Página principal

Factores a tener en cuenta en la enseñanza de tareas motrices que impliquen contacto físico


Descargar 135.02 Kb.
Página1/3
Fecha de conversión22.09.2016
Tamaño135.02 Kb.
  1   2   3


Factores a tener en cuenta en la enseñanza de tareas motrices que impliquen contacto físico
Salgado López, José Ignácio

Lic. Ciéncias da Actividade Físicas e o Deporte

Profesor de Ensino Secundário

Profesor Asociado de la Facultad de Educación (Universidad de Zaragoza)


Eslava Oriol, Iris

Maestra especialista en Educación Física


Montes Lasheras, José Manuel

Lic. Ciéncias da Actividade Físicas e o Deporte

Ex. Selecionador Galego de Rugby Femenino
Mariño Pego, Carlos

Lic. Ciéncias da Actividade Físicas e o Deporte



Prof. de Educación Física del Colegio Sagrado Corazón (Castinheiras – Riveira)




PALABRAS CLAVE: miedo al contacto, problemas psico-afectivos
RESUMEN:

En la actividad física, tanto institucionalizada (deportes), como no institucionalizada (actividades expresivas, danzas, etc...), se producen de manera continua situaciones en las que un individuo no iniciado puede llegar a bloquearse de tal manera que varíe su ejecución motriz (lo que puede entrañar un riesgo considerable según que actividades esté desarrollando), llegando, en algunos casos a una inhibición total. Muchas de estas situaciones tienen su origen en problemas Psico-afectivos relacionados con el contacto (tambien llamado “miedo al contacto”).

Teniendo en cuenta este hecho pensamos que, dado que en nuestras sesiones de Educación Física es probable que se produzcan situaciones como las anteriores, debemos tener los recursos y conocimientos suficientes para preverlas, y en la medida de lo posible evitarlas.

El presente trabajo parte de un intento de conceptualización del término “miedo al contacto” basándose en la literatura sobre el tema para tratar, posteriormente, de analizar los posibles factores que deben ser tenidos en cuenta a la hora de desarrollar actividades que impliquen contacto, sea este del tipo que sea (entre individuos, entre un individuo y el suelo o incluso un individuo y un móvil).
1.- INTRODUCCIÓN
En la sociedad actual son cada vez mayores las actividades que entrañan un contacto físico directo, siendo estas muchas veces rechazadas o asumidas plenamente según la persona que se trate. De este hecho surge el interrogante que motiva el presente trabajo: ¿por qué a unas personas les resulta imposible o molesto el entrar en contacto con otra? O por el contrario, ¿por qué a otras les resulta tan fácil?
Todo esto se ve muy claramente en la actividad físca y deportiva, tanto en deportes institucionalizados, como son los deportes sociomotrices (por ejemplo los colaboración-oposición o “de equipo”, como el balonmano, rugby, waterpolo,… ; o los de oposición o “de lucha” como el judo, kárate, etc…), como en otras actividades no sometidas a institucionalización como pueden ser las expresivas. Estas conductas de “evitación” o “búsqueda” del contacto se aprecian claramente, además, en los procesos de iniciación y aprendizaje de esas actividades.
Así, pensamos que nadie puede poner en duda la gran importancia comunicativa y expresiva que el contacto físico entre personas tiene en nuestra sociedad. Ya HALL en 1969 (citado por HERNÁDEZ MORENO, 1994, 58) hablaba de esta importancia en lo referido al uso del espacio por el ser humano (como veremos en el apartado referido a la literatura sobre el tema).
Sin embargo, el problema en Educación Física y mucho más en la iniciación deportiva, puede ser, a nuestro entender más profundo, ya que se conjugan más factores, además del meramente social, teniendo en cuenta que estos problemas “psico-afectivos” o “miedos” derivados del contacto son de diferentes según quien o qué intervenga, como veremos más adelante en el desarrollo del trabajo.
Pese a esta profundidad y complicación o, precisamente por esto, no encontramos en la literatura específica más que someras referencias a estos tipos de problemas, y, en muy contadas ocasiones, alguna forma de superarlos, a modo de “receta” para situaciones concretas (como es el caso del placaje en rugby, los lanzamientos desde el extremo en balonmano, etc…), teniendo, además, todas estas propuestas características similares, que pueden en principio ser generalizables a los tipos de tareas de que se traten, como veremos en el apartado de factores a tener en cuenta en la enseñanza de tareas motrices que impliquen contacto.
Pensamos, por lo tanto, que es necesario, en primer lugar, clarificar el término, que nace, en la mayor parte de los casos, empíricamente, de las experiencias de los diversos autores (como a menudo sucede en nuestros campos de estudio), lo que conlleva una multiplicidad de pareceres que en absoluto ayudan a la resolución del problema, para, a partir de ahí, analizar cuales son los tipos de contactos que pueden producir esos “miedos” y cuales son los factores que inciden en su aparición, de manera, que una vez conocidos y explicitados, los podamos controlar en nuestra acción docente.
Todo esto no es comprensible en su real importancia si no somos conscientes del verdadero valor educativo que el contacto tiene, no sólo por sus connotaciones a nivel afectivo y de relación social con los demás sino también en cuanto a la aportación que realiza en lo relacionado con la riqueza motriz y de conocimiento y control corporal del propio cuerpo, lo que lo relaciona directamente con los objetivos de la Educación Física de Base y la Psicomotricidad.
Así pues, el presente trabajo, que parte de otros anteriores (SALGADO LÓPEZ, y otros, 1994; SALGADO LÓPEZ y RODRÍGUEZ LÓPEZ, 1998; SALGADO LÓPEZ y LÓPEZ VILLAR, 1999; SALGADO LÓPEZ; SANGIAO NOVO y LÓPEZ VILLAR, 2000), pretende analizar y sistematizar, en la medida de lo posible, la aparición de esas conductas que HALL (citado por CASTAÑER BARCELLS, 1992, 157) definía, dentro de sus 19 dimensiones a observar para un tratamiento exhaustivo en una investigación proxémica, como de “búsqueda y evasión del contacto corporal”.

