Página principal

FÁbulas concepto y autores


Descargar 74.95 Kb.
Fecha de conversión18.07.2016
Tamaño74.95 Kb.
FÁBULAS
Concepto y autores
Una fábula es una composición literaria, generalmente en verso, en que, por medio de una ficción alegórica y de la representación de personas humanas y de personificación de seres irracionales, inanimados o abstractos, se da una enseñanza útil o moral.

Desde los tiempos más antiguos existieron fábulas de animales que se difundieron ampliamente. La influencia de Oriente es importante. El papel de las fábulas de animales en la India es conocido hace tiempo.

En Grecia, en un principio, destacan las fábulas por ser una crítica social: son un ataque a la arbitrariedad de los poderosos, en nombre de los débiles y bajo el signo del derecho. Luego, sufrieron muchas modificaciones, pero, en un principio, son una forma de exhortación, que muestra lo verdadero y lo justo en determinada situación, sin herir con la expresión directa.

En la estructura de la fábula podemos encontrar tres elementos: 1) una situación de base, en la que se expone un cierto conflicto entre dos figuras (o más), generalmente de animales; 2) la actuación de los personajes, que procede de una libre actuación de los mismos, que eligen entre las posibilidades de la situación dada; y 3) la evaluación del comportamiento elegido.



ESOPO

Fabulista griego. En realidad era un esclavo frigio. Creso, rey de Lidia (en Asia Menor), lo colmó de favores y lo envió a Delfos a consultar el Oráculo, pero irritados los habitantes de esta ciudad, por haber puesto en evidencia su avaricia y sus fraudes, le acusaron, calumniosamente, de haber robado una copa de oro y lo mataron precipitándolo de lo alto de una roca en el 560 a. C. (S. VI a. C.). Sus fábulas están escritas en prosa.



FEDRO

Fabulista latino. Era un tracio de formación griega, liberto del Emperador Augusto, que vivió tal vez hasta la época de Nerón. Algunas alusiones de su obra atrajeron sobre él la venganza de Sejano, favorito del emperador Tiberio. Sus fábulas, en gran parte tomadas de Esopo, eran en realidad una sátira, una queja llena de dolor con los poderosos, contra los envidiosos. Demostró que la fábula puede expresar los más variados tonos, desde la anécdota contemporánea hasta la meditación moral. (S. I p. C.). Sus fábulas están escritas en verso.



LA FONTAINE.- Poeta y fabulista francés (1621-1695)

SAMANIEGO.-Poeta y fabulista español (1741-1801)

IRIARTE.- Poeta, fabulista y dramaturgo español (1750-1791

JOHN GAY.- Escritor inglés. S. XVIII. Autor de “Fables”

Alexandr Nikoláievich AFANÁSIEV. Escritor ruso.(1826-1871)
La zorra y el cuervo

Un cuervo, que había robado un queso, se lo llevó a la copa de un árbol, y viéndolo una zorra, deseando quitárselo, comenzó a adularlo con falsas alabanzas de esta manera: "Seguramente, hermosa ave, no hay entre todos los voladores quien sea semejante a ti, tanto en la brillantez de tus plumas, como en tu disposición y belleza. Si es tan sonora tu voz como eres hermosa, no hay entre las aves quien te lleve ventaja. El cuervo desvanecido por aquella vana alabanza, y queriendo mostrar a la raposa lo armonioso de su voz, comenzó a cantar, y abriendo el pico se le cayó el queso, que la raposa cogió al instante, dejándolo burlado.

Enseña esta fábula que no se deben oír ni creer las engañosas adulaciones, porque la vana alabanza trae fatales resultados.

El que lisonjea, seguramente quiere engañar.



Esopo

La zorra y el cuervo

El que gusta ser alabado con palabras engañosas, casi siempre lo paga con vergonzoso arrepentimiento.

Queriendo un cuervo, que estaba encaramado en la copa de un árbol, comerse un queso que había hurtado de cierta ventana, le vio una zorra que empezó a adularle de esta suerte: "Oh, cuervo, qué vistoso es el lustre de tus plumas! !Cuán hermoso es tu talante y cuán hermosa tu cabeza! Si correspondiera a todo ello tu voz, no habría ave alguna que te aventajara". Al oír estos elogios el cuervo, y queriendo el muy necio hacer ostentación de su voz, soltó el queso del pico y al punto lo cogió entre sus dientes la astuta zorra, que desapareciendo dejó al cuervo llorando el engaño y su propia estupidez.

Este suceso prueba, además de lo dicho al principio, cuán provechoso es el ingenio, y que, en todo caso, más vale maña que fuerza.



Fedro

La gallina de los huevos de oro

Cierto hombre era dueño de una gallina que ponía huevos de oro, y creyendo que dentro de ella encontraría una buena cantidad de este metal, decidió matarla. Pero se equivocó en sus presunciones, pues la halló semejante a las demás gallinas, y de este modo, por haber ambicionado una gran riqueza, perdió la pequeña que poseía.

Moraleja: esta fábula enseña que cada uno debe estar contento con los bienes que tiene, sin entregarse a la codicia.

Esopo

La gallina de los huevos de oro

Érase una gallina que ponía

un huevo de oro al dueño cada día.

Aun con tanta ganancia mal contento,

quiso el rico avariento

descubrir de una vez la mina de oro,

y hallar en menos tiempo más tesoro.

Matóla; abrióla el vientre de contado;

pero, después de haberla registrado,

¿Qué sucedió? que muerta la gallina,

perdió su huevo de oro y no halló mina.

!Cuántos hay que teniendo lo bastante,

enriquecerse quieren al instante,

abrazando proyectos

a veces de tan rápidos efectos,

que sólo en pocos meses,

cuando se contemplaban ya marqueses,

contando sus millones,

se vieron en la calle sin calzones!

Samaniego

La zorra y la cigüeña
No se ha de hacer mal a nadie; pero si alguno lo hiciere, según nos advierte esta fábula, le pagarán en la misma moneda.

Dicen que una zorra convidó a cenar a una cigüeña, y que para burlarse de ella así como comer ella sola, no le sirvió otra cosa que caldo en un plato, lo que naturalmente no pudo gustar de modo alguno la hambrienta cigüeña. Pocos días después, habiendo esta convidado a la zorra, le presentó una redoma llena de gigote, y metiendo ella su pico, comió a satisfacción mientras la zorra se moría de hambre y de envidia. Y como tratara en vano de meter el hocico en el estrecho cuello de la redoma, la cigüeña le habló de esta manera: "Todos deben llevar con paciencia el que se les trate como ellos trataron a los demás".



Fedro
El perro y el trozo de carne
Un perro, llevando un trozo de carne en la boca, pasaba por un río; vio en el agua reflejada la imagen de la carne que llevaba y le pareció aquélla mayor que la que tenía; abrió la boca para cogerla, y cayéndosele el trozo de carne se lo llevó el río, y quedó sin el uno y sin el otro.

Esta fábula demuestra que casi siempre pierde el codicioso lo que tiene en su poder, queriendo tomar lo ajeno.



Esopo
El perro y el trozo de carne
Con razón pierde lo propio el que apetece lo ajeno.

Un perro, llevando a nado por el río un trozo de carne, vio reflejada su propia imagen en el espejo de las aguas, y pensando que era algún otro perro, que llevaba otra presa, quiso quitársela. Pero, engañado así por su misma codicia, soltó la que tenía en la boca, y vino a perder esto y aquello con que pensaba regalarse.



Fedro
El parto de los montes
Encontrándose un monte en trance de parto, prorrumpía en espantosos gemidos en medio de la expectación del mundo; pero he aquí que, al cabo de todo aquel estruendoso aparato, no parió sino un ratón.

Esto se ha dicho para ti, que acometiendo grandes empresas, no haces cosa de provecho.



Fedro
La zorra y la máscara
Entró una zorra en la casa de un actor y, examinando sus prendas, halló una máscara hecha con gran esmero. Tomóla en sus manos y, después de examinarla bien, exclamó: "! Es una hermosa cabeza, sin duda, pero... no tiene seso!"

Dirígese esta fábula a aquellos cuya apariencia exterior deslumbra, pero su entendimiento es nulo.



Esopo
La zorra y la máscara
Vio por casualidad cierta zorra una máscara, de las utilizadas en las farsas, y comentó después de examinarla:"Oh, qué bella cabeza! Pero no tiene cerebro.

Esto se ha dicho por quienes, colmados de honores y gloria, carecen de juicio.



Fedro
Las alforjas de Júpiter
Júpiter nos cargó con dos alforjas. Nos echó a las espaldas una cargada con nuestros propios vicios, y puso delante otra, llena de los ajenos.

De ahí es que no podamos ver nuestros defectos, mas en cuanto que los demás cometen faltas nos convertimos en censores suyos.



Fedro
El asno y la lira
Un asno vio una lira, abandonada en un prado, y acercándose a ella tocó con uno de sus cascos las cuerdas. "Bonito instrumento !por Hércules!", comentó el pollino. "Pero -continuó nuestro asno- ninguna utilidad tiene para mí".

Así ocurre con muchos talentos, a quienes los pueblos no saben aprovechar.



Fedro
El burro flautista

Cerca de unos prados En la flauta el aire

que hay en mi lugar, se hubo de colar,

pasaba un borrico y sonó la flauta



por casualidad. por casualidad.

Una flauta en ellos " !Oh!, dijo el borrico,

halló, que un zagal !qué bien sé tocar!

se dejó olvidada ¿Y dirán que es mala



por casualidad. la música asnal?"

Acercose a olerla Sin reglas del arte

el dicho animal, borriquitos hay

y dio un resoplido que una vez aciertan



por casualidad. por casualidad.

Iriarte


Las ranas y el Sol

Vio Esopo muy festejadas las bodas de un ladrón, vecino suyo, y al punto se le ocurrió esta fábula: En cierta ocasión quiso casarse el Sol, y entonces las ranas levantaron sus gritos hasta el cielo. Júpiter, alarmado por el vocerío, preguntó el motivo de tales quejas, y una de las ranas, tomando la palabra por todas sus compañeras, explicó: "Figuraos, señor... Si ahora el Sol, siendo uno sólo, abrasa y deseca todas nuestras charcas y lagunas, y nos condena a morir en nuestras áridas moradas, ¿qué ocurrirá si llega a tener hijos?"



Fedro

El león, la vaca, la cabra y la oveja

Nunca es fiel la alianza con el poderoso.

Una vaca, una cabra y una paciente oveja hicieron sociedad con un león para cazar, y andando por los bosques cazaron un ciervo de gran tamaño. Partido en cuatro partes, y queriendo cada uno tomar la suya, así habló el león: "La primera parte es mía, pues me toca como a león; la segunda me pertenece, porque soy el más fuerte; la tercera me la tomo, porque trabajé más que todos; y quien tocare la cuarta me tendrá por su enemigo". De este modo se llevó el malvado toda la presa.

Esta fábula advierte que no se debe hacer compañía con los poderosos, porque el trabajo es para los más débiles, y el provecho para ellos.



Esopo


El hombre y la culebra

Durante los fríos y heladas del invierno, un buen hombre, movido de piedad, acogió en su casa a una culebra, y la cuidó y mantuvo todo aquel tiempo; pero viniendo el verano, reanimándose con el calor la culebra se volvió contra el hombre; éste viendo su ingratitud, le dijo que se fuese en buena hora de su casa; pero la culebra en lugar de obedecer, se levantó para morderle.

Esta fábula muestra que los ingratos y malos, mientras más beneficios reciben, más se animan a hacer el mal a quien se los hace.

Esopo


La víbora y la lima
Contémplese retratado en este ejemplo el que , con maligno diente, muerde a otro, más mordaz que él.

Una víbora entró en el taller de un cerrajero, y tratando de encontrar algo que comer, fuera lo que fuese, quiso morder una lima. La cual, impenetrable por su dureza, le dijo: "¿Cómo, estúpida, intentas hacer con tus dientes mella en mí, que estoy hecha a limar el mismo hierro?"



Fedro

La serpiente y la lima
En casa de un cerrajero ¿cómo has de hacer mella en mí,

entró la serpiente un día, que hago polvos el metal?

y la insensata mordía Quien pretende sin razón

en una lima de acero. Al más fuerte derribar,

Díjole la lima:"El mal, no consigue sino dar

necia, será para ti, coces contra el aguijón



Samaniego .
La zorra y las uvas
Es voz común que a más del mediodía,

en ayunas la zorra iba cazando;

halla una parra, quédase mirando

de la alta vid el fruto que pendía.

Causábale mil ansias y congojas

no alcanzar a las uvas con la garra,

al mostrar a sus dientes la alta parra

negros racimos entre verdes hojas.

Miró, saltó y anduvo en probaturas;

pero vio el imposible ya de fijo.

Entonces fue cuando la zorra dijo:

"No las quiero comer. No están maduras."

No por eso te muestres impaciente,

si se te frustra, Fabio, algún intento;

aplica bien el cuento,

y di: "No están maduras", frescamente.



Samaniego
El lobo y el cordero
Un lobo y un cordero, acosados por la sed, fueron a beber a un mismo río; el lobo estaba aguas arriba y el cordero mucho más abajo. Entonces el lobo, criminal y pendenciero, instigado por su voracidad, urdió un pretexto de riña. "¿Por qué -le dice al cordero- me enturbias el agua, cuando yo bebo?". El cordero, tembloroso, le explica: "¿Cómo puedo hacer yo eso, lobo, de que te quejas, si el agua viene de ti a mí?". Refutado así el lobo por la fuerza de la verdad dijo: "Hace seis meses me insultaste". Respondió el cordero: "Ciertamente aún no había nacido". "Pues sin duda -replica el lobo- fue tu padre quien me insultó". Y, sin más, ataca al cordero y lo despedaza, dándole injusta muerte.

Esta fábula ha sido escrita para aquellos hombres que siempre encuentran pretextos fingidos para oprimir a los inocentes.



Fedro
El caminante y el sátiro

Compadecido un sátiro de un caminante a quien encontró metido en la nieve y casi helado, se lo llevó a su cueva, y lo puso junto al fuego para que se reanimase. El hombre se arrimaba las manos a la boca y soplaba en ellas; y preguntándole el sátiro por qué hacía aquello, le respondió que para calentárselas; poco después se sentaron a la mesa, y como el hombre soplase también la comida, le volvió a preguntar el sátiro con qué objeto lo hacía, y él le contestó que para enfriarla. En cuanto el sátiro oyó eso, echó fuera al hombre, diciendo: No quiero tener en mi cueva a quien tiene boca de propiedades tan contrarias.

Guardaos de tener con vosotros a hombres cuya lengua esté hecha al doblez y la falsedad.

Esopo
El viejo y la muerte

Un viejo que venía del bosque con un haz de leña, sumamente cansado del largo camino que había hecho, puso el haz en tierra para descansar un rato. Aburrido de los trabajos y penas que pasaba, llamó desesperado a la muerte; ésta no se hizo de rogar, y se presentó preguntándole para qué la llamaba; pero el viejo, al verla, mudó de parecer y le dijo: No es nada, sólo te llamaba para que me ayudases a cargar la leña.

Todos aman la vida; aun el que está sujeto a los mayores trabajos huye de la muerte.

Esopo
La hormiga y la chicharra

Cierta hormiga sacaba en el invierno al sol el trigo que en verano había recogido. Una chicharra hambrienta, llegando a ella pidió que le diese un poco de aquel trigo; a lo cual respondió la hormiga: "Amiga, ¿qué hiciste en el estío?". "Yo -repuso la chicharra- no tuve tiempo para recoger, porque andaba por los sotos cantando". La hormiga entonces riéndose de ella, y metiendo el trigo en su agujero, le dijo: "Si cantaste en el verano, danza ahora en el invierno".

Debe el hombre imitar a la hormiga. Esto es, debe trabajar a su tiempo, para que no le falte de comer en adelante; pues el descuidado siempre está menesteroso.

Esopo

La zorra y el águila

Los que se hallan elevados, por mucho que lo estén, deben temer a los humildes, porque a la industria ingeniosa siempre le es fácil la venganza.

En cierta ocasión, un águila se llevó los hijuelos de una raposa, y poniéndolos en su nido, se los dio a los aguiluchos para que se alimentaran. Siguió con tesón la zorra al águila, y le suplicó que no diese tanto dolor a una madre afligida. Pero el águila no le hizo caso, según suele ocurrir con todos los que se consideran poderosos y seguros. Mas entonces la zorra cogió de un altar una tea ardiendo, y puso fuego por todas partes al árbol en que el águila anidaba, no dudando en mezclar la pérdida de sus propios hijos al dolor del águila, que, al fin, conociendo por el suyo el dolor ajeno, puso a salvo sus crías y las de la zorra.

Fedro

El campesino y Hércules

Habiéndose atascado en un atolladero el carro de un labrador, levantó éste los ojos al cielo e imploraba a Hércules; pero oyó una voz que le dijo: "Necio, arrea con el látigo a los caballos y empuja las ruedas, y entonces verás cómo llamando a Hércules, te ayuda".

De nada sirven los votos ociosos, que seguramente el cielo no escucha. Ayúdate y los dioses te ayudarán, dice el proverbio.

Esopo

El águila, el grajo y el pastor

Un águila que bajó volando desde una elevada peña arrebató un cordero; un grajo, a la vista de esto, quiso por envidia imitarla. Y entonces, tras tirarse con un fuerte graznido, se precipitó sobre un carnero. Pero al quedársele enganchadas las garras en los vellones batía sus alas sin poder librarse, hasta que el pastor, dándose cuenta de lo que pasaba, vino corriendo y lo capturó. Tras recortarle las alas remeras, al caer la tarde, se lo llevó a sus hijos. Cuando le preguntaron qué tipo de pájaro era, dijo: "Por lo que yo tengo bien entendido, un grajo; pero por lo que él se pretende, un águila".

Así la rivalidad con los poderosos a nada conduce y, en desgracia, consigue el ridículo.

Esopo
La zorra y el leopardo

Una zorra y un leopardo a propósito de su belleza discutían. El leopardo a cada momento exaltaba la variedad de su pelaje, la zorra respondiendo dijo: "¡Qué por encima de ti estoy yo en belleza, yo que soy variada, no de pelaje, sino de espíritu¡"

La fábula muestra que el adorno de la inteligencia es mejor que la belleza corporal.

Esopo

El pescador flautista

Un pescador que sabía tocar la flauta, cogiendo las flautas y las redes, se fue al mar, e instalado en el saliente de una roca se puso primero a tocar, creído que ante la dulce melodía los peces saldrían por sí mismos. Y como después de mucho esforzarse al fin nada consiguió, dejando la flauta, cogió el esparavel, lo tiró al agua y pescó muchos peces. Al dejarlos caer de la red en la orilla, como los viera saltar, dijo: "¡Bichos idiotas¡, cuando yo tocaba la flauta no bailabais y ahora que lo dejé, lo hacéis".

La fábula es oportuna para los que hacen las cosas a destiempo.

Esopo

El asesino

Un hombre que había cometido un crimen era perseguido por parientes de la víctima. Al llegar al río Nilo le salió al encuentro un lobo. Lleno de miedo, se subió a un árbol junto a la orilla y se escondió en él. Pero allí vio a una serpiente que subía hacia él; entonces se tiró al río, y al refugiarse en él lo devoró un cocodrilo.

La fábula muestra que para los hombres que están malditos ningún elemento hay seguro, ni en la tierra, ni en el aire, ni en el agua.

Esopo
El labrador y sus hijos

Un labrador, a punto de morir, quería que sus hijos tuvieran experiencia de agricultura, los llamó a su lado y dijo: "Hijos míos, en una de mis viñas hay guardado un tesoro". Éstos, después de morir el padre, tomaron las rejas y layas y excavaron todo el labrantío, pero no encontraron el tesoro; en cambio, la viña les dio una cosecha excelente.

La fábula enseña que el trabajo es un tesoro para los hombres.

Esopo


El astrónomo

Un astrónomo tenía la costumbre de salir todas las noches a observar las estrellas. He aquí que un día que andaba recorriendo los arrabales y con toda su atención puesta en el cielo por desgracia cayó a un pozo. Como se lamentaba y gritaba, alguien que pasó por allí oyó sus lamentos; al acercarse y ver lo que le había ocurrido dijo: "¡Pero hombre¡ ¡Tú, que intentas ver lo que hay en el cielo y no ves lo que hay en la tierra¡"

Podría aplicarse esta fábula a aquellas personas que, alardeando de su fama, son incapaces de realizar las cosas corrientes.

Esopo
Los bueyes y el eje

Unos bueyes arrastraban un carro. Como el eje chirriaba, volviéndose le dijeron: "¡Anda, mientras nosotros llevamos todo el peso tú chillas".

Así también pasa con algunas personas; mientras unos se esfuerzan, otros fingen fatigarse.

Esopo

La tortuga y la liebre
En cierta ocasión al ver una tortuga que una liebre hacía burla de sus patas, le dijo riendo: “¿Quieres que apostemos a ver quién corre más? Tú te burlas de mis patas, pero, si quieres, verás que soy más ligera que tú”. La liebre respondió: “Bien sabes lo veloz que soy, pero, ya que lo quieres, elijamos un juez que señale las condiciones de la apuesta”. Eligieron a la zorra, la más astuta de todos los animales; ésta fijó el lugar y término de la carrera. La tortuga, desechando la pereza, no descansó hasta llegar al término, pero la liebre, fiándose de sus patas, se puso a descansar un poco y se durmió. Cuando despertó, corrió muy aprisa para llegar al término; pero fue vana su tardía diligencia, porque cuando llegó vio a la tortuga que ya estaba descansando, y entonces avergonzada confesó que había perdido la apuesta.

Esta fábula enseña que frecuentemente el trabajo y la constancia son más importantes que las cualidades naturales, si se las descuida.



Esopo

La zorra y el cangrejo
Un día estaban la zorra y el cangrejo charlando juntos. La zorra le dijo al cangrejo: “Oye, vamos a echar una carrera, a ver quién llega primero”. “Bueno, zorra, vamos” dijo el cangrejo. Y así lo hicieron. Pero, en cuanto la zorra echó a correr, el cangrejo se le enganchó en la cola. Llegó la zorra hasta la meta, pero el cangrejo no soltó la cola. La zorra se volvió atrás para mirar y movió la cola al mismo tiempo; y, entonces, el cangrejo se desprendió y dijo: “Oye, que te estoy esperando aquí desde hace mucho tiempo”.

Aexandr Nikoláievich Afanásiev


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje