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Así como en la Comunidad primitiva también hoy el Espíritu Santo guía a la Iglesia, subrayó el Santo Padre, exhortando a los Obispos a dejarse también guiar por Él: “Mantengan viva en el pueblo cristiano la llama de la fe; conservad y valorad las válidas experiencias pastorales y apostólicas del pasado; seguid educando a todos a la escucha de la Palabra de Dios, suscitad especialmente en los jóvenes el amor a la Eucaristía y la devoción mariana, difundid en las familias la práctica del rosario. Buscad con paciencia y valentía nuevas formas y métodos de apostolado, preocupándoos de actualizarlos según las exigencias actuales, teniendo en cuenta la lengua y la cultura de los fieles que os han sido confiados”. Para poder realizar este compromiso es necesario “aún mayor unidad” entre los Pastores y el clero. En este contexto Benedicto XVI invitó a los prelados a involucrarse cada vez más con los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, así como con los laicos comprometidos en las distintas iniciativas pastorales. En particular les recomendó estar muy atentos a estos cooperadores, ellos también obreros de la viña del Señor, mostrándose “disponibles y abiertos a sus expectativas, sosteniéndolos en los momentos de dificultad, invitándolos a confiar cada vez más en la Providencia divina que no nos abandona nunca, sobre todo en los momentos de prueba. Permaneced junto a ellos cuando pasan por momentos de soledad humana y espiritual. Que en la base de todo esté el recurso constante a Dios en la oración y la continua búsqueda de la unidad entre vosotros, así como en cada una de vuestras respectivas y diversificadas comunidades”. El Santo Padre señalo a continuación los “desafíos que la actual sociedad globalizada le pone al anunció y la práctica coherente de la vida cristiana”, también en las regiones de Asia central así como en el resto del mundo, citando la violencia, el terrorismo, la difusión del extremismo y del fundamentalismo. “Es necesario contrastar estos flagelos con intervenciones legislativas –afirmó Benedicto XVI–. La fuerza del derecho nunca debe transformarse en iniquidad, ni se puede limitar el libre ejercicio de las religiones, porque profesar la propia fe libremente es uno de los derechos humanos fundamentales y universalmente reconocidos”. Antes de concluir su discurso Benedicto XVI hizo hincapié en que “la Iglesia no impone, sino que propone libremente la fe católica, sabiendo que la conversión es el fruto misterioso de la acción del Espíritu Santo. La fe es don y obra de Dios. Precisamente por eso está prohibida toda forma de proselitismo que obligue o induzca y atraiga a alguien con inoportunos engaños a abrazar la fe. Una persona puede abrirse a la fe tras una reflexión madura y responsable, y debe poder realizar libremente esta íntima aspiración. Esto beneficia no solo al individuo, sino a toda la sociedad, porque la observancia fiel de los preceptos divinos ayuda a construir una convivencia más justa y solidaria”. Alentando a los Obispos a seguir con el trabajo iniciado “valorizando sabiamente los aportes de todos”, el Papa agradeció a los sacerdotes y religiosos que trabajan en las diferentes circunscripciones eclesiásticas (a los Franciscanos en la Diócesis de la Santísima Trinidad en Almaty, a los Jesuitas en Kirguizistán, a los Franciscanos Conventuales en Uzbekistán, a los religiosos del Instituto del Verbo Encarnado en la Missio sui iuris en Tayikistán y a los Oblatos de María Inmaculada en la Missio sui iuris en Turkmenistán) e invitó también a las familias religiosas “a ofrecer generosamente su aporte, enviando personal y medios para poder llevar adelante el trabajó apostólico en las extensas regiones de Asia Central” (S.L.) (Agencia Fides 3/10/2008 líneas 58 palabras 830)

3 de octubre 2008 – Mensaje al Congreso Internacional sobre “Humanae vitae”


VATICANO - Mensaje del Santo Padre: “el servicio que la Iglesia ofrece en su pastoral matrimonial y familiar deberá saber orientar a las parejas a entender con el corazón el diseño maravilloso que Dios ha inscrito en el cuerpo humano, ayudándolas a acoger todo cuanto comporta un auténtico camino de maduración”.

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Con ocasión del Congreso Internacional “Humanae vitae: Actualidad y profecía de una Encíclica” organizado por el Pontificio Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia y por la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Roma, el Santo Padre Benedicto XVI envió un Mensaje a Mons. Livio Melina, Presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, en el que afirma la importancia y la actualidad de la Encíclica en la que “se afronta uno de los aspectos esenciales de la vocación matrimonial y del camino específico de santidad que se sigue de ella”.

El Papa escribe en su Mensaje: “La posibilidad de procrear una nueva vida humana está incluida en la donación integral de los cónyuges. Si, de hecho, cada forma de amor tiende a difundir la plenitud de la que vive, el amor conyugal tiene una forma propia de comunicarse: generar hijos. Así no sólo se asemeja, sino que participa del amor de Dios, que quiere comunicarse llamando a la vida a las personas humanas. Excluir esta dimensión comunicativa mediante una acción dirigida a impedir la procreación significa negar la verdad íntima del amor esponsal, con la que se comunica el don divino... A distancia de 40 años de la publicación de la Encíclica, podemos entender mejor cuán decisiva es esta luz para comprender el gran "sí" que implica el amor conyugal. En esta luz, los hijos ya no son el objetivo de un proyecto humano, sino reconocidos como un auténtico don que acoger, con actitud de generosidad responsable ante Dios, fuente primera de la vida humana. Este gran "sí" a la belleza del amor comporta ciertamente la gratitud, tanto de los padres al recibir el don de un hijo, como del hijo mismo al saber que su vida tiene origen en un amor tan grande y acogedor”.

Sin duda en el camino de la pareja “pueden darse circunstancias graves que hacen prudente distanciar el nacimiento de los hijos o incluso suspenderlo” afirma el Santo Padre, poniendo en evidencia que es aquí que “el conocimiento de los ritmos naturales de la fertilidad de la mujer se convierte en importante para la vida de los cónyuges” en cuanto que “los métodos de observación, que permiten a la pareja determinar los periodos de fertilidad, les consienten administrar cuanto el Creador ha sabiamente inscrito en la naturaleza humana, sin turbar el significado íntegro de la donación sexual”.

El Pontífice expresó a continuación su particular aprecio a la Universidad Católica del Sagrado Corazón por el apoyo que le da al Instituto Internacional Pablo VI de investigación sobre la fertilidad y la infertilidad humana para una procreación responsable (ISI) que tiene la tarea de “hacer progresar el conocimiento de los métodos tanto de la regulación natural de la fertilidad humana como para la superación natural de la eventual infertilidad”.

Concluyendo su mensaje el Papa hizo el siguiente cuestionamiento: “Podemos preguntarnos: ¿cómo es posible que hoy el mundo, y también muchos fieles, encuentren tanta dificultad en comprender el mensaje de la Iglesia, que ilustra y defiende la belleza del amor conyugal en su manifestación natural? Ciertamente, la solución técnica, también en las grandes cuestiones humanas, parece a menudo la más fácil, pero en realidad esconde la cuestión de fondo, que se refiere al sentido de la sexualidad humana y a la necesidad de un dominio responsable, para que su ejercicio pueda llegar a ser expresión de amor personal. La técnica no puede sustituir a la maduración de la libertad, cuando está en juego el amor. Al contrario, como bien sabemos, ni siquiera la razón basta: es necesario que el corazón vea. Sólo los ojos del corazón llegan a captar las exigencias propias de un gran amor, capaz de abrazar la totalidad del ser humano. Por ello, el servicio que la Iglesia ofrece en su pastoral matrimonial y familiar deberá saber orientar a las parejas a entender con el corazón el diseño maravilloso que Dios ha inscrito en el cuerpo humano, ayudándolas a acoger todo cuanto comporta un auténtico camino de maduración”. (S.L.) (Agencia Fides 7/10/2008 líneas 50 palabras 734)


4 de octubre 2008 – Visita oficial al Presidente de la Republíca italiana

VATICANO - Papa Benedicto XVI al Presidente de la República italiana: “el Quirinal y el Vaticano no son colinas que se ignoran o se enfrentan con hastío; son más bien lugares que simbolizan el respeto mutuo de la soberanía del Estado y de la Iglesia”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – “Se puede afirmar hoy con satisfacción que en la ciudad de Roma conviven pacíficamente y colaboran con fruto el Estado Italiano y la Sede Apostólica. También esta visita confirma que el Quirinal y el Vaticano no son colinas que se ignoran o se enfrentan con hastío; son más bien lugares que simbolizan el respeto mutuo de la soberanía del Estado y de la Iglesia, dispuestos a cooperar juntos para promover y servir al bien integral de la persona humana en el desarrollo pacífico de la convivencia social. Ésta es – me place reafirmar – una realidad positiva verificable casi cotidianamente en varios niveles, y a la que también otros Estados pueden mirar para sacar enseñanzas útiles”. Es un fragmento del discurso que el Santo Padre Benedicto XVI pronunció durante su visita oficial al Presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, en el palacio del Quirinal, el 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís, Patrono de Italia.

“Esta visita, la visita del Romano Pontífice al Quirinal – dijo Benedicto XVI respondiendo al discurso del Presidente Napolitano –, no es sólo un acto que se inserta en el contexto de las múltiples relaciones entre la Santa Sede e Italia, sino que asume, podríamos decir, un valor mucho más profundo y simbólico. Aquí, en efecto, muchos de mis Predecesores vivieron y desde aquí gobernaron la Iglesia universal por más de dos siglos, experimentando también pruebas y persecuciones”.

Benedicto XVI recordó asimismo que la visita se realiza el día en que Italia celebra a su especial Protector, San Francisco de Asís: “En este Santo, cuya figura atrae a creyentes y no creyentes, podemos entrever la imagen de aquella que es la misión perenne de la Iglesia, también en su relación con la sociedad civil. La Iglesia, en la época actual de profundas y con frecuencia sufridas mutaciones, sigue proponiendo a todos el mensaje de salvación del Evangelio y se compromete a contribuir a la edificación de una sociedad fundada sobre la verdad y la libertad, sobre el respeto de la vida y de la dignidad humana, sobre la justicia y la solidaridad social”.

Después de haber recordado cuanto ya ha afirmado en otras circunstancias, a saber que “la Iglesia no se propone miras de poder, ni pretende privilegios o aspira a posiciones de ventaja económica y social”, sino que “su único objetivo es servir al hombre, inspirándose, como norma suprema de conducta, en las palabras y el ejemplo de Jesucristo”, el Papa subrayó que “para llevar adelante su misión, la Iglesia en todos lados y siempre debe poder gozar del derecho de libertad religiosa, considerado en toda su amplitud”. Su aporte a la edificación de la sociedad la Iglesia lo ofrece en muchas maneras, y en nuestros días ella advierte particularmente su responsabilidad respecto a las nuevas generaciones: la formación de los jóvenes es una “empresa en la que también la Iglesia se siente involucrada, junto con la familia y la escuela. Ella en efecto es claramente consciente de la importancia que la educación reviste en el aprendizaje de la libertad auténtica, presupuesto necesario para un servicio positivo al bien común. Solamente un serio compromiso educativo permitirá construir una sociedad solidaria, realmente animada por el sentido de la legalidad”.

El Santo Padre finalmente expresó su esperanza de que “las comunidades cristianas y las múltiples realidades eclesiales italianas sepan formar a las personas, en modo especial a los jóvenes, también como ciudadanos responsables y comprometidos en la vida civil” y de que “el aporte de la Comunidad católica sea acogido por todos con el mismo espíritu de disponibilidad con el que es ofrecido. No hay razón para temer una prevaricación contra la libertad por parte de la Iglesia y de sus miembros, quienes por otro lado esperan que les sea reconocida la libertad de no traicionar su consciencia iluminada por el Evangelio”. (S.L.) (Agenzia Fides 7/10/2008; líneas 44 palabras 644)
5 de octubre 2008 – Apertura de la XII Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos

VATICANO - Benedicto XVI da inicio en la Basílica de San Pablo al Sínodo de los Obispos: “si el anuncio del Evangelio constituye la razón de ser y la misión de la Iglesia, es indispensable que la Iglesia conozca y viva aquello que anuncia para que su predicación sea creíble, no obstante las debilidades y la pobreza de los hombres que la forman”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Domingo 5 de octubre, en la Basílica de San Pablo Extramuros, el Papa Benedicto XVI presidió la Concelebración Eucarística con los padres sinodales, en ocasión de la apertura de la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se realizará en el Vaticano hasta el 26 de octubre, bajo el tema: “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”. En la homilía el Santo Padre hizo una reflexión a partir de las lecturas del día, XXVII domingo del tiempo ordinario, en el que se presenta la imagen de la viña, que “describe el proyecto divino de la salvación y se sitúa como una conmovedora alegoría de la alianza de Dios con su pueblo”. En el Evangelio el acento está en los trabajadores de la viña: los siervos enviados por el padrón a pedir el alquiler son maltratados y asesinados por los trabajadores, y la misma suerte corre también el hijo del padrón. “Vemos claramente –explicó el Santo Padre- como el desprecio por el orden impartido por el padrón se transforma en desprecio hacia él: no se trata de la simple desobediencia a un precepto divino, es el verdadero y propio rechazo de Dios: aparece el misterio de la Cruz.”

“Cuanto denuncia la página evangélica –prosiguió el Santo Padre- interpela nuestro modo de pensar y de actuar. No habla solamente de la ‘hora’ de Cristo, del misterio de la Cruz en aquel momento, sino de la presencia de la Cruz en todos los tiempos. Interpela en modo especial a los pueblos que han recibido el anuncio del Evangelio. Si miramos la historia, estamos obligados a confirmar la frialdad y la rebelión de cristianos incoherentes. En consecuencia, Dios, si bien nunca ha faltado a su promesa de salvación, ha tenido que recurrir al castigo. Es espontáneo pensar, en tal contexto, en el primer anuncio del Evangelio, del que surgen comunidades cristianas inicialmente florecientes, pero que luego desaparecieron y hoy son recordadas solo en los libros de historia. ¿Podría suceder lo mismo en nuestros tiempos? Naciones en un tiempo ricas de fe y de vocación van perdiendo la propia identidad bajo la influencia destructora de una cierta cultura moderna. Existe quien, habiendo decidido que ‘Dios ha muerto’, se declara ‘dios’ a sí mismo, considerándose el único artífice del propio destino, el propietario absoluto del mundo. Librándose de Dios y no esperando de Él la salvación, el hombre cree que puede hacer lo que le gusta y que se puede poner como única medida de sí mismo y de su actuar. Pero cuando el hombre elimina a Dios de su horizonte, declara que Dios ‘ha muerto’, ¿es verdaderamente más feliz? ¿Es verdaderamente más libre? Cuando los hombres se proclaman propietarios absolutos de sí mismos y únicos padrones de la creación, ¿pueden verdaderamente construir una sociedad donde reinen la libertad, la justicia y la paz? ¿Más bien no sucede –como confirma la crónica cotidiana- que se extiende el arbitrio del poder, los intereses egoístas, la injusticia y la explotación, la violencia en toda su expresión? El punto de llegada es el hombre que se encuentra cada vez más solo y la sociedad cada vez más dividida y confundida. Pero en las palabras de Jesús hay una promesa: la viña no será destruida. Mientras abandona a su destino a los trabajadores infieles, el padrón no se desentiende de su viña y la confía a otros siervos fieles. Esto indica que, si en algunas regiones la fe se debilitad al punto de extinguirse, siempre existirán otros pueblos listos para acogerla”.

El Papa destacó que “el consolador mensaje que encontramos en estos textos bíblicos es la certeza de que el mal y la muerte no tienen la última palabras, sino que al final vence Cristo. ¡Siempre! La Iglesia no se cansa de proclamar esta Buena Nueva”, y recordó en modo particular, en el Año Paulino, al Apóstol de gentes, “quien fue el primero en difundir el Evangelio en vastas regiones del Asia menor y de Europa”. Tras haber saludado con afecto a los Padres sinodales y a cuantos participarán en el sínodo, Benedicto XVI recordó que “cuando Dios habla, solicita siempre una respuesta; su acción de salvación exige la humana cooperación”, a lo que agregó: “Solo la Palabra de Dios puede cambiar en profundidad el corazón del hombre, y es entonces importante que con ella creyentes y comunidades ingresen en una cada vez mayor intimidad… Nutrirse de la Palabra de Dios es para ella su primera y fundamental tarea. En efecto, si el anuncio del Evangelio constituye la razón de ser y su misión, es indispensable que la Iglesia conozca y viva aquello que anuncia, para que su predicación sea creíble, no obstante las debilidades y la pobreza de los hombres que la forman”.

En la parte final de la homilía, el Santo Padre evidenció la actualidad del grito del Apóstol de gentes, “Ay de mí si no predicase el Evangelio”, y de la invitación de Cristo: “La mies es mucha” (Mt 9,37), con estas palabras: “mucho no lo han encontrado aún y esperan aquel primer anuncio del Evangelio; otros, si bien han recibido una formación cristiana, se han debilitado en el entusiasmo y mantienen con la Palabra de Dios un contacto solamente superficial; otros se han alejado de la práctica de la fe y necesitan de una nueva evangelización. No faltan además personas de recto sentir que se hacen preguntas esenciales sobre el sentido de la vida y de la muerte, preguntas a las que solo Cristo puede dar respuestas satisfactorias. Es entonces indispensable para los cristianos de cada continente estar listos a responder a quien sea que les pregunte la razón de su esperanza, anunciando con alegría la Palabra de Dios y viviendo sin restricciones el Evangelio… Notemos cuan necesario es poner al centro de nuestra vida a la Palabra de Dios, acoger a Cristo como nuestro único Redentor, como Reino de Dios en persona, para hacer que su luz ilumine todo ámbito de la humanidad: desde la familia al colegio, la cultura, el trabajo, el tiempo libre y los otros sectores de la sociedad y de nuestra vida”. (S.L.) (Agencia Fides 6/10/2008; 69 líneas, 1088 palabras)



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