2.- DEFINICIÓN DEL CONCEPTO.

Como primer paso para el establecimiento de una progresión y para la adopción de unas estrategias metodológico-didácticas adecuadas para la superación de los problemas psico-afectivos derivados del contacto, pensamos que es necesario establecer una categorización de las situaciones que pueden ser causa e origen de estos "miedos", lo que además nos permitirá, una mayor clarificación del concepto. Esta categorización parte de un somero análisis de las situaciones reales en las que se desenvuelven las acciones deportivas, que aunque realizado de forma asistemática puede servirnos como punto de partida para trabajos posteriores en los que se procure una mayor profundización sobre el tema.
Sin embargo, creemos que es preciso inicialmente definir el concepto de "contacto", con el fin de acotar el tema a tratar. Así, el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española (1970), define contacto como la "acción y efecto de tocarse dos o más cosas".
Es obvio, pues, que el contacto no tienen por qué ser estático, pudiendo estar uno de los cuerpos implicados, o los dos, en movimiento. Es también claro, que los cuerpos una vez que entran en contacto no tienen por qué permanecer inmóviles.
Teniendo esta definición delante, en principio se nos podría decir que incluso el andar o correr son tipos de contacto, ahora bien, en ningún caso parece que éstas acciones sean causantes de problemas psico-afectivos debidos a esos contactos con el suelo.
Por esta razón, y para delimitar un poco más el término, tendremos que añadir al término anterior, el de “miedo”, que es “una turbación del ánimo, fuerte y espontánea en presencia de un peligro real o imaginario” (SIQUIER, S. 1987, 26), siendo además según este autor “una consecuencia ante un hecho nuevo” (si bien veremos que no tiene por que ser así).
HONGLER (1988, 21) describe el miedo como “un estado emocional que el sujeto percibe de forma desagradable” apareciendo siempre y cuando:


  • “un individuo no es capaz dentro de una situación que él juzga amenazante (estresante)”.

  • “se suprime la amenaza mediante acciones motrices adecuadas (abandonar el terreno, agredir)”.

  • “se producen modificaciones de la observación (negar la amenaza) y de las interpretaciones.”

Este mismo autor afirma, que los fenómenos de stress y miedo pueden ser identificados en tres niveles diferentes:



  1. a nivel fisiológico: que pueden ser medido mediante pruebas de laboratorio (variaciones bioquimicas, de frecuencia cardíaca y respiratoria, incremento de la actividad cerebral…)

  2. a nivel motor: mediante la existencia de contracciones musculares adyacentes a la realización motriz (gestos, expresiones, movimientos parásitos, hipertonicidad, agarrotamiento…), o la aparición de “comportamiento destinados a modificar o a suprimir el estado de stress (balanceos, oscilaciones,…).

