llegar al banquete celeste preparado para ella por el Padre… Que podamos imitarla llevando nuestras cruces y así alcanzarla un día en el paraíso".

La joven laica Narcisa de Jesús Martillo Morán, nacida en Ecuador, nos enseña "un camino de perfección cristiana que puede ser accesible a todos los fieles. A pesar de las abundantes y extraordinarias gracias recibidas, su existencia transcurrió en una gran sencillez, entregada a su trabajo de modista y a su apostolado de catequista… En su amor apasionado a Jesús… nos ofrece un testimonio atractivo y un ejemplo perfecto de una vida totalmente dedicada a Dios y a los hermanos".

El Santo Padre ha concluido la homilía con esta exhortación: "demos gracias al Señor por el don de la santidad, que hoy refulge en la Iglesia con singular belleza. Jesús nos invita a cada uno de nosotros a seguirlo, como estos Santos, por el camino de la cruz, para tener luego en herencia la vida eterna de que Él nos entregó al morir. Sus ejemplos sirvan de estímulo; las enseñanzas nos orienten y conforten; la intercesión nos sustente en las fatigas de cada día, para que también nosotros podamos un día llegar a compartir con ellos y con todos los santos la alegría del eterno banquete en la Jerusalén celeste." (S.L) (Agencia Fides 13/10/2008)
15 de octubre 2008 – Audiencia general

VATICANO - La catequesis del Papa en la audiencia general: “Pablo muestra que sabe bien y nos hace entender que la Iglesia no es suya y no es nuestra: la Iglesia es cuerpo de Cristo, es Iglesia de Dios, campo de Dios, edificación de Dios, … templo de Dios”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – La enseñanza de San Pablo sobre la Iglesia: éste ha sido el tema de la catequesis del Santo Padre Benedicto XVI durante la audiencia general del miércoles 15 de octubre. El Papa ilustró ante todo el origen de la palabra “Iglesia”: viene del griego ekklēsía y en el Antiguo Testamento “significa la asamblea del pueblo de Israel, convocada por Dios, particularmente la asamblea ejemplar a los pies del Sinaí”. “El vocablo ekklēsía aparece bajo la pluma de Pablo, que es el primer autor de un escrito cristiano”. “Esta palabra ‘Iglesia’ tiene un significado pluridimensional: indica por una parte las asambleas de Dios en determinados lugares (una ciudad, un país, una casa), pero significa también toda la Iglesia en su conjunto. Y así vemos que “la Iglesia de Dios” no es sólo la suma de las distintas Iglesias locales, sino que éstas son a su vez realización de la única Iglesia de Dios. Todas juntas son la “Iglesia de Dios”, que precede a cada Iglesia local, y que se expresa y realiza en ellas”.

Luego Benedicto XVI puso en evidencia que “casi siempre la palabra “Iglesia” aparece con el añadido de la calificación “de Dios”: no es una asociación humana, nacida de ideas o intereses comunes, sino de una convocación de Dios. Él la ha convocado y por eso es una en todas sus realizaciones. La unidad de Dios crea la unidad de la Iglesia en todos los lugares donde se encuentra”. En la Carta a los Efesios, Pablo elabora el concepto de unidad de la Iglesia, “en continuidad con el concepto de Pueblo de Dios, Israel, considerado por los profetas como “esposa de Dios”, llamada a vivir una relación esponsal con Él. Pablo presenta a la única Iglesia de Dios como “esposa de Cristo” en el amor, un solo espíritu con Cristo mismo”. Si, en efecto, el nuevo movimiento constituido por la Iglesia de Cristo había sido firmemente contestado por Saulo, porque vio amenazada la fidelidad a la tradición del pueblo de Dios, animado por la fe en el Dios único, después del encuentro con Cristo resucitado, “Pablo entendió que los cristianos no eran traidores; al contrario, en la nueva situación, el Dios de Israel, mediante Cristo, había extendido su llamada a todas las gentes, convirtiéndose en el Dios de todos los pueblos. De esta forma se realizaba la fidelidad al único Dios; ya no eran necesarios los signos distintivos constituidos por las normas y observancias particulares, porque todos estaban llamados, en su variedad, a formar parte del único pueblo de Dios en la ‘Iglesia de Dios’, en Cristo”.

Para Pablo era claro “el valor fundamental y fundante de Cristo y de la “palabra” de Le anunciaba. Pablo sabía que no sólo no se es cristiano por coerción, sino que en la configuración interna de la nueva comunidad, el componente institucional estaba inevitablemente ligado a la “palabra viva”, al anuncio del Cristo vivo en el cual Dios se abre a todos los pueblos y los une en un único pueblo de Dios… En concreto, esta palabra está constituida por la cruz y la resurrección de Cristo, en la que han encontrado realización las Escrituras”.

Al centro de la predicación del Apóstol está el Misterio pascual de Cristo, continuó el Santo Padre, que “anunciado en la palabra, se realiza en los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía, y se hace realidad en la caridad cristiana. La obra evangelizadora de Pablo no tiene otro fin que implantar la comunidad de los creyentes en Cristo. Esta idea está dentro de la etimología misma del vocablo ekklēsía, que Pablo, y con él todo el cristianismo, prefirió al otro término, “sinagoga”, no sólo porque originalmente el primero es más “laico” (derivando de la praxis griega de la asamblea política y no propiamente religiosa), sino también porque implica directamente la idea más teológica de una llamada ab extra, no una simple reunión; los creyentes son llamados por Dios, quien les recoge en una comunidad, su Iglesia”.

Deteniéndose luego en el concepto, exclusivamente paulino, de la Iglesia como “Cuerpo de Cristo”, el Papa destacó las dos dimensiones: “una es de carácter sociológico, según la cual el cuerpo está formado por sus componentes y no existiría sin ellos… La otra interpretación hace referencia al Cuerpo mismo de Cristo. Pablo sostiene que la Iglesia no es sólo un organismo, sino que se convierte realmente en Cuerpo de Cristo en el sacramento de la Eucaristía, donde todos recibimos su Cuerpo y llegamos a ser realmente su Cuerpo. Se realiza así el misterio esponsal, que todos son un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo”.

“Pablo muestra que sabe bien y nos hace entender que la Iglesia no es suya y no es nuestra: la Iglesia es el cuerpo de Cristo, es ‘Iglesia de Dios’, ‘campo de Dios’, edificación de Dios, ... ‘templo de Dios’ (1Cor 3,9.16). Esta última designación es particularmente interesante, porque atribuye a un tejido de relaciones interpersonales un término que comúnmente servía para indicar un lugar físico, considerado sagrado. La relación entre Iglesia y templo asume por tanto dos dimensiones complementarias: por una parte, se aplica a la comunidad eclesial la característica de separación y pureza que tenía el edificio sagrado, pero por otra, se supera también el concepto de un espacio material, para transferir este valor a la realidad de una comunidad viva de fe. Si antes los templos se consideraban lugares de la presencia de Dios, ahora se sabe y se ve que Dios no habita en edificios hechos de piedra, sino que el lugar de la presencia de Dios en el mundo es la comunidad viva de los creyentes”.

Concluyendo su discurso, Benedicto XVI quiso subrayar un último matiz: “En la Carta a Timoteo Pablo califica a la Iglesia como “casa de Dios” (1Tm 3,15); y esta es una definición realmente original, porque se refiere a la Iglesia como estructura comunitaria en la que se viven cálidas relaciones interpersonales de carácter familiar. El Apóstol nos ayuda a comprender cada vez más el misterio de la Iglesia en sus distintas dimensiones de asamblea de Dios en el mundo. Esta es la grandeza de la Iglesia y la grandeza de nuestra llamada: somos templo de Dios en el mundo, lugar donde Dios habita realmente, y somos, al mismo tiempo, comunidad, familia de Dios, que es amor. Como familia y casa de Dios debemos realizar en el mundo la caridad de Dios y ser así, con la fuerza que viene de la fe, lugar y signo de su presencia. Oremos al Señor para que nos conceda ser cada vez más su Iglesia, su Cuerpo, el lugar de la presencia de su caridad en este mundo nuestro y en nuestra historia”. (S.L.) (Agencia Fides 16/10/2008; líneas 71 palabras 1125)

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