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Federación Universitaria Escolar


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José María Merino mitad cronista de lo cotidiano, mitad entrañable narrador de sucesos fantásticos, forma parte del conjunto de narradores leoneses que se manifiestan con gran fuerza principalmente en la década de los ochenta y que ha conseguido construir un mundo narrativo de infrecuente coherencia y no menos rara belleza. Son sus historias y sus ambientes el reflejo de la ciudad de León, de sus paisajes y de sus gentes que, junto con los escenarios de su imaginación y su memoria, reaparecen constantemente en la lectura de sus libros hasta adquirir un aire familiar y entrañable, disfrutando con su obra de un renovado y provechoso entretenimiento que no excluye ni la emoción de la ternura, ni tampoco el extraño encanto del estremecimiento. Escritor sereno aunque con una viveza tangible, se muestra como un entusiasta lector abierto y sin prejuicios, sediento de buena literatura provenga de donde provenga. Seguramente no existe en las letras españolas contemporáneas otro cultivador de la literatura fantástica más persistente y dedicado que José María Merino.

Nace en La Coruña el 5 de marzo de 1941 por azares de la guerra civil, su padre era miembro de la Federación Universitaria Escolar y por sus ideas republicanas tuvo que trasladarse a Galicia. Tras la guerra, la familia se instaló de nuevo en León, donde el padre de Merino, abogado de profesión, abrió un bufete y una gestoría. En esta ciudad, pasó su infancia y su adolescencia junto con sus dos hermanos Roberto y Margarita. Según él mismo afirmaba, empezó a viajar por el mundo de las letras y de la literatura con las enciclopedias (todavía conserva El libro de oro de los niños editado en México en 1946) y los diccionarios que su padre tenía en la biblioteca, luego descubriría el siglo de oro español, Shakespeare, enseguida llegaron Hemingway, Faulkner, Kafka y nuestros cuentistas de los años 50 entre otros muchos. Se licenció en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid por el inmediato ejemplo paterno, pero como no le entusiasmaba su profesión, buscó otras vías que le permitieran moverse en medios más propicios para la cultura y la literatura para luego hacerse funcionario. Entre 1987 y 1989 ocupa la dirección del Centro de las Letras Españolas del Ministerio de Cultura, años de trabajo que le permitieron descubrir América por la que siente una verdadera pasión, al igual que por los mitos y la cultura precolombina; sus viajes por Latinoamérica, en su periodo de colaboración con la UNESCO en materia educativa, le proporcionaron una fuente inagotable de fascinación que traslada a sus novelas. De su matrimonio con Carmen Norverto, catedrática de la Universidad Complutense, es padre de dos hijas, María y Ana, ambas profesoras universitarias, ésta última, continuando la saga familiar, es una famosa poeta.

Antes de consagrarse con el Premio Nacional de Literatura 1993 y el Premio Nacional de la Crítica 1995 y de publicar “El caldero de oro”, “No soy un libro” o “50 cuentos y una fábula”, publicó sus primeros poemas en la revista La ilustración poética española e iberoamericana, "una lucecita que brillaba en la oscuridad" de la dictadura, que daba cobijo "a los indigentes literarios" en el León de la postguerra. En 1972 publica su primer libro, el poemario Sitio de Tarifa y su primera novela data de 1976 Novela de Andrés Choz, en la que aparecen sus temas principales, la literatura dentro de la literatura, lo fantástico, la duplicidad del personaje, la memoria…

Recogidas en una antología de su producción, en el campo de la narrativa breve destacamos Cincuenta cuentos y una fábula. Obra breve 1982-1997, La casa de los dos portales y otros cuentos (1999) y Cuentos (2000). Comenzó a escribir microrrelatos por encargo de Alfonso Fernández Ferrer, quien preparaba un libro colectivo sobre el género que se tituló La mano de la hormiga (Alcalá de Henares: Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1990), la abundante obra que Merino creó a partir de entonces en este género fue recogida en La glorieta de los fugitivos (2007).

Tras la publicación por separado de sus novelas, en 1992 surgen Las crónicas mestizas, una trilogía de ambientación americana, compuesta por El oro de los sueños, que es probablemente la narración más popular de Merino como demuestra un dato incontestable, lleva 45 ediciones, La tierra del tiempo perdido y Las lágrimas del sol. En el año 2000, se publica Novelas del mito, también una trilogía compuesta por El caldero de oro, La orilla oscura y El centro del aire. Autor de ensayos como Ficción continua (2004), de narrativa juvenil e infantil como La edad de la aventura (1995), El cuaderno de las hojas blancas (1996), Regreso al cuaderno de las hojas blancas (1997) Adiós al cuaderno de las hojas blancas (1998).

Finalmente su abundante y prestigiosa obra narrativa se antepuso a su labor poética, sin embargo, nunca ha dejado de escribir y publicar poemas como Mírame Medusa y otros poemas (1984) Cumpleaños lejos de casa y Obra poética completa (2006).

José María Merino recibe a lo largo de su vida diferentes premios literarios entre los que destacamos, el Premio Novelas y Cuentos (Novela de Andrés Choz, 1976), Premio Nacional de la Crítica (La orilla oscura, 1985) el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil (No soy un libro/Los trenes del verano, 1993) el Premio Miguel Delibes de Narrativa (Las visiones de Lucrecia, 1996) el Premio NH/ Mario Vargas LLosa de Relatos (Días imaginarios, 2003) el Premio de Narrativa Ramón Gómez de la Serna (El heredero, 2004) el Premio de Narrativa Gonzalo Torrente Ballester (El lugar sin culpa, 2007) y el Premio Salambó de Narrativa (La glorieta de los fugitivos, 2008)

Pertenece a ese grupo de destacados leoneses que habita desde hace años por las letras hispánicas con éxito de público y crítica. Fabulador inagotable, le caracteriza una prosa brillante con una desbordante imaginación y un estilo claro y equilibrado de corte simbolista influenciado por escritores como el poeta Hugo Von Hoffmanstal, Edgar Allan Poe y Unamuno entre otros, que supone una vuelta al realismo que quiere entretener sin renunciar a la calidad.

La amplitud y valor de su producción narrativa, casi toda ella próxima de un modo u otro al ámbito de lo fantástico, y la atención crítica que tal producción ha suscitado prueban sin ningún género de dudas que es uno de los mejores escritores contemporáneos. [] Si un término permitiera englobar la mayoría de la obra de José María Merino sería el de la literatura con un fuerte componente fantástico y todo ello dentro de un clima familiar, donde lo más visible y destacado es la utilización de espacios y escenarios teñidos de un tono convencional con resonancias que cabe suponer autobiográficas, en mayor o menor medida de la ciudad de León.

Un ejemplo de esta identificación total entre el narrador y el espacio urbano de León es su memoria novelada Intramuros (1998), un libro que rememora la infancia y juventud leonesa de Merino entre los años 40 y 50. Casi poemático, narra el regreso a los espacios personales, familiares y urbanos del joven Merino. Es literatura intimista, con una mirada tierna, lúcida y humorística en ocasiones. El niño y la ciudad, sus calles, sus lugares y ambientes, forman un solo cuerpo en la memoria del escritor, expresado en un lenguaje nostálgico dotado de precisión y hermosura.

Otro claro ejemplo, lo vemos en Cuentos del reino secreto, donde construye, como ha señalado la crítica, un mundo de infrecuente coherencia y no menos rara belleza, donde todas las historias del libro transcurren en el espacio-temporal del reino de León, “un decorado que es del alma”, según el propio Merino. Es uno de los libros más sinceros, sutiles y deliciosos que se pueden encontrar en la moderna literatura fantástica. Sincero porque se nota que el autor ha puesto mucho de sí mismo en cada pieza; sutil porque hay acumulados una serie de ideas, sentimientos y sensaciones que son canalizados con delicadeza; y delicioso porque se disfruta de una forma única difícilmente descriptible. El autor acostumbra a esconderse detrás de un potente sentimiento evocador, generalmente al volver a uno de los paisajes de su niñez, que propicia la liberación de un  recuerdo que comienza a sugerir múltiples sensaciones. La necesidad de mantener despierta la memoria del pasado o la nostalgia por las vivencias de una infancia que quedó hace mucho atrás en la ciudad de León.



José María Merino pertenece al consejo editorial de las revistas Leer y Revista de Libros, es patrono de la Fundación Alexander Pushkin y fue designado en 2005 Hans Cristian Andersen Ambassador por el gobierno Danés. Es presidente honorífico de la Fundación del Libro Infantil y Juvenil Leer León y fue elegido Académico de la Real Academia Española en marzo de 2008, en sustitución de Claudio Guillén, ocupando el Sillón letra “m”

Por todo ello, someto a la consideración de esta Corporación el nombramiento de D. JOSÉ MARÍA MERINO como HIJO ADOPTIVO DE LA CIUDAD DE LEÓN, por su trayectoria intelectual, por los méritos señalados y por sus libros construidos siempre sobre el cimiento de León y lo leonés, símbolo de todos esos narradores que se han fijado en esta ciudad como alegoría y esencia de lo humano, haciendo saber así al mundo de nuestra rica, estimulante, divertida, universal, honda e inabarcable singularidad.


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