  3. a nivel verbal: “comprende todos los mecanismos perceptivos, cognitivos y emocionales que pueden ser vividos subjetivamente en una situación y pueden ser expresados verbalmente.”

Por lo tanto, uniendo ambos términos, y, ante la ausencia de una bibliografía específica sobre o tema (o cuando menos es muy exigua la que pudimos localizar y consultar), hablaremos genéricamente de "Miedo al Contacto", término que muchos profesionales de la Educación Física y del Deporte vienen utilizando hace tiempo, para referirnos a los problemas psico-afectivos derivados del contacto (MIRANDA, 1992 y USERO, 1993), bien sean que estos contactos puedan parecer, en principio, comprometedores para a integridad física del individuo implicado, o sencillamente, que les resultan “violentos” desde un punto de vista psico-moral.


O lo que es lo mismo, siendo un poco más academicistas en la definición, podemos decir (variando una definición de RAMOS LIRA, 1991) que el “Miedo al contacto” es una reacción emocional negativa que surge a partir de distintas experiencias de contacto con consecuencias más o menos traumáticas para el individuo, lo que le hace mantener una conducta de evitación frente a situaciones similares.
De esta definición podemos extraer ciertos aspectos sobre los que nos detendremos más adelante como pueden ser, por un lado, la génesis de estos “miedos”, es decir, cuales son las causas de su aparición y si se pueden llegar a conocer, y por lo tanto controlar cada una de ellas; y por otro, por qué consideramos de vital importancia desde el punto de vista educativo un tratamiento diferencial de este tema.
Así, se podría pensar que básicamente el trabajo a realizar para la superación de estos "miedos" es un trabajo de “desinhibición”, integrándolo así con otros elementos más de relación interpersonal en el desarrollo general de la clase de Educación Física (o de una sesión cualquiera de una actividad física, ya sea deportiva –gimnasia artístico-deportiva, rugby, voleibol, etc…- o expresiva –como la danza, el teatro, etc…), pero aún así pensamos que el tema presenta unas características peculiares más amplias que meramente estos contenidos referidos.
Al consultar cierto número de profesores y expertos de varios de estos deportes y actividades físicas (aunque que todos ellos con la característica común de presentar una fuerte carga de contactos (como es el caso del rugby, judo, expresión corporal, etc...), suelen opinar que la superación de estos problemas deben ser intrínsecos a la evolución del individuo en el propio deporte, por ser el contacto inherente al mismo, o en todo caso como afirma el profesor PARRA (de la Facultad de CC. de la Actividad física y el Deporte de Extremadura), dependerá mucho de la forma de presentación de la actividad por parte del profesor el que los alumnos y alumnas se vinculen a la misma, sin tener que proponer una progresión determinada para este tema del contacto en cuestión.
Ciertamente, estas opiniones, extraídas de la propia práctica como participantes y/o docentes en una actividad física determinada, son muy valiosas para nuestro trabajo, ya que cuando menos señalan algunos de los aspectos que más adelante mostraremos como necesarios a tener en cuenta en la puesta en práctica de las actividades físicas que entrañen contacto de algún tipo.
Por otro lado, nosotros pensamos que las experiencias de los alumnos y alumnas previas a su integración en un proceso de iniciación deportiva o de aprendizaje de alguna actividad expresiva, son fundamentales en lo que se refiere a su respuesta frente a situaciones de contacto, con lo que no se pueden dejar simplemente a la evolución del propio individuo dentro del citado proceso de iniciación-aprendizaje.

3.- ANÁLISIS DE LA LITERATURA


Lo primero que podemos comentar acerca del tema que centra este punto son las grandes dificultades de búsqueda bibliográfica con que nos encontramos, debido, por una parte a la no existencia de un término común a todos los autores, y por lo tanto, la imposibilidad inicial de darle un enfoque único en el que basar nuestra búsqueda.
Así, por ejemplo, el término mayoritariamente conocido entre los profesionales de diversas actividades físico-deportivas consultados es el de “miedo al contacto”, aunque, como veremos esto no se refleja igualmente en la bibliografía localizada. Es, precisamente de algunas de estas fuentes bibliográficas de donde surge el término de “problemas afectivos” o “psico-afectivos”, aunque en general es muy poca la literatura especifica existente sobre el tema, y la que hay suele centrarse simplemente en lo relacionado con la seguridad de las tareas motrices específicas que trate, sin entrar en un análisis más profundo, o bien en aspectos más generales sobre el miedo.
Así, por ejemplo, el primer autor que hemos localizado en nuestra revisión bibliografica que se refiere a la aparición del tema que nos es objeto de estudio es BAYER (1986, 98), que hablaba, sin delimitar el término y dentro del ámbito de los deportes sociomotrices de colaboración-oposición, de “problemas afectivos” que podian aparecer en el “comportamiento defensivo de algunos jugadores que rehúsan el contacto, por lo que se apartan o se desplazan sistemáticamente para evitar el balón”, utilizando también el término “miedo a ser agredido” (cuando se es portador de balón) para explicar el concepto anterior.
Posteriormente, SIQUIER (1987) se centra en la línea antes citada de los aspectos relacionados con la seguridad, sobre todo en lo que se refiere a las sesiones de educación física o, en general, actividades físicas y deportivas. Sin embargo, este no habla del concepto “miedo al contacto” como tal, sino que simplemente afirma la existencia de dificultades o incluso rechazos ante el aprendizaje de una determinada tarea motriz que pueda conllevar un riesgo (real o imaginario) al ejecutante, debido al “miedo” (nombrándolo simplemente de forma genérica), que ella produzca en el individuo.

Es de interés, además, que vincula el “grado de miedo que se tenga, es decir, la intesidad”, con el tiempo que se tardará “en conseguir la conducta deseada” (SIQUIER, 1987, 26).

Para evitar esto, simplemente propone tres aspectos o factores “condicionantes” a tener en cuenta en el proceso de enseñanza-aprendizaje de estas tareas, como son:


  • el entorno (según el autor la más difícil de controlar)

  • el método de aprendizaje, y

  • el material

Pese a lo anterior, y aunque no de forma explícita, señala que el profesor, tipo de experiencias vividas por el individuo, la confianza que el ejecutante tenga en sí mismo, la edad y el carácter del individuo, su nivel de atención a la tarea y la motivación que se le transmita también influirán en la superación exitosa de estos “miedos”.

De esta misma forma hablan CHRISTINA & CORCOS (1988, 58-60), aunque bajo la denominación “fear of injury” (que prodriamos traducir como miedo a la lesión), centrándose tan solo en las actividades que entrañan un riesgo para la integridad física del individuo. Estos autores, proponen una serie de recomendaciones a seguir en los procesos de enseñanza aprendizaje de este tipo de actividades, como son:


  • utilizar progresiones adecuadas, partiendo, según ellos, de un análisis previo de las posibles causas o aciones que pueden provocar la aparición de esos miedos (entre las que se cita la velocidad).

  • convencer al practicante de sus posibilidades de éxito, lo que estaría dentro del ámbito motivacional.

  • modificar las condiciones de realización, relacionandose esto con la utilización de elementos de seguridad (colchonetas, u otros elementos con esa finalidad)

  • utilizar ayudas de otros practicantes en las ejecuciones

También dentro de esta línea expone el problema USERO MARTÍN (1993, 251) en el ámbito del rugby, utilizando sin embargo el término de “miedos” o de “problemas afectivos”, que anteriormente ya habíamos citado, y reconociendo los tres tipos de contactos, que posteriormente comentaremos y ampliaremos más en profundidad, según sean con contactos con otras personas (diferencia según sean del mismo equipo o del contrario), con el suelo o con el móvil en juego (balón).


También dentro del rugby y en esta misma línea se encuentra MIRANDA (1992), aunque utilizando ya, sin embargo, el término de “problemas psico-afectivos derivados del contacto”.
Ambos autores, aunque también le dan una gran importancia a estos aspectos para una rápida progresión en la iniciación a su deporte de referencia, lo cierto es que no llegan a establecer ninguna explicación de la aparición de los mismos o siquiera una metodología o un instrumento para su control.
De este mismo modo, en el artículo de ROQUETE, J. (1994) sobre las técnicas de control de las caídas en Judo se nos habla con el término “problemas de medo e desmotivaçâo” (“problemas de miedo y desmotivación”), o bien como “medo ou aprensâo da queda” (“miedo o aprensión a la caída”), al producido por el aprendizaje de las caídas en judo.

Por lo demás, aunque hace una propuesta de variables a tener en cuenta a la hora de establecer unos niveles de dificultad en la progresión de la iniciación a las caídas en judo (como la altura de caída, las incertidumbre, las ayudas, etc…), no llega a exponer ni siquiera nombrar las razones o causas de la aparición de estos miedos, para poder, a nuestro entender, intentar evitarlos antes de que aparezcan.


Desde el punto de vista de la Psicología Deportiva, ROFFÉ (1999), incluye dentro de los miedos más comunes aparecidos en las evaluaciones psicológicas de los futbolistas, uno que hace referencia directa o indirectamentamente al tema que nos atañe, como es el “miedo a lesionarse y/o trabar con el rival”.
También dentro del ámbito de los deportes, BONNEFOY, LAHUPPE y NÉ (2000, 96), hablan, centrándose en el caso del voleibol, del término de “miedo al contacto” para referirse a la causa de una de las reacciones que surgen en los aprendices ante las situaciones de golpeo del balón en este deporte, como es el hecho de que “evitan encontrarse con los balones”. Esto dará como consecuencia para nuestro estudio la necesidad de crear una categoria que agrupe estos comportamientos, como se verá en el apartado de tipos de miedo al contacto.
A un nivel más general, FROMM (1994, 58), establece que el contacto físico entre dos personas facilita la superación de la “separatidad” entre ellas (refiriéndose con este término de “separatidad” al sentimiento de desvalidez frente a las fuerzas de la naturaleza y la sociedad), facilitando hasta cierto punto su interrelación íntima. Esto aunque pueda que hacernos pensar que no tiene una relación directa con los tipos de contacto que estamos acostumbrados a ver en el deporte, si nos puede vales para comprender el por qué de muchos comportamientos de evitación de contacto tanto a nivel social como, y dentro más de nuestro ámbito de trabajo, a nivel de las actividades de expresión. Es decir, entrar en contacto con alguien implica de una forma u otra, el establecimiento de una afectividad entre ambos, hecho que puede ser tomado como una violación de la intimidad por alguien que no acepte ese contacto.
En este orden de cosas HALL (citado por HERNÁNDEZ MORENO, 1994, 59), establece, a la vez que crea un nuevo campo de estudio en cuanto a la utilización del espacio por parte del ser humano, la “proxemia”), unos grados básicos de distanciamiento entre los individuos distinguiendo además diversos tipos (de organización fija, formal o informal).

Dentro de la informal, que es la que se refiere a las relaciones cotidianas, habla de unos distanciamientos típicos, extrapolados de un estudio sobre la población norteamericana:



  • distancia informal: distinguiendo cercana o de contacto o lejana (hasta 40 cm.)

  • distancia personal: de 40 a 120 cm.

  • distancia social: de 120 a 360 cm.

  • distancia pública: mayor de 360 cm.

Pero, todo esto no podría ser comprendido sin fijarnos en los términos de territorialidad empleados por etólogos como LORENZ (citado por HERNÁNDEZ MORENO, 1994, 58), que pone en evidencia las relaciones que se pueden llegar a establecer entre el comportamiento animal y el humano en cuanto al uso del espacio se refiere. Así, BAYER (1986), dentro del ámbito de la iniciación deportiva, relacionaba también las acciones de conquista y defensa del territorio (cancha de juego) en los deportes “colectivos” (sociomotrices de colaboración-oposición), con los estudios de etólogos como EIBLEBESFELDT (1972, citado por BAYER, 1986, 38), que afirmaba que “este comportamiento de mantenimientode distancia está basado en la pulsión agresiva”. De esta forma, establecía una vinculación directa entre la competición deportiva y la canalización civilizada e inofensiva de esa agresividad debida al concepto de territorialidad inherente a cualquier animal, y, por ende, al hombre.

Este mismo autor, señala además las tres opciones que un animal usa en situación de peligro ante la proximidad de otro: “si es el más fuerte ataca, si es el más débil huye o se somete dando prueba de inhibición motriz, y ante la necesidad absoluta de hacer frente al enemigo contraataca” (BAYER, 1986, 38-39, el subrayado es nuestro). Resulta curioso, y lo queremos resaltar, el hecho de que en el ser humano se dan también claramente estas acciones. No hay más que fijarse en el uso que de la corporalidad se realiza ante una discusión acalorada, y sobre todo en las acciones bloqueo o de evitación de contacto que se producen ante la amezada de sufrir contactos bruscos, como por ejemplo le sucede a un principiante ante un placaje en rugby, en los que la integridad del individuo entra en compromiso.
Por otro lado, el mismo HALL, como ya citamos en la introducción, establece en su libro Handbook for Proxemic Research (citado por CASTAÑER BARCELLS, 1992, 157), y dentro de sus “19 dimensiones para un tratamiento exhaustivo en una investigación proxémica”, una que hace referencia a la “Búsqueda y evasión del contacto corporal”, lo que viene a corroborar a nivel científico la existencia de estos comportamientos en todos los ámbitos de la sociedad, incluyendo en esta, por supuesto, el de la actividad físico-deportiva.

4.- IMPORTANCIA DE LA SUPERACIÓN DEL “MIEDO AL CONTACTO”


Cuando se plantea un proceso de enseñanza/aprendizaje de una actividad que conlleve un riesgo de aparición de estos miedos a los que nos estamos refiriendo, muchos profesionales afirman, como hemos visto anteriormente, que la superación de los mismos es inherente a la propia actividad, por lo que no hacen un tratamiento diferenciado de las actividades que los producen, y muchas veces, ni siquiera progresivo.
Nosotros, sin embargo, opinamos, partiendo de nuestra experiencia, que el planteamiento en edadas tempranas de acciones específicas y progresivas encaminadas a evitar la aparición de estos miedos, va a redundar, de manera muy positiva, en el proceso de enseñanza-aprendizaje que de esa actividad comprometedora llevemos a cabo. Esto se ve corroborado en la afirmación, ya comentada, que SIQUIER (1987) realiza en cuanto a la existencia de una serie de factores que influirán en el proceso de enseñanza/aprendizaje de las acciones que conlleven “contactos” a los ejecutantes, algunos de los cuales pueden ser controlados por el docente en la búsqueda de una optimización del tiempo.
Ahora bien, también podíamos pensar que la forma más facil de eliminar esos miedos es la de no realizar actividades que entrañan riesgo. Frente a esto, creemos firmemente en la importancia pedagógica de este tipo de actividades, y hacemos nuestra la afirmación de la AEEPS (1995, 129) de que “eduquer au risque c’est impliquer les enfants dans la recherche de leur propre sécurité” (“educar en el riesgo es implicar a los niños en la búsqueda de su propia seguridad”).
Es por ello, por lo que abogamos por la inrtoducción de estas actividades específicas y progresivas incluso en el ámbito de la Educación Física de Base, ya que, por un lado, todas las experiencias de contacto permitirán a los niños y niñas enfrentarse con experiencias novedosas (reptaciones, caídas, volteretas, rotaciones y golpeos de pelotas, caricias, masajes, etc…), lo que le ayudará a enriquecerse motrizmente y dará como consecuencia, siguiendo a RIGAL (1993, citado por DOPICO y IGLESIAS, 1996, 17) y tal como representamos en la figura 1, una mejora de la adquisición del esquema corporal lo que redundará a su vez en una mayor facilidad para adquirir aprendizajes motrices nuevos.


fig.1

Por lo tanto, y siguiendo el razonamiento anterior, las experiencias previas determinarán la forma en que un individuo se enfrenta ante una actividad física que implique problemas de “miedo al contacto”.


La importancia, pues, de la superación de estos miedos, previamente incluso al planteamiento de la propia actividad, es la de permitir la optimización del proceso de enseñanza/aprendizaje, puesto que al no aparecer problemas de orden psico-afectivo, la progresión dentro de la actividad físico-deportiva (tanto deporte propiamente dicho como actividades de expresión), no se verá entorpecida (fig. 2).


Fig.2: Importancia de la superación del “miedo al contacto”

5.- Tipos de MIEDO AL Contacto.


A continuación presentamos una propuesta de categorización de las acciones que pueden ser origen de situaciones conflictivas relacionadas con el "miedo al contacto":


Contactos Interpersonales o cuerpo-cuerpo.

BRUSCOS


SUAVES

Contactos cuerpo-suelo.

VOLUNTARIOS

INVOLUNTARIOS

Contactos cuerpo-objetos.

RECEPCIONES

GOLPEOS
  1   2   3


